26 diciembre 2008

Año nuevo, cosas nuevas

Cariátide de Modigliani

Hace tres años comencé un proyecto lleno de ilusión, de cariño y de compromiso por mi parte. Era una de esas cosas que se hacen de corazón, por gratitud, sin ambiciones, sin nombres propios, sin ánimo de gloria ni referencias históricas.

Pasó el tiempo y el proyecto se hizo grande y relativamente popular. Participaron muchas mujeres, unas llenas de desánimo y otras con su ánimo, su sonrisa y su fuerza, para compensar y llenar de color todo el espacio y a todas y cada una de las que allí nos encontrábamos.

Hubo días hermosos, días tristes, días silenciosos y días llenos de bullicio. Hasta que el proyecto murió un día por muerte súbita. Fue el día en que alguien colgó en la puerta el falso cartel de "Nos mudamos"...

En honor de aquel proyecto, cuyo nombre murió con él, otro nombre y otra idea nace, en parte con restos del derribo y en mayor parte con ideas nuevas que irán sucediéndose cada día, en nosotras, en vosotras.

Es nuestro regalo para quienes compartís este espacio con nosotras y una de nuestras ilusiones para el próximo año.

Podéis ver lo que ya hay hecho, que es aún muy poco:




Mil abrazos y mil besos

22 diciembre 2008

El mejor regalo



En estos días, por mi cumpleaños y por adelantos de Navidad he recibido algunos regalos. Todos ellos muy especiales y queridos por lo que son y por las personas que me los han hecho.

Pero hay un regalo muy particular, realmente fabuloso, que es el que está en la foto sobre mi mano. ¿De qué se trata? Lo dejo a vuestra imaginación. Mam no juega, jeje. Se trata solamente de jugar, no sé si diré la respuesta... :)

Muchos besos y muy felices navidades a todas.

21 diciembre 2008

Olivos, nieve y silencio



Este fin de semana hemos descubierto un sitio precioso. Está en la Sierra Sur de Jaén, perdido entre olivos. Es uno de esos sitios que no se encuentran por casualidad, y aunque tiene su página web lo normal, según nos contaba su propietaria, lleguemos allí por referencias de otras personas que lo han visitado. Así ha sido al menos en nuestro caso.

El camino normal para llegar hasta allí va desde Alcalá la Real hasta Charilla y desde allí hasta el destino, por una carretera empinada, estrecha y tortuosa de unos siete kilómetros.


No nos fue posible llegar por el camino normal porque cuando apenas faltaban dos kilómetros, el coche dijo que nanai, por la pendiente y la nieve helada. Así que tuvimos que hacer otra ruta alternativa, volviendo atrás hasta Alcalá la Real. Las fotos están tomadas a lo largo de ese segundo itinerario, ya en plena montaña y una vez rebasado Frailes.

Se lo recomendamos a amantes del silencio y la naturaleza. No hay televisión en las habitaciones, ni música en el comedor o el salón. El cocinero, hijo de la propietaria, prepara unos platos exquisitos y todo el ambiente recuerda a la vida auténtica del campo que recordaba de mi primera infancia: gatos, perros, olivos, chimenea y los sonidos atenuados de los pastores, las cabras, el viento y el agua.

Si queréis ver algo más, podéis visitar su página web.

¡Felices Fiestas!

18 diciembre 2008

Detrás de ese pijama rosa

Aquel día te esperé detrás de la lluvia. El olor a tierra mojada te trajo hasta mí, yo sin saber que eras tú a quien esperaba; tú sin saber que era yo a quien buscabas. Me bastaron unas cuantas palabras de esa tu alma de flor de almendro para reconocerte, pero no te lo quise decir. Seguiste tu camino fijando de tanto en tanto tus ojos grandes en mi figura, que se quedó estática en el mismo punto, esperando a ser reconocida por ti. Me habrías hecho dudar de no ser porque cada mirada tuya me encogía el corazón de aquella manera profunda y extraña, casi olvidada en el cajón de las emociones adolescentes.

Aquí estás a mi lado como cada noche, tú en tus cosas y yo en las mías. De vez en cuando me miras y sonríes. Ahora te levantas y te me acercas con los brazos abiertos. Me rodeas en un abrazo profundo y cálido. Son las doce en punto y es mi cumpleaños. Sé que a lo largo de nuestra vida siempre hemos pensado que nunca hemos querido a nadie como queremos a esa persona de la que nos hemos enamorado, pero te aseguro que ahora –ya tal vez medio viejecita- estoy segura de que nunca he querido a nadie como te quiero a ti. Soy feliz y tú estás junto a mí para recordármelo cada minuto del día y de la noche.

17 diciembre 2008

No te preocupes, que luego se les pasa


Fragmento de una conversación que escuché casualmente hace un par de días entre dos mamás de treinta y pocos:

Mamá primera: Mi niño, de cuatro años, me dice el otro día "Mamá, yo quiero ser una niña". ¿Y eso por qué? -le pregunto yo. "Porque me gustan las muñecas y los juguetes de las niñas".


La mamá primera contó esto sonriendo y se ve que quería continuar contando el resto, pero fue interrumpida por la


Mamá segunda: Mira, el mío, que ahora tiene seis años, empezó así. Claro, yo le compraba coches y cosas de esas para niños pero él prefería los juguetes de su hermana. Pero, oye, ¡que no te preocupes, que luego se les pasa! ¡El mío ya prefiere las cosas de niños!

Y dijo esto la mamá segunda como queriendo tranquilizar a la mamá primera, que no parecía preocupada en absoluto, pero sobre todo dejando muy claro que su niño "se ha vuelto normal".

Esas cosas pasan a día de hoy, las dicen y las piensan mujeres jóvenes que han estudiado, trabajan y están en contacto con el mundo. Nos queda un trecho para desterrar el sexismo.


Las imágenes son de estas fechas y forman parte de la publicidad de un conocido hipermercado del juguete. Los niños con juguetes "de niños". Las niñas con juguetes "de niñas".

14 diciembre 2008

Sin rencor

Pepa acaba de descubrir este vídeo y me lo ha pasado para ver si le doy la misma lectura que ella. Lo he visto una vez, pero sin fiijarme mucho porque estaba haciendo otra cosa a la vez. Conclusión: Nada. Pepa dice "jo". La segunda vez lo miro con más atención y le hago mi comentario. Hemos coincidido, aunque quizás no sea tan difícil entender el mensaje. ¿O dependerá de quien lo mire?

El audio es secundario para sacar una conclusión.

¿Vemos la misma historia y la misma moraleja?


Desactivada la inserción por solicitud, dicen los de Youtube. Dejo aquí el ENLACE PARA VER EL VÍDEO.

10 diciembre 2008

Cuando se necesitaba uniforme para pasar la reválida


Esto que voy a contar me ocurrió hace ya muchos años, la primera vez que me enamoré de una mujer. Mis relaciones sociales anteriores se diluyeron y me incorporé a su círculo de amigas y conocidas. Pero he aquí que no encajaba yo en aquella especie de gremio y no porque no le pusiera voluntad. Ni siquiera la niña de mis ojos las tenía todas consigo y así un día me decía que le gustaba y me llevaba feliz al huerto, y al día siguiente me daba de lado diciéndome que no era su tipo.

Yo me empeñaba en ser amable, cortés, cariñosa, comunicativa y generosa no sólo con ella sino con todas las demás, pero nada, que no había manera.

Me fijé en cómo vestían: botas, zapatillas deportivas o zapatos unisex, siempre planos, pelo corto, sin maquillar, sin depilar, pantalón, camisas o cazadoras muy amplias, casi enormes y caminar algo desgarbado. Eso todas, una por una. Y claro, así me miraban, como si fuera una infiltrada. Porque yo entonces -como ahora- tenía melena, me maquillaba poco, pero siempre un poco de colorete y una pequeña raya de lápiz en los ojos. Y los labios también, un poquito de carmín poco visible pero presente. Vestía con pantalón o falda y siempre llevaba algo de tacón y me depilaba.

Cuando por fin me daban cuartelillo el tema podía titularse siempre "Tú no eres lesbiana"... argumentado por "has estado casada", "has parido"... y sobre todo "vistes como una hetero". No importaba que me muriera por los huesitos de aquélla de la que me había enamorado. Eso era lo de menos, una fruslería de nada.

