31 diciembre 2009

Dos uvas por cada deseo






Estaba preparando una larga lista de utopías, como la paz en el mundo, que nadie pase frío ni hambre, que se deje de contaminar, que no se incendien los bosques, que todas las personas del mundo encuentren amor y felicidad, que no se maltrate a los animales, que la mala gente se vuelva buena, que no haya accidentes de tráfico ni laborales, que no maten a más mujeres, que no se abuse de los niños ni de las niñas, que se respete a los ancianos, que mi libro se haga solo...

Pero he decidido rentabilizar las uvas y bajarme de la nube. Para mí y mi familia seis deseos factibles, sencillitos, baratos:

- Un trabajo para mi hija
- Un trabajo para mi pareja
- Menos trabajo para mí
- Un proyecto de nieto o nieta
- Dejar de fumar sin que me cueste nada
- Conservar lo bueno que tenemos

Y si a 2010 no le quedan ya deseos por regalar, nos apañamos bien como estamos.

También había pensado pedir algo para mis blogueras favoritas, pero eso lo dejaré para Reyes Magos, que reparten regalos y no deseos. Es que el tema de los deseos es complicado. Se pide un deseo, se te cumple y te pone la vida patas arriba. Mejor un Scalextric.

29 diciembre 2009

Cuando me falten

Me las hizo pasar amargas durante la adolescencia y más tarde durante la madurez. "Porque te quiero demasiado", "porque no quiero que hablen mal de ti",  me ha dicho siempre. Poco a poco creo haberle transmitido que quererme demasiado me hace daño y que quererme bien es respetar mi burbuja vital y ella lo ha asumido, tal vez a su pesar y aún permitiéndose algunas licencias.

No le hice ningún regalo por Navidad, ni por su cumpleaños ni por su santo, todo concentrado en unos pocos días. Ya sabe quien me conoce que suelo regalar a destiempo, a veces demasiado pronto o demasiado tarde. He de encontrar el regalo oportuno y no siempre la inspiración o el tiempo están de mi parte.

Hace poco le llevé una prenda con forro para que me la arreglase, poco antes mi hija mayor le llevó otra. El cuidado y el mimo con el que hace cada cosa para nosotras es su forma de demostrar el cariño que nos tiene. Mi hija me dijo luego: "Mamá, mira esto, fíjate bien, se nota que está hecho con amor", mostrándome las puntadas finas, la perfección, el planchado minucioso.

Cuando voy a comer a su casa prefiere saberlo antes para prepararme alguno de mis platos favoritos, pero no me dice que ese sea el motivo. Es arisca y hace como que no oye los agradecimientos, pero en su mirada se ve que se llena de satisfacción por habernos dado gusto.

Esta tarde me detuve a mirar su foto y la de mi padre, que las tengo en mi dormitorio. Sus ojos jóvenes me llevaron a recordarlos cuando aún era una niña, sus desvelos, su esfuerzo y su cariño hacia mí, llevado cada uno a su manera. Esas fotos son las originales, que están en mi poder desde hace muchos años. Estaban deterioradas con arañazos y cortes profundos ya cuando me las traje. De pronto tuve claro el regalo. Las pasé por el escáner y con muchísimo cuidado restauré las copias digitales. Después las imprimí en papel fotográfico a un tamaño tres veces mayor que las originales. Con ayuda de Pepa en poco rato tuvimos unos portarretratos adecuados y una preciosa caja de regalo. No pude esperar a mañana, así que fui a llevárselo a su casa.

Mi regalo ha sido las horas que le he dedicado a restaurar las fotos, restándoselo a mi trabajo o a mi sueño, y la ilusión con la que lo he preparado todo. Habría tardado menos en ir a la tienda y comprarles un perfume.

No es normal en mí aparecer por allí de improviso y menos ya de noche. Se sorprendieron un poco y me preguntaron si pasaba algo.

Yo: Vengo a traeros una cosita.
Mi madre: Pero hija, nosotros no necesitamos nada, ¿para qué te gastas dinero?
Yo: No me ha costado dinero.
Mi madre: Claro, hija, ¡que las cosas las dan gratis! (yo sonreía)
Mi padre: Tenemos muchísimos regalos vuestros que ni siquiera hemos estrenado. Nos comprais muchas cosas.
Yo: ¡Bueno, vamos, esto os va a gustar!

Mi padre desenvuelve la caja y va diciendo: "un libro..." "o algo así". Hay varios envoltorios sucesivos. Mi madre observa atenta. Les digo que es algo para los dos y mi padre pregunta si es algo que se puede poner  uno y la otra. Sonrío y le contesto que sí.

Al ver de qué se trataba, mi madre ha abierto mucho los ojos y la boca y se ha echado a llorar a la vez que me llenaba de besos y me abrazaba como creo que no me había abrazado nunca. No paraba de decirme gracias, gracias. Mi padre también me ha abrazado y me ha dicho que nunca le habían hecho un regalo tan especial. Mi madre me decía: Pero ¿cómo las has arreglado? Mira los ojos de papá, qué guapo era, ¿verdad?  Y mi padre: ¡Qué mata de pelo tenía mamá, y qué mirada, y qué cejas! Ambos me han contado la historia de las dos fotos, sus edades y el lugar en donde se las hicieron. Fueron fotos que intercambiaron por correo mientras mi padre hacía el servicio militar en Huesca. 22 años los dos.

Por esta y por muchas más cosas, a mi madre le perdono su "demasiado amor" que tantos quebraderos de cabeza me ha dado en la vida. Y a mi padre le sigo agradeciendo su bien quererme.

Siempre creí que a él lo echaría más en falta que a ella, porque si algo sigo teniendo claro es que ella y yo nos queremos pero no podríamos vivir juntas. Hace ya tiempo que sé que los echaré de menos cuando me falten, tanto a él como a ella. Son muy mayores y se apoyan entre sí. No saben vivir el uno sin la otra y viceversa y cuando alguno de los dos falte, el otro se irá deprisa también. Los quiero muchísimo.


¿Quién es?


La belleza es algo subjetivo, pero en la concepción que tengo de ella, las caras más bonitas que he visto suelen ser de personas con mezcla de razas.

Aquí dejo una cara que me parece preciosa: Ojos negros algo achinados, nariz pequeña y ancha, labios gruesos, pelo rizado natural y casi rubio. ¿Quién es esta muchacha?

27 diciembre 2009

Candolescente. Un blog con acceso restringido

Por fin he decidido contar aquella adolescencia lejana, podría decir que más lejana aún que la infancia. Un período de cambios, de descubrimientos, de frustraciones, de rebeldía y de soledad. No era la misma soledad apetecible de mi infancia o del resto de mi vida, sino que vino forzada de una parte por el muro que se interpuso entre mis padres y yo, y de otra por mi propia timidez, que ponía barreras entre otras chicas y chicos de mi edad y yo misma.

Si la infancia estuvo marcada por el descubrimiento de la naturaleza y los animales, la adolescencia lo fue por el descubrimiento de la sexualidad, de las prohibiciones y de las normas "sólo para chicas". Aparecen ahí los conceptos de bueno y malo, de moral e inmoral, las obligaciones a una edad demasiado temprana y la madurez forzada por mi cualidad de mujer.

He tenido muchas dudas antes de crear ese blog, pero al final lo he hecho. He optado por una apertura parcial, bajo petición y con ciertas restricciones.

24 diciembre 2009

Casi, casi, con más fotos

Esta tarde hemos ido las tres y una amiga a ver nuestra cueva. Ya queda solamente terminar algunos pequeños detalles de la obra y limpiarla. Después nosotras la terminaremos de hacer cálida, fresca, alegre, relajante, cómoda... hogar.

La finalización de las obras ha sido el inesperado regalo navideño que hemos recibido. El chico que se ha ocupado de todo es digno de recomendación. Nos esperaba con una caja grande llena de dulces tradicionales del pueblo, tres botellas de limoncello fabricado allí y dos pequeñas casetas para que aniden los pájaros. Es su regalo personal para nosotras, pero no ha sido el único. Inexpertas en cuevas, dejamos en sus manos los detalles y no nos ha defraudado. Tiene buen gusto y es buena gente.

Tenemos una fantástica terraza o porche de 90 metros cuadrados con una barbacoa de obra, espacio para el coche y "mi trozo de tierra para sembrar papas", como le pedí al chico. En realidad será un trozo de tierra para plantar un árbol y algunas plantas ornamentales.

Aquí os dejamos un par de fotos de las muchísimas que Pepa ha tomado mientras hemos estado allí. Es un placer compartir nuestra alegría con vosotras.


La cocina. Cuando fuimos a escoger los azulejos nos gustaron estos. Nos preguntaron de qué color y yo contesté: ¡De todos!


