31 octubre 2008

Entre la espada y la pared

La viñeta es de http://crisiseducativa.wordpress.com/



-Mami, hoy la seño me ha regañado porque jugando con Susanita, le quité el libro y sin querer se lo rompí y se lo tiré por la ventana.

-¿Qué la maestra te ha regañado? ¡Angelico mío mi niña! Tu no te “enrites, mi arma”, que mañana te llevo yo al colegio y la zorra esa se va a enterar.

Al día siguiente, previo paso por el supermercado, la señora –niña de la mano y bolsas en ristre- se dirige a paso acelerado al colegio de la cría. Busca a la maestra, la llama zorra, sinvergüenza, hija de puta al tiempo que le va tirando a la cara uno a uno los tomates, los huevos y la bolsa de macarrones.

Esta historia y sus mil variantes es plato del día en muchos colegios de primaria y secundaria de los barrios más deprimidos. En los de más nivel social la reacción paterno-materna es mucho más “civilizada” y puede terminar en denuncias ante el equipo directivo, la delegación de Educación o el juzgado de guardia.

Reconozcamos el miedo, la impotencia y la frustración del profesorado que se encuentra entre la espada y la pared. Mientras se le hace responsable exclusivo de la educación de los menores, se le priva de toda autoridad.

Me dice mi amiga Juana que hace quince o veinte años le decía a un crío “voy a tener que llamar a tus padres” y ya no tenía que hacer mucho más para que el chaval o la chavala cambiase cualquier actitud negativa, sobre todo si ella prometía que si había una mejoría no iba a llamar a sus padres. “Ahora –dice ella- le dices que vas a llamar a sus padres y te contesta que vale, que los llames cuando quieras, que ya te vas a enterar tú de lo que vale un peine”.

Así andan las cosas en la enseñanza, no hay educación porque los chicos y las chicas no la reciben ni de sus padres ni de sus profes. Los primeros por falta de tiempo o por un mal entendido sentido de la protección hacia sus hijos. Los segundos, porque los primeros no se lo permiten. Lo único que el profesorado puede hacer, y a duras penas, es suspender a quienes no llegan a un nivel mínimo de conocimientos. A duras penas, porque pueden enfrentarse a “le has tomado manía a mi niño” y que te lluevan huevos, tomates o denuncias. Y por el otro lado, la administración ha creado el Programa de Calidad, que en el fondo te culpa del fracaso escolar y te pervierte porque, si tu nivel de promoción es suficientemente alto, te pagan unos incentivos. Entre la espada de las familias y la pared de la Administración.