29 junio 2010

¿Es por joder? Es que ni la lógica ni la estadística les avalan (con gráficos)


Educación secundaria (obligatoria y no obligatoria) en Andalucía


  • Desde el año pasado nos han aumentado el horario, que era de 55 minutos por hora de clase a una hora real. Media hora más al día. Chicos y chicas que se desplazan de pueblos, salen de casa a las 7 de la mañana o antes y regresan para comer a las 4 de la tarde (profes igual). El alumnado bueno cada vez está más cansado. Al malo le da igual todo (profes igual).
  • Nos están aumentando desde hace dos o tres años el número de días lectivos. Cada vez empezamos antes en septiembre y tenemos a la gente más días en junio. En Andalucía en mayo ya hace mucho calor.
  • Nos están aumentando la ratio de alumnado por grupo. Cada vez somos menos y tocamos a más. ¿Dónde está aquella ratio máxima de 25?
  • Con el nuevo ROC aún tocamos a más y seremos menos: suprimen departamentos -entre ellos el de actividades extraescolares- y disminuye la reducción horaria por departamento.

De todo esto, hay una parte que tiene cierta lógica, por lo que respecta a la crisis y la necesidad de ahorrar dinero como sea, pero hay otra parte que no tiene lógica alguna, y es la excesiva carga horaria -que amenazan con que sea de nuevo jornada partida - y el incremento de días lectivos en el año. Esta última parte -dicen- es para equipararnos en resultados con otros países. Yo de "esos países" -ya lo dije una vez o más- conozco bastante bien Suecia en lo que respecta a educación. ¡Una gozada! Un aula con 10 o 12 chavales, tranquiiiiilos, silenciooooosos, aburridos de no tener sol la mitad del año, de morirse de frío en la calle y de pasar con placer de la acogedora escuela al acogedor hogar. Profes silencioooosos, tranquiiiilos, sin prisas, relajados, que pasan sus horas de docencia en absoluta calma y las horas de guardia y otras de permanencia, estudiando, leyendo, tomando cafelitos calientes, corrigiendo, estudiando y hasta aprendiendo música en la propia escuela (ah, y que ganan tres veces más que yo, lo que compensa que el gasto de impuestos, educación, cesta de la compra, etc., sea el doble que aquí).

Si es que pretenden equiparar lo que no es equiparable. Somos más ruidosos, parlanchines y vocingleros -cada vez más- miramos por la ventana del aula y en la calle hay vida, la primavera la sangre altera, desde mayo hace bochorno en el aula y nos llevamos abanicos (en mi aula tengo 30 calefactores ordenadores y un ventilador que nos rifamos desde mayo a ver a quién le toca tenerlo al lado), tenemos un número de alumnos por aula que a veces pasa de 40. En el centro te quedas a corregir en tus "horas de no docencia pero de obligada permanencia" y te entra el ciento y la madre a contarte su película de turno o a que le dejes "un minuto" el único ordenador de la sala de profesores para mirar un correo "urgentísimo". En temporada "alta", toda Andalucía mete notas y saca información de Séneca, nuestro servidor de la Junta. El servidor se cae. Solución: Te llevas el trabajo a casa, pero eso no te exime de estar en el centro TODAS tus horas de obligada permanencia, haciendo el lila.

Y claro, después llegas a casa con las orejas llenas de chillidos, gritos y aullidos, con tu paquete de nuevas normas -europeas modernas- aprendidas y otro de exámenes para corregir (en mi caso bolsas del Mercadona llenas de CDs). Cuando entras, lo primero es darle un puntapié al gato y bufarle al niño que te cuenta lo que hoy le hizo Pepito. La pareja, cuando coincidís en estado de vigilia, te mira con cara de divorcio inminente cuando le dices, una vez más, que no puedes hablar ahora de eso tan importante porque tienes que corregir, o hacer programaciones, o memorias, o actas o introducir las notas en Séneca (que a las 2 de la madrugada funciona de que-te-cagas de bien).

