07 julio 2009

Octavo día: Una tierra por descubrir


A estas horas, que no sé lo que dice luego el blog, pero es la 1 de la madrugada, hora española... Aquí no sé qué hora es, pero debe de ser tarde también. A estas horas, con los ojos encandilados por lo que han visto, el paladar agradecido por lo que ha degustado, feliz, feliz, feliz, puedo asegurar que en mis viajes por todo lo largo y ancho de este mundo (Capitán Tan) nunca había hecho uno tan bonito como éste. No falta ni sobra nada. Y si la primera etapa de re-conocimiento fue perfecta, la segunda (de descubrimiento) se presiente espléndida. ¿Quién dijo que dos son compañía y tres multitud? ¿Y cuatro? Estamos disfrutando como al menos yo no recordaba. Cada minuto de compañía, cada minuto de intimidad.

Hemos llegado a un primer destino de paso. La luna llena nos esperaba allá arriba, gorda y blanca. Querríamos quedarnos uno, dos o varios días más, porque las personas son cercanas y amables, porque esta casita huele a madera vieja, a madera nueva, a piedra y a espliego seco, porque la comida se hace cuando la pides, y aunque tengas que esperar tiene el sabor de lo reciente, de lo fresco, de lo propio. Pero mañana partiremos hacia otro lugar.

Durante la cena, entre otras cosas exquisitas a la vez que sencillas, hemos paladeado una nueva variedad de jamón. Un jamón de ocho meses, del lugar. Cuando el tiempo es frío y seco se deja secar en la parte alta de las casas. Si el aire viene del mar, lo ahuman ligeramente. Al hincharse por la humedad, absorbe el humo, que a su vez compensa la humedad y lo reseca. Luego, cuando el tiempo seca de nuevo se sigue curando al aire. Es delicioso. Cenamos al aire libre, en una zona rural. De fondo, por nuestra izquierda el jazz (uhmmmmmm), por nuestra derecha los grillos. En el centro la voz de nuestras niñas, charlando sin parar, haciéndonos reír con sus ocurrencias hasta dolernos las mandíbulas.

¡Ah, y el vino! Vino tinto de casa, artesanal. Riquísimo. Una sola copa con efecto divertido y amable, como el vino mismo.

Volveremos a este lugar.

P.S.
A. ha adoptado un caracol antes de cenar. Lo ha dejado "pastando" durante la cena y luego no estaba. "No habrá ido muy lejos", dice, y se va a dormir.

4 comentarios:

  1. Precioso recorrido por Venecia,que he seguido con interés en mi segundas noche de UCI.
    Esta noche compartimos esa luna gorda y blanca de la que hablabas...

    ResponderEliminar
  2. Los caracoles son así, lentos pero siempre libres.

    ResponderEliminar
  3. Hola, Chicolalola2. Espero que tu segunda noche de UCI sea laboral. Tan lejos y lo que acerca una luna gorda y blanca...

    dintel, jajaja. Lentamente desapareció y nunca más se supo de él.

    ResponderEliminar
  4. Otro lugar y la misma luna...y ese jamoncito y ese vino. Oh, Candela, tu viaje lo estamos disfrutando todas. Qué gusto - y qué inolvidable para las niñas! Besos.

    ResponderEliminar