30 septiembre 2009

Previsibilidad hospitalaria


En el hospital

Pepa sale del quirófano medio adormilada en la camilla. Me saluda con su sonrisa (¡qué sería si un día no sonriese!) y su tarro de tornillos brillantes en la mano.

Durante la reanimación me voy corriendo al hospital donde ha estado la niña para que me den el justificante para su cole y para el mío. Con las prisas olvidé pedirlo. La Mayi no me acompaña, que está coja, y se queda en la habitación vacía que espera a las cuatro operadas, entre ellas, mi chica.

Dos horas más tarde mi Pepa llega en cama rodante a la habitación, con el suero puesto. La goma (como quiera que se llame) está llena de sangre. El suero no gotea. Tiene el brazo recto. Sé que si llamo a la enfermera va a decir: "Eso es que no tiene el brazo bien puesto" (ya tengo experiencia de las andanzas de mi madre en hospitales como operada). Llamo a la enfermera.

- A ver, a ver. Esto es que no tienes el brazo bien puesto. -Tira de aquí, pone de allá, pincha una jeringa en el suero, aspira, pim pam pum... caen dos gotas- ¡Ya está!

Diez minutos más tarde la goma vuelve a estar llena de sangre, el suero no cae. Cambio de turno de enfermeras. Llamo a una.

- A ver, a ver. Esto es que no tienes el brazo bien puesto. Si es que no nos haceis caso, ¡el brazo recto! - Tira de aquí, pone de allá, mete una jeringa en el suero, aspira, pim pam pum... caen dos gotas.- ¡Ya está!

-Mire -digo yo- es que el chisme ese no funciona bien.

-¿Qué chisme?

-Algo del suero o de la goma o de sus mecanismos no va bien.

-Va todo perfecto, es que habrá doblado el brazo... -Sé que en el fondo no se cree lo que me dice, mirando de reojillo el artilugio que amaga con soltar una gota suspendida que suspendida se queda. Hace mutis por el foro.

Media hora más tarde, Pepa se quiere levantar y dar un paseo. Como no hay carritos portasuero, coge el suero con la otra mano y pasea como estatua de la libertad, con su goma llena de sangre hasta la mitad. Ya que pasamos junto al garito de las enfermeras dice que va a preguntar si se lo arreglan. Le digo: Pon el brazo tan alto que ya ni llegues, porque ahora la respuesta será: "Es que si no lleva el suero por encima de la cabeza...".

-Claro, claro, es que si no lleva el suero por encima de la cabezaaaa... Métase en la cama y cuelgue el suero.

Obedientes nos vamos a la habitación. Eran las 3 y pico cuando la última recomendación. A las 7 le dan el alta, le desenchufan su suero, que sigue intacto, tiran a la papelera el suero y la goma llena de sangre. Me voy corriendo al parking, que está cerca del hospital donde han operado a Mayita, para buscar el coche. Nos vamos a casa, con nuestro tarrito de tornillos brillantes, nuestras sonrisas y nuestras cojeras (yo también cojeo de los dos pies ya a esas horas, quién sabe si por mimetismo).

28 septiembre 2009

Mi coja del pie izquierdo, mi coja del pie derecho y aquel hombre solo

El martes no fui a trabajar. A las 8 dejé a Pepa en un hospital para que la operaran del pie izquierdo. Ni paré el coche. Tuve que ir a casa porque había olvidado los papeles de la operación del pie derecho de Mayita, que era a las 10 en otro hospital. Para las 10 ya estaba en el hospital 2. Para las 12 de regreso en el hospital 1 con Mayita cojeando y Pepa en el quirófano.

Hasta las 7 de la tarde en el hospital 1, esperando el alta de Pepa, saliendo de vez en cuando fuera para fumar. En la penúltima salida, sentado en el banco de enfrente, debajo de los árboles había un hombre de unos cincuenta con su camisón fino de enfermo de hospital mal atado al cuello. Estaba solo, fumaba un cigarrillo y tenía la mirada perdida. Se levantó y se puso a pasear, siempre con la mirada fija en algún punto lejanísimo. La abertura posterior del camisón dejaba ver la delgadez de su cuerpo, su espalda desnuda y su pañal torcido y sucio. En la mano llevaba una bolsa de orina enlazada con un tubo al interior del pañal.

En mi última salida seguía allí, con el camisón más arrugado, la espalda más desnuda y el pañal más sucio. Volvía a estar sentado en el mismo banco. Se levantó y caminó despacio hasta traspasar la verja, con su bolsa de orina en una mano, el camisón recogido en un puñado en la otra. Y siguió caminando ya por la acera de la calle hasta la parada de taxis. Unas cuantas personas que estaban de visita en el hospital salieron detrás para detenerlo mientras otras llamaban dentro del hospital preguntando si no había nadie que vigilara a los enfermos ¡Que se les va un enfermo! Cuatro o cinco personas de bata blanca en lo alto de la escalinata no pudiendo salir a buscarlo porque tenían que atender pacientes, papeles, teléfonos... Salí y lo vi mirando tranquilo a todas aquellas visitas -no suyas- que lo animaban a volver sin atreverse a acercarse demasiado a él. Tenía la misma expresión perdida. Aunque no sonreía, casi parecía feliz.

Volví a la habitación del hospital. Pensé en la soledad y en la locura. Qué va antes y qué después. También en el desamparo y el olvido de quien no tiene a nadie que presente hojas de reclamaciones.

27 septiembre 2009

¡Un poco de silencio!


A principios de mayo hubo un cambio de presidencia de la comunidad donde vivo. Como no conozco a nadie de la urbanización (para qué cambiar si estuve en la anterior 22 años y si me hubieran puesto separadas a las parejas para jugar a emparejarlas, no habría dado ni una), no voté a la presidenta que se presentaba no porque no la conociera (que no la conocía) o me pareciera mal o bien, sino porque no me gustó el juego sucio que montó para conseguir los votos. No obstante ganó (ya se sabe que con juegos sucios casi siempre se gana).

En los años que llevo aquí me he vanagloriado de lo civilizada que era esta urbanización, tan silenciosa y tranquila que la cosa tenía hasta ciertos inconvenientes: que algunos protestan porque el canario de la vecina empieza a cantar al amanecer, porque el gallo de la casa cercana canta de noche cuando va a cambiar el tiempo, porque el niño del primero juega y ríe en su balcón o porque el gato del vecino se pasea por los tejados o terrazas adyacentes invadiendo la privacidad de los vecinos. A mí, en cambio, esas rupturas del silencio me resultan adorables. Otra cosa sería que hubiera 50 gallos cantando de noche, 100 canarios cantando al amanecer o 50 niños jugando y chillando en sus balcones, todos a la vez.

Desde mayo, cuando la nueva presidenta se llevó la presidencia y consiguió votos también para que saliera el administrador y entrara como administradora su mejor amiga, las cosas han cambiado. (Con lo maja que era la presidenta saliente. Hemos cambiado su chándal y su sonrisa por la cara tiesa y los tacones de la de ahora). Para que la votaran prometió hacer lo que la mayoría quería. ¿Tiene siempre razón la mayoría?

La primera en la frente fue la decisión de cortar las cuatro mimosas del jardín porque ensuciaban los patios privados de algunos vecinos.