Igualito, igualito que en Suecia, Dinamarca, Alemania y esos países a los que "tenemos que equipararnos". ¿En qué? Lo mismo nos obligan a teñirnos de rubio y a cambiar el clima. ¡Ahhhh, que lo importante está en el rendimiento escolar! ¡Los resultados académicos!

Pues, señoras y señores, no sé por qué será, que desde que nos han aumentado los días lectivos por año y luego las horas lectivas diarias, los resultados académicos han descendido. ¡Si estamos tos agotaos! No se enteran -con la puta globalización de los coones- de que aquí -siendo como somos y teniendo lo que tenemos- trabajamos mejor y obtenemos mejores resultados funcionando de otra manera.

Hoy, por fin, en una reunión del ETCP, hemos hablado todos y todas a una. Estamos reaccionando contra el lavado de cerebro.

(Colgaré los gráficos que demuestran que en Andalucía entera desde que aumentaron los días lectivos anuales bajaron los resultados en las pruebas de competencias matemáticas, lingüísticas y otras, y desde que aumentaron las horas lectivas diarias -y volvieron a incrementar los días lectivos anuales- esos resultados han vuelto a disminuir. Me he dejado los papeles en el coche).


P.S. Actualización con los gráficos

Son pruebas de competencias realizadas en todos los centros de ESO de Andalucía, a terminar segundo de ESO. Se realizan desde hace 3 años, excepto la del último gráfico, que solamente se ha hecho en los dos últimos años. La puntuación va entre 1 y 6. El 1 lo tiene todo el mundo, es la nota mínima con examen en blanco o equivalente.

Clicar en las imágenes para verlas a mayor tamaño

Lingüística: Se analiza comprensión oral, comprensión escrita y expresión escrita.


Matemática: Se analiza la capacidad de organizar, comprender e interpretar la información,
la expresión matemática y el planteamiento y resolución de problemas en
número, geometría, álgebra, función gráfica y estadística.


Conocimiento e interacción con el mundo físico y natural:
Se analiza metodología científica, conocimientos científicos e
interacciones ciencia-tecnología-sociedad-ambiente.


No significa necesariamente que el haber aumentado el número de días lectivos por curso y el número de horas lectivas diarias haya repercutido negativamente en el aprendizaje (aunque ¿por qué no?), pero como mínimo significa que ese incremento horario NO ha beneficiado el aprendizaje ni los resultados.

En cuanto a Bachillerato, ya no a nivel de Andalucía, sino de mi propio centro, hasta hace tres años se presentaban a Selectividad un número de alumnos y alumnas que ocupaban dos hojas apaisadas de papel. Este último año solamente media hoja de papel, 15 alumnos y alumnas, de los cuales 2 han suspendido la selectividad.

Para quienes quieren seguir pensando que "todo va bien", la demostración de que no es así en absoluto. Los y las jefes de Departamento hablaban ayer de que las leyes no fomentan la reflexión ni el esfuerzo personal, que se han modificado esos valores y se han sustituido por otros como la picaresca y la trampa. Se usa mucho internet, más que para aprender, para copiar y pegar información que ni se conoce ni se lee. El propio profesorado busca información en Internet, problemas y cuestiones "para reflexionar", cuyas respuestas encuentra el alumnado también en Internet, ya dadas.

Se contó una anécdota (aunque no creo que sea un hecho anecdótico) de haber pedido en clase los deberes para casa y que NADIE los hubiera hecho. La profesora les preguntó si no les daba algo de vergüenza que nadie hubiese hecho nada. Un chico rsepondió: "Bueno, me da algo de vergüenza cuando me pregunta a mí y no he traído nada, pero solo en el momento en que me lo pregunta, pero antes y después no me da vergüenza ninguna".

