26 diciembre 2008

Año nuevo, cosas nuevas

Cariátide de Modigliani

Hace tres años comencé un proyecto lleno de ilusión, de cariño y de compromiso por mi parte. Era una de esas cosas que se hacen de corazón, por gratitud, sin ambiciones, sin nombres propios, sin ánimo de gloria ni referencias históricas.

Pasó el tiempo y el proyecto se hizo grande y relativamente popular. Participaron muchas mujeres, unas llenas de desánimo y otras con su ánimo, su sonrisa y su fuerza, para compensar y llenar de color todo el espacio y a todas y cada una de las que allí nos encontrábamos.

Hubo días hermosos, días tristes, días silenciosos y días llenos de bullicio. Hasta que el proyecto murió un día por muerte súbita. Fue el día en que alguien colgó en la puerta el falso cartel de "Nos mudamos"...

En honor de aquel proyecto, cuyo nombre murió con él, otro nombre y otra idea nace, en parte con restos del derribo y en mayor parte con ideas nuevas que irán sucediéndose cada día, en nosotras, en vosotras.

Es nuestro regalo para quienes compartís este espacio con nosotras y una de nuestras ilusiones para el próximo año.

Podéis ver lo que ya hay hecho, que es aún muy poco:




Mil abrazos y mil besos

22 diciembre 2008

El mejor regalo



En estos días, por mi cumpleaños y por adelantos de Navidad he recibido algunos regalos. Todos ellos muy especiales y queridos por lo que son y por las personas que me los han hecho.

Pero hay un regalo muy particular, realmente fabuloso, que es el que está en la foto sobre mi mano. ¿De qué se trata? Lo dejo a vuestra imaginación. Mam no juega, jeje. Se trata solamente de jugar, no sé si diré la respuesta... :)

Muchos besos y muy felices navidades a todas.

21 diciembre 2008

Olivos, nieve y silencio



Este fin de semana hemos descubierto un sitio precioso. Está en la Sierra Sur de Jaén, perdido entre olivos. Es uno de esos sitios que no se encuentran por casualidad, y aunque tiene su página web lo normal, según nos contaba su propietaria, lleguemos allí por referencias de otras personas que lo han visitado. Así ha sido al menos en nuestro caso.

El camino normal para llegar hasta allí va desde Alcalá la Real hasta Charilla y desde allí hasta el destino, por una carretera empinada, estrecha y tortuosa de unos siete kilómetros.


No nos fue posible llegar por el camino normal porque cuando apenas faltaban dos kilómetros, el coche dijo que nanai, por la pendiente y la nieve helada. Así que tuvimos que hacer otra ruta alternativa, volviendo atrás hasta Alcalá la Real. Las fotos están tomadas a lo largo de ese segundo itinerario, ya en plena montaña y una vez rebasado Frailes.

Se lo recomendamos a amantes del silencio y la naturaleza. No hay televisión en las habitaciones, ni música en el comedor o el salón. El cocinero, hijo de la propietaria, prepara unos platos exquisitos y todo el ambiente recuerda a la vida auténtica del campo que recordaba de mi primera infancia: gatos, perros, olivos, chimenea y los sonidos atenuados de los pastores, las cabras, el viento y el agua.

Si queréis ver algo más, podéis visitar su página web.

¡Felices Fiestas!

18 diciembre 2008

Detrás de ese pijama rosa

Aquel día te esperé detrás de la lluvia. El olor a tierra mojada te trajo hasta mí, yo sin saber que eras tú a quien esperaba; tú sin saber que era yo a quien buscabas. Me bastaron unas cuantas palabras de esa tu alma de flor de almendro para reconocerte, pero no te lo quise decir. Seguiste tu camino fijando de tanto en tanto tus ojos grandes en mi figura, que se quedó estática en el mismo punto, esperando a ser reconocida por ti. Me habrías hecho dudar de no ser porque cada mirada tuya me encogía el corazón de aquella manera profunda y extraña, casi olvidada en el cajón de las emociones adolescentes.

