20 diciembre 2009

Se nos olvida que hay una vía directa y pacífica

En los pequeños conflictos entre personas,
si no hay peligro evidente
¿por qué no intentar el pacífico cara a cara?

¿Por qué sentimos ese morboso placer
cuando conseguimos del otro por la fuerza ajena
algo que no tuvimos ni siquiera
la decencia (valentía, delicadeza, detalle...)
de pedirle?



Hace unos cuantos martes intentábamos dormir en vano. En casa de unos vecinos estaban celebrando una animadísima fiesta con coros, golpes, bailes y música de esa que llega en forma de bum bum bum que hace vibrar las paredes. A las siete de la mañana había que levantarse. Esperamos dando vueltas en la cama hasta las 12 de la noche. Después, más irritadas, hasta la 1. A medida que pasaba el tiempo, el ruido se hacía más insoportable conforme el sueño se hacía más imposible. A las 2 me dice Pepa: "Dime el número de la policía local, ya no estoy dispuesta a aguantar más". Es curioso que ella dijese eso, pero es verdad que la costumbre o la moda nos hace reaccionar a bote pronto de la manera "más sensata".

Mi pensamiento se iba ya hacia el ordenador para buscar en Internet el número de teléfono cuando reaccioné y me dije: Candela, sé consecuente con tu forma de pensar.

Recordé aquel lejano día cuando le compré a mi hija un coche de segunda mano con un motor perfecto pero tan viejo y deteriorado que el salpicadero se descolgaba y el plástico se desmoronaba al presionarlo. Lo tenía aparcado en la acera junto a mi casa y conseguí convencer a mi dis-pareja (parafraseando a Pena Mexicana) para que me ayudase a ponerle unos cuantos tornillos.

Bajamos y nos metimos en el coche. Era por la tarde, aún de día y con sol. En chándal y con las dos portezuelas abiertas estábamos en la tarea, destornilladores en mano, cuando una furgoneta grande de la policía nacional se paró a medio metro de mi portezuela (la izquierda). Se bajaron dos policías -en plan hombres de Harrelson-. Uno de ellos se plantó a mi lado y el otro se fue hacia la otra puerta del coche. A mí me dio la risa, de la buena, al ver a "mi" policía que me exhortaba: "Suelte el arma destornillador y salga del vehículo con los brazos en alto".

Enseguida -no había más que tener dos dedos de luces- se dieron cuenta de que el coche era mío y de que estaba hecho una ruina. A la vez que me entraba la risa y salía lentamente del coche, le dije al policía "No se pensará que lo estamos robando ¿no?". Vista la documentación y tal, y sinceramente de forma muy educada, me pidieron disculpas y me dijeron que unos vecinos los habían llamado para alertarlos del robo de un coche. Levanté la mirada y allí estaban los vecinos, en el balcón del segundo piso, con aquella cara de satisfacción por el deber cumplido y por vernos dando papeles y explicaciones. Como tengo buen carácter, no me tomé a mal el aviso de los vecinos y mucho menos la irrupción de la policía. Quedó para mí en una anécdota incluso divertida y algo absurda (absurda porque se trata de un barrio tranquilo donde no había delincuencia y donde llevaba viviendo más de 20 años, si bien no conocía a aquellos vecinos). ¿Qué habría hecho yo en lugar de esos vecinos? Primero fijarme en la pinta del coche ¿robable aquella cosa pequeña y oxidada? ¿Mi pinta de cuarenta-y-muchona con chándal y zapatillas de estar en casa daba el perfil de terrorista o roba-coches?

Volviendo a la fiesta de mis vecinos, extrapolé y pensé: ¿Llamar a la policía? ¿Se trata de un incidente de seguridad? ¿Es tan grave? ¿Puedo resolverlo por mí misma? Claro que podía resolverlo, o intentarlo al menos. Así que me puse algo encima del pijama y bajé. Llamé a la puerta de los vecinos. Me abrió un chico que, nada más verme, juntó las manos en señal de perdón y me dijo "lo siento, lo siento... pero ¿no es tan tarde, verdad?". Amablemente le dije: las 2 de la madrugada, y tenemos que levantarnos pronto. Me volvió a pedir disculpas. Subí a casa y nos dormimos en el silencio sobrevenido. Asunto resuelto.