En esto que "ella" se fue de viaje durante un mes, no sin antes dejarme las llaves de su casa para que le regara las plantas, le controlara el coche y al gato y avisarme muy seriamente de que ya lo tenía muy claro: "Eres una buena tía, pero no eres mi tipo, así que a mi vuelta amigas y punto".

Y qué leches. Había que actuar. No ya para ser aceptada por el gremio sino por ella. Había comprendido que antes de nada había que ponerse "el uniforme".

Nada más marcharse me fui a la peluquería y me corté el pelo, me compré unas buenas botas de gruesa suela de goma, dejé crecer mis vellos corporales -que tampoco son muy frondosos- y no se me ocurrió ponerme en la cara más que agüita del grifo. Desterré las faldas y hasta el sujetador, porque me había dado cuenta de que casi ninguna lo llevaba.

De aquella guisa empecé a gustar a la población lésbica y me salió una novia y todo. Pero yo seguía enganchadita de "ella" y así se lo hice saber a la recién llegada. No pareció importarle. Más bien creo que pensó que había que darle tiempo al tiempo y se lo tomó con filosofía.

Y así pasó un mes. "Ella" me llamó para preguntarme si podía ir a recogerla a la estación. Allí estaba yo, a la hora en punto con mi pseudonovia y mi uniforme. Me fui acercando a ella con pasos de pistolero, con mi chupa de cuero enganchada al hombro por un dedo y colgando por la espalda. Nos saludó y a mí me dijo: ¡Pero qué guapa estás!

Al día siguiente encontró una excusa para venir a dormir a la mía y desde entonces... hasta que el destino nos separó bastantes años después. Yo lo llamo "el milagro del uniforme".

Sé que si "ella" leyese lo que estoy escribiendo, diría que ésa es una visión simplista de las cosas, y tal vez tenga algo de razón, pero poca. Me diría que si no me aceptó al principio fue porque echaba de menos a su ex novia, la camionera. No. No lo digo despectivamente, es que la chica -por cierto muy guapa- trabajaba como transportista conduciendo un camión. Pero es mentira, me rechazaba porque no me había puesto el uniforme.

Ya hace años que se fueron desterrando esos esterotipos. Una vez más, ¡Viva la libertad!

07 diciembre 2008

Hermosa noche



Sansón y Dalila. La cinta gira, la música suena por sí misma. Delante veo las luces rojas de otros coches, duplicadas en el asfalto acharolado por la lluvia de unos minutos antes. Autovía de medianoche. Un martes cualquiera. Rodeo la ciudad y entro en ella. Bajo las ruedas se suceden las calles empedradas, cada vez más estrechas. Los gatos huyen y se esconden detrás de las rejas de los patios sombríos. Algunas ventanas están iluminadas, como la suya. Me detengo delante de esa luz pastel, casi dorada. Marco su número en el teléfono celular. Su voz me contesta y desconecto. Hermosa noche para no decir nada.

Acelero. Carretera secundaria. Una curva a la derecha, cambio de marcha. Curva a la izquierda. Empieza a llover. Acelero más. Aunque la vista está fija en el centro de la calzada, veo pasar apelotonadas las ramas de algunos árboles. Piedras encaladas, ramas verdes y la luz anaranjada del cuadro de mandos son las únicas notas de color que percibe mi retina sin fijarse en ellas, porque los ojos están clavados en el asfalto, que nunca es el mismo. Lo traspasan hasta el infinito. "...Réponds a ma tendresse...", dice como en un lamento el aria de la Callas. Subo el volumen de la música hasta que el ruido del motor desaparece. Hermosa noche para escuchar a la Callas. Siento el calor en mis pies. Subo el nivel de la calefacción. El agua es ahora nieve que se derrite al llegar al asfalto. Sólo los bordes permanecen blancos, no ya de piedras encaladas, sino de hierba, piedra y tierra nevadas. A mi izquierda todo es negro. Sé que detrás del precipicio está el pantano y dentro de él las casas del pueblo casi intactas, con la torre de la iglesia emergiendo en el centro. En noches como ésta, de viento y nieve aún voltean las campanas, como cuando jugábamos los domingos, antes de que ese pequeño mundo se inundara, en la plaza cuadrada, con su fuente de cinco caños donde bebían los mulos y las mujeres llenaban sus cántaros. Hace muchos años. Fueron otros tiempos y éramos niñas. Estábamos limpias. A mi derecha una explanada blanca donde doy la vuelta. Hermosa noche para cambiar de rumbo.

Las líneas discontinuas desfilan una tras otra. Acelero. Chirrían las ruedas al tomar la curva. Una recta larga. Al final una curva muy cerrada con bordillos encalados, al fondo las luces de la gran ciudad. Todo lo demás, negro. Acelero más y más hasta el límite. Necesito mi propia sangre para sentir que vivo. Volar. Uno, dos, tres. El corazón late. Hermosa noche para degustar la vida.

06 diciembre 2008

"Dicen que mata, como la vida"

Hay veces en las que miro atrás
y me recuerdo feliz y humeante
como un pan recién hecho.

Podía llevarme el placer a la boca
y dejar que me inundaran
sus más relajantes sensaciones.

Aspiraba el aroma vegetal de sus soles
y dejaba volar la imaginación
a lomos de sus volutas.

Me daba igual su procedencia.
Nunca le he aplicado al placer la ley de extranjería.
Americano, filipino, turco o cubano,
en todos encontraba el infinito goce
de una buena bocanada de humo.

Siempre le he tenido como un buen amigo.
Me acompañó en el trabajo y en el amor,
en los momentos más felices y en los difíciles.

Ahora casi no puedo enseñarlo,
casi no puede venir conmigo.

Nos vemos a escondidas
como los amores imposibles y desgraciados.
Nos vemos en las esquinas
y en las puertas del trabajo.

En nombre de la salud
¡nos han desterrado!

Dicen que mata,
como la vida.

Y yo no me voy a quedar aquí lamentándome,
Lo quiero tanto que voy a quemarlo
a bocanadas.

El que quiera
que me siga.


Jesús Quintero


05 diciembre 2008

Fumadora - Fumadora furtiva - Fumadora deportiva

Hace seis años, en el centro donde trabajo ya no se permitía fumar en espacios cerrados, aunque sí en el patio, por ejemplo. Pues bien, encontré un pequeño almacén inutilizado, lo arreglé, me puse una mesa, un ordenador, estanterías para mis cosas y dos cuadros cutres de cuando me casé, para hacer hogar. Me hice de una llave y me encerraba a cal y canto en aquel sitio secreto en mis horas libres, que eran bastantes aquel año. ¡La de horas que trabajé allí, con mi cigarrillo, mi cenicero y mi encendedor! ¡Sin salir a pasar frío ni mojarme con la lluvia!

¿Qué pasó? Que mis compis descubrieron aquel pequeño paraíso privado y lo convirtieron en sala de profesores en funciones. La otra, la limpia de humo, les resultaba fría, demasiado aséptica. Y allí los tenía a todas horas. Se pusieron otras mesas allí, otros ordenadores y a trabajar en nuestros humos. Pero el colmo es que los acérrimos antitabaco también venían allí y se quejaban de que no se podía respirar, que si no conocéis los riesgos de los fumadores pasivos, que deberíais dejar de fumar… y que si querían podían denunciarnos. Y yo preguntándome por qué narices no se quedaban en su espacio aséptico.

Teníamos la suerte de contar con muchos espacios libres en el centro, así que me dediqué a indagar y encontré dos posibles nuevos refugios, uno desangelado y enorme (un antiguo gimnasio con suelo de parquet) y otro pequeñito y más cercano a las aulas, que era otro de esos almacenes de cosas viejas e inservibles. Me entretuve en sacar toda la chatarra y llevarla al gimnasio, pinté las paredes, busqué una mesa, una silla y un ordenador y hasta conexión a Internet. Encontré una enorme bandera con los colores del arco iris, procedente de Italia y que pone PACE en el centro. La puse en la pared, encima de mi mesa de escritorio. Una estufita y lista para empezar una nueva vida de fumadora furtiva.

