29 noviembre 2008

Hoy he sido "La Churri"

Esta tarde me llama una amiga para preguntarme si se puede pasar por casa para que le eche una mano con unos programas de su ordenador que no le funcionan bien. Hoy me había tomado el día libre de obligaciones y estaba vegetando entre juegos y películas, así que le dije que viniese para acá. Me pregunta si puede acompañarla su prima Laura, que la tiene en casa durante unos días, que le ha propuesto acompañarla a mi casa y que no ha sabido cómo negarse. Sin problema, le digo. Entonces me dice mi amiga: "Oye, ya sabes cómo es Laura, vosotras dos sois amigas, ¿eh?" Vamos, me sugiere que hagamos el paripé de que mi pareja es otra amiga que se ha pasado por la casa esta tarde de sábado.

Me quedo pensando... Laura es esa chica que no he visto nunca pero de la que he oído hablar infinidad de veces. La pija. La que dice que no le gusta venir a Andalucía porque aquí todo el mundo es cateto e inculto. La mamá reciente que dice que si su niña "le sale" lesbiana la mata. En fin, reúno a mi pequeña familia y les hago un breve perfil de quien va a visitarnos en unos minutos. Les digo que me trae al fresco lo que piense la tal Laura, pero que ellas actúen como más cómodas se sientan y como les apetezca. Pepa -mi pareja- arruga el entrecejo: "Pues en pijama estoy y en pijama me quedo" - me dice. Me río imaginando el después.

Al poco rato llaman a la puerta. Entran mi amiga, su hija y la prima. Presentaciones. Besos. Qué queréis tomar... Mi amiga trae su portátil y la prima -aprovechando la ocasión- el suyo, para otros arreglillos.

Nos sentamos a la mesa. Pepa, ama de casa donde las haya, sobre todo para este tipo de ocasiones, ofrece café y se va a la cocina a prepararlo, metida en su pijama rosa. Luego se pone a mi lado para ayudarme con las instalaciones, desinstalaciones y detección de virus. Y ahí, en ese entorno familiar de nuestra mesa de comedor, rodeadas de la prima, la amiga y su hija, mi hija y los dos gatos -animalillos por los que la prima siente fobia-, Pepa no ha desaprovechado ocasión para demostrarse una perfecta anfitriona y de paso dejando caer de vez en cuando algún comentario sobre "nuestra" casa, "nuestras" costumbres, "nuestras" fotos -que por cierto, una de ellas estaba enfrente de la prima, a medio metro, en un portarretratos, las dos abrazaditas y sonrientes...-

C h u r r i

Y por si a la prima le quedaba alguna duda, Pepa me pone la mano en una pierna y ella, que nunca me había llamado churri, me lo ha dicho: "CHURRI, pásame el CD". Se me van los ojos a las visitantes. Mi amiga baja la mirada en un gesto de trágame tierra; su hija -una chavalita genial- se ríe entre dientes y mira a la prima; la prima me quita nerviosa el ratón para darle al Next, por si se me había pasado. Luego saca el móvil y nos enseña la foto de su peque, una bebota de verdad preciosa, y se lo digo. Ella dice: "No, si bonita no es, es normalita. No es una niña rubia con ojos azules, pero tiene encanto y es muy expresiva". Enfrente está mi hija, morena a matar, con los ojos azabache. Le digo a la prima: "Se puede ser preciosa sin ser rubia con ojos azules".

Después de tres horas, el problema de los ordenadores estaba resuelto. Pepa: "Encantada de conocerte, Laura, y ya sabes donde tienes tu casa". Despedida. Cierre de puerta y una "jartá" de reír. ¿Volverá a visitarnos Laura?



Pensando en Laura

(Hay un error de traducción: Cuando dice "Porque es blanco y tiene dos ojos", realmente dice "Porque es blanco y tiene los ojos azules")

27 noviembre 2008

¿A quién importan las muertas?

Varias mujeres de las que este año han sido asesinadas por sus parejas o ex parejas –por no referirme a casos similares en años anteriores- habían denunciado a sus agresores por no cumplir las órdenes de alejamiento y recibir de ellos amenazas de muerte.

Algunas de ellas habían acudido a la policía horas o días antes de ser asesinadas, denunciando las amenazas y expresando su terror ante lo que podía ocurrirles a ellas o a sus familias.

Pero a pesar de todas las precauciones, protección y demás historias que las leyes otorgan sobre las mujeres maltratadas, lo cierto es que muchas sentencias se vuelven papel mojado. En palabras mundanas “lo raro es que no pasen más cosas”.

Comprendo que los juzgados estén colapsados por casos de menor o de mayor trascendencia humana. Lo que no entiendo es que si son personas las que atienden en los juzgados estos casos de indudable riesgo vital, carezcan de una mínima intuición para detectar lo que es de urgencia inmediata y lo que no lo es.