Aquí estás a mi lado como cada noche, tú en tus cosas y yo en las mías. De vez en cuando me miras y sonríes. Ahora te levantas y te me acercas con los brazos abiertos. Me rodeas en un abrazo profundo y cálido. Son las doce en punto y es mi cumpleaños. Sé que a lo largo de nuestra vida siempre hemos pensado que nunca hemos querido a nadie como queremos a esa persona de la que nos hemos enamorado, pero te aseguro que ahora –ya tal vez medio viejecita- estoy segura de que nunca he querido a nadie como te quiero a ti. Soy feliz y tú estás junto a mí para recordármelo cada minuto del día y de la noche.

17 diciembre 2008

No te preocupes, que luego se les pasa


Fragmento de una conversación que escuché casualmente hace un par de días entre dos mamás de treinta y pocos:

Mamá primera: Mi niño, de cuatro años, me dice el otro día "Mamá, yo quiero ser una niña". ¿Y eso por qué? -le pregunto yo. "Porque me gustan las muñecas y los juguetes de las niñas".


La mamá primera contó esto sonriendo y se ve que quería continuar contando el resto, pero fue interrumpida por la


Mamá segunda: Mira, el mío, que ahora tiene seis años, empezó así. Claro, yo le compraba coches y cosas de esas para niños pero él prefería los juguetes de su hermana. Pero, oye, ¡que no te preocupes, que luego se les pasa! ¡El mío ya prefiere las cosas de niños!

Y dijo esto la mamá segunda como queriendo tranquilizar a la mamá primera, que no parecía preocupada en absoluto, pero sobre todo dejando muy claro que su niño "se ha vuelto normal".

Esas cosas pasan a día de hoy, las dicen y las piensan mujeres jóvenes que han estudiado, trabajan y están en contacto con el mundo. Nos queda un trecho para desterrar el sexismo.


Las imágenes son de estas fechas y forman parte de la publicidad de un conocido hipermercado del juguete. Los niños con juguetes "de niños". Las niñas con juguetes "de niñas".

14 diciembre 2008

Sin rencor

Pepa acaba de descubrir este vídeo y me lo ha pasado para ver si le doy la misma lectura que ella. Lo he visto una vez, pero sin fiijarme mucho porque estaba haciendo otra cosa a la vez. Conclusión: Nada. Pepa dice "jo". La segunda vez lo miro con más atención y le hago mi comentario. Hemos coincidido, aunque quizás no sea tan difícil entender el mensaje. ¿O dependerá de quien lo mire?

El audio es secundario para sacar una conclusión.

¿Vemos la misma historia y la misma moraleja?


Desactivada la inserción por solicitud, dicen los de Youtube. Dejo aquí el ENLACE PARA VER EL VÍDEO.

10 diciembre 2008

Cuando se necesitaba uniforme para pasar la reválida


Esto que voy a contar me ocurrió hace ya muchos años, la primera vez que me enamoré de una mujer. Mis relaciones sociales anteriores se diluyeron y me incorporé a su círculo de amigas y conocidas. Pero he aquí que no encajaba yo en aquella especie de gremio y no porque no le pusiera voluntad. Ni siquiera la niña de mis ojos las tenía todas consigo y así un día me decía que le gustaba y me llevaba feliz al huerto, y al día siguiente me daba de lado diciéndome que no era su tipo.

Yo me empeñaba en ser amable, cortés, cariñosa, comunicativa y generosa no sólo con ella sino con todas las demás, pero nada, que no había manera.

Me fijé en cómo vestían: botas, zapatillas deportivas o zapatos unisex, siempre planos, pelo corto, sin maquillar, sin depilar, pantalón, camisas o cazadoras muy amplias, casi enormes y caminar algo desgarbado. Eso todas, una por una. Y claro, así me miraban, como si fuera una infiltrada. Porque yo entonces -como ahora- tenía melena, me maquillaba poco, pero siempre un poco de colorete y una pequeña raya de lápiz en los ojos. Y los labios también, un poquito de carmín poco visible pero presente. Vestía con pantalón o falda y siempre llevaba algo de tacón y me depilaba.

Cuando por fin me daban cuartelillo el tema podía titularse siempre "Tú no eres lesbiana"... argumentado por "has estado casada", "has parido"... y sobre todo "vistes como una hetero". No importaba que me muriera por los huesitos de aquélla de la que me había enamorado. Eso era lo de menos, una fruslería de nada.