Chimenea al fondo, leñera a la izquierda. Hemos conservado la repisa de la chimenea original.

A petición de sinkuenta agrego unas fotos para explicar un poquito cómo están hechas las cuevas.

Están excavadas en la misma tierra, dondequiera que haya un monte o montículo. Tiene que tratarse de una tierra adecuada, dúctil pero impermeable. Las construían a base de pico, habitación por habitación. Los techos son cóncavos para darles mayor seguridad, aunque seguras ya lo son. En la zona hay muchas del siglo XVIII. La nuestra tiene unos 100 años.

Si te fijas en la siguiente foto, se ve la parte exterior de la cueva. Su tejado es el monte. De hecho hay un coche rojo aparcado casi encima a la izquierda. De la tierra emerge la chimenea.



Ahora un poco más a la izquierda, el monte desciende. Es en esa diferencia donde se excavó.



En la siguiente se ve parte de la fachada a la derecha, además de la tierra de "las papas" jajaja




Los muros de todas las habitaciones son la propia tierra. Por eso son torcidos, como se ve en esta foto. Hay quien lo arregla enderezando muros con yeso o cemento, pero nosotras hemos preferido dejarlos como eran originalmente. Le da el aspecto de cueva que nos gusta. ¡Es una cueva! Aunque no lo parezca, los techos son bastante altos.




En una de las habitaciones hemos querido que dejen al descubierto la pared virgen de la cueva (Cuando la compramos esa era la pared, sólo que con mil capas de cal superpuestas. Ahora tiene una pequeña capa de yeso encima. Se ven los estratos, todavía con algunos puntos de cal). No se aprecia muy bien el contraste en la foto y aún está por arreglar. Se encargará un viejito picador experto, porque jóvenes expertos en picar en fino cuevas a la manera tradicional no hay.




23 diciembre 2009

¿Embarazada? Se acabó tu contrato

Natalia lleva trabajando en el sector hotelero desde hace veinte años. A punto de cumpir los 40 y tras someterse a un tratamiento de fertilidad por fin se ha quedado embarazada. A dos meses del parto le acaba de cumplir su último contrato de un año en un hotel para el que lleva 10 años trabajando como recepcionista con contratos anuales. No se lo han renovado. Le han "arreglado los papeles" para que no cobre indemnización pero pueda cobrar el paro (el coste del despido lo asume el Estado). Su puesto ha sido ocupado por un hombre joven.

Es uno de los muchos miles de casos en los que la mujer embarazada, embarazable o madre se queda sin trabajo. La precariedad laboral afecta doblemente a las mujeres.

Sin embargo hace unos días se hablaba en los medios de la preocupante tasa de natalidad en España. "No es sostenible", decían. En unos cuantos años la población habrá envejecido y no habrá personas jóvenes activas que puedan mantener las pensiones de las jubiladas.

Mientras persistan los contratos basura (de formación, de prácticas, por razón de la producción, por obra o servicio...) y mientras exista la contratación durante años a base de pequeños contratos de uno o dos meses o de máximo un año, iremos cuesta abajo en derechos laborales de las personas y muy específicamente de las mujeres. La natalidad seguirá descendiendo.

"En mi empresa pocos empleados tienen un contrato de duración superior a los tres meses, pero los van renovando mientras no haya un embarazo o una reivindicación laboral justa, como el cumplimiento de las cláusulas contractuales. En el momento en que ocurre algo que no va al hilo de la explotación laboral, estás en la calle", decía otra mujer joven en su segundo contrato de un mes en la misma empresa. "Si eres mujer y por suerte tienes uno de seis meses y te casas, el siguiente te lo hacen de tres o de uno, no sea que te quedes embarazada".

En las entrevistas previas, a modo de "charla informal", le preguntan a la mujer si tiene hijos o si piensa tenerlos próximamente. Es determinante su respuesta o su realidad para ser o no ser contratada. Las empresas "no se pillan los dedos", pero siguen empujando al Gobierno hacia la mayor flexibilidad en los despidos o amenazan con cerrar. Es un chantaje que apenas tiene una base lógica.

Mientras exista una regulación laboral tan precaria, seguirá existiendo una relación laboral de vasallaje, de abusos, de incumplimiento bestial de las cláusulas de los contratos. El papel escrito no cuenta. Dos días de descanso semanales, un mes de vacaciones, pagas extras, 40 horas de trabajo semanales... es papel mojado. No se cumple en la mayoría de las empresas. Si exiges que se cumpla, te vas al paro. Si eres mujer tienes el doble de papeletas para la rifa. Esta es nuestra empresa privada.

22 diciembre 2009

Al final muere ella

C: ¿Qué tal la película?
P: Las he visto mejores. Lo curioso -para ser made in USA- es que la actriz fulanitadetal sale fumando.
C: ¿Hace de mala entonces?
P: No, pero al final muere.
C (para sus adentros): ¿De cáncer de pulmón?

Diálogo doméstico de esta tarde. No digo el nombre de la película ni de la actriz para no chafar finales.

20 diciembre 2009

El otoño es más otoño cuando empieza a dejar de ser

La semana pasada, durante una guardia salí al patio a pasear a pesar del frío y del viento. Había nubes oscuras que dejaban caer algunas gotas finas de agua. El sol se colaba durante unos segundos por alguna rendija. Se estaba bien en medio de aquel silencio solitario.

Hace poco que cayeron de verdad las hojas. El otoño es más otoño cuando empieza a marcharse y yo hice estas fotos con mi móvil para detenerlo en mi memoria. Quería compartirlas.














Se nos olvida que hay una vía directa y pacífica

En los pequeños conflictos entre personas,
si no hay peligro evidente
¿por qué no intentar el pacífico cara a cara?

¿Por qué sentimos ese morboso placer
cuando conseguimos del otro por la fuerza ajena
algo que no tuvimos ni siquiera
la decencia (valentía, delicadeza, detalle...)
de pedirle?



Hace unos cuantos martes intentábamos dormir en vano. En casa de unos vecinos estaban celebrando una animadísima fiesta con coros, golpes, bailes y música de esa que llega en forma de bum bum bum que hace vibrar las paredes. A las siete de la mañana había que levantarse. Esperamos dando vueltas en la cama hasta las 12 de la noche. Después, más irritadas, hasta la 1. A medida que pasaba el tiempo, el ruido se hacía más insoportable conforme el sueño se hacía más imposible. A las 2 me dice Pepa: "Dime el número de la policía local, ya no estoy dispuesta a aguantar más". Es curioso que ella dijese eso, pero es verdad que la costumbre o la moda nos hace reaccionar a bote pronto de la manera "más sensata".

Mi pensamiento se iba ya hacia el ordenador para buscar en Internet el número de teléfono cuando reaccioné y me dije: Candela, sé consecuente con tu forma de pensar.

Recordé aquel lejano día cuando le compré a mi hija un coche de segunda mano con un motor perfecto pero tan viejo y deteriorado que el salpicadero se descolgaba y el plástico se desmoronaba al presionarlo. Lo tenía aparcado en la acera junto a mi casa y conseguí convencer a mi dis-pareja (parafraseando a Pena Mexicana) para que me ayudase a ponerle unos cuantos tornillos.

Bajamos y nos metimos en el coche. Era por la tarde, aún de día y con sol. En chándal y con las dos portezuelas abiertas estábamos en la tarea, destornilladores en mano, cuando una furgoneta grande de la policía nacional se paró a medio metro de mi portezuela (la izquierda). Se bajaron dos policías -en plan hombres de Harrelson-. Uno de ellos se plantó a mi lado y el otro se fue hacia la otra puerta del coche. A mí me dio la risa, de la buena, al ver a "mi" policía que me exhortaba: "Suelte el arma destornillador y salga del vehículo con los brazos en alto".

Enseguida -no había más que tener dos dedos de luces- se dieron cuenta de que el coche era mío y de que estaba hecho una ruina. A la vez que me entraba la risa y salía lentamente del coche, le dije al policía "No se pensará que lo estamos robando ¿no?". Vista la documentación y tal, y sinceramente de forma muy educada, me pidieron disculpas y me dijeron que unos vecinos los habían llamado para alertarlos del robo de un coche. Levanté la mirada y allí estaban los vecinos, en el balcón del segundo piso, con aquella cara de satisfacción por el deber cumplido y por vernos dando papeles y explicaciones. Como tengo buen carácter, no me tomé a mal el aviso de los vecinos y mucho menos la irrupción de la policía. Quedó para mí en una anécdota incluso divertida y algo absurda (absurda porque se trata de un barrio tranquilo donde no había delincuencia y donde llevaba viviendo más de 20 años, si bien no conocía a aquellos vecinos). ¿Qué habría hecho yo en lugar de esos vecinos? Primero fijarme en la pinta del coche ¿robable aquella cosa pequeña y oxidada? ¿Mi pinta de cuarenta-y-muchona con chándal y zapatillas de estar en casa daba el perfil de terrorista o roba-coches?

