18 junio 2009

Algunas cosas cambiaron con los años

Cuando empecé a trabajar en la enseñanza tenía veintiún años, la misma edad promedio que tenía mi alumnado. Eran las clases nocturnas de un politécnico, a las que acudían mayormente quienes trabajaban durante el día y quería obtener un título oficial.

Ahora tengo cincuenta. Este curso el intervalo de edad de mis chicos y chicas va de los dieciocho a los cincuenta, estando la media en veintiuno o veintidós, como en aquel tiempo. No puedo decir “parece que fue ayer”. Aquella época me queda lejos en tantas cosas…

He ido haciéndome mayor, pero ellos y ellas permanecen estables. Nos fueron alejando un año, dos, quince, veintinueve… No pasa lo mismo en otros trabajos, ni con la familia o las amistades.

Al principio eran de la edad de mis amigos, luego de la edad de una hija temprana, y dentro de poco –porque para quien no lo sepa el tiempo va en aceleración continua a medida que pasan los años- serán de la edad de mis nietos. Estar a su lado a lo largo de todos estos años me ha permitido mantener el contacto con aquella edad y así tomarla como punto de referencia.

Desde esta altura –no de estatura ni de importancia, sino de edad- puedo trazar una gráfica evolutiva de ellos y de mí. Ellos no han crecido pero han evolucionado –son distintos, unos para bien, en otros se ha producido más bien una involución-. Yo he crecido pero he evolucionado menos en ciertas cosas, como en carácter, valores y gustos. En otras, ni siquiera me reconozco en aquella chavala de 21 años.

Desde que comencé a escribir en mi primer blog he ido descubriendo otros, y los sigo descubriendo día a día. No necesito mirar el perfil de las usuarias (leo principalmente a mujeres) para calcular sus edades con poco margen de error en igualdad de condiciones lingüísticas. Quiero decir que es fácil valorar una edad cuando un blog está escrito en lenguaje de móvil mezclado con faltas de ortografía (ésa es una de las involuciones de algunas personas jóvenes a las que me refería antes). Pero suelo reconocer la edad aproximada aún en personas adolescentes, jóvenes o maduras que escriben en castellano medianamente correcto.

No me baso en un análisis científico. Es más bien una sensación instantánea e inconsciente. Entonces encuentro esas distancias o paralelismos que marca la edad. Reconozco a la veinteañera que fui en las chicas de veinte, o cuarentañera (eso me lo enseñó mam) en las cuarentañeras. Reconozco mi ahora en otras mujeres de mi edad. No es cuestión de valores o principios sino de expectativas, reacciones, deseos y afectos.

¿Qué es más saludable: esperar, reaccionar, desear o amar como una mujer de cincuenta o como una de veinte? Todo es saludable, porque no se podrá esperar, reaccionar, desear o amar como una mujer de cincuenta sin haber pasado antes por las expectativas, reacciones, deseos y afectos de los veinte, treinta y cuarenta.



Hace unos días aludí a una novia intensa y efímera que tuve. Con veinte, treinta e incluso cuarenta-y-algo estuve segura de que siempre iba a buscar emociones intensas (aún con el riesgo de efímeras), relaciones de esas que te vuelven del revés como si fueras un calcetín, de noches y días en vela o a duermevela, de pasión por sorprender, por ser sorprendida, por aprenderlo todo, ensayarlo todo… en unos cuantos días, como si después el mundo se fuese a terminar.

Jugaba con las igualdades imaginarias pasión=ruido y amor=nueces y me decía a mí misma: Mejor mucho ruido y muchas nueces, pero si no queda más remedio que elegir un poco y un mucho, prefiero mucho ruido y pocas nueces. Hoy día, obligada a elegir el poco y el mucho, cambiaría los términos. O si no, nada, porque cuando la soledad se aprende es tan placentera como la más placentera de las compañías. Es una de las ventajas de tener cincuenta: que has tenido más tiempo y oportunidades para aprender de compañías, parejas, amores, pasiones, soledades y renuncias.

Igual que antes fueron la velocidad vital, la emoción fuerte, el movimiento y el riesgo, ahora es tiempo de degustar despacio y sin prisas. En los lados el placer es igual de intenso, pero tiene compensaciones diferentes.


Porque sé que alguien podría pensar que generalizo, no lo hago. Sé que hay mujeres que habrán llegado a este mismo momento mío con mucha menor edad, al igual que las hay que siempre seguirán teniendo veinte. No creo que sean mayoría ni unas ni otras.

6 comentarios:

  1. Tal cual, lo hubiera escrito tal cual, qué bien me he visto reflejada, estoy alucinada.

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  2. Fijate que el otro día pensaba (debido a mi pequeña crisis jeejjej) qué ya no quería ser "jovencita" me quedo con mis aprendizajes, mi serenidad,mis pensamientos y tantas cosas que he ido aprendiendo y descubriendo. No volvería a ser la ingenua y confiada que fuí. Los años dan experiencia y me quedo con los cuarenta ¿he dicho yo eso jejejje?

    Si es que me estoy haciendo mayor y.... me gusta.

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  3. Marcela, creo que cuando el cuerpo nos empiece a renquear es cuando diremos aquello de "quién tuviera 20 con lo que sé a mis 80" ;)Pero no todavía, ¿a que no?

    Mam, ¿Estás bien? ¿Te has tomado la temperatura? jajajajaja ¿Eres tú?

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  4. Candela, lo subscribo todo,palabra por palabra. Pero en cuanto al amor, pasión, etc. o la experiencia frente a la ingenuidad, no te fíes...
    de pronto se te cruza en el camino una de esas relaciones que te vuelven del revés a una edad en que ya te creías a salvo.
    El resultado en mi caso - o sea, cuando me puse del derecho y las feromonas se calmaron - no ha sido todo lo bueno que yo hubiera querido.
    Pero haber vuelto a sentir y vivir "eso" con más virulencia, casi, que en la adolescencia a una edad más que respetable, como dice Mastercard, no tiene precio. Beso.

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  5. Me ha pasado igual que a Marcela, que según iba leyéndote me he ido reconociendo.
    En mi caso, cincuentera también, siento que me llama más degustar despacio, sin prisas, antes de la vorágine que viví en todos mis amores de "juventud". Es cierto, el tiempo de las nueces ha expirado.

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  6. Patsy, la última vez que me llegó una relación de las que te vuelven del revés (a esas las atraigo como la miel a las moscas), tenía 39 años. Duró 7 y me dije que stop, ninguna más así. Y volvió otra, con 48. En cuanto me empezaron a salir herpes en los labios, a tener insomnio, inquietud, deseo desenfrenado, angustia... (a los dos meses) puse punto final. Espero no seguir dándoles ninguna oportunidad a esas relaciones tan agotadoras.

    Mármara, qué gustazo saber que también eres ciencuentera, aunque lo suponía. ¿Quieres decir el tiempo del ruido?

    Besos grandotes para las dos

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