He tenido la oportunidad de hablar en alguna ocasión con profesionales de la violencia de género. En resumidas palabras me han dicho que es deprimente el trabajo, que por un lado entra una mujer con lesiones incluso de gravedad y enseguida se dictan medidas de protección, aislamiento y juicios rápidos, y por el otro la misma mujer a los pocos días vuelve para retirar la denuncia porque ya han hecho las paces. Y que eso quema.

Y no solamente hablan así los profesionales y trabajadores contra la violencia de género. Basta pegar la oreja a la gente de la calle. Hace poco un conocido me contó que estaba con su pareja en un hotel y en la habitación de al lado una mujer gritaba y pedía socorro, se oían golpes y caídas de objetos. Avisaron a recepción y el recepcionista les dijo: “Ah, sí, esos siempre están así, se emborrachan, se pelean y mañana ya están comiéndose a besos en la cafetería”.

Pocas personas de este nuestro mundo conocen lo que siente, vive, piensa, teme, una mujer que está siendo maltratada física o psicológicamente. La anulación de la personalidad que se produce, la esperanza de que todo cambie, la alegría al recibir un regalo, una promesa o un “no va a volver a ocurrir” de parte del agresor. El desconcierto psicológico, la pérdida de identidad… Es entonces la sociedad misma la que tiene que salir en defensa de esas mujeres, la sociedad en sus múltiples facetas y organizaciones.

Los juzgados no deberían permitir la retirada de denuncias cuando se trata de violencia machista, sino continuar el procedimiento de oficio. Esto, a mi entender, favorecería doblemente la función judicial, por una parte se estaría protegiendo de manera más efectiva a esas mujeres que están en peligro y por otra, muchas otras mujeres que pudieran denunciar tras una simple riña entre ambos, desistirían de hacerlo al saber que luego no podrían ir a retirar la denuncia.

El caso es que de sesenta a ochenta mujeres son asesinadas cada año en este país por sus parejas o ex parejas. Socialmente nadie levanta la voz. Están las tradicionales manifestaciones del 25 de noviembre y poco más. Y lo más lamentable es que incluso a estas manifestaciones y actos asiste una minoría que ni siquiera se hace visible. Hace dos noviembres en la Puerta del Sol de Madrid concluía la masiva manifestación a favor de las víctimas del terrorismo al mismo tiempo que comenzaba la de la violencia de género. Qué importaba enganchar una con la otra y que los mismos manifestantes de la primera se unieran a la segunda. Pero no. La plaza se fue despejando y allí quedó poco más de un centenar de personas bajo la lluvia, las personas que habían ido expresamente a manifestarse contra la violencia de género. A las otras, que ya estaban por allí, no les interesaba el tema.

La familia de Mari Luz ha movido cielo y tierra con toda la razón del mundo, y loados sean por esa fuerza a pesar del dolor. Y han conseguido muchos miles de firmas, 500.000 tengo entendido. Puedo asegurar y demostrar que una decena de mujeres repartidas por toda la península hace dos años que están pidiendo firmas para que la Ley Integral sea aplicada correctamente, y en total creo que no se han recogido más de 500 firmas.

Las mujeres que ya han sido asesinadas y las que aún están por morir y lo temen o lo desconocen, no importan más que a sus familias. Esta es la pura realidad.

24 noviembre 2008

Adonde el río nos lleve

Vamos a la deriva sobre un tronco que flota sobre un río que transcurre de este a oeste, sin entender a quienes van a la deriva sobre un tronco que flota sobre un río que transcurre de norte a sur.

23 noviembre 2008

La desviación del placer


Acabo de volver de una reunión de profesores en donde el único punto del orden del día era "análisis de resultados". Han repartido a cada uno cuatro hojas de gráficos muy ilustrativos de cuál es la realidad: que los niños y las niñas de 3º de ESO no saben leer ni entienden lo que leen, no saben hablar ni entienden lo que se les cuenta, ni comprenden aritmética, funciones, series, estadística, ni saben de ciencias sociales, geografía, nutrición, medio ambiente...

Las gráficas eran comparativas con los dos años anteriores. Los niveles han ido descendiendo y el de este año era el peor con diferencia. Todo se ha realizado como nos ordenan y mandan, porque desde que somos un centro de "calidad", la burocracia y la estadística nos devoran. Así que desde la Administración enviaron a los centros un cuaderno para cada ítem a valorar, y todo para hacer un análisis del nivel de partida del alumnado de 3º de ESO.

Pues ya sabemos cuál es el nivel de partida. Si los resultados son patéticos, las medidas para paliarlos no son menos. Creo que todo el sistema educativo está basado en unos criterios deshumanizantes. No solo este sistema educativo, sino el que lo precedió y el anterior y tal vez el anterior aún. Hace años que se ha cogido carrerilla en inventar nuevos sistemas educativos en donde lo que llaman calidad se confunde con la cantidad y la estadística.

