31 marzo 2010

¡A buenas horas!

¿Qué hago yo a estas horas escribiendo un post?

Nos hemos venido las tres a Barcelona a la casa (enorme) de la madre de Pepa. A las 12 me caigo de sueño. La peña se disuelve: cada mochuelo a su cama. En la cama me desvelo y pienso que si estuviera en casa me iría un rato al ordenador y me fumaría uno o más cigarrillos, me relajaría y me entraría sueño de nuevo. Pero aquí no quiero fumar porque nadie fuma, aunque nadie me lo prohibe. Mmmmmm. Más ganas de fumar.

En nuestra habitación tenemos el portátil de Pepa con su modem USB.
Decido encenderlo.
Me pide el PIN, meto lo que creo que tiene que ser y no es.
Meto otra cosa posible y tampoco es.
Y una más, que hace saltar la petición de PUK.
Apago el portátil.

Decido ponerme el pijama y bajar al salón para usar el otro ordenador. La escalera está oscura y no quiero encender la luz para no despertar a nadie. Al fondo sé que está el salón, grande y oscuro como la boca de un lobo. De pronto me sube un miedo irresistible, tonto, anacrónico, ¡a mi edad!

¿Y si el alma del padre de Pepa vaga por ahí abajo?


De un salto me vuelvo a la habitación, mirando de reojo hacia atrás. Cierro la puerta.
Me tumbo en la cama y me pongo a leer.
Quiero fumar.
Quiero un ordenador. 
Me quedo boca arriba mirando el techo.
¿Y si lanzo un SOS a mi Pepa que respira plácidamente en el séptimo sueño?
¡Qué falta de consideración!, me digo.
Pero al final le chincho... Pepa, Pepa...
Abre un ojillo.
No tengo sueño, le digo.
¿Y eso?
Quiero un ordenador y fumar.
Ahí está el mío.
Ya, pero lo he escacharrado y no va Internet.
Bájate abajo.
Lo he intentado, pero al tercer escalón he dado marcha atrás acojonada ¿y si tu padre tiene algo contra mí y me lo encuentro?

Le he contagiado mi ataque de risa y al final he conseguido despertarla del todo. Ha cogido su manta y se ha acostado en el sofá del salón para que yo pueda estar a su lado y sin miedo en este ordenador.

Antes de dormirse (o lo que es lo mismo, antes de apoyar la cabeza en el cojín) levanta la mirada hacia el techo y dice: "Papá, a mi Cande no la vayas a asustar ¿eh?". Y ella misma, con otra voz más grave y retumbona responde, como desde el aire: "¿Quién es Cande?".

Pues eso, aquí estoy, tan desvelada que podría escribir diez posts. Ahora voy a ver los vuestros.

Segunda parte. De no saber mi nombre a confundirme con otra

La tarde pasada he decidido dedicarme a la agricultura en el huerto de mi suegra, abandonado desde que murió su marido porque ella ha estado en casa con nosotras. Llegan sus vecinas de visita, como cada tarde, y me encuentran en chándal, destripando la tierra con la azada y sacando raíces.


Las saludo y vuelvo a cavar. Las tres vecinas y mi suegra se sientan en sillas y tumbonas para mirarme trabajar mientras toman unos refrescos. Pepa y Mayita miran de pie.

Una de las vecinas dice: "¡Pero qué apañá que es, mira qué arte con la azada, parece que ha trabajado la tierra toda la vida!". Otra dice que lo hago mejor que su marido, que en gloria esté.  Un estímulo para hacer con ella (con la azada, no con la vecina) el triple salto mortal con doblete, mientras sudo y hago caso omiso a  los picotazos en las lumbares.

El público visitante me sugiere, pregunta y anima: "María, poda aquellas ramas". "María, ¿qué planta es esa?". "Ole, María". Claro, las criaturas hablan por lo que oyen. Si es que tendría que decirle a mi suegra que escribiera cien veces "María era mi nuera anterior, la de ahora se llama Candela".

27 marzo 2010

Hetera Roja


Me metí en la ducha, se metió en mi cama. Tardé. Tanteando a oscuras las paredes, conseguí llegar hasta la cama sin mover una pestaña, para no despertarla.

- Ummmm ¡qué bien hueles! -susurró metiendo su nariz en mi cuello.
- Creí que dormías.
- No. Te estaba esperando.

Me dejé bañar de arriba abajo con su cascada de pelo rojo 100% hetero.

25 marzo 2010

El sonido de los idiomas

Es una mujer pequeña y adorable. Cuando nos sentamos a la mesa hablamos de las cosas del día, de historias antiguas, de afectos, de costumbres, de ritos... 

Dejó Bolivia hace unos años para buscar algo mejor aquí en España y poder enviar dinero a sus hijos pequeños y a su madre, que los cuida. (A su madre me encantaría dedicarle un post, ¡qué mujer!) Trabaja en nuestra casa.