La segunda ha sido levantar la veda de los ruidos. Una urbanización con tantos niños debe darles permiso para expandirse. No importa que tengamos dos preciosos parques y todo el campo del mundo al lado del edificio. Sigue habiendo un canario que canta al amanecer y un gallo que canta de noche cuando va a cambiar el tiempo o algún gato que pasea por los tejados de los áticos. Lo que ha cambiado es que en la pequeña zona común que tenemos, todas las tardes del calendario escolar y todos los días del calendario no lectivo hay una media de 10 mamás, 10 papás y de 20 a 30 niños jugando. Juegan al balón golpeando la verja, juegan con sus trompetitas de feria, juegan con sus vehículos a motor de juguete, chillan sin consideración, todo el puñetero día ayudados y jaleados por sus papás y sus mamás. Son los mismos papás y mamás que protestan porque el canario o el gallo irrumpen en el sueño de sus vástagos o un gato pasea por el borde de su terraza.

Es una urbanización ocupada por parejas jóvenes con niños pequeños. El mayor no tendrá más de 8 ó 9 años. Muuuuchos niños y niñas pequeños, que no pasa nada si rompen una planta, berrean a coro o te pegan un balonazo al pasar. Hace poco llamé la atención a un crío que destrozaba un pequeño laurel (su mamá "ciega" estaba con él) y hoy a uno que me ha lanzado (sin querer) un balonazo a la cara. En los dos casos la mamá se ha acercado al niño, lo ha cogido de la mano y se lo ha llevado sin siquiera mirarme, con cara de ofendida. La de hoy le dice: "Venga, deja el balón que ya te han llamado hoy tres veces la atención". Noooo. No es "deja de dar patadas al balón porque estás molestando", es "que te llaman la atención" (otros, no yo, tu mamá, porque yo no te voy a regañar, hijo mío de mi alma). No quiero imaginarme lo que harán esos enanos cuando sean adolescentes y sigan usando las zonas comunes para su exclusivo uso y disfrute.

Exceptuando cuando habla (y yerra) de lenguaje machista o de feminismo, los artículos de Javier Marías me suelen gustar. El último, titulado "Pieles finísimas", va en la línea de lo que opino de la educación que suele darse a los niños y de los problemas que ya están causando adolescentes así educados a los papás y mamás que prefierieron ese tipo de educación en la que todo vale si mi niño se lo pasa bien y a mi niño no le chista nadie.

En fin, a lo que iba es que por las mañanas voy a mi trabajo, por las tardes no puedo concentrarme porque hay un ruido infernal. Podría dormir por las tardes y trabajar por las noches, pero ¡quién duerme por las tardes con ese ruido! Entre unas cosas y otras voy retrasada en mi compromiso con la editorial. Y como no puedo hacer otra cosa me he levantado la prohibición de escribir en el blog.

23 septiembre 2009

Si da dinero es legal


Para una vez que se ponen de acuerdo PP y PSOE, es para no ilegalizar las fiestas cuya diversión consiste en maltratar animales. Los argumentos -algunos enmascarados- son que la gente paga por participar y que atraen al turismo.

Argumentos que abren puertas a la imaginación.
Imaginad, imaginad.
Si da dinero no es tan malo.
Si da dinero es legal.

"La definición de maltrato es opinable". Javier Márquez, PP.

21 septiembre 2009

Anuncio de otoño

Ha sido una preciosa tarde con sus colores ya otoñales en el aire, un día digno de ser celebrado. Os contaré qué tiene de especial, pero ahora tengo solo unos minutos para dejaros estas fotografías del anochecer de hoy. Están tomadas con mi móvil desde una carretera en tierra de los primeros pobladores de Europa.

La primera es el extremo de un arco iris de colores tan intensos que la cámara solamente pudo captar los más calientes.

¡Feliz entrada en el otoño!






19 septiembre 2009

Reflexiones post-visita de suegros

Esta mañana temprano se marcharon. No me he levantado para despedirlos porque no me apetecía. En el fondo me ha quedado un sentimiento de tristeza por ellos. Es lo que me provoca, además de ternura, conocer más de cerca referencias de sus historias y sus vidas. Vidas e historias que no tengo derecho ni a juzgar ni a desvelar. El derecho que sí me ampara es el de reflexionar.

Me miro, miro a mis hijas, miro lo que siento por ellas. Nacieron libres y yo permití, eduqué y aplaudí su libertad. Libertad responsable, por eso no he sido ni soy una madre permisiva ni blanda. Como seres libres no las eduqué para que se hicieran daño a sí mismas ni para que permitieran el que les quisieran infligir otras personas; las eduqué para que se apartaran de cualquier ente humano o divino de esos que nacieron para herir, someter, insultar, humillar o matar; y para otras cuestiones que, no estando de moda, muchas veces me provocan miedo por si las he dejado indefensas en esta selva, de manera resumida: no ser dañinas y pelear contra los dañinos. Hasta una cierta edad se educa, educar a partir de otra cierta edad es manipular. Que en esa segunda edad los consejos se dan cuando te los piden. Que los consejos no son dogmas. Que si algo se puede llamar pecado o delito es congelar una sonrisa y destruir la alegría de otra persona. Porque esa es mi pequeña filosofía, la vivo en lo más profundo y la sonrisa y la alegría de mis hijas y de las personas a las que quiero es impagable. Como nunca dejé que nadie interceptara o manipulara mi sexualidad, tampoco lo hice ni lo haré con ellas. No me decepcionarán si son heteros, lesbianas, bisexuales o transexuales. Es SU deseo, no el mío. El mío siempre fue libre y es el MÍO.

Por todo eso me cuesta comprender por qué hay padres y madres para quienes lo prioritario es que sus hijos sigan una determinada moral sexual, la que sea, aún machacando de por vida sus aspiraciones a la felicidad. Algo tan íntimo y personal como es la sexualidad no puede, no debe manipularse. Eso sí es una inmoralidad.

Pero los siglos pesan. Creo que los principios, hasta los más errados, se inyectan en los genes generación tras generación. Solamente quien tiene cerebro y lo usa puede deshacerse de la mierda generacional.

Ellos estuvieron aquí, fueron amables conmigo, con mis hijas y con otras personas de mi familia que han conocido. Han sido respetuosos. Nos han tenido la comida en la mesa cuando hemos regresado a casa. No dudo de que quieran a su hija, pero ese amor instrumental se desmorona en sus lapsus, más frecuentes e impactantes en su madre que en su padre ("desde que a mi hija le pasó aquello...", como si aquel momento lejano de saberse lesbiana fuera comparable a padecer una enfermedad letal, algo a lo que no se le quiere dar un nombre).

Por mi parte me ha afectado más la repercusión en mi pareja por esos lapsus que la que ha tenido en mí. Los veía sabiéndonos pareja, sabiéndonos felices en nuestra familia y de pronto salían esas frases que apenas fuera les hacían enrojecer y trastabillar un cambio de tercio o quedarse mudos. Por momentos a sus ojos me convertía en una muy buena amiga de su hija, que la quiere mucho y la trata bien y que la mantiene feliz hasta que pueda realizarse el sueño DE ELLOS: verla casada (feliz o no, no importa) con un hombre y madre de unos cuantos churumbeles. En el subterráneo se leía "pero si no fuérais tan felices, le harías un favor".

Esa infelicidad SUYA, no nuestra, también afecta. Es ese sentimiento de pena que da ver un problema ajeno. Aquello de que la homosexualidad no es una enfermedad y la homofobia sí.

18 septiembre 2009

Si me llamara Candelo

Hoy se cumplen 7 días de la llegada de la madre de mi pareja, 5 días de la llegada de su padre.

