19 enero 2016

Una extraordinaria libertad de ofrecimiento

Mensaje a mi móvil.


- ¿Qué quiere decir eso? -le pregunté por la mañana al despertarme.
- Es tuya la frase. Hablaste en sueños. Mejor dicho, susurraste. Esa fue la última de muchas frases nítidas y coherentes. La única que pude recordar completa. Para no olvidar lo que dijiste y poder contártelo, a falta de papel y lápiz, te la mandé en un mensaje.

25 diciembre 2015

Mensajes inquietantes

Ayer, día de Nochebuena, recibí muchos mensajes de difusión y personalizados, algunos divertidos, otros cariñosos, todos deseando lo mejor para estas fiestas. Pero hay cuatro de los cuales solo he podido descifrar el primero, y eso después de darle muchas vueltas a la cabeza. Los demás siguen siendo una incógnita a fecha de hoy. Cuatro mensajes, cuatro personas distintas muy cercanas.


  • Mensaje 1
A: Dile bollos Maki (15:15)
Yo: ¿Quéeee? (15:15)
A: jajaja (16:02)
...(no hay más mensajes)
  • Mensaje 2
G: La cara por el regalo. (23:06)
Yo:  Cómo??? (23:10)
... (no hay más mensajes).
  • Mensaje 3
A: Lo retuefos mulan. (21:45)
Yo: Los retuefos mulan???? (21:52)
A: Yes (21:58)
Yo: ¿Qué significa eso? (21:59)
... (no hay más mensajes).
  • Mensaje 4
C: Sigo un epe ñoc (seguido de un emoticono con gafas negras) (23:51)
...(no hay más mensajes).
(Este último lo he visto esta mañana y no lo he contestado).

16 diciembre 2015

Dejar de fumar: método hipnosis

En un principio creí que el método iba a funcionar. No en balde pagué por anticipado -como me pidieron- buena parte del total, que no era poco. Pero a la par que pagaba hice una pregunta: ¿El método consiste en asustar? La respuesta fue vaga pero me pareció clara: "No se lo puedo decir, sólo que se trata de su salud". A punto estuve de pedir la devolución del dinero entregado, pero aún me quedaba la ligera esperanza de que funcionase. Pasé dos o tres días con la sensación cada vez más intensa de que ese sistema no iba conmigo. Con otras personas tal vez, conmigo no.

Me aseguraron que después de la primera sesión ya no tendría ganas de fumar, pero que harían una segunda -e incluso una tercera si era necesario- para afianzar el aprendizaje de mi subconsciente. Salí de la primera sesión con ganas de fumar, pero las aguanté durante las 24 horas que faltaban para la segunda. Ese día de abstinencia lo pasé fatal, no solo por las ganas de fumar sino porque me sentí "hipnotizada" todo el día, atontada, despistada, sin energías, además de con ansiedad y mal humor.

Y en ese estado acometí la segunda sesión. Esa fue más potente. Creo que el hipnólogo que me tocó esa vez era más experto. Nunca antes me habían hipnotizado y a punto estuve de caer en el letargo que invocaba la voz, pero me resistí y me quedé con un cierto grado de consciencia. Como había dado por supuesto, la voz hablaba de enfermedad. Escuché incontables veces, allá en el fondo de mi consciencia, un estribillo que decía: "Enterraré el vicio de fumar antes de que él me entierre a mí" y esa consciencia mínima le respondía -sin voz- a la voz: "Coño, qué macabro". Se me instaba a pensar en algo que me causase tanto asco que me provocase ganas de vomitar, aunque ya le había dicho conscientemente que nada había que me las provocase. No obstante pensé en algo bastante asqueroso. La voz fue llevándome poco a poco a aproximar sucesivamente un cigarrillo a esa cosa asquerosa que pensé y me preguntaba sucesivamente "¿Fumarías ahora?" Y yo contestaba "Sí". 

No sé si aquello duró una hora o algo más. Salí de allí con sueño, con ganas de vomitar y con una necesidad extrema de fumar. No lo dejé para más tarde. Apenas atravesé el umbral de la puerta, cogí un cigarrillo y me lo fumé. Renuncié desde ya a la tercera sesión.

