17 febrero 2010

Mi apartamento secreto

Sigo la línea del post anterior. Esa normalidad de la que hablaba no es la misma para todo el mundo. Es esa que nos vamos forjando según nuestra personalidad y nuestras necesidades.

Hace casi dos años una mujer (en ese tiempo habría podido decir una amiga) no me entendió y se enfadó. Había sido un día especialmente duro para mí (demasiado ruido de ese del que hablaba ayer): por la mañana, explicaciones en clase, resolución de muchas dudas, mil paseos por los pasillos entre pupitres, mucho agacharme a mover los ratones de los 30 ordenadores, mucho hablar, la garganta seca. Tuve una hora de guardia y procuré encerrarme en el departamento, pero me encontraban: "¿Me quieres mirar el portátil?", "¿Te importaría echarle un vistazo a la conexión a Internet?", "Tenemos que arreglar el asunto de tal o tal". Me moría de ganas de llegar a casa y quedarme en silencio unas horas.

Ya por la tarde me puse a hablar por el Messenger con esa mujer. Era su primer año en un instituto y decía sentirse sola, se quejaba de que sus compañeros apenas hablaban con ella y en su fuero interno lo estaba pasando mal, llegando a decir la palabra mobbing. La calmé y le dije que ojalá yo hubiese tenido un día de mobbing así. Mi idea era contarle lo bueno de esa tranquilidad y explicarle que poco a poco iría formándose amigos entre sus compañeros. No quería que se sintiese agobiada, pero no supe hacerlo bien y se sintió herida. No me lo manifestó a mí, pero lo contó por ahí. Su normalidad es el movimiento, la gente, hablar, hacer proyectos, estar en el centro del cotarro, ser vista, ser oída o incluso ser admirada. La mía es la poca gente, las pocas palabras, proyectos más privados que públicos, pasar desapercibida excepto para un pequeño puñado de personas a las que me gusta ver y que me vean, sentir y que me sientan.

Como si estuviese previendo que algo iba a ocurrir que me haría sentir una mayor necesidad de recogimiento, hacia finales de enero pasado busqué un refugio en mi instituto para las varias horas que tengo que pasar allí sin dar clase cada semana, ocupándome de otro tipo de tareas. Ya sería el tercer local que tendría que acondicionar en pocos años con el mismo fin, pero siempre acaban descubriéndolos e invadiéndolos. Busqué en los sótanos, encontré una sala que con unos días de desescombro y limpieza podría haberme servido, pero no había luz, ni natural ni artificial.

Después de mil vueltas, surgió una ayuda espontánea y desinteresada de gente estupenda, de la que siempre hay en todas partes. Me hablaron bajito para que nadie se enterara, y me encontraron un sitio en un pabellón cerrado, sin uso. Desde entonces hasta ahora, paso allí las horas libres de clase. Hace un frío de mil pares de narices, porque no hay calefacción, pero con mi dinero he comprado una estufa y una alargadera y me he montado mi espacio. Hay que ver lo que me cunden ahora las horas libres, sin ningún tipo de interrupciones, en perfecto silencio. No llega Internet, ni falta que me hace. 

Me he buscado un viejo sofá por módulos que andaba por los almacenes de desguace y lo he colocado allí. El culo se hunde hasta casi tocar el suelo, pero está allí por si un día me diese sueño y quisiera echar una minisiesta (después de tantos meses trabajando de noche no es de extrañar que me entre sueño en esas horas de calma). Cuando Farala habló de "siestódromos", me acordé del mío recién montado. Claro que para dormir allí necesitaría como mínimo un saco de dormir para frío polar: la estufa vale para que me salgan cabrillas en las pantorrillas y el reverso del cuerpo permanezca congelado; y eso que todo el rato me quedo con el chaquetón y la bufanda. No es el paraíso, pero me permite estar sola, trabajar e incluso pensar tranquilamente. Tengo estanterías llenas de vídeos de primaria, un mapa de Europa de hace 40 años y una bola del "mundo al revés", porque está mal montada y el cuerno de África está en el polo norte. Tengo sillas, mesa y un sofá. Una estufa y una alargadera para mi portátil. Es mi pequeño paraíso secreto, o "mi apartamento", como lo llamo a veces. Salgo de allí helada pero nueva.