Volviendo a la fiesta de mis vecinos, extrapolé y pensé: ¿Llamar a la policía? ¿Se trata de un incidente de seguridad? ¿Es tan grave? ¿Puedo resolverlo por mí misma? Claro que podía resolverlo, o intentarlo al menos. Así que me puse algo encima del pijama y bajé. Llamé a la puerta de los vecinos. Me abrió un chico que, nada más verme, juntó las manos en señal de perdón y me dijo "lo siento, lo siento... pero ¿no es tan tarde, verdad?". Amablemente le dije: las 2 de la madrugada, y tenemos que levantarnos pronto. Me volvió a pedir disculpas. Subí a casa y nos dormimos en el silencio sobrevenido. Asunto resuelto.

Cada vez con mayor frecuencia queremos que desde arriba nos saquen las castañas del fuego, cuando muchas veces las cosas se resuelven con un trato directo con las otras personas en conflicto. Sin más alardes, amenazas o aspavientos. Después hay otros pasos sucesivos a seguir en caso de no resolución del problema. En clase tantas veces oigo al delegado de un grupo decir alteradísimo que van a enviar un escrito a la Delegación contra el profesor o la profesora tal o cual porque no ha corregido o puntuado según un criterio que consideran justo, o porque hay dudas de que se esté ateniendo a la programación. Mi respuesta es: primero habladlo con él o ella. Si no hay acuerdo hay otras vías, pero nunca ir directamente al punto más alto saltándose los más bajos, olvidando algo tan esencial como la comunicación directa y pacífica.

19 diciembre 2009

Solamente me sale gracias y te quiero

No tuve que ir a la clínica Teknon ni mucho menos. La verdad es que mi nariz no necesita retoques, que mis bolsas, arrugas y ojeras cuentan mi vida y que nunca me pondría los labios como morcillas.

Pero sí que rejuvenecí para el día de ayer. Clínica La Pepa. Precio: dejar el libro de lado durante dos días. Método: No organices nada, que yo me ocupo.

Hasta la noche de ayer no sabía quiénes íbamos a estar en casa. Sabía que vendría mi hija mayor y que Pepa y Mayita iban a preparar la cena y la mesa, la pequeña de pinche. "Tú vete a la fisio mientras nosotras hacemos unas cosillas". ¿Qué me va a hacer la fisio? "Tú ve y ya te hará lo que sea". ¿Cómo es la fisio? "¡Ehhhhhh!" Vale, vale.

De vuelta en casa, masajeada y vibrada, una película quasi-infantil en pantalla. La chimenea encendida. La peli no me gusta. "Es para que te duermas". Pues vale, a dormir una siestecita en el sillón.

Claro, llega la noche y estoy radiante. Cuatro servicios sobre la mesa. O sea, que mis dos hijas, ella y yo. Pétalos de rosa sobre el mantel. "No entres a la cocina, tú descansa".

Descanso hasta que llaman a la puerta. ¿Mi niña grande? ¡Síiiii! Mi niña, Lex y B. Regalos, besos y achuchones.

El menú exquisito. Muchos platos ha cocinado Pepa, en realidad casi todos, pero como los de anoche ninguno. De alta cocina. Acompañados de un Rioja reserva 2000 y de una serie especial de cava Juvé & Camps. Por último la tarta ¿de qué? ¡De chocolate! Encima dos velas numeradas, escrito mi nombre.

Cinco personas muy queridas a mi lado. No sobraba nadie. Faltaba quien no pudo venir por la gripe o el trabajo.

Tuve todo el tiempo esa sensación que me resulta difícil describir: un pellizco de emoción en la boca del estómago. Mis dos niñas, mi pareja, mi Lex y B. El finísimo humor inglés de B tuvo mucho que ver en la parte divertida de la cena. El cariño que recibí me salía devuelto a borbotones. He sido muy feliz porque me han hecho muy feliz.

¿No parece que tengo el brazo larguísimo? jajajaja

18 diciembre 2009

Chocolate a falta de teta


Tal día como, hoy hace 51 años

EE.UU. lanzaba al espacio el primer satélite de comunicaciones de la historia, el SCORE.

El Che Guevara tomaba la ciudad de Fomento a pocos días del inicio de la revolución cubana.

Pero al otro lado del mundo solamente llovía -como hoy- y ajena a todo, una recién nacida hambrienta chupaba chocolate.

17 diciembre 2009

Lalo y la publicidad

Lalo se hace mayor. Le gustan las películas de acción. Atrapa ladrones, coches y fugitivos al vuelo. Pero si le das a elegir, prefiere los anuncios. Se puede pasar horas mirando la televisión.

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16 diciembre 2009

Porque yo lo digo

No es un déjà vu. Pasó este verano y hoy otra vez, con personas distintas.

Conocida de poco: No consigo encontrar en Google tu blog. Pongo "porque yo lo digo" y no me sale.

Conocida de tiempo: ¿Le ves pinta de tener un blog que se llame porque yo lo digo?

Conocida de poco: No, pero era algo así ¿no?

14 diciembre 2009

De alguna manera presiento un regreso

Podría decirse que escribo mis memorias, desde el momento en que decidí crear un blog de infancia. Dentro de mí hay resistencia a llamarlo memorias porque en cierto modo me suena a sentirme una vieja moribunda. Gozo de una salud perfecta y no soy vieja. Mi niña de entonces me habría visto ya casi una anciana. Cuando de pequeña pensaba en el año 2000 decía "¡madre mía, para el 2000 seré una vieja de 41 años!".

Hace tiempo que empezaron a agotarse los recuerdos de infancia y dejé preparado el blog de la adolescencia, con su nombre y todo. Le voy dando largas y largas. Me pregunto por qué. Después de días he llegado a la conclusión de que me detiene el hecho de que mi adolescencia no fue feliz, mientras que sí lo fue mi infancia y de ésta la primera parte hasta los 6, lo mejor de mi vida. De los 6 a los 11 no estuvo mal, pero ya no era lo mismo.

En los primeros seis años fui libre, con todo el significado que tiene la palabra libertad, sin cánones, sin miedos, sin roles de niño o de niña. Tampoco había Dios ni, por lo tanto, pecado o infierno. Y sobre todo apenas había personas, pero sí muchos animales y un horizonte de 360 grados.

Progresivamente fueron apareciendo personas y desapareciendo animales. El horizonte se ocultó detrás de casas y luego de bloques de pisos. Eres una chica y no debes... Es un chico y puede...

Con las personas llegaron las decepciones, las pequeñas tiranías de la infancia, que no encajaba bien. Mi mundo había sido un mundo de animales y los animales no se burlan ni traicionan. Siempre sabes lo que puedes esperar de ellos.

Si la infancia estuvo marcada por la libertad y la alegría de vivir, de la adolescencia guardo muchos recuerdos tristes. ¿Merece la pena escribir sobre eso? Tal vez para mis adentros o para mis cajones. Papeles de esos que haciendo limpieza, decides años después tirar a la basura.

Moviéndome mentalmente por mi vida me veo y me ven como una persona alegre, y lo soy. Es más, soy enormemente afortunada. En primer lugar por mis hijas. Nunca creí -después de haber sido hija de madre dogmática y arisca- que yo habría podido ser distinta y que podrían ser tan cercanas y confiar en mí como lo hacen. En segundo lugar está mi relación de pareja. He hallado la aguja en el pajar desde que conocí a mi chica. No es porque sea la última en llegar, es porque está hecha a mi medida, o yo a la suya.

Pero cuando pienso en mi muerte, o cuando alguien habla de la muerte, de dónde quiere ser enterrado o dónde prefiere que tiren sus cenizas, yo veo algo así como la bola de Google Earth que gira, se acerca, primero borrosa y luego nítida a aquel lugar en donde fui libre y feliz.



Siempre fui solitaria a la par que sociable: prefiero estar sola a estar entre mucha gente, prefiero el silencio al ruido e incluso a la música. Pero en el fondo soy una maldita ingenua que se enamora del alma de las buenas personas y que se hunde en la miseria cuando una de esas personas -quizás mi alma necesite lentes- la traiciona. Ocurrió pocas veces, pero me marcó. Tal vez me convierta en una anciana solitaria -pero no gruñona- y me vaya a vivir y a morir a aquella cabaña imaginaria con muros de piedra, acompañada de unos cuantos animales y de mi Pepa, si aún tengo la fortuna de tenerla a mi lado.