Sonriendo y con su voz suave, le ha enseñado a Mayita el saludo inca, que no sabe escribir en quechua, la lengua que hablan los indígenas que no pudieron ir a la escuela. Lo escribe como se pronuncia.

Ama llulla, ama sua, ama kella
No seas mentiroso(a), no seas ratero(a), no seas perezoso(a)

Quien recibe ese saludo, responde:

Khanpis kikillantaj kay
Tú tampoco seas así

Yaku (agua), hallpha (tierra), killa (luna), inti (sol), son palabras que suenan bien en su boca. Unos idiomas nos resultan agradables al oído (o al alma) y otros no, pero depende muchas veces de quién esté hablando y también de la pronunciación diferente de unas zonas u otras. Unos amigos míos, chico y chica, alemanes, hablaban en su idioma entre ellos. Cuando hablaba ella, parecía que estaba montándole una bronca a su novio. En cambio cuando hablaba él, resultaba agradable al oido. Eran los sonidos guturales fuertes o guturales suavizados de sus dos regiones de origen. En general, el idioma alemán me resulta rudo y mandón. El catalán,  prepotente, pero como lo habla mi mujer (que es catalana), es música celestial; el gallego me suena a nostalgia; el francés, a amor; el italiano a música y adulación;  el inglés americano, a hablar comiendo chicle o con desgana.

¿A qué te suenan los idiomas?

24 marzo 2010

¡Qué poder de convocatoria!

Como ayer les dije que hoy resolvería todas sus dudas para el examen que tienen a la vuelta de vacaciones, y les pedí que no faltase nadie...


...puedo sentirme satisfecha de mi poder de convocatoria
de lo bien que explico...




...se mire por donde se mire.

Otro de sus mil nombres

En un ambulatorio rural, una ginecóloga amiga mía que acaba de obtener destino en ese pueblecito, recibe en su consulta a una señora.

- Cuénteme usted.

- Pues verá, es que... he venido (se sonroja) porque tengo picores.

- ¿En la vulva? ¿En el pubis?

- No,  no sé. En... el humilde.

23 marzo 2010

Aunque esté mal decirlo

Voy a referirme a chicos y chicas de 17 a 40 años -aunque la media está en 24- y superado como mínimo el bachillerato.

Ya sé que no está bien decir que ha descendido el nivel de nuestro alumnado, pero es así. Hace ocho años que estoy en este instituto. En los dos primeros: un nivelazo en ciclos formativos de grado superior. El programa se me quedaba corto y tenía que agregar otras cosas que querían conocer. Era anecdótico encontrar a alguien que tuviese faltas de ortografía.

Actualmente, en el mismo centro, lo anecdótico es encontrar a alguien que no tenga faltas de ortografía. Los acentos ya no existen para casi nadie y la media de otras faltas es de 10 por cada 30 líneas de escritura. Suerte que están los correctores gramaticales de los procesadores de texto, pero hay cosas que no corrigen como el "haber si vienes", "iva a ir contigo", ni otras muchísimas. La mayoría tiene el bachillerato aprobado (algunos lo tienen "aprovado" y así consta en la ficha que rellenaron al principio de curso), una pequeña parte tiene terminada o a medio terminar una carrera universitaria y otra pequeña parte accede desde grado medio.

Las frases más oídas durante el presente curso son:
  • ¡Pues yo no me entero de ná! Normalmente, a voz en grito durante una corta explicación para la que les he pedido no interrumpir y que después hagan toooodas las preguntas que estimen necesarias. Sin embargo preguntas lo que se dice preguntas, pocas me hacen. (¡Y mira que me explico bien, que mi hija mayor me decía de pequeña "qué bien me entero de las mates contigo, que explicas como pa tontos").
  • ¿Esto también entraaaa? Póngase entrecejo arrugado y tono de lamento.
  • ¿Por qué no nos dejas irnos ya? Diez minutos antes de la última hora.
Si tenemos en cuenta que la materia es exactamente la misma que hace 8 años, que yo soy la misma, con la misma ilusión pero con más experiencia, que me llevo estupendamente con ellos a nivel personal y de grupo, y que su titulación previa y sus edades son iguales que las de antes, debería encontrarse una causa a este descenso de interés y de cultura general. He tenido que ir bajando paulatinamente el nivel de los contenidos para mantener constante el de aprobados. Las conclusiones del resto de mis compañeros y compañeras coinciden con las mías.

