29 mayo 2010

Todo tiene una solución, aunque sea la peor

Dicen que termina el curso, pero es mentira. En junio tocan las clases de recuperación y luego más exámenes, más evaluaciones, más reclamaciones...

Este trabajo, tomado en serio, os lo aseguro: es agotador. Es jugar una partida de ajedrez múltiple con treinta oponentes a la vez, pero que además no tienen ganas de jugar y te hacen trampas. El estrés que produce esta profesión lo conocía de oídas, pero lo supe cuando abandoné mi trabajo como administrativa y empecé el actual (que no quería ni de broma, pero mi entonces marido me traía frita insistiendo). Antes: 8 horas diarias, un mes de vacaciones (a elegir, y yo las elegía en mayo). Luego 25 horas semanales, tres meses de vacaciones en verano, semana santa y navidades. ¡Qué vidorra creí que me esperaba! Encontré el gazapo ese primer verano de profe cuando compartí parte de mis vacaciones con toda una inmensa manada humana, peleé por un metro cuadrado de playa para colocar la sombrilla, me achicharré al sol de agosto, comí pescado con aceite refrito, pagué el doble del precio real de las cosas y, sobre todo, llegado septiembre me dije: ¡cielos, empiezan las clases! Eso fue lo que me hizo reaccionar, porque antes, cuando era administrativa, a mitad del mes de vacaciones ya estaba deseando volver a mi despachito. No eran cosas de la edad, tenía solo un año más que antes, de 21 a 22.

Aquella presunta panacea de vacaciones se fue reduciendo poco a poco, porque la gente protestaba "ay que ver las vacaciones que tienen los maestros, y nosotros aquí aguantando a los niños. ¡Que trabajen como todos, que les dejen un mes de vacaciones!". (Ya les ponía yo nueve meses a aguantar a treinta como sus niños durante varias horas al día. Me apuesto a que más de un albañil, torero, ama de casa, abogado, médica o florista acababa en el psiquiátrico).

El alumnado lleva cansado desde principios de mayo. Hay quien ha trabajado muchísimo. No se puede estudiar sin respiro once meses al año -o no puede hacerlo la mayoría a no ser en detrimento del aprendizaje-, pero claro, dos o tres meses podemos jugar a barquitos en la guarde para adultos.

Yo a estas alturas de curso estoy cansada, muy cansada, y eso que tengo una energía para parar carros. Y tan cansados como yo, el resto de compañeros y compañeras, así que el cabreo es general: Este junio (en el aula no hay quien aguante ya el calor) nos duplican el trabajo porque sí, ignorando cualquier argumento laboral o pedagógico, cuya obviedad se cae por su propio peso. Dar la imagen. Eso. Se trata de dar una imagen. Y hoy en la sala de profesores decíamos que si sólo se trata de eso, daremos esa imagen, es lo único que se nos pide... si es que somos tontos de pacotilla, cómo no se nos habrá ocurrido antes.

Como dije al principio, este trabajo es terriblemente agotador (si lo haces bien, si te dejas el pellejo para que ese esfuerzo sirva de algo), pero podría ser mucho más relajado, os lo aseguro. Hay profesores, pocos, muuuuuy relajados. Nos bajan el sueldo, nos suben las horas, nos aprietan el cinturón y de paso las clavijas, nos hacen rellenar cientos de papeles inútiles y tenerlos desempolvados para la inspección, pero podemos no morir en el intento si los resultados reales nos importan "un poquito menos". Total, lo que cuentan son los papeles rellenos y el porcentaje de aprobados. Además, al profe que en clase cuenta chistes y batallitas, no cuenta las faltas de asistencia y aprueba al 100%, sus alumnos le han regalado un reloj a final de curso y dicen que es un "crack", mientras que al que enseña, exige y suspende le llueven las lágrimas y las reclamaciones, cuando no las amenazas y los rayones en el coche. Al segundo, además, le llaman la atención "desde arriba", por aquello del fracaso escolar. De modo que sí, que "haciendo unos ajustes" podríamos estar mucho más relajados(as) incluso con un mes de vacaciones (aunque sea el puto agosto) y todo el mundo tan contento: padres, alumnado, jefes y súper jefes.

Pena que la mayoría no tengamos tripas para hacer un mal trabajo y todo se nos quede en un proyecto-verborrea-pataleo.

28 mayo 2010

Por favor

Favor: ayuda, socorro que se concede a alguien (añado: con o sin su petición previa)

¿Por qué hacemos un favor?

