14 junio 2009

Cortos viajes al pasado. Mitos, realidades y supersticiones


Desde hace un par de años disfruto de forma muy especial los encuentros con mis padres y siento que a ellos les ocurre lo mismo. En mi caso es un preludio de añoranza para cuando no estén.

Ayer por la tarde fui a verlos. Como siempre pasa, se volcaron en mi presencia. Me dieron a elegir entre salir a tomar algo o cenar en casa. Preferí la casa. No había nada preparado para la cena, eso dijo mi madre, pero en un minuto la mesa estaba llena de platos que ya estaban listos en el frigorífico: remojón de naranja, gazpacho, embutidos y queso, además de un plato de jamón que cortó mi padre mientras poníamos la mesa y varias clases de fruta.

"¡Come, hija!", "¿Quieres una cerveza?, ¿vino?", "¿Te corto un poco más de jamón?", "Has comido poco, ¿te hago una tortilla?"... (¿Me verán flaca?)

Mientra cenamos y durante la sobremesa no paramos de charlar. Se junta cada vez mi curiosidad por saber y sus deseos de contarme. Un repaso por personas y situaciones de mi infancia o anteriores incluso.

Le pregunté a mi madre si era verdad un recuerdo remoto que yo tenía, de que a mi abuela -su madre- tuvieron que ponerle tierra en los pies para que muriese, después de una agonía interminable. ¡Sí! -me dijo. Sabían que se estaba muriendo, con sólo 53 años, pero sufría, quería morirse y no podía. La hermana mayor de mi madre recordó que mi abuela era devota de la Virgen del Carmen. La tradición decía que esos devotos no podían morir hasta que tuviesen tierra en los pies. Así que uno de mis tíos bajó, cogió unos puñados de tierra y los puso en el suelo junto a la cama. Una tía mía incorporó a mi abuela, la sentó en el borde de la cama y la hizo apoyar los pies sobre la tierra. Entonces su rostro se alivió y murió en brazos de mi tía.

No se sabe de qué murió, aunque todo indica que fue por la estupidez de unos cálculos en la vesícula, en un tiempo (julio de 1958) en que solamente se operaba a los ricos. A los pobres se les recetaba morfina.

Fui recordando a otras personas lejanas, primos de mi padre, primos míos, que eran algo mayores que yo y que no veo desde mi infancia. Quedaron congelados en mi memoria con sus edades de 15 o 16 años. Me cuesta imaginar que ahora están prejubilados y tienen nietos.

Y en aquel ir y venir por personas, pensé también en otros mitos cercanos a la muerte. Aquello de que quien va a morir ve a otras personas ya fallecidas. Recordaba que algo de eso se comentaba cuando era pequeña, referido a mi abuela materna, pero no estaba segura. Me lo recordó anoche mi madre.

Mi abuela nunca perdió la cordura ni la consciencia hasta el momento de morir. Un par de días antes de su muerte, durante la calma de la morfina, llamó a su marido -mi abuelo- y le dijo serenamente: "¿Sabes quién ha estado aquí? María Páez, de La Losilla". La Losilla era un cortijo cercano a donde ellos habían vivido. María Páez había mantenido una buena amistad con mi abuela y había muerto años antes.

Entonces mi padre me contó lo de mi abuelo paterno, una muerte que yo recuerdo porque ya era adulta. Mis padres tenían que ir a llevarme algo a mi casa, pero antes pasaron a ver al abuelo que andaba algo tristón, decaído y sin fuerzas, pero no como para morirse. Estaba sentado en una mecedora pero quería acostarse. Mi padre lo ayudó a meterse en la cama, se mostró aliviado y se puso a mirar al techo y a saludar con una mano, sonriendo. Mi padre le preguntó: "¿A quién saluda, papá?". "A mi padre y a mi hermano" -contestó mi abuelo. Mis padres salieron hacia mi casa, con idea de volver de inmediato porque mi abuelo había visto muertos. Murió una hora después, mientras aún estaban en casa conmigo.

Ahora estaba acordándome de una amiga con la que hablaba no hace mucho de estas cosas. Al menos aquí -superstición o realidad- eso de que si estás a punto de palmarlas y ves a alguien muerto es la confirmación de que no te quedan dos telediarios, es una cosa de andar por casa. Todo el mundo tiene alguna anécdota para contar.

