09 julio 2009

Zagreb

Sin más secretos... :)

Anteanoche llegamos a Zagreb, la capital de Croacia, y la ciudad nos pareció mortecina. A eso de las diez de la noche casi no había nadie por el centro. Parecía aposta que los pocos sitios donde aún servían comida estuviesen cerrando justo cuando íbamos a pedir algo. Y claro, no nos lo servían. Ni siquiera un trozo de pizza de llevar, que estaba en la vitrina delante de nuestros ojos y a un sólo alargar de mano de la dependienta. Lo mismo pasó con las fuentes. Había una que me gustaba y por aquello de estrenar la cámara en Zagreb, puse a las niñas delante para tirarles la foto. Plop! En ese momento la fuente apagó sus luces y dejó de echar agua. Volvíamos con idea de asaltar el minibar del hotel, pero tuvimos la suerte de que en un centro comercial aún estaba abierto un puesto de bocadillos y refrescos, que fuimos comiendo y bebiendo camino a la cama.

Fue ayer cuando vimos la ciudad de otra manera. La pateamos todo lo que dieron de sí la mañana y parte de la tarde. Es como si todo el mundo estuviera en la calle, en las terrazas, en las plazas, junto a los monumentos y en los mercadillos de fruta, ropa y artesanía...




Tiene verdaderas joyas como su catedral gótica y neogótica, que se comenzó a construir a mediados del siglo XIII después de que otra románica fuese destruida por los tártaros. Luego, en el siglo XV fue fortificada por una muralla, de la que todavía queda uno de sus lados y una torre. El altar es una maravilla, pero no es ni mucho menos la única que hay en su interior.




Me encantó la iglesia de San Marcos (S. XIII). A su izquierda está el palacio presidencial y a su derecha, en la misma plaza, el Sabor (parlamento croata). El tejado -de colores- de la iglesia es de 1880. A la izquierda muestra el escudo medieval de armas de Croacia, Dalmacia y Eslavonia, y a la derecha el escudo de Zagreb.

Dando vueltas y callejeando -pues Zagreb, según se dice, es otra de esas ciudades en las que se aprende más callejeando que consultando guías- fuimos descubriendo tesoritos escondidos a la vuelta de cualquier esquina, como la Puerta de Piedra, la entrada oriental a la ciudad durante el medievo. Según cuenta la leyenda en 1731 un incendio quemó completamente la puerta de madera que había, pero quedó intacta una imagen de la Virgen y el Niño, obra de un artista desconocido de aquella época. Ahora esa imagen, protegida tras un cristal, es veneradísima por la gente de Zagreb y de otros lugares que vienen a rezar, poner velas y dejar flores. Las paredes están llenas de placas o losas de agradecimiento.

Para redondear la mañana fuimos a comer al Tip Top, del que una guía dice que sus camareros trabajan con sus viejos uniformes socialistas y presentan un semblante ceñudo. Los encontramos ataviados con ropa de camarero normal (camisa blanca y pantalón negro), pero eso sí, ceñudos, serios y estirados, sobre todo la que parecía más jefa, que tenía toda la pinta de una funcionaria de prisiones a la antigua usanza. Pero eso sí, muy profesionales e incluso simpáticos si rascabas un poco bajo su tirantez. La comida es buenísima, principalmente dálmata, aunque nos decidimos por otra más bien italiana, pero tan exquisitamente preparada que tenemos que volver. Mañana tal vez. Encontramos el restaurante casi por casualidad, escondido tras un andamiaje que ocultaba toda la fachada del edificio.


Una foto del poeta Tin Ujevic sentado en el Tip Top



Presentación del Tip Top en su carta

De vuelta al hotel encontramos el parque botánico y nos quedamos allí durante una hora o algo más, protegiéndonos de la lluvia con los paraguas que nos regalaron en el hotel de Venecia. Tienen una gran variedad de plantas, muchas de ellas tropicales, un pequeño lago con tortugas y muchísimos árboles, muchos de ellos centenarios.


Pasamos el resto de la tarde y la velada en plan reposo hotelero, con nuestras charlas de a cuatro, leyendo y viendo televisión y con nuestra conexión a Internet caput (caducada).

Zagreb llama la atención por sus mezclas. Aparte de los monumentos de unos u otros estilos, lo que es la ciudad habitada por la gente a veces es un batiburrillo de edificios de la típica arquitectura austrohúngara de la zona mezclados con estructuras socialistas -a veces demasiado altas, con demasiado cemento y la verdad, muchas demasiado feas. De todas formas es una ciudad para ver, con calles y carreteras muy cuidadas, con ventanas adornadas con flores de colores y muy limpia.

En cuanto a la gente, no podemos hablar mucho de ella todavía. Desde fuera llama mi atención que no son nada ruidosos, incluso en sitios donde hay mucha gente. Además parecen personas bastante tranquilas (y de gesto serio también).

Todo eso fue ayer. Hoy ha sido una jornada de estar fuera de la mañana a la noche, pero ya lo contaré después.

1 comentario:

  1. ¡Preciosa la iglesia de San Marcos! ¿En qué consiste la comida dálmata? Me voy a google a ver si encuentro algo traducido de Tin Ujevic.
    ¡Qué maravilla de viaje!

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