¿Qué os imagináis que pasó con el primer refugio secreto? Que ahora ya no le gustaba a nadie, que olía a fuel de las calderas, que no tenía suficiente luz… ¿Adónde acabaron viniendo? Al nuevo refugio secreto, que por demás es tan pequeño que cuatro son multitud.

Hoy día el primer refugio secreto es una sala de estudio (de nombre). La sala de profesores es un lugar desierto. El segundo refugio es el lugar predilecto de reunión. Eso sí, prohibidísimo fumar. El año pasado todavía me subía a una silla y fumaba por la ventana. Ahora ya no. El humo vuelve hacia dentro y a veces da el cante de que allí se ha cometido “el delito”. Pues nada, ahora cuando tengo una hora libre y tengo trabajo que hacer, lo interrumpo una media de una vez por hora para salir a la calle a darle dos caladas profundas al cigarrillo (pero es que en dos caladas me fumo medio, que hay que recargar los tanques para no tener que salir otra vez). Entre hora y hora, mientras el alumnado cambia de clases, salgo echando leches escaleras abajo para las otras dos caladas profundas.

¿Ventajas del sistema? Solamente una: Hago deporte. Cada mañana una media de seis bajadas y seis subidas de escaleras, saltando los peldaños de dos en dos, más el recorrido de ida y vuelta por el patio hasta la verja. El problema vendrá cuando también prohíban correr.

¿Inconvenientes?
Fumo un 20% más que cuando me podía fumar un cigarrillo tranquilamente mientras trabajaba en mi refugio secreto. Aquel cigarrillo muchas veces se consumía sin casi haberlo probado.

    Me pone de mal humor cualquier tipo de fanatismo, incluido el de los antitabaco.

Y digo yo: ¿Tan mal estaba el sistema de tener espacios para fumadores? Total, allí nadie molesta a nadie. Dicen que damos mal ejemplo al alumnado, pero resulta que el alumnado es mayor de edad y además fuma, y es que encima no tienen ni por qué vernos. El caso, con perdón, es joder. Es prohibir, es obligar, es limitar la libertad de forma absurda, es convencernos de que el Estado NOS AMA, NOS PROTEGE, cuando la única verdad es que crea o destruye normas en función de costes y beneficios en las arcas públicas. El Estado NOS VIGILA, NOS CONTROLA, NOS CASTIGA, NOS CHANTAJEA, porque NOS AMA. ¡Y una m…!

Y que conste que querría dejar de fumar, pero al menos de momento NO PUEDO. ¿Por qué a quienes el Sistema nos enseñó a fumar no se nos respeta siempre y cuando no molestemos ni demos mal ejemplo a nadie? No crean que mediante estas presiones van a conseguir que la gente deje el tabaco, o no al menos gente como yo. La prohibición provoca ansiedad y la ansiedad, para un fumador, se pasa con el tabaco.

Algún día hablaré de la repercusión en la sociedad del exceso de normas y leyes.

04 diciembre 2008

El brasero

El recuerdo de las noches de invierno de mi primera infancia está asociado a la chimenea y al brasero. Por la mañana mi padre trabajaba en el campo y mi madre se ocupaba de limpiar la casa, el gallinero y el patio, lavar la ropa en las pilas de agua helada y preparar la comida.

Para la hora de comer, encendía la chimenea, que seguiría encendida hasta la hora de la cena. Unas veces mi padre venía a comer y otras llegaba ya cuando se había puesto el sol. Comíamos en la mesa de la cocina y yo siempre elegía el lado más cercano a la chimenea, de espaldas a ella. Después de comer, mi madre lavaba los platos y yo dibujaba o leía la cartilla. Luego mi madre se sentaba a coser y ponía la radio para escuchar la novela. A mí me gustaba sentarme a su lado y mirar cómo cosía, o le pedía un trapo y una aguja con hilo para imitarla, y mientras tanto escuchaba aquellas voces ya legendarias de los actores radiofónicos en “Simplemente María” o “Los Miserables”, con Fernando Guillén y Gemma Cuervo.

Los días eran cortos por lo que la noche llegaba en un santiamén. Un poco antes de oscurecer, las gallinas volvían de haber pasado todo el día por el campo y mi madre las llamaba “ticas, ticas” para echarles trigo. Después las “miraba”, para ver la que iba a poner huevo al día siguiente y por último se ponía a preparar la cena.


Mientras mi madre preparaba la cena, mi padre había vuelto del campo, impregnado de olor a tierra y viento. Se sentaba ante la chimenea y yo en el suelo, entre sus rodillas. Me gustaba mucho estar con mi padre, lo quería más que a nadie en el mundo, aunque a esa edad de tres o cuatro años no habría podido definir lo que era querer. Me gustaba mirar sus manos, llenas de callos y tiernas a la vez, besárselas y transmitirle de esa manera tan simple todo mi cariño.

El momento de la cena estaba marcado por el traspaso al brasero de las brasas que todavía quedaban en la chimenea. La cena era en el comedor. Entre mi padre y mi madre echaban con el badil las brasas al brasero, mi padre lo llevaba hasta la mesa camilla y mi madre levantaba las enaguas. “Niña, arrímate al brasero, que luego te acuestas con los pies fríos”, me decían. Notaba aquel calor en las piernas, excesivo al principio, pero placentero. Mi madre se había hecho unas protecciones con cartones de cajas de zapatos que se sujetaba a las piernas con unas gomillas. Eran para que no le salieran cabrillas.

Cenábamos- casi siempre cocido- y me llevaban a la cama. Era el peor momento del día. Para mí ir a la cama por la noche era una especie de castigo que todavía soporto con resignación, porque es la noche el momento del día en que menos sueño tengo. Me quedaba en la penumbra del dormitorio que compartía con mis padres mientras los oía a ellos conversar en el comedor. De fondo se escuchaba jazz en la radio. También odié el jazz hasta ya bastante mayor. Algunas veces, para hacerme menos duro el momento de acostarme, mi padre me envolvía en una mantita y me llevaba en brazos desde el comedor hasta el dormitorio, me arropaba y me contaba cosas sobre las estrellas, los animales del campo, la hierba o algún cuento, que estoy segura de que inventaba. Uno de los personajes que mi padre inventó para mí se llamaba “Rancancinas”, porque arrancaba las encinas de un solo tirón, pero no recuerdo más del cuento.

Ya de mayor siempre he tenido brasero en casa hasta hace un par de años. Anteayer empecé a echar de menos esa agradable abulia de las tardes y noches de invierno viendo una película, escuchando música o leyendo un libro, pero con los pies calientes y las faldas de la camilla hasta el cuello. Así que esta tarde nos hemos comprado una camilla y hemos encargado las faldas (enaguas las llamaban cuando era pequeña). El brasero nos lo va a regalar una amiga que ya lo dejó en desuso por cosa antigua. Nosotras reinventaremos el sencillo y dulce placer del brasero en las tardes y noches de invierno.

Pero el nuestro será eléctrico, aunque ya se andará lo de encontrar uno de brasas, que también tiene que ver con aromaterapia :)

03 diciembre 2008

Aprobar a comisión

Como ya apunté el otro día, mi instituto es de los de la "calidad". Esta mañana, en una de las salidas exprés a darle una calada a un cigarrillo (ya hablaré otro día de la ley antitabaco), me encontré a un grupo de alumnos del último año de Formación Profesional que hablaban animadamente sobre algo que los tenía bien entretenidos. Al pasar delante de ellos, uno me dice: "¿A que este centro está en el Plan de Calidad?". Le respondo con un "sí", arrugando un poco la nariz (es que no me gusta, de verdad, no me gusta ni el fondo ni la forma). Entonces me hace una segunda pregunta. "¿Y verdad que a cada uno de vosotros os pagan un plus por aprobado final?".

No importa qué respuesta les di a todos aquellos ojitos que me miraban mientras les respondía. Lo que importa es lo que hay detrás de esa pregunta: Que vamos a aprobar a comisión. Así que ya estaban haciendo cábalas sobre qué profe o profa va a regalar los aprobados y cuáles no, en función del apego al dinero o los problemas económicos que presientan en cada cual. Ya habían seleccionado a dos candidatos para los que no iba a hacer falta estudiar en todo el año. Uno de ellos un auténtico "hueso" en años anteriores a la "calidad".

