30 noviembre 2009

Patinaje emocional

A lo largo de la vida vamos aprendiendo a ser más fuertes, a saber decir que no, a que nos resbalen comentarios hirientes en el trabajo, a sabernos apartar de las personas tóxicas que no nos aportan nada positivo y absorben nuestra energía... Aprendemos a dar sabios consejos a otras personas que tienen problemas de pareja, o que se frustran si no tienen pareja, o que tienen miedo y rechazan las relaciones de pareja...

Con el tiempo, a fuerza de aprender, acrecentamos nuestra inteligencia emocional y conseguimos movernos y salir indemnes de la jungla humana, del desempleo, de problemas económicos, de familias castradoras, de mil situaciones que en otras edades solían comprometer nuestro bienestar.

Sabemos de memoria lo que es el chantaje emocional, el maltrato en parejas: "no sé cómo no se dan cuenta, yo a la primera lo/la mando a freír monas y tan feliz".

A pesar de todo lo que sabemos y de lo que creemos saber, nos dan 2, 3, 15 palos esas personas por las que bebíamos los vientos. Nos utilizan, nos manipulan, nos exigen, nos ponen malas caras, nos ponen algún cuernecillo que otro, o un buen puñado de cuernos, a pesar de que establecimos una relación de fidelidad. De cada una de esas relaciones salimos como pudimos, después de rebajarnos, vencernos, vendernos, sin conseguir gustar, que nos quieran, que nos valoren, que nos respeten... a veces con el alma y el cuerpo maltrechos. A cada salida unos meses o más de duelo y reflexión, de recuperación y de programación de futuro.

Entonces hacemos el retrato robot de la persona de la que podríamos, o mejor dicho, de la que deberíamos enamorarnos. Después de muchos palos decides: "Solo quiero una persona normal", "no quiero reinas ni reyes, que para reina ya estoy yo", "y si no, nada, porque he aprendido a estar sola y a disfrutarlo"...

Y es entonces cuando aparece en tu vida una persona normal, ni una reina ni un rey. Una persona que te respeta, que está pendiente de tus esfuerzos, que te da una palmada en el hombro para que no decaigas, para que no desistas, que te apoya en tus momentos bajos, que está siempre ahí, que no te cuestiona, que no te exige, que te desea y te quiere profundamente. Entonces te vuelves a plantear compartir tus cosas, tirar esa ropa que no usas para hacer sitio en tu armario. Te enamoras y dices ¡por fin!

Pasan los días, los meses. Una balsa de aceite. Entonces te das cuenta de cuánto de positivo tiene convivir y compartir tu tiempo con una persona como ella: puedes seguir haciendo tu vida normal sin miedo a reprimendas, caras largas o represalias. No tienes que estar todo el tiempo pensando en ella porque ella está ahí y tú estás a salvo. Puedes ser tú, crear nuevos proyectos laborales, retomar aquella carrera abandonada, pintar esos cuadros que nunca pudiste pintar porque la otra o el otro se ponían celosos de tu tiempo y de tu éxito. Puedes hablar con tus amigas por teléfono sin que alguien esté cronometrando el tiempo que empleas, el tiempo que "le robas"...

Te acuerdas de aquello que sentiste una vez por A o por B, cuando pasaba "noches de trabajo", de "congresos" y no te llamaba ni atendía a tus llamadas, y pasabas las horas dando tumbos en la cama, echando de menos su cuerpo y su voz. ¡Cuánto deseo había en tu cuerpo! ¡Cuánto añorabas hacer el amor con aquel o aquella que estaba "a su bola", que quizás estaba con otros, con otras!... No te quedaba tiempo para pensar en nada más ni hacer nada más, tus proyectos se iban al garete porque no tenías tiempo para ellos, tus hobbies dejaban de serlo, porque no tenías capacidad para crear, ¿qué capacidad ibas a tener si tu pensamiento estaba permanentemente ocupado en buscar una manera de acercar a aquella persona, de encandilarla, de enamorarla más, de hacerte desear, de hacerte respetar, querer, comprender?

Ahora tienes otro mundo, tienes tu vida, tu trabajo, tus amigos, tu tiempo, tus hobbies... ¿y tu pareja? Por ahí está dejándome ser, dejándome estar, aburriéndome de ella. Casi es una sorpresa cotidiana encontrarla al volver a casa ¡Anda, pero si estás ahí! Dejas de desearla, empiezas a reprocharle cualquier cosa. La base de datos de los reproches es inmensa: coge uno y úsalo. Y decides enfollonar la relación para darle "vidilla"... y al final, después de ver la cara anonadada de la otra parte, terminas con esa relación, si es posible culpándola de que no haya funcionado.

Y volvemos actuar como al principio. Nos enganchamos de alguien que monopoliza todos nuestros pensamientos, que nos enciende la pasión, la duda, la zozobra; que nos hace pasar noches en blanco, unas veces de amor, otras de interrogantes, días de miedo. Esa persona forma parte de nuestro pensamiento full time. Abandonas proyectos, hobbies, amistades... pero cuando esa persona especial entra por tu puerta se te abren las carnes y piensas, sabes, que por esa persona, por tenerla contigo, porque te quisiera, te deseara, te respetara y te apoyara... darías la vida.



En el campo de lo emocional en la pareja, todo el mundo sabe patinar
hasta que por fin se consigue la madurez.
¿A qué edad llega la madurez?
La mayoría de las veces, nunca.