21 comentarios:

  1. Qué maravilla Candela! generarse una "habitación propia" en el otro domicilio, en el trabajo. Y cuánto te entiendo! qué necesidad tan imperiosa de silencio y soledad tenemos las/los docentes: estar tranquilas para poder estar. Nuestra "normalidad" es el bullicio, la impermanencia, la saturación...

    Te felicito.

    Un saludo!

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  2. vaya, me acabo de acordar de que en mi último trabajo tenía la que llamaba sala de descompresión, era un rinconcito en un almacén, donde monté un ordenador y también hacía frio del de verdad, allí sólo me encontraba una persona. Sin ese lugar seguro que hubiera explotado la olla a presión que era yo en ese tiempo.
    Me acordaré de esto cuando me de el bajón por no tener trabajo.

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  3. Es importante tener tu espacio para tu recogimiento personal, y más cuando te pasas el día rodeada de gente. Pero tú te has montado un buen chiringuito, ¿eh?
    Hablando de dudas, yo iba a preguntarte cómo leches se cambian las plantillas del blog. Cada vez que lo intento ocurre un desastre o rompo algo...

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  4. Sabes que te entiendo y te siento. Cuando tenía un "entrehoras" en el cole, no solía quedarme, me largaba a dar un paseo o a tomar algo. Necesitaba de ese espacio tranquilo, que bastante follón tenía en casa. En cuanto al sueño atrasado conviene recuperarlo como sea a lo largo del tiempo o nos pasará factura. No hacerlo es como remendar mal un roto, se vuelve a romper. Un fuerte abrazo

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  5. jeje, sí, estoy contenta de tener mi nevera solitaria. El lunes, que me iré allí, sacará algunas fotillos y las pondré en este post.

    Tantaria, ahora no puedo mirar si tienes el correo electrónico a la vista, pero yo sí, escríbeme y quedamos para que te explique lo de las plantillas, vale?

    Besos a todas

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  6. mjt, olvidé comentarte que en el anterior instituto salía fuera en las horas libres y me iba a pasear junto al cementerio ¡Qué tétrico parece! pero no. Había un paseo agradable hasta llegar allí, era un lugar tranquilo en medio del campo y me relajaba. Ahora donde trabajo, la calle es urbana y no es muy recomendable para dar paseos solitarios :)

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  7. Jajaja, la nevera te permite estar "fresca".

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  8. cuánta falta hace un espacio para estar con una misma, te entiendo. Yo siempre pude abstraerme al grado que ha habido veces que la gente piensa que tengo problemas de audición pero debe ser que no me requieren con tanta insistencia como a ti. Que lo disfrutes mientras dure... sospecho que darán contigo de nuevo :)
    Besos

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  9. Dísfrútalo antes de que te "localicen"....
    Yo mis momentos de paz, de reflexión los tengo en el transporte público fíjate.
    3h.diarias entre bus y tren, que me evado que no veas.
    Besos Lenteja

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  10. El frío, nos guste o no, mantiene el cutis terso y las refresca las ideas. ¿Tan grande es el insti para encontrar rincones secretos y basurillas reciclables? Oh...

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  11. Alson, no te cuento lo fresca que salgo jajajaja.

    Pena, a mí lo de la audición no me lo han dicho todavía, pero mi nivel de abstracción EN CASA es así de alto. Me pueden decir: salgo a dar un paseo. Contesto sí, sí, claro, claro. Pero al rato puedo llamar a la personita en cuestión y preocuparme porque no la encuentro. :) Esta vez creo que aunque den conmigo no van a querer compartir cámara frigorífica jajaja.

    Lenteja, gracias por tus comentarios. Los medios públicos de transporte son buenos sitios para pensar, es verdad, y si son muchas horas, hasta sobra tiempo. Es la ventaja que tenéis en las grandes ciudades.

    ¿Ves, María? Lo iba a decir, que tengo menos arrugas ahora, jejeje. Sí, es bien grande, antiguo y con muchos huequecitos inexplorados, cerrados con llave (qué curiosidad me crean), como el castillo de irás y no volverás.