Día 1º de padre. Padre a su hija:

- Aquí está peor el paro. ¿Y si te vienes a Barcelona y cogemos aquel quiosco que se traspasa?

(Me pellizco... "¿estoy?")

Día 5º de madre. Madre a su hija:

- ¿Para cuándo vas a dejar lo de tener un hijo?
- No sé. De momento no me apetece.
- Pero cuanto mayor te hagas menos te apetecerá.
- Bueno, si me apetece menos no tendré un hijo.
- Tendrías que venirte a Barcelona y buscar un buen mozo, casarte con él y tener un hijo.

(Nosotras jugando a las casitas mientras llega el macho preñador).

Día 4º de padre. Reunidas siete personas en casa. Padre a mí, señalándome con el mando a distancia:

- Psssttt... pssssttt.... Perdona, no me acuerdo de cómo te llamas, ¿puedo poner la televisión?

(2 años oyendo mi nombre, cuatro días conviviendo con nosotras... no comment)


¿Habría sido lo mismo si me llamara Candelo?

15 septiembre 2009

Caótica la vuelta a las aulas en secundaria y F.P.

Si mañana los titulares de los periódicos andaluces dicen "Secundaria: Se inicia el curso con completa normalidad", es que sus fuentes mienten.

Como si se fuera a acabar el mundo, hoy tenían que abrirse las aulas para la secundaria y la F.P.

Los problemas más graves han tenido lugar en los centros con mayor número de alumnos/profesores, habida cuenta de que:

a) La llegada de profesorado con destino en el centro se produce el día 10, lo que no deja tiempo de elaborar para el 15 los horarios desde que se escogen cursos/grupos/asignauras.

b) Hasta la tarde del viernes 11 la propia delegación desconoce el número exacto de grupos, lo que podría incluso implicar la sobra o la falta de profesorado y por tanto no se puede iniciar la confección de horarios.

En el mío en concreto se daban esas dos circunstancias y además:

c) Nos citan hoy a las 8 para entregarnos los horarios, pero a esa hora aún no han terminado de elaborarse, por lo que no se sabe qué materia toca en cada hora. Solución: El tutor o la tutora de cada grupo se encargará durante toda la mañana de hoy de guardar y entretener al alumnado hasta las 14:45 horas.

Nos citan para las 17 h: Entrega de horarios como salgan del ordenador, sin retoques, no hay tiempo. A quien le gusten bien y al que no ajo y agua.

d) Las mamás de los más pequeños de la FP y PCPI (16 o 17 años) esperaban como cada año a la puerta del instituto para llevárselos de vuelta a casa tras una hora aproximadamente de explicaciones tutoriales y entrega de horarios. Al ver que pasaron dos horas y media y no salían se fueron a buscarlos. "Órdenes de la delegación de esta misma mañana, frescas frescas: Hoy se sale obligatoriamente a las 14:45". "¡Pues al mío me lo llevo, a ver qué se va a creer usted, que me va a tener a mí en la puerta hasta las tres, que vivo en la Quinta er Carajillo!".

Desde la calle a mi ventana, una mamá: "Señoritaaaaaaa, mándeme p'abajo a mi Jennifer". Detrás de ella otra mamá: "Y a mi Carlos Manuel!!!!!". Yo: ¡Pero de qué curso son? Las mamás a coro: del PISIPI o como se digaaaa.

e) Las mamás de los niños y las niñas, además del alumnado mayor de edad que vive en los pueblos de la zona X, se han amotinado a la puerta del instituto al saber que el nuevo horario de salida es las 14:45 en vez de las 14:30 que ha habido desde el año pasado hasta nuestros ancestros. El autobús de la zona recoge a las 14:45 y a las 15:45. O pillan el primero o llegan para la merienda a casa.

f) El inspector ha venido a presenciar en persona la normalidad y además de verificar todo lo anterior se le ha echado encima el equipo directivo:

"Para que la Junta se cuelgue la medalla del anticipo del curso, llevamos 3 días sin dormir. "¡Menos medallas y más respeto a su personal!".

Así los horarios entregados esta tarde tienen el grave problema de que en su mayoría no respetan la distribución que solicitamos, con lo que hay quien no pueden llevar o recoger a sus hijos de colegios y guarderías o coordinarse con su pareja: La conciliación laboral y familiar de los otros desconcilia la nuestra.

Pero mañana leeremos que la vuelta a las clases andaluzas se produce con toda normalidad y sin incidencias, pese a la huelga convocada por el sindicato tal o cual. Que conste que hasta los más convencidos de ir a la huelga han estado en el instituto para colaborar a que no se produjera el caos.

A la hora del pataleo:

El profesorado se queja al equipo directivo,
que dice que obedece órdenes del inspector,
que dice que obedece órdenes del delegado de Educación,
que dice que obedece órdenes de la Junta.

Si vuelven a ganar desde luego NO SERÁ CON MI VOTO

14 septiembre 2009

La fidelidad de la pareja, la fidelidad a la pareja


Si hablamos de infidelidad suele venirnos a la mente nuestra pareja en situación de mantener relaciones sexuales (porque la fidelidad la entendemos mejor en el terreno sexual) esporádicas o habituales con una o más personas. Menos veces nos venimos nosotras mismas a la mente... creo que porque jode menos esta segunda hipotética situación.

A modo de aperitivo ¿por qué no hacernos unas preguntas?

1. ¿Está la infidelidad en pugna con el concepto de estabilidad en la pareja?

2. Si entendemos o nos perdonamos las propias infidelidades, ¿entendemos o perdonamos con la misma prontitud las de nuestra pareja?

3. ¿Somos una especie polígama por naturaleza? ¿Y las lesbianas?

4. Tras un pacto de libertad sexual, la denominada infidelidad a la pareja se debe llamar así, "infidelidad"?

5. ¿Desear a otra persona que no es la pareja, significa que se ha perdido el deseo por la pareja?

6. ¿Cultivar (enriquecer) la sexualidad en el seno de la pareja, evita o hace menos probable la aparición de deseo hacia terceras personas?

7. En pocas palabras. Te ponen en el brete de tener que decidir para el resto de tu vida por: a) Mantener esa relación que consideras la más enriquecedora, deseable y envidiable o b)Mantener tu libertad sexual. ¿Qué eliges?

8. Estás en una pareja con pacto de fidelidad. Si quieres mantener a tu pareja pero sientes un fuerte deseo por otra persona, lo mejor es: a) Nadar y guardar la ropa b) Hablarle de tus deseos esperando el "va avanti"? c) Realizar tu deseo y luego contárselo solicitando comprensión. d) Dejarla.

9. Ya no deseas a tu pareja, pero le prometiste fidelidad. ¿Continuar a su lado siéndole fiel es un acto honesto o deshonesto?

10. Hay un pacto de fidelidad. ¿Dejarías a tu pareja si descubres que te es infiel?.

11. Ahora, vamos a contar mentiras: ¿Has sido siempre fiel a tu/s pareja/s?

Queda abierta la caja de Pandora (Ave :)))). Abierta la veda a la libre respuesta, la sustitución, modificación, supresión o añadido de preguntas.

(Tengo mis respuestas escritas. No las pongo todavía para no daros ideas jajaja).

13 septiembre 2009

Casarse


La parejas se enamoran, pasan un noviazgo más corto o más largo, preparan su boda, se casan, preparan su divorcio y se divorcian.

