16 febrero 2010

La normalidad y la burbuja vital

Lo primero de todo, muchísimas gracias por vuestros comentarios en el post anterior.

Una de mis pequeñas ambiciones de siempre ha sido la normalidad. Bien es cierto que la normalidad a la que aspiraba con 20 años solo tiene un poco en común con la que quise más tarde, sobre los 30, y lo mismo con la de después, a partir de los 40. Lo cierto es que nos vamos tejiendo un mundo a nuestra medida, que resuelva nuestras necesidades físicas y afectivas  más primarias y, si es posible, algunas secundarias. Aún siendo tan confiada que a veces creo tener un letrero en la frente que diga "soy tonta, utilízame", en el fondo más hondo de todos no confío demasiado en las personas. O tal vez sí, en las personas una a una, pero casi nunca -o nunca- en los grupos. No creo ni en los aplausos ni en los abucheos en masa. Siempre hay una voz o una mano que los dirige, y lo que hoy fueron aplausos, mañana serán abucheos. No, no creo en los sentimientos de masa.

No sé por qué he dicho esto. Hoy me ha dado por escribir al buen tuntún, porque durante ya un tiempo largo pienso-siento demasiadas cosas, muchas veces mezcladas.

Quería hablar de la normalidad y tengo un fuerte deseo de volver a ella. La idea de normalidad que tengo hoy la tejí con el tiempo y la dejé inmutable desde hace ya unos años. Básicamente necesito lo mismo que cualquier persona: afecto, un lugar donde vivir y tener cubiertas las mínimas necesidades de subsistencia, digamos que un nivel de vida aceptable (no aspiro a lo mucho, ni a lo solemne, ni a lo divino, ni a la fama, ni al dinero). Pero junto a todo eso que dije, que es básico, necesito el silencio. Que el ruido no traspase mi burbuja vital. No hablo de decibelios, aunque también. Hablo de esa sensación permanente de que te tocan en el hombro para que salgas de lo tuyo y te vuelques en lo ajeno. Aunque todo esté en silencio, sabes que ahora que estás en lo tuyo, deberías no estar, y tienes una sensación aguda y constante de alerta, incluso de irresponsabilidad o de culpa. Entonces te sales de la burbuja, o mejor dicho, dejas que otras personas entren en ella. Les hablas, porque necesitan que se les hable; les sonríes, porque necesitan una sonrisa; las convences de que no todo es negro, pero te lo pintan de negro.  Con algunas personas he tenido una sensación que una vez Pepa me dibujó muy bien: Tú vas pintando la pared de rosa y la otra persona la va pintando de negro, y cuando ya creías que era rosa, te das cuenta de que vuelve a ser negra. Es agotador.

En mi familia, con mis hijas y mi pareja hay un pacto tácito de no penetrar en la burbuja vital de ninguna de nosotras. Es algo aprendido o asumido con el tiempo, que nos hace perfectamente posible y agradable la convivencia. Podemos estar todas juntas, compartir unas horas de charla, de fiesta o de duelo, pero el resto del tiempo respetamos la burbuja de las otras. Aunque estemos juntas, podemos sentirnos acompañadas, pero nunca invadidas. Ese es mi silencio.

Algunas veces, cuando salimos o celebramos algo en casa con mucha gente, lo pasamos bien, reímos y hablamos, pero antes de irme a la cama, necesito mis horas conmigo, como mínimo dos. Entonces vuelvo a mi ser, el corazón late a un ritmo normal, los pensamientos y sentimientos se asientan, porque antes eran como la arena en un vaso cuando se mueve con una cucharilla y ahora la arena está en su sitio, en el fondo del vaso. Ese es mi silencio, el de la arena posada en el fondo del vaso. Es el silencio que ahora necesito y no tengo. Hay ruido de pensamientos y de responsabilidades añadidas a las cotidianas. Sueño con nuestra cueva.

P.S. Mi madre, cuando yo era pequeña, decía que en cuanto me sacaban de mi "traite", me ponía mala.

13 comentarios:

  1. La normalidad, lo habitual, el día a día que nos hemos forjado, es fundamental para nuestra estabilidad mental. Supongo que esas irrupciones en tus silencios no durarán mucho. Un besote!

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  2. Chiquilla, cómo te entiendo!

    No seas como yo, que he tardado tanto en volver a mi silencio, que ahora intento recuperarlo y no lo encuentro...

    Un abrazo fuerte!

    Pd. Nos regalo este poema:

    He cubierto con sábanas los espejos
    y guardado las gafas en su funda.
    He puesto el microscopio dentro de su caja
    y los anteojos en el cajón.