26 junio 2010

1980-2010. Mi primer día como profesora

Esta mañana me he despertado inusualmente pronto. Entre las telarañas del medio sueño, medio vigilia, libremente y sin esfuerzo han comenzado a desfilar imágenes antiguas por mi mente. Personas, olores, luces, sentimientos y emociones. Como las del junio de 1980 (¡hace 30 años!) cuando estaba cenando con mi marido y mi hija, que tenía dos años, en casa de los padres de él y les decía -un poco cabreada- que no quería presentarme a las oposiciones de la enseñanza porque me gustaba el trabajo que tenía y porque seguramente, de aprobar, me darían plaza en otra ciudad y me tendría que separar de ellos. "Además no tengo vocación de profesora", decía, como suplicando una intervención de sus padres que le hiciese cambiar de opinión a aquel hombre mucho mayor que yo y tan práctico que me presionaba: "Ganarás más dinero y tendrás más vacaciones". Pero nadie intervino y yo me sentía pequeña, mucho más cercana a mi bebé que a todas aquellas personas adultas.

Un mes más tarde, en julio de 1980, cogí por primera vez en mi vida un avión, era el trayecto Madrid-Granada. Viajé sola entre unos cuantos viajeros desconocidos y con una oposición recién ganada en el bolsillo. Me esperaba mi marido con mi niña en brazos. La niña se emocionó al verme y se puso a llorar abrazándome fuerte. Él estaba feliz y nos llevó a dar un paseo por el centro de Granada. Una gitana se me acercó con un ramito de romero diciéndome que era muy guapa y que quería leerme gratis la mano, y yo no sabía todavía nada de buenaventuras ni de las maldiciones que me iba a echar cuando le dije que no pensaba pagarle las 1.000 pesetas que pedía después de decirme que tenía muy buena estrella y que iba a tener gemelos.

Saqué un buen número y pude elegir la vacante más cercana: un importante y enorme instituto politécnico de Málaga. Junto a otra chica que acaba de obtener plaza en el mismo sitio, alquilé un apartamento y me resigné a alejarme de mi niña varios días a la semana. Eso fue lo peor, porque cada lunes la cría se abrazaba a mí llorando y pidiéndome "no me dejes sola, mami", hasta que un lunes, después de dejarla en la guardería con mi pellizco en el estómago, volví sobre mis pasos y la arranqué de sus cuidadoras (¡no puedes! ¡tienes que firmar! ¡habla con la directora!...) , la metí en el coche y me la llevé conmigo. Hicimos el camino a Málaga felices, cantando, mi pensamiento era "a tomar por culo lo correcto", aunque me esperaba una buena bronca de mis padres y de mi marido en cuanto se enteraran de que había "raptado" a mi hija. Pasó la mañana conmigo en la facultad y ese mismo día le busqué una guardería en Málaga, junto a mi instituto. Empezó una etapa preciosa, 21 años, mi niña y yo solas y libres en una ciudad con mar y aquel trabajo que empezaba a gustarme.

Me gustó esta pintura. La encontré en internet y no sé de quién es
pero representa claramente
lo que sentía: mi niña, yo, el mar, libertad.

Daba clases en "el nocturno", porque por las mañanas estudiaba Empresariales. El alumnado de aquellas horas era mayor que yo, en torno a los 25 años, la mayoría chicos. El primer día de clase entré en el aula y vi la mesa donde tendría que sentarme. Habría preferido meterme entre el grupo y ocupar alguno de aquellos pupitres. Los chavales, que estaban de pie, charlaban y reían cuando entré. Nadie pareció entender que aquella muchacha con vaqueros y camisa de cuadros era "la profe". Había que poner orden, pero mi voz no superaba las de ellos. Yo, subida a la tarima, gritaba: "¡A ver, vamos, escuchadme un momento!", pero nada, solamente uno me saludó como a una colega con un "¿Qué paza vieaaa?". Fue cuando vino el jefe de estudios, un señor "muy mayor" -tendría unos 40 años- y todos se callaron. "¡Tú, la agitadora! ¿Qué es lo que pasa?" dijo dirigiéndose a mí. En aquel silencio que se hizo se oyó por fin mi voz: "¡Es que soy la profesora!".

22 junio 2010

¡A la hoguera!