En la Adminstración, los burócratas que no entienden de niños ni de educación, están ahí sentados para controlar, culpar y pedir al propio profesorado que se lo monte de manera que los resultados "estadísticos" resulten más presentables para cuando tengan que contrastarlos con el resto de países "civilizados". Ya se han dado, hoy en la reunión, "soluciones" por parte del profesorado. Que los niños lean (aún) más libros, hagan (aún) más resúmenes, y más redacciones. Matemos moscas a cañonazos.


La media de libros que obligatoriamente tiene que leerse cada niño/niña durante el curso académico es de nueve, tres por trimestre. Al entregarse las notas de fin de curso, sin importar si la calificación ha sido buena o mala, se recomienda al alumnado "que lea mucho" durante las vacaciones, de modo que los profes pasan la patata caliente a los padres y éstos se ven en la obligación de mantener el ritmo de lectura. Amén de decir que por cada libro leído hay que rellenar una ficha para demostrar que se ha comprendido la trama, el mensaje. Esos niños y niñas leyeron el pasado pasado, a punta de pistola, una media de quince libros entre las vacaciones y el curso escolar. Me parece aberrante leer y resumir quince libros al año para unas personas que están todavía en la edad del juego y el ocio.

De ninguna manera se puede conseguir que la lectura se convierta en un placer cuando se ha instaurado como tortura cotidiana. Las personas de mi generación no teníamos libros obligatorios, sino apenas unos pasajes de ciertos libros que el profesor o la profesora nos leía despacio en clase, deleitándose en las palabras. Un placer que a algunos de nosotros se nos contagiaba y nos hacía buscar ese libro y leerlo entero, o una parte, tal vez solamente la parte que habíamos escuchado boquiabiertos en aquella hora tranquila de clase.

Si a un chaval de 14 años se le hace asociar lectura con tortura, nunca será un buen lector, ni siquiera un lector normal. Esto ya ocurre desde hace bastantes años. Los alumnos adultos que ahora tienen entre 18 y 25 años no quieren leer. Buena parte de su formación para el trabajo consiste en aprender a buscar, entender y utilizar la información. Cada día en mis clases tienen que leer textos de 15 o 20 líneas en donde se explica qué tienen que hacer a continuación con un supuesto práctico. La mayor parte de ellos preguntan horrorizados ¿Todo esto hay que leérselo?

Parte de lo malo sigue luego cuando te envían sus propias opiniones o análisis. Escriben como si chateasen, y chatean como si enviasen mensajes al móvil. Ya no hay haches ni en "hola" ni en "he estado", las ches se sustituyen por las equis o el iba de ir se confunde con el impuesto sobre el valor añadido. Están avisados de que se les está preparando para el mundo laboral que tienen a la vuelta de la esquina y que el lenguaje que deberán usar un lenguaje formal y gramaticalmente correcto. Pero es que por más que se esfuerzan ya no conocen ese lenguaje, han olvidado su propio idioma. En cambio, esos chicos y chicas forman parte ya de las promociones de lecturas obligadas de libros y redacción de resúmenes. Chicos y chicas que odian la lectura porque no forma parte del mundo de sus placeres.

Creo que tenemos que dar unos cuantos pasos hacia atrás para escapar y no regresar más a este mundo de las prisas, las cifras, los informes estadísticos, el ruido y el displacer. Este mundo que nos obliga a encontrar el necesario placer de toda vida en caminos equivocados como la obtención de cosas materiales -cuanto más caras más placer, cuanto más inmediato más placer, pero placer frágil y pasajero que tiene que renovarse con nuevos retos equivocados-, cuando no en la ostentación de la violencia gratuita.

La lectura masiva y obligatoria -y las dichosas fichas resumen- no solamente no formará futuros buenos lectores sino que garantiza que decrezca el número de amantes de la lectura.

2 + 2 = 4


¿Hasta cuándo podremos resistir? Las paredes tienen ojos. Nos dicen que la intensidad de la tortura puede aumentar. Aún todavía podemos decir que dos y dos son cuatro.

Está aquí, por todas partes


Winston Smith trabaja en el Ministerio de la Verdad, que se encarga de “reescribir la Historia”, cambiar todo documento del pasado que no se adecue a los intereses del Partido en cada momento, modificar referencias y rastros. Los documentos de las bibliotecas son permanentemente modificados. Rostros y nombres desaparecen de los periódicos y de los libros. Hechos ocurridos y registrados no han ocurrido jamás o se reescriben para que hayan sucedido de otra manera.