Imagen paraguas: "La parapluie jaune". Sylvie B

Segunda imagen: "Antropofagia" Tarsila do Amaral. Fundación March

11 diciembre 2009

¿Qué hacéis ahí tan solas?

20 mujeres granadinas y bilbainas estábamos comiendo en la terraza de un restaurante en las afueras. Todas juntas y sentadas a la misma mesa, charlando, comiendo, fumando y bebiendo animadamente. Había, al menos entonces (89 ó 90), una fuerte conexión entre vascas y granadinas. Entonces pasó junto a la mesa aquel hombre joven y solo. Nos miró, se detuvo y dijo: ¿Qué hacéis ahí tan solicas? Creo que todas pensamos lo mismo a la vez porque soltamos una sonora carcajada. No era burla ni el chaval lo entendió así. Fue la respuesta divertida a una pregunta tan "obvia" que solamente una carcajada podía mostrar su absurdidad.

Creo que aquel chico podría representar hoy a (casi) todo el periodismo español, que ha visto a 3.000 mujeres juntas y no le ha dado la mayor importancia. Bah, mujeres solas.

¿Solas?

Ya volvieron a sus casas las feministas y comienzan a escribir en sus blogs, como ha hecho Lena de Mar en su primera entrega y en la segunda. O también en el blog Mira que te diga de Silvia Molina Castaño.

Para quien todavía no se crea que Granada se quedó pequeña, podéis ver los vídeos que han colgado ya en Youtube:



De Oxytocina:



De geubiok (1)



(2)



(3)



(4)






Hai già finito di prendere tutto quanto? :p

09 diciembre 2009

Una guardia tranquila

Me acuesto a las 6 de la mañana y me levanto a las 8. Mi jornada comienza con una hora de guardia a las 9:15.

9:15 – Entro en la sala de profesores. Pongo mi portátil sobre la mesa. ¡Qué bien, no falta nadie! ¡Estoy sola! ¡Aprovecharé para trabajar! Espero a que pase el ruido en los pasillos por los cambios de clase.

9:22 – Todo está en silencio. Encima de la mesa hay dos periódicos. Debajo de la mesa está el brasero. Al lado de la mesa está el sofá.

9:23 – Antes de ponerme a trabajar, voy a hojear los periódicos. Me siento en el sofá. Cojo el primer periódico. Leo la portada.

9:40 – Me despierta mi compañera Lucía con un “¡mierda de internet!”.

9:45 – Termino de arreglar lo de Internet. Lucía me sonríe y se marcha. Me siento en el sofá. Cojo el segundo periódico. Leo la portada.

10:15 – Me despierta la sirena. Fin de la guardia.

07 diciembre 2009

Sorprendente

También lo habría podido titular "Mirar para otro lado".



¡Lo que ha avanzado el sector turístico una ciudad pequeña!

"Granada ya no queda como la simple ciudad de la Alhambra. Este fin de semana de puente ni Madrid ni Barcelona pudieron hacerle competencia a la ciudad". Así comienza el hurra por la ocupación hotelera para este puente en el periódico Ideal. Que no quedan camas ni en las pensiones más baratas ni en los hoteles de 5 estrellas. Que estamos saliendo de la crisis, eso se dice.


Las 3.000 feministas ¿dónde están? ¿En tiendas de campaña?

06 diciembre 2009

3.000 mujeres aquí al lado (y yo con estos pelos)


Aquí al lado 3.000 mujeres se están manifestando por la calle. Sabía de estas Jornadas y también que no podría asistir. El tiempo apremia y mi trabajo tiene que estar listo para final de enero. Cuento con este puente, fines de semana y con las vacaciones de navidad para ello, y aún así lo veo difícil.

Pero yo quería hablar de las Jornadas Feministas Estatales, del deseo de estar ahí en medio y no aquí al lado. Me acaba de llamar una amiga de Zaragoza. ¡Hemos venido 200 de Aragón, tía, no te lo imaginas, esto está "petao" de mujeres! Apenas puedo oírla entre el griterío de mujeres en la Gran Vía. La noticia en el periódico local no ha durado mucho en portada. Una leve referencia y algunos comentarios, la mayoría no sé si para no leerlos o para leerlos y empaparse de lo que piensa la peña. Querría ver fotos y artículos. Espero que Lena, que sé que está también por aquí, nos haga un buen reportaje de lo que están siendo estas Jornadas Feministas.

05 diciembre 2009

Un puente para soñar


Para soñar con un viaje, un paseo sobre las hojas. Está precioso el campo.

Para soñar con una dorada a la espalda en aquel chiringuito de La Herradura, oliendo, escuchando y viendo el mar.

Para soñar que duermo ocho horas -o más- todas las noches.


¡Pero no para soñar así, caramba!

He "aprovechado" mis cinco horas de dormir para soñar que le estaba contando a Pepa algo que me había dicho mi padre, pero ella no lo comprendía y me esforzaba por explicárselo. Entonces le hice un cuadro de texto marginal con los conceptos más importantes en negrita.


¡Manda huevos!

04 diciembre 2009

Antimorbo


¡¡¡ ¿¿¿¿ Que no sabes inglés ???? !!!



-Aunque supiera lo negaría.
-Además no sé nadar.
-¡y fumo!



Reedición para desearos un

HAPPY BRIDGE!!!!!!!!!!!!!!

02 diciembre 2009

No soy Lisbeth

¿Quien no ha sufrido (o disfrutado) alguna vez a

·
Hackers
· Crackers
· Lamers
· CopyHackers
· Kakkers
· Bucaneros
· Phreakers
· Newbies
· Script Kiddies,


o algunas de sus burdas imitaciones?



Se les suele englobar -por desconocimiento- en una sola palabra: hackers, así que los englobaré también aquí, que para el caso me vale. Como en la vida misma hay hackers buenos y hackers malos, como hay brujas malas y brujas buenas -y dicen que haberlas haylas-.

El hacker malo entra furtiva, anónima y deliberadamente en el sistema de una persona u organización con la intención de beneficiarse obteniendo información (hacker espía), o para destruir o modificar datos del sistema-víctima (hacker destructivo), o incluso para impedir el acceso libre de otras personas a la información (hacker tapón). A veces lo hace en plan sicario a sueldo, otras en solitario. Su motivación puede ser económica, política, industrial... Unos cuantos más actúan únicamente por el placer que les proporciona perjudicar a una víctima inocente (hacker psicópata).

El hacker bueno se limita a demostrar las vulnerabilidades de un sistema, y a raíz de lo cual se crean medidas para subsanarlas. Otras veces se dedica a desmontar el chiringuito de los hackers malos, puesto que conoce sus recursos, su armamento y su estrategia. Y otras a identificar a personajes siniestros que acosan o meten miedo a otras personas bajo el amparo de su supuesto anonimato.

Este último trabajo me está aportando mucho más de lo que imaginaba, incluso compensa con creces la falta de tiempo y de sueño, porque no está nada mal eso de conocer a fondo lo malo para poder evitarlo o interceptarlo e identificarlo.

30 noviembre 2009

Patinaje emocional

A lo largo de la vida vamos aprendiendo a ser más fuertes, a saber decir que no, a que nos resbalen comentarios hirientes en el trabajo, a sabernos apartar de las personas tóxicas que no nos aportan nada positivo y absorben nuestra energía... Aprendemos a dar sabios consejos a otras personas que tienen problemas de pareja, o que se frustran si no tienen pareja, o que tienen miedo y rechazan las relaciones de pareja...

Con el tiempo, a fuerza de aprender, acrecentamos nuestra inteligencia emocional y conseguimos movernos y salir indemnes de la jungla humana, del desempleo, de problemas económicos, de familias castradoras, de mil situaciones que en otras edades solían comprometer nuestro bienestar.

Sabemos de memoria lo que es el chantaje emocional, el maltrato en parejas: "no sé cómo no se dan cuenta, yo a la primera lo/la mando a freír monas y tan feliz".

A pesar de todo lo que sabemos y de lo que creemos saber, nos dan 2, 3, 15 palos esas personas por las que bebíamos los vientos. Nos utilizan, nos manipulan, nos exigen, nos ponen malas caras, nos ponen algún cuernecillo que otro, o un buen puñado de cuernos, a pesar de que establecimos una relación de fidelidad. De cada una de esas relaciones salimos como pudimos, después de rebajarnos, vencernos, vendernos, sin conseguir gustar, que nos quieran, que nos valoren, que nos respeten... a veces con el alma y el cuerpo maltrechos. A cada salida unos meses o más de duelo y reflexión, de recuperación y de programación de futuro.