Para mañana a las 12 de la noche, hora peninsular, nuestra bloguera Pena Mexicana y su güera van a hacer una quema real y también simbólica de todo lo inservible, malo o nefasto que hayamos tenido en este año, de San Juan a San Juan. Nosotras, ellas y todas las que se hayan unido al evento (mira que me suena mal lo de evento, de un tiempo a esta parte), mandaremos cosas y cosos a la hoguera.

Estoy pensando y no creáis que hay mucho que quemar, por lo que a mí respecta. Ha sido un año en el que las cosas han salido bien. Con mucho esfuerzo y privaciones -y con la santa paciencia de Pepa- y hasta desconectándome del blog una temporada, hoy tengo dos libros más en las librerías. La justicia ha hecho justicia. Me he casado con la única persona que me ha merecido tal tonelaje de confianza y amor como para no dudar en dar ese paso. Hemos conocido y compartido preciosos momentos con  dos mujeres excepcionales. Mayita ha hecho un gran trabajo y ha terminado bien el curso. Mi madre no tenía nada malo. Mis dos hijas están bien de salud (eso es fantástico, lo principal para mí). Hemos comprado una cueva muy vieja y hemos hecho de ella una bonita y acogedora vivienda. Ni un solo día he dejado de recibir el regalo de la sonrisa y el apoyo de mi mujer y el de mis dos hijas... Y más, muchas más cosas buenas.

¿Qué quemar entonces? A continuación la lista:

  1. Las leyes de tráfico, en lo que respecta al poco valor que se da a una vida humana (lo siento, Pepa).
  2. Los jefazos y empresarios de barriga gorda y coches despampanantes que explotan y  no pagan a sus empleados, amparándose en una crisis que ellos no sufren (lo siento, hija).
  3. Los gobiernos de todo el mundo que giran a la derecha (lo siento, lo siento...)
  4. Las madres que de madres no tienen más que el título (lo siento, Pepa).
  5. Los asesores y asesoras, los inspectores e inspectoras, los expertos y expertas, los etcéteros y las etcéteras, que no saben qué inventar para hacer cada día más difícil y menos útil mi trabajo (lo siento).
  6. Las incoherentes leyes prohibitivas con las que pretenden hacerme creer que me protegen (lo siento).
  7. Quienes  se aprovechan del débil o debilitado mientras rinden pleitesía al fuerte o fortalecido (lo siento, amiga).
¡A la hoguera!




21 junio 2010

Alucina...

Esta mañana se ha levantado bien, pero ayer tuvo fiebre todo el día. Ha vuelto mala, qué mal le ha sentado Barcelona.


Anoche la fiebre le subió bastante y se acostó. Al rato vino al estudio diciéndome que quería llevarse a los gatos al dormitorio, vi que estaba zombi y la fui empujando hasta la cama de nuevo. Allí le dije: "Pepa, mañana vamos al médico, ¿eh?". Me contesta: "Sí, pero a Paquito nos lo llevamos, porque nos lo van a quitar". "Qué va, ¿quién nos va a quitar a Paquito?", le digo. Me contesta: "Sí, Candelilla, nos lo llevamos, a Paquito se lo llevan, nos lo quitan porque es del Barça". A sus pies Paquito dormía plácidamente y Lalo de pie sobre la almohada la miraba muy atento a cinco centímetros de su cara. Le pregunto: "¿Y a Lalo también nos lo llevamos?" Dice: "No, Lalo no corre peligro, está en 2ª B".