No hay libertad de expresión pero tampoco el pensamiento es libre. El recuerdo no puede contradecir la historia reescrita. Pensar y recordar distinto a lo que el Partido decreta en cada momento es un crimen mental, perseguido por la policía del pensamiento. El Gran Hermano, mediante gigantescas pantallas vigila la calle, el trabajo, las reuniones, los bares y cada rincón del hogar y de la vida privada de las personas. Los altavoces no callan jamás. A través de ellos se escucha "lo que hay que saber". Pero ante todo está la máxima de que "El Gran Hermano te quiere, el gran Hermano te protege".

Winston Smith cumple fielmente con su parte de reescribir la historia, pero su memoria se niega a modificar lo que recuerda. Escondido en un ángulo de su habitación, adonde aparentemente no llega la mirada del Gran Hermano, escribe un diario desgarrador.

Al final de la historia, mientras Winston está siendo torturado, su verdugo le obliga no a decir sino a “creer” y “saber” que dos y dos son cinco. Pero él resiste y contesta siempre que dos y dos son cuatro. La tortura se hace insoportable, constante, larga, terrible… A Winston solamente le queda una cosa: su dignidad. Y, desgarrado, sigue contestando cuatro, cuatro, cuatro… Cada vez que dice cuatro se intensifica el dolor que su torturador le inflige. Hasta que el rostro de Winston se transfigura, se relaja. Su mirada se pierde más allá del techo de su celda de tortura. Entonces ha llegado el momento culminante de la VERDAD, cuando Winston por fin sabe, cree y dice que dos y dos son cinco.



La población enfurecida por las "verdades" que muestra la gran pantalla durante "El minuto del odio"


Una sinopsis parcial y personal del libro de George Orwell "1984"

Estado civil: "Contrato social"

"Cómo te va de casado" es una pregunta corriente pero "cómo llevas el contrato social" me suena a chufla.

Contrato social es como quieren llamar los homófobos a la unión legal y voluntaria entre dos personas del mismo sexo. ¿Analfabetismo o mala baba?

Se ha llegado por fin a una igualdad, ficticia pero amparada por la ley en cuanto a los derechos de las personas que deciden o sienten o desean compartir amor e intimidad con alguien de su mismo sexo. Pero aún así, tenemos a personajes públicos de renombre que aunque no les quede más que tragar con la realidad legislada, aún sugieren -aunque sea- un cambio de nombre. Matrimonio no puede ser. ¿Y por qué? "Porque la RAE lo dice: Matrimonio significa unión de hombre y mujer concertada mediante determinados ritos o formalidades legales". ¡Pues ya está tardando la RAE en modificar el significado de la palabra!

El caso es joder al personal. ¿Acaso el homosexual no tiene las mismas obligaciones sociales que el resto de los ciudadanos heterosexuales u homosexuales no declarados?

Por el simple hecho de que el matrimonio entre homosexuales dejase de llamarse así para llamarse como ustedes prefieran, ya se está cometiendo una discriminación. Basta rellenar un currículum de esos que piden el estado civil para acabar discriminado: Casada sí, ¡pero con otra tía! ¡Que lo dice aquí, mira... "contrato social". Dale largas, Mariano y pasa al siguiente.

Si doña -creo que es obligatorio el doña- Letizia, en lugar de haberse casado con el príncipe, se hubiera casado con un ciudadano de a pie, o si en la Casa Real no hubiera divorcios en ciernes, o matrimonios rehechos, posiblemente en la realeza hablarían de amancebamiento y no de matrimonio.

También habla la RAE del "matrimonio morganático o de la mano izquierda", definido como "El contraído entre un príncipe y una mujer de linaje inferior, o viceversa, en el cual cada cónyuge conservaba su condición anterior". ¡Ah... que eso era en el pasado! Pues el presente es también que si me caso con la Pepi, lo mío sea un matrimonio a secas, como dos princesas.

Ahora las altas alcurnias no hacen diferenciación. Casada sin más, y por matrimonio, oiga... pero más aún ¡por la Iglesia! En cambio la Pepi se ha casado por contrato civil con la Juani. ¡Viva la diferencia! Pero tranquis, que en cuanto alguno de ellos se declare homosexual y haga uso de sus derechos, se modificará la real percepción, al menos de puertas afuera.

22 noviembre 2008

¿Expertos?

Sé que si alguien leyese lo que voy a escribir aquí podría pillarse un rebote, pero también sé que también habrá quien esté de acuerdo con lo que voy a decir.

Estamos en época de crisis, centenares de despidos al día, tal vez miles. Empresas que cierran o reducen sus plantillas a la mitad, más gente abocada a sobrevivir del paro, hasta que se le agote el tiempo que le toca. En medio de todo ello tenemos una sociedad crispada, no por la crisis, sino porque crisparse está de moda. La violencia es tan cotidiana, tan cercana, que con un simple vistazo la descubrimos a nuestro alrededor.