AGREGADO A POSTERIORI (he recordado y encontrado entre mis discos una canción de la Vanoni, que Internet casi no sabe que existe, pero tiene algo en Youtube. La he traducido a mi manera, a excepción de los puntos suspensivos que nunca entendí lo que decía ahí. Y dejo el enlace de Youtube):



Y la letra traducida por mí (se piden disculpas por no ser jurada ;) )

Primera parte de la historia
nosotros que somos cada vez más felices.

Después está el hoy sin gloria
nosotros que somos cada vez más amigos,
resbalando lentamente en este extraño limbo
que está lleno de atenciones y respeto.
Quizás ya se nos terminaron las metas.

Además no desconfiamos uno del otro,
no estamos ya ni siquiera un poco celosos.
Gritamos todavía de placer
pero ya no nos mordemos golosos.

La tranquilidad nos envuelve
como una sombra gris
que nos roba el gusto de los más bellos colores.
¿Ves? somos cada vez más sinceros, más fieles…

Loca por decir que sí,
he dado la vida por vivir aquí.
Entre tus brazos, en cambio (…) la sinceridad.
(creo que dice "entre tus brazos es en cambio excusa la sinceridad)
¡No puedo morir de serenidad!

Tú eres estupendo,
tú, quizás demasiado bueno para mí.
Delfines, alegres delfines, son mis pensamientos
con las ganas de quedarse en alta mar.

Loca por decir que sí,
he dado la vida por vivir aquí.
Entre tus brazos, en cambio (…) la sinceridad
¡No quiero morir de serenidad!

"Delfini"
Ornella Vanoni

29 noviembre 2009

Monólogo a las 4 de la madrugada

Un libro ya está terminado... ¡chin chin! Oe oe oeeeeeeee. ¡Justo a tiempo! El otro va de culo, pero lo terminarás a tiempo también. ¿O no puedes?

No. No puedo, pero tengo que poder.

Te hiciste castillos en el aire sobre tus posibilidades, te crees sobrenatural, tontalculo.

Ya :X

¿Y cuando lo acabes, qué?

A recuperar risas, besos, juegos, amigas, familia, holgazanerías, cine, morbo, mar, libros (para leer), calle...

¿Calle? Pero si nunca te gustó la calle.

¡Adoooooro la calle!

28 noviembre 2009

Impresiones profanas

-¿Qué está permitido hacer?
-Todo lo que pueda sin ser pillado.
-¿Qué es bueno?
-Todo lo que es bueno para mi.
(Respuestas -sinceras- de un psicópata asesino en serie que ya nada tenía que perder. Respuestas demasiado frecuentes a día de hoy)



No soy experta en el tema y soy consciente de que puedo estar diciendo tonterías. Hablo desde mi impresión de persona ignorante en cuestiones de Derecho y de Justicia y desde la indignación y la impotencia ante determinados comportamientos humanos violentos como el que ha llevado a la muerte a una niña de 3 años a manos de un pederasta**, o el del asesino de Nagore.


**Acabo de leer que fue accidental, pero el ejemplo vale para otros casos de niñas que sí murieron al ser violadas y maltratadas.

Hablamos con orgullo de nuestro sistema (y en particular el carcelario) como el de la educación, la rehabilitación y la reinserción. Aunque la estadística y los ojos que tenemos en la cara nos demuestren que hay seres humanos que ni se educan, ni se rehabilitan ni se reinsertan. Por ejemplo violadores, pederastas y pedófilos, maltratadores de mujeres, asesinos en serie... "No tenemos un estado de Derecho punitivo, sino educativo". Mis preguntas son: ¿No se podrían hacer excepciones? ¿Por qué un psicópata permanece (cómodamente) en prisión 5, 7 años después de cometer un crimen del que no se ha arrepentido y que con toda probabilidad va a volver a cometer? Quizás no cometa en el futuro los mismos errores. Uno de ellos me dijo una vez "no cometeré más errores" y no los cometió. Cometió delitos pero no errores. Se refinó hasta ser indetectable. Los psicópatas son expertos en "buen comportamiento".

No hablo de la pena de muerte, que me da repelús sólo pensarlo, pero sí de un sistema menos ingenuo, de que la cárcel sea un lugar en el que se van a rehabilitar personas rehabilitables (es que además a esas personas creo que no habría que llevarlas a prisión sino a otro sitio), pero al que van a "pagar" y a quitarse de la circulación quienes no lo serán nunca. A trabajar y a ser útiles a la sociedad desde su encierro, sin concesiones ni premios de ningún tipo. Una pregunta más que me hago: Una cárcel más dura para esos tipos mencionados ¿no podría ser hasta cierto punto* una medida disuasoria?

*Sólo hasta cierto punto, porque el germen de la agresión y la reincidencia lo llevan dentro.

26 noviembre 2009

Trece mujeres: Pensar... recordar... reaccionar

He leído el último post de Marcela y el de Hester Prynne y con los dos he hecho un único enlace a mi propio recuerdo.

Anteayer llamé a M., una amiga muy querida que está peleando contra una grave enfermedad añadida a una situación personal difícil que nada tiene que ver con esa enfermedad: la reciente ruptura con su pareja -otra buena amiga mía- después de veintitantos años de convivencia. M, como siempre, reía, frivolizaba con sus males, hacía chistes de sus miedos... Y la conversación nos llevó a principios de noviembre del año 1990. Ella me contaba cosas de mí misma que se me habían olvidado. Yo recordaba menos y peor que ella, quizás porque mi memoria es en exceso selectiva, y me quedé con lo que sentí en esos días. Por eso solamente recordaba algunas escenas y algunas mujeres que estuvieron también allí.