No sé yo cuál será el resultado de este nuevo invento de la calidad cuando pasen unos años, aunque lo presiento. De momento, ya por las habladurías de pasillo, está sirviendo para que el alumnado se relaje y estudie menos.

Dejo claro que no se nos pagan comisiones por aprobados. Eso sí, dejaríamos muy mala imagen ante la Administración si se mantuviesen o aumentasen los índices de fracaso escolar.

29 noviembre 2008

Hoy he sido "La Churri"

Esta tarde me llama una amiga para preguntarme si se puede pasar por casa para que le eche una mano con unos programas de su ordenador que no le funcionan bien. Hoy me había tomado el día libre de obligaciones y estaba vegetando entre juegos y películas, así que le dije que viniese para acá. Me pregunta si puede acompañarla su prima Laura, que la tiene en casa durante unos días, que le ha propuesto acompañarla a mi casa y que no ha sabido cómo negarse. Sin problema, le digo. Entonces me dice mi amiga: "Oye, ya sabes cómo es Laura, vosotras dos sois amigas, ¿eh?" Vamos, me sugiere que hagamos el paripé de que mi pareja es otra amiga que se ha pasado por la casa esta tarde de sábado.

Me quedo pensando... Laura es esa chica que no he visto nunca pero de la que he oído hablar infinidad de veces. La pija. La que dice que no le gusta venir a Andalucía porque aquí todo el mundo es cateto e inculto. La mamá reciente que dice que si su niña "le sale" lesbiana la mata. En fin, reúno a mi pequeña familia y les hago un breve perfil de quien va a visitarnos en unos minutos. Les digo que me trae al fresco lo que piense la tal Laura, pero que ellas actúen como más cómodas se sientan y como les apetezca. Pepa -mi pareja- arruga el entrecejo: "Pues en pijama estoy y en pijama me quedo" - me dice. Me río imaginando el después.

Al poco rato llaman a la puerta. Entran mi amiga, su hija y la prima. Presentaciones. Besos. Qué queréis tomar... Mi amiga trae su portátil y la prima -aprovechando la ocasión- el suyo, para otros arreglillos.

Nos sentamos a la mesa. Pepa, ama de casa donde las haya, sobre todo para este tipo de ocasiones, ofrece café y se va a la cocina a prepararlo, metida en su pijama rosa. Luego se pone a mi lado para ayudarme con las instalaciones, desinstalaciones y detección de virus. Y ahí, en ese entorno familiar de nuestra mesa de comedor, rodeadas de la prima, la amiga y su hija, mi hija y los dos gatos -animalillos por los que la prima siente fobia-, Pepa no ha desaprovechado ocasión para demostrarse una perfecta anfitriona y de paso dejando caer de vez en cuando algún comentario sobre "nuestra" casa, "nuestras" costumbres, "nuestras" fotos -que por cierto, una de ellas estaba enfrente de la prima, a medio metro, en un portarretratos, las dos abrazaditas y sonrientes...-

C h u r r i

Y por si a la prima le quedaba alguna duda, Pepa me pone la mano en una pierna y ella, que nunca me había llamado churri, me lo ha dicho: "CHURRI, pásame el CD". Se me van los ojos a las visitantes. Mi amiga baja la mirada en un gesto de trágame tierra; su hija -una chavalita genial- se ríe entre dientes y mira a la prima; la prima me quita nerviosa el ratón para darle al Next, por si se me había pasado. Luego saca el móvil y nos enseña la foto de su peque, una bebota de verdad preciosa, y se lo digo. Ella dice: "No, si bonita no es, es normalita. No es una niña rubia con ojos azules, pero tiene encanto y es muy expresiva". Enfrente está mi hija, morena a matar, con los ojos azabache. Le digo a la prima: "Se puede ser preciosa sin ser rubia con ojos azules".

Después de tres horas, el problema de los ordenadores estaba resuelto. Pepa: "Encantada de conocerte, Laura, y ya sabes donde tienes tu casa". Despedida. Cierre de puerta y una "jartá" de reír. ¿Volverá a visitarnos Laura?



Pensando en Laura

(Hay un error de traducción: Cuando dice "Porque es blanco y tiene dos ojos", realmente dice "Porque es blanco y tiene los ojos azules")

27 noviembre 2008

¿A quién importan las muertas?

Varias mujeres de las que este año han sido asesinadas por sus parejas o ex parejas –por no referirme a casos similares en años anteriores- habían denunciado a sus agresores por no cumplir las órdenes de alejamiento y recibir de ellos amenazas de muerte.

Algunas de ellas habían acudido a la policía horas o días antes de ser asesinadas, denunciando las amenazas y expresando su terror ante lo que podía ocurrirles a ellas o a sus familias.

Pero a pesar de todas las precauciones, protección y demás historias que las leyes otorgan sobre las mujeres maltratadas, lo cierto es que muchas sentencias se vuelven papel mojado. En palabras mundanas “lo raro es que no pasen más cosas”.

Comprendo que los juzgados estén colapsados por casos de menor o de mayor trascendencia humana. Lo que no entiendo es que si son personas las que atienden en los juzgados estos casos de indudable riesgo vital, carezcan de una mínima intuición para detectar lo que es de urgencia inmediata y lo que no lo es.

He tenido la oportunidad de hablar en alguna ocasión con profesionales de la violencia de género. En resumidas palabras me han dicho que es deprimente el trabajo, que por un lado entra una mujer con lesiones incluso de gravedad y enseguida se dictan medidas de protección, aislamiento y juicios rápidos, y por el otro la misma mujer a los pocos días vuelve para retirar la denuncia porque ya han hecho las paces. Y que eso quema.

Y no solamente hablan así los profesionales y trabajadores contra la violencia de género. Basta pegar la oreja a la gente de la calle. Hace poco un conocido me contó que estaba con su pareja en un hotel y en la habitación de al lado una mujer gritaba y pedía socorro, se oían golpes y caídas de objetos. Avisaron a recepción y el recepcionista les dijo: “Ah, sí, esos siempre están así, se emborrachan, se pelean y mañana ya están comiéndose a besos en la cafetería”.

Pocas personas de este nuestro mundo conocen lo que siente, vive, piensa, teme, una mujer que está siendo maltratada física o psicológicamente. La anulación de la personalidad que se produce, la esperanza de que todo cambie, la alegría al recibir un regalo, una promesa o un “no va a volver a ocurrir” de parte del agresor. El desconcierto psicológico, la pérdida de identidad… Es entonces la sociedad misma la que tiene que salir en defensa de esas mujeres, la sociedad en sus múltiples facetas y organizaciones.

Los juzgados no deberían permitir la retirada de denuncias cuando se trata de violencia machista, sino continuar el procedimiento de oficio. Esto, a mi entender, favorecería doblemente la función judicial, por una parte se estaría protegiendo de manera más efectiva a esas mujeres que están en peligro y por otra, muchas otras mujeres que pudieran denunciar tras una simple riña entre ambos, desistirían de hacerlo al saber que luego no podrían ir a retirar la denuncia.

El caso es que de sesenta a ochenta mujeres son asesinadas cada año en este país por sus parejas o ex parejas. Socialmente nadie levanta la voz. Están las tradicionales manifestaciones del 25 de noviembre y poco más. Y lo más lamentable es que incluso a estas manifestaciones y actos asiste una minoría que ni siquiera se hace visible. Hace dos noviembres en la Puerta del Sol de Madrid concluía la masiva manifestación a favor de las víctimas del terrorismo al mismo tiempo que comenzaba la de la violencia de género. Qué importaba enganchar una con la otra y que los mismos manifestantes de la primera se unieran a la segunda. Pero no. La plaza se fue despejando y allí quedó poco más de un centenar de personas bajo la lluvia, las personas que habían ido expresamente a manifestarse contra la violencia de género. A las otras, que ya estaban por allí, no les interesaba el tema.

La familia de Mari Luz ha movido cielo y tierra con toda la razón del mundo, y loados sean por esa fuerza a pesar del dolor. Y han conseguido muchos miles de firmas, 500.000 tengo entendido. Puedo asegurar y demostrar que una decena de mujeres repartidas por toda la península hace dos años que están pidiendo firmas para que la Ley Integral sea aplicada correctamente, y en total creo que no se han recogido más de 500 firmas.