En medio de este crack, cuyos motivos se conocen, hay profesionales y no profesionales que mantienen o han aumentado los ingresos en su cuenta corriente. Dejando de un lado a los profesionales -algunos de los cuales hacen una magnífica labor-, me quiero centrar en los llamados "expertos". Unos cobran y otros se dedican a aconsejar de manera "altruísta". Lo entrecomillo porque ese altruísmo solamente es una pobre excusa para abrirse sitio como candidatos a actividades pagadas.

Conozco "expertos" en bodas cuya única experiencia ha sido casarse una vez. También hay "expertas" en violencia de género, solamente porque una vez en la vida -dicen- un hombre las trató mal. Sí, está bien que hablen y comenten entre ellas dos mujeres que sufrieron agresiones físicas o psicológicas por parte de sus hombres para que se den cuenta de las similitudes de todo maltrato y de las secuelas que producen. Pero de ahí a meternos por las narices que son expertas, cuando lo más que han estudiado ha sido la primaria, me parece de impresentables. Pues sí, las hay. Chupando del bote de la violencia, dando clases magistrales, conferencias y ponencias de pago, con sindicatos, asociaciones y periodistas dándoles cuartelillo. Y es que también éstos ganan dinero con los "noticiones", desgraciadamente.

Hay por esos mundos de Internet algún y alguna "experta" en mobbing o en violencia de género, que no se le caen los anillos por afirmar y diagnosticar a una persona dudosa de su situación: "SÍ, estás siendo maltratada por tu marido", o "sí, sufres de mobbing". "Denuncia". He conocido a algunas de las diagnosticadas que han cometido serios errores por hacer caso a pie juntillas de lo que el experto -casi siempre la experta- ha certificado por válido.

En este mundo de lo cutre, no es difícil encontrarnos a un imberbe medio idiota que se ha hecho famoso porque se acostaba en GH con la prima de su ex, o porque era el más agresivo, el que decía más palabrotas o no tenía pelos en la lengua para decir del vecino de al lado que la tiene corta o que se tira pedos por las noches. Ese impresentable salto a la fama lo lleva a los platós, primero como invitado, para servir la comidilla a otros cuantos millones de idiotas que se ponen ante la pantalla. Más tarde, cuando ya se ha hecho suficientemente "famoso", dirigirá sus propios programas en televisión. ¿Periodista? No. Basta ser cutre, mentiroso, liante, manipulador.

Todo esto nos lo tragamos como píldoras de reeducación a cada minuto. Y mientras nadie nos impedirá ir a soltarle tres frescas a la profe del niño, que dice que le ha tomado manía, nadie mueve un dedo para que esa gentuza maleducada y sin formación de ningún tipo esté dándonos opinión de experto, que además nos sabe más eficaz y más cercana que la que pudiera darnos un profesional. ¡Mundo sórdido!

18 noviembre 2008

Ego sum


El exceso y la falta de ego vienen a causar los mismo problemas. Quien se siente poca cosa necesita el refuerzo constante de su entorno.

Me recriminas que use el pronombre yo. El caso es que hay frases en que si no pones el yo, no dejas claro a quién te estás refiriendo. Por ejemplo en una conversación dices "Lo tenía todo preparado"... ¿Quién? ¡Ah! Adivina tú.

individualismo.
1. m. Tendencia a pensar y obrar con independencia de los demás, o sin sujetarse a normas generales.
2. m. Tendencia filosófica que defiende la autonomía y supremacía de los derechos del individuo frente a los de la sociedad y el Estado.

egoísmo.
(Del lat. ego, yo, e -ismo).
1. m. Inmoderado y excesivo amor a sí mismo, que hace atender desmedidamente al propio interés, sin cuidarse del de los demás.
2. m. Acto sugerido por esta condición personal.

egocentrismo.
(Del lat. ego, yo, y centro).
1. m. Exagerada exaltación de la propia personalidad, hasta considerarla como centro de la atención y actividad generales.

La viñeta te viene como anillo al dedo.

17 noviembre 2008

No se mueve en la foto


Con su sonrisa, sus buenas maneras, su pretendida clase, sus aseveraciones "infalibles"... todos la escuchan y hasta la admiran. Siempre va acompañada de legajos y pergaminos que le dan ese admirable caché de sabiduría. Su mejor habilidad es la de conseguir bienes, parabienes y medallas que pertenecen a otros. Del trabajo -principalmente del sucio- se ocupan sus satélites, mientras ella se lima cuidadosamente las uñas.

Hecho el agosto, enciende la escoba y no se le ve el pelo hasta el agosto siguiente.