Éramos 13, todas lesbianas (¿yo también?). Unos días después llegaría mi sentencia de separación de mi marido. Todo había sido muy rápido. Lo dejé con todo el dolor de mi alma porque lo quería mucho (aún lo sigo queriendo mucho, aunque él no lo sabe), pero ya hacía tiempo que no estaba enamorada de él. Lo supe cuando me enamoré de ella, de Lex, pocos meses antes de esa reunión de mujeres en dos casas rurales alquiladas en la montaña. Por eso fui coherente, a pesar de las dificultades, y decidí hacer las cosas como me parecieron más honestas para conmigo y para con él: me separé aún cuando él decía estar enamorado de mí y aún cuando Lex no me quería en su vida. Pero si yo estaba enamorada de una mujer, si la deseaba como no había deseado a nadie, era porque "yo era lesbiana y no lo había sabido hasta entonces". Por coherencia no podía continuar al lado de él. Habría sido injusta con él y conmigo misma.

Fueron tiempos muy difíciles para mí, aunque me mantuve fuerte y segura. Fui apátrida, rechazada e incluso agredida por un lado y por el otro: En mi reciente mundo lésbico porque yo "era una hetero jugando a lesbiana"; por mi anterior mundo heterosexual, porque yo había "mentido conscientemente" toda mi vida anterior con respecto a mi sexualidad, (no era cierto ni lo uno ni lo otro). En medio de todo estaba yo y mi lucha solitaria, judicial y familiar, para no perder la custodia de mi hija, a la que -durante cinco años más- se me reclamó en varias demandas y bajo un único argumento: mis "perversiones" lésbicas. Así rezaba en las denuncias y esa frase no podré olvidarla nunca. Eran otros tiempos, el camino no estaba tan llano y adornado de leyes y derechos como lo está ahora. Para mí suponía entrar contra corriente -por coherencia- en ese mundo que para la mayoría era el de lo "perverso" (para mí era simplemente un mundo sincero* y, como dije antes, un mundo que a su vez me rechazaba porque no cumplía con los "cánones", a la vez que yo intentaba establecer una relación con la mujer de la que me había enamorado y que también me rechazaba porque "no era su tipo", y creo que no era su tipo porque en su entorno se me miraba con desconfianza).

M me contó por teléfono cosas de mí y de aquellos días. M había sido anteriormente pareja de Lex y conservaban (y conservan) una amistad sincera y cómplice. Ella me recordaba allí como a la convidada de piedra, se acordaba de mis vicisitudes familiares y judiciales, de los te deseo y no te quiero de Lex, de cosas que dije, de cosas que hice. Las recordaba con un cariño que yo ya sé hace años que me tiene, pero entonces, en aquellos días de noviembre de 1990, yo no lo notaba porque ya ese entorno me había recubierto de una capa impermeable de "advenediza pseudolesbiana". Sus muestras de afecto de entonces las tomé como diplomacia suya, sin más.

De lo que me contó deduzco que me lo pasé muy bien esos tres o cuatro días entre aquellas 12 mujeres que poco después formaron parte de mi vida. Enseguida me respetaron y me quisieron, fueron y siguen siendo mis amigas, unas más y otras menos. M me ha prometido que vendrá a verme (no quiere que vaya nadie a verla ahora) y me traerá muchas fotos de aquellos días. Dice que las mira con frecuencia porque "fue una cita inolvidable" aquella de tantas mujeres, tantas historias y con tan buena onda.

Un mes después comenzamos Lex y yo la relación más bonita de mi vida (hasta la llegada de Pepa), que duró ocho años. Juntas y visibles en todos los ámbitos de nuestro entorno. Aquellas 12 mujeres estuvieron y siguen presentes en mi vida. En especial M, mi M mayúscula. Y por supuesto mi Lex.

Y todo esto por lo que dijeron Marcela y Hester. Por un lado el recordar viejos tiempos y sentirte querida ya desde entonces. Por el otro, que es necesaria la cautela antes de juzgar, etiquetar y excluir a una persona por lo que hace, por lo que hizo, por lo que hará, cuando su coherencia no encaja con la nuestra, generalmente porque no sabemos demasiado de la suya.

Seguí adelante con mi coherencia. Ni que lo llamaran "perversiones", ni las leyes, ni los chantajes, ni ninguna otra cosa en la vida pudieron ni podrán quitarme el amor de mi hija, aquella de la que quisieron separarme "por su bien" y no lo consiguieron. Ni me hicieron desistir de lo que consideré coherente con mi vida y mi deseo. Y seguimos en la brecha de la respetable coherencia, cada una con la suya y siempre con la cabeza alta.


Marzo 1991, Lex de espaldas, yo sentada

*Alguna vez hipócrita también, como el de una que abiertamente en un bar se burló a carcajadas y en voz alta de mí por tener una hija. Ella tenía otra, pero la presentaba como hermana. Lo supe años después. Hubo varias anécdotas más de hipocresía enmascaradas de militancia, pero en muy pocas mujeres que, de alguna manera, reclamaban que pidieses perdón por no ser tan "pura" como ellas, pero cada vida es diferente de otra por más que ambas sean honestas y coherentes.

23 noviembre 2009

¿Cuando dirán que el cuerpo de un fumador es tóxico?