En esto que "ella" se fue de viaje durante un mes, no sin antes dejarme las llaves de su casa para que le regara las plantas, le controlara el coche y al gato y avisarme muy seriamente de que ya lo tenía muy claro: "Eres una buena tía, pero no eres mi tipo, así que a mi vuelta amigas y punto".

Y qué leches. Había que actuar. No ya para ser aceptada por el gremio sino por ella. Había comprendido que antes de nada había que ponerse "el uniforme".

Nada más marcharse me fui a la peluquería y me corté el pelo, me compré unas buenas botas de gruesa suela de goma, dejé crecer mis vellos corporales -que tampoco son muy frondosos- y no se me ocurrió ponerme en la cara más que agüita del grifo. Desterré las faldas y hasta el sujetador, porque me había dado cuenta de que casi ninguna lo llevaba.

De aquella guisa empecé a gustar a la población lésbica y me salió una novia y todo. Pero yo seguía enganchadita de "ella" y así se lo hice saber a la recién llegada. No pareció importarle. Más bien creo que pensó que había que darle tiempo al tiempo y se lo tomó con filosofía.

Y así pasó un mes. "Ella" me llamó para preguntarme si podía ir a recogerla a la estación. Allí estaba yo, a la hora en punto con mi pseudonovia y mi uniforme. Me fui acercando a ella con pasos de pistolero, con mi chupa de cuero enganchada al hombro por un dedo y colgando por la espalda. Nos saludó y a mí me dijo: ¡Pero qué guapa estás!

Al día siguiente encontró una excusa para venir a dormir a la mía y desde entonces... hasta que el destino nos separó bastantes años después. Yo lo llamo "el milagro del uniforme".

Sé que si "ella" leyese lo que estoy escribiendo, diría que ésa es una visión simplista de las cosas, y tal vez tenga algo de razón, pero poca. Me diría que si no me aceptó al principio fue porque echaba de menos a su ex novia, la camionera. No. No lo digo despectivamente, es que la chica -por cierto muy guapa- trabajaba como transportista conduciendo un camión. Pero es mentira, me rechazaba porque no me había puesto el uniforme.

Ya hace años que se fueron desterrando esos esterotipos. Una vez más, ¡Viva la libertad!

07 diciembre 2008

Hermosa noche



Sansón y Dalila. La cinta gira, la música suena por sí misma. Delante veo las luces rojas de otros coches, duplicadas en el asfalto acharolado por la lluvia de unos minutos antes. Autovía de medianoche. Un martes cualquiera. Rodeo la ciudad y entro en ella. Bajo las ruedas se suceden las calles empedradas, cada vez más estrechas. Los gatos huyen y se esconden detrás de las rejas de los patios sombríos. Algunas ventanas están iluminadas, como la suya. Me detengo delante de esa luz pastel, casi dorada. Marco su número en el teléfono celular. Su voz me contesta y desconecto. Hermosa noche para no decir nada.

Acelero. Carretera secundaria. Una curva a la derecha, cambio de marcha. Curva a la izquierda. Empieza a llover. Acelero más. Aunque la vista está fija en el centro de la calzada, veo pasar apelotonadas las ramas de algunos árboles. Piedras encaladas, ramas verdes y la luz anaranjada del cuadro de mandos son las únicas notas de color que percibe mi retina sin fijarse en ellas, porque los ojos están clavados en el asfalto, que nunca es el mismo. Lo traspasan hasta el infinito. "...Réponds a ma tendresse...", dice como en un lamento el aria de la Callas. Subo el volumen de la música hasta que el ruido del motor desaparece. Hermosa noche para escuchar a la Callas. Siento el calor en mis pies. Subo el nivel de la calefacción. El agua es ahora nieve que se derrite al llegar al asfalto. Sólo los bordes permanecen blancos, no ya de piedras encaladas, sino de hierba, piedra y tierra nevadas. A mi izquierda todo es negro. Sé que detrás del precipicio está el pantano y dentro de él las casas del pueblo casi intactas, con la torre de la iglesia emergiendo en el centro. En noches como ésta, de viento y nieve aún voltean las campanas, como cuando jugábamos los domingos, antes de que ese pequeño mundo se inundara, en la plaza cuadrada, con su fuente de cinco caños donde bebían los mulos y las mujeres llenaban sus cántaros. Hace muchos años. Fueron otros tiempos y éramos niñas. Estábamos limpias. A mi derecha una explanada blanca donde doy la vuelta. Hermosa noche para cambiar de rumbo.

