18 noviembre 2009

Quizás porque fui muy feliz...

Acabo de levantarme para afrontar mi noche de trabajo. "Cuando Lorenzo se acuesta, se levanta Catalina" (por aquello del sol y la luna), así que me he despertado cuando mi Pepa se ha metido en la cama. Media hora de arrumacos y ternuras (las de dormir para ella, las de desperezarme para mí) y aquí estoy, tomándome el zumo de naranja de la mañana (a la 1 de la noche).

Pero en esta hora de transición y de recarga de pilas me apetecía hablar de algo que me ha venido a la cabeza al leer el último post de Tantaria. Tiene que ver con el consumismo y con la infancia.



Nunca llevé a mis hijas a la tienda o el supermercado de juguetes para que escogieran suS regaloS de navidad. Deploro ver esas manadas de niños y niñas gritones e histéricos y a sus mamás ojerosas intentando satisfacer sus deseos y dejándose en idioteces el dinero que no tienen. El regalo de reyes es ¡sorpresa!


Tampoco entré en la rueda sin fin de los regalitos de reyes, y mucho menos en los de Papa Noel, que ya son demasiados regalos. Me refiero a esa rueda de que yo le regalo a todos los sobrinos, sobrinas, hermanos, papá, mamá, novia, marido, suegra... Y a cambio, por esas mismas fechas mi casa se llena de chorradas con las que esas personas "me compensan". Nunca entré y nunca voy a entrar.

¿Que cómo lo conseguí? Pues tal vez asumiendo que iba a pasar por "descastá". ¡Me importó y me importa un pimiento!

Tal vez porque mi infancia fue muy feliz, el período más feliz de mi vida. Y en aquella infancia solamente mi padre y mi madre me regalaban algo por Reyes (Papá Noel fue un invento más tardío). Mi regalo era la ilusión de poner mis zapatos en el alféizar de la ventana, imaginar que por aquel lugar por donde nunca pasaba nadie iban a pasar unos señores que se llamaban reyes magos y me iban a dejar alguna cosita. Me dejaban dos o tres caramelos envueltos en celofán de colores y una vez hasta un polvorón. Esa ilusión de despertarme y ver que los zapatos estaban llenos de algo que brillaba, que estaba dulce, que "se habían acordado de mí", era lo importante. No había llegado aún la moda de que había que regalarle a "toquisqui". Y yo era feliz.

Mantuve la tradición, a fortiori. Cuando la moda llegó, mi entonces única hija empezó a recibir regalos de toda la familia. Yo sencillamente nunca les devolví el detalle por esas fechas. Si alguna vez me apetecía regalarles algo lo hacía cualquier día del año, cuando pasaba por un escaparate y pensaba "esto le gustaría a...". Así, de manera automática las cosas de las Navidades se fueron poniendo en su sitio: "Yo le compro algo a mi hija y tú se lo compras a los tuyos".

Nunca les compré la Barbie, ni la PSP ni el juguete del último grito. Cuando eran pequeñitas y aún creían en los Reyes Magos les traía alguna sorpresa, la que me inspiraba el momento de ellas, no las 200 cosas que pedían por sus boquitas al ver los anuncios de la tele (la verdad es que las dos me salieron poco pidonas, creo que también se dieron cuenta de que ante el vicio de pedir está la virtud de no dar). Y tuvieron una bicicleta, unos patines, una mochila nueva, un pijama... Esa ilusión de la sorpresa se pierde cuando han pedido el "muñeco pitiflush" y les llega el "muñeco pitiflush" y las otras 199 cosas de los anuncios que vieron.



Me acuerdo de que mi hija mayor tenía 7 años y por Reyes pasábamos unos días en una estación de esquí en donde organizaron una bajada de los Reyes por la noche, esquiando entre un camino de antorchas, y luego abajo daban los regalos. No teníamos nada previsto (para no variar) y al saber de aquella actividad fui corriendo a una tienda de la estación. Solamente había cosas para la nieve, así que le compré un gorro precioso. Lo envolvimos, le pusimos el nombre y esperamos... Mi niña decía: "Mamá, estos reyes no me conocen, no me traerán nada... ¿verdad?" y yo le contestaba: "No, hija, seguramente no...". Así cuando daban los regalos, de pronto dijeron su nombre y ella se iba a morir de la alegría, hasta se cayó de la emoción al ir a recoger su bolsita brillante. Aquel gorro fue uno de los regalos de navidad que con más ilusión recuerda. Fue "su" regalo de Reyes de ese año.