    No quiero ver mi imagen reflejada en nada,
    ni en nadie.
    No quiero inspeccionar mi interior,
    ni derretirme para hacerme de nuevo.

    No quiero sacudir ni abofetear a mis demonios,
    ni dar de comer al ego.

    Quiero escuchar mi silencio,
    y respetarme y amarme.

    Quiero vivir el AHORA,
    respirar profundo
    y hallar descanso dentro de mí.

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  3. Tras tantos dias sin leerte, me has dejado sin palabras. Te acompaño en este sentimiento. En esos momentos conviene recordar que todo pasa y la burbuja siempre resurge espontaneamente. Un fuerte abrazo.

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  4. El respeto al otro permite que esas burbujas se mantengan sanas.
    Que tus arenas se posen pronto.
    (Por cierto...gracias por tu coment, sí esa era yo y la del post anterior también...)

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  5. Te entiendo y coincido contigo, lo sabes.
    Todo llega, lo sabes también. A mi me sirve respirar hondo por mientras que llega el silencio...
    Besos y un fuerte abrazo, se te extraña.

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  6. Candela, ¡cómo te entiendo!
    El problema no es la familia ni amigos, que suelen respetar tu burbuja. Es el trabajo, las obligaciones, la responsabilidad, la presión, que se cuelan en tu silencio incluso fuera de las "horas que les tenemos asignadas".

    Besos.
    (¿Ya te tenemos de vuelta?)

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  7. Comparto esa necesidad de espacio y de silencio yo la practico mucho, soy muy sociable en espacios cortos y breves, por lo demás necesito mi silencio, gracias que mi pareja ha aprendido a dejarme sola o a estar a su vez juntas pero cada cual en su burbuja..

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  8. Tantaria, me hago mis escapadillas, y además tengo el ánimo firme, así que durarán poco... o me acostumbraré, que es lo mismo que crearse otra normalidad a medida contando con lo que hay. Un besote a ti.

    Glora, no pienso dejar que el ruido irrumpa durante demasiado tiempo, porque sé que me pondría malucha. Como mucho, aprenderé a ponerme tapones en los oídos (del alma o de donde toque). La poesía está hecha a mi medida de ahora. Se ve que sabes de lo que hablo. Me la quedo y me la escucho. La has escrito tú, seguro. Gracias, linda, y un abrazo.

    Mjt, conforme pasa o no, voy resistiendo, esperando los momentos... creándolos (pondré algo en el siguiente post). Un abrazo.

    Alson, es muy bonito lo que escribes. Me gusta lo que está bien escrito e imaginar lo que hay detrás de las palabras. Hoy ha sido un bonito día: he tenido mis ratos de arenas posadas, justo los necesarios. Muchos besos.

    Pena, es algo así como lo de "no hay dos sin tres", de modo que tenía como un ligero presentimiento de que terminar el libro no iba a ser el inicio de un tiempo tranquilo. De hecho ni siquiera he tenido tiempo de terminarlo aún: demasiado follón a mi alrededor (quedan dos noches de trabajo, no más). Muchas gracias por todo, bonita.

    Maikix, esa es la clave: el colarse en los tiempos íntimos las responsabilidades y las obligaciones. Sin esos tiempos de cuarentena diarios, se acaba perdiendo pie y de pronto un día no sabes dónde te dejaste a ti misma. Ya creo que estoy de vuelta :) Muchos besos.

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  9. pUES IMAGINAS DE LUJO.
    Celebro las arenas reposadas.

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  10. Yo también siento esa necesidad de "silencio". Y las invasiones. Y el estar sola y acompañada a la vez del sentimiento de culpa y de las voces ajenas que te reclaman no estar con ellas. Y siempre que añoro ese silencio me digo: "¡Como quisiera irme a una cueva!". Suerte la tuya de tener una :P

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  11. curioso cómo deseo la rutina, la normalidad... despues de muuuuuchos años hubo un momento entre el verano y noviembre pasado cuando empezaba a atisbar esa especie de paz. Sólo pedía dos años sin montañas rusas emocionales, y ocurrió la enfermedad de mi madre, otra vez. será que no tiene que ser. mi paz,como Ítaca, siempre pospuesta.

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  12. ¿Será alguna extraña conjunción de los astros? Febrero ha sido un mes nefasto para mí también en muchos sentidos. Sin ese "silencio" que tan bien describes, que yo llamo "mi lugar en la vida" es muy difícil no perderse. Pero se sale, a veces es sólo un ratito y luego parece que pierdes pie nuevamente - pero los ratitos se van alargando y de pronto vuelves a sentir la normalidad y a coger las riendas de tu vida. Un beso fuerte,Candela querida.

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