Entonces hacemos el retrato robot de la persona de la que podríamos, o mejor dicho, de la que deberíamos enamorarnos. Después de muchos palos decides: "Solo quiero una persona normal", "no quiero reinas ni reyes, que para reina ya estoy yo", "y si no, nada, porque he aprendido a estar sola y a disfrutarlo"...

Y es entonces cuando aparece en tu vida una persona normal, ni una reina ni un rey. Una persona que te respeta, que está pendiente de tus esfuerzos, que te da una palmada en el hombro para que no decaigas, para que no desistas, que te apoya en tus momentos bajos, que está siempre ahí, que no te cuestiona, que no te exige, que te desea y te quiere profundamente. Entonces te vuelves a plantear compartir tus cosas, tirar esa ropa que no usas para hacer sitio en tu armario. Te enamoras y dices ¡por fin!

Pasan los días, los meses. Una balsa de aceite. Entonces te das cuenta de cuánto de positivo tiene convivir y compartir tu tiempo con una persona como ella: puedes seguir haciendo tu vida normal sin miedo a reprimendas, caras largas o represalias. No tienes que estar todo el tiempo pensando en ella porque ella está ahí y tú estás a salvo. Puedes ser tú, crear nuevos proyectos laborales, retomar aquella carrera abandonada, pintar esos cuadros que nunca pudiste pintar porque la otra o el otro se ponían celosos de tu tiempo y de tu éxito. Puedes hablar con tus amigas por teléfono sin que alguien esté cronometrando el tiempo que empleas, el tiempo que "le robas"...

Te acuerdas de aquello que sentiste una vez por A o por B, cuando pasaba "noches de trabajo", de "congresos" y no te llamaba ni atendía a tus llamadas, y pasabas las horas dando tumbos en la cama, echando de menos su cuerpo y su voz. ¡Cuánto deseo había en tu cuerpo! ¡Cuánto añorabas hacer el amor con aquel o aquella que estaba "a su bola", que quizás estaba con otros, con otras!... No te quedaba tiempo para pensar en nada más ni hacer nada más, tus proyectos se iban al garete porque no tenías tiempo para ellos, tus hobbies dejaban de serlo, porque no tenías capacidad para crear, ¿qué capacidad ibas a tener si tu pensamiento estaba permanentemente ocupado en buscar una manera de acercar a aquella persona, de encandilarla, de enamorarla más, de hacerte desear, de hacerte respetar, querer, comprender?

Ahora tienes otro mundo, tienes tu vida, tu trabajo, tus amigos, tu tiempo, tus hobbies... ¿y tu pareja? Por ahí está dejándome ser, dejándome estar, aburriéndome de ella. Casi es una sorpresa cotidiana encontrarla al volver a casa ¡Anda, pero si estás ahí! Dejas de desearla, empiezas a reprocharle cualquier cosa. La base de datos de los reproches es inmensa: coge uno y úsalo. Y decides enfollonar la relación para darle "vidilla"... y al final, después de ver la cara anonadada de la otra parte, terminas con esa relación, si es posible culpándola de que no haya funcionado.

Y volvemos actuar como al principio. Nos enganchamos de alguien que monopoliza todos nuestros pensamientos, que nos enciende la pasión, la duda, la zozobra; que nos hace pasar noches en blanco, unas veces de amor, otras de interrogantes, días de miedo. Esa persona forma parte de nuestro pensamiento full time. Abandonas proyectos, hobbies, amistades... pero cuando esa persona especial entra por tu puerta se te abren las carnes y piensas, sabes, que por esa persona, por tenerla contigo, porque te quisiera, te deseara, te respetara y te apoyara... darías la vida.



En el campo de lo emocional en la pareja, todo el mundo sabe patinar
hasta que por fin se consigue la madurez.
¿A qué edad llega la madurez?
La mayoría de las veces, nunca.



AGREGADO A POSTERIORI (he recordado y encontrado entre mis discos una canción de la Vanoni, que Internet casi no sabe que existe, pero tiene algo en Youtube. La he traducido a mi manera, a excepción de los puntos suspensivos que nunca entendí lo que decía ahí. Y dejo el enlace de Youtube):



Y la letra traducida por mí (se piden disculpas por no ser jurada ;) )

Primera parte de la historia
nosotros que somos cada vez más felices.

Después está el hoy sin gloria
nosotros que somos cada vez más amigos,
resbalando lentamente en este extraño limbo
que está lleno de atenciones y respeto.
Quizás ya se nos terminaron las metas.

Además no desconfiamos uno del otro,
no estamos ya ni siquiera un poco celosos.
Gritamos todavía de placer
pero ya no nos mordemos golosos.

La tranquilidad nos envuelve
como una sombra gris
que nos roba el gusto de los más bellos colores.
¿Ves? somos cada vez más sinceros, más fieles…

Loca por decir que sí,
he dado la vida por vivir aquí.
Entre tus brazos, en cambio (…) la sinceridad.
(creo que dice "entre tus brazos es en cambio excusa la sinceridad)
¡No puedo morir de serenidad!

Tú eres estupendo,
tú, quizás demasiado bueno para mí.
Delfines, alegres delfines, son mis pensamientos
con las ganas de quedarse en alta mar.

Loca por decir que sí,
he dado la vida por vivir aquí.
Entre tus brazos, en cambio (…) la sinceridad
¡No quiero morir de serenidad!

"Delfini"
Ornella Vanoni

29 noviembre 2009

Monólogo a las 4 de la madrugada

Un libro ya está terminado... ¡chin chin! Oe oe oeeeeeeee. ¡Justo a tiempo! El otro va de culo, pero lo terminarás a tiempo también. ¿O no puedes?

No. No puedo, pero tengo que poder.

Te hiciste castillos en el aire sobre tus posibilidades, te crees sobrenatural, tontalculo.

Ya :X

¿Y cuando lo acabes, qué?

A recuperar risas, besos, juegos, amigas, familia, holgazanerías, cine, morbo, mar, libros (para leer), calle...

¿Calle? Pero si nunca te gustó la calle.

¡Adoooooro la calle!

28 noviembre 2009

Impresiones profanas

-¿Qué está permitido hacer?
-Todo lo que pueda sin ser pillado.
-¿Qué es bueno?
-Todo lo que es bueno para mi.
(Respuestas -sinceras- de un psicópata asesino en serie que ya nada tenía que perder. Respuestas demasiado frecuentes a día de hoy)



No soy experta en el tema y soy consciente de que puedo estar diciendo tonterías. Hablo desde mi impresión de persona ignorante en cuestiones de Derecho y de Justicia y desde la indignación y la impotencia ante determinados comportamientos humanos violentos como el que ha llevado a la muerte a una niña de 3 años a manos de un pederasta**, o el del asesino de Nagore.


**Acabo de leer que fue accidental, pero el ejemplo vale para otros casos de niñas que sí murieron al ser violadas y maltratadas.

Hablamos con orgullo de nuestro sistema (y en particular el carcelario) como el de la educación, la rehabilitación y la reinserción. Aunque la estadística y los ojos que tenemos en la cara nos demuestren que hay seres humanos que ni se educan, ni se rehabilitan ni se reinsertan. Por ejemplo violadores, pederastas y pedófilos, maltratadores de mujeres, asesinos en serie... "No tenemos un estado de Derecho punitivo, sino educativo". Mis preguntas son: ¿No se podrían hacer excepciones? ¿Por qué un psicópata permanece (cómodamente) en prisión 5, 7 años después de cometer un crimen del que no se ha arrepentido y que con toda probabilidad va a volver a cometer? Quizás no cometa en el futuro los mismos errores. Uno de ellos me dijo una vez "no cometeré más errores" y no los cometió. Cometió delitos pero no errores. Se refinó hasta ser indetectable. Los psicópatas son expertos en "buen comportamiento".

No hablo de la pena de muerte, que me da repelús sólo pensarlo, pero sí de un sistema menos ingenuo, de que la cárcel sea un lugar en el que se van a rehabilitar personas rehabilitables (es que además a esas personas creo que no habría que llevarlas a prisión sino a otro sitio), pero al que van a "pagar" y a quitarse de la circulación quienes no lo serán nunca. A trabajar y a ser útiles a la sociedad desde su encierro, sin concesiones ni premios de ningún tipo. Una pregunta más que me hago: Una cárcel más dura para esos tipos mencionados ¿no podría ser hasta cierto punto* una medida disuasoria?

*Sólo hasta cierto punto, porque el germen de la agresión y la reincidencia lo llevan dentro.

26 noviembre 2009

Trece mujeres: Pensar... recordar... reaccionar

He leído el último post de Marcela y el de Hester Prynne y con los dos he hecho un único enlace a mi propio recuerdo.