Esta amiga mía me decía que qué miedo, que no quiere ver a nadie muerto. "Son dos sustos, uno el de ver a un muerto y el otro el de que tú vas a ir detrás". Le digo: "No mujer, de los casos que conozco ningun futuro muerto ha puesto cara de miedo o de preocupación cuando le ha pasado, sino más bien de alegría o simpatía. Ten en cuenta que vienen a acompañarte para pasar al otro lado y que no vayas sola". Y ella me contesta: "Pues yo no quiero que me esperen ni que me acompañen. Ya me las apañaré sola y que luego me busquen por allí".

14 comentarios:

  1. aahhh… que lindo… nuestros padres siempre serán un archivo en nuestras vidas, ellos guardan las historias de nuestros antepasados.
    Con eso de la muerte creo que coincido con tu amiga…. “yo no me quiero morir” jajajajaja hay tanto que hacer, leer y conocer… nombre! Si yo envidio a Matusalén….
    Trato hecho! Me cuentas como estuvo lo del faro… sin censura…. jajajajaja son bromas!
    Un beso guapa!

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  2. Me da un poco de corte contarlo... pero de pequeña enferme mucho teniendo un año y medio o dos estuve encamada muchos años no podia andar y cuando me llevaban al médico era en una sillita porque no me sostenia aparte de mis horrorosas botas ortopedicas. Asi estuve durante 4 años un dia teniendo ya unos 4 años vi a una señora sentada al borde de mi cama y me habló recuerdo que olia como a jabon verde. Se lo dije a mi madre que habia hablado con esta mujer, ella no le dio más importancia y penso que quizas tendria fiebre y puede ser que fuera asi. Pero un par de años más tarde, mi madre sacó de un cajón una foto antigua de una mujer alta y fuerte y una bolsita de tela que olia a jabon verde entonces le pregunte quien era esa mujer y de quien era la bolsita de tela. Me contesto que era de mi abuela (su madre) que la bolsita de tela era donde ella se guardaba el dinero siempre la labavaba con jabon verde, murio porque la atropello un tren en un pueblo que se llama Hornachuelos se iba a montar en el tren y le dió un ataque epileptico entonces la atropello porque nadie se dio cuenta. Le dije a mi madre que esa era la mujer con la que unos años antes yo habia hablado y que ella se sentó al borde de mi cama. Ella se quedó sorprendida el resto de mi infancia y adolescencia mi madre se la pasó diciendo que tenia todas las cosas de mi abuela osea que me comportaba como ella y me reñia porque ella no se habia llevado bien con su madre. A lo mejor es coincidencia pero yo también tengo epilesia igual que mi abuela.
    A mi no me dan miedo los muertos sino algunos vivos como por ejemplo mi ex.

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  3. Mayela, mis padres son ahora mismo el archivo histórico de mi vida, porque con la memoria que yo tengo voy lista. Y por lo del faro, en fin, ya veremos lo que se puede hacer, jajaja.


    Convive, habrá a quien se le pongan los pelos de punta con esa historia que cuentas, pero a mí no me ha dado miedo, me ha parecido algo muy tierno, increíblemente bonito y, conociéndote, sé que es real. También a mí me dan más miedo algunos vivos y algunas vivas también. (No creo que se me olvide esa historia que has contado)

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  4. Nunca hay que temer a la muerte, es señal de inmadurez e inseguridad. Los que saben estar tranquilos frente a su llegada viven más y mejor.
    Si ves muertos, con calma y cortesía, los saludas, es lo cabal. Yo soy escéptica sobre esas cosas, pero no censora. Son páginas de historia que hay que leer y recordar, sin amargura, miedo ni tristeza.
    Yo también hablo más con mis padres últimamente, y también de personas que murieron hace tiempo. Es la forma de prepararse para lo inevitable: buscar cabos sueltos y respuestas pendientes.
    Gracias por hacernos pensar en esas cosas, Cande.
    Muakas :-)

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  5. Interesante entrada, creo que tus padres están en lo cierto... siempre le digo a la gente que quiero que por favor, por favor¡¡ se me aparezcan cuando mueran ... quiero verlos .. quiero saber si es posible volver.. pero nada.. hasta ahora nadie lo ha hecho, al menos en la vigilia será que aún me queda mucho por vivir... por otro lado, nunca he temido a la muerte..

