17 marzo 2010

El fantasma tocón

Nada más llegar a Lessebo, Freddy nos acompañó al hotel. Era un edificio muy antiguo, aislado en un valle, entre laderas verdes. Baratísimo y solitario. La recepcionista, una señora mayor, taciturna y estirada, nos sacó a mi compañero y a mí del edificio y nos acompañó a otro más pequeño de madera, a escasos metros del primero.

Me fui a mi habitación. Me miré en el espejo ¡Dios, qué pelos! ¡Qué humedad! Mi melena por el hombro estaba rizada y encrespada.  Saqué del neceser unas tijeras (están sobre la mesa en la foto) y me corté trasquilé el pelo. Luego escribí unas postales.

Sobre una cama puse la maleta y me acosté en la otra. Me puse los auriculares del walkman para escuchar una cinta de la Vanoni por intentar traducir, porque llevaba ya un mes aprendiendo italiano. Me quedé dormida con la luz encendida.

Al rato, la cinta ya se había acabado, pero escuchaba hablar a un tipo en la cama de al lado. No entendía lo que decía -seguramente hablaba en sueco- pero hablaba sin parar. Quería despertarme pero no podía. Entonces, la voz se acercó, se puso encima de mí y me tocó el vientre, el estómago, el pecho. Era la voz la que me tocaba, me amasaba, me pellizcaba y me hacía cosquillas, como si tuviera cientos de dedos. ¡Quiero despertarme! ¡Quiero poder abrir los ojos! Me esforcé hasta que, aún con los párpados empeñados en no abrirse, pude lanzar un grito para llamar a mi compañero, que estaba en la habitación contigua.

Enseguida llamó a mi puerta y pude abrir los ojos. Me abracé a él temblando y le dije que había tenido una pesadilla, pero no le conté nada más. Se marchó y me quedé de nuevo sola. Miré con recelo la cama de al lado, donde empezó a oírse aquella voz. Allí, inocententemente, seguía mi maleta abierta.

Pasamos dos días más, con sus dos noches, en aquel hotel. Me gustaba pisar la hierba y desayunar en nuestro porche, bajo el sol. 

Al tercer día nos marchamos de Lessebo por la mañana en nuestro coche de alquiler. Mi compañero conducía. A poco de estar ya en la carretera hacia Gotemburgo, con su flema anglosajona, me comenta:

"Bueno, bueno. Ya que nos vamos te quiero contar una cosa. Cuando Freddy nos trajo aquí, me comentó que este hotel apenas tiene clientes, por eso es tan barato. Nadie quiere venir aquí porque dicen que tiene un fantasma, un hombre que habla por las noches. ¡Fíjate qué tontería!"

22 comentarios:

  1. ¡Qué curioso! No creo en los fantamas como entes fallecidos, pero podría ser que una fuerte "electrificación" o carga de algunos sujetos quede enganchada en algunos lugares por las razones más peregrinas. Un abrazo.

    ResponderEliminar
  2. Jos Candela, no fastidies! Qué mieditoooo! En el lugar donde he estado comisionada trabajando las últimas 6 semanas también había uno de esos: no había nadie con el valor suficiente como para dormir sol@ ahí.

    ResponderEliminar
  3. ¡Qué miedo! Aunque... pienso que es muy sensual dejar acariciarse por una voz...

    ResponderEliminar
  4. El proximo viaje "no sin mi ouija con google translator". Estamos buenas entre tu fantasma sueco kilikili y el mio monje jadeante, !D

    Welcome to the hotel california..

    ResponderEliminar
  5. Curioso; casi todo el mundo tiene una historia de fantasmas.

    Un saludo.

    ResponderEliminar
  6. emejota, yo no creo en fantasmas, pero por si acaso ni lo digo, no sea que vengan a demostrarme que existen.

    Tantaria, pues si se hubiera manifestado de día, creo que habría intentado hablar con él. De verdad, pero es que me pilló sin defensas. De día se hacía el sueco :)

    María, como que si no hubiera sido por las cosquillas... jajajaja

    Casta, jajajajajajajajajaja ouija con google translator! Tenía este post pendiente hacía tiempo y se me había olvidado. Me lo recordó tu monje jadeante :)

    ResponderEliminar
  7. Morgana, ¡me encantan las historias de fantasmas! ¿Tienes una????