Si antes de practicar la hipnosis hicieran un chequeo de la personalidad de quienes acuden a ella, probablemente habría más casos de éxito. Conmigo habría funcionado algo mejor el enfoque positivo. El ir llevándome a sentir según las horas y los días cómo se aprecian mejor los olores y sabores, cómo se va recuperando la energía, el color de la piel, etc. Y dejar mi mente programada para que cada uno de esos descubrimientos reforzara el deseo de no fumar. Sin embargo, como ya he dicho, en mi mente solo quedaron cosas sucias y enfermedades mortales por sobrevenir. Y con todo ello, asco y ansiedad. Con un deseo de fumar amplificado.

Por cierto, aseguran un 90% de éxitos, contabilizados en personas que dejan de fumar por, al menos, un año. No lo creo. Si así fuera, estaría recogida una cláusula de devolución en el contrato. Y de eso no hay nada.

11 noviembre 2015

1ª sesión hipnosis

¿Servirá de algo?

Tengo mis serias dudas.

27 agosto 2015

Desayuno solitario

Aquí, en mi paraíso, los días parecen iguales y, sin embargo, todos son poemas diferentes escritos en papel con el mismo fondo estampado.

Silla y mesa post desayuno
Hoy desayuno sola, sentada a la puerta de casa en una viejísima silla con el asiento hecho de esparto trenzado. Es baja, muy cómoda y está pintada con incontables capas de color marrón claro.

La ondulada línea de sombra del tejado se va acercando a mí, pero faltan al menos tres horas para que me alcance.

A lo lejos se oyen las voces del pastor en ese idioma particular que tienen los pastores de estas latitudes para comunicarse con el rebaño: ¡Ria-boo! ¡Guaja, guaja! ¡Fia, fia, fia! A estas horas no llegan hasta aquí ni los balidos ni el tintineo de los cencerros, que se hacen audibles y cercanos a la caída de la noche.

Un gallo, que no debe de estar lejos de aquí, contribuye con su canto repetitivo a llenar de sonidos el aire fresco de la mañana.

Hay perros que ladran a lo lejos. Y pájaros -sobre las zarzas, almendros y espinos- que no puedo ver ni tampoco identificar por sus trinos matinales.

Los sonidos más cercanos son los insectos voladores (moscas, moscardas, avispas y abejas) que van de acá para allá en vuelo loco, parece más de pura felicidad que de estar estudiando el terreno para trabajarlo durante el día. El otro, es el de las idas y venidas de la perra sobre la hierba seca.

Las gallinas, una vez puestas a salvo
de "la loba".
La perra tiene un objetivo que la obsesiona: comerse a las dos gallinas. Las pobres recién llegadas están encerradas en un cajón cubierto de tela de gallinero y dentro de la leñera. Así las mantenemos a salvo hasta que pase el peligro canino. Las compramos ayer para que nos den “huevos de gallinas felices”, pero todavía ni ponen ni están contentas.

"Pitas, pitas... soy vuestra mamaíta".
La perra, ese noble animal en asilo temporal, al que le hemos descubierto alma de loba (y algo del cuerpo también), va y viene a la leñera, agitada, con la lengua fuera. Se pone a dos patas y araña la puerta. Luego se aleja, se sienta y mira mira fijamente hacia allá con las orejas de punta. Ya ha descartado que la leñera tenga puntos vulnerables (eso lo comprobó ayer tarde, rodeándola, subiéndose arriba y olisqueando cada agujero de la piedra), de modo que ahora está obsesionada con la puerta. La oigo pensar: “Si la empujo, tarde o temprano cederá”, “si la araño, terminaré haciendo un agujero en esa vieja y reseca madera”. Vuelve a empujar y a arañar. Descansa y regresa. No pierde la fe.

15 agosto 2015

¿Un incómodo búho?

Logo de la Night Owl Society
De noche no tengo sueño, estoy activa, imaginativa. Me vienen a la mente recuerdos, planes, excentricidades y genialidades que jamás aparecen durante el día. En lo físico, es cuando me apetece moverme, pasear, correr, limpiar, ordenar... Cuando trabajo, ocurre algo parecido. Hasta las dos o las tres no me puedo dormir, pero a las siete suena el despertador. Las mañanas no las llevo mal, pero por las tardes no sirvo para nada. Si duermo una siesta, por la noche ya no pego ojo, así que la evito. 