A esta pregunta contestaríamos sin vacilar algo así como "porque está en mis manos dar, de manera desinteresada,  lo que otra persona necesita". Pero la realidad es que con frecuencia hacemos favores por otros motivos, unas veces se trata de una inversión de futuro "ya me lo devolverás" o "ya me lo cobraré", otras, en cambio, es una manera de sentirnos importantes o, más aún, de que nos consideren importantes. A mi modo de ver, la peor intención que puede haber en un favor concedido es la de sentirnos eternos merecedores de gratitud y pago por parte de la persona favorecida -como un chantaje emocional que nunca termina y que si le pones fin te llamarán desagradecido(a)-. Hay incluso quienes hacen favores -u obras de caridad- para aspirar a la gloria eterna. Decía Séneca que el favor no está en lo que se hace o se da, sino en el ánimo con el que se da o se hace. Lo cierto es que el favor gratuito es un bien escaso, un auténtico tesoro que, por tanto, no tiene precio.

Me acordaba de cuando trabajaba en el ayuntamiento como secretaria del alcalde, siendo aún una adolescente. Allí acudía gente del campo a resolver papeles, les veía las manos renegridas y callosas, los ojos achicados a fuerza de protegerlos del sol, la sonrisa tímida. Llamaban a la puerta de mi despacho cuando en la oficina principal les decían que tendrían que volver al día siguiente a recoger un papel porque la hora de la firma era posterior a la de salida del autobús para el pueblo. Me preguntaban si podía ayudarles y, cuando el alcalde estaba, les pedía su papel, iba a la alcaldía y se lo ponía sobre el escritorio. El alcalde firmaba y yo salía contenta por la puerta sabiendo que le estaba haciendo a la persona en cuestión un gran favor. ¿Por qué me ponía contenta? Porque un minuto antes me habían enternecido aquellas manos y aquellas miradas de pobreza. Me ponían cinco duros en la mano y tenía que perseguirlos hasta la calle en una pelea de a ver quién consigue meter la moneda en el bolsillo del otro/otra, y siempre ganaba yo. Luego, al cabo de los días, alguno aparecía por allí y me dejaba sobre la mesa una bolsa de pimientos o de habas que yo rechazaba. No sabía si estaba bien o mal, pero alguna vez acepté a la de diez las hortalizas porque me sabía mal verlos salir hacia la calle con la bolsa de vuelta y los hombros caídos, como si les hubiese menospreciado o despreciado su agradecimiento.

Hay quien dice que ese tipo de favor sin ánimo de contraprestación también busca algo, aunque sea que se nos quede el alma tranquila. Si profundizo, en aquella gente quizás veía a mis padres y le daba lo que a veces les dieron a ellos y lo que muchas otras les negaron. Eso sí que es una deuda cósmica.

No siempre mis favores fueron así. Otras veces los hice por recibir algo a cambio: que alguien me recordase o hablase bien de mí y, sobre todo, que alguien me quisiera o me tuviera en cuenta. Lo que nunca hice fue echar en cara un favor concedido, por más que muchas veces me tuviera que morder la lengua para no soltarlo. Decía Filemón que si después de haber vestido al desnudo, le recuerdas tu favor, es lo mismo que si lo desnudaras de nuevo. No me gusta tener vasallos pues pienso que Nietzche tenía razón cuando decía que hay almas esclavizadas que agradecen tanto los favores recibidos que se estrangulan con la cuerda de la gratitud.


¿Qué opinas de todo esto? ¿Aceptas de buen grado un favor o piensas como  E.W. Stevens "procura hacerte digno de todos los favores, pero no aceptes ninguno"? En todo caso, recordemos que en nuestra educación nos enseñaron que las cosas se piden por favor, con lo que gran parte de las cosas que pedimos son eso: favores, incluido el vete al cuerno, por favor.

26 mayo 2010

Madres


De esos días hay dos acontecimientos que nunca olvidaré: nuestra boda y una conversación que mantuvimos en torno a la mesa cuatro mujeres. De aquella tertulia nocturna se me quedó grabado -muy especialmente- un momento en el que Pena Mexicana se levantó de su silla, rodeó la mesa y vino despacio hasta mí para abrazarme. Les estaba hablando de mi madre, todas reflexionábamos sobre la relevancia de cada una de nuestras madres sobre nosotras, sobre cuánto nos dolió o nos hizo felices aquello que nos dijeron o nos hicieron un día, de cuando fueron madres presentes y madres ausentes, aún estando vivas. Es interesante reflexionar sobre el hecho de que una charla tan profunda tuviera lugar la víspera de nuestra boda, en lugar de ponernos a organizar, nerviosas, la mañana del día siguiente. Nos dieron las tantas. Las cuatro mujeres fuimos ocho durante unas horas, ellas y nosotras, sus siempre bebés.

Madres. Las que aún están aquí y las que se marcharon, nos dejaron su huella indeleble y profunda. Nos amaron lo mejor que supieron, nos curaron o nos hirieron y siempre nos acompañan.