Los principales problemas que encontramos son:
  • Incapacidad para comprender la palabra, escrita o hablada.
  • Incapacidad para expresarse con las palabras correctas.
  • Fuerte empobrecimiento del vocabulario ("Enajenar es volverse chalao. ¿Cómo se puede enajenar un piso?". "Familias monoparentales son las que tienen un solo hijo, monomarentales, una sola hija"...).
  • Desconocimiento de la gramática y la ortografía.
  • Dificultad para realizar operaciones matemáticas elementales.
  • Desinterés, ansiedad y aburrimiento.
  • Agotamiento y faltas de asistencia masivas las primeras horas de los lunes o los lunes completos.
  • Faltas de asistencia masivas las últimas horas de los viernes o los viernes completos.

Los porqués son varios, según mi propio criterio:
  • Botellón u otros modos de embriaguez durante los fines de semana.
  • Exceso de chats y de seguir la moda de "escribo mal o se reirán de mí". (Y profesores, profesoras y libros que promueven ese tipo de lenguaje pobre, considerándolo un código con no sé cuántas ventajas para el desarrollo de la mente).
  • Admiración por figuras televisivas del tipo castrojo que consigue fama y dinero fácil por echarse un kiki o montar un pollo en directo.
  • Padres y madres que se sienten culpables porque trabajan todo el día y a cambio, para evitarles traumas, les conceden compensaciones sin filtro ni medida. Familias que asumen toda la responsabilidad de la casa para no robarles "tiempo de estudio".
  • Aprobados inmerecidos en niveles inferiores. (Hay que bajar la cota de fracaso escolar a niveles europeos). Me pregunto ¿A este precio? ¿De este modo?

Conste que esos problemas no son generales, aunque sí crecientes. Aún hoy día merece la pena trabajar por esa 5ª (antes eran 4/5) parte del alumnado que ha decidido prepararse para encontrar un trabajo adecuado a su interés o su vocación. De esa problemática que he contado, se salvan principalmente quienes tienen más de 27 años (hay honrosas excepciones en edades inferiores), independientemente de su nivel de formación anterior.

Creo que la popularización de internet tiene mucho que ver con esos problemas, ocurrió a finales de los 90 y empezó a afectar a la adolescencia de quienes hoy tienen menos de 27 o 28). El copia-pega para trabajos de clase y el lenguaje SMS utilizado para cualquier propósito están causando más daño que beneficio. Esos problemas podríamos solucionarlos o corregirlos en el aula y en casa, pero no lo hacemos.

Hace unos días han hecho entrevistas con empresas para iniciar la fase de formación en centros de trabajo. Las empresas, después de ver el currículum, hacer la entrevista y realizar unas pruebas, han rechazado a tres o cuatro por:
  • Excesivo número de faltas de ortografía.
  • Forma de comunicarse, con lenguaje pobre, falta de comprensión del mensaje recibido o tutear a interlocutores.
...y eso que el trabajo se les hace gratis.

 Son problemas cuyo reconocimiento suena a retrógrado, pero juro que no me los estoy inventando,  ni que estoy cansada de mi profesión o de la materia que enseño. A mí me preocupan y deberíamos buscarles remedio. Claro que estamos en un mundo en el que nada se mira con proyección de futuro. Vivimos el aquí y el ahora, y "a mí qué me importa lo que pase dentro de 20 años". Mamás, papás y profes coleguitas obtienen puntos fáciles con los que resuelven el problema de la inmediatez (tú no me molestas y yo te compenso con...). Quien venga detrás que arree.

22 marzo 2010

¿Qué he hecho esta vez?

"Hacéis demasiadas leyes y, lo que es peor, las hacéis con conocimiento de que no se podrán cumplir." Herbert Spencer

Se me adelantó Marías, pero nunca habría sabido explicarlo como lo hace él. Faltan leyes importantes, habría que reformar otras que están en vigor y sobran muchísimas otras de distinto rango. Para cada minucia se exige una ley, un decreto, un reglamento. Es el pueblo quien exige, el mismo que luego se ve atrapado por una ristra exagerada de normas, muchas de las cuales se salen de la lógica-ética natural del ser humano y que, por otra parte, resulta imposible aprendérselas dado su elevado número. Eso crea un estado de permanente alerta e inseguridad jurídica. Si un policía llama a tu puerta o te para por la calle, aunque sólo sea para saludarte porque resulta ser tu primo lejano, enseguida te salta la alarma: ¿Qué habré hecho ahora?

El exceso de leyes ahoga a las personas, empobrece la comunicación, fomenta la insolidaridad, el chivateo y la picaresca, dificulta la gestión social y colapsa los tribunales con litigios de tres al cuarto que podrían resolverse entre las partes, si no se hubiera perdido la capacidad de comunicación y de negociación.


A medida que crece la judicialización de un pueblo, decrece su conciencia social y solidaria, aunque hay quienes justifican la mayor judicialización en la escasez de principios humanos y sociales, algo con lo que no estoy necesariamente de acuerdo. Más bien creo en la primera tesis.