Lo vi venir el día en que me planté en Göteborg a principios de abril del 98 y encontré por primera vez un aeropuerto en el que no había zona de fumadores. Al grupo de españoles e italianos que viajamos a Suecia nos parecía todo sacado de una película de ciencia ficción. Visitamos la casa de Freddy, en Lessebo, para cenar. Él y su mujer eran fumadores y su casa, como todas las casas que vimos en esa zona, espectacularmente grande. En la calle un frío gélido de helarse los mocos a los dos minutos, pero en casa de Freddy, él, su mujer, los dos italianos, la italiana, mi compañero español y yo, hacíamos excursiones para fumar al jardín cada hora. Ciencia ficción, ya digo (ya sé, ya sé que ahora suena de lo más normal, pero os juro que antes no). Y era solamente el comienzo. "Son los aires que vienen de USA" nos decía Freddy, "pero no nos podemos hacer 'los suecos' porque de allí vendrán vientos más fuertes. En Europa acabamos siempre imitando sus puritanismos, empezando por aquí, por el norte. A vosotros os llegará en pocos años". Y nos llegó. Ahora estamos al mismo nivel que estaban en Suecia hace 11 años. Y hace 11 años estaban en Suecia como lo estaban en USA hace 20.

Echo el ojo el otro día sobre la televisión mientras daban un programa de reporteros que no sé cómo se llama, algo así como Callejeros pero en otros países. La simpaticona reportera se adentra en un inmenso parque de Los Ángeles (por supuesto un parque como se puede imaginar un parque, con sus árboles, sus flores, sus caminos, sus fuentes y, lo más importante, al aire libre). ¿Y qué se encuentra la muchacha? Una prohibición exhaustiva de fumar en cualquier punto del parcazo. Trapicheos con coca y todo eso había, y más cosas, pero la policía pasaba de largo. Eso sí, si vislumbraban de lejos lo que podía ser el humo de un cigarrillo, se lanzaban hacia el delincuente en plan hombres de Harrelson, multas de no sé cuántos ceros y amenazas de cárcel en caso de reincidencia... :/

Pero es que hoy sin ir más lejos, leo en "un periódico" de cuyo nombre no quiero acordarme, que en EEUU los técnicos de ordenadores de Apple SE NIEGAN a reparar ordenadores de fumadores, por aquello de que el humo del tabaco está lleno de "sustancias contaminantes" que se adhieren a las piezas del equipo y pueden dañar gravemente la salud de los operarios... :/

¿Hace falta mucha imaginación para ver el futuro? Yo lo veo muy clarito. (Hoy en día a ciertos amores perniciosos los llaman relaciones tóxicas, pues veréis en nada de tiempo a lo que darán ese nombre. No porque fumes delante de tu pareja, es porque te dejes tocar-besar-rechupetear, si tu boca, tu piel, tu saliva y tu sexo son tóxicos... Rézale a quien sea para que no enferme).

Al margen, una anécdota: Hace dos fines de semana me harté de ver películas insustanciales de esas que me dejan trabajar mientras las veo (más bien las oigo). Una era de esas de malos y buenos. La buena de la película fumaba... Ummmm.... -pensé- ...raro, raro... peli americana y la buena fuma... Coño, que al final resultó ser la mala. ¿Cabía pensar otra cosa? Si es que te lo ponen a huevo.

Lo que digo, exageración, fanatismo puro y duro, made in USA. Dicho sea de paso, estoy más sana que una pera sana, deseando dejar de fumar pero no por el gilipollismo que se cierne sobre las gentes, sino porque no quiero depender de nadie ni de NADA.

21 noviembre 2009

Lalo, el micifús imitador con rabo de pincel

No llegamos a tiempo de preparar el material para el concurso de Cats and Dogs de Farala, así que aquí ponemos el curriculum vitae de Lalo (pasó de ser farala a ser faralo y de ahí Lalo o Eduardo ;). Quedará en el misterio la razón por la que su madrina, Pepa, eligió el nombre de su ahijado, antes ahijada).

El 24 de octubre pasado oíamos en el patio a los niños alborotados, más de lo habitual. Entre sus gritos, los maullidos de un micifús, a decir de su voz, muy pequeño. Lo estaban usando de pelotita, los nenes tan monos. Yo ya me puse nerviosa. íbamos a ir al cine esa noche las tres para ver Ágora y antes de salir, cuando ya las mamás se habían llevado a sus retoños a casa, el maullido del bebé gato no cesaba. Así que bajé "a dejarle algo de agua y comida" (la verdad que era para traérmelo a casa, pero puse esa excusa cuando vi que Pepa, al verme las intenciones, frunció el ceño). Lo habían dejado cojo de su pata trasera izquierda.

Y ¡aquí se quedó!

Paquito y Violeta se lo querían comer, tal vez pensaron que era una cobaya... Pero él los seguía y los imitaba en todo, por ejemplo:

- Paquito es masajista y él aprende, como se puede apreciar al principio del primer vídeo.

- Cuando Pepa va a darle su comida gato-infantil, los otros la quieren, entonces Pepa les da con la mano en el morro para alejarlos y se van corriendo. Él los mira... ¿por qué corren? ¡Corramos! y se va corriendo también.

A los pocos días, Violeta hizo sus primeros intentos de acercamiento desconfiados ante la insistencia de Lalete. El enano no cejó ni un momento en su empeño de integrarse. Recibió algún que otro bocado y muchos capirotes-metralleta de Paquito, pero ni por esas desistíó...

Visto que la familia felina no lo aceptaba, adoptó a una madre - peluche, y cada noche, sobre las 9 se iba motu proprio a dormir con ella, hasta la mañana siguiente.

Poco a poco Paquito empezó a dejar que se le acercara, eso sí, con sus condiciones: "¡A mí no me toques!", y bueno es Lalo para las colas de gato...