Las mujeres que ya han sido asesinadas y las que aún están por morir y lo temen o lo desconocen, no importan más que a sus familias. Esta es la pura realidad.

24 noviembre 2008

Adonde el río nos lleve

Vamos a la deriva sobre un tronco que flota sobre un río que transcurre de este a oeste, sin entender a quienes van a la deriva sobre un tronco que flota sobre un río que transcurre de norte a sur.

23 noviembre 2008

La desviación del placer


Acabo de volver de una reunión de profesores en donde el único punto del orden del día era "análisis de resultados". Han repartido a cada uno cuatro hojas de gráficos muy ilustrativos de cuál es la realidad: que los niños y las niñas de 3º de ESO no saben leer ni entienden lo que leen, no saben hablar ni entienden lo que se les cuenta, ni comprenden aritmética, funciones, series, estadística, ni saben de ciencias sociales, geografía, nutrición, medio ambiente...

Las gráficas eran comparativas con los dos años anteriores. Los niveles han ido descendiendo y el de este año era el peor con diferencia. Todo se ha realizado como nos ordenan y mandan, porque desde que somos un centro de "calidad", la burocracia y la estadística nos devoran. Así que desde la Administración enviaron a los centros un cuaderno para cada ítem a valorar, y todo para hacer un análisis del nivel de partida del alumnado de 3º de ESO.

Pues ya sabemos cuál es el nivel de partida. Si los resultados son patéticos, las medidas para paliarlos no son menos. Creo que todo el sistema educativo está basado en unos criterios deshumanizantes. No solo este sistema educativo, sino el que lo precedió y el anterior y tal vez el anterior aún. Hace años que se ha cogido carrerilla en inventar nuevos sistemas educativos en donde lo que llaman calidad se confunde con la cantidad y la estadística.

En la Adminstración, los burócratas que no entienden de niños ni de educación, están ahí sentados para controlar, culpar y pedir al propio profesorado que se lo monte de manera que los resultados "estadísticos" resulten más presentables para cuando tengan que contrastarlos con el resto de países "civilizados". Ya se han dado, hoy en la reunión, "soluciones" por parte del profesorado. Que los niños lean (aún) más libros, hagan (aún) más resúmenes, y más redacciones. Matemos moscas a cañonazos.


La media de libros que obligatoriamente tiene que leerse cada niño/niña durante el curso académico es de nueve, tres por trimestre. Al entregarse las notas de fin de curso, sin importar si la calificación ha sido buena o mala, se recomienda al alumnado "que lea mucho" durante las vacaciones, de modo que los profes pasan la patata caliente a los padres y éstos se ven en la obligación de mantener el ritmo de lectura. Amén de decir que por cada libro leído hay que rellenar una ficha para demostrar que se ha comprendido la trama, el mensaje. Esos niños y niñas leyeron el pasado pasado, a punta de pistola, una media de quince libros entre las vacaciones y el curso escolar. Me parece aberrante leer y resumir quince libros al año para unas personas que están todavía en la edad del juego y el ocio.

De ninguna manera se puede conseguir que la lectura se convierta en un placer cuando se ha instaurado como tortura cotidiana. Las personas de mi generación no teníamos libros obligatorios, sino apenas unos pasajes de ciertos libros que el profesor o la profesora nos leía despacio en clase, deleitándose en las palabras. Un placer que a algunos de nosotros se nos contagiaba y nos hacía buscar ese libro y leerlo entero, o una parte, tal vez solamente la parte que habíamos escuchado boquiabiertos en aquella hora tranquila de clase.

Si a un chaval de 14 años se le hace asociar lectura con tortura, nunca será un buen lector, ni siquiera un lector normal. Esto ya ocurre desde hace bastantes años. Los alumnos adultos que ahora tienen entre 18 y 25 años no quieren leer. Buena parte de su formación para el trabajo consiste en aprender a buscar, entender y utilizar la información. Cada día en mis clases tienen que leer textos de 15 o 20 líneas en donde se explica qué tienen que hacer a continuación con un supuesto práctico. La mayor parte de ellos preguntan horrorizados ¿Todo esto hay que leérselo?

Parte de lo malo sigue luego cuando te envían sus propias opiniones o análisis. Escriben como si chateasen, y chatean como si enviasen mensajes al móvil. Ya no hay haches ni en "hola" ni en "he estado", las ches se sustituyen por las equis o el iba de ir se confunde con el impuesto sobre el valor añadido. Están avisados de que se les está preparando para el mundo laboral que tienen a la vuelta de la esquina y que el lenguaje que deberán usar un lenguaje formal y gramaticalmente correcto. Pero es que por más que se esfuerzan ya no conocen ese lenguaje, han olvidado su propio idioma. En cambio, esos chicos y chicas forman parte ya de las promociones de lecturas obligadas de libros y redacción de resúmenes. Chicos y chicas que odian la lectura porque no forma parte del mundo de sus placeres.

Creo que tenemos que dar unos cuantos pasos hacia atrás para escapar y no regresar más a este mundo de las prisas, las cifras, los informes estadísticos, el ruido y el displacer. Este mundo que nos obliga a encontrar el necesario placer de toda vida en caminos equivocados como la obtención de cosas materiales -cuanto más caras más placer, cuanto más inmediato más placer, pero placer frágil y pasajero que tiene que renovarse con nuevos retos equivocados-, cuando no en la ostentación de la violencia gratuita.

La lectura masiva y obligatoria -y las dichosas fichas resumen- no solamente no formará futuros buenos lectores sino que garantiza que decrezca el número de amantes de la lectura.

2 + 2 = 4


¿Hasta cuándo podremos resistir? Las paredes tienen ojos. Nos dicen que la intensidad de la tortura puede aumentar. Aún todavía podemos decir que dos y dos son cuatro.

Está aquí, por todas partes


Winston Smith trabaja en el Ministerio de la Verdad, que se encarga de “reescribir la Historia”, cambiar todo documento del pasado que no se adecue a los intereses del Partido en cada momento, modificar referencias y rastros. Los documentos de las bibliotecas son permanentemente modificados. Rostros y nombres desaparecen de los periódicos y de los libros. Hechos ocurridos y registrados no han ocurrido jamás o se reescriben para que hayan sucedido de otra manera.

No hay libertad de expresión pero tampoco el pensamiento es libre. El recuerdo no puede contradecir la historia reescrita. Pensar y recordar distinto a lo que el Partido decreta en cada momento es un crimen mental, perseguido por la policía del pensamiento. El Gran Hermano, mediante gigantescas pantallas vigila la calle, el trabajo, las reuniones, los bares y cada rincón del hogar y de la vida privada de las personas. Los altavoces no callan jamás. A través de ellos se escucha "lo que hay que saber". Pero ante todo está la máxima de que "El Gran Hermano te quiere, el gran Hermano te protege".

Winston Smith cumple fielmente con su parte de reescribir la historia, pero su memoria se niega a modificar lo que recuerda. Escondido en un ángulo de su habitación, adonde aparentemente no llega la mirada del Gran Hermano, escribe un diario desgarrador.

Al final de la historia, mientras Winston está siendo torturado, su verdugo le obliga no a decir sino a “creer” y “saber” que dos y dos son cinco. Pero él resiste y contesta siempre que dos y dos son cuatro. La tortura se hace insoportable, constante, larga, terrible… A Winston solamente le queda una cosa: su dignidad. Y, desgarrado, sigue contestando cuatro, cuatro, cuatro… Cada vez que dice cuatro se intensifica el dolor que su torturador le inflige. Hasta que el rostro de Winston se transfigura, se relaja. Su mirada se pierde más allá del techo de su celda de tortura. Entonces ha llegado el momento culminante de la VERDAD, cuando Winston por fin sabe, cree y dice que dos y dos son cinco.



La población enfurecida por las "verdades" que muestra la gran pantalla durante "El minuto del odio"


Una sinopsis parcial y personal del libro de George Orwell "1984"

Estado civil: "Contrato social"

"Cómo te va de casado" es una pregunta corriente pero "cómo llevas el contrato social" me suena a chufla.