21 marzo 2010

El efecto "tierra". Dedicado

A veces la vida se pone tristona y nos saca una lágrima,
enturbia el horizonte con calimas o nubes oscuras,
llena los vacíos con cosas absurdas,
o trae añoranzas y desesperanzas. 

A veces la vida se pone pesada
como una losa sobre el pecho,
o nos mete en un pozo sin cubo ni cuerda...

Unos días le digo "como se te ocurra deprimirte te corro a gorrazos". Terapia en bruto, que por lo menos le arranca una sonrisa.

La tristeza puede venir por un motivo claro o por otro más oscuro e indefinido, que es cuando creemos que llega sin causa ninguna. Siempre hay una causa para la tristeza, interna o externa, conocida o no. En este caso hay una causa tangible, tanto como puede serlo la pérdida de un ser muy querido.

Es natural la tristeza, pero no lo es permitirle quedarse tanto tiempo que nos acomodemos en ese estado perezoso de melancolía hasta que nos debilite y nos haga difícil levantar el vuelo.

Hay remedios pasajeros que levantan el ánimo. El truco está en usarlos repetidamente o cambiarlos por otros, pasajeros también. Muchos pocos hacen un mucho.

Lo de hoy no ha sido buscado. Ha ocurrido sin más, y me ha recordado una vez más la importancia que para mí tiene la naturaleza como regeneradora.

Hemos ido las dos solas (¡por fin unas horas solas!) a comprar unos árboles para plantarlos en el porche de la casa-cueva. Ella quería un limonero. Yo he añadido un naranjo. El coche se ha llenado de aroma de azahar.

Mientras he armado los somieres, la he dejado allá fuera cavando los hoyos. Empezó a lloviznar. Salí a verla. Ví sus manos-excavadoras, echando puñados de tierra a un cubo y su pelo lleno de minúsculas gotas de lluvia. Me dice "qué bien me está sentando tocar la tierra", y lo ha dicho con la sonrisa sincera y la frente relajada. Me he acordado de cuántas veces, de manera instintiva, cuando he estado baja de energías o de moral, me he puesto a trajinar con las macetas, a cambiarles la tierra o quitarles las malas hierbas. El contacto con la tierra descarga.


El resto del día ha sido precioso. Nos han sobrado ganas y energía para vestir las camas y pararnos muchas veces a contemplar lo poco que todavía tenemos allí dentro; para comer, charlar, bromear y hacer pequeños proyectos para mañana, el mes que viene y el próximo año. Aún le dura el efecto "tierra". Cuando se termine, más.

Este post se lo dedico a Pena Mexicana y a Mármara. Os invitamos a plantar el próximo árbol, una sequoia, tal vez. ¿Os animáis?

20 marzo 2010

Cuestión de talla


1949
Contaban que se quedó soltera porque no había hombre de su talla.

19 marzo 2010

Papá

Me dejó su fenotipo, su carácter y su mirada, su amor por la naturaleza, su respeto a los animales.

Me enseñó a reconocer las estrellas y las constelaciones, a saber cuándo iba a llover por el olor del viento.

Me enseñó a leer y a escribir. A montar en mula y en burro. A trillar de verdad, yo sola. A encender el fuego, a injertar plantas, a ver crecer las semillas de yeros en mi lata de leche condensada llena de tierra del camino.

Me llevó de la mano por caminos, helados o polvorientos, contándome siempre historias verdaderas, que aún me suenan a fantasía, y un montón de cuentos que inventaba para mí.

Me enseñó a cuidar la tierra y las cosechas, a cortar la leña con el hacha, a lanzar la navaja contra los troncos, a que me gustase la comida que no me gustaba, a bailar tango y pasodoble.

Ahí sigue, siempre algo que siento muy mío y cercano, más pequeño que entonces, con su pelo más blanco, caminando más despacio, con sus manos más torpes, pero con la misma sonrisa de hombre bueno y sencillo que forma parte de mis primeros recuerdos.

No le he regalado nada, sino mi llamada de esta mañana temprano, procurando -esta vez por fin- felicitarlo antes que mi hermano. Me ha dicho que mi hermano lo llamó anoche a las 12:15 (¡ya te pillaré yo, rapidillo!).

17 marzo 2010

El fantasma tocón

Nada más llegar a Lessebo, Freddy nos acompañó al hotel. Era un edificio muy antiguo, aislado en un valle, entre laderas verdes. Baratísimo y solitario. La recepcionista, una señora mayor, taciturna y estirada, nos sacó a mi compañero y a mí del edificio y nos acompañó a otro más pequeño de madera, a escasos metros del primero.

Me fui a mi habitación. Me miré en el espejo ¡Dios, qué pelos! ¡Qué humedad! Mi melena por el hombro estaba rizada y encrespada.  Saqué del neceser unas tijeras (están sobre la mesa en la foto) y me corté trasquilé el pelo. Luego escribí unas postales.