(Al vídeo le quitamos la música porque según Youtube infringía los derechos de autor)



Maya productions
presenta
"El superviviente"
o "Las cosas de Lalo"
(la parte final, nosotras en la cama, apta para voyeurs y voyeuras)


Esta misma tarde, entre las tres hemos preparado un montaje con los vídeos hasta hoy inéditos (incluso para nosotras dos) que ha grabado Mayita. Ponle esto, quítale lo otro y... el resultado ¡espectacular! ;)




P.S.1: Y que dice Pepa que quiere una fotocopia de estos antilibido para mí jejejeje

P.S.2: Que la posición no indica edad ni tamaño ;)


Me preocupa el machismo de algunas mujeres y chicas adolescentes

Hace años leí un libro (por ahí tiene que estar guardado) autobiográfico, escrito por una mujer a la que le habían hecho la ablación completa (clítoris y labios menores) a la edad de 9 ó 10 años. Como siempre, recuerdo la marca que me dejó la historia, pero no la historia en sí misma, ni mucho menos el título del libro ni de su autora. Me quedé con el orgullo que sentía esa niña cuando se levantaba la falda y mostraba a otras niñas que ella ya no tenía "eso". Cómo sus relaciones sexuales eran dolorosas, cómo su parto fue terrible y cómo aún así, miraba las vulvas de otras parturientas sin ablación y le parecían feas y sucias. Y al final me quedé con la mujer madura que comprendió por fin el trasfondo opresivo y represivo de la ablación del clítoris.

Aquí y ahora suceden otras cosas que ponen la alarma. Hace unos días una compañera mía que está preparando con un grupo de bachillerato las actividades para el día 25 de noviembre, dijo en algún momento la palabra "zorra", como vejación hacia la mujer. En esto que una chica interrumpe sus palabras y suelta: "¡Ayyy, a mí me encanta que un tío me llame zorra!". Me lo contó no sorprendida (tiene sus años y su experiencia en estos temas como para sorprenderse) pero sí reflexionando sobre el tema y sobre la conversación que tenía programada ya con la chica en cuestión.

Otro caso muy de actualidad es el club de fans de Miguel Carcaño. Chicas que le escriben cartas de admiración a la cárcel y un blog (del que no voy a poner el enlace) creado ad hoc para apoyar al chico, en donde he leído frases de muchachas adolescentes del tipo "cualquiera comete un error" o "no fue para tanto".

¿Están haciendo efecto sobre los y las adolescentes las campañas contra la violencia a la mujer y la lucha por nuestros derechos humanos como mujeres? ¿Es peor una mujer machista que un hombre machista?

20 noviembre 2009

Cambian los tiempos y los machistas encuentran nuevas justificaciones

Sobre el artículo
Revanchismo de género
Enrique Lynch


Me lo he traído de Cariátides- y además sin permiso ;)

Si en lugar de la imagen de esa mujer, con su mirada diáfana y su sonrisa displicente, se hubiese elegido la típica -y tópica- imagen de la misma u otra mujer, con la mirada y el rostro heridos, me atrevería a asegurar que no habría llamado la atención de Enrique Lyinch. Seguramente le habría pasado desapercibida. Porque en el fondo la idea subyacente de todo machista cuando ve a una mujer apaleada por su novio, marido o ex, es que "le va la marcha", que "es masoquista" y que "se lo merece"... seguido de "...Y si no ¿por qué no los dejan?".

"Se lo merece, por sumisa"


Con las teorías que el autor expresa en todo su artículo publicado en la Tribuna de El País, otros argumentos y otras imágenes TAMBIÉN justifican el maltrato a las mujeres, esta vez por su sonrisa "quizá un punto altanera", -chulerías de una tía, ni media- pero SOBRE TODO porque puede haber tenido y puede volver a tener VARIOS hombres en su vida. Mujeres así, que por añadidura no van a permitir que por ser mujeres se las aplaste como a gusanos, todas esas mujeres de mirada diáfana, sonrisa displicente y quizás un punto altanera, "están pidiendo a gritos que las pongan en su sitio".


"Se lo merece, por chula"


Justifica que las mujeres sigan siendo humilladas, devaluadas, defenestradas, apaleadas, apuñaladas, estranguladas, tiroteadas, despedazadas, solo porque no permiten que ningún hombre sea más que ellas. Con todo su poder de intuición -que aclara en el artículo- no ha intuido que la frase no va por "tener más estudios" o "más dinero". No va por ahí el eslogan. Y entre tanto las mujeres siguen muriendo a manos de sus parejas y ex parejas. Como cabría esperar, "la culpa sigue siendo de ellas".

Tenemos, tuvimos y tendremos todos los hombres que nos apetezca, o tal vez no tendremos ninguno porque no nos dé la gana. Pero de todos los que tuvimos, los que tendremos y los que no tendremos, ni uno solo será superior a nosotras por un motivo tan huero como ser hombre. Si ese es el motivo por el que se declara la guerra entre sexos, pongámonos el casco y vayamos a la guerra, mientras quede alguno o alguna que, esgrimiendo razones tan banales, justifique que nos sigan devaluando e incluso asesinando.

Por el momento, y hasta tanto no cambie la política de admisión de artículos de El País, en Cariátides nos abstendremos de mencionar y enlazar a este periódico.

Enlazo el post de Mam

El miedo


Aunque también habría podido titularlo "Cuando sientes que se te va de las manos".

