02 febrero 2010

La vida suspendida

Cuando hace poco tiempo mi padre habló de la muerte de esa manera tranquila como él habla de las cosas, le pregunté si no tenía miedo a morir. Me contestó que no. “No, hija, es algo que tenemos que pasar y no le tengo miedo. Solamente tengo miedo a sufrir. Que no me dejen sufrir”, me pidió. Sus palabras me tranquilizaron. El está bien, pero sé que un día morirá, como lo haré yo misma. En nuestra cultura la muerte es un tabú del que no se habla en primera persona. Algo lejano, casi improbable. A la infancia se la aleja del concepto, se la adorna o se la niega. Y las personas nunca estamos preparadas para asumir ni la propia ni la cercana. Siempre acaba siendo una terrible sorpresa, por más que sea una muerte anunciada y esperada.

La ley no permite acortar la agonía. Te sedan para que la asfixia, la angustia o el dolor lo vivas hacia dentro- como una pesadilla- y no lo enseñes al exterior. Es la muerte aséptica y estética. Pero aún así hay angustias que salen necesariamente hacia fuera y las ven quienes aman a quien está agonizando y piden que alguien remedie aquello y a pesar de eso, hay profesionales que se atreven a decir que esa petición es egoísta, que solamente estás pensando en ti y no en quien está muriendo. Tenemos que exigir el cambio de esas leyes. Querida amiga, querría poder ayudarte a superar lo que estás viviendo y sé que no doy con la clave. Tu padre, en la forma que se adquiera tras la muerte, sea energía, sea alma o sea viento, desde hace unos días está cuidando de ti y, lo que es mejor: él ya no sufre ni quiere que tú lo hagas.

Luego está la otra muerte, imprevista, a destiempo, terrible y traidora. Esa vino a buscar a Rafael el domingo. Un hombre joven, deportista, guapo y bueno. Por más que no recordase mi nombre, por más que sé que le habría gustado que me llamase Candelo, reconozco que era un hombre bueno con todo el significado que tiene esa palabra. También sé cuánto quería a su hija, mi chica, y lo que ha peleado para protegerla de los peligros ciertos. Es duro recibir una llamada y escuchar una voz desconocida, aunque amable, que te dice: su padre ha sufrido un accidente y ha fallecido.

Cuando la muerte llega así, sin avisar, hay que arreglar cosas, es necesario abrir armarios y cajones, encontrar documentos. Entonces viene ese sentimiento de violación de la intimidad. Están sus anotaciones escritas, su cita para la revisión del coche, sus pensamientos, sus cartas, sus papelitos doblados en los bolsillos, su chaqueta en el espaldar de una silla, como la dejó al salir de casa, las cosas dejadas a medias, lo que dejó para mañana, los objetos encima de la mesita de noche, las fotografías deterioradas de tanto verlas, la radio que se enciende a la hora que tenía programada. La vida suspendida…

A ti, mi compañera, mi amiga, mi cómplice, mi amor, mi mujer tierna y valiente, esos mil kilómetros no me impiden abrazarte a todas horas. Ayer tuve que regresar y dejarte sola en medio de esa locura, mitad dolor mitad hipocresía, que acompaña a la muerte de las personas. Sola con tu pena y con tu responsabilidad, pero sigo estando contigo.

28 comentarios:

  1. OOoohh un abrazo enorme para tu pepa... justo ahora que hemos vivido tan en directo la pérdida que ha sufrido mam...

    lo único que me cabe decir es que para mi la pediría así, la vida suspendida... a pesar del dolor súbito para los que se quedan.

    un beso para ti también

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  2. ¡Ay Candela! qué fuerte tendrás que ser, tu Pepa va a necesitarte más que nunca. Para mi tuvieron que pasar muchos años antes de entender de corazón que una muerte así es la más piadosa para todos, porque efectivamente es injusto que la gente tenga que sufrir una larga agonía. Un abrazo muy grande para ambas, lo siento de verdad.
    Mi güera manda un beso para las dos...