Por aquella infancia mía cuando dejabas de creer en los Reyes Magos, dejabas de recibir regalos (me hice la tonta hasta los 9 años). A partir de ahí, el mundo de la ilusión de reyes magos se volcaba en los otros más pequeños de la casa, los que aún creían. En ese aspecto he cedido. Siempre hay algo para mis hijas y mi pareja en algún momento de las navidades, sin importar la edad (claro está que mi pareja siempre ha estado en la edad de "no creer" jajaja) y sin importar si es por Reyes, por Papá Noel o el día que me dé el volunto. Y lo bueno de esto ¿qué es? Pues que no participamos del boom consumista de las navidades. Que mis tiempos de crisis económica no han provocado frustraciones infantiles. Que mi hija mayor (con sus 31 años) admite que ha sido y es muy feliz con esta costumbre y que la ha asumido también como propia. Y que la pequeña parece que también está contenta y se pone las manos en la cabeza cuando ve el derroche de chorradas que se regalan por esas fechas.

La felicidad esa de verse literalmente enterrados en veinte mil cajitas de regalo, es apabullante, es agobiante para ell@s. Es pasajera. No disfrutan realmente de esos regalos más que en el momento de verlos envueltos y abrirlos. No valoran las cosas pequeñas, ni las pocas cosas, ni el cariño que las pequeñas cosas encierran. Mi cabezonería anticonsumista nos ha dado a todas buenos resultados.

16 comentarios:

  1. Es triste ver como los niños son envueltos en las garras oscuras del consumismo.
    Que lindas fueron las navidades con regalitos hechos con nuestras propias manos y nuestra imaginación, elaborados con verdadero amor.
    Un abrazo guapa y te invito siempre a un café.

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  2. No sé que pensar. Me voy con tu post para razonar y ver los pros y los contras de todo esto. Pienso que debe haber una educación para el consumo no un anticonsumismo. No sé, lo razono.

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  3. Estoy totalmente de acuerdo con Candela aunque la idea que propone dintel sobre la educación para el consumo y no el anticonsumismo es muy interesante.Espero que le dedique algún post. Creo que los niños de hoy desaprenden a valorar las cosas desde el minuto cero. Los regalos son muchas veces reflejo de las frustraciones de los padres.

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  4. Gracias por el café, Mayela. Me gustan los regalos preparados :)

    ralladuradelimon y dintel: Esto no es anticonsumismo. Para mí, en mi tierra, esto ha sido solamente continuar con una tradición hasta cierto punto lógica. Lo otro vino con los años. Salir corriendo a gastarse una fortuna para regalarle a todo el mundo "por real decreto", y si no tienes un chavo te vas al bazar chino. ¿A son de qué? ¿Porque es navidad? ¿Y qué? Consumimos, regalamos, pero cuando nos apetece, incluso en Navidad puede haber un detalle que queramos hacerle a alguien y lo hacemos, nunca por obligación.

    Y recargar a los críos de tantísima cosa cuando (como dice ralladuradelimón) es más bien una frustración de los padres, una falta de tiempo que no les puedes dedicar y se lo compensas así. Es fácil oír: No sé qué comprarle a la niña, tiene de todo... ¿Seguro que tiene de todo? ¿Hasta te tiene a ti cuando te necesita? ¿No le sobra nada?

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  5. Yo también estoy deacuerdo con Candela.