Cada vez con mayor frecuencia queremos que desde arriba nos saquen las castañas del fuego, cuando muchas veces las cosas se resuelven con un trato directo con las otras personas en conflicto. Sin más alardes, amenazas o aspavientos. Después hay otros pasos sucesivos a seguir en caso de no resolución del problema. En clase tantas veces oigo al delegado de un grupo decir alteradísimo que van a enviar un escrito a la Delegación contra el profesor o la profesora tal o cual porque no ha corregido o puntuado según un criterio que consideran justo, o porque hay dudas de que se esté ateniendo a la programación. Mi respuesta es: primero habladlo con él o ella. Si no hay acuerdo hay otras vías, pero nunca ir directamente al punto más alto saltándose los más bajos, olvidando algo tan esencial como la comunicación directa y pacífica.

11 comentarios:

  1. Creo que te refieres a proyección positiva de uno hacia los demás. Suele funcionar bien porque sacas lo mejor de las personas sin que se sientan agredidas. El arte del maestro. Besazo.

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  2. La verdad es que a mi siempre me ha resultado bien lo de pedir las cosas yo misma y me he sorprendido de que haya gente a quien no le funcione. Supongo que he tenido grandes dosis de buena suerte y una pequeña parte de "en el pedir, está el dar" :)

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  3. Pena y mjt:

    ¿Podría ser que si se pide por ejemplo a un vecino que baje el volumen del televisor lo asociemos a "rebajarnos" a él, mientras que enviarle a la policía lo consideramos sentirnos superiores?

    Una u otra actitud, ¿podrían tener algo que ver con el poder? ¿Tal vez con sentimientos de inferioridad o de superioridad?

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  4. Muy positiva la actitud.
    Me da que empezar por la opción B (llamar a la policía) en lugar de la A, viene después de estrellarse varias veces (no necesariamente por lo mismo ni con los mismos) y darse en las narices con un "¡hago lo que me da la gana!".
    Tus vecinos reaccionaron muy bien.

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  5. No sé, maikix, más bien creo que siempre se empieza por la opción B para evitarse problemas. No sea que me traten mal, no sea que se enfaden, que me ataquen, que la tomen conmigo... Creo que es lo habitual y que cada vez menos se empieza por la A. Es más fácil coger el teléfono y llamar a los municipales que bajar y pedir amablemente que no hagan ruido (y creemos exponernos a menos, aunque en realidad esa actitud toca mucho la moral y crea rencillas y mala baba en la gente)

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  6. Queridos seguidores y amigos.

    Nos gustaría haber podido regalaros la noticia del Premio por Navidad. No ha podido ser así. Esperamos que el nuevo año nos traiga más suerte. Os aseguramos que la seguiremos buscando hasta el final, insistiendo para que vuestra aportación al mundo de los blogs sea escuchada, y os recordamos que nuestra fuerza reside en vuestro apoyo, por lo que pedimos un esfuerzo también por vuestra parte para divulgarlo.

    De parte de los que trabajamos desde el blog y el grupo de facebook para sacarlo adelante, os deseamos unas felices fiestas en compañía de vuestros seres queridos. Arropad a vuestros mayores.

    Un fuerte abrazo.

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  7. Inteligente decisión la tuya, mucho más efectiva y además cabreabas menos a los vecinos chivatos. Quizás tienes razón: estamos demasiado acostumbrados a los intermediarios.

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  8. LA PALABRA....qué fuerza tiene bien empleada.

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  9. Tantaria, así es, si llamo a la policía tengo vecinos-enemigos para un rato, esperando devolvérmela a la primera ocasión. Así va la rueda, que la gente está cada vez más crispada.

    Alson, y qué poco y mal se usa, verdad?

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  10. Qué gran reflexión, me ha gustado muchísimo. Primero la comunicación directa y, si no funciona, acudir a instancias más altas. Lo que yo creo es que nos hacemos vagos y preferimos que otros nos saquen las castañas del fuego, creemos que para ahorrarnos problemas, pero en el fondo nos los creamos. Y por cierto, que en clase también pasa lo mismo, alumnos y padres quieren ir siempre a la inspección sin haber hablado con el profesor... ¡es tremendo!

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