09 enero 2010

Los relojes de París

Inicio hoy una serie de fenómenos curiosos que me han ocurrido en la vida.


París, junio de 1986


Siempre viajábamos a París durante las fechas en que se celebraba el torneo de Roland Garros. En esa ocasión alquilamos en un barrio universitario el apartamento de un vallisoletano residente en la capital francesa, que durante el verano lo dejaba libre.


Aquel apartamento tenía algo especial. Sus paredes estaban literalmente forradas de libros hasta el techo, la mayoría en francés. Estaba lleno de antigüedades y había un tocadiscos y varios discos de música clásica. Alguna vez acompañé a mi hija y a mi marido a los partidos, pero lo habitual era que prefiriese quedarme un buen rato sola en el apartamento, leyendo libros o escuchando música. El sol a esas horas entraba por el balcón, directo hasta el sofá donde me sentaba. Era agradable aquel sol de principios de junio a primeras horas de la mañana. Me sentía bien sola, entre libros y con aquella música, que siempre después me supo a París.


Más tarde salía. Me metía en el metro y miraba en el plano nombres sugerentes de estaciones y allí me detenía y merodeaba por cafeterías, calles y mercadillos. O subía, una vez más, a Montmartre para respirar su aroma particular de barnices, óleos y carboncillos.

En el dormitorio, de pie junto a un lateral de la cama, había una talla de un ángel muy antiguo, del tamaño de un niño de cinco años. Cuando me acostaba por ese lado de la cama, el ángel me señalaba con el dedo índice de su mano derecha y me miraba desde arriba con uno de sus ojos bizcos. Para no sentirme observada, le echaba por encima una chaqueta.

Algo que me llamó la atención fue la cantidad de relojes antiguos de pared y de sobremesa, que estaban por todas partes en el salón del apartamento. Todos parados, a las doce y diez, a las cinco y cuarto, a las seis y veinte... Imaginaba qué día de qué año o de qué siglo habrían hecho su último tic o su último tac.


Una de esas mañanas, repetí el ritual de la lectura y la música. Sonaba el Canon de Pachelbel y leía a Baudelaire. A veces cerraba los ojos y respiraba ese aroma agradable de libro antiguo y madera vieja. Me sentía bien. Si existiera un paraíso, sus sensaciones tendrían que ser como aquella.

De pronto ocurrió: Diez, doce o veinte relojes comenzaron a sonar. Cucus, campanadas agudas, campanadas graves... Me puse de pie y me acerqué a uno y luego a otro. Sonreía con la boca abierta. No tenía miedo. Al contrario, era una sensación única, indescriptible. Como si toda aquella energía que sentía dentro de mí los hubiese puesto a funcionar. Luego se callaron. No sé qué hora dieron, o si todos dieron la misma hora. Se callaron, se detuvieron otra vez para siempre.

15 comentarios:

  1. Joder!.. eso no es "curioso" es acojonante. Realmente tu interior necesitaba gritarte para llamar tu atención. Los relojes simbolizan cambios de vida, no te digo más.

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  2. Uff... yo me hubiera muerto de miedo... ¿Y ese ángel? Siempre tapado...

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  3. Alson, realmente estaba iniciándose en mí "el gran cambio". No sabía que los relojes tienen ese significado.

    María, a mí nunca me dieron miedo las cosas que dan miedo jajajajaa. Me dan miedo otras, mucho miedo.

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  4. Me consta que dispones de una enorme energía. Bajas la guardia, el placer y relax dejan salir ese ímpetu al exterior y pone los relojes en marcha. Es esa fuerza oculta que nos dirige y necesitamos racionalizar. ¿Te acuerdas de Uri Geller?, me imagino que algo así. No sabía lo de los relojes. Mira, doble ración.

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  5. puf, en París, Roland Garros ¿y te quedas a leer???????? Yo estaría en el tenis, sin duda, qué envidia, es uno de los sueños de mi vida.