Estoy leyendo El libro del alma, de Placide Gaboury. Aún escéptica yo, su lectura me sumerge en pensamientos y deseos felices, los del reencuentro luego de atravesar el umbral de la vida con la muerte y los de la permanencia de la energía-alma, en toda su plenitud, más allá del adiós. Dice Luis Racionero, en el prólogo: "Agnósticos abstenerse, porque perderéis el tiempo". No estoy de acuerdo con él. El libro no trata al alma dentro de la teología o las creencias religiosas, sino desde un punto de vista de la física terrenal, empírica aunque sin demostración científica. En él se encuentran sencillas experiencias humanas y algunas tesis -no demasiado convincentes- de expertos. Las primeras me conmueven y avalan las historias de mi familia que conté en Cortos viajes al pasado. Mitos, realidades y supersticiones. En ese post Farala hizo un comentario felizmente estremecedor.

Otro de los aspectos que toca el libro es la elección de los padres. Eso aún queda más lejano si no se ha vivido una cultura religiosa que avale la reencarnación, pero aún así me hace pensar, porque, si bien no creo en nada que no pueda ver y tocar -mujer de poca fe, tal vez- tampoco puedo negarlo, porque si hubiese de negar todo lo que desconozco, el mundo se me haría demasiado pequeño. Así que, tal vez, pudiera ser...

Estas reflexiones y estas esperanzas tan de soldadita de a pie, quiero regalárselas hoy a quienes "perdieron" (que no las perdieron) a sus madres y, en especial, a Farala y a Pena Mexicana, por cuanto de hermoso me han transmitido acerca de esas mujeres que las parieron.

La imagen que acompaña este post es la fotografía de una pintura de Manuel Ruiz, firmada el 7 de mayo de 1997, día en que mi hija pequeña llegó a casa. En la dedicatoria dice: "Para Mayita: El amor es de color azul".

24 mayo 2010

La cultura de la denuncia

Uno de los síntomas de la baja tolerancia a la frustración en nuestra sociedad es denunciar. Los juzgados están saturados de denuncias, algunas por delitos o faltas graves y, una mayoría,  por nimiedades. Las colas para denunciar en la policía o la guardia civil son interminables. En ocasiones no te queda más remedio que denunciar una nimiedad, como el hurto de la radio del coche, que de otro modo no cubriría el seguro, pero hay otras muchas que hacemos porque sí, porque necesitamos sentir que aún podemos reír los últimos. Es curioso, sabemos que ni merece la pena ni va a servir para nada y, aún así, el gesto de presentar una denuncia mata el gusanillo y  nos quita el complejo de pringaos. Da igual que con esa actitud se colabore a colapsar el sistema judicial y que casos importantes tarden años en resolverse.

Conocí a un argentino que no se separaba nunca de su maletín, lleno de copias de hojas de reclamaciones y de denuncias, que mostraba con orgullo. Se jactaba continuamente de que a él nadie le tomaba el pelo. Era horrible ir a un restaurante o cualquier otro servicio público en su compañía. Rezabas para que no encontrara en el vaso una huella dactilar.

El viernes en clase, una alumna veinteañera perdió su pendrive, convencida de que alguien se lo habría robado. Sería el primer caso de hurto en grado superior, por lo que le pedí que no se alarmase hasta mirar tranquilamente en su mochila o que algún compañero o compañera de clase lo hubiese cogido sin darse cuenta y lo encontrase el lunes entre sus cosas. Esta mañana le he preguntado si ha aparecido, dice que no, va a presentar ante la policía una denuncia contra el instituto "por no poner las medidas necesarias para evitar hechos como este". Sus compañeras le han dicho que no vale la pena, ni va a servir de nada, pero muy indignada se ha marchado a media mañana a la policía para poner la denuncia junto a su padre, que secunda la idea, diciendo en voz alta "¡así aprenderán!". Todo esto por un pendrive de 2 GB, igual a este:


P.S. El contenido del pendrive es lo de menos. Tenía un trabajo para mí, que ya le había corregido y puntuado.

20 mayo 2010

Quererse, más que un concepto vacío

Aquel día me levanté con una idea feliz:
comprarme una radio-cd con MP3 para el coche
y una cafetera exprés, los dos mejores regalos
que me he hecho en toda la vida.

Había escuchado y leído muchas veces que para que te quieran tienes que aprender a quererte. Eso me sonaba a un sonsonete con algún sentido misterioso, porque con el tiempo, yo solamente fingí que me quería para conseguir que aquel "ente" me quisiese. Pero, claro, no funcionó. El amor recibido era tan ficticio como ese presunto amor propio.