Las líneas discontinuas desfilan una tras otra. Acelero. Chirrían las ruedas al tomar la curva. Una recta larga. Al final una curva muy cerrada con bordillos encalados, al fondo las luces de la gran ciudad. Todo lo demás, negro. Acelero más y más hasta el límite. Necesito mi propia sangre para sentir que vivo. Volar. Uno, dos, tres. El corazón late. Hermosa noche para degustar la vida.

06 diciembre 2008

"Dicen que mata, como la vida"

Hay veces en las que miro atrás
y me recuerdo feliz y humeante
como un pan recién hecho.

Podía llevarme el placer a la boca
y dejar que me inundaran
sus más relajantes sensaciones.

Aspiraba el aroma vegetal de sus soles
y dejaba volar la imaginación
a lomos de sus volutas.

Me daba igual su procedencia.
Nunca le he aplicado al placer la ley de extranjería.
Americano, filipino, turco o cubano,
en todos encontraba el infinito goce
de una buena bocanada de humo.

Siempre le he tenido como un buen amigo.
Me acompañó en el trabajo y en el amor,
en los momentos más felices y en los difíciles.

Ahora casi no puedo enseñarlo,
casi no puede venir conmigo.

Nos vemos a escondidas
como los amores imposibles y desgraciados.
Nos vemos en las esquinas
y en las puertas del trabajo.

En nombre de la salud
¡nos han desterrado!

Dicen que mata,
como la vida.

Y yo no me voy a quedar aquí lamentándome,
Lo quiero tanto que voy a quemarlo
a bocanadas.

El que quiera
que me siga.


Jesús Quintero


05 diciembre 2008

Fumadora - Fumadora furtiva - Fumadora deportiva

Hace seis años, en el centro donde trabajo ya no se permitía fumar en espacios cerrados, aunque sí en el patio, por ejemplo. Pues bien, encontré un pequeño almacén inutilizado, lo arreglé, me puse una mesa, un ordenador, estanterías para mis cosas y dos cuadros cutres de cuando me casé, para hacer hogar. Me hice de una llave y me encerraba a cal y canto en aquel sitio secreto en mis horas libres, que eran bastantes aquel año. ¡La de horas que trabajé allí, con mi cigarrillo, mi cenicero y mi encendedor! ¡Sin salir a pasar frío ni mojarme con la lluvia!

¿Qué pasó? Que mis compis descubrieron aquel pequeño paraíso privado y lo convirtieron en sala de profesores en funciones. La otra, la limpia de humo, les resultaba fría, demasiado aséptica. Y allí los tenía a todas horas. Se pusieron otras mesas allí, otros ordenadores y a trabajar en nuestros humos. Pero el colmo es que los acérrimos antitabaco también venían allí y se quejaban de que no se podía respirar, que si no conocéis los riesgos de los fumadores pasivos, que deberíais dejar de fumar… y que si querían podían denunciarnos. Y yo preguntándome por qué narices no se quedaban en su espacio aséptico.

Teníamos la suerte de contar con muchos espacios libres en el centro, así que me dediqué a indagar y encontré dos posibles nuevos refugios, uno desangelado y enorme (un antiguo gimnasio con suelo de parquet) y otro pequeñito y más cercano a las aulas, que era otro de esos almacenes de cosas viejas e inservibles. Me entretuve en sacar toda la chatarra y llevarla al gimnasio, pinté las paredes, busqué una mesa, una silla y un ordenador y hasta conexión a Internet. Encontré una enorme bandera con los colores del arco iris, procedente de Italia y que pone PACE en el centro. La puse en la pared, encima de mi mesa de escritorio. Una estufita y lista para empezar una nueva vida de fumadora furtiva.

¿Qué os imagináis que pasó con el primer refugio secreto? Que ahora ya no le gustaba a nadie, que olía a fuel de las calderas, que no tenía suficiente luz… ¿Adónde acabaron viniendo? Al nuevo refugio secreto, que por demás es tan pequeño que cuatro son multitud.