Contrato social es como quieren llamar los homófobos a la unión legal y voluntaria entre dos personas del mismo sexo. ¿Analfabetismo o mala baba?

Se ha llegado por fin a una igualdad, ficticia pero amparada por la ley en cuanto a los derechos de las personas que deciden o sienten o desean compartir amor e intimidad con alguien de su mismo sexo. Pero aún así, tenemos a personajes públicos de renombre que aunque no les quede más que tragar con la realidad legislada, aún sugieren -aunque sea- un cambio de nombre. Matrimonio no puede ser. ¿Y por qué? "Porque la RAE lo dice: Matrimonio significa unión de hombre y mujer concertada mediante determinados ritos o formalidades legales". ¡Pues ya está tardando la RAE en modificar el significado de la palabra!

El caso es joder al personal. ¿Acaso el homosexual no tiene las mismas obligaciones sociales que el resto de los ciudadanos heterosexuales u homosexuales no declarados?

Por el simple hecho de que el matrimonio entre homosexuales dejase de llamarse así para llamarse como ustedes prefieran, ya se está cometiendo una discriminación. Basta rellenar un currículum de esos que piden el estado civil para acabar discriminado: Casada sí, ¡pero con otra tía! ¡Que lo dice aquí, mira... "contrato social". Dale largas, Mariano y pasa al siguiente.

Si doña -creo que es obligatorio el doña- Letizia, en lugar de haberse casado con el príncipe, se hubiera casado con un ciudadano de a pie, o si en la Casa Real no hubiera divorcios en ciernes, o matrimonios rehechos, posiblemente en la realeza hablarían de amancebamiento y no de matrimonio.

También habla la RAE del "matrimonio morganático o de la mano izquierda", definido como "El contraído entre un príncipe y una mujer de linaje inferior, o viceversa, en el cual cada cónyuge conservaba su condición anterior". ¡Ah... que eso era en el pasado! Pues el presente es también que si me caso con la Pepi, lo mío sea un matrimonio a secas, como dos princesas.

Ahora las altas alcurnias no hacen diferenciación. Casada sin más, y por matrimonio, oiga... pero más aún ¡por la Iglesia! En cambio la Pepi se ha casado por contrato civil con la Juani. ¡Viva la diferencia! Pero tranquis, que en cuanto alguno de ellos se declare homosexual y haga uso de sus derechos, se modificará la real percepción, al menos de puertas afuera.

22 noviembre 2008

¿Expertos?

Sé que si alguien leyese lo que voy a escribir aquí podría pillarse un rebote, pero también sé que también habrá quien esté de acuerdo con lo que voy a decir.

Estamos en época de crisis, centenares de despidos al día, tal vez miles. Empresas que cierran o reducen sus plantillas a la mitad, más gente abocada a sobrevivir del paro, hasta que se le agote el tiempo que le toca. En medio de todo ello tenemos una sociedad crispada, no por la crisis, sino porque crisparse está de moda. La violencia es tan cotidiana, tan cercana, que con un simple vistazo la descubrimos a nuestro alrededor.

En medio de este crack, cuyos motivos se conocen, hay profesionales y no profesionales que mantienen o han aumentado los ingresos en su cuenta corriente. Dejando de un lado a los profesionales -algunos de los cuales hacen una magnífica labor-, me quiero centrar en los llamados "expertos". Unos cobran y otros se dedican a aconsejar de manera "altruísta". Lo entrecomillo porque ese altruísmo solamente es una pobre excusa para abrirse sitio como candidatos a actividades pagadas.

Conozco "expertos" en bodas cuya única experiencia ha sido casarse una vez. También hay "expertas" en violencia de género, solamente porque una vez en la vida -dicen- un hombre las trató mal. Sí, está bien que hablen y comenten entre ellas dos mujeres que sufrieron agresiones físicas o psicológicas por parte de sus hombres para que se den cuenta de las similitudes de todo maltrato y de las secuelas que producen. Pero de ahí a meternos por las narices que son expertas, cuando lo más que han estudiado ha sido la primaria, me parece de impresentables. Pues sí, las hay. Chupando del bote de la violencia, dando clases magistrales, conferencias y ponencias de pago, con sindicatos, asociaciones y periodistas dándoles cuartelillo. Y es que también éstos ganan dinero con los "noticiones", desgraciadamente.

Hay por esos mundos de Internet algún y alguna "experta" en mobbing o en violencia de género, que no se le caen los anillos por afirmar y diagnosticar a una persona dudosa de su situación: "SÍ, estás siendo maltratada por tu marido", o "sí, sufres de mobbing". "Denuncia". He conocido a algunas de las diagnosticadas que han cometido serios errores por hacer caso a pie juntillas de lo que el experto -casi siempre la experta- ha certificado por válido.

En este mundo de lo cutre, no es difícil encontrarnos a un imberbe medio idiota que se ha hecho famoso porque se acostaba en GH con la prima de su ex, o porque era el más agresivo, el que decía más palabrotas o no tenía pelos en la lengua para decir del vecino de al lado que la tiene corta o que se tira pedos por las noches. Ese impresentable salto a la fama lo lleva a los platós, primero como invitado, para servir la comidilla a otros cuantos millones de idiotas que se ponen ante la pantalla. Más tarde, cuando ya se ha hecho suficientemente "famoso", dirigirá sus propios programas en televisión. ¿Periodista? No. Basta ser cutre, mentiroso, liante, manipulador.

Todo esto nos lo tragamos como píldoras de reeducación a cada minuto. Y mientras nadie nos impedirá ir a soltarle tres frescas a la profe del niño, que dice que le ha tomado manía, nadie mueve un dedo para que esa gentuza maleducada y sin formación de ningún tipo esté dándonos opinión de experto, que además nos sabe más eficaz y más cercana que la que pudiera darnos un profesional. ¡Mundo sórdido!

18 noviembre 2008

Ego sum


El exceso y la falta de ego vienen a causar los mismo problemas. Quien se siente poca cosa necesita el refuerzo constante de su entorno.

Me recriminas que use el pronombre yo. El caso es que hay frases en que si no pones el yo, no dejas claro a quién te estás refiriendo. Por ejemplo en una conversación dices "Lo tenía todo preparado"... ¿Quién? ¡Ah! Adivina tú.

individualismo.
1. m. Tendencia a pensar y obrar con independencia de los demás, o sin sujetarse a normas generales.
2. m. Tendencia filosófica que defiende la autonomía y supremacía de los derechos del individuo frente a los de la sociedad y el Estado.

egoísmo.
(Del lat. ego, yo, e -ismo).
1. m. Inmoderado y excesivo amor a sí mismo, que hace atender desmedidamente al propio interés, sin cuidarse del de los demás.
2. m. Acto sugerido por esta condición personal.

egocentrismo.
(Del lat. ego, yo, y centro).
1. m. Exagerada exaltación de la propia personalidad, hasta considerarla como centro de la atención y actividad generales.

La viñeta te viene como anillo al dedo.

17 noviembre 2008

No se mueve en la foto


Con su sonrisa, sus buenas maneras, su pretendida clase, sus aseveraciones "infalibles"... todos la escuchan y hasta la admiran. Siempre va acompañada de legajos y pergaminos que le dan ese admirable caché de sabiduría. Su mejor habilidad es la de conseguir bienes, parabienes y medallas que pertenecen a otros. Del trabajo -principalmente del sucio- se ocupan sus satélites, mientras ella se lima cuidadosamente las uñas.

Hecho el agosto, enciende la escoba y no se le ve el pelo hasta el agosto siguiente.

16 noviembre 2008

El pitbull

Nunca te he visto la cara pero no es difícil imaginársela. Das miedo. Eres uno de esos personajillos salidos de la nada que ha escalado a base de gruñir,enseñar los dientes y morder, por nada más. Desgraciado del que se te ponga enfrente. Los hay que te prefieren al lado, como el que lleva un pitbull adiestrado. Ellos te quitan las pulgas y tú les espantas a quien les estorba. Gentecilla chillona como tú no la quiero ni enfrente ni a mi lado, más bien te he situado nada más conocerte en las antípodas de todo lo que tenga que ver conmigo. Espero tener el honor y la fortuna de poder seguir ignorándote.