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  12. No sabes cómo te comprendo porque soy exactamente igual que tú. Pero además soy así desde pequeña: aborrezco los grupos grandes, que me provocan tedio y ganas de desaparecer. Desde pequeña "mi cuarto" ha sido como un refugio para mí. Allí pintaba, jugaba a la plastilina, a las cocinitas, tocaba el piano... Tengo un sentido muy acentuado de mi espacio, que no es tanto físico como mental. Cuando termino con las clases, lo único que quiero hacer es quedarme sentada en un sillón una hora yo sola, sin hablar con nadie. Mi normalidad es muy anormal: creo que me resularía prácticamente imposible aguantar trabajando en una oficina. Lo hice, en América, donde el aislamiento de los cubículos era una bendición para mí. De ahí lo del autoempleo. No me importa trabajar miles de horas, siempre que no sienta que me invaden cuando no les he dado permiso para que lo hagan.

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  13. Ave, qué gusto me da eso de "mi normalidad es muy anormal", porque ya dejó de importarme, pero siempre me quedaba un poco rara cuando de pequeña, mediana o grande decía que prefería quedarme sola, o que puedo pasar metida en mi casa 10 días sin pisar la calle ni hablar con nadie sin echar nada de menos y me dicen ¡Qué rara eres! Cierto que necesito comunicarme con otras personas, y moverme también, pero mucho menos que la mayor parte de la gente. Lo que para otros es lo deseable, para mí puede ser tan excesivo que me desestabilizo. Un abrazote.

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  14. Supongo la tremenda necesidad de encontrar un rincón sólo para tí que justifique el pasar el frío que sientes en ese igloo... Debe de ser que estoy medio griposa por lo que la idea de sentir los pies fríos me hace estremecer. Te mando un fuerte abrazo

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  15. fíjate que yo tengo tanto poder de concentración que soy capaz de tener mi rinconcito en silencio en medio de todo el tumulto del insti. Hay un sitio, fuera de la sala de profes, en el pasillo, al lado de una planta y una ventana que me sirve para estar conmigo misma, incluso saludando y pareciendo que estoy en el mundo. Qué bueno haber sido familia muy numerosa, así aprendí a hacerme huecos con todo el mundo alrededor. un beso, candela, las tres "c" parece que se van colocando.

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  16. Yo como no soporto el frío no podría estar en ese rinconcito.
    Por todo lo demás te entiendo perfectamente.

    Uno de mis principlaes problemas para la convivencia es que yo necesito mucho espacio privado y eso no lo comparte todo el mundo y cuando paso unos días en casas ajenas o gente en mi casa crea tensiones por que si no me dejas mi espacio hago pum.
    Luego paso por lunática.

    Con mi chico no hay problema por que somos iguales en eso :D

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  17. Ay, ay, ay, lo que os entiendo a Ave y a ti... ¡y yo que pensaba que era la única autista vocacional del universo! :D Me gustan los momentos con gente, escogida a ser posible, los abrazos y las conversaciones, el bullicio de risas... pero sin los momentos de soledad, de abstracción, de mí misma conmigo misma... creo que me pocharía como una planta y la humanidad se saldría de mi cuerpo.

    Tu rinconcito me ha animado a buscar algo parecido en mi instituto. Aunque ya me miran mal por no correr a la cafetería en cada hora libre, y me mirarán peor si me descubren trabajando a escondidas, creo que puede merecer la pena. Cuando empecé a pensarlo creí que iba a ser imposible, porque es un instituto nuevo hiperexplotado, pero ahora (cinco minutos después) ya se me han empezado a ocurrir un par de sitios que...

    ¡Fotos del rinconcito ya! :D

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  18. Es gratificante tener un espacio donde "aparcar" la obligación, aunque esté frio, ya vendrá el buen tiempo. Un beso

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  19. Haces muy requetebien en tener tu espacio.. Es vital!!

    Muchas gracias Candela por tu comentario en mi entrada. De verdad: Gracias!.

    Un besote y BUEN FINDE!!!

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  20. te he estado leyendo estos días, mientras escribías, pero ni tiempo de comentar, de este post tuyo decirte qué mientras te leía me parecías ý te imaginaba como la escritora gótica que pintó mi amiga Pepa

    http://blogdefarala.blogspot.com/2010/02/cromatismos-del-ser.html

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  21. La verdad que te felicito. Siempre a todos nos cuesta mucho (por mas que seamos docentes o no) crear nuestro propio espacio. Yo busqué mucho mi Apartamento buenos aires y una vez que lo encontré también me costó arreglarlo y ponerle las cosas que a mi me gustaba, pero mas que nada, que empiece a tener ese aroma mio y de mis cosas, que empiece a ser un "hogar" y lo logré.
    felicitaciones y un cariño muy grande aunque no nos conozcamos
    Saludos
    Juli

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