16 noviembre 2008

El pitbull

Nunca te he visto la cara pero no es difícil imaginársela. Das miedo. Eres uno de esos personajillos salidos de la nada que ha escalado a base de gruñir,enseñar los dientes y morder, por nada más. Desgraciado del que se te ponga enfrente. Los hay que te prefieren al lado, como el que lleva un pitbull adiestrado. Ellos te quitan las pulgas y tú les espantas a quien les estorba. Gentecilla chillona como tú no la quiero ni enfrente ni a mi lado, más bien te he situado nada más conocerte en las antípodas de todo lo que tenga que ver conmigo. Espero tener el honor y la fortuna de poder seguir ignorándote.

15 noviembre 2008

Lo feo no es ser lobo, sino fingirse cordero

Mientras el corderito bala infinitas alabanzas y promesas de amor y amistad eternas, el lobo que eres se deja ver. No es fácil darse cuenta, pero es de esas cosas que si una vez la has visto ya no te queda la menor duda. Corderito, dejaste a la vista la cremallera del disfraz.

Tan confiada fui que no te cacheé al conocerte. ¡Eras el corderillo más tierno y más herido que había conocido nunca! Me acuerdo de cuando te ibas a suicidar un día no y dos sí, y de que pasaba las noches en vela temiendo lo peor y buscando argumentos para demostrarte que era bonito e importante vivir. Hasta que encontré la manera... Claro que entonces desconocía que no eres lo que aparentas. "Si quieres conocer a fulanillo, dale un carguillo". Y así con el carguillo, como los buitres esperando a ver cuándo cae la presa, bastó un pequeño flaqueo por mi parte para que te quitaras la piel de cordero y saltases sobre mi yugular.

10 noviembre 2008

Los peligros del victimismo

No deja aún de sorprenderme cómo una persona victimista puede te convertir en víctima invisible, tanto que ni siquiera tú te ves como víctima. De repente te pones a buscar qué has hecho de malo, te martirizas, porque tú no quieres ir por la vida jodiendo a nadie, pero resulta que hay alguien que sin comerlo ni beberlo dice estar perdiendo el pelo, las cejas, los kilos, la alegría... por tu culpa. Hasta que después de martirizarte durante semanas o meses resulta que te das cuenta de que el conflicto lo ha cocinado el victimista, te ha llegado sin saber de dónde, pero encima la culpa es tuya. La gente se pone de parte del victimista. Al fin y al cabo es el único que se conduele.

Se puede ser víctima de un atraco, de un accidente de tráfico o de una traición. Se pueden sufrir los efectos secundarios de la agresión voluntaria o involuntaria sufrida. Se pueden buscar los mecanismos para sanar y seguir adelante. Se puede no querer olvidar porque quien olvida su historia está condenado a repetirla. Se puede sufrir una vez y doscientas, y tener mala suerte, y salir… y seguir apostando y tener un sentimiento divertido o cuanto menos optimista de la vida. Se puede hacer balance, se puede ser crítico –incluso con uno mismo-…


Y se puede ser victimista. Vaya por delante la definición de la RAE: Victimismo: Tendencia a considerarse víctima o hacerse pasar por tal.

La persona victimista tiene “tendencia” a considerarse víctima. Es ahí, en la matización “tendencia” donde radica el problema, pues no todas las personas victimistas son víctimas y por supuesto la mayor parte de las víctimas no son victimistas.

Y lo peor es el efecto colateral que el victimismo de una persona provoca en los demás, entre los que encuentra más solidaridad que desapego, más personas dispuestas a perdonar sus desmanes “justificados” que a ponerle los puntos sobre las íes… máxime si esas personas sienten cariño por el victimista. Con lo que un victimista puede rodearse de un grupo solidario que “entiende”, “comprende”, “comparte”, “vive en propia carne” y hasta “aplaude” sus atropellos a los demás.

Muchos abusadores, acosadores o maltratadores son victimistas. Sus parejas se solidarizan con ellos hasta el punto de soportar –por amor y compasión- durante lustros sus abusos. Porque de pequeños los trataron mal en casa y en el colegio. Más tarde en el trabajo los degradan y humillan, los engañan en los negocios y en los supermercados, los traicionan por doquier. Por eso están enfermos, por eso necesitan comprensión, apoyo, ayuda…

07 noviembre 2008

De "...tona" a "...ñera"


El domingo que viene mi buena amiga Lidia Merici cumple cuarenta años y ahí anda en su lucha interna y externa por no sobrepasar el límite de la juventud. Lidia apurará hasta la noche del sábado teniendo treinta y nueve y esa misma noche en sueños se sentirá una mujer de treinta y nueve.

Lleva meses con la crisis de los pre-cuarenta y a la sazón ha ideado un sistema, para -llegado el momento crucial, el del domingo cuando se despierte por la mañana sumergida hasta las cejas en los cuarenta- no ser una cuarentona. “Mira que suena feo lo de cuarentona, niña”, me dice Lidia. “Que no, que no voy a ser una cuarentona, voy a ser una cuarentañera, ¡ea!