Sobre una cama puse la maleta y me acosté en la otra. Me puse los auriculares del walkman para escuchar una cinta de la Vanoni por intentar traducir, porque llevaba ya un mes aprendiendo italiano. Me quedé dormida con la luz encendida.

Al rato, la cinta ya se había acabado, pero escuchaba hablar a un tipo en la cama de al lado. No entendía lo que decía -seguramente hablaba en sueco- pero hablaba sin parar. Quería despertarme pero no podía. Entonces, la voz se acercó, se puso encima de mí y me tocó el vientre, el estómago, el pecho. Era la voz la que me tocaba, me amasaba, me pellizcaba y me hacía cosquillas, como si tuviera cientos de dedos. ¡Quiero despertarme! ¡Quiero poder abrir los ojos! Me esforcé hasta que, aún con los párpados empeñados en no abrirse, pude lanzar un grito para llamar a mi compañero, que estaba en la habitación contigua.

Enseguida llamó a mi puerta y pude abrir los ojos. Me abracé a él temblando y le dije que había tenido una pesadilla, pero no le conté nada más. Se marchó y me quedé de nuevo sola. Miré con recelo la cama de al lado, donde empezó a oírse aquella voz. Allí, inocententemente, seguía mi maleta abierta.

Pasamos dos días más, con sus dos noches, en aquel hotel. Me gustaba pisar la hierba y desayunar en nuestro porche, bajo el sol. 

Al tercer día nos marchamos de Lessebo por la mañana en nuestro coche de alquiler. Mi compañero conducía. A poco de estar ya en la carretera hacia Gotemburgo, con su flema anglosajona, me comenta:

"Bueno, bueno. Ya que nos vamos te quiero contar una cosa. Cuando Freddy nos trajo aquí, me comentó que este hotel apenas tiene clientes, por eso es tan barato. Nadie quiere venir aquí porque dicen que tiene un fantasma, un hombre que habla por las noches. ¡Fíjate qué tontería!"

16 marzo 2010

Apodos y nicks

Aquel día se había tomado unos chatos de vino. Subió a su yegua  y se fue para la sala de fiestas del minúsculo pueblo, porque iba a estar amenizada por su amigo Manolo, que tocaba el "yamba"*, y porque allí estaría la Carmen, la Antonia y las otras muchachas en edad de echarse novio.

Con la ufanía que le puso el alcohol, entró en la fiesta con yegua y todo. Entre unos y otras, como pudieron, sacaron del recinto a la cabalgadura y al muchacho, que no parecía entender por qué lo echaban.

Ya fuera, siguió montado, camino de su casa. A quienes lo saludaban les contaba su pena: que lo habían echado de aquella fiesta tan animada, tachín, tachín. El del acordeón y el del "yamba", tachín, tachín. Desde ese día fue conocido en el pueblo por Tachín. Años más tarde, sus hijas fueron las Tachinas y sus hijos los Tachines. Mucho después, sus nietos fueron los Tachinillos o, simplemente, los nietos de Tachín.

Los apodos eran tan frecuentes en los pueblos y aldeas que si preguntabas por Manuel García, poca gente parecía conocerlo, pero si decías su apodo, al unísono te señalaban el camino hasta su casa.

Cada apodo tenía un significado, que iba pasando de generación en generación junto con su anécdota. Otras veces se referían a una profesión o a una característica. Recuerdo de pequeña a Oreja Rota, un hombre al que, cuando lo vi por primera vez, no pude dejar de mirarle aquella oreja cortada y retorcida por la parte superior. 

El apodo era una descripción externa. La forma como los demás te veían o alguna historia tuya que otras personas recordaban. El apodo va perdiendo puntos mientras los gana el nick, que no es otra cosa que el auto-apodo, la forma como tú te ves o como quieres que te vean, algo con lo que te identificas, que te gusta o que amas... Aunque también puede no significar nada. Mi primer nick en internet fue bodpoq, sencillamente porque esa palabra se lee igual de pie que haciendo el pino. ¡Me gustó! (Igual habría podido ponerme tachinilla).

¿Qué apodo tuvo tu familia? ¿Qué significa tu nick, qué lees en él o qué te hizo elegirlo?

* Batería

Esta entrada se me ha ocurrido al leer el título Seudónimos, un post de Alson.

13 marzo 2010

El idioma cateto. Reeditado

"No entiendo que una chica tan cultivada como tú tenga acento andaluz. ¡No te pega nada! ¿Hablais así para haceros los graciosos?"
A mí, de un señor de Alicante

Me he entretenido en copiar algunas de las frases del día de mis alumnos y alumnas al terminar las clases de la mañana.

  • ¿Sus veneis o sus queais?