Ese no quererme no ocurrió de la noche a la mañana, ni vine así, con ese defecto de fábrica. Te acabas no queriendo cuando alguien, que sabe cómo hacerlo, te introduce en una espiral de pérdidas, en la que la única perdedora eres tú: de ilusiones, de autoconfianza, de dinero, de libertad y, principalmente, de autoestima.

¿Hasta qué punto se es culpable por entrar en esa espiral?  La primera vez eres inconsciente de que estás entrando ahí, porque no te cuadran unos principios impuestos que no son los tuyos, pero que tienen unas argumentaciones absolutamente válidas. No habías aprendido nada sobre falacias en las relaciones afectivas. Ya entraste en la espiral. A medida que circulas por ella vas perdiendo la noción de ti como persona, de cuáles son tus ideales, tu carácter y tus metas. Te has vuelto un ser absolutamente dependiente, inseguro y manipulable.

Si consigues escapar esa primera vez, empieza la verdadera responsabilidad para contigo mismo(a), que consiste, primero, en recuperarte (cuando digo recuperarte es en el sentido de recobrar a esa persona que hay en ti y que habías perdido en la espiral). En ese período de recuperación deberíamos autoprohibirnos los enamoramientos, porque existe un enorme riesgo de gestar relaciones de dependencia emocional, ya que nuestro estado de debilidad busca guías, parámetros y referencias que no tenemos, porque las hemos perdido, y damos cuartelillo a las ajenas, que, si no son absolutamente bienintencionadas, nos sumergirán en una nueva espiral peor que la anterior, porque ya la segunda vez te derrumbas: ¿Cómo es que siempre terminan haciéndome daño? --> ¿Qué he hecho mal para merecer esto? --> Seguramente tengo lo que merezco --> Definitivamente soy una mierda.

Cuando has llegado a esa conclusión es cuando más te aferras a quien te ha llevado a ese estado. Es cuando aparece la dependencia emocional más galopante y destructiva. Hay quien lo confunde con un inmenso amor, pero no lo es. Es que no tienes fuerzas para seguir adelante y te agarras a un clavo ardiendo. "Quiero seguir estando con él/ella, aunque me pegue, aunque me humille, porque nadie más me va a querer, él/ella es a lo único que puedo aspirar". Y luego sigues pensando que solamente una persona con "tanta fuerza" puede cuidar de (educar a) alguien tan imbécil como tú, con lo que hasta llegas a agradecerle esos desmanes hacia ti, que "probablemente hizo por tu bien".

Por eso, si has terminado una relación de esas, tóxica y destructiva, en la que eres solamente una pobre víctima, cuídate de otra relación hasta que hayas recuperado tu esencia (se pueden necesitar años). Luego, haz lo que te dé la gana, porque podrás ser tan feliz en soledad como en compañía de otra persona. Y si otra persona empieza a dar síntomas de maltratador(a), no le des una segunda oportunidad (esa es tu segunda responsabilidad). Piensa solamente que las rupturas son siempre dolorosas pero cuando se mantiene una base propia y sólida, en unos meses se habrá ido tu pena al carajo.

Este post es una reacción al publicado hoy por Ave, que tan bien refleja el primer punto de luz. Se lo dedico a mi amiga B, que está pasando por un terrible momento. Querida amiga, yo te prometo que vas a salir de una vez por todas de esa dinámica. Basta que tengas paciencia y confianza para recuperarte (auto-rescatarte) y que consigas llegar a quererte tanto como te mereces (aunque ahora no creas ser merecedora de nada). Será cuestión de unos meses, si no vuelves atrás a pedir más amor en forma tiranía y si dejas de culparte de delitos que no son tuyos.... aunque esta vez el maltratador se llame "ella" y aunque ella fuese la que presuntamente te curó del maltrato de "él". Fue una irresponsabilidad suya -tan experta en la materia- recogerte "pillando moscas", como tú dices, sin dejarte tu tiempo de recuperación, para después recordarte cada día que "tu sumisión pide a gritos que te maltraten" y actuar en consecuencia.

Interesante este post de Encantada, titulado "Receta personal contra el maltrato".

Imagen tomada de srnoticias.com y modificada.

14 mayo 2010

Nunca creí en la tierra de Jauja

En la leyenda de Lope de Rueda, en la tierra de Jauja las calles estaban empedradas con piñones, los frutos de los árboles eran buñuelos de miel, los perros se ataban con longanizas y se castigaba a quienes trabajasen. Nunca creí en ese país, pero tampoco lo añoré ni lo busqué. El refrán que oía decir en casa cuando era pequeña era "La mejor lotería es trabajo y economía". Economía en el sentido de economizar, de ahorro. Perseguir el bienestar es algo lógico, comprensible, de seres vivos. Pero la lógica y el bienestar no tienen por qué estar reñidos.

