28 julio 2009

¿Vamos a conseguir destruirlo todo?


En la escuela no nos enseñaron ecología ni se hablaba de ello en la familia. Cuidar del campo, el mar o la montaña era algo natural que nos enseñaban sin palabras y aprendíamos por imitación.

Un hombre, una mujer y un bebé. Habíamos llegado con el coche hasta un determinado punto del camino, monte arriba. El resto lo hicimos a pie por un sendero. Llegamos a un llano solitario en la ladera por donde discurría un arroyo de agua clara, y nos quedamos allí a pasar el día. Al poco apareció una familia con un Land Rover que detuvieron a cinco metros de nosotros. Se pusieron a comer. Abrían una lata de atún y tiraban el envase allá lejos, donde "nadie pudiera verla". Lo mismo con las botellas vacías. Los restos de alimentos que no volaban tan lejos los metieron en una bolsa de plástico y la lanzaron también. Los mirábamos y nos parecía inaudito. No teníamos costumbre de ver algo tan sucio y descarado.

Al primer disparo de basura les llamamos la atención, pero el macho jefe de la tribu se puso agresivo. "La basura es abono para el campo, meteros en lo vuestro". ...Llevábamos un bebé.

Luego se entretuvieron el resto de la tarde en dejar bien limpio el todoterreno. Sacudieron las esterillas, vaciaron el cenicero y por último despatarraron el todoterreno en el arroyo y lo lavaron con un cubo y detergente. Al caer la tarde se marcharon, seguramente a una casa muy limpia con un coche impoluto. Todo en presencia y con la colaboración de sus tres niños.

Hará casi treinta años. Aquellos niños habrán llegado hoy a los cuarenta con la lección bien aprendida que estarán enseñando a su vez a sus hijos que tendrán las edades que ellos tenían. Y eso es lo que tenemos.

¿Pero cuándo empezó toda esa irresponsabilidad? En algún momento entre mi infancia y los años ochenta, creo yo. La proyección de futuro de nuestra sociedad no llega más allá de nuestra propia vida, ya ni siquiera alcanza a proteger el mañana de los hijos a nuestra muerte, mucho menos al resto de generaciones. Estamos inmersos de lleno en una sociedad que quiere satisfacer sus deseos de manera inmediata con el mínimo esfuerzo y sin medir las consecuencias. La generación del "paso" (paso de ti, paso de política, paso de naturaleza, paso de todo).

Quemamos los montes porque ¿qué nos importa si vivimos en la ciudad?. Qué importa, si en los terrenos quemados podré construir una urbanización que me llenará el bolsillo. Dejamos basura y cristales en el campo, en la playa, en las plazas. Sorteamos las medidas gubernamentales de protección del medio ambiente para molestarnos menos, producir más, ganar más aquí y ahora.

Mi esperanza es que no tardemos demasiado en darnos cuenta como especie de los errores que estamos cometiendo. Por ahora somos menos los que sufrimos al ver quemarse un árbol que los que no sienten nada. Algo tendríamos que aprender de las tribus aborígenes e indígenas que todavía quedan por ahí, muchos todavía no saben siquiera que existe un mundo "civilizado". Como dice Survival, "para ellos la tierra es absolutamente fundamental: es el centro de su vida tanto física como espiritual".

Siempre hubo desaprensivos y personas responsables pero unas veces predominan unos y otras veces otros. Aquí estamos achicharrándonos y mirando con impotencia cómo se queman nuestros árboles y se contaminan nuestras aguas, pero seguimos tirando pilas a la basura, latas de refrescos por la ventanilla del coche, aceites requemados al fregadero y pensando "alguien lo arreglará, que para eso les pagamos".

4 comentarios:

  1. ¡Hola!
    Hemos comprobado que no se muestran las actualizaciones en el enlace que muchos tenéis a nuestro blog. Estamos tratando de solucionarlo, aunque parece ser un problema de Blogger. Os informamos de que seguimos publicando con regularidad, intentando compaginar la información de interés con posts entretenidos. Si lo preferís, podéis seguirnos en el grupo de facebook.

    Gracias por vuestra fidelidad y un abrazo.

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  2. La cultura de la inmediatez, la estupidez y la barbarie. No estamos preparados para ser libres Candela.
    Menos mal que siempre hay compensaciones (aunque a la vista de lo cotidiano, insuficientes)

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  3. Queda mucho camino por hacer para que las nuevas generaciones emprendan el camino de la cordura.

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  4. lo único bueno que se me ocurre es que el bebé que tú llevabas en ese tiempo ahora estará en la edad adulta y también tendrá la lección bien aprendida...

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