04 marzo 2010

Terremotos y planes de contingencias

No recuerdo el año exacto. Fue a principios de los 80 cuando Granada sufrió casi a diario y durante una larga temporada una serie de terremotos de no muy alta magnitud pero la suficiente como para hacer caer una estantería y con ella mi preciada bola de cristal de Murano. Mi hija mayor era aún pequeña y yo tenía pánico a los terremotos y una sensibilidad extrema para detectarlos por pequeños que fuesen.

Unas veces estaba sentada y notaba un ruido vibrante, imperceptible para cualquiera otra persona que hubiese a mi lado, y  en un par de segundos había ido al dormitorio de la niña o a la habitación donde estuviese y me encontraba metida con ella debajo de la mesa o de la cama (ahora dicen que ese sistema es inseguro y se habla de otro llamado "el triángulo de la vida").

Otras veces ocurría durante la noche y me pillaba dormida, pero mi capacidad de detección y mi velocidad de reacción y puesta en marcha eran exactamente las mismas que durante el día. Siempre acabábamos la niña y yo debajo de la cama o de la mesa, sintiendo juntas los últimos estertores del terremoto de turno. Todo el proceso sin volcar cosas, sin dar traspiés ni gritos, a oscuras, sin respirar, como una máquina de precisión cuyo objetivo primero era proteger a la niña sin asustarla. Tenía bien grabado y ensayado mentalmente mi propio plan de contingencias antisísmicas y aún soñaba con una casa-búnker a prueba de todo. Me aterraba que las cinco plantas de pisos que había encima del nuestro nos aplastaran, pero sobre todo, que el terremoto fuese por la noche y me encontrasen muerta y desnuda entre escombros. Se ve que tengo yo algo con la desnudez y la muerte, si van juntas. Sin embargo el top less está admitido en mis rarezas, así que en aquel período dormía en bragas, por si las moscas.

Ahora los geólogos dicen que se espera un fuerte terremoto en el sur y sureste de España. Apuntan a Granada. Las últimas lluvias a las que la tierra no está acostumbrada, el hecho de que cada siglo tenga su fuerte terremoto en la zona y las dos rajas (¿fallas?) localizadas al este de la capital, dicen que ya toca.


Han pasado 30 años de aquellos terribles miedos y me noto tranquila. Un simple movimiento de tierra, de los que aquí son tan frecuentes, me pone el corazón a galopar, pero no tengo un "plan de contingencias" como entonces. Actúo tan calmada que ni siquiera me levanto de la cama cuando siento vibrar la casa. No sé decir si el miedo me paraliza o si paso de todo.

9 comentarios:

  1. Hace unos años, en el norte hubo un pequeño terremoto y lo sentí en casa. La sensación que tuve fue la de haberme fumado algo, que se movía el suelo y que yo no tenía los pies en él. Y eso que fue mínimo, ni me imagino lo que han debido sentir en haití o Chile, qué pánico.

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  2. Me acuerdo perfectamente de ese terremoto. Fue en mayo de 97, quinto aniversario de la muerte de mi cuñada C y tuvo una intensidad de 5.1. Estuve meses sufriendo sacudidas cuando me acostaba.
    No quiero pensar en el horror que han vivido en Haití y Chile.
    Si viviera en Granada, creo que dormiría igual que aquí, camiseta y pantalón de pijama. Monos, por si las moscas.

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  3. ¿Qué más da desnuda o vestida si no te ibas a enterar? ¿Y lo bueno que saben los abrazos piel con piel?

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  4. ¡Me da que son esas cosas buenas que traen los años (y la ausencia de bebes)!

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  5. Lo cierto es que a los terremotos no te acostumbras nunca. Yo he vivido algunos en Granada y entre el ruido y otras cosillas, son poco gratos. Hasta se dice que Carlos I (perdón, en Granada se le llama V), desistió de vivir en el Palacio junto a la Alhambra por ellos...¿Quién sabe?
    Saludos

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  6. Marcela, si estás de pie da esa sensación. Uno lo sentí mientras levantaba la cacerola del fuego. Me fui hacia delante y pensé: Ostras, me he mareado. Me dan tanto miedo que creo que no quiero ni pensarlo. El último que sentí fue bien sonado, la gente salió a la calle gritando y todo, y yo estaba en casa con una amiga tomando vinito y jugando, cada una en una silla con ruedas (que no de ruedas). Ni enterarnos, oye.

    Mármara, 5.1 ya es un buen terremoto. jajajajajajaja, encima de decente, presumida jajajajajaa.

    María, si yo soy de las del nudismo camero y playero, pero no sé, que para eso de morirme prefiero ir un poco más vestida :)

    Emejota, creo que has acertado, sobre todo por lo de los bebés. Un beso.

    Jacio, el ruido impresiona, vibra, se mete por los oídos y llega a todo el cuerpo. No me extrañaría que Carlos V decidiera salir volando. Si yo fuera emperatriz en vez de profe, creo que me tomaría el traslado también, a pesar de cuanto me gusta Granada.

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  7. Qué intriga, tendré que investigar eso del triángulo de la vida...

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  8. Impresionante la foto... a riesgo de parecer un poco agorera, yo iría preparando un plan de nuevo, con calma, eso sí.

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  9. Dintel, se llama así al costado de los muebles, o al triángulo figurado que se forma junto a ellos. Por ejemplo, según dice la teoría del triángulo vital, es más seguro echarse al suelo junto a la cama que meterse debajo de ella. Vale lo mismo para las mesas y otros muebles.

    Alson, si yo pienso lo mismo, pero a ver qué hacemos. Habrá que rezar o algo.

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