Y así ha zanjado el profundo dilema del paso de la juventud a la edad madura, un límite marcado por el diccionario mediante las terminaciones –ñera y –tona. Quinceañera, veinteañera, treintañera... tic tac..., cuarentona, cincuentona, sesentona… De manera que con el irreversible –tona te encaminas por la ruta de la arruga, la cana, las tetas caídas, el todo caído… hasta que tú misma te caes de puro vieja.

Pues sí, Lidia -que siempre encuentra soluciones donde no parecía haberlas- durante lustros seguirá siendo una joven –ñera, con todo en su sitio, con la textura y el color original.

Me apuesto el pescuezo a que dentro de treinta o cuarenta años Lidia no se va a crear un problema entre -tona y -genaria, que los dos términos valen en el diccionario de la Real Academia, seguramente para que la ancianidad no se alarme, no ya por la amenaza de la flacidez, sino por la de poner allá, en cualquier mal paso, el pie que todavía les queda aquí. Pues no, no habrá dilema, porque Lidia será una jovencísima noventañera, y más... y más añera.


¡Feliz cumpleaños, ángel!

04 noviembre 2008

Ejercitar la empatía


Siguiendo con el tema de la agresividad y la violencia, hoy mismo leía en El País el artículo de Milagros Pérez Oliva titulado “¿Por qué puede matar un niño?”. En el artículo se mencionan algunos estudios de expertos en la materia. Pasando por alto el 52% de los casos en que los menores o adolescentes padecían algún trastorno de la personalidad (parece ser que en muchos casos debido a maltrato infantil o a desmembramiento familiar), y el 4% que había cometido el acto violento bajo un brote psicótico, sorprende aún que exista un 42%, según los estudios, de niños o adolescentes que no han vivido maltrato, abandono ni ningún tipo de violencia en su entorno inmediato, niños que parecen tener un comportamiento normal en familia, entre amigos o en la escuela y que un día, generalmente en unión de algún otro, deciden torturar y matar a otro menor o a algún ser desvalido que encuentran por la calle. Y lo peor es que el motivo que muchos alegan es que querían probar qué se siente. No hay más.

Nos preguntamos ¿qué está pasando en nuestra sociedad para que un niño o un adolescente considere a otro ser humano –con frecuencia otro menor- un objeto de laboratorio sobre el que experimentar las propias reacciones y emociones? Algo está fallando y nadie se atreve a decir qué. Vicente Garrido afirma que crece a nivel mundial el número de psicópatas. Recordemos que el psicópata es un ser vacío de empatía, ese sentimiento que nos hace ponernos en la piel de otra persona o de un animal. Y si el número de psicópatas se multiplica casi exponencialmente, ¿es debido a un virus, a una mutación cerebral o tal vez a una falta de ejercicio de la empatía a lo largo de la vida de un ser humano? Sí, digo ejercicio de la empatía, porque estoy segura de que, salvo en casos extremos, esta capacidad humana es tan desarrollable como muchas otras.

Regreso otra vez a mi primera infancia, como hago otras veces para ponerme algún punto de referencia. Vivía en un medio rural, en una casa de campo aislada más de media hora a pie del núcleo de población más cercano. No teníamos electricidad ni agua corriente. Había animales: dos mulas, una burra, varios conejos, gallinas, palomas, una perra y dos gatas. Hasta la edad de cuatro o cinco años ayudaba a mi madre a matar las gallinas, sujetándolas por las patas y las alas, y asistía de buen grado a la matanza del cerdo (que compraban para la ocasión, pues allí no los criábamos). También recuerdo que sobre los cuatro años mi padre trajo un mochuelo enfermo o herido a casa, y yo me entretuve en utilizarlo como pelota, lanzándolo contra la pared una vez y otra. Repaso qué sentía entonces con las gallinas, el cerdo o el mochuelo. No sentía nada, ni pena ni placer.

Sin embargo, acababa de cumplir los cinco años cuando se compró un cerdo unos días antes de la matanza. Yo iba hasta el lugar donde estaba encerrado y veía que sus ojos me miraban, tenía unos ojos pequeños y oscuros. Yo le hablaba desde afuera y veía que él respondía a mis gestos, o asustándose o mirándome atentamente. Le tomé cariño a aquel bicho, y eso que el cerdo es muy poco expresivo. El día de la matanza, cuando lo oí gritar porque se lo llevaban hasta el banquillo, una reacción espontánea me hizo huir de allí y a todo correr me alejé entre olivos con los oídos tapados. No regresé a casa hasta horas después. Imagino que fue a los cinco años cuando adquirí la empatía. ¿Pero a qué fue debido este hecho? Más bien fue algo espontáneo y natural. Vivir en un medio rural y tener que abastecerse de los propios animales era algo muy común, y sin embargo a partir de ese momento asumí con tristeza cada matanza de cerdos, gallinas o conejos como un hecho inevitable, pero nunca más estuve presente en aquellas muertes.