Pero la gente vive de día y duerme de noche. Incluso en vacaciones. De día hay ruido, llaman por teléfono, te surgen los compromisos y las obligaciones sociales, las tiendas están abiertas. Hay que comprar para cocinar y hay que cocinar para quienes viven contigo y que son normales, o comer lo que han cocinado para ti. Y yo todo lo que quiero hacer es dormir. Intento hacerlo de noche pero en mi cama, de noche, dormimos tres: ella, mi insomnio y yo. Cuento de mil para atrás (varias veces), u ovejas que van saltando una valla de palos para entrar en el aprisco -¡Madre mía, cuántas ovejas! Algunas se vuelven para atrás y tengo que ir tras ellas a convencerlas de que regresen al corral. De paso me distraigo contemplando esa luna preciosa que hay y me tumbo a mirar las estrellas. Se me exalta la imaginación, se me olvidan las ovejas y el lobo que se las va a comer-. Otras veces respiro con el sistema de 4-6-8, que es infalible. ¿Infalible?... Me da hambre y me levanto a tomar un vaso de leche. Y en la cama dan las 3, las 4, las 5... Todo silencio a mi alrededor, excepto las respiraciones profundas de mi hija y Gea y los ronquidos que se filtran por la ventana abierta de otras casas en donde también vive gente normal.

No creáis que me angustia ese insomnio (solo si me obligo a permanecer en la cama). Es más, me hace feliz vivir mis cosas en el silencio de la noche, cuando nadie me molesta. Pero claro, la desazón viene de pensar que mañana las personas normales de mi casa se levantan, desayunan, trabajan fuera o salen a hacer trámites o a comprar algo para cocinar. Justo cuando yo he caído en el amable abrazo del sueño. Entonces, para parecer normal, hago de tripas corazón y me levanto. Así ando como un zombi durante el día. Se me instala una kipá de acero debajo del cráneo que no me deja pensar... hasta la medianoche, que es cuando me da el subidón de energía. El sueño ha desaparecido por completo y... vuelta a empezar con las ovejas y otras estrategias.

Una vez mi médico me recetó unas pastillas, advirtiéndome de que solo las utilizara en casos de extrema necesidad. Son somníferos o hipnóticos o algo así... y funcionan: Es una anestesia de efecto inmediato. Solo las he probado en dos ocasiones y en cinco minutos ni siento ni padezco, ni sueño ni nada. Al cabo de una hora, los ojos como platos y fresca como una lechuga. Mis sucesivas parejas me han dado valeriana, dormidina, algún triple de tila, melatonina, infusiones de azahar... Eso sí, me relajan hasta tal punto que nada me importa excepto hacer lo que me dé la gana, que nunca es dormir. ¡Me entra una paz...!

La jubilación no queda lejos. Entonces -me digo entusiasmada- podré hacer todas esas cosas que por estar trabajando desde los catorce, he tenido que ir dejando para luego. ¿Pero qué? ¿Gimnasio? ¿Viajes? ¿Aprender a tocar el piano o a bailar tango? Esas cosas se hacen de día. De noche se duerme. Además, si tienes pareja hay que llevar un cierto orden horario. No puede ser eso de "cuando se acuesta Lorenzo se levanta Catalina". Como actividad nocturna, escribir no estaría nada mal, y es una de mis asignaturas pendientes. Por lo demás, la nocturnidad, con o sin alevosía, no está bien vista. Y en casa seguiríamos siendo Lorenzo y Catalina, si Lorenzo no me ha mandado para entonces a freír nieves. Si lo hace, que sea de noche, que es cuando me podría defender con los más inteligentes argumentos. De día, con la kipá, estoy perdida.

Gea dice que deje de auto insultarme llamándome rara, que soy una persona normal con mis particularidades. Y yo, cuando me dice eso, pienso: cuánto me tiene que querer. No debo de ser fácil de aguantar asimilar, no.

02 agosto 2015

Cine de verano a la carta

Como cada verano, Eva y Olga tienen montado su cine de verano al que a veces invitan a sus amigos. En esta ocasión invitaron a mi pequeña familia al completo. Lo tenían todo preparado, butacas de patio y palco. El palco, si os fijáis en el vídeo, está montado sobre un pequeño remolque. Mesitas, cosas para picar, velas, ceniceros, música, piscina... La peque tiene siete meses y no sabe caminar, pero ya quiere estar andando todo el rato, así que las cinturas empiezan a resentirse. En un trocito pequeño y de mala calidad del vídeo soy yo la que la pasea, pero nos fuimos turnando.

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