Hace siete años entendí que nos encaminábamos hacia una crisis, cuando llegó de Argentina mi amigo Marco, desposeído de su fábrica, su trabajo y sus bienes. Le pregunté a qué -según él- se debía aquella crisis argentina y él me contestó que habían vivido durante muchos años en una falsa realidad de abundancia, en la que todo era posible, todo estaba aparentemente al alcance de la mano. El gobierno y los bancos animaban a la población a gastar más, a hipotecar, a pedir préstamos, a vivir por encima de sus posibilidades. Vivieron durante unos años en el país de Jauja.

Pensé en nuestra Jauja de esos años y los anteriores, porque si bien aquí nunca hemos nadado en la riqueza, nos hemos ido comportando como si esas fueran nuestras aguas. He vivido todas las etapas que mis más de cincuenta años me han permitido y eso me da una cierta perspectiva temporal. Mis padres, aún viviendo de peonadas agrícolas pudieron ahorrar para comprar su primera casa cuando yo tenía once años, es decir, doce después de casados. No tuvieron que pedir prestado ni hacer hipoteca. Cuando me casé a los dieciocho pedimos hipoteca para nuestro piso ¡a 10 años! y en ese tiempo terminamos de pagarlo. Con  mis 14.000  y sus 30.000 pesetas de sueldo vivíamos (sin lujos ni muchas licencias) y pagábamos el piso. Desde hace ya bastantes años es impensable, con un salario normal y corriente, pagar una hipoteca en menos de 20 o 30 años. La gente se independiza en la treintena o más, y tiene "asegurada" la deuda hipotecaria hasta su jubilación. Se ha especulado de forma bestial con la vivienda y los terrenos urbanizables, hasta tal punto que mucha gente ha vivido de eso, de comprar pisos sobre plano y venderlos al doble apenas estaban construidos. Se han quemado muchos bosques para construir urbanizaciones. Durante muchos años, demasiados, no ha existido una política gubernamental protectora con algo tan esencial como la tierra y la vivienda, ni tampoco se lo hemos exigido: conseguir una hipoteca no sólo era fácil sino un hecho aplaudido y fiscalmente premiado. 

Pero no ha sido solamente la vivienda. Se dice que la religión es el opio del pueblo, pero hay otros opios que se nos han ido dando en forma de dinero. Compre hoy y pague mañana. Decídase, sea feliz hoy, carpe diem. Como si mañana no fuese a existir.

¿Cuántas personas de las que estamos leyendo esto hemos comprado a plazos algo que no necesitábamos, como una enciclopedia de la cría del cerdo camboyano,  un todoterreno para llevar a los niños a la escuela,  o una segunda vivienda, porque no teníamos dinero para pagar en el momento? Hacíamos números: gano tanto, si me descuentan tanto me queda máscuanto... uy... apretándome LUEGO conseguiré pasar AHORA esas vacaciones en Chinchimpún. Pero claro, no contábamos con que luego lo mismo no teníamos trabajo o la subida salarial de los años siguientes no iba a ser la que esperábamos.

De la misma manera hemos pedido préstamos para celebrar una boda, una primera comunión, un bautizo o hasta una confirmación por todo lo alto, a ser posible mejor que el de la vecina, que puso beluga en el menú. Hemos pedido para campamentos de verano de nuestros hijos y nuestras hijas, o para que lleven un coche "mejor que el de...", o para que se pongan ropa de marca, tengan la última PSP y un móvil último modelo. En definitiva, nos hemos endeudado para tener nuestra dosis de opio entontecedor, el de nuestros tiempos.

¿Quién nos obligaba a hacer todo esto? Nuestro sistema capitalista. No me digan que el sistema varía con un partido político u otro, porque la base es siempre capitalista. No al ahorro, sí al endeudamiento. Es eso que alguna vez he comentado de "viajar con la carreta delante de los bueyes". Mover el dinero, pedir prestado, vivir el presente a todo confort, porque el mañana tal vez no exista. Y bien estuvo para quien se murió, pero quien permaneció aquí las está pasando difíciles.

Lo peor de todo es que quienes realmente padecen las crisis, todas ellas, son los peldaños más bajos de la escalera, más apuros cuanto más abajo. Ahora los grandes capitales se pusieron a salvo cerrando empresas, muchas "cajas B" han volado misteriosamente a paraísos fiscales. Los bancos, que se han lucrado con los intereses que les hemos pagado para vivir mejor ayer, han cerrado el grifo de los préstamos a la vivienda, la pequeña empresa y la agricultura. Los funcionarios de a pie ganaremos menos, los jubilados también. Pero lo peor, desde mi punto de vista, será el recorte del gasto médico, terapéutico y farmacéutico, que ya se está apreciando en los hospitales en donde, por lo bajini, a la gente que ya no es productiva no se la trata con tanto esmero, tanto como decir que se la deja morir con demasiada facilidad. Una pensión menos, un gasto médico menos. Dentro de nada cualquier cosa será motivo de exención para recibir determinados tratamientos: que fumas, que padeces obesidad, que comiste demasiado chocolate, que no te pusiste el cinturón de seguridad...