15 noviembre 2008

Lo feo no es ser lobo, sino fingirse cordero

Mientras el corderito bala infinitas alabanzas y promesas de amor y amistad eternas, el lobo que eres se deja ver. No es fácil darse cuenta, pero es de esas cosas que si una vez la has visto ya no te queda la menor duda. Corderito, dejaste a la vista la cremallera del disfraz.

Tan confiada fui que no te cacheé al conocerte. ¡Eras el corderillo más tierno y más herido que había conocido nunca! Me acuerdo de cuando te ibas a suicidar un día no y dos sí, y de que pasaba las noches en vela temiendo lo peor y buscando argumentos para demostrarte que era bonito e importante vivir. Hasta que encontré la manera... Claro que entonces desconocía que no eres lo que aparentas. "Si quieres conocer a fulanillo, dale un carguillo". Y así con el carguillo, como los buitres esperando a ver cuándo cae la presa, bastó un pequeño flaqueo por mi parte para que te quitaras la piel de cordero y saltases sobre mi yugular.

10 noviembre 2008

Los peligros del victimismo

No deja aún de sorprenderme cómo una persona victimista puede te convertir en víctima invisible, tanto que ni siquiera tú te ves como víctima. De repente te pones a buscar qué has hecho de malo, te martirizas, porque tú no quieres ir por la vida jodiendo a nadie, pero resulta que hay alguien que sin comerlo ni beberlo dice estar perdiendo el pelo, las cejas, los kilos, la alegría... por tu culpa. Hasta que después de martirizarte durante semanas o meses resulta que te das cuenta de que el conflicto lo ha cocinado el victimista, te ha llegado sin saber de dónde, pero encima la culpa es tuya. La gente se pone de parte del victimista. Al fin y al cabo es el único que se conduele.

Se puede ser víctima de un atraco, de un accidente de tráfico o de una traición. Se pueden sufrir los efectos secundarios de la agresión voluntaria o involuntaria sufrida. Se pueden buscar los mecanismos para sanar y seguir adelante. Se puede no querer olvidar porque quien olvida su historia está condenado a repetirla. Se puede sufrir una vez y doscientas, y tener mala suerte, y salir… y seguir apostando y tener un sentimiento divertido o cuanto menos optimista de la vida. Se puede hacer balance, se puede ser crítico –incluso con uno mismo-…


Y se puede ser victimista. Vaya por delante la definición de la RAE: Victimismo: Tendencia a considerarse víctima o hacerse pasar por tal.

La persona victimista tiene “tendencia” a considerarse víctima. Es ahí, en la matización “tendencia” donde radica el problema, pues no todas las personas victimistas son víctimas y por supuesto la mayor parte de las víctimas no son victimistas.

Y lo peor es el efecto colateral que el victimismo de una persona provoca en los demás, entre los que encuentra más solidaridad que desapego, más personas dispuestas a perdonar sus desmanes “justificados” que a ponerle los puntos sobre las íes… máxime si esas personas sienten cariño por el victimista. Con lo que un victimista puede rodearse de un grupo solidario que “entiende”, “comprende”, “comparte”, “vive en propia carne” y hasta “aplaude” sus atropellos a los demás.

Muchos abusadores, acosadores o maltratadores son victimistas. Sus parejas se solidarizan con ellos hasta el punto de soportar –por amor y compasión- durante lustros sus abusos. Porque de pequeños los trataron mal en casa y en el colegio. Más tarde en el trabajo los degradan y humillan, los engañan en los negocios y en los supermercados, los traicionan por doquier. Por eso están enfermos, por eso necesitan comprensión, apoyo, ayuda…

07 noviembre 2008

De "...tona" a "...ñera"


El domingo que viene mi buena amiga Lidia Merici cumple cuarenta años y ahí anda en su lucha interna y externa por no sobrepasar el límite de la juventud. Lidia apurará hasta la noche del sábado teniendo treinta y nueve y esa misma noche en sueños se sentirá una mujer de treinta y nueve.

Lleva meses con la crisis de los pre-cuarenta y a la sazón ha ideado un sistema, para -llegado el momento crucial, el del domingo cuando se despierte por la mañana sumergida hasta las cejas en los cuarenta- no ser una cuarentona. “Mira que suena feo lo de cuarentona, niña”, me dice Lidia. “Que no, que no voy a ser una cuarentona, voy a ser una cuarentañera, ¡ea!

Y así ha zanjado el profundo dilema del paso de la juventud a la edad madura, un límite marcado por el diccionario mediante las terminaciones –ñera y –tona. Quinceañera, veinteañera, treintañera... tic tac..., cuarentona, cincuentona, sesentona… De manera que con el irreversible –tona te encaminas por la ruta de la arruga, la cana, las tetas caídas, el todo caído… hasta que tú misma te caes de puro vieja.

Pues sí, Lidia -que siempre encuentra soluciones donde no parecía haberlas- durante lustros seguirá siendo una joven –ñera, con todo en su sitio, con la textura y el color original.

Me apuesto el pescuezo a que dentro de treinta o cuarenta años Lidia no se va a crear un problema entre -tona y -genaria, que los dos términos valen en el diccionario de la Real Academia, seguramente para que la ancianidad no se alarme, no ya por la amenaza de la flacidez, sino por la de poner allá, en cualquier mal paso, el pie que todavía les queda aquí. Pues no, no habrá dilema, porque Lidia será una jovencísima noventañera, y más... y más añera.


¡Feliz cumpleaños, ángel!

04 noviembre 2008

Ejercitar la empatía


Siguiendo con el tema de la agresividad y la violencia, hoy mismo leía en El País el artículo de Milagros Pérez Oliva titulado “¿Por qué puede matar un niño?”. En el artículo se mencionan algunos estudios de expertos en la materia. Pasando por alto el 52% de los casos en que los menores o adolescentes padecían algún trastorno de la personalidad (parece ser que en muchos casos debido a maltrato infantil o a desmembramiento familiar), y el 4% que había cometido el acto violento bajo un brote psicótico, sorprende aún que exista un 42%, según los estudios, de niños o adolescentes que no han vivido maltrato, abandono ni ningún tipo de violencia en su entorno inmediato, niños que parecen tener un comportamiento normal en familia, entre amigos o en la escuela y que un día, generalmente en unión de algún otro, deciden torturar y matar a otro menor o a algún ser desvalido que encuentran por la calle. Y lo peor es que el motivo que muchos alegan es que querían probar qué se siente. No hay más.

Nos preguntamos ¿qué está pasando en nuestra sociedad para que un niño o un adolescente considere a otro ser humano –con frecuencia otro menor- un objeto de laboratorio sobre el que experimentar las propias reacciones y emociones? Algo está fallando y nadie se atreve a decir qué. Vicente Garrido afirma que crece a nivel mundial el número de psicópatas. Recordemos que el psicópata es un ser vacío de empatía, ese sentimiento que nos hace ponernos en la piel de otra persona o de un animal. Y si el número de psicópatas se multiplica casi exponencialmente, ¿es debido a un virus, a una mutación cerebral o tal vez a una falta de ejercicio de la empatía a lo largo de la vida de un ser humano? Sí, digo ejercicio de la empatía, porque estoy segura de que, salvo en casos extremos, esta capacidad humana es tan desarrollable como muchas otras.

Regreso otra vez a mi primera infancia, como hago otras veces para ponerme algún punto de referencia. Vivía en un medio rural, en una casa de campo aislada más de media hora a pie del núcleo de población más cercano. No teníamos electricidad ni agua corriente. Había animales: dos mulas, una burra, varios conejos, gallinas, palomas, una perra y dos gatas. Hasta la edad de cuatro o cinco años ayudaba a mi madre a matar las gallinas, sujetándolas por las patas y las alas, y asistía de buen grado a la matanza del cerdo (que compraban para la ocasión, pues allí no los criábamos). También recuerdo que sobre los cuatro años mi padre trajo un mochuelo enfermo o herido a casa, y yo me entretuve en utilizarlo como pelota, lanzándolo contra la pared una vez y otra. Repaso qué sentía entonces con las gallinas, el cerdo o el mochuelo. No sentía nada, ni pena ni placer.

