20 julio 2009

Volver a casa

Ya puedo dar por concluido este viaje de veinte días. Dentro de unas horas podré ver a mi hija mayor. ¡Cuántas ganas tengo de abrazarla! Más que de ninguna otra cosa de las que me esperan a la vuelta. Luego están nuestros dos gatos. Ya sé cómo será el reencuentro: aunque abramos la puerta sin hacer ruido, sé que ellos estarán sentados allí en el recibidor mirando hacia fuera, como si se hubieran pasado todo este tiempo allí a la espera de nuestro regreso. Quienes dicen que los gatos son egoístas e independientes es que no se han parado a mirarlos de verdad. No mueven el rabo como los perros ni van a saltar a nuestros brazos, ni van a ponerse a maullar como locos. Estarán solamente esperándonos junto a la puerta de casa, y así lo habrán hecho cada uno de estos días, en silencio. Otros dos gatos que tuvimos hasta que murieron de viejos, cuando me iba durante una o dos semanas, traían desde el salón hasta el recibidor una jarapa enorme y pesada que cubría el sofá. No sé cómo podían acarrearla, pero la colocaban a la entrada y al entrar por la puerta los encontrábamos allí acostados.

Estoy resfriada desde ayer. En las últimas horas hemos tenido fuertes cambios de temperatura y clima, desde el calor húmedo de la costa dálmata hasta los 12º de Istria, con una de esas tormentas espectaculares que allí son tan frecuentes, como la que presenciamos viajando hacia Zagreb al principio de nuestro viaje. Luego el aire acondicionado del coche, el del catamarán, el del tren... y a mí no me gusta el aire acondicionado. Solamente lo utilizo si estoy sofocándome de calor y sólo durante unos minutos. He pasado frío, calor, frío y calor.

Pero ya mismo estaré en casa. Aquí en el blog haré algún resumen del viaje, o contaré algunas de las mil cosas que se me quedaron sin escribir. Ahora os dejo porque ¡voy para casaaaaaaa!

3 comentarios:

  1. Los gatos son maravillosos. Tengo 5 y sí, te saludan, te cuentan y te echan de menos a su manera. Saben querer más que los humanos.
    Y ahora disfruta de tu casa que también os echa de menos.

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  2. Pues feliz regreso... y en cuanto a los gatos, es que no son para todo el mundo. En México dejé a uno de los grandes amores de mi vida que es una gata: Paca, que ahora mismo tiene casi diecinueve años. Una amiga la tiene ahora en su casa. No quise someterla al viaje y cambio de escenario dada su edad... la gente se ríe, pero muchas veces dije que Paca había estaod conmigo más tiempo que ninguna de mis parejas y es verdad. Espero que te restablezcas pronto.

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  3. Pues venga, no demores ese encuentro con tu hija y con los gatos. Cuidate el catarro, y muchas gracias por tu comentario de ánimo. Un beso

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