No es la primera vez que me ocurre en la vida. Desde los 14 años tengo trabajo fijo, nunca he estado ni un día en el paro desde entonces. Siempre he seguido estudiando, me casé, tuve una hija, me divorcié, tuve otra hija, seguí estudiando y seguí trabajando. Por la mañana iba a mi trabajo a 40 km. Por la tarde me llevaba a la facultad a mi niña mayor y la sentaba a mi lado en el aula para que hiciera sus deberes mientras yo tomaba apuntes. A las dos me las he llevado al instituto cuando he tenido reuniones o cuando han estado malas y no podían quedarse solas en casa ni ir a sus clases. En los fines de semana planchaba, compraba, limpiaba...

Siempre he luchado por mi independencia (económica y más), y me marqué desde muy pequeña la obligación de no descuidar ninguna de las múltiples tareas que me habían encomendado o que me había autoencomendado. Una de ellas, creo que de las más importantes, es no fallarle a las personas que están en mi círculo. Estar siempre ahí para cuando lo necesiten. Otra es evitar herir, buscar la manera de hacer una crítica, un comentario, una sugerencia o dar un consejo sin hacer daño o minimizándolo cuando es irremediable.

Este preámbulo era para decir que en ocasiones, cuando las responsabilidades abarcan demasiadas cosas "indescuidables", se empiezan a producir lapsus, un día te dejas dentro de casa las llaves y tienes que recurrir a quien tiene unas de repuesto, o te olvidas de que tu hija hizo un examen importante y no le preguntas cómo le salió, o haces un comentario a una compañera a toda prisa por el pasillo sobre un tema laboral... Entonces sientes que algo se te está yendo de las manos, algo importante que no consigues controlar, tal vez una palabra que, como no tuviste tiempo de explicar, se habrá interpretado mal, que se te olvidó comprar algún ingrediente para la comida que vas a prepararle a una visita... Es el momento, en mi caso al menos, del miedo, de la alerta máxima. Intuyes que de un momento a otro uno de tus descuidos puede ser fatal. Tienes miedo de que, a pesar de tus mejores intenciones, alguien te malinterprete y te pase una factura inmerecida por algo que no hiciste, o por algo que no supiste aclarar.

Por ese autocontrol, por esa responsabilidad de no herir, de no descuidar, de seguir demostrando el amor que sientes... es por lo que situaciones que en un día normal pasarían por normalísimas (como que tu pareja esté baja de moral, que tu hija haya suspendido matemáticas, que llames por teléfono a una amiga y no te responda), de pronto se convierten en sentimiento de culpa, de "algo habré hecho mal". El sentimiento de culpa no es otra cosa que miedo.

Lo importante es que la experiencia me ha hecho consciente de lo injustificado de ese tipo de miedos, que no obstante saltan de manera automática antes de que te dé tiempo a reaccionar. Pero apenas reaccionas y analizas, el miedo vuelve a convertirse en un fantasma que, si lo tocas, desaparece. Y llegado el caso, aplicarse aquello de que "Es razonable tener miedo, pero no lo es que el miedo te tenga a ti".

19 noviembre 2009

18 noviembre 2009

Quizás porque fui muy feliz...

Acabo de levantarme para afrontar mi noche de trabajo. "Cuando Lorenzo se acuesta, se levanta Catalina" (por aquello del sol y la luna), así que me he despertado cuando mi Pepa se ha metido en la cama. Media hora de arrumacos y ternuras (las de dormir para ella, las de desperezarme para mí) y aquí estoy, tomándome el zumo de naranja de la mañana (a la 1 de la noche).

Pero en esta hora de transición y de recarga de pilas me apetecía hablar de algo que me ha venido a la cabeza al leer el último post de Tantaria. Tiene que ver con el consumismo y con la infancia.



Nunca llevé a mis hijas a la tienda o el supermercado de juguetes para que escogieran suS regaloS de navidad. Deploro ver esas manadas de niños y niñas gritones e histéricos y a sus mamás ojerosas intentando satisfacer sus deseos y dejándose en idioteces el dinero que no tienen. El regalo de reyes es ¡sorpresa!


Tampoco entré en la rueda sin fin de los regalitos de reyes, y mucho menos en los de Papa Noel, que ya son demasiados regalos. Me refiero a esa rueda de que yo le regalo a todos los sobrinos, sobrinas, hermanos, papá, mamá, novia, marido, suegra... Y a cambio, por esas mismas fechas mi casa se llena de chorradas con las que esas personas "me compensan". Nunca entré y nunca voy a entrar.

¿Que cómo lo conseguí? Pues tal vez asumiendo que iba a pasar por "descastá". ¡Me importó y me importa un pimiento!

Tal vez porque mi infancia fue muy feliz, el período más feliz de mi vida. Y en aquella infancia solamente mi padre y mi madre me regalaban algo por Reyes (Papá Noel fue un invento más tardío). Mi regalo era la ilusión de poner mis zapatos en el alféizar de la ventana, imaginar que por aquel lugar por donde nunca pasaba nadie iban a pasar unos señores que se llamaban reyes magos y me iban a dejar alguna cosita. Me dejaban dos o tres caramelos envueltos en celofán de colores y una vez hasta un polvorón. Esa ilusión de despertarme y ver que los zapatos estaban llenos de algo que brillaba, que estaba dulce, que "se habían acordado de mí", era lo importante. No había llegado aún la moda de que había que regalarle a "toquisqui". Y yo era feliz.