Anteayer llamé a M., una amiga muy querida que está peleando contra una grave enfermedad añadida a una situación personal difícil que nada tiene que ver con esa enfermedad: la reciente ruptura con su pareja -otra buena amiga mía- después de veintitantos años de convivencia. M, como siempre, reía, frivolizaba con sus males, hacía chistes de sus miedos... Y la conversación nos llevó a principios de noviembre del año 1990. Ella me contaba cosas de mí misma que se me habían olvidado. Yo recordaba menos y peor que ella, quizás porque mi memoria es en exceso selectiva, y me quedé con lo que sentí en esos días. Por eso solamente recordaba algunas escenas y algunas mujeres que estuvieron también allí.

Éramos 13, todas lesbianas (¿yo también?). Unos días después llegaría mi sentencia de separación de mi marido. Todo había sido muy rápido. Lo dejé con todo el dolor de mi alma porque lo quería mucho (aún lo sigo queriendo mucho, aunque él no lo sabe), pero ya hacía tiempo que no estaba enamorada de él. Lo supe cuando me enamoré de ella, de Lex, pocos meses antes de esa reunión de mujeres en dos casas rurales alquiladas en la montaña. Por eso fui coherente, a pesar de las dificultades, y decidí hacer las cosas como me parecieron más honestas para conmigo y para con él: me separé aún cuando él decía estar enamorado de mí y aún cuando Lex no me quería en su vida. Pero si yo estaba enamorada de una mujer, si la deseaba como no había deseado a nadie, era porque "yo era lesbiana y no lo había sabido hasta entonces". Por coherencia no podía continuar al lado de él. Habría sido injusta con él y conmigo misma.

Fueron tiempos muy difíciles para mí, aunque me mantuve fuerte y segura. Fui apátrida, rechazada e incluso agredida por un lado y por el otro: En mi reciente mundo lésbico porque yo "era una hetero jugando a lesbiana"; por mi anterior mundo heterosexual, porque yo había "mentido conscientemente" toda mi vida anterior con respecto a mi sexualidad, (no era cierto ni lo uno ni lo otro). En medio de todo estaba yo y mi lucha solitaria, judicial y familiar, para no perder la custodia de mi hija, a la que -durante cinco años más- se me reclamó en varias demandas y bajo un único argumento: mis "perversiones" lésbicas. Así rezaba en las denuncias y esa frase no podré olvidarla nunca. Eran otros tiempos, el camino no estaba tan llano y adornado de leyes y derechos como lo está ahora. Para mí suponía entrar contra corriente -por coherencia- en ese mundo que para la mayoría era el de lo "perverso" (para mí era simplemente un mundo sincero* y, como dije antes, un mundo que a su vez me rechazaba porque no cumplía con los "cánones", a la vez que yo intentaba establecer una relación con la mujer de la que me había enamorado y que también me rechazaba porque "no era su tipo", y creo que no era su tipo porque en su entorno se me miraba con desconfianza).

M me contó por teléfono cosas de mí y de aquellos días. M había sido anteriormente pareja de Lex y conservaban (y conservan) una amistad sincera y cómplice. Ella me recordaba allí como a la convidada de piedra, se acordaba de mis vicisitudes familiares y judiciales, de los te deseo y no te quiero de Lex, de cosas que dije, de cosas que hice. Las recordaba con un cariño que yo ya sé hace años que me tiene, pero entonces, en aquellos días de noviembre de 1990, yo no lo notaba porque ya ese entorno me había recubierto de una capa impermeable de "advenediza pseudolesbiana". Sus muestras de afecto de entonces las tomé como diplomacia suya, sin más.

De lo que me contó deduzco que me lo pasé muy bien esos tres o cuatro días entre aquellas 12 mujeres que poco después formaron parte de mi vida. Enseguida me respetaron y me quisieron, fueron y siguen siendo mis amigas, unas más y otras menos. M me ha prometido que vendrá a verme (no quiere que vaya nadie a verla ahora) y me traerá muchas fotos de aquellos días. Dice que las mira con frecuencia porque "fue una cita inolvidable" aquella de tantas mujeres, tantas historias y con tan buena onda.

Un mes después comenzamos Lex y yo la relación más bonita de mi vida (hasta la llegada de Pepa), que duró ocho años. Juntas y visibles en todos los ámbitos de nuestro entorno. Aquellas 12 mujeres estuvieron y siguen presentes en mi vida. En especial M, mi M mayúscula. Y por supuesto mi Lex.

Y todo esto por lo que dijeron Marcela y Hester. Por un lado el recordar viejos tiempos y sentirte querida ya desde entonces. Por el otro, que es necesaria la cautela antes de juzgar, etiquetar y excluir a una persona por lo que hace, por lo que hizo, por lo que hará, cuando su coherencia no encaja con la nuestra, generalmente porque no sabemos demasiado de la suya.

Seguí adelante con mi coherencia. Ni que lo llamaran "perversiones", ni las leyes, ni los chantajes, ni ninguna otra cosa en la vida pudieron ni podrán quitarme el amor de mi hija, aquella de la que quisieron separarme "por su bien" y no lo consiguieron. Ni me hicieron desistir de lo que consideré coherente con mi vida y mi deseo. Y seguimos en la brecha de la respetable coherencia, cada una con la suya y siempre con la cabeza alta.


Marzo 1991, Lex de espaldas, yo sentada

*Alguna vez hipócrita también, como el de una que abiertamente en un bar se burló a carcajadas y en voz alta de mí por tener una hija. Ella tenía otra, pero la presentaba como hermana. Lo supe años después. Hubo varias anécdotas más de hipocresía enmascaradas de militancia, pero en muy pocas mujeres que, de alguna manera, reclamaban que pidieses perdón por no ser tan "pura" como ellas, pero cada vida es diferente de otra por más que ambas sean honestas y coherentes.

23 noviembre 2009

¿Cuando dirán que el cuerpo de un fumador es tóxico?


Lo vi venir el día en que me planté en Göteborg a principios de abril del 98 y encontré por primera vez un aeropuerto en el que no había zona de fumadores. Al grupo de españoles e italianos que viajamos a Suecia nos parecía todo sacado de una película de ciencia ficción. Visitamos la casa de Freddy, en Lessebo, para cenar. Él y su mujer eran fumadores y su casa, como todas las casas que vimos en esa zona, espectacularmente grande. En la calle un frío gélido de helarse los mocos a los dos minutos, pero en casa de Freddy, él, su mujer, los dos italianos, la italiana, mi compañero español y yo, hacíamos excursiones para fumar al jardín cada hora. Ciencia ficción, ya digo (ya sé, ya sé que ahora suena de lo más normal, pero os juro que antes no). Y era solamente el comienzo. "Son los aires que vienen de USA" nos decía Freddy, "pero no nos podemos hacer 'los suecos' porque de allí vendrán vientos más fuertes. En Europa acabamos siempre imitando sus puritanismos, empezando por aquí, por el norte. A vosotros os llegará en pocos años". Y nos llegó. Ahora estamos al mismo nivel que estaban en Suecia hace 11 años. Y hace 11 años estaban en Suecia como lo estaban en USA hace 20.

Echo el ojo el otro día sobre la televisión mientras daban un programa de reporteros que no sé cómo se llama, algo así como Callejeros pero en otros países. La simpaticona reportera se adentra en un inmenso parque de Los Ángeles (por supuesto un parque como se puede imaginar un parque, con sus árboles, sus flores, sus caminos, sus fuentes y, lo más importante, al aire libre). ¿Y qué se encuentra la muchacha? Una prohibición exhaustiva de fumar en cualquier punto del parcazo. Trapicheos con coca y todo eso había, y más cosas, pero la policía pasaba de largo. Eso sí, si vislumbraban de lejos lo que podía ser el humo de un cigarrillo, se lanzaban hacia el delincuente en plan hombres de Harrelson, multas de no sé cuántos ceros y amenazas de cárcel en caso de reincidencia... :/

Pero es que hoy sin ir más lejos, leo en "un periódico" de cuyo nombre no quiero acordarme, que en EEUU los técnicos de ordenadores de Apple SE NIEGAN a reparar ordenadores de fumadores, por aquello de que el humo del tabaco está lleno de "sustancias contaminantes" que se adhieren a las piezas del equipo y pueden dañar gravemente la salud de los operarios... :/

¿Hace falta mucha imaginación para ver el futuro? Yo lo veo muy clarito. (Hoy en día a ciertos amores perniciosos los llaman relaciones tóxicas, pues veréis en nada de tiempo a lo que darán ese nombre. No porque fumes delante de tu pareja, es porque te dejes tocar-besar-rechupetear, si tu boca, tu piel, tu saliva y tu sexo son tóxicos... Rézale a quien sea para que no enferme).