Dintel contaba hoy una escena que me ha hecho recordar otras parecidas. En concreto una de dos chicas, celebrada con toda clase de lujo y boato, un dineral el que invirtieron en el "unidas para siempre" y en el viaje de luna de miel. Después de la luna de miel siguieron como antes, cada una en su casa, cada una con sus ligues hasta el divorcio.

Historias así me decepcionan. Hablar de amor para siempre es casi una utopía. El "casi" es porque tengo constancia de parejas que sí se quieren, respetan y desean durante toda una vida. Ya pocas veces nos atrevemos a creer que nuestra pareja será para siempre. Hemos vivido en carne propia que muchas veces un amor que se intuía inquebrantable se enfría pasado un tiempo por una u otra parte o por las dos. Aún así lo que se intuye para siempre suele durar más que lo que ya a priori intuimos como un "mientras dure". Ese "mientras dure" suena ya a preparativos de divorcio.

Este fin de semana se han casado Hester y su chica. No conozco de ellas más de lo que está escrito en La letra escarlata, pero tiene muy buena pinta: Hester escribe y siente el "para siempre". Nos habla de una celebración sencilla y entrañable. Las bodas con limusinas, caballos blancos y otras explosiones de lujo me hacen arrugar la nariz. Historias como la que cuenta Hester me animan y sueño con que pasen los años y sigan sintiendo lo mismo, porque mi escepticismo ya a día de hoy necesita ver para creer.

Siempre dije que yo, con casarme aquella vez, ya había cumplido con el matrimonio. Si separarse es duro aunque seas tú quien tomó la decisión, es más soportable cuando te evitas los trámites y firmas de un divorcio. Además esas bodas colosales que celebran parejas del "mientras dure" me suenan a jugar a casitas. Se implica a muchísima gente para que presencie tanto alarde de amor, para que poco después sean testigos también de un vacío que ya estaba ahí antes de casarse. Es como que se siente tan débil en el concepto de pareja que de cara a la galería hace falta emperifollarlo de efectos especiales.

Es curioso pensar que con este preámbulo mi chica y yo estemos preparando nuestra boda. Mi edad -creo que la edad influye- piensa y siente el "para siempre", si es con ella. Con ella es posible, porque no se la puede dejar de querer. Ella, mucho más joven, cree más en el "mientras dure", aunque nos imagina abueletas que aún caminan de la mano.

Será cuando estos dos libros estén terminados, quizás para la próxima primavera. Queremos una celebración sencilla y tranquila, con las personas indispensables, las que estuvieron a nuestro lado desde siempre o desde casi siempre. Espero que dure un múltiplo de 7 tan largo como lo que me quede de vida. (Será por puro azar, pero mis relaciones siempre han durado un múltiplo de 7 años).

P.D.: Detesto asistir a los rituales y festejos de bodas, propias y ajenas. Por mi parte podría quedarse en un acto íntimo (de 2). Sólo he ido en mi vida a las bodas estrictamente insoslayables. En la última a la que asistí como invitada, la entrada al teatro me costó 2.000 euros, sin hablar de lo que me costó la salida. Del hecho en sí de casarse, veámoslo como una cierta ventaja social y en nuestro caso además como un acto reivindicativo.

12 septiembre 2009

Olor a lluvia


Lo habríamos olvidado las dos de no ser porque esta tarde el viento se ha levantado fuerte y por la ventana ha entrado un olor peculiar y desacostumbrado en esta tierra, un aroma que no olvidaremos ninguna de las dos. Al unísono nos hemos mirado y hemos dicho "¡Olor a lluvia!".

Doce de septiembre.
El mismo viento, el mismo olor.
Aquí yo, amante de la lluvia me nombré con su aroma.
Lejana tú, viniste hacia mi nombre.

El tuyo en cambio no me atrevo a decirlo
no sea que al nombrarte se rompa el hechizo.

Dos años ya
¡Cuánto te quiero!

11 septiembre 2009

Me cansan las incoherencias

"Aumenta el fracaso escolar"
"Aumenta la violencia infantil y juvenil"
"Alarmante incremento de la violencia escolar"
"Cada vez son más las familias que denuncian maltrato por parte de sus hijos"

Son titulares de periódicos de izquierdas, de derechas, independientes, de educación, de USA, de Brasil, de España. Cotidianamente. La fuerza de la costumbre hace que nos suenen como las gotas que escapan del grifo por la noche: primero nos desvelan, con el tiempo ni se escuchan.

Paralelamente leemos:

"Padres y madres reclaman adelanto del curso escolar".
"Familias piden al Gobierno centros abiertos durante todo el día".
"Ciudanos se quejan de las excesivas vacaciones del profesorado".
"Incrementar el horario de escuelas e institutos para reducir la delincuencia juvenil".
"Más horas, más años de escuela obligatoria para sacarlos de las calles".
"El fracaso escolar en nuestro país es pionero en Europa".

Y también leemos con demasiada frecuencia titulares como:

"Otro profesor agredido por un alumno".
"Profesora golpeada por la madre de un alumno".

¿Todos esos problemas podrían tener la misma raíz?
Para mí que sí la tienen. Si no la misma sí unas raíces muy cercanas y muy acotadas: La falta de educación en la familia. La falta de atención en la familia. La falta de cariño en la familia. La falta de diálogo en la familia. La falta de tiempo para la familia. La FAMILIA.

Me importa un solemne rábano que la familia esté constituida por el papá y su hija, por las mamás y sus hijos, por la abuela y sus nietos o por quien quiera que sea que conforme la estructura familiar. Eso no es lo que cuenta, aunque algunos atacan por ahí. Lo que sé es que cada vez más las mamás, los papás o como se llame a los responsables de su unidad familiar, tiran balones fuera y obligan a legisladores, profesores, abogados, jueces o lo que sea a que se ocupen de sus hijos.

Los legisladores quieren votos y ofrecen a la sociedad lo que quiere oír: "Olvídense de sus hijos, que ya les hemos puesto las peras al cuarto a los maestros". Hasta ahora no se les ha ocurrido poner a trabajar a las empresas. El sistema capitalista es intocable, por más que manden las izquierdas o las derechas. No se establecen medidas que compatibilicen el cuidado de la familia con el trabajo. Para eso están los centros escolares. Que trabajas de tarde: Por la mañana tienes al crío en la escuela, lo dejas en el comedor, por la tarde lo apuntas a 200 actividades extraescolares, que aprenda inglés, karate, teatro, deporte, que sepa mucho muchísimo, que sea un hombre / mujer de provecho, que no esté solo en casa, que no esté en la calle descontrolado.

Cada día se hace más insufrible la educación. En mi instituto el año pasado hubo nada menos que seis bajas laborales de media y larga duración por depresión y agotamiento. La solución al fracaso escolar la encontraron nuestros legisladores: trabajen más horas al día y más días al año, controlemos la calidad de la enseñanza en función de las calificaciones. Pagando la calificación más alta obtendremos un mejor resultado de éxito escolar en las estadísticas europeas...

Ayer comentaba una compañera que otra que estuvo de baja por depresión apenas ha cobrado dos duros por lo del plan de calidad. La calidad de tu esfuerzo se mide también por tu salud física y psicológica. Camina o revienta.

Entiendo ese agotamiento, esa frustración. Que te hagan responsable absoluta de la educación de los menores, a los que además tienes que educar según otros criterios que ni siquiera son tuyos. No regañes, no seas dura, no suspendas... NO TRAUMATICES. Educa según "esta cuadrícula milimetrada" (¿cómo era aquello de la libertad de cátedra?)