    Cuando yo era niña los “caprichos” los recibía en cumple, santo o navidad. Los del cumple y santo eran cosas que me apetecían, que conocía y que quería. Me explico: si salía el último libro de “Tintín”, no me lo regalaban el día que salía al mercado (increíbles las colas de Harry Potter cada vez que saca un libro) sino que me caía en el cumple/santo, eran las reglas, yo sabía que lo tendría pero las cosas no eran instantáneas como el colacao, tenía que esperar. (También podía caer si hacía algo increíblemente bueno y recompensable)

    En navidad, los regalos sólo se recibían (y así sigue) en casa y en casa de los abuelos, los niños no pisábamos las jugueterías, los reyes traían lo que les daba la gana, y por supuesto no coincidía, ni por asomo, con lo pedido en la carta, de hecho eran cosas desconocidas porque ni siquiera se anunciaban en televisión (las cosas de oriente es lo que tienen! exclusividad!! Jajajajaja ) lo bueno es que descubrías cosas nuevas y algunas incluso las ponías de moda en tu clase del cole y las ibas viendo aparecer en cumples y santos de niños

    Nosotros también somos unos “descastaos” y seguimos la norma de: “si los reyes son los padres… que se lo compren ellos!!” jajajajajaja yo creo que cuando tenga niños también seguiré esa tradición… ODIO LOS REGALOS DE COMPENSACIÓN!! :p

    [menudo novelón, prometo intentar ser más breve en el futuro] jajajaja

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  6. Al ser "la pequeña" mis padres me daba muchos regalos en Navidad. Por motivos que ni ellos ni yo llegamos a comprender, yo no tomé la costumbre de pedir esto y aquéllo y los regalos que me llegaban me hacían ilusión por el tiempo justo (mientras los abría). Hoy en día disfruto como tú, regalar algún detalle en fechas que no son señaladas... el problema vine porque mi güera, por ejemplo, alucina porque me quedo paralizada en su cumpleaños, reyes o lo que sea... ¡nunca sé qué regalarle! y vamos que la quiero y creo conocerla... pero es igual, la pobre tiene que terminar diciéndome siempre: "quiero que me regales tal mas cual cosa".
    Es un lío...

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  7. Me parece que vivimos inmersos en un constante exceso. Y - dependiendo de si te lo puedes permitir o no...- esto genera frustraciones o desapegos.
    Me gusta tu postura. Al menos no colaboras en tener un detalle conforme el calendario. Lo que tú regalas...sale del corazón.

    Saludos.)

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  8. Quizá es triste, pero es una realidad. Si lo haces, hay que saberlo hacer muy bien, para no convertir a tu hijo en un infeliz frente a los demás niños.
    Yo, lo reconozco, peco de consumista, y desde que tengo a las niñas, más, así que si un día me rebota algo de ésto en toda la cara, tendré que callarme porque he sido yo la que me lo he buscado, pero disfruto, y disfrutan que para mi es lo más importante ahora mismo. Quizá no es lo correcto, pero me da igual. Me encanta la Navidad. Me encanta regalar y que me regalen...

    Un besote!

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  9. Candela, qué sabia eres! Hay que tener mucha voluntad para llevar a cabo lo que crees y no ceder a las presiones. Yo siempre he nadado entre dos aguas... contradiciéndome entre lo que pensaba y lo que hacía, con la sensación de traicionarme.
    Cada vez lo hago menos.
    Enlazo con el post anterior, que acabo de leer, porque para mí está muy relacionado... a veces he hipotecado cosas (tiempo, etc) por ceder, por no saber decir que no. También cada vez menos: más que hacer lo que quiero, no hago lo que no quiero hacer.
    (Perdón porque me he enrollado un poco)
    Un abrazo.

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  10. Pues si yo hará lo mismo (en caso de ser madre) es cuestión de coherencia.. y de que valoren lo que tiene.. me has recordado esa infancia cuando dejabas los zapatos debajo del árbol y por la mañana veías con la máxima ilusión un libro de cuentos y unos jeugos reunidos.. y tan feliz...

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  11. Pues muy bien hecho Candela, no hay que dejarse atrapar por el consumismo. Hacer un regalo con cariño y que sorprenda es lo más bonito que hay. ¡Un besote enorme!

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  12. Doctrina religiosa de la mano del capitalismo dos grandes enemigos.Sé que es difícil salirse de la costumbre pero si por lo menos la controlas y haces que sea especial pues muy bién.