Hoy día el primer refugio secreto es una sala de estudio (de nombre). La sala de profesores es un lugar desierto. El segundo refugio es el lugar predilecto de reunión. Eso sí, prohibidísimo fumar. El año pasado todavía me subía a una silla y fumaba por la ventana. Ahora ya no. El humo vuelve hacia dentro y a veces da el cante de que allí se ha cometido “el delito”. Pues nada, ahora cuando tengo una hora libre y tengo trabajo que hacer, lo interrumpo una media de una vez por hora para salir a la calle a darle dos caladas profundas al cigarrillo (pero es que en dos caladas me fumo medio, que hay que recargar los tanques para no tener que salir otra vez). Entre hora y hora, mientras el alumnado cambia de clases, salgo echando leches escaleras abajo para las otras dos caladas profundas.

¿Ventajas del sistema? Solamente una: Hago deporte. Cada mañana una media de seis bajadas y seis subidas de escaleras, saltando los peldaños de dos en dos, más el recorrido de ida y vuelta por el patio hasta la verja. El problema vendrá cuando también prohíban correr.

¿Inconvenientes?
Fumo un 20% más que cuando me podía fumar un cigarrillo tranquilamente mientras trabajaba en mi refugio secreto. Aquel cigarrillo muchas veces se consumía sin casi haberlo probado.

    Me pone de mal humor cualquier tipo de fanatismo, incluido el de los antitabaco.

Y digo yo: ¿Tan mal estaba el sistema de tener espacios para fumadores? Total, allí nadie molesta a nadie. Dicen que damos mal ejemplo al alumnado, pero resulta que el alumnado es mayor de edad y además fuma, y es que encima no tienen ni por qué vernos. El caso, con perdón, es joder. Es prohibir, es obligar, es limitar la libertad de forma absurda, es convencernos de que el Estado NOS AMA, NOS PROTEGE, cuando la única verdad es que crea o destruye normas en función de costes y beneficios en las arcas públicas. El Estado NOS VIGILA, NOS CONTROLA, NOS CASTIGA, NOS CHANTAJEA, porque NOS AMA. ¡Y una m…!

Y que conste que querría dejar de fumar, pero al menos de momento NO PUEDO. ¿Por qué a quienes el Sistema nos enseñó a fumar no se nos respeta siempre y cuando no molestemos ni demos mal ejemplo a nadie? No crean que mediante estas presiones van a conseguir que la gente deje el tabaco, o no al menos gente como yo. La prohibición provoca ansiedad y la ansiedad, para un fumador, se pasa con el tabaco.

Algún día hablaré de la repercusión en la sociedad del exceso de normas y leyes.

04 diciembre 2008

El brasero

El recuerdo de las noches de invierno de mi primera infancia está asociado a la chimenea y al brasero. Por la mañana mi padre trabajaba en el campo y mi madre se ocupaba de limpiar la casa, el gallinero y el patio, lavar la ropa en las pilas de agua helada y preparar la comida.

Para la hora de comer, encendía la chimenea, que seguiría encendida hasta la hora de la cena. Unas veces mi padre venía a comer y otras llegaba ya cuando se había puesto el sol. Comíamos en la mesa de la cocina y yo siempre elegía el lado más cercano a la chimenea, de espaldas a ella. Después de comer, mi madre lavaba los platos y yo dibujaba o leía la cartilla. Luego mi madre se sentaba a coser y ponía la radio para escuchar la novela. A mí me gustaba sentarme a su lado y mirar cómo cosía, o le pedía un trapo y una aguja con hilo para imitarla, y mientras tanto escuchaba aquellas voces ya legendarias de los actores radiofónicos en “Simplemente María” o “Los Miserables”, con Fernando Guillén y Gemma Cuervo.

Los días eran cortos por lo que la noche llegaba en un santiamén. Un poco antes de oscurecer, las gallinas volvían de haber pasado todo el día por el campo y mi madre las llamaba “ticas, ticas” para echarles trigo. Después las “miraba”, para ver la que iba a poner huevo al día siguiente y por último se ponía a preparar la cena.