Toda crisis, tanto personal, como familiar, social, económica o política, equivale a un punto de inflexión, de toma de decisiones y de maduración. Por tratar las cosas con una mirada optimista, no nos vamos a caer del mundo por una crisis más, todo lo contrario. Será como un tortazo en los morros para darnos cuenta de que no existe la tierra de Jauja y durante un tiempo, pensar con criterio propio, no adulterado.  Vendrán tiempos mejores y aún mejores, hasta que la gente se olvide de lo que ocurrió y vuelva a tomar nuevas dosis del opio que le proporcionen, como siempre, quienes manejen entonces los hilos.

13 mayo 2010

Lo que no me cantó



He insistido para que lo escriba ella, tal como me lo ha contado, pero está liadísima y no tiene tiempo ni para mirar su blog.

Le pregunté si era suyo aquel texto que me había leído durante la ceremonia civil de nuestra boda. Me habían emocionado sus palabras, tanto como su voz quebrada al leerlas, cuando le temblaba la barbilla y el papel en sus manos. Me contestó que era una adaptación suya de una canción. Entonces me contó por qué la había elegido y, sobre todo, por qué la había leído (y no cantado).

Aquí como me ha respondido, con sus palabras. Eso que refiere ocurrió hace ya unos ocho meses. Por supuesto yo ya no recordaba nada:

Es mi adaptación de una canción de Nuria Fergó y Manu Tenorio.  Primero la puse para que la oyeras y te pregunté si te gustaba. Me dijiste que sí. Otra noche, cuando tú ya te habías acostado (cosa rara, antes que yo), encontré esto otro:



¡Ay, yo se la quiero cantar el día de la boda! Pero ¿con este oído que tengo? Lo mismo ensayando mucho...

Me fui al dormitorio. Estabas leyendo y te dije:

Candelilla, te quiero preguntar algo, pero tienes que prometerme que vas a ser muy muy sincera en tu respuesta... Esto... ¿tú crees que si yo ensayara tooodos los días durante pongamos seis meses podría llegar a cantar bien, sin desafinar?

Levantaste la mirada del libro y, sonriendo, me respondiste "NO". Luego volviste a tu libro y yo al estudio a encontrar una alternativa.


¡Pobre Pepa! Creía que hablaba en general, no que se refería a cantar en la boda. Ahora estoy pensando que ella, a pesar de todo, no debió de perder la esperanza hasta el último momento, porque desde varios días antes de nuestra boda con frecuencia la oía arrancarse por Rocío Jurado. Dice que si hubiéramos estado las cuatro primitivas (nosotras y las dos testigos) lo habría hecho... pero cuando el número comenzó a aumentar, volvió al "Quiéreme", lo adaptó (¡qué adaptación más bonita!) y me lo leyó.

¿Dónde caerá el ramo de novias? ¡Ya tenemos ganadora!

Contad, contad. Jajajaja.

La comentarista número 25 (sin contar mis propios comentarios, con alguna mentirijilla para animar), ha atrapado al vuelo el ramo de novias. No he podido esperar a la tarde para publicar vuestros comentarios, porque  son geniales y no he podido parar de reír ni en sueños.

¡Enhorabuena! Pero entra y comprueba. Yo ya sé quién eres, pero ¿te has visto con el ramo en las manos? ¿Y qué vas a hacer ahora, ehhh? ;)

Y ELLA, mientras saltaba para atraparlo, dijo esto:

jajajaja, me da que no queremos que nos toqueeeeeeee.
(No por el ramo en sí, si no por el significado)



Mil abrazos para todas vosotras, ¡qué lindas sois, madreeee!


Sé que algunas de mis lectoras desearían que les cayese en las manos un ramo de novia, aunque no lo quieran confesar. Otras lo confiesan abiertamente. Algunas que intentarían quitárselo de encima como si fuera una avispa (¡pero si no pica!). Ya oigo a las casadas decir "no juego".

Durante unos días vuestros comentarios no se verán hasta que autorice su publicación. ¿Que por qué? Porque os vamos a proponer un juego. ¡Y podéis jugar todas!

Le pido a Pepa que me diga un número entre el 1 y el 25 y me dice: "el 25". Pues bien, ese será el número afortunado. Escribiréis vuestros comentarios (espero que lleguemos a 25 o en caso contrario, el premio quedaría desierto). El comentario número 25 se lleva el ramo de novias.