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  13. ¡Qué sensata eres, Candela, y qué dulce! Yo, como maikix, siempre he nadado entre dos aguas. Odio esta fiebre-locura consumista pero me gusta regalar y que me regalen. Con mis hijas, seguí exactamente lo que describe Arlene.
    Tengo sentimientos encontrados al respecto porque ahora me ha tocado una pareja que pasa de los regalos en fechas señaladas - y pasa tanto que pasa, a mi entender, de la fecha en sí. Ni se acuerda de que es tu cumpleaños, no quiere celebrar la navidad, etc.
    A mí me gusta pensar que alguien ha dedicado un ratito a pensar y buscar algo que te pueda gustar.
    A veces los gestos y rituales son una forma (aunque sea innecesaria) de demostrar cosas.
    Me sumo al interés por el posible futuro post de Dintel.
    Un beso.

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  14. Te habrá costado más de una mala cara, pero creo que, efectivamente, el afecto no es demostrable con montañas de gilipolleces.

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  15. *Arlene, aquí en casa alguna vez que otra nos montamos una fiesta de regalitos, cuando celebramos aquí la Nochevieja. Tonterías para reírnos, compradas en los bazares. Pero ni siquiera eso se institucionaliza. Por lo demás, es algo muy parecido a lo que tú cuentas. Los regalos quedan en la familia más estrecha -y si se puede, porque a veces algunos no pueden... Y no pasa nada!)

    *jeje, Pena, en eso no somos gemelas. Yo era la mayor, la princesa destronada. Mira, es que a mí eso de ir a comprar un regalo para no sé cuanta gente, sin saber qué, para no quedar mal, para cumplir... me parece una hipocresía. Además con tanta familia solamente podría regalar tonterías, de esas que no suelen hacer falta, que no caben en los armarios y que terminan en la basura.

    *Hola, Charm. Esa creo que es la idea, la del constante exceso. Y tal vez tenga mucho que ver con el momento actual de crisis. No lo digo por los regalos de Navidad, sino por todo: Las celebraciones de bodas, bautizos y comuniones supermillonarias, los pisos y más pisos, los préstamos, las hipotecas hasta las orejas... Es lo que mi madre llama "IR CON LA CARRETA DELANTE DE LOS BUEYES".

    *Alma, seguro que sabes hacerlo correctamente. Pero quería comentarte que eso de "convertir a tu hijo en un infeliz frente a los demás niños", créeme, no tiene fundamento alguno. Un niño feliz lo es y lo manifiesta, e incluso se le envidia su felicidad, aunque no tenga lo mismo o más (juguetes, nivel de vida, etc.) que los otros.

    *Maikix, yo creo que a partir de un momento ya es imposible cambiar las tradiciones. Yo lo hice con unos 20 años, estábamos sin un duro y fue cuando empezó esa moda de regalarle a todos los miembros de la familia propia y de la política. Recuerdo que compré un montón de cosas (muy baratas, tenía 7.000 pesetas para vivir todo el mes 3 personas). A mi cuñada le compré un juego de toallas (muy monas pero "flaquitas"), que nunca vi puestas en su casa, a ella le gustaba mucho lo bueno y lo caro. Creo que ese fue el comienzo de la idea de no entrar en esa reciente moda.

    *Ico, lo que ahora pasa es que los niños y las niñas se "comparan" con otros de su edad, y vienen a casa haciéndose "los parientes pobres", que si yo no tengo tal y la otra si, que se ríen de mí... Eso del "se vayan a reír de mi niño" pesa mucho en los padres, para los regalos y para muchas otras cosas. Basta pensarlo un poco y llevarlo a cabo y se verá que no tiene fondo alguno ese miedo.

    *Tantaria, sí. Reivindiquemos los regalos de cariño sin más pretensiones.

    *Pecado, ya a estas alturas ni piensan mal de mí. Me quieren, "a pesar de todo" :))

    *Patsy, no, no se trata de romper con todas las tradiciones, sino solamente de no tener que pedir un préstamos en navidades para regalar cosas que (seguramente) no se necesitan, aunque sean caras y estupendas. También me gusta regalar. Disfruto cuando hago un regalo pensado, orientado... algo que va a gustar, algo que va a demostrarle a alguien algo. Recibirlos también, aunque más hacerlos. A ver si Dintel se anima :)

    *Alson, si han puesto mala cara habrá sido para dentro jeje. De todas formas lo expliqué en su día en familia (cuñada, madre de cuñada, sobrinos...)y creo que no sólo lo entendieron sino que les supuso un suspiro de alivio al saber que mi parte se la podrían ahorrar en las próximas navidades.

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