Mantuve la tradición, a fortiori. Cuando la moda llegó, mi entonces única hija empezó a recibir regalos de toda la familia. Yo sencillamente nunca les devolví el detalle por esas fechas. Si alguna vez me apetecía regalarles algo lo hacía cualquier día del año, cuando pasaba por un escaparate y pensaba "esto le gustaría a...". Así, de manera automática las cosas de las Navidades se fueron poniendo en su sitio: "Yo le compro algo a mi hija y tú se lo compras a los tuyos".

Nunca les compré la Barbie, ni la PSP ni el juguete del último grito. Cuando eran pequeñitas y aún creían en los Reyes Magos les traía alguna sorpresa, la que me inspiraba el momento de ellas, no las 200 cosas que pedían por sus boquitas al ver los anuncios de la tele (la verdad es que las dos me salieron poco pidonas, creo que también se dieron cuenta de que ante el vicio de pedir está la virtud de no dar). Y tuvieron una bicicleta, unos patines, una mochila nueva, un pijama... Esa ilusión de la sorpresa se pierde cuando han pedido el "muñeco pitiflush" y les llega el "muñeco pitiflush" y las otras 199 cosas de los anuncios que vieron.



Me acuerdo de que mi hija mayor tenía 7 años y por Reyes pasábamos unos días en una estación de esquí en donde organizaron una bajada de los Reyes por la noche, esquiando entre un camino de antorchas, y luego abajo daban los regalos. No teníamos nada previsto (para no variar) y al saber de aquella actividad fui corriendo a una tienda de la estación. Solamente había cosas para la nieve, así que le compré un gorro precioso. Lo envolvimos, le pusimos el nombre y esperamos... Mi niña decía: "Mamá, estos reyes no me conocen, no me traerán nada... ¿verdad?" y yo le contestaba: "No, hija, seguramente no...". Así cuando daban los regalos, de pronto dijeron su nombre y ella se iba a morir de la alegría, hasta se cayó de la emoción al ir a recoger su bolsita brillante. Aquel gorro fue uno de los regalos de navidad que con más ilusión recuerda. Fue "su" regalo de Reyes de ese año.


Por aquella infancia mía cuando dejabas de creer en los Reyes Magos, dejabas de recibir regalos (me hice la tonta hasta los 9 años). A partir de ahí, el mundo de la ilusión de reyes magos se volcaba en los otros más pequeños de la casa, los que aún creían. En ese aspecto he cedido. Siempre hay algo para mis hijas y mi pareja en algún momento de las navidades, sin importar la edad (claro está que mi pareja siempre ha estado en la edad de "no creer" jajaja) y sin importar si es por Reyes, por Papá Noel o el día que me dé el volunto. Y lo bueno de esto ¿qué es? Pues que no participamos del boom consumista de las navidades. Que mis tiempos de crisis económica no han provocado frustraciones infantiles. Que mi hija mayor (con sus 31 años) admite que ha sido y es muy feliz con esta costumbre y que la ha asumido también como propia. Y que la pequeña parece que también está contenta y se pone las manos en la cabeza cuando ve el derroche de chorradas que se regalan por esas fechas.

La felicidad esa de verse literalmente enterrados en veinte mil cajitas de regalo, es apabullante, es agobiante para ell@s. Es pasajera. No disfrutan realmente de esos regalos más que en el momento de verlos envueltos y abrirlos. No valoran las cosas pequeñas, ni las pocas cosas, ni el cariño que las pequeñas cosas encierran. Mi cabezonería anticonsumista nos ha dado a todas buenos resultados.

17 noviembre 2009

Esto pa' que aprendas


Aprendizaje:


Cuando esté descansada no asumiré compromisos para tiempos de cansancio.
Y cuando esté cansada no asumiré compromisos para tiempos de descanso.

"Por mi vida sin hipotecas"

15 noviembre 2009

Días más, días menos



En esta casa vivimos seis personas, tres humanas y tres felinas, y solamente conocemos con certeza el día del nacimiento de dos. La cosa no me viene nada mal, porque dada como soy a olvidar las fechas exactas de los cumpleaños y a decir que "era más o menos por ahora", todas entramos en el mismo rango de "días más, días menos".

Con este blog pasa algo parecido. Lo creé en agosto de 2008, pero después de tres meses en que no se actualizaban los feeds, decidí abrir otro -con distinta dirección- y volcar en él lo del primero. Pero de lo que volqué quité después algunas cosas, ya que en aquellas páginas de agosto había algunas que gritaban de miedo* y no, mi blog de noviembre ya no tenía miedo. Así que no sé en qué día lo abrí.

Por algo lo digo cumple un año -días más, días menos-. Queda instituida su fecha de nacimiento en el día 15 de noviembre de 2008.

Felicidades, bloguetillo mío, y gracias a todas las que lo habéis regado cada día. Sin ese agüita estaría mustio -por lo menos-.


*Hablaba de estupor e indefensión y de los ataques hacker a mi página web Huellas, que finalmente decidí cerrar (la página principal que por fin había terminado de hacer en mayo de 2008 tras 7 meses de trabajo) y dejar únicamente a la vista parte de los "hacker-capados" foros -sin posibilidad de inscripción ni de participación- y parte de los testimonios de mujeres -las que dieron expresamente su autorización-.

14 noviembre 2009

El fin y los medios

FIN 1. Tienes que saber que soy lesbiana
- Mamá, quiero contarte que...
- ¡No quiero saberlo!
- ...mi pareja es una chica.
¿Tienes derecho a que no te cuenten lo que no quieres saber?