Resulta que de los 60 y pico que componen el claustro del instituto, no he escuchado todavía a nadie decir que aumentando nuestro esfuerzo acabaremos con la violencia, el bullying o el fracaso escolar. Todo el mundo dice que esa no es la solución, pero cuando nos llega una normativa nueva, cuando se nos exigue un apretón más, un esfuerzo más, una incoherencia más, ahí estamos, con cara de póker, que no dice ni bueno ni malo, ni sí ni no. Te lo tragas y te entregas a la causa lo mejor que sabes y puedes. Somos una manada de borregos cansados.

Lo lindo del tema es que te vas a las páginas de tu sindicato de superizquierda, al que llevas afiliada tropecientos años. O te vas a la página de otro sindicato más anarquista, más peleador... y ¿qué te encuentras? Pues nada. Así de claro: NADA. Que si los interinos tal, que si el salario cual... ¿Qué pueden decir si ellos mismos pactaron con la Administración tales aberraciones? Aquellos sindicatos que hace años nos levantaban en masa por nuestros derechos laborales, ahora se han unido a la falacia política de que tenemos que reventar para que la sociedad prospere. Ya no están con los trabajadores, pactan con el empleador sin más preámbulos.

Ahora resulta que los únicos sindicatos que exigen una dignificación del papel del profesorado en el día a día, de su esfuerzo, de su cansancio, de su derecho a recuperarse de las batallas de cada año... son los de derechas. Mecagoentolocagable una vez más, coño. En mi puta vida he sido de derechas ¿y ahora son los únicos que dicen lo que estoy deseando escuchar? Que a nadie se le ocurra pensar que me estoy derechizando. Ni por eso ni porque piense que en efecto los niveles de agresividad, de analfabetismo cultural, emocional y social van en aumento. No necesito estadísticas. Para estadística tengo mi experiencia de 30 años trabajando en educación. Pero si hacen falta estadísticas, también las puedo aportar.

Una de las falacias que nos cuentan es: "En los países nórdicos las vacaciones escolares se reducen a un mes. El fracaso escolar es el más bajo". ¡Y una mierda! He trabajado en proyectos educativos con algunos países nórdicos durante seis años. Cada uno tiene un sistema de vacaciones. En Suecia por ejemplo hace diez años se establecía, además del mes de vacaciones anuales, una semana de vacaciones al mes. El objetivo es que alumnado y profesorado descansen periódicamente para que rindan más y mejor. No hablo de los salarios porque por entonces casi duplicaban los nuestros, ni hablo de la facilidad de atender a los propios hijos de los profesores en el mismo centro escolar, ni de los derechos de las madres trabajadoras, ni de la adaptación de espacios en el propio centro para no tener que llevarse trabajo a casa, del silencio que se respiraba en el ambiente, del respeto al tiempo del compañero o la compañera que tiene una hora libre de clases y se ocupa de prepararse o corregir, ni hablo del clima, de sus clases con calefacción todo el año, en contraposición con las nuestras cuando el calor de mayo en el aula ya vuelve el aire irrespirable.

Fuera de las horas de clase propiamente dichas, de las horas de tutoría y de las guardias, el resto del tiempo que paso en mi centro es TIEMPO PERDIDO. Ruido, interrupciones permanentes, falta de un espacio tranquilo en el que trabajar. Lo dicho: tiempo PERDIDO. Pero tengo que estar allí cada año más horas. Cada año tengo que madrugar un poco más y cada año tengo menos días de vacaciones. El trabajo que no puedo hacer allí me lo llevo a casa. Sumas 30 horas + 20 ó 30 horas más y nos salimos un poco del horario laboral legal.

Estoy harta de que se considere de progres o de izquierdas decir que "todo va bien". No va todo bien, pero los profesionales de la educación no tenemos la culpa, aunque la asumimos, por progresismo mal entendido, por lavado de cerebro, porque en el fondo eso de "dos meses de vacaciones" nos hace sentir culpables, o porque nos hemos cansado de decir basta.

10 septiembre 2009

Viaja por mi mano

Nunca se entiende un sueño
más que cuando se quiere a un ser humano,
despacio, muy despacio,
y sin mucha esperanza.

"La muerte de un sueño". Pedro Salinas




Fotografía del Paseo de los Tristes


VIAJA POR MI MANO

Podría regalarte una noche bañada de luna llena
bajo las viejas acacias del Paseo de los Tristes
ahora que el verano es sólo una presencia en el calendario
y el otoño una promesa de aroma y viento.
Una farola adormecida dibuja el paisaje de tu cuerpo imaginado
frente al mundo ausente, detenido.
¡Qué silencio! ¿Son tu día y mi noche que se abrazan?
Yo estoy aquí, contemplando la luna, sola,
y tú allá, templada bajo el sol de una tierra más verde.
Un palmo de mapamundi te me acerca,
con el pulgar acaricio Monterrey,
¿no sientes que un aire nuevo revuelve tu cabello?
Camina por mi mano derecha hasta el meñique,
deja que esta noche de Granada te seduzca,
estréchame por la espalda, acaricia mi cuello con tu aliento,
contempla el cielo conmigo y deja que la noche
nos lleve en su oscuro carruaje de silencio
al calor de algún hogar improvisado.

Agosto '97

Siempre que leo a Pena Mexicana y sus alusiones a su tierra, a Monterrey, me viene al recuerdo aquella vieja historia, de cómo yo, con mi mano sobre un mapamundi medía el palmo que había entre su tierra y la mía, como tendiéndole un puente. Recordaba una poesía que hice entonces, pero ¿dónde habrá terminado? ¿perdida en el ciberespacio? ¿en la papelera hace dos lustros? En un disquete, en un viejo archivo de WordPerfect. Ahí estaba.

09 septiembre 2009

A vista de pájaro sobre el curso académico


Ayer y hoy hemos tenido dos claustros, más informativos que participativos.

Información general: número de grupos, número de alumnos, profesoras y profesores nuevos, problemas con horarios, recomendaciones de seguridad y disciplina, bla bla bla, similar a los 29 años anteriores.

Medidas de prevención y actuación contra la gripe A: Eso después de que todos nos hubiéramos besado, abrazado y contado nuestras vacaciones, y mientras algunos tosían y estornudaban en la sala de reuniones cerrada a cal y canto. Mi compañero R, que llegó tarde, se vino para mí, me besó, me estrujó y se sentó a mi lado contándome -así con su manera de contar, de esa que a cada impulso de voz te hace ver vaporizada su saliva por la rayita de sol que entra por la ventana- que se encontraba pocho y le dolía la garganta. Claro, yo conteniendo la respiración. Un rato. Una hora era mucho.

Más información: Hoy se incorporaban los nuevos y nuevas, así que después del claustro había que escoger grupos y franjas horarias en reuniones de departamento. Las clases comienzan el 15, pero como para esas fechas el ordenador no habrá escupido los horarios, pues ese día y quizás al siguiente también, improvisaremos.

Información sobre becas 6000 y matriculación: Dada la oferta de becas de 6.000 euros anuales ha habido tortas por matricularse en 1º de bachillerato y en 1º de ciclos de grado medio. La cola daba la vuelta a la manzana. Parece que se ha despertado el interés por aprender.