  • ¡Toy arrecía! A ver si tapan ya er bujero.

  • Me voy a jincá un plato armóndigas.

  • ¡Tas esnortá!
Por supuesto, las eses finales están indicadas porque no es cierto que en andaluz no se pronuncien, sólo que se pronuncian de forma distinta: La vocal que las precede se hace más abierta.

Luego están los modismos y pronunciaciones particulares de cada provincia y de cada pueblo. Por ejemplo en Málaga se tiende a cecear y en Sevilla a sesear. En cádiz la ch se hace sh, etc.

En este afán por hacer idiomas y más idiomas oficiales, me pregunto: ¿Qué ganaríamos o perderíamos si hiciéramos del andaluz nuestro segundo idioma oficial? De momento ningún andaluz o andaluza, que yo sepa, lo ha reivindicado. Ni siquiera tenemos clases de andaluz. Tampoco nadie nos ha prohibido nunca hablarlo.

Lo pregunto porque si es por mantener la cultura, aquí se mantiene, nuestro dialecto (si lo es), también se mantiene a lo largo de los siglos, sin clases ni nada. Me gusta que se conserve la cultura de cada pueblo, incluido el idioma. Pero no entiendo lo de la imposición de unos idiomas y la penalización de otros (incluso cuando son predominantes). Quizás es porque soy una cateta andaluza.

09 marzo 2010

Condenado el pederasta que odia a las mujeres



El 9 de marzo de 2010 será para siempre un gran día.

Las pruebas eran irrefutables.
El pederasta psicópata y misógino no ha tenido más remedio que confesarse culpable de todos los cargos.

Detrás queda una dura batalla de cuatro años
contra el miedo propio y la mentira ajena,
contra el recuerdo obligado y el olvido deseado,
y, desde España, contra las leyes de Berlusconi,
el único que no ha firmado el convenio europeo de extradición de sus delincuentes.

Condenado en el mismo acto del juicio.
Sentencia firme.

08 marzo 2010

Porque naciste mujer

Femmes du monde - Titouan Lamazou

Porque te engendraron mujer,
te abortaron
o te mataron cuando abriste los ojos.
La población mundial se desequilibra por causa de los abortos selectivos de niñas en varios países -principalmente en China, India, Corea del Sur, Georgia, Armenia y Azerbaiyán- y por la matanza de recién nacidas.
Porque naciste niña,
te abandonaron cuando aprendías a sonreír.

Millones de niñas abandonadas en países en donde nacer mujer constituye un duelo para la familia y nacer hombre, motivo de celebración.

Porque eras una niña,
profanaron lo más íntimo de tu cuerpo
y de tu alma,
y te hicieron vieja en un minuto.

Millones de niñas en el mundo son abusadas sexualmente y violadas, con frecuencia por sus propios padres.

Porque naciste mujer,
tu trabajo valía menos.

En todo el mundo la mujer percibe entre un 12% y un 80% menos que el hombre por el mismo trabajo.

Porque naciste mujer,
te vejó tu hombre,
te insultó, te humilló y te golpeó

El maltrato a la mujer en el ámbito de pareja no conoce nacionalidades, niveles educativos ni clases sociales.

Porque naciste mujer,
te mató porque eras suya.

En España mueren cada año entre 60 y 80 mujeres a manos de sus parejas o ex parejas. En otros países el índice de asesinatos de mujeres, tomando como referencia a España, se mutiplica incluso por 1.000.

Porque eres mujer tú,
que a pesar de todo sobrevives,
sublévate, lucha.

Día Internacional de la Mujer 2010
Dedicado a mi hija Mayita, porque ella nació niña en Guatemala y se hace mujer en nuestro "perfecto" primer mundo.

05 marzo 2010

Quiero probar tu boca

Éramos dos desconocidas que tomaron café un viernes por la tarde y se despidieron con un abrazo al caer la noche. Habría sabido que no volveríamos a encontrarnos de no haber sido por aquel abrazo, inocente en apariencia, que traspasó la ropa y rozó la piel. A la noche siguiente estábamos cenando juntas. Después a dormir. Sólo dormir. Nuestras palabras no dejaban duda: No puede ser, todavía no, contigo no. Con nadie. Demasiado pronto por todo y para todo.

Me di la vuelta y apagué la luz. Sentía en mi espalda el calor de su cuerpo desnudo y desconocido, su aliento en mi pelo. Dormir, sólo dormir… Apreté los párpados para atraer al sueño. Ella puso su mano en mi hombro y lo acarició con la yema de los dedos: relájate, duerme... Rozó mi espalda con sus labios. Dormir, tengo que dormir. Sus dedos y sus labios en mi cuello y mi pelo, un minuto, cinco... Sin palabras, a oscuras... Suave, suave... 

Quiero probar tu boca, susurré sin girarme. Y ella la puso tan cerca de la mía que no me quedó más remedio que probarla.

Traicioneras de principios y pactos, dormimos toda la mañana del domingo.

04 marzo 2010

Terremotos y planes de contingencias

No recuerdo el año exacto. Fue a principios de los 80 cuando Granada sufrió casi a diario y durante una larga temporada una serie de terremotos de no muy alta magnitud pero la suficiente como para hacer caer una estantería y con ella mi preciada bola de cristal de Murano. Mi hija mayor era aún pequeña y yo tenía pánico a los terremotos y una sensibilidad extrema para detectarlos por pequeños que fuesen.

Unas veces estaba sentada y notaba un ruido vibrante, imperceptible para cualquiera otra persona que hubiese a mi lado, y  en un par de segundos había ido al dormitorio de la niña o a la habitación donde estuviese y me encontraba metida con ella debajo de la mesa o de la cama (ahora dicen que ese sistema es inseguro y se habla de otro llamado "el triángulo de la vida").

Otras veces ocurría durante la noche y me pillaba dormida, pero mi capacidad de detección y mi velocidad de reacción y puesta en marcha eran exactamente las mismas que durante el día. Siempre acabábamos la niña y yo debajo de la cama o de la mesa, sintiendo juntas los últimos estertores del terremoto de turno. Todo el proceso sin volcar cosas, sin dar traspiés ni gritos, a oscuras, sin respirar, como una máquina de precisión cuyo objetivo primero era proteger a la niña sin asustarla. Tenía bien grabado y ensayado mentalmente mi propio plan de contingencias antisísmicas y aún soñaba con una casa-búnker a prueba de todo. Me aterraba que las cinco plantas de pisos que había encima del nuestro nos aplastaran, pero sobre todo, que el terremoto fuese por la noche y me encontrasen muerta y desnuda entre escombros. Se ve que tengo yo algo con la desnudez y la muerte, si van juntas. Sin embargo el top less está admitido en mis rarezas, así que en aquel período dormía en bragas, por si las moscas.

Ahora los geólogos dicen que se espera un fuerte terremoto en el sur y sureste de España. Apuntan a Granada. Las últimas lluvias a las que la tierra no está acostumbrada, el hecho de que cada siglo tenga su fuerte terremoto en la zona y las dos rajas (¿fallas?) localizadas al este de la capital, dicen que ya toca.


Han pasado 30 años de aquellos terribles miedos y me noto tranquila. Un simple movimiento de tierra, de los que aquí son tan frecuentes, me pone el corazón a galopar, pero no tengo un "plan de contingencias" como entonces. Actúo tan calmada que ni siquiera me levanto de la cama cuando siento vibrar la casa. No sé decir si el miedo me paraliza o si paso de todo.

03 marzo 2010

El gato tecnológico

No he podido pillarlo en el momento en que se sube a la mesa, busca el mando a distancia de la tele y la enciende. Lo que sí pude hacer fue grabarlo mientras luego disfruta de las imágenes.

Otro de sus gustazos es subirse al portátil y andar en el teclado mientras suena clin clin clin. Se vuelve loco. Aprovecha para darse una lavada entre piticlines, abriendo y cerrando ventanas.


Todo esto lo hace mientras trabajas, me parece a mí que para estar en el punto de mira. ¡Eh, que no me hacéis caso!


Y si hace falta echarse un sueñecito, ¿qué mejor almohada que el teclado del portátil?


Lalo ya está grandote. Creo que es todo un mozuelo. Es un gato T.I.C.

02 marzo 2010

Pestiños

PESTIÑOS

Hoy os voy a dejar una receta para hacer unos deliciosos pestiños. La receta es de mi madre y a ella le salen buenísimos. Los de la fotografía los hizo ayer por la tarde.

Ingredientes

Los ingredientes van en proporciones, excepto la harina, para la que no hay proporción alguna, excepto la vista y el tacto. Usaremos como medida un vaso para agua.
  • Aceite de oliva: 1 vaso para la masa + el suficiente para poner en una sartén pequeña y honda donde se freirán.
  • Vino blanco: 1 vaso y medio. Vino normal de mesa, valen los de tetra brick.
  • Matalahúva: Un puñadito de semillas, las que se pueden coger con la punta de los cinco dedos de una mano.
  • Sal: Una pizca.
  • Azúcar: No hay medida. Se usa para rebozarlos cuando están terminados.
  • Harina: Pongamos que un kilo, pero se tiene que adecuar a la textura que deseamos obtener.

Semillas de matalahúva (anís)

Preparación

Se pone a calentar el aceite para la masa en una sartén. Cuando empiece a humear, se le echan las semillas de matalahúva y se retira del fuego. El aceite se cuela para quitarle las semillas, que ya habrán dejado su gusto en el aceite. Se deja enfriar un poco.

En una fuente se echa harina suficiente para cavar en ella un pozo con las manos, en donde después se echará:

- El aceite con sabor a matalahúva, cuando se haya enfriado un poco.

- El vino

- La pizca de sal.

Se amasa todo y se va agregando harina si es necesario. Se sabe que la masa está bien cuando puede modelarse para darle forma a los pestiños.

Se pone a calentar aceite en una sartén honda y pequeña. Tiene que haber suficiente aceite para que los pestiños "se sientan a gusto", sin apretujarse ni estrellarse con el fondo.

Mientras se calienta, se van haciendo y luego echando a la sartén los pestiños: Se hace una bolita, se aplasta con la mano y luego se le da la conocida forma del pestiño. Tienen que quedar bien finos o no se freirán bien por el centro, con lo que perderán el factor crujiente que los hace tan ricos. No tardan mucho en hacerse en el aceite, así que hay que poner atención en retirarlos en cuanto estén doraditos. Se van haciendo más pestiños, echándolos y sacándolos de la sartén.

Cuando hemos terminado de freírlos todos, se pasan por azúcar. Es el único azúcar que lleva el pestiño, la del rebozado.


LISTOS PARA COMER en cuanto se enfríen un poco. Pero si se comen calientes, tampoco pasa nada :)

01 marzo 2010

Chamadas

Chamada
2. f. And. Sucesión de acontecimientos adversos. Pasar una chamada.

Tengo una lista de palabras que escuchaba de pequeña y que luego desaparecieron en el tiempo, como si nunca hubieran existido.

En este último mes me ha venido a la mente muchas veces lo de "qué chamá llevamos". Hoy me ha dado por mirar la palabra en el diccionario y resulta ser un término andaluz. Ya no se dice ni siquiera en Andalucía. Las palabras se pierden cuando dejan de tener que utilizarse, como pasa con muchos términos relativos a útiles de la agricultura a la manera antigua: angarillón, ubio, dedil, agovías, peales, pañeta, gavilla... Pero otras palabras se pierden sin más. Porque, que no me digan a mí que las chamadas no siguen existiendo. Ahora se habla de malas rachas.

Lo malo de las chamadas es que los acontecimientos negativos se presentan juntos o se suceden en poco tiempo sin dar un respiro. Lo bueno es que siempre terminan y que implican aprendizaje, autoconocimiento, toma de decisiones y el inicio de etapas nuevas.

Hace unos cuantos posts puse un contador hacia atrás. Terminaba, aparentemente, un período duro de trabajo. Para la hora cero había pensado hacer una gran fiesta. Hice coincidir el día con el de mi santo. Dos días antes muere en accidente el padre de Pepa y nuestra vida da un giro inesperado. La cotidianeidad se transforma en otra bien distinta. Se piensa en la muerte, en la madre, en la soledad, en la fatalidad, en las relaciones, en los afectos, en las palabras no dichas y en las demasiado reiteradas. Se toman decisiones meditadas provisionales y a medio y largo plazo. No queda tiempo para mucho más. Cuando todo parece ir calmándose, vienen los papeles, los trámites legales, fiscales y administrativos relacionados con la muerte, la reanimación de las heridas.


Todo se va resolviendo... hasta que vuelve a acudir a mí ese sentimiento de idiotez que me acompaña desde siempre. La frase de mi madre que tanto he escuchado -"qué poca picardía tienes"- me machaca y me confirma que ella, en el fondo, tiene razón. También me estoy acordando de una anécdota-chiste que me contaba mi padre cuando era pequeña:

Un tonto ha cazado dos pájaros, un mochuelo y una perdiz, y los quiere compartir con su amigo listo. A la hora del reparto, el listo le propone al tonto: "Para ti el mochuelo, para mí la perdiz". Como al tonto no le gusta el reparto, propone cambiarlo, a lo que el listo responde: "Entonces, para mí la perdiz y para ti el mochuelo". Así varias veces hasta que el tonto replica: "¿Cómo te las apañas que a mí siempre me toca el de los ojos grandes?".

Una chamada de la que he aprendido muchas e importantes cosas. La última, que nunca más haré un trabajo en equipo, de esos en los que, ya en el punto de partida se acuerda que tú pones el 80% y que el reparto de beneficios se hará al 50%, porque tú puedes más, sabes más o lo que sea y a la otra parte le resultará mayor el esfuerzo. El resultado es que eres una tirana porque exiges a la otra parte que haga su 20%, a pesar de sus pesares. Al final, para evitar malos rollos, propones un acuerdo "ecuánime" en el que ese 20% de trabajo se reparte en dos mitades, de la que una es para ti. Y es cuando la otra parte se vuelve muy digna y piensa (o dice): "¡A ver qué se creía ésta!"