Mientras mi madre preparaba la cena, mi padre había vuelto del campo, impregnado de olor a tierra y viento. Se sentaba ante la chimenea y yo en el suelo, entre sus rodillas. Me gustaba mucho estar con mi padre, lo quería más que a nadie en el mundo, aunque a esa edad de tres o cuatro años no habría podido definir lo que era querer. Me gustaba mirar sus manos, llenas de callos y tiernas a la vez, besárselas y transmitirle de esa manera tan simple todo mi cariño.

El momento de la cena estaba marcado por el traspaso al brasero de las brasas que todavía quedaban en la chimenea. La cena era en el comedor. Entre mi padre y mi madre echaban con el badil las brasas al brasero, mi padre lo llevaba hasta la mesa camilla y mi madre levantaba las enaguas. “Niña, arrímate al brasero, que luego te acuestas con los pies fríos”, me decían. Notaba aquel calor en las piernas, excesivo al principio, pero placentero. Mi madre se había hecho unas protecciones con cartones de cajas de zapatos que se sujetaba a las piernas con unas gomillas. Eran para que no le salieran cabrillas.

Cenábamos- casi siempre cocido- y me llevaban a la cama. Era el peor momento del día. Para mí ir a la cama por la noche era una especie de castigo que todavía soporto con resignación, porque es la noche el momento del día en que menos sueño tengo. Me quedaba en la penumbra del dormitorio que compartía con mis padres mientras los oía a ellos conversar en el comedor. De fondo se escuchaba jazz en la radio. También odié el jazz hasta ya bastante mayor. Algunas veces, para hacerme menos duro el momento de acostarme, mi padre me envolvía en una mantita y me llevaba en brazos desde el comedor hasta el dormitorio, me arropaba y me contaba cosas sobre las estrellas, los animales del campo, la hierba o algún cuento, que estoy segura de que inventaba. Uno de los personajes que mi padre inventó para mí se llamaba “Rancancinas”, porque arrancaba las encinas de un solo tirón, pero no recuerdo más del cuento.

Ya de mayor siempre he tenido brasero en casa hasta hace un par de años. Anteayer empecé a echar de menos esa agradable abulia de las tardes y noches de invierno viendo una película, escuchando música o leyendo un libro, pero con los pies calientes y las faldas de la camilla hasta el cuello. Así que esta tarde nos hemos comprado una camilla y hemos encargado las faldas (enaguas las llamaban cuando era pequeña). El brasero nos lo va a regalar una amiga que ya lo dejó en desuso por cosa antigua. Nosotras reinventaremos el sencillo y dulce placer del brasero en las tardes y noches de invierno.

Pero el nuestro será eléctrico, aunque ya se andará lo de encontrar uno de brasas, que también tiene que ver con aromaterapia :)

03 diciembre 2008

Aprobar a comisión

Como ya apunté el otro día, mi instituto es de los de la "calidad". Esta mañana, en una de las salidas exprés a darle una calada a un cigarrillo (ya hablaré otro día de la ley antitabaco), me encontré a un grupo de alumnos del último año de Formación Profesional que hablaban animadamente sobre algo que los tenía bien entretenidos. Al pasar delante de ellos, uno me dice: "¿A que este centro está en el Plan de Calidad?". Le respondo con un "sí", arrugando un poco la nariz (es que no me gusta, de verdad, no me gusta ni el fondo ni la forma). Entonces me hace una segunda pregunta. "¿Y verdad que a cada uno de vosotros os pagan un plus por aprobado final?".

No importa qué respuesta les di a todos aquellos ojitos que me miraban mientras les respondía. Lo que importa es lo que hay detrás de esa pregunta: Que vamos a aprobar a comisión. Así que ya estaban haciendo cábalas sobre qué profe o profa va a regalar los aprobados y cuáles no, en función del apego al dinero o los problemas económicos que presientan en cada cual. Ya habían seleccionado a dos candidatos para los que no iba a hacer falta estudiar en todo el año. Uno de ellos un auténtico "hueso" en años anteriores a la "calidad".

No sé yo cuál será el resultado de este nuevo invento de la calidad cuando pasen unos años, aunque lo presiento. De momento, ya por las habladurías de pasillo, está sirviendo para que el alumnado se relaje y estudie menos.

Dejo claro que no se nos pagan comisiones por aprobados. Eso sí, dejaríamos muy mala imagen ante la Administración si se mantuviesen o aumentasen los índices de fracaso escolar.