21 febrero 2010

Juntas buscamos caminos y razones

Tratar de entender lo injusto de la vida y de la muerte es meterse en un laberinto de difícil salida. Cuando no hay Dios, buscamos explicaciones terrenales, universales, cósmicas. Creo muchas veces que ahí, en el fondo, está el nombre que los creyentes dan al orden y al caos: lo llaman Dios.

Si él hubiera estado más cansado, no iría delante del pelotón de ciclistas. Si ese día hubiera tenido dolor de cabeza no habría salido a practicar su deporte favorito. Si el de la moto hubiera ido solo, no se habría distraído -tal vez hablando con el que iba de paquete-, y no habría embestido por detrás a la bicicleta. Si... Si... Pero no. Coincidieron el espacio y el tiempo. Podemos dejarlo ahí, pero buscamos una lógica, un porqué. Y nos preguntamos por qué tuvo que ocurrir, por qué tuvo que trabajar tanto toda la vida para, ahora que estaba recién jubilado, no poder disfrutar por fin de su tiempo.

Pepa en brazos de su padre, en 1972

Era con él con quien Pepa tenía un punto cómplice. Los dos iguales, como dos gotas de agua, en lo físico y en la forma de ser. Reservado como ella, responsable, trabajador, buena gente. Ella y su madre vivieron siempre en el conflicto, nunca resuelto, siempre imposible de resolver. Una asignatura pendiente que ya se deja suspensa ad aeternum, porque los intentos de acercamiento siempre fueron frustrados y frustrantes.

Pepa, hija única, no podía dejar sola a su madre, allí tan lejos. Decidió traerla a casa, al menos durante un tiempo. Temblé por Pepa, pero me dije que había que luchar con todas las armas para que los engranajes funcionasen. ¿Y si todavía podía resolverse aquella asignatura? ¿Cómo intervenir para encauzar una relación tan difícil? ¿O lo mejor era permanecer al margen? ¿Cómo podría inhibirme de conflictos que iban a ocurrir ante mis ojos y en mi propia casa?

Nunca nada de lo que hizo Pepa era bueno a los ojos de su madre: si estudiaba o no, si trabajaba en una cosa u otra, la pareja, la ropa o la vivienda, siempre mal elegidas, los hábitos, el deporte que hacía o el que no, lo que comía y lo que no. Pepa siempre le cuenta las cosas, tal vez por aquello de hacerla partícipe de lo bueno y de lo malo, porque Pepa la quiere y no se sustrae jamás al hecho de que un día las cosas puedan ser distintas.

Pero, he aquí que el milagro se está produciendo. No podemos creer que sea así. Estamos poniendo todas de nuestra parte y está funcionando.

Pepa aún no les había contado el proyecto "cueva". Quería contárselo cuando estuviese terminada y digna de ser presentada en sociedad. Demasiado tarde para su padre, pero ¿y su madre? Ya su abuela vivió en una cueva cuando era joven. Vivir en una cueva era lo peor de lo peor. Económicamente no se podía caer más bajo. Decirle a su madre que su dinero lo había invertido en comprar una cueva podría desembocar en una guerra abierta, la confirmación de que "su hija no está bien de la cabeza".

Sin estudiar el cómo, sabíamos el cuándo. Para ayer sábado estaba previsto "hacer una excursión" y llevarla allí. La madre ya había preguntado "¿qué has hecho con tu dinero?" y Pepa le decía "lo he invertido". "¿En qué? ¿Qué has hecho? Ay, madre mía, qué habrá hecho. No se pueden hacer inversiones en tiempos de crisis...". 

... Paciencia.

La noche del viernes, ante tanta pregunta, decidí intervenir y me inventé una historia: Pepa ha comprado un rebaño de cabras, ha contratado a un pastor y el sábado vamos a llevarte a verlo todo. Estábamos las cuatro en el salón. Su madre con la boca abierta. ¡Cabras! Pero ¿cómo se te ocurre comprar cabras?

Tuve que irme a otra habitación porque no podía contener la risa. Desde lejos oía a su madre decir sin parar ¡Cabras! ¡Cabras!

En la mañana del sábado, pusimos en el coche nuestro pequeño ajuar para la cueva, ante los ojos de su madre. "¿Y esto para qué es?". Pepa siguió mi historia: "Verás, mamá, es que allí donde están las cabras hay una casita para el pastor. Tenemos que acondicionarla y además hemos pensado que quizás tú podrías ocuparte de las cabras, tienes que permanecer ocupada, encontrarle un sentido a tu vida, necesitas aire libre... ". Su madre responde: "¡No, hija, por mí no lo hagas!".

Llegamos a la cueva y por fin entiende én qué consiste la inversión. Una sonrisa de oreja a oreja, ya desde el porche. ¡Es preciosa!- dice. Ya por dentro, la vemos emocionada: "Esto es precioso, y grande, y qué cocina, y qué alegría tiene, y qué dormitorios... y los baños...".

Fuimos a comer a un mesón, las cuatro juntas. La mujer estaba emocionada. Yo, sinceramente, más. Pepa aún no se lo creía. El primer proyecto que recibía las bendiciones de su madre.

Son más de dos semanas aquí las cuatro. Lo nunca visto: Pepa está tranquila, su madre también. Hasta puedo decir que me gusta que esté en casa, yo que soy tan solitaria. Hasta puedo decir que su madre me ha cogido cariño y se deja mimar por mí también, aunque me llama María (qué más da como me llame). Y que ya no levanta los codos en plan "aislante", como si fueran alitas de gallina, cuando su hija la abraza.

Y en esa búsqueda irracional de explicaciones, esta mañana decíamos Pepa y yo: ¿Y tenía que ocurrir aquello para conseguir lo imposible?