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  3. Me ha emocionado tu post. Ahí estamos Candela, es el maldito ciclo de la vida cuando nos coge mirando a otra parte. Solo añadir que comparto vuestro dolor desde mi corazón. Besos y abrazos.

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  4. Un abrazo para tu novia y otro para ti, Cande.

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  5. Un abrazo muy fuerte para las dos, con todo mi corazón

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  6. sólo queda hacer lo que tú estás haciendo: estar ahí. El único consuelo que se tiene en momentos así es mirar y ver que tu gente está ahí, contigo, con los brazos dispuestos al abrazo. Lo demás, el tiempo lo coloca todo en su lugar, qué duro.

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  7. Un abrazo muy fuerte Candela, para ti y para ella.

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  8. os quiero mucho a las dos. Un abrazo muy fuerte y un beso gordísimo.

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  9. No sabéis cuánto os agradezco vuestros comentarios, ni sabéis cuánto la echo de menos y cuánto la admiro. Un abrazo muy fuerte para cada una de vosotras. Y gracias de corazón.

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  10. Candela, miniña, pobrecita Pepa...!! Te mando un ABRAZO grande y todo mi cariño...

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  11. un abrazo fuerte a las dos. Has hecho un post extraordinario aunque surja del dolor. Mucho ánimo

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  12. Lo siento muchísimo. Un abrazo muy fuerte para toda la familia pero especialmente para Pepa.

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  13. Miles de abrazos se suman en uno sólo para mabas.
    (Un post extraordinario)

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  14. Siento mucho lo ocurrido, pero me alegra pensar que Pepa te tiene a ti ahora a su lado animándola. Un abrazo para las dos.

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  15. A mi tampoco me da miedo la muerte, lo que me da miedo son los momentos que quedan entre estar vivo y dejar de estarlo, el dolor, ver tu cuerpo dañado, eso sí me da miedo.

    Tal vez lo pero sea no poder estar allí.

    Ánimos, abrazos y besos.

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  16. En la última película de Wenders, sale la muerte vestida de blanco, en una inmensa y polvorienta biblioteca.
    En realidad es él, Dennis Hooper. Se lamenta de su mala prensa, porque en realidad - y aparte del tópico- la muerte es lo que da sentido a la vida.
    Esas muertes repentinas y azarosas de personas jóvenes, son terribles. Un recordatorio para los que quedan, de cómo se vive el regalo de la existencia.
    Animos. Un beso grande.

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  17. Oooooooh¡ vaya.... qué lástima¡
    Un beso y abrazo.Que seguro que os llega.
    Lenteja

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  18. Jope, lo siento. Pero los seres humanos somos así, somos capaces de crear belleza de un tiempo de dolor. La vida es como tú la describes. El momento inconsciente, los papeles, las cosas y las vidas de las personas que te rodean en suspenso...

    un abrazo¡¡¡

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  19. Un abrazo muy grande para Pepa, y para ti.
    La muerte que llega de repente es terrible, pero, con el paso del tiempo, comprendes que, si la persona no ha sufrido, la vida, al final, le ha hecho el regalo más grande. Y consuela.

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  20. Gracias a todas por vuestro apoyo y vuestras palabras. Un beso.

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  21. Siento mucho tu pérdida, Pepa. Ahora es un momento duro, un mazazo, pero visto con más distancia se transforma y vuelve a ti multiplicado por todo el amor mutuo que os teníais.

    Tienes a Candela, que es un amor, a tu lado. Esto hará que tu dolor pueda compartirse y eso es muy importante.

    Un beso y un abrazo intensos para las dos y para el resto de familia

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  22. Pepa nunca se me dió bién dar el pesame ante la muerte. Un abrazo muy fuerte.

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  23. Lo siento mucho, imagino por lo que estáis pasando, mucho ánimo y fuerza.

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