Al margen, una anécdota: Hace dos fines de semana me harté de ver películas insustanciales de esas que me dejan trabajar mientras las veo (más bien las oigo). Una era de esas de malos y buenos. La buena de la película fumaba... Ummmm.... -pensé- ...raro, raro... peli americana y la buena fuma... Coño, que al final resultó ser la mala. ¿Cabía pensar otra cosa? Si es que te lo ponen a huevo.

Lo que digo, exageración, fanatismo puro y duro, made in USA. Dicho sea de paso, estoy más sana que una pera sana, deseando dejar de fumar pero no por el gilipollismo que se cierne sobre las gentes, sino porque no quiero depender de nadie ni de NADA.

21 noviembre 2009

Lalo, el micifús imitador con rabo de pincel

No llegamos a tiempo de preparar el material para el concurso de Cats and Dogs de Farala, así que aquí ponemos el curriculum vitae de Lalo (pasó de ser farala a ser faralo y de ahí Lalo o Eduardo ;). Quedará en el misterio la razón por la que su madrina, Pepa, eligió el nombre de su ahijado, antes ahijada).

El 24 de octubre pasado oíamos en el patio a los niños alborotados, más de lo habitual. Entre sus gritos, los maullidos de un micifús, a decir de su voz, muy pequeño. Lo estaban usando de pelotita, los nenes tan monos. Yo ya me puse nerviosa. íbamos a ir al cine esa noche las tres para ver Ágora y antes de salir, cuando ya las mamás se habían llevado a sus retoños a casa, el maullido del bebé gato no cesaba. Así que bajé "a dejarle algo de agua y comida" (la verdad que era para traérmelo a casa, pero puse esa excusa cuando vi que Pepa, al verme las intenciones, frunció el ceño). Lo habían dejado cojo de su pata trasera izquierda.

Y ¡aquí se quedó!

Paquito y Violeta se lo querían comer, tal vez pensaron que era una cobaya... Pero él los seguía y los imitaba en todo, por ejemplo:

- Paquito es masajista y él aprende, como se puede apreciar al principio del primer vídeo.

- Cuando Pepa va a darle su comida gato-infantil, los otros la quieren, entonces Pepa les da con la mano en el morro para alejarlos y se van corriendo. Él los mira... ¿por qué corren? ¡Corramos! y se va corriendo también.

A los pocos días, Violeta hizo sus primeros intentos de acercamiento desconfiados ante la insistencia de Lalete. El enano no cejó ni un momento en su empeño de integrarse. Recibió algún que otro bocado y muchos capirotes-metralleta de Paquito, pero ni por esas desistíó...

Visto que la familia felina no lo aceptaba, adoptó a una madre - peluche, y cada noche, sobre las 9 se iba motu proprio a dormir con ella, hasta la mañana siguiente.

Poco a poco Paquito empezó a dejar que se le acercara, eso sí, con sus condiciones: "¡A mí no me toques!", y bueno es Lalo para las colas de gato...





(Al vídeo le quitamos la música porque según Youtube infringía los derechos de autor)



Maya productions
presenta
"El superviviente"
o "Las cosas de Lalo"
(la parte final, nosotras en la cama, apta para voyeurs y voyeuras)


Esta misma tarde, entre las tres hemos preparado un montaje con los vídeos hasta hoy inéditos (incluso para nosotras dos) que ha grabado Mayita. Ponle esto, quítale lo otro y... el resultado ¡espectacular! ;)




P.S.1: Y que dice Pepa que quiere una fotocopia de estos antilibido para mí jejejeje

P.S.2: Que la posición no indica edad ni tamaño ;)


Me preocupa el machismo de algunas mujeres y chicas adolescentes

Hace años leí un libro (por ahí tiene que estar guardado) autobiográfico, escrito por una mujer a la que le habían hecho la ablación completa (clítoris y labios menores) a la edad de 9 ó 10 años. Como siempre, recuerdo la marca que me dejó la historia, pero no la historia en sí misma, ni mucho menos el título del libro ni de su autora. Me quedé con el orgullo que sentía esa niña cuando se levantaba la falda y mostraba a otras niñas que ella ya no tenía "eso". Cómo sus relaciones sexuales eran dolorosas, cómo su parto fue terrible y cómo aún así, miraba las vulvas de otras parturientas sin ablación y le parecían feas y sucias. Y al final me quedé con la mujer madura que comprendió por fin el trasfondo opresivo y represivo de la ablación del clítoris.

Aquí y ahora suceden otras cosas que ponen la alarma. Hace unos días una compañera mía que está preparando con un grupo de bachillerato las actividades para el día 25 de noviembre, dijo en algún momento la palabra "zorra", como vejación hacia la mujer. En esto que una chica interrumpe sus palabras y suelta: "¡Ayyy, a mí me encanta que un tío me llame zorra!". Me lo contó no sorprendida (tiene sus años y su experiencia en estos temas como para sorprenderse) pero sí reflexionando sobre el tema y sobre la conversación que tenía programada ya con la chica en cuestión.

Otro caso muy de actualidad es el club de fans de Miguel Carcaño. Chicas que le escriben cartas de admiración a la cárcel y un blog (del que no voy a poner el enlace) creado ad hoc para apoyar al chico, en donde he leído frases de muchachas adolescentes del tipo "cualquiera comete un error" o "no fue para tanto".

¿Están haciendo efecto sobre los y las adolescentes las campañas contra la violencia a la mujer y la lucha por nuestros derechos humanos como mujeres? ¿Es peor una mujer machista que un hombre machista?

20 noviembre 2009

Cambian los tiempos y los machistas encuentran nuevas justificaciones

Sobre el artículo
Revanchismo de género
Enrique Lynch


Me lo he traído de Cariátides- y además sin permiso ;)

Si en lugar de la imagen de esa mujer, con su mirada diáfana y su sonrisa displicente, se hubiese elegido la típica -y tópica- imagen de la misma u otra mujer, con la mirada y el rostro heridos, me atrevería a asegurar que no habría llamado la atención de Enrique Lyinch. Seguramente le habría pasado desapercibida. Porque en el fondo la idea subyacente de todo machista cuando ve a una mujer apaleada por su novio, marido o ex, es que "le va la marcha", que "es masoquista" y que "se lo merece"... seguido de "...Y si no ¿por qué no los dejan?".

"Se lo merece, por sumisa"


Con las teorías que el autor expresa en todo su artículo publicado en la Tribuna de El País, otros argumentos y otras imágenes TAMBIÉN justifican el maltrato a las mujeres, esta vez por su sonrisa "quizá un punto altanera", -chulerías de una tía, ni media- pero SOBRE TODO porque puede haber tenido y puede volver a tener VARIOS hombres en su vida. Mujeres así, que por añadidura no van a permitir que por ser mujeres se las aplaste como a gusanos, todas esas mujeres de mirada diáfana, sonrisa displicente y quizás un punto altanera, "están pidiendo a gritos que las pongan en su sitio".


"Se lo merece, por chula"


Justifica que las mujeres sigan siendo humilladas, devaluadas, defenestradas, apaleadas, apuñaladas, estranguladas, tiroteadas, despedazadas, solo porque no permiten que ningún hombre sea más que ellas. Con todo su poder de intuición -que aclara en el artículo- no ha intuido que la frase no va por "tener más estudios" o "más dinero". No va por ahí el eslogan. Y entre tanto las mujeres siguen muriendo a manos de sus parejas y ex parejas. Como cabría esperar, "la culpa sigue siendo de ellas".

Tenemos, tuvimos y tendremos todos los hombres que nos apetezca, o tal vez no tendremos ninguno porque no nos dé la gana. Pero de todos los que tuvimos, los que tendremos y los que no tendremos, ni uno solo será superior a nosotras por un motivo tan huero como ser hombre. Si ese es el motivo por el que se declara la guerra entre sexos, pongámonos el casco y vayamos a la guerra, mientras quede alguno o alguna que, esgrimiendo razones tan banales, justifique que nos sigan devaluando e incluso asesinando.

Por el momento, y hasta tanto no cambie la política de admisión de artículos de El País, en Cariátides nos abstendremos de mencionar y enlazar a este periódico.

Enlazo el post de Mam

El miedo


Aunque también habría podido titularlo "Cuando sientes que se te va de las manos".