Sin embargo, acababa de cumplir los cinco años cuando se compró un cerdo unos días antes de la matanza. Yo iba hasta el lugar donde estaba encerrado y veía que sus ojos me miraban, tenía unos ojos pequeños y oscuros. Yo le hablaba desde afuera y veía que él respondía a mis gestos, o asustándose o mirándome atentamente. Le tomé cariño a aquel bicho, y eso que el cerdo es muy poco expresivo. El día de la matanza, cuando lo oí gritar porque se lo llevaban hasta el banquillo, una reacción espontánea me hizo huir de allí y a todo correr me alejé entre olivos con los oídos tapados. No regresé a casa hasta horas después. Imagino que fue a los cinco años cuando adquirí la empatía. ¿Pero a qué fue debido este hecho? Más bien fue algo espontáneo y natural. Vivir en un medio rural y tener que abastecerse de los propios animales era algo muy común, y sin embargo a partir de ese momento asumí con tristeza cada matanza de cerdos, gallinas o conejos como un hecho inevitable, pero nunca más estuve presente en aquellas muertes.

Creo que al desarrollo de mi empatía colaboró mi padre, que a pesar de hacer las funciones propias de un campesino en lo que respecta a los animales, no disfrutaba con ello y si le era posible lo dejaba en otras manos. Con cuatro o cinco años eché abajo un nido de golondrinas porque tenía curiosidad por ver a los polluelos. Cogí un palo y lo derribé. Entonces llamé a mi padre para que también él disfrutara de la visión de aquellos pollitos recién nacidos. No se enfureció conmigo pero vi con qué ternura los recogió del suelo y me enseñó cómo eran sus picos, sus ojos diminutos, y me habló de que su madre se sentiría muy triste si no los encontraba en el nido. Me dijo que sentiría tan triste como mi madre si un día alguien me hiciese daño. Acto seguido buscó por el pajar hasta encontrar algo para rehacer el nido. Encontró una herradura, la forró de cuerda y la clavó en la viga, en el mismo sitio en donde estaba el nido original de barro que yo había roto. Luego depositó allí a los polluelos y me llevó a casa. Año tras año, durante muchos, las golondrinas siguieron anidando en aquella herradura y yo sentía cariño por cada golondrina de todas las generaciones que fueron pasando por allí.

No fue el único hecho que me enseñó la sensibilidad de mi padre hacia los animales y muchas otras veces hacia las personas. Y desde los cinco años, el resto de mi infancia lo viví poniéndome en lugar de todos aquellos seres, humanos y no. Creo que fue mi padre quien estimuló esa empatía que seguramente estaba ya en mí de manera embrionaria.

Sin tener la osadía de poner mi único ejemplo como aplicable a la globalidad, sí que tengo la sospecha de que hoy día falta ese estímulo de empatía en la infancia. Yo he criado dos hijas, una biológica, la otra adoptada. A ambas les he transmitido desde muy pequeñas el respeto y el cariño que merecen animales, plantas y seres humanos (y de este último grupo fundamentalmente los más débiles y desprotegidos). No creo que se haya tratado de pura casualidad el que ambas sientan realmente ese cariño y respeto. No hay ni siquiera vínculo biológico entre ellas. Y si esta sospecha mía tuviese algo de cierto ¿qué es lo que falla entonces? Quizás hoy día los padres y las madres basan el cuidado y la educación de sus hijos en otros aspectos aparentemente más prácticos, como es el saber atacar para no ser atacados, el llenarlos de todo lo que ellos no tuvieron en su día, la competitividad en las modas, el ser o aparentar ser más que nadie, pero se olvidan temas importantes como la educación en la sensibilidad y otros muchos valores imprescindibles para formar a personas adultas útiles a sí mismas y socialmente no dañinas.

02 noviembre 2008

La agresividad, una de las claves para ser líder

Imagen de movimente (www.movimente.es)



Hasta hace no muchos años, el conseguir un puesto importante en la política o en la empresa era relativamente posible reuniendo características tales como el esfuerzo, la inteligencia, la perspicacia, la mano izquierda, la preparación profesional y un alto nivel de conciencia. Ninguna de estas características estaba reñida con la de ser una buena persona.

Hoy día llamar a alguien “buena persona” suena a descalificativo, mientras que el que el término “agresivo” se considera un valor añadido. Si pretendes encontrar un trabajo de dirección el que seas una buena persona puede significar que te quedes en la calle por muy buen curriculum que tengas. Las buenas personas solamente pueden acceder a trabajos de base, cuanto más bajos mejor.

Esta idea va quedando archivada en el cerebro de cualquir ser humano. Desde la infancia tienes que decidir si quieres ser líder o pelotón. En la escuela el líder es al que se teme, el que golpea, insulta y avasalla al resto, de preferencia a los que considera más débiles, que la mayor parte de las veces no son otra cosa que buenas personas que desean vivir tranquilamente sin imponer a los demás su voluntad o sus caprichos.

El contertulio que más grita y más insulta en los debates, el que no deja hablar a los demás, el niño que graba con su móvil los abusos que comete su camarilla contra otros, el ejecutivo o el comercial más agresivo o que mejor engaña a la clientela, son quienes tienen mejor porvenir en un mundo cada vez más carente de principios o valores.

Tenemos referentes de que esto no solamente ha ocurrido en nuestros tiempos, de que el liderazgo de los agresivos, los violentos y hasta los psicópatas no es un hecho exclusivo de la sociedad actual, solo que ahora viste bien y es una plaga que se extiende por todos los rincones de la población. Y tras el líder, el pelotón de acólitos, que en su afán de no ser rechazados por el mismo, no titubean en seguir sus consignas aún en contra de su conciencia personal.

31 octubre 2008

Entre la espada y la pared

La viñeta es de http://crisiseducativa.wordpress.com/



-Mami, hoy la seño me ha regañado porque jugando con Susanita, le quité el libro y sin querer se lo rompí y se lo tiré por la ventana.

-¿Qué la maestra te ha regañado? ¡Angelico mío mi niña! Tu no te “enrites, mi arma”, que mañana te llevo yo al colegio y la zorra esa se va a enterar.

Al día siguiente, previo paso por el supermercado, la señora –niña de la mano y bolsas en ristre- se dirige a paso acelerado al colegio de la cría. Busca a la maestra, la llama zorra, sinvergüenza, hija de puta al tiempo que le va tirando a la cara uno a uno los tomates, los huevos y la bolsa de macarrones.

Esta historia y sus mil variantes es plato del día en muchos colegios de primaria y secundaria de los barrios más deprimidos. En los de más nivel social la reacción paterno-materna es mucho más “civilizada” y puede terminar en denuncias ante el equipo directivo, la delegación de Educación o el juzgado de guardia.

Reconozcamos el miedo, la impotencia y la frustración del profesorado que se encuentra entre la espada y la pared. Mientras se le hace responsable exclusivo de la educación de los menores, se le priva de toda autoridad.

Me dice mi amiga Juana que hace quince o veinte años le decía a un crío “voy a tener que llamar a tus padres” y ya no tenía que hacer mucho más para que el chaval o la chavala cambiase cualquier actitud negativa, sobre todo si ella prometía que si había una mejoría no iba a llamar a sus padres. “Ahora –dice ella- le dices que vas a llamar a sus padres y te contesta que vale, que los llames cuando quieras, que ya te vas a enterar tú de lo que vale un peine”.

Así andan las cosas en la enseñanza, no hay educación porque los chicos y las chicas no la reciben ni de sus padres ni de sus profes. Los primeros por falta de tiempo o por un mal entendido sentido de la protección hacia sus hijos. Los segundos, porque los primeros no se lo permiten. Lo único que el profesorado puede hacer, y a duras penas, es suspender a quienes no llegan a un nivel mínimo de conocimientos. A duras penas, porque pueden enfrentarse a “le has tomado manía a mi niño” y que te lluevan huevos, tomates o denuncias. Y por el otro lado, la administración ha creado el Programa de Calidad, que en el fondo te culpa del fracaso escolar y te pervierte porque, si tu nivel de promoción es suficientemente alto, te pagan unos incentivos. Entre la espada de las familias y la pared de la Administración.