Se lo estoy contando ahora y se ríe. Dice que si estoy de broma. Yo también me río ahora :)

19 junio 2010

Cuando te plantan

Siempre anónima me preguntaba en los comentarios del post anterior "¿por qué guardas ese diario? ¿Qué sentido tiene después de tantos años que lo leas o lo consultes? ¿Por qué conservaste esa carta, que tanto daño te hizo, durante tanto tiempo?". Le respondo aquí mismo: Porque siempre he disfrutado recordando las buenas historias y, sin disfrutar, he querido recordar también las malas, primero por instinto (en esa historia que suscita esas preguntas, tenía 13 años) y más tarde porque me di cuenta de que una historia enterrada sin elaborar se sale a veces de la tumba e incluso muchos años después no te deja dormir con su ruido de cadenas, como un fantasma. Lo peor es que la mayor parte de las veces ni siquiera sabemos de quién o de qué son esas cadenas que suenan, porque lo enterrado está olvidado. Y ahí entran las terapias psicológicas o psicoanalíticas que intentan rebuscar en nuestro subconsciente a ver por qué tenemos una determinada fobia, miedo o lo que sea que nos hace sentir mal.

Hoy comentaba en otro blog sobre el aprendizaje de las rupturas sentimentales. Siempre son duras, incluso si eres tú quien pone el punto final, pero si tú no querías ni siquiera una coma y es la otra parte la que zanja el asunto, entonces te encuentras más perdida que carracuca. Si encima es algo inesperado, viene la estupefacción y la desesperación, intentas comunicar con la otra parte, le preguntas y, si tiene la deferencia de responderte, normalmente su respuesta no te satisface (te suele parecer incoherente) y vuelves a preguntar y a fuerza de preguntar puedes recibir respuestas incluso contradictorias, con frecuencia dolorosas. En el fondo, lo que hay de la otra parte es un "no quiero seguir esta relación y te voy a contar lo que haga falta para que tú tampoco quieras seguirla".

Rupturas he tenido varias, pero que haya sido yo "la abandonada" han sido dos (me refiero a relaciones en las que creí estar profundamente enamorada). Además, las dos veces fue de un hoy para mañana o de un "hasta esta noche todo maravilloso y mañana por la mañana no existe nada, es más, no existió nunca". En los dos casos, en teoría sin venir a cuento, no ha habido ni un adiós, ni una causa, ni una explicación, sino una "desaparición" repentina y sin palabras de la otra parte. Duro, durísimo, lo que se te viene encima, porque no entiendes nada y además de no entender nada te quedas como quien va corriendo a toda velocidad y de pronto se estampa contra un muro que no estaba allí un segundo antes. De repente se acabaron los proyectos y los sueños comunes, y como resulta que por lo general (sobre todo si esa ruptura ocurre en la primera fase, la del enamoramiento), no tenías más proyectos que los comunes, pues te quedas sin horizonte de la noche a la mañana.

La primera de esas dos veces, cometí los errores más comunes: le escribí cartas y la busqué (no estábamos en la era internet ni de telefonía móvil). No se hizo encontrar y las cartas regresaban a mi casa devueltas sin abrir. Recurrí a conocidos comunes, incluso a su madre, pregunté por ella. Necesitaba saber qué había pasado. Escribí toneladas de papel continuo de impresora (aún conservo también esos papeles amarillentos y ya desordenados), narrándome nuestra historia. Primero yo me hacía la culpable, aunque sin saber por qué. Luego escribía horrores sobre ella, su juego, sus mentiras, su traición, su dejarme sin una palabra... Y luego me harté de escribir y archivé el legajo. En todo ese tiempo de escritura compulsiva, "peregrinaba" por los lugares comunes y recurrí a una psicóloga. Me enteré mucho después de que era una psicoanalista (nunca antes había ido a terapias y no sabía las diferencias entre una cosa y otra), que no me decía ni mu ni le veía la cara, y yo allí en el diván recostada hablaba sola. Yo tenía que formularme preguntas y darme respuestas. No sé si me las di, pero también llegó un momento en que me aburrí de aquello: me harté de hablar(me) de aquella historia. Fue el día en que, por primera vez en muchos meses, disfruté sentándome sola en una terraza a tomarme una tónica. Aquello había sido un interminable parto de meses.