Cada una escribirá tantos comentarios como desee.

¿Y qué pasa con las casadas? Si el 25 es de una casada, pasará a la siguiente (comentario 26). Si la siguiente también estuviera casada, pasaría a la siguiente y así sucesivamente.

Guardaré y miraré los comentarios antes de que podáis verlos vosotras mismas (nosotras dos nos reiremos las primeras). Un día de estos los autorizaré en el orden en el que se recibieron y.... ¡zás! aparecerá la moza casadera premiada. Quiera o no quiera, la agraciada será la siguiente jajajaja.


¿Quién se lleva este manojito de flores silvestres?

¡A jugar!


07 mayo 2010

Minimemoria de boda

Edito este post para colocar los enlaces a otros blogs de amigas que hablaban de nuestra boda. ¡Gracias a todas! Un gran abrazo.


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Aún no me he dado cuenta de que soy una mujer casada... ¡¡¿¿Casada??!!! Que no, que no me sale. Esa palabra desapareció de mi vocabulario hace veinte años y vuelve a aflorar. Me miro la alianza, que esa es otra: Resulta que la alianza de casada se pone en la mano izquierda en todo el mundo menos en la mayor parte de España, que me he informado bien. Levante y Cataluña en la izquierda. Nuestras amigas Pena y la Güera nos decían que es en la izquierda, la Pepa también, más que nada porque se la compré pequeña y en el anular derecho no le cabe. Yo quiero la derecha. Así que cuando la alcaldesa nos dijo que nos pusiéramos las alianzas le pregunté ¿Dónde se la pongo? Y me dice: Donde quieras. ¡Viva la libertá andalusa!

Momento "alianzas", con la cajetilla que las contenía.


Bueno, mucho antes de eso, la noche anterior, yo todavía no tenía muy claro lo que me iba a poner. Pena me trajo un montón de pulseras, pendientes y anillos suyos (preciosos y algunos con auténtico sello mexicano), porque hay que llevar algo prestado, algo nuevo y algo azul. Escogí su pulsera de piedras celestes (la llevo en la foto "alianzas") y unos lindos pendientes de plata. Mayita me prestó también algo azul, la otra pulsera que llevo, que tiene unas piedras de ese color (cuando vio que escogí una pulsera de Pena Mexicana, me dice Mayita: "¿entonces la mía ya no te la pones?"... ¡anda que no, claro que me la pongo, mi bebota!).

No me había dado tiempo de comprarme algo de arriba, así que mi hija mayor vino y me trajo unas cuantas blusas y camisetas la tarde antes. Escogí la que se ve en las fotos, que iba bien con los zapatos que me había puesto solamente una vez, para una boda millonaria (por lo que me costó ir a Santander para acompañar a la novia). Boda y novia me quedan tan lejos en todos los sentidos posibles, que ahora me pregunto qué pintaba yo allí... en fin.

¿Pantalones? Pues... aquellos tan chulos, negros, con tejido de buena caída, frescos... Me los habría puesto si me hubiesen entrado. Entonces me puse a revolver la ropa de Pepa y encontré otros parecidos que me estaban bien, aunque me sobraban 15 centímetros de largo. A las 12 de la noche me puse a arreglarlos.

Lo de la ropa ya estaba resuelto. Pena y la Güera me preguntaban si ya llevaba algo nuevo, algo prestado y algo azul. Casi, casi. ¿No tienes bragas sin estrenar? "Posnó"... Ea, me falta algo nuevo. Según las supersticiones ¿eso qué significará? ¿Que no voy a innovar con esta boda? ¿Y qué más daaaaaa? Arcaica una. Y así quedaron las cosas, que las tradiciones son para jugar con ellas y transgredirlas.

Yo llevaba muchas cosas prestadas, algunas azules, otras mías pero usadas y un pantalón "mangao". No le podía decir a la Pepa lo que me iba a poner, porque no iba yo a ser menos, ya que lo suyo fue un top secret hasta que conseguí encontrar el salón de Plenos del Ayuntamiento y la vi esperándome allí, sonriendo y nerviosa, con unos pantalones que le quedaban bastante cortos ("lo que tiene comprar online", me dijo) y una camisa color berenjena. Creo que el pantalón que le choricé le habría estado bien a ella y el suyo a mí, pero qué íbamos a saber nosotras con nuestra boda improvisada, a pesar de que se iba a celebrar hace un año...

Me acosté a las 5 de la madugada porque había que hacer una programación didáctica que tenía que estar entregada a las 8 de la mañana. De ahí que mis naturales ojeras estuvieran más acentuadas todo ese día.