Las becas se van cobrando a razón de 600 euros mensuales y se concederán a las familias con menos recursos (o que no puedan demostrar recursos "legales"). Solamente tendrán derecho a ellas si asisten a clase y aprueban todas las asignaturas. Surgen preguntas: Si las van cobrando mensualmente y a fin de curso suspenden ¿tendrán que devolver el dinero recibido durante todo el curso? Respuesta: Sí. Conclusión: Nadie quiere darle clase a 1º de bachillerato ni a 1º de grado medio. ¿Por qué? No se atreverán -por razones de seguridad vital- a suspender a nadie con beca... en esa zona. Es un centro de atención preferente. *

Mis propósitos de no cargos: incumplidos. Se me pide por el bien de la comunidad educativa y en beneficio de los horarios que continúe con la jefatura de departamento. Chitón.

Horario: 2 horas más de las que me corresponden, pero porque lo he querido así. Igual que el curso pasado. Me gustan esos grupos y me apasiona la materia. Aún no sé cómo quedará distribuida en el cuadrante, pero eso da igual.

Conversaciones de pasillo: Nos aumentan la carga laboral y nos congelan el sueldo.

Con las gripes, las becas, la jefatura de departamento, el plan de calidad, la media hora más de clases diarias, el adelanto de curso y la congelación del salario, se podría pensar que lo empiezo con desgana, pero estoy deseando que llegue el día 15 y ver a mis chicos y chicas del año pasado y a los nuevos. (Por lo que respecta a las reivindicaciones laborales, apoyaré las iniciativas de grupo. En solitario refunfuñaré entre dientes).

*Una pregunta al aire: No es mi caso, pero ¿cómo tendrían que abordar las calificaciones finales mis compañeros y compañeras a los que les ha tocado dar clase a 1º de bachillerato y 1º de Grado Medio, honestamente y sin riesgo de que les partan la boca?

05 septiembre 2009

Otra vez las etiquetas

Esta entrada me viene sugerida por vuestros comentarios a la anterior


Alguna vez he hablado explícitamente de las etiquetas, en las entradas Etiquetas y Etiquetas II. De forma inconsciente también salió en la entrada Limbo sexual. Supongo que el tema me produce una mezcla de fascinación, miedo, incertidumbre y perplejidad. En mi caso me resulta más fácil saber cuáles son mis "no etiquetas" que mis etiquetas.

Nos etiquetamos y nos etiquetan. Al etiquetarnos pretendemos incluirnos en un grupo de personas que llevan la misma etiqueta. El grupo nos ampara y nos proporciona identidad grupal, aunque al mismo tiempo nos resta identidad propia, a pesar que la identidad de grupo nos crea internamente una conciencia de identidad personal.

La sociedad, en grupos pequeños o grandes, con frecuencia nos obliga a ponernos una etiqueta. Si no sabes o te niegas, no consiguen ubicarte, lo que suele implicar recelos hacia tu persona cuando no rechazo explícito (“si no estás conmigo estás contra mí”).

Y dentro de determinados etiquetados, existen los subgrupos, también enfrentados entre sí, como el caso de aquel chat con una que me atacaba por mi falta de “pedigrí” lésbico.

La ausencia o pérdida de algunas de las características que lleva asociadas una de nuestras etiquetas, puede producirnos incertidumbre personal, una (¿falsa?) sensación de pérdida de identidad, tal vez angustia. Me acordaba de esto leyendo la última entrada de Alson.

¿Podría decirse que la ausencia de etiqueta implica sentimiento de soledad? ¿Rechazo grupal? ¿Sentimiento de libertad?

04 septiembre 2009

Limbo sexual


Me hablaba hoy mi Pepa de una conocida suya que afirma haber tenido relaciones exclusivamente con mujeres heterosexuales.

Me lo cuenta y se pregunta que cómo se come eso.

La saco de dudas:

- Pues igual que tú conmigo, que dices que no soy lesbiana.
- ¡Yaaaaaaa, pero tú no eres heterosexual!

- ¿Bisexual?
- ¡Noooo! te faltan las componentes heterosexual y lesbiana.
-
o_o
- ...............
- ¿Asexuada?
- ¿¿¿¡ Asexuada tú !???


Le gusto así, borrosa ;)

03 septiembre 2009

Cabreada

Acabo de verlo en la televisión. El toro "embolao" de Jávea (me da la gana de poner Jávea), aterrorizado, con los cuernos ardiendo, se tira al mar y se ahoga.

Pepa Chorro, concejala de Fiestas, fue la encargada de prenderle los cuernos.

Para el año que viene que se pongan las antorchas los felices espectadores y la concejala. Seguro que encuentran dónde ponérselas. Y a seguir riéndose.

02 septiembre 2009

Lo encontré en Internet, cambiado, pero es mío

Me acordaba hoy de un viejo relato que escribí hace un buen puñado de años, al final de aquella larga convivencia que tocaba a su fin, un año después de que ella se hubiese vuelto diferente, insegura, absorbente, vigilante, asfixiante. Sentía que me había perdido yo entera en aquella historia y ni en los sueños me encontraba. Soñaba con encontrarme y luego irme al mar y fundirme con él.

Tuve una página web en la que publiqué ese y otros relatos. Un día la eliminé y todo aquello se perdió.

No tenía ganas de buscar viejos papeles o disquetes, así que puse el título en Google y lo encontré. Alguien lo publicaba como suyo, o al menos no decía de quién era. Lo había convertido en un relato de mujer y hombre, había modificado algunas frases e introducido algunas faltas de ortografía.

Eso me ha llevado a buscarlo con frenesí en viejas carpetas. Lo he encontrado. Es de las pocas cosas escritas por mí que tiene depósito legal.

No soy una escritora ni siquiera un mal proyecto de escritora. El único valor de aquel relato es, para mí, recordar cómo una relación perfecta puede derivar de un momento a otro en una pesadilla, y de cómo la única salida que mi cabeza encontraba era salir corriendo y desaparecer.

Recordaba ahora que este relato lo escribí a mano una noche mientras ella dormía. Se levantó y quiso saber lo que estaba escribiendo. No quería que lo viese pero me arrebató los papeles y tuve que forcejear con ella para recuperarlos. Nunca lo leyó.

Éste es el original.


Dos sueños de Mar

Salió del apartamento sin hacer ruido, con el bolso colgado del hombro y los zapatos en una mano. Ya fuera, en el pasillo, se calzó y bajó las escaleras a toda prisa. La noche estaba muy oscura y seguía lloviendo. Atravesó el área arbolada que separaba el edificio donde vivía de la calle Zorita, por donde ahora no transitaban más que algunos vehículos a toda velocidad, saltándose los semáforos. Gente joven que regresaba de la movida o que cambiaba de lugar, porque aún no habían dado las dos de la madrugada. Intentaba aprovechar los salientes de los balcones para protegerse de aquella lluvia menuda pero constante, que le dejaba en los mechones de cabello que caían sobre su cara unas diminutas perlas de agua, brillantes bajo el neón de las farolas.

Había recorrido de sur a norte buena parte de la ciudad y ahora escuchaba sus propios pasos sobre el pavimento de adoquín del casco antiguo. Algunas luces permanecían encendidas dentro de las casas y se filtraban por los visillos al exterior. Se preguntaba si cualquiera de aquellas personas abriría su puerta a una fugitiva, encendería la estufa de leña para que se calentara y secara su ropa y sus zapatos y le daría un vaso de leche caliente sin someterla a un interrogatorio. No. Nadie lo haría.

Pensaba en la relatividad del tiempo y el espacio, en cómo se puede llegar tan lejos cuando no hay una meta fija. Intuía que debería viajar en ambas dimensiones hasta que la angustia cesara, hasta dejar de escuchar ecos de reproche, o de ver cómo unos ojos la perseguían hasta los más profundos pensamientos.