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  6. Soy una escéptica pero hay cosas que las tengo que creer. Entiendo que cuando alguien se va a morir puede tener la mente trastornada e imaginar cosas, pero ¿por qué no se imaginan que han visto a alguien vivo pero ausente, por ejemplo? Y son muchas muchas personas las que cuentan cosas así. Yo me creo lo que me cuentan mis padres porque no son nada dados a fantasías. Si ellos lo presenciaron los creo.

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  7. Es fácil decir que no se debe temer a la muerte y es cierto, no se debería, pero es parte de nuestra naturaleza. Si no la temiéramos ya haría mucho que nuestra especie habría desaparecido.
    Dicen que el que la ha visto ya no la teme. Yo la he visto varias veces y sigo con ello, quizá de otra manera, pero la temo.
    No sabía eso de ver a los familiares muertos. Lo de la luz sí y es algo que en los hospitales se tiene muy en cuenta.
    Mi compañera salvó a mi padre por los pelos. Salía de la sala de operaciones medio despierto, ella le dijo que entraban en la UCI y el respondió que no, que veía un pasillo con una luz muy brillante al fondo. El resto de la historia sigue con una alarma y cinco médicos para recuperarlo.
    ¿Te das cuenta que lo de la tierra en los pies a tu abuela fue una forma de eutanasia?
    Un saludo.

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  8. no me da nada de miedo la muerte, ojalá pudiera ver algunas de las personas que ya me han abandonado, sobre todo a mi madre. Cuando vaya a morirme, me gustaría que mi madre viniera a buscarme, estaría más tranquila. Hay una cosa que me ha gustado mucho y es al principio, que dices que cada vez disfrutas más de tu madre y tu padre, aprovecha mucho y cuida de esos encuentros. Un beso.

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  9. Soy algo escéptica porque no tengo experiencias al respecto, ni propias ni ajenas. Se han muerto delante de mí algunas personas, las más cercanas mi abuelo y mi tío, y los sueño con cierta frecuencia, eso sí.
    Creo que hay muchas cosas de la mente que no conocemos todavía, de lo que es capaz, las cosas inconscientes que se nos acumulan, por eso acepto algunos fenómenos.

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  10. Siempre que vienen a visitar este blog a que descubra la armonía de los colores mágicamente enviado por mensaje de texto fenomenal. Gracias.
    Si estás en mi blog sería un honor, si la votación en TOPblog y yo entiendo que te gusto y me vas a volver.
    Un buen día para ti!

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  11. - Pau: De día no me da miedo la muerte pero si me despierto de noche y pienso que un día me estaré muriendo y luego stop me dan las siete cosas. Lo de la tierra es una forma de eutanasia natural jeje, ¡que no te oiga san Berlusconi!

    - Marcela: A mí no me apetece mucho morirme pero de hacerlo un día no estaría mal que viniese a esperarme (aunque sea en mis fantasías premortem) alguien a quien quiera muchísimo. La cosa sería mucho más digerible.

    -Maikix: No he tenido experiencias extrasensoriales tampoco. Bueno... alguna sí, pero no con muertos. Un día tal vez la cuente en el blog.

    -Geanina: Lo siento, pero no entiendo tu mensaje ni tu blog.

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  12. ay mi abuela saludó a su marido (que había muerto 20 años antes) y a su hijo (que vivía en canadá y que llevaba 12 años sin ver) la noche antes de morir.

    cuando avisamos a mi tio para decirle que su madre había muerto, su hijo nos dijo que llevaba dos años fallecido.

    fue espeluznante, y muy triste para mi madre, claro.

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  13. Ostras, farala, me ha subido un escalofrío patas arriba cuando lo del hijo fallecido. ¿Es o no es para creer que nos vienen a buscar?

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  14. por supuesto que nos vienen a buscar!! mi madre antes de morir en mis brazos en un inhumano y moderno hospital, estiraba los brazos como si danzara y decía los nombres de su padre, su madre y su hermano (todos fallecidos). Me di cuenta que estaba allí su cuerpo, pero que algo más, quizás su alma, ya había decidido irse con sus seres queridos.

    Es increíble, pero muy cierto.

    Abracitos salinos, preciosa. Nuestras madres, presentes y ausentes en materia, son energía y nos protegen.

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