04 julio 2009

Sexto día: Naturaleza, (arte) y suerte


Nos hemos levantado un poco tarde porque anoche estuvimos de cháchara las cuatro en nuestra habitación. Entre lo serio y lo divertido, proyectos, bromas, masajes de pies, estudios y otras mil cosas nos dieron las tantas. Al final casi hubo que empujar a las niñas para que se fueran a dormir.

Hemos desayunado en la terraza de siempre, en una placeta que está entre una iglesia y un pequeño canal. Siempre me sorprendieron los gorriones italianos por su familiaridad. No tienen miedo. Si te descuidas se meten en el plato y picotean el desayuno. Así que una de las distracciones que acompañan nuestro desayuno es poner una miga de pan en la palma de la mano y esperar (2 segundos) a que uno de ellos venga, pose sus patitas en un dedo y en un pis pas (o en un "periquito", como decía Mayita de pequeña) tome el pan y se aleje para comérselo a gusto, lejos de la competencia de otros gorriones y palomas.

Al terminar ya hacía bastante calor, pero queríamos ir a Giardini della Biennale, uno de los varios puntos en que se celebra la Bienal de Venecia, de la que este año es su 53ª edición. En estas fechas han finalizado las bienales de arte y de danza y no han comenzado la de música ni la de cine (esta última con sede en el Lido). El trayecto -de unos tres cuartos de hora en dirección al Lido- lo hemos hecho en un vaporetto, lleno de gente a rebosar.

Giardini es sede de la Bienal de Arte desde su primera edición, en 1895. Es un inmenso espacio verde en el que se sitúan tranquilos algunos canales, callejuelas, plazas y 30 pabellones de otros tantos países, incluido el italiano Palacio de Exposiciones de la Bienal. Estos Giardini (jardines) fueron creados por Napoleón a principios del ottocento, tras la destrucción de un barrio popular con sus conventos e iglesias.

Hemos pasado una jornada tranquila disfrutando del aire, del canto de los pájaros, de los prados naturales que lo alfombran todo, de parques infantiles y deportivos. Hemos paseado, nos hemos desparramado en la hierba, hemos comido en una de las varias terrazas que hemos encontrado y que siempre parecen únicas, porque están separadas e invisibles a las demás, en otras calles y otras placetas.



En uno de esos paseos entre árboles y arbustos perfectamente alineados junto a un canal, A. (nuestra otra niña), comentaba que todo el suelo estaba lleno de tréboles y que ella no creía que existiesen los de cuatro hojas. No había terminado de decirlo y la oigo: "¡Ohhhhhhhhh, nooooo, un trebol de cuatro hojas!" Pues sí, y aquí está:





En cuanto lo ha tenido en sus manos, y todas sin salir de nuestro asombro por el hallazgo, ha dicho que es para su madre (mamá de A., no te imaginas la suerte que lleva ese trébol). Lo hemos guardado entre dos hojas de papel, bien prensado en el bolsillo de una mochila.

Poco después, como si ya se hubiera abierto la veda de los tréboles de cuatro hojas, ella ha seguido buscando. Le he dicho que no es probable que encuentre otro, que eso posiblemente ocurra una sola vez en la vida y a ella le había tocado hoy. No se ha rendido. A gatas por la hierba ha seguido durante por lo menos una hora y ¡ha encontrado el segundo!, que me ha regalado a mí. ¡Gracias, pequeña!

Es la hora de salir a cenar. Nos lo dice el estómago, no el reloj.

...

¡Qué tormenta más bonita mientras cenábamos!. No ha llovido mucho, lo justo para pedirme silla donde me cayese algo de agüita. Las demás a cubierto. Las comidas y cenas las hacemos siempre en sitios que no son de paso entre puntos turísticos, lo que nos permite encontrar siempre preciosas y tranquilas terrazas, buena comida y precios mucho más bajos que en los itinerarios habituales para turistas. La zona de la Ferrovia, pero al otro lado del canal y luego callejeando, es de lo más recomendable, y frecuentado sobre todo por italianos, con algún que otro extranjero.

Luego de una hora de cháchara hotelera como la de anoche, llegó el momento de la carta de ajuste.

7 comentarios:

  1. ¡Qué gustazo de viaje! Por favor, tomaros un Bellini a mi salud (ya lo puse ayer, y me arriesgo a ser cansina, pero juro que el sabor no es igual cuando lo bebes fuera de Venecia)
    Desde luego, estáis generando mucha energía de la buena, ¿¿que por donde pisáis crecen los tréboles de 4 hojas??!!!

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  2. Qué relato más suculento. Apetece estar de vacaciones, unas vacaciones parecidas a las tuyas.

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  3. Los prados, las plazuelas, los gorriones....¡Madre mía, madre mía! Y yo aquí, sudando la gota gorda...

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  4. ¡Qué envidia de viaje, y de buen rollo que transmitís...! No me extraña que crezcan los tréboles de cuatro hojas a vuestro alrededor.
    Para vosotras este viaje será inolvidable, pero a la "niña extra", además, creo que le va a dejar una impronta muy positiva en su vida, por la generosidad con que es tratada.
    Un beso.

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  5. ¡¡Suerte?? ¡¡ya la tienes¡¡, transmite mucha tranquilidad y armonia¡¡

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  6. - Patsy, ¡ya comentaré algo al respecto en el siguiente post!

    - Dintel, vente, pero ¿qué digo? ¡si ya estás!

    - Marina, joía, el año pasado durante mi gota gorda envidié tu banco, y eso que sólo veía el banco!jajajaja

    - maikix, qué bonito eso de "que crezcan los tréboles de cuatro hojas a vuestro alrededor". Las niñas están disfrutando, nosotras no sé si atreverme a decir que más. La "niña extra" es todo un personaje, igualito que su madre... lo que nos hace reír!

    - Ico, ¡graciassssssssss!

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  7. que guay qué suerte si es que llevais la suerte donde quiera que vais!!

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