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  6. jjajajaaaaaa, me río por el comentaio de marcela PERO ¡¡qué miedo!! yo me hubiera tirado a la calle por la ventana más cercana!!!

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  7. pero si es que el fenómeno más paranormal es que no estuviera viendo el tenis, eso sí que me da miedo a mí.

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  8. oye, mjt, que yo ahora que lo pienso, tenía que haber sido relojera. Cuando lo de Uri Geller agarré el despertador de casa de mis padres que llevaba paradado desde que lo desmonté y me sobraron piezas al remontarlo, y se puso a funcionar. ¨Se paró luego a la semana. Mi magia es relojera no hay duda. El período de garantía eso es lo malo.

    Marcela, si es que soy "rarita", hija. Dos tíos dándole a la pelota pim y pum y pim y pum, pos no. Con marido tenista ¿te haces una idea de los partidos que tuve que ver y de las pelis que me perdí para ver tenis? Lo aborrecí. Si no veía tenis, encordaba raquetas y a mi me llevaba a entrenar, yo le hacía de frontón.

    farala, ajajajajajajajaja, pa matarte!

    jajjajajajajajajajaajajajajajajaaa jajajajajajaajaja marcela a ver lo que le encuentras de paranormal al siguiente hecho, no me quiero perder tu comentario ajjajajajajajaja

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  9. Debía habitar Uri Geller un piso cercano, seguro. ;)

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  10. Fascinante... a mi no me hubiera dado miedo simplemente porque dudo que tenga tanta energía como para que me hubiera sucedido. De todas maneras en mi casa sucedieron cosas "raras" mucho menos espectaculares pero igualmente inesperadas cuando vivía con mi (dis)pareja. Lo he vivido cmo manifestaciones de energía que si bien no entiendo, no siento como amenazante. Lo tuyo fue, desde mi percepción, bello. Una señal tal vez... no sabía lo que dicen de los relojes pero suena algo así como "¡Ya es hora!", ¿no crees?
    ¡Qué bonito!

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  11. coño y no preguntaste al hombre a qué se debía ese fenómeno.. interesante fenómeno para escribir un relato de terror..

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  12. Estamos inmersos en un mundo en el que ocurren esos fenómenos extraños para los que no encontramos ninguna explicación. Si yo hubiera estado en tu situación, no sé como hubiera reaccionado, pero el sobresalto hubiera hecho que el corazón me saltara en el pecho y me hubiera quedado pegada al sillón. Tal vez tu tranquilidad ante lo sorprendente reflejaba la perfección de aquel momento tan mágico que hizo sonar a todos los relojes a un tiempo señalando lo que fue una especie de 'iluminación'. Te mando un abrazo

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  13. jajajaja, seguro que era yo la Uri, Dintel. Lo único que no he conseguido ha sido doblar tenedores, si el filete no está duro.

    Pena, cosa rara, no le di ninguna explicación ni se la busqué. Digo raro porque le suelo sacar punta a todo. Lo disfruté, eso sí. ¿Qué te parece si cuentas alguna de tus magias también? ¡podríamos hacerlo todas! Me encanta leer cosas "paranormales", pero de esas que son verdad.

    Ico, nunca vi a ese hombre. Todo fue por teléfono, el conocido de un conocido de un conocido. El dinero del alquiler nos dijo que se lo dejáramos en un diccionario de María Moliner. No era de terror, era magia de Harry Potter!

    sinkuenta, pues no me dio miedo. Tal vez si hubiese sido de noche... no sé. Era de día, entraba un sol precioso, la música era espléndida y me encontraba en un momento lindo, mío, íntimo.

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  14. Qué apartamento más señorial!! Para pasarse los días mirándolo todo. Lo de los relojes parece anunciarte algo, ¿no? Raro.

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  15. Wow, a mi si me hubiera dado miedo, que fascinantes relatos nos regalas, gracias.

    Saludos

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