¿Y de qué me sirvió y me sirve aún recordar perfectamente todo el proceso? Entre otras cosas, la principal, darme cuenta de que todo pasa, de que aunque te quedes sin horizonte, es que no puedes verlo, estás cegada. El horizonte está y lo descubres más tarde cuando te quitas las legañas y te limpias los mocos. Pero también aprendí que cuando alguien decide marcharse, sea con explicaciones o sin ellas, lo mejor es dejarlo(a) ir sin preguntar. Las respuestas llegan y si no llegan (caso de mi primer abandono), dejan de importarte un tiempo después, aunque sea mucho. Todo eso es importante tenerlo bien elaborado, masticado y digerido, porque "para otra ocasión", aceleras los tiempos de recuperación. Aunque tengas que pasar por las fases de la culpabilización propia y después de la ajena, éstas son mucho más cortas y menos angustiosas.

La segunda vez fue la releche, porque la persona en cuestión, después de años, decidió venirse a vivir conmigo "para siempre"  y a la semana, cuando volví de trabajar, no estaba. Había desaparecido con todas sus pertenencias, para siempre (afortunadamente). ¿Le mandé un SMS a ver qué había pasado? ¡No! ¿Un e-mail? ¿Una llamada telefónica? ¡No! ¿Indagué entre sus amistades o familiares? ¡No! Me dije: Quien se va de esta manera, y no deja ni una nota explicativa, simplemente se quería ir. Me comí los mocos a solas, como era mi obligación y mi derecho, y adiós. ¿Qué motivos tendría para irse? Busqué en mí y no los hallé. Y aunque los hubiera hallado no había explicación a su falta de explicaciones más que el hecho de que se quiso ir, no le interesaba luchar por nada. Más tarde, no mucho más, supe que fue una jugada. La promesa del "para siempre" fue su guinda a una relación larguísima de malos tratos, humillaciones y vejaciones por su parte hacia mí, que me dejó empantanada en una casa que "me pidió comprar antes de venir", dos trabajos que le encontré y por los que di mi palabra a quienes se los dieron y un largo etcétera. Pero eso no viene al caso, el caso es que se largó y yo no moví a partir de ahí ni media ficha más. Adiós, que ya me ocuparé de mí misma. En poco tiempo estuve tan bien que no quería pareja ni de coña, me lo estaba pasando de perlas, hacía lo que me daba la gana y cuando me daba la gana. Era libre y fue cuando decidí que si algún día me gustaba otra persona, podría ser mi pareja siempre que, como mínimo, estuviese tan bien como estaba sola.

Del primer plantón aprendí a no cometer los mismos errores en el futuro. Del segundo, aprendí también: que nunca más me iba a dejar maltratar por nadie. Y todavía seguiré aprendiendo, hasta el momento de morir. Por eso no quiero olvidar.

17 junio 2010

Amnesia selectiva

Quienes seguís mi blog Candolescente sabéis que trabajé de los 14 a los 16 años en un pequeño taller clandestino durante 9 horas diarias por las mañanas para poder ir al instituto de 4 a 9 por las tardes, y que cuando aún tenía 13 años una carta anónima me sumió en una profunda tristeza durante meses y dio al traste con mis estudios aquel curso. Del primer hecho guardo un recuerdo neutro, ni bueno ni malo. Estaba fuerte y decidí hacerlo porque quería demostrar y demostrarme que podía ser independiente y pelear por mis objetivos a pesar de las mil cortapisas que me imponía la vida (por decirlo genéricamente) por el hecho de haber nacido mujer. Del segundo hecho apenas he hablado a lo largo de mi vida con un puñado de personas muy cercanas, hasta que lo conté en el blog. Con mis padres nunca más salió el tema, tuve que demostrarles ciertas cosas y la suerte se puso de mi parte para poder hacerlo, varios meses después. Las pruebas me demostraron inocente... Inocente... qué horror. Era una mujer, una niña. Un niño no habría tenido que demostrar nada. De ese recuerdo guardo emociones fuertes, que no se irán, porque fue la primera vez que supe que alguien era capaz de urdir una mentira cruel y soez para hacerme daño gratuitamente, anónimamente, porque fue la primera vez que fui consciente de que no tenía vida íntima, cuando aquella carta timbrada llegó a casa dirigida a mí y la abrió mi madre, porque supe que no basta con suplicar que te crean para que te crean, porque supe lo que un hombre, incluso un adolescente, puede llegar a hacer al sentirse despechado por un "no, no bailo", porque supe que la vida de una niña era más difícil que la de un niño y presentí que, por paralelismo, también sería más difícil más adelante mi vida como mujer.