Mar había hecho que aquella noche ella durmiera profundamente, para poder escapar sin ser seguida. El sueño de Lucía era como el de un perro guardián, atento a cada leve sonido, perturbable incluso con los presentimientos. Ella abría los ojos y allí estaban los suyos, también abiertos y mirándola con el ceño fruncido, como preguntándole por qué te has despertado, en quién piensas, qué vas a hacer. Se levantaba, se asomaba al balcón a fumar un cigarrillo para escapar de la congoja que fluía de aquellos ojos interrogantes y entonces Lucía la llamaba: “Mar, no puedo dormir si no estás aquí.” Volvía a la cama, la abrazaba y besaba su espalda, pero Lucía le hablaba, le preguntaba sin cesar qué estaba ocurriendo con su relación, con tantos años de convivencia. Mar no comprendía la causa de aquellas preguntas y lamentos. Nada había cambiado excepto que ella ahora comenzaba a arrebujarse con alguna frecuencia -como en una manta tibia- en su propia intimidad, como le gustaba hacer de pequeña y de adolescente, antes de conocerse. Los amigos comunes habían venido de la mano de Lucía como parte de la dote y los propios se habían ido diluyendo en el tiempo, al igual que se diluía su propio pensamiento, su carácter, sus ideas, sus reflexiones, entre la gente que la rodeaba, reía con sus bromas y agradecía el sabor de sus comidas. Contactos artificiales que su propia pasividad y el temor a perder a Lucía habían propiciado. Se había perdido a sí misma y ahora se buscaba en el silencio.

Durante el día también la observaba, vigilaba sus movimientos, evaluaba y juzgaba cómo atendía el teléfono, qué tono de voz usaba para cada interlocutor, cuántos minutos exactos duraba una llamada, con qué frecuencia hablaba con alguien concreto. Cuando estaba fuera, ocupándose de su trabajo, también la espiaba con llamadas de escasa duración y sin motivo convincente, quería saber si la línea estaba ocupada o si ella había salido de casa. Siempre le decía: “Sólo llamé para decirte que te quiero”, pero Mar no sabía devolverle una frase con igual significado, porque ya no estaba segura de si la amaba; no podía imaginar la vida sin ella, sin su orden y su memoria, sin su voz, sin su recuerdo, ni podía soportar su omnipresencia obsesiva de los últimos meses.

Aquella noche, poco después de la cena, mientras Mar recogía la cocina, sentía los ojos de Lucía clavados en su espalda desde el pasillo oscuro y no pudo evitar angustiarse como cuando las monjas del colegio le decían, mostrándole el ojo inscrito en el triángulo, que en todo momento era observada, escrutada, enjuiciada, en sus momentos más íntimos, en sus más insignificantes pensamientos, hasta el punto de ruborizarse cuando debía ir al baño, desnudarse o tan siquiera pensar en acariciar su propio cuerpo. Eludir al triángulo invisible la obsesionaba. Hubiera querido tener un pincel mágico que volviese opaco para ese único ojo el aire que la circundaba. Por eso, aquella noche, mientras notaba los dos de Lucía presionando su nuca, espiando su silencio, deseó con todas sus fuerzas cerrarlos, hacerlos dormir y al mismo tiempo dejar de arrastrarlos como dos bolas de plomo agarradas a ella con cadenas, y así lo hizo. Tan sólo quería tener el tiempo suficiente para escapar sin ser seguida.

Se sentía sólo moderadamente libre, porque de vez en cuando volvía la cabeza al escuchar pasos que se aproximaban por detrás y sin embargo la desazón que le producía imaginar a Lucía cuando despertara sola, la llamara, la buscara por todas las habitaciones, gritara angustiada, llorara sentada en el borde de la cama al comprobar que ella se había marchado, hacía que acelerara su paso en busca de un hueco insondable en donde guarecerse, o unos brazos que la acunaran y le dijeran que todo había sido una pesadilla, o un baño tibio donde sumergirse por completo, con la cabeza entre las rodillas, escuchando únicamente algunas burbujas de aire que rozaran sus mejillas.

Frente a ella estaba la estación de ferrocarril, con sus neones desvaídos y su sala de espera casi desierta. Aquí y allá, en los bancos, dormitaban algunos viajeros que hacían escala o habían llegado demasiado pronto. Miró la hora del tren que saldría primero y sólo faltaban cuarenta y cinco minutos. Lucía estaba dormida y Mar aún podría escapar. Sacó del bolso una tarjeta de crédito y compró un billete de ida hasta el final de trayecto. Un empleado medio dormido resucitó al verla y la atendió con una sonrisa que ella le devolvió.

La lluvia persistía, pero no se advertía su tintineo al otro lado del cristal de la ventanilla, tan sólo podían verse las gotas romperse y abrirse como estrellas, y luego alargarse resbalando en diagonal. Cinco asientos vacíos eran sus mudos compañeros de viaje. Mar se quitó el chaquetón todavía húmedo y se cubrió con él, la cabeza apoyada en el ángulo que formaba el respaldo tapizado con la noche de agua y cristal. El sueño venía como en oleadas cada vez más cercanas. Podía escucharlo superponiéndose, hasta dominarlo, al repiqueteo metálico de las ruedas sobre los raíles.

Otra vez volvía a caminar por la arena ardiente, donde se hundía a cada paso, tras haber visitado una biblioteca repleta de libros viejos y nuevos, delgados o voluminosos, con cubiertas de cuero o papel. Cada título era el nombre de un ser humano. Buscó el suyo y no lo encontró. Pidió ayuda a un empleado que revolvió centenares de anaqueles sin éxito. “Lo siento, usted no está” le dijo mientras le entregaba unas botas con las que debía hacer la travesía hacia algún lugar ignoto. Ese calzado agarrotaba los dedos de sus pies, estrangulaba sus tobillos. Estaba sola en aquel desierto infinito; sin embargo mil pares de ojos inexorables se alzaban detrás de otras tantas dunas para frustrar sus intentos de descalzarse cuando ya el dolor se hacía insoportable. Mar preguntaba a los ojos de las dunas por qué, y mil voces en una sola le contestaban: “Lo dicen nuestros antepasados y a éstos se lo dijeron los suyos”. No cabía rebelarse. Se ayudaba de las manos para trepar a gatas por las montañas de arena. Desde un alto y a lo lejos pudo ver la inmensa llanura azul de un océano al que no creía poder llegar, pero que le gritaba con su ruido abisal: “Camina hasta que dejes de sentir el dolor en tus pies”.

Un fuerte pitido la despertó cuando una luz muy tenue coloreaba el cielo de un blanco soñoliento. Mar se pasó ambas manos por el rostro, desde el centro de la frente hasta las orejas, el pelo y la nuca. Miró sus dedos empapados de sudor y luego descubrió a una mujer que estaba sentada frente a ella, en una simetría casi perfecta con su propio cuerpo. No sabía cuándo había entrado en el compartimento, aunque tenía la sensación de que había estado allí antes que ella misma, mucho antes, años tal vez, siglos. La miraba, pero ella sabía que esos ojos no eran inquisidores como los de Lucía, ni fanáticos como los de las dunas. Emanaba de ellos el color azul, verde y tostado de la tierra, serenidad, determinación, seguridad, recogimiento, silencio. Le seducía fundir su mirada con aquellos ojos, mantenerla y hablar, sonreír o llorar sin mover los labios. No sabía si aquella parada era el fin del trayecto, pero estaba segura de que era el final de su viaje.