Pepa y su padre en París, sobre 1990

18 comentarios:

  1. vale más buscar sólo caminos, que las razones, para muchas cosas, son imposibles de encontrar. Que seais felices en vuestros caminos.

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  2. mi admiración, respeto y mejores deseos. Me has hecho plantearme qué haría yo en semejantes circunstancias, creo que no soy tan generosa ni tan buena...

    y cómo no le iba a gustar esa maravillosa cueva

    y oye, revisa las fechas porque entre esas dos fotos no puede haber sólo 8 años de diferencia, o tu pepa es una monstrua, jajajajaa... pa mi que es más del 86 u 88...

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  3. Marcela, es cierto, pero hay algo que empuja a buscar razones y, sin querer, te encuentras hurgando en ellas. Gracias. Un beso.

    Farala, muchas gracias. Lo que hacemos es encajar las circunstancias en la normalidad. Cuando no quedan muchas soluciones, se aplican las que hay a mano. Cuestión más de supervivencia que de bondad :)

    jajajaja y tenías razón con las fechas. En la segunda, ella tendría 17 o 18 años, así que no podía ser el 80 :) Ya lo he cambiado. Un abrazo.

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  4. El amor se manifiesta con estos actos de "normalidad". ¿Las razones de los acontecimientos dolorosos?...sólo se averiguan con el tiempo, pero haberlas hailas.
    Muchos besos para las 4.

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  5. Bien sabes que comparto nombre con tu Pepa, también soy hija única y mi padre me dejó solita con mi difícil madre, en mi caso a mis 30 años.
    Deseo que os salga todo bien, pero cuando pase un poco de tiempo convendría que "la suegra" se hiciera autónoma, al menos parcialmente.
    Respecto a la injusticia y a la muerte, llevo pensando toda la vida sobre ello, quizás para irme vacunando para sufrir menos cuando llegue esa circunstancia, y no necesariamente la mía, sino la de los seres más queridos y necesitados. Animo y aprovechemos para disfrutar la vida a tope, mientras nos dure la cuerda. Un fuerte abrazo a ambas.

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  6. No me gusta nada este refrán pero, en este caso: "no hay mal que por bien no venga". Me alegro de esta entrada... el otro día vi el desplome de casas-cueva y pensé en la vuestra...

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  7. Yo, que sé mucho de desencuentros maternofiliales, de no recibir, casi nunca, el beneplácito de mi madre, sólo puedo decir que me alegro en el alma por Pepa y por ti.
    Un abrazo fuerte para las dos.

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  8. Mi madre no es que sea difícil,es que es imposible...y mira que la quiero... Aunque creo que ya pasé de la ira que me producía de adolescente a una especie de compasión cuando la veo enferma y envejecida. Cumplo 39 añitos este sábado Candela, y TODAVÍA estoy esperando que me diga que he hecho algo bien. Así que entiendo muy bien a tu Pepa.
    Besos Lenteja

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  9. Alson, creo lo mismo que tú, que todo tiene sus razones, pero es terrible pensar que a veces los caminos de la razón sean tan crueles ¿verdad? Muchos besos para ti.

    Mjt, la vida nos pone en situaciones inesperadas. Hacía poco que Pepa comentaba que al haber nacido de unos padres tan jóvenes sería una vieja cuando ellos muriesen. No sabemos nada. Un abrazo.

    María, se han caído muchísimas. Entre unos pueblos y otros, creo que más de un centenar. Temía que le hubiera ocurrido algo a la nuestra, pero ¡ni una gotera! Todo está seco e intacto. Menos mal :)

    Mármara, gracias. Espero que la paz siga. No creo mucho en milagros jeje, pero al menos estamos contentas de este primer "round". Un beso.

    Lenteja, me paro a pensar muchas veces en las referencias a madres que leo en otros blogs. O son el amor de nuestras vidas o nuestra eterna desazón. Lo único cierto es que nunca nos son indiferentes. Besos.

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  10. ¡Vaya! Pues me alegro muchísimo de que todo vaya marchando cada vez mejor. No es fácil adaptarse en la convivencia, pero poquito a poco, cuando hay ganas, se consigue. ¡Un besote!

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  11. cuántas concomitancias, mi padre murió recién jubilarse y la madre de Pepa un calco de la mia.. ay.. cómo se sobrevive a una madre así?.. con paciencia y cariño.. felicidades por vuestra casa cueva.

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  12. No dejan de sorprenderme los paralelismos entre vidas desconocidas. Qué curioso, sí.

    Un beso para todas.

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  13. Me alegra saber que reina la paz en tu casa. Seguro que todo ese amor que tú derramas ha hecho posible el milagro. ¡enhorabuena! Un abrazo

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  14. Qué duras de pelar son algunas madres... y qué bien nos sentimos cuando nos regalan algo de aceptación.

    Aunque sea después de mucho y a pesar de todo :S

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  15. hermosa historia, Candela, que nos demuestra que nunca es tarde para la comprensión mutua y para el acercamiento de dos seres.

    Eres una conciliadora nata!!

    Abracitos salinos para Pepa y para ti

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  16. Quizá la madre de Pepa necesitaba una fuerte sacudida como la que ha recibido para limar asperezas con ella. En cualquier caso, estoy segura de que tú has tenido mucho que ver en el cambio.

    Besos y felicidades.

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  17. ¡Qué generosas de espíritu sois ambas!
    En un momento en que todo se te da vuelta, aceptar la entrada de la madre en el escenario me parece de una bondad y generosidad enorme.
    (Yo también me he acordado de tí con el derrumbe de las cuevas en Granada. Me alegro que la vuestra esté intacta.) Lo de las cabras me ha encantado. Beso.

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