Fueron dos etapas muy duras, ya digo que una de ellas la conservo en el lugar de lo neutro, fue dura pero no traumatizante. La otra es una de las peores cosas que me han ocurrido en la vida, por todo lo que he dicho en el párrafo anterior, pero básicamente porque mis padres no me creyeron y durante mucho tiempo sentí que me hacían el vacío. Quizás esté equivocada y su seriedad lacónica solamente fuese la preocupación por aquellas letras mal mecanografiadas, pero yo lo viví en una soledad  y una angustia adolescente que no quiero ni puedo olvidar. Porque no olvidando se aprende.

Pero olvidar también puede ayudar a sobrevivir, aún así yo prefiero recordar para procesar la información y corregir o no mis actos futuros, en definitiva para aprender. Mis padres, sin embargo, prefirieron olvidar. Ni siquiera son conscientes de esa preferencia, y de eso estoy segura. Es más bien amnesia selectiva, involuntaria, un proceso por el que se entierra una vivencia cuyo recuerdo nos haría sentir terriblemente mal. Más tarde, con el tiempo, no duele, porque no puede doler lo que no ocurre ni ha ocurrido nunca. Sabia es la mente.


Ayer, durante la comida, hablábamos de mi sobrino, que ha decidido abandonar los estudios dos semanas antes de fin de curso. Coincidíamos en que debería ponerse a trabajar, porque ha sido un niño del todo-fácil, del ábrete boca y obtén lo que pides. Entonces mi padre me contó mi vida, pero en versión censurada:

- Cuando tú decidiste dejar de estudiar y ponerte a trabajar, te diste cuenta a los quince días de que trabajar sin cualificación, ser explotada, no era lo que querías y entonces me dijiste 'Papá, quiero volver a estudiar'. Dejaste el trabajo y te matriculaste en el instituto por las tardes.

- No, papá, ¿no te acuerdas? seguí trabajando, pero entraba mucho más temprano que las demás, para hacer la jornada completa, a las 5... y para luego estudiar por las tardes. Entré al taller en junio de 1973 y lo dejé en junio de 1975 cuando empecé el otro trabajo.

- ¡Eso es mentira!, ¿cómo puedes decir eso? ¿cómo habríamos permitido que una niña de 14 años saliera de casa a las 4 de la madrugada sola, por esas calles, a oscuras...? ¡No estuviste en aquel taller más de quince días, antes de matricularte en el instituto, luego te dedicaste a tus estudios nada más! -Mi padre alterado, gritando... No lo había visto nunca así, igual que si lo estuvieran acusando de un asesinato y tuviera que defenderse a toda costa.

- Mamá, tú que tienes buena memoria lo recordarás, ¿no? 

- No, no recuerdo nada -respondió mi madre, seria, lacónica y mirando al infinito. 

Deduje que habían olvidado (mi madre algo menos) porque aquello les dolió por mí, porque quizás no se lo perdonaran a sí mismos. Por eso les dije que para mí fue una buena experiencia, me fortaleció, aprendí y maduré, y que quizás yo me estuviera equivocando y fueran quince días. No quería hacerles daño. Ahí quedó la cosa... de momento.

Entonces mi padre me dijo: 

- Es que aquel año cuando decidiste dejar de estudiar, suspendiste varias asignaturas en junio, luego las aprobaste todas en septiembre, toda una proeza, pero claro, ese año te lo tomaste de vacaciones, seguramente con esa edad estarías más pendiente de tus amigas y de los chicos... 

- Aquel año, lo que ocurrió fue que pasé varios meses muy mal, por aquella carta.

Mis padres se miran fugazmente muy serios... "Aquella