27 junio 2009

Hay sitios a los que sabes que vas a volver con otra mirada

Si nunca has estado en Venecia puedes imaginarla decadente e inspiradora como la retrató Visconti en su Morte a Venezia, o romántica como aquella postal de góndolas y gondoliere que te mandó una amiga en su luna de miel, pero siempre la imaginarás calurosa y húmeda, veraniega y bulliciosa.

Esa fue la Venecia que conocí a mis 22 años, en aquel viaje de miles de kilómetros que hicimos cuatro personas embutidas en un viejo Simca 1200 rojo, sin aire acondicionado, sin apenas dinero y con una nevera de plástico llena de provisiones en el maletero.

Los lugares ganan y pierden belleza según la mirada con que los contemplemos. Y la mirada tiene que ver con el ánimo. Amé Lisboa tantas veces como estuve allí. Lisboa tenía para mí un sabor peculiar, único, sabor a caracoles, a marea, a fábricas, a risas, a fados, a buena gente, a albahaca, sardinas y claveles en su fiesta de San Antonio. Sabor a besos húmedos, a amores intensos, a "para siempres". Pero años más tarde Lisboa fue una ciudad fea, vieja, insulsa, desde la que no se puede ver ni casi presentir el mar que roza. Esa vez tenía sabor a herrumbre, a olvido, a pies doloridos, a calor sofocante, a miseria, a "hasta nuncas". Era la misma Lisboa vista con los mismos ojos y dos estados de ánimo bien distintos.

Aquella primera vez Venecia no me sorprendió. Era tal cual la Venecia veraniega que había imaginado, aunque le faltaba una pizca de romanticismo, porque el viaje fue de todo menos romántico. Pero yo sabía que aquella ciudad podía despertar también ese sentimiento si la mirabas con otro ánimo.

Quince años después volví a Venecia con otra mirada puesta. Los turistas permanecen allí durante dos o tres días, lo indispensable para la pequeña gira en vaporetto por el Gran Canal, un paseo en góndola, una escapada a Murano para comprar algunos recuerdos de cristal, ver Piazza San Marco y subir al Campanile. Sin embargo esa segunda vez no éramos nosotros sino nosotras. No nos quedamos dos días sino una semana. No éramos cuatro sino dos. No hacía calor, sino un frío gélido que calaba los huesos. Nevaba en Venecia.



Ella y yo gustábamos de perdernos cada día y cada noche entre la sucesión de pequeños canales, atravesando ateridas por el frío puentes pequeños y desconocidos -yo con una mano en el bolsillo de su abrigo- pisando una isla cada cinco minutos, descubriendo plazas que eran embarcaderos de góndolas, una torre estrecha e inclinada de la que no pudimos saber el nombre, cafeterías donde servían chocolate caliente, edificios que no salen en ninguna postal, fachadas, gárgolas, picaportes, detalles ínfimos de su arquitectura, góndolas cubiertas de nieve. Comimos lentejas para celebrar el año nuevo y nos sentimos parte de aquella ciudad de la que siempre dudé que existieran verdaderos vecinos, sólo turistas y trabajadores que vivían en otros lugares cercanos, más secos y habitables.

Muchas veces, en cualquier parte de Venecia, durante aquellos días se instalaba en mi cerebro el Come è triste Venezia, de Aznavour. No. No era triste Venecia, era hermosamente alegre y fantástica bajo la nieve, de la mano de la mujer que amaba. Pero esa canción me decía que alguna vez, sin ella, Venecia podría ser la ciudad más tremendamente triste que pudiera imaginarse.

Y lo fue, no tanto como había imaginado, pero lo fue cuando tres años después estuve de nuevo allí, otro verano, en un viaje tan corto como que solamente fue para un par de horas. Mis hijas y yo pasábamos una temporada en Verona, en casa de mi amigo Giuliano, y él nos invitó a dar un paseo con parada en Venecia y café en el Florian.


Había visto tres Venecias diferentes, y pensé "volveré para ver una cuarta Venecia, y será la mejor de todas". Sabía que lo haría antes o después y que esa cuarta Venecia sería un compendio de lo mejor de las otras tres y un paseo por todo lo que aún quedaba por descubrir de sus rincones y de las emociones que me provocaría una mirada nueva.

Desde que abracé por primera vez a mi chica lo primero que me vino a la mente fue conocer con ella esa cuarta Venecia. No pensé en Lisboa, ni en Casablanca, ni en Bucarest, ni en París... pensé en Venecia, a saber por qué. Para ella será su primera Venecia y espero regalarle una mirada única e inolvidable de una ciudad que para mí es mucho más que un destino turístico.

El resto del viaje será un secreto para el blog, pero estoy segura de que pista sobre pista alguna viajera bloguera descubrirá de qué lugares estaré hablando. El lunes comienza la aventura.

8 comentarios:

  1. Buen viaje para ambas!
    Mientras estéis juntas y amándose
    cualquier lugar será maravilloso!
    Que los disfruten, que se tatúe en sus almas
    con la tinta indeleble del amor.
    Besos

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  2. ¡Felices vacaciones!
    Si algo hay mejor que viajar y conocer lugares y gentes nuevas es hacerlo con la persona adecuada.
    Un beso.

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  3. Ya lo conseguí, como ves. Aprovecho la ocasión para mandaros un abrazo muy fuerte. Que lo paséis muy bien y ¡Cuidado con las puertas de cristal, que haberlas haylas!

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  4. Candela, un relato precioso y muy íntimo. Yo nunca he estado en Venecia, pero desde que leí "La Pasión" de Jeanette Winterson me muero de ganas de ir. Y lo leí en 1998!! comprendo perfectamente que quieras regalarle a tu chica la mejor mirada de Venecia, seguro que lo conseguirás. Será como la primera vez para ti también. Espero que disfrutes del amor y que seas felizzzzzzz en Venecia. Si ves a Villanelle, salúdala de mi parte (conoces la leyenda de las hijas de las gondoleras... ???)

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  5. Tengo mucha ilusión con este viaje. Hacía años que por unas y otras circunstancias había podido viajar poco. Gracias a todas por vuestros deseos. Si me es posible, estaremos en contacto a través del blog.

    Marina, ¡por fin! a veces los navegadores nos hacen jugarretas, y por lo visto a Firefox no le gusta comentar en los blogs jejeje. Estaré pendiente de las puertas de cristal jajajaja

    Lena, cuando has referido a Villanelle me he acordado de que hace dos o tres días leí en la prensa que por primera vez en la historia ha ganado una mujer el concurso para ser gondolera en Venecia. En cierto modo es una representación no mítica de Villanelle. Así que si la veo la saludaré de tu parte! :)

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  6. Será un viaje estupendo, tienes todo lo que se puede tener, el equipaje lleno de amor y felicidad.

    Os deseo toda la felicidad del mundo y ¡a disfrutar!

    Muchos besos

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  7. Venecia es de los sitios a los que quiero volver... Cuando estuve me decepcionó, y eso es porque algo "fallo" en ese viaje.

    Felices vacaciones!!!

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  8. para mí comienza la aventura italiana el domingo que viene, con mi chica y por séptimo año consecutivo Italia me espera. Buen viaje y mucho disfrute.

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