Pero esto no iba de ropa, iba de boda. De las pocas personas que se enteraron y nos prometieron venir, echamos de menos a tres: Burka, Fran y Paqui. Mi hermano andaba mosqueadillo conmigo porque no le había avisado y se enteró dos días antes, pero no le daba tiempo a organizar su ausencia del trabajo. Mi cuñada se había marchado a Estados Unidos ese mismo día. Fuimos once: Nosotras dos (las novias delante), las dos testigos (Lex y M.), B., Pena Mexicana, la Güera, Leo, Lola y mis dos hijas.

La alcaldesa fue un encanto. Creo que se sintió bien en aquella ceremonia, se le notaba. Ya sabéis quienes lo sabéis: una boda civil no tiene por qué ser larga ni aburrida, y no lo fue. Ella, la alcaldesa, nos habló de algo que yo siempre he pensado y no había oído decir a nadie todavía: que en una pareja es importantísima la amistad, amén del amor, la pasión y otras cosas, pero hizo énfasis en la amistad. Yo también lo creo así. Si no hay amistad (una mezcla de cariño, confianza y complicidad), cualquier bache se lleva la relación a pique.

En medio de la ceremonia, antes de las alianzas, la alcaldesa le dio la palabra a Pepa y ella me leyó un texto que conforme iba escuchando me iba dejando cara de "te como a besos, pero creo que ahora no puede ser". Cuando terminó de leer quería abrazarla y debió notárseme mucho porque la alcaldesa me dijo que la abrazara, que la besara o lo que quisiera. Y yo emocionada: "Ah... pero ¿se puede?". ¡Claro que se puede! Eaaaa, a darnos besos y abrazarnos con toda el alma. Aplausos, lagrimillas y que siga la ceremonia.


Cuando todo terminó, que fue enseguida, la alcaldesa nos regaló a todas las chicas y al chico presente un libro, cuya autora había ganado el premio de narrativa organizado este año por primera vez por el ayuntamiento. No puedo decir ahora el título ni el nombre de la autora porque no encuentro los ejemplares ni he tenido tiempo todavía de echarles un vistazo.

Salimos a la calle y nos encontramos ante la cruz que había puesto el Ayuntamiento en su fachada, para festejar el día de las Cruces de Mayo. Enfrente, el chiringuito y ya bastante gente pululando por la zona. Nos hicimos fotos. Un hombre que pasaba nos hizo una de grupo, aún a riesgo de ser atropellado unas diez veces por los coches que pasaban. En ese momento recibimos algunas llamadas telefónicas, una de ellas de emejota :).



Nosotras, Lex y M.


Toda la peña :)

Luego nos organizamos para ir a comer a la pizzería-restaurante de un amigo nuestro, ex marido de ex alumna. Como siempre, nos trató fenomenal y pasamos un rato muy agradable y divertido.




Y por último nos fuimos a casa. Allí nos esperaba una tarta que pedimos toda blanca, de dos pisos y con adornos de color violeta. No pudo ser ni de dos pisos ni con adornos violeta, pero tenía encima dos novias que Pepa había tenido el detallazo de buscar, encontrar y no decirme nada de ello hasta el último momento.



Bailamos, comimos, tomamos el sol en la terraza, nos dio frío, nos metimos dentro y seguimos hasta tarde celebrando nuestra boda. Pudimos por fin -quienes pudimos- despojarnos de zapatos y ropa incómoda y bailar, hacer fotos, brindar y charlar cómodamente.


Servidora (con la lengua fuera) y Lola

No he tenido tiempo de darme cuenta de todo todavía, porque hemos querido disfrutar estos días junto a la Güera y Pena Mexicana, que han estado con nosotras hasta esta mañana. Pero ese encuentro se ha ganado un post aparte.

03 mayo 2010

En este momento

En este momento son las 13 horas de un día feliz, pero yo no estoy tecleando delante del ordenador, ni puedo ver ahora lo que habéis publicado en vuestros blogs.

Aunque esta canción pueda sonar a melancolía, yo la asocio con un amor inmenso. Se me eriza el vello al escucharla. De esta forma sencilla quiero compartir este momento y este día con todas vosotras, y con vosotros también, que de alguna manera compartís mis días a través de este blog.

01 mayo 2010

Primavera en el tejado

Hemos ido a la cueva para regar el naranjo y el limonero. "La parcela" está llena de hierba y flores, pero es pequeña. A la derecha asoma una rama del naranjo, que ya estaba un poco sediento.


De modo que he paseado hasta el tejado...  La primavera nos rodea, pero también nos cubre.

Regalo a mis visitantes estas vistas, aunque las fotos están hechas con el móvil y salen movidas: se puede "ver" el viento.

Así está nuestro "tejado"



A la derecha, la chimenea