22 agosto 2009

De cómo las casas se impregnan del espíritu de quienes las habitan

Después de siete años de relación de vacas tan flacas que me intoxiqué con su mala leche, hacía siete días que había dejado su país y se había mudado a casa 'para siempre' (no creo en el para siempre, pero hace bonito). Al siguiente salí a trabajar y cuando regresé ya no estaba. Desapareció sin más, sin dejar ni una nota escrita. Nunca más se supo.

Para entonces ya tenía aprendido que los duelos pasan. Esa lección me la había tenido que estudiar un puñado de veces. ¿Cuánto duró entonces el duelo por la pérdida? Unos minutos. El tiempo que tardé en recuperarme de la sorpresa y darme cuenta de lo que me había quitado de encima.

Sin embargo notaba que algo seguía sin ajustarse. No era yo, ni los gatos, ni el perro, ni mis hijas. Era la casa en sí la que no se había recuperado. Supe que no hace falta que alguien se muera para que deje su alma esparcida por los sitios donde vivió. La suya era fea y había dejado impregnado de fealdad mi espacio vital.

Una semana después de darme cuenta de que mi casa no sonreía ni tenía intención de hacerlo nunca más, me deshice de ella. Regalé y tiré todos los muebles, sábanas, toallas, cortinas, colchones... Me deshice de todo excepto de mis ordenadores, mis cuadros y mi música. Miré mis libros, que ocupaban toda una habitación y me acordé de Carvalho, que iba usando los libros absurdos para encender la chimenea. Hice una selección de los que nunca habría querido desprenderme, regalé los demás. Mi biblioteca se redujo a la mitad.

Tampoco tiré sus fotos. Esas siguen guardadas. Nunca tiro una fotografía de alguien que me hizo daño, no sea que la memoria me falle y olvide. Ciertas cosas no se deben olvidar, no por un afán victimista ni nostálgico sino de utilidad. Quizás sea por aquello de que quien olvida su historia está condenado a repetirla. Tirar p'alante sin tener que enterrar trozos de la propia memoria es cuestión de ovarios.

Me fui a otra casa, con otros muebles, otras sábanas y otra piel. Mi casa huele bien, quien duerme aquí nunca padece insomnio. Pedí a quienes me conocían desde siempre que me hicieran un croquis del camino y señalaran el punto en el que me había perdido, porque ya lo único que me faltaba por hacer era ir a recogerme, lavarme, coserme y plancharme. Hecho eso acabó de dibujarse un amplísimo horizonte delante de mis ojos.

Unos años después ella apareció despacio por el noreste. Fue verla de lejos y la casa abrió todas sus sonrisas de par en par y así sigue, tan contenta.

12 comentarios:

  1. Las casas tienen una memoria energética acojonante...y qué bien lo has solventado.

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  2. Sólo tengo una experiencia de este tipo, porque sólo he vivido con una persona. Cuando me separé de mi ex marido, cogí mis niños y mis cosas y me marché del hogar conyugal. Quería empezar en algún lugar que no guardase recuerdos.

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  3. Como se suele decir "borrón y cuenta nueva", pero como muy bien dices, no hay que destruir el pasado, forma parte de nuestra vida y aunque haya sido un pasado doloroso, está ahí.
    Me alegro que tu casa ahora sonria por los cuatro costados!!!

    Un besote!

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  4. Si las casas tienen memoria energética (Alson) fue la mejor decisión que pudistes tomar. Es muy bueno deshacerse de lo que ni queremos ni necesitamos, ahí si que limpiamos (recuerdos, malas vibras...) y podemos avanzar hacia delante.

    Me alegra que tu casa, tu hogar sonria. No todas las casas son hogares, la tuya lo es.

    besotes

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  5. Cuánta verdad, Candela. Me gusta la "memoria energética" de Alson :-)

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  6. Deshacerse, para volver a rehacerse... "tan sólo seremos libres cuando no haya más que perder" dice Vetusta Morla... cuánta razón!!!

    Abracitos salinos para tu casa feliz y para tu hogar lleno de amor

    P.D.: cómo me reí de tu "cagontolocagable" jajajaja

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  7. qué bien viene de vez en cuando una mudanza, a veces no hace falta ni siquiera cambiar de casa, basta con mudar todo lo que hay dentro y la casa y una misma nos sentimos mejor ¿verdad?

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  8. Alson, menudo término has acuñado! Me gusta.

    Maikix, y qué bien sienta sentirte en territorio propio, TUYO.

    Alma, si es que al final estás donde estás por el camino que has recorrido, para qué borrar el camino, no?

    Mam, a otras personas les puede hacer bien otra cosa, no sé, meteterse a cartujo. No hay recetas mágicas que le sirvan a todo el mundo. Pero hay que encontrar la propia y como mi casa había acumulado 'malos vapores', a tomarlporculo la casa.

    L'avendetta, a mí me ha encantado lo de la 'memoria energética'. No le he cambiado el título al post porque ese término es ya de ALSON.

    Lena, al final me va a gustar Vetusta Morla :) Lo de cagontolocagable fue antes de esta historia de vacas flacas, jajajaja.

    Marcela, sí que funciona. Muchas veces sin cambiar el contenido, sólo moverlo de sitio y redecorarlo.

    Mil besos a todas. Que paséis un feliz fin de semana.

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  9. ya sabes que yo salí de mi casa para no volver (los acontecimientos fueron muy traumáticos), hasta que descubrí que me esperaba allí mi futuro. Quité los fantasmas del pasado, redecoré mi vida y volví a empezar.

    me ha encantado el post.

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  10. Gracias...soy "compresora de palabras" a falta de talento literario o narrativo como el vuestro.

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  11. Me ha encantado este post, sobre todo, la parte en la que dices que "tirar p'alante sin enterrar trozos se la propia memoria es cuestión de ovarios".

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