No es la primera vez que me ocurre en la vida. Desde los 14 años tengo trabajo fijo, nunca he estado ni un día en el paro desde entonces. Siempre he seguido estudiando, me casé, tuve una hija, me divorcié, tuve otra hija, seguí estudiando y seguí trabajando. Por la mañana iba a mi trabajo a 40 km. Por la tarde me llevaba a la facultad a mi niña mayor y la sentaba a mi lado en el aula para que hiciera sus deberes mientras yo tomaba apuntes. A las dos me las he llevado al instituto cuando he tenido reuniones o cuando han estado malas y no podían quedarse solas en casa ni ir a sus clases. En los fines de semana planchaba, compraba, limpiaba...

Siempre he luchado por mi independencia (económica y más), y me marqué desde muy pequeña la obligación de no descuidar ninguna de las múltiples tareas que me habían encomendado o que me había autoencomendado. Una de ellas, creo que de las más importantes, es no fallarle a las personas que están en mi círculo. Estar siempre ahí para cuando lo necesiten. Otra es evitar herir, buscar la manera de hacer una crítica, un comentario, una sugerencia o dar un consejo sin hacer daño o minimizándolo cuando es irremediable.

Este preámbulo era para decir que en ocasiones, cuando las responsabilidades abarcan demasiadas cosas "indescuidables", se empiezan a producir lapsus, un día te dejas dentro de casa las llaves y tienes que recurrir a quien tiene unas de repuesto, o te olvidas de que tu hija hizo un examen importante y no le preguntas cómo le salió, o haces un comentario a una compañera a toda prisa por el pasillo sobre un tema laboral... Entonces sientes que algo se te está yendo de las manos, algo importante que no consigues controlar, tal vez una palabra que, como no tuviste tiempo de explicar, se habrá interpretado mal, que se te olvidó comprar algún ingrediente para la comida que vas a prepararle a una visita... Es el momento, en mi caso al menos, del miedo, de la alerta máxima. Intuyes que de un momento a otro uno de tus descuidos puede ser fatal. Tienes miedo de que, a pesar de tus mejores intenciones, alguien te malinterprete y te pase una factura inmerecida por algo que no hiciste, o por algo que no supiste aclarar.

Por ese autocontrol, por esa responsabilidad de no herir, de no descuidar, de seguir demostrando el amor que sientes... es por lo que situaciones que en un día normal pasarían por normalísimas (como que tu pareja esté baja de moral, que tu hija haya suspendido matemáticas, que llames por teléfono a una amiga y no te responda), de pronto se convierten en sentimiento de culpa, de "algo habré hecho mal". El sentimiento de culpa no es otra cosa que miedo.

Lo importante es que la experiencia me ha hecho consciente de lo injustificado de ese tipo de miedos, que no obstante saltan de manera automática antes de que te dé tiempo a reaccionar. Pero apenas reaccionas y analizas, el miedo vuelve a convertirse en un fantasma que, si lo tocas, desaparece. Y llegado el caso, aplicarse aquello de que "Es razonable tener miedo, pero no lo es que el miedo te tenga a ti".

19 noviembre 2009

18 noviembre 2009

Quizás porque fui muy feliz...

Acabo de levantarme para afrontar mi noche de trabajo. "Cuando Lorenzo se acuesta, se levanta Catalina" (por aquello del sol y la luna), así que me he despertado cuando mi Pepa se ha metido en la cama. Media hora de arrumacos y ternuras (las de dormir para ella, las de desperezarme para mí) y aquí estoy, tomándome el zumo de naranja de la mañana (a la 1 de la noche).

Pero en esta hora de transición y de recarga de pilas me apetecía hablar de algo que me ha venido a la cabeza al leer el último post de Tantaria. Tiene que ver con el consumismo y con la infancia.



Nunca llevé a mis hijas a la tienda o el supermercado de juguetes para que escogieran suS regaloS de navidad. Deploro ver esas manadas de niños y niñas gritones e histéricos y a sus mamás ojerosas intentando satisfacer sus deseos y dejándose en idioteces el dinero que no tienen. El regalo de reyes es ¡sorpresa!


Tampoco entré en la rueda sin fin de los regalitos de reyes, y mucho menos en los de Papa Noel, que ya son demasiados regalos. Me refiero a esa rueda de que yo le regalo a todos los sobrinos, sobrinas, hermanos, papá, mamá, novia, marido, suegra... Y a cambio, por esas mismas fechas mi casa se llena de chorradas con las que esas personas "me compensan". Nunca entré y nunca voy a entrar.

¿Que cómo lo conseguí? Pues tal vez asumiendo que iba a pasar por "descastá". ¡Me importó y me importa un pimiento!

Tal vez porque mi infancia fue muy feliz, el período más feliz de mi vida. Y en aquella infancia solamente mi padre y mi madre me regalaban algo por Reyes (Papá Noel fue un invento más tardío). Mi regalo era la ilusión de poner mis zapatos en el alféizar de la ventana, imaginar que por aquel lugar por donde nunca pasaba nadie iban a pasar unos señores que se llamaban reyes magos y me iban a dejar alguna cosita. Me dejaban dos o tres caramelos envueltos en celofán de colores y una vez hasta un polvorón. Esa ilusión de despertarme y ver que los zapatos estaban llenos de algo que brillaba, que estaba dulce, que "se habían acordado de mí", era lo importante. No había llegado aún la moda de que había que regalarle a "toquisqui". Y yo era feliz.

Mantuve la tradición, a fortiori. Cuando la moda llegó, mi entonces única hija empezó a recibir regalos de toda la familia. Yo sencillamente nunca les devolví el detalle por esas fechas. Si alguna vez me apetecía regalarles algo lo hacía cualquier día del año, cuando pasaba por un escaparate y pensaba "esto le gustaría a...". Así, de manera automática las cosas de las Navidades se fueron poniendo en su sitio: "Yo le compro algo a mi hija y tú se lo compras a los tuyos".

Nunca les compré la Barbie, ni la PSP ni el juguete del último grito. Cuando eran pequeñitas y aún creían en los Reyes Magos les traía alguna sorpresa, la que me inspiraba el momento de ellas, no las 200 cosas que pedían por sus boquitas al ver los anuncios de la tele (la verdad es que las dos me salieron poco pidonas, creo que también se dieron cuenta de que ante el vicio de pedir está la virtud de no dar). Y tuvieron una bicicleta, unos patines, una mochila nueva, un pijama... Esa ilusión de la sorpresa se pierde cuando han pedido el "muñeco pitiflush" y les llega el "muñeco pitiflush" y las otras 199 cosas de los anuncios que vieron.



Me acuerdo de que mi hija mayor tenía 7 años y por Reyes pasábamos unos días en una estación de esquí en donde organizaron una bajada de los Reyes por la noche, esquiando entre un camino de antorchas, y luego abajo daban los regalos. No teníamos nada previsto (para no variar) y al saber de aquella actividad fui corriendo a una tienda de la estación. Solamente había cosas para la nieve, así que le compré un gorro precioso. Lo envolvimos, le pusimos el nombre y esperamos... Mi niña decía: "Mamá, estos reyes no me conocen, no me traerán nada... ¿verdad?" y yo le contestaba: "No, hija, seguramente no...". Así cuando daban los regalos, de pronto dijeron su nombre y ella se iba a morir de la alegría, hasta se cayó de la emoción al ir a recoger su bolsita brillante. Aquel gorro fue uno de los regalos de navidad que con más ilusión recuerda. Fue "su" regalo de Reyes de ese año.


Por aquella infancia mía cuando dejabas de creer en los Reyes Magos, dejabas de recibir regalos (me hice la tonta hasta los 9 años). A partir de ahí, el mundo de la ilusión de reyes magos se volcaba en los otros más pequeños de la casa, los que aún creían. En ese aspecto he cedido. Siempre hay algo para mis hijas y mi pareja en algún momento de las navidades, sin importar la edad (claro está que mi pareja siempre ha estado en la edad de "no creer" jajaja) y sin importar si es por Reyes, por Papá Noel o el día que me dé el volunto. Y lo bueno de esto ¿qué es? Pues que no participamos del boom consumista de las navidades. Que mis tiempos de crisis económica no han provocado frustraciones infantiles. Que mi hija mayor (con sus 31 años) admite que ha sido y es muy feliz con esta costumbre y que la ha asumido también como propia. Y que la pequeña parece que también está contenta y se pone las manos en la cabeza cuando ve el derroche de chorradas que se regalan por esas fechas.

La felicidad esa de verse literalmente enterrados en veinte mil cajitas de regalo, es apabullante, es agobiante para ell@s. Es pasajera. No disfrutan realmente de esos regalos más que en el momento de verlos envueltos y abrirlos. No valoran las cosas pequeñas, ni las pocas cosas, ni el cariño que las pequeñas cosas encierran. Mi cabezonería anticonsumista nos ha dado a todas buenos resultados.