-¿Hemos llegado? -preguntó Mar.

-Yo he llegado -le contestó casi en un susurro- Tú también, si quieres seguirme.

Mar se prendió de aquella mano que la desconocida le tendía y ambas descendieron del vagón en silencio y mirando hacia delante. Un aire tibio y húmedo refrescó sus mejillas y acabó de despertarla. Recorrieron varias calles cuesta abajo. El mar se olía cercano. Veía como en una película en blanco y negro a Lucía que la buscaba, a la mujer-niña llorando de impotencia e incredulidad que llamaba a los vecinos, a los amigos, a las familias de ambas y les contaba que Mar se había marchado, la había abandonado sin razón alguna, que desde hacía tiempo la venía observando y la notaba extraña. Los veía hablando entre ellos, compungidos, llamando a la policía y a los hospitales, tratando de dar con su rastro, preguntándose todos en una sola voz quién la estuvo esperando mientras Lucía dormía narcotizada, si era una huida, una búsqueda o ambas cosas a la vez, si la había traicionado o se había vuelto loca.

Se descalzaron para andar por la playa y caminaron hasta las rocas, donde el viento resonaba y levantaba oleadas de arena fina.

-¿Tú de qué huyes? -le preguntó Mar.

-Huyo del dolor, ya casi no lo siento.

-Yo debo caminar hasta dejar de sentirlo. Eso dice mi sueño.

-La voz de mi sueño -el tuyo- me susurra un poema de Whitman: “Tú, mar, también a ti me abandono, adivino lo que quieres decirme. Contemplo desde la playa tus encorvados dedos invitándome, creo que te niegas a marcharte sin haberme tocado. Demos juntos un paseo. Me desnudo. Llévame hasta donde la tierra se pierde de vista. Tómame suavemente, méceme en un sueño ondulante. Salpícame de amorosa humedad, te recompensaré”.

Las olas se enredaban en los pies, las manos con el cabello, la ropa con las rocas, el viento con la piel. Mar y la desconocida eran un sólo cuerpo que viajaba hacia la bola anaranjada del amanecer, una meciéndose sobre Mar, en el mar; Mar escuchando las burbujas de aire que subían por sus mejillas.

¿Sabré quién es?

Esta mañana.
La veo cruzar la calle con los brazos abiertos, sonriendo y corriendo hacia mí.
Miro para atrás a ver si corre hacia otra persona.
Viene hacia mí. No hay duda.
Me suena mucho su cara. Alta, delgada, pelo corto... La recordaba con el pelo largo tal vez.
¡Ay, madre! ¿quién era?

- ¡Candelaaaaaaaa! Ay, mi Candela de mi alma, pero madre mía qué guapa estás. Y Mayita ¡qué altaaa, qué guapaaaa!

Me conoce. Nos conoce... está claro (¡no lo decía por los piropos!).

Me mira de arriba abajo sonriendo y vuelve a abrazarme.

- ¡Mi morenazaaaa, mora de la morería!, ¡Cuánto tiempo! ¡Me han dicho que te casas!

¡Coño! ¿Y yo qué le digo? ¿Qué pregunto?
¿Ex compañera? ¿Ex vecina? ¿Antigua amiga?
¡Como para preguntarle quién es ella a estas alturas de su conocimiento de mí!
Me dice que las cosas le van saliendo bien, que ya pasaron los malos tiempos.
¿Malos tiempos?... Searching for "malos tiempos"... Match not found.
Pocas pistas.

Saca del bolso un libro de poesía y me dice que es el último que ha publicado.
Gesticula con él en las manos, de una a otra, mientras me sigue contando cosas.
Yo desesperada por conseguir leer el nombre de la autora, haciendo zigzag con los ojos a la par del libro.
¿Poeta?... Searching for "poeta"... Match not found.

A estas horas estaría devanándome todavía los sesos si no fuera porque tuve la suerte de que pasara por la misma acera mi M. que nos soltó un par de besos a cada una "¡Hola, Candela! ¡Hola Teresa!".

¡Yaaaaaa!. Una avalancha de recuerdos me vinieron de golpe. Su casa. Un apartamento en la costa. Aquel cuadro con un desnudo de mujer que tanto me gustaba, que tenía sus mismos rasgos y resultó ser ella, nuestras tertulias de horas y horas...

No es la edad, que no. Me ha pasado siempre. Cuando veo de lejos a alguien que todavía no distingo bien (porque no me pongo las gafas) que se dirige feliz hacia mí por la calle, ya me pongo tensa: ¿Sabré quién es?

01 septiembre 2009

Imagina...

Prevenir la gripe H1N1 estimulando la secreción de sustancias que refuerzan el sistema inmunitario.


Eliminando el estrés, la tristeza, la ansiedad, la depresión, el miedo, la angustia y la mala uva, tus defensas estarán a prueba de cualquier hacheunoeneuno.


* Imagina que aún no ha amanecido, estás junto al mar, nadie te puede escuchar. Coges piedras o arena de la playa y la lanzas al mar con todas tus fuerzas mientras sueltas tacos e imprecaciones contra todo bicho viviente que te toque la moral, a grito pelao, hasta que el bicho desaparece (de tu mente). Los tacos bien dichos, en el lugar y el momento justos son mantras, esto es, liberan la mente de pensamientos que la oprimen. No dañan a nadie ni tienen efectos secundarios indeseables. (Este punto es prescindible si no hay bichos).

* Imagina que extenuada y libre te tiendes desnuda sobre la arena en las primeras horas de sol en una playa sin gente cuando el yodo está en el aire y lo absorben sin resistencia tus poros estimulando la glándula tiroides. (En invierno sustituir la playa por una mullida alfombra frente a la chimenea. Aunque la aportación de yodo sea menor se reduce el riesgo de enfriamiento)

* Imagina que unas manos te acarician sin prisas la espalda, los antebrazos, el cuello, la nuca, el cuero cabelludo, los pies, los muslos, las ingles, las nalgas, las pantorrillas… Aumenta la producción de endorfinas.

* Imagina que esas manos repasan entera tu piel con sus uñas, mitad acariciando mitad rascando, y que se entretiene en ese punto justo en el que el vello se te eriza. Las puntas de los dedos viajan por tu piel a razón de 4 ó 5 centímetros por segundo, esa velocidad que excita las fibras nerviosas C-Táctil, que llevan el placer al cerebro sin intermediarios…

* Imagina que derrites en tu boca una suave crema de cacao o un bombón. Lo saboreas con los ojos cerrados y sientes cómo sube tu nivel de feniletilamina, esa amina que generan las personas enamoradas.

* Imagina que haces el amor como la mejor de las veces que hiciste el amor. No. Mejor que la mejor de las veces. Liberarás endorfinas, endrominas, feniletilamina, serotonina y dopamina, que suprimen el estrés y dopan al cerebro.

* Imagina que duermes una tranquila siesta eliminando cualquier resto -que accidentalmente hubiera quedado rezagado en ti- de ira, tristeza o miedo.


** Ahora deja de imaginar y hazlo. Imaginado no sirve.


Posología: Cuando el cuerpo te lo pida. No se han notificado casos de intoxicación por sobredosis.


Y si aún así lo pillas, es que te ha tocao, pero te será más leve.


Atención: Estas medidas preventivas no han sido (todavía) validadas por la OMS ni por el Ministerio de Sanidad y Política Social (ni creo que las validen).