05 agosto 2009

Un fotógrafo entrañable

Nadie lo conocía por su nombre sino por su apodo y la última vez que lo vi fue el día de mi primera comunión. Lo recuerdo bien porque aparece en una de las fotos que no disparó él. Estaba allí de pie, con gafas oscuras, mirando hacia los niños y niñas que por turnos iban comulgando.



Era un fotógrafo de calle, no de estudio. Andaba y andaba por el pueblo, por las aldeas cercanas y los cortijos con su cámara al cuello, por ferias y verbenas. Lo llamaba la pareja de enamorados que querían una foto de su primer baile, o le daban cita para bodas y comuniones. Si era la feria del pueblo llevaba un caballito de cartón para hacerles fotos a los niños.

Hace tres años, en mi última mudanza, descubrí que había perdido prácticamente todas mis fotos de infancia, que no eran muchas, y bastantes de mis padres de niños y jóvenes. Las mejores fotos que teníamos. Muchas las hizo aquel fotógrafo. Mi madre las guardaba como oro en paño pero yo se las pedí hace años con la promesa de llevarlas a escanear (no tenía ni ordenador por entonces). Seguramente las llevé a algún sitio y olvidé recogerlas, pero he recorrido todos los estudios fotográficos que se me podían ocurrir y solamente en uno guardaban viejas fotos olvidadas. Las miré todas durante horas pero las mías no estaban. Los demás me decían que a los cinco años tiran todo el material, incluidos los negativos de las fotos que hacen.

Me preguntaba dónde estaban los fotógrafos como los de las películas, que conservan los negativos de toda su vida profesional, desde años remotos.

Mi madre está enfadada por haber perdido todas aquellas fotos familiares, irrecuperables. Yo lo estoy conmigo misma, por despistada, por descuidada, o tal vez porque en mi afán de guardar bien guardadas las cosas importantes, las habré metido quién sabe dónde.

Hace unas semanas le pregunté a mi padre qué sabía ahora de aquel antiguo fotógrafo de a pie. Me dijo que seguramente habría muerto, que hacía muchos años que no sabía nada de él y que no tenía noción de que sus hijos hubieran continuado su profesión allá en el pueblo.

Pero hoy, en mi eterno afán de localizar aquellas fotos perdidas, puse su apodo y el nombre del pueblo en Internet y lo encontré en las páginas amarillas. ¡No era posible! ¿O sí?

Llamé al número que figuraba, me contestó un hombre y le pregunté si era familia de aquel fotógrafo con tal apodo. Me dijo que sí, que era su hijo. Entonces le conté lo que querría: localizar los negativos de aquellas viejas fotos que su padre hizo a mi familia. Me dijo que su padre, año por año fue conservando absolutamente todos los negativos de las fotos que hizo. Los tienen todos y los hijos están empezando a escanearlos y clasificarlos. Su padre vive aún. Tiene 80 años. Dentro de un año esperan tenerlo todo clasificado. Y entonces que vaya y busque lo que quiera. ¡Yujuuuuu!

14 comentarios:

  1. qué bien, qué suerte que no te diste por vencida e insististe, has tenido premio. Enhorabuena. Además, me gustó la historia del fotógrafo, seguro que será un placer hablar con él.

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  2. Una historia preciosa... y qué bueno llegar a recuperarlas... el mundo es un pañuelo!
    Un beso.

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  3. Sí, internet se ha convertido en parte del paisaje natural, en páginas amarillas globales...
    En mi caso particular, encuentro maravillas a la hora de buscar libros descatalogados.
    Salud.

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  4. No hay nada como un amante de su trabajo...¿también estamos perdiendo eso?...
    Celebro que lo encontrases.

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  5. Preciosa historia Candela, me gusta pensar que ese tipo de cosas le suceden a quien las puede apreciar, nada es casualidad. Yo también tuve la suerte de recuperar algún recuerdo que pensaba perdido para siempre, ya lo colgaré en mi blog.

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  6. Bueno mujer, al menos, no está todo perdido, de todas formas, eres un poco despistadilla ¿no?. Sigue haciendo memoria que lo mismo aún las tienes por casa. Un beso

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  7. Me encatan las historias con final feliz :))))))))))

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  8. Jo qué historia más chula.... :-)
    Me alegro mucho por ti, la verdad.

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  9. Qué bien poder recuperarlas. Es una gran suerte, porque como bien dices hoy en día ya no guardan nada.Al menos esos hijos han conservado el trabajo de su padre.:)

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  10. Qué bien!!! Un premio a tu perseverancia en la búsqueda y un alivio pa tu conciencia despistá... Esas fotos infantiles tienen un valor incalculable...

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  11. No todo el mundo tiene esa suerte. Porque esto es suerte.

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  12. Sí, es una suerte haber reencontrado a uno de esos personajes amantes de su profesión, vocacional.

    Un premio a la constante búsqueda de las fotos perdidas y un paliativo a mi sentimiento de eterna boba despistada.

    Aún me queda el temor de que dentro de un año llegue a su casa, me ponga a buscar y no encuentre nada de lo que busco. Pero al menos durante un año viviré con el sueño de que será posible hallarlo.

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  13. no es suerte, es perseverancia, confianza en conseguir algo tierno, que solamente el alma puede apreciar.

    Enhorabuena por no desfallecer en el intento...

    Este sí que es un fotógrafo de los de verdad.

    Abracitos fotográficos

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  14. Purita magia. Me encantan estos milagritos de Internet y descubrir que hay gente que ama tanto lo que hace.
    Verás como estarán todas.

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