Creo que al desarrollo de mi empatía colaboró mi padre, que a pesar de hacer las funciones propias de un campesino en lo que respecta a los animales, no disfrutaba con ello y si le era posible lo dejaba en otras manos. Con cuatro o cinco años eché abajo un nido de golondrinas porque tenía curiosidad por ver a los polluelos. Cogí un palo y lo derribé. Entonces llamé a mi padre para que también él disfrutara de la visión de aquellos pollitos recién nacidos. No se enfureció conmigo pero vi con qué ternura los recogió del suelo y me enseñó cómo eran sus picos, sus ojos diminutos, y me habló de que su madre se sentiría muy triste si no los encontraba en el nido. Me dijo que sentiría tan triste como mi madre si un día alguien me hiciese daño. Acto seguido buscó por el pajar hasta encontrar algo para rehacer el nido. Encontró una herradura, la forró de cuerda y la clavó en la viga, en el mismo sitio en donde estaba el nido original de barro que yo había roto. Luego depositó allí a los polluelos y me llevó a casa. Año tras año, durante muchos, las golondrinas siguieron anidando en aquella herradura y yo sentía cariño por cada golondrina de todas las generaciones que fueron pasando por allí.

No fue el único hecho que me enseñó la sensibilidad de mi padre hacia los animales y muchas otras veces hacia las personas. Y desde los cinco años, el resto de mi infancia lo viví poniéndome en lugar de todos aquellos seres, humanos y no. Creo que fue mi padre quien estimuló esa empatía que seguramente estaba ya en mí de manera embrionaria.

Sin tener la osadía de poner mi único ejemplo como aplicable a la globalidad, sí que tengo la sospecha de que hoy día falta ese estímulo de empatía en la infancia. Yo he criado dos hijas, una biológica, la otra adoptada. A ambas les he transmitido desde muy pequeñas el respeto y el cariño que merecen animales, plantas y seres humanos (y de este último grupo fundamentalmente los más débiles y desprotegidos). No creo que se haya tratado de pura casualidad el que ambas sientan realmente ese cariño y respeto. No hay ni siquiera vínculo biológico entre ellas. Y si esta sospecha mía tuviese algo de cierto ¿qué es lo que falla entonces? Quizás hoy día los padres y las madres basan el cuidado y la educación de sus hijos en otros aspectos aparentemente más prácticos, como es el saber atacar para no ser atacados, el llenarlos de todo lo que ellos no tuvieron en su día, la competitividad en las modas, el ser o aparentar ser más que nadie, pero se olvidan temas importantes como la educación en la sensibilidad y otros muchos valores imprescindibles para formar a personas adultas útiles a sí mismas y socialmente no dañinas.

02 noviembre 2008

La agresividad, una de las claves para ser líder

Imagen de movimente (www.movimente.es)



Hasta hace no muchos años, el conseguir un puesto importante en la política o en la empresa era relativamente posible reuniendo características tales como el esfuerzo, la inteligencia, la perspicacia, la mano izquierda, la preparación profesional y un alto nivel de conciencia. Ninguna de estas características estaba reñida con la de ser una buena persona.

Hoy día llamar a alguien “buena persona” suena a descalificativo, mientras que el que el término “agresivo” se considera un valor añadido. Si pretendes encontrar un trabajo de dirección el que seas una buena persona puede significar que te quedes en la calle por muy buen curriculum que tengas. Las buenas personas solamente pueden acceder a trabajos de base, cuanto más bajos mejor.

Esta idea va quedando archivada en el cerebro de cualquir ser humano. Desde la infancia tienes que decidir si quieres ser líder o pelotón. En la escuela el líder es al que se teme, el que golpea, insulta y avasalla al resto, de preferencia a los que considera más débiles, que la mayor parte de las veces no son otra cosa que buenas personas que desean vivir tranquilamente sin imponer a los demás su voluntad o sus caprichos.

El contertulio que más grita y más insulta en los debates, el que no deja hablar a los demás, el niño que graba con su móvil los abusos que comete su camarilla contra otros, el ejecutivo o el comercial más agresivo o que mejor engaña a la clientela, son quienes tienen mejor porvenir en un mundo cada vez más carente de principios o valores.

Tenemos referentes de que esto no solamente ha ocurrido en nuestros tiempos, de que el liderazgo de los agresivos, los violentos y hasta los psicópatas no es un hecho exclusivo de la sociedad actual, solo que ahora viste bien y es una plaga que se extiende por todos los rincones de la población. Y tras el líder, el pelotón de acólitos, que en su afán de no ser rechazados por el mismo, no titubean en seguir sus consignas aún en contra de su conciencia personal.