FIN 2. No quiero perderte
- ¿Te has acostado con ella?
- Ehmmm, no, sabes que nunca te haría eso
¿Tienes derecho a conocer algo que afectaría a tu toma de decisiones?

FIN 3. No quiero seguir contigo
- ¿Por qué quieres romper conmigo?
- Porque no soporto tu halitosis
¿Existe un solo medio para un mismo fin?

EN CUALQUIER CASO
¿El fin justifica los medios?


Cada respuesta razonada vale 2,5 puntos (¡coño, qué deformación!)

12 noviembre 2009

The wind and the rain, the sun and the moon




A la mujer de negro

"...So free... The wind and the rain". Esas palabras me las enviaste hoy. Forman parte de tu recuerdo de mí, pero...

Ese ápice de recuerdo ¿te trae
un ápice de cariño?
¿un ápice de reconocimiento?
¿un ápice de remordimiento?
¿un ápice de consideración?
¿un ápice de nostalgia?
¿un ápice de arrepentiemiento?
¿un momento de duda?

¿Se merece un ápice de mi perdón?

Temo que no llegará ese día en que lo pidas, porque nunca agacharás la cabeza para admitir, más allá de tu conciencia, haberte puesto del lado de aquello contra lo que habíamos luchado juntas.

Guardo en el alma todas las fotografías en sepia de aquel proceso de Kafka, sin juicio ni defensa y con la desesperación de desconocer el delito, sola y asustada en medio de aquella turba con voces llenas de odio y de doscientos cincuenta testigos mudos.

05 noviembre 2009

¿Eres clavo o chincheta?






Hay personas que se ponen a hablar con propiedad tanto de filosofía como de geografía, de historia, de poesía, de novela, de tauromaquia, de agricultura ecológica, de electrónica, de actualidad... Así era R.

R. había hecho una abstracción de la cultura en "clavo" y "chincheta". Afirmaba que solo una pequeña élite posee ambas a la vez. Lo suyo decía que era -quitándose importancia ante mi boca abierta- "la cultura de la chincheta".

La de la chincheta sería "mucha superficie y poca profundidad". La del clavo "poca superficie y mucha profundidad". Por lo que la cultura de la chincheta consiste en saber un poco de casi todo, mientras que la del clavo sería la de la especialización: Te dedicas a uno o dos temas y les sacas punta hasta que no quede (casi) nada que no sepas de ellos, pero a cambio te olvidas de (casi) todo lo demás.

Teniendo en cuenta que lo "normal" es tener una cierta especialización en algo y conocer algunas cosas de bastantes temas, ¿hacia qué lado se desvía tu balanza? ¿Eres más clavo o más chincheta? ¿O estás entre la élite que lo tiene todo? (No valen falsas modestias)

04 noviembre 2009

La consciencia de la ignorancia

«Lo que sabemos es una gota de agua; lo que ignoramos es el océano.»

«No sé cómo puedo ser visto por el mundo, pero en mi opinión, me he comportado como un niño que juega al borde del mar, y que se divierte buscando de vez en cuando una piedra más pulida y una concha más bonita de lo normal, mientras que el gran océano de la verdad se exponía ante mí completamente desconocido.»

«Daria todo lo que sé por la mitad de lo que no sé.»

Isaac Newton




No sé quién lo dijo, tampoco sé qué nombre tiene esa teoría. Lo importante -y seguramente es por eso por lo que mi memoria lo retuvo- es la teoría en sí. "Cuantas más cosas sabes más inmenso se te antoja el universo de lo que desconoces". Es la consciencia de la ignorancia.

La teoría se explica comparando el saber con una bola. Si tu saber es del tamaño de una canica, todo lo que desconoces es lo que está fuera de la canica. Sin embargo, la superficie de la canica es pequeña, y esa es tu consciencia de lo que desconoces. Ese es tu contacto con el mundo de lo desconocido.

Sin embargo, si tu saber es del tamaño de un balón de baloncesto, es evidente que sabes más que quien tiene un saber-canica, ya que el universo de lo desconocido es menor. Sin embargo tu superficie en contacto con el no saber es mucho más grande. Cada milímitro de tu conocimiento está en contacto con otros temas relacionados con él -y desconocidos- que tienen la forma de árboles con ramas que se expanden infinitamente.



La consciencia de la ignorancia aumenta proporcionalmente al tamaño del conocimiento.

Moraleja: Quienes creen saberlo todo son los/las más ignorantes.

01 noviembre 2009

Entre lo importante, lo tierno

No es que no tenga nada que decir. Ocurren cosas muy importantes que algún día -espero que no muy lejano- seguramente contaré, o no. Cosas a las que en la última semana he dedicado mi tiempo de blogs y libros. Apenas me quedan minutos en el día para comentar otros blogs, aunque los estoy leyendo.

Entre todo lo importante, está también lo cotidiano, lo amable. Esas cosas que casi siempre pasan inadvertidas, a las que no se da importancia pero que realmente conforman grano a grano la serenidad y, por qué no, la felicidad de cada día. Entre ellas, mi familia humana y gatuna.

Y ya que hablamos de familia gatuna, el reciente miembro es "niño" (Farala, ya no tienes que preocuparte por el nombre - ver comentario en anterior post jajajaja). Ha sido aceptado en el clan felino por la "pantera" Violeta y en parte por Paquito -aunque le cueste reconocerlo-. También ha aprendido a trepar a los sillones y las camas y en su afán investigador ha encontrado algo que seguramente le ha parecido un buen sustituto de madre. Cuando se cansa de jugar, allí se pone, al lado del perrete rojo y blanco, hasta que se queda dormido.