    ResponderEliminar
  8. chacha, qué cosas. Avisa, aunque sea con los rombos esos de antes, que esta noche igual no duermo.

    ResponderEliminar
  9. vamos!!! yo me mueroooooooooooooooooooooooooooooo

    ResponderEliminar
  10. Todos tenemos, sí. La última hace una semana en mi casa. El perro ladra casi todas las noches al techo, y yo intento echarle con incienso y buenas palabras.(Incluso malas).

    ResponderEliminar
  11. Güertana, si te da susto me llamas a mí o a la Sra Castafiore. Le voy a proponer un negocio :P

    Alma, qué va. Que mis fantasmas no muestran casquería ni na de eso. Acarician, hablan o hacen sonar los relojes :) Simpáticos ellos.

    Alson, ¿y si le echas "flis"? (léase matamoscas). Para mí que es un mosquito que lo trae loco.

    ResponderEliminar
  12. Qué miedo - la voz, vaya y pase, pero que te tocase..
    CAndela, me encanta la foto. ¿Te la hizo tu compañero de viaje? SE parece muchísimo a un cuadro (ahora mismo no recuerdo de quien, pero si lo encuentro, te lo digo). Besos.

    ResponderEliminar
  13. Patsy, no me la hizo mi compañero. Yo estaba sola en la habitación (¿sería el fantasma? jajaja). No. Tenía un disparador y un trípode. Me lo programé para disparar una foto cada x minutos. Es una foto un poco tenebrista, muy adecuada para el entorno jajajaj. A ver si me dices a qué cuadro te recuerda. ¡Un beso!

    Alson, qué susto :/ A ver qué se cuenta si se quiere contar algo!

    ResponderEliminar
  14. en una casa tenebrosa donde sólo viví unos meses sentí mientras dormía una mano posada en mi cadera, pensé que estaba acompañada pero estaba sola.. no dije nada a mi compañera, pero cuando nos fuimos se lo conté y me dijo que le había pasado lo mismo.

    ResponderEliminar
  15. ¡Hozú,!¿que cozaz?. No soy del sur, pero me encanta esa tierra.
    Como soy del norte, tengo más tendencia a creer en las MEIGAS.
    Me dan menos miedo que los fantasmas.

    ResponderEliminar
  16. ¡Hozú,!¿que cozaz?. No soy del sur, pero me encanta esa tierra.
    Como soy del norte, tengo más tendencia a creer en las MEIGAS.
    Me dan menos miedo que los fantasmas.

    ResponderEliminar
  17. Ayer dejé un comentario en este post y veo que internet me ha jugado una mala pasada y no se registró. Te comentaba que yo tuve una experiencia muy parecida en un hotel en Indonesia. Estaba yo sola y una pareja amiga dormían en la habitación de al lado. ¡Fue terrorífico!! y espero no tenerlo que vivir nunca más... Debe de ser que los hoteles, con tanto ir y venir, se quedan impregnados de mil historias. Te mando un beso y te agradezco tu visita.

    ResponderEliminar
  18. Hola Candela, si tienes un ratito escribe algo para Pena Mexicana que lo está pasando mal y yo me veo un poco impotente. Gracias y un besito.
    La Güera.

    ResponderEliminar
  19. Ico, otro fantasma tocón, con ganas de acariciar caderas de chicas. ¡Por lo menos no hacía cosquillas! :)

    Loli, las meigas no me dan miedo, pero la santa compaña esa que tenéis por ahí, sí!! Más que los fantasmas.

    Sinkuenta, a mí me ha pasado lo mismo en estos días en otros blogs. Yo también creo que las casas y otros lugares (hoteles, hospitales...) se quedan impregnados de energías... o de lo que sea. Lo bueno es que si me cuentan cosas me da un poco de miedo, pero si me pasan a mí, no me da, al menos lo que me ha pasado hasta ahora. Lo de ese presunto fantasma me dio miedo solamente cuando no me podía despertar.

    ResponderEliminar
  20. Elena, le he escrito un correo. ¡Leedlo y a ver si os animais! ¿Vale? ¿Trogloditas de finde?

    ResponderEliminar
  21. No, si ya te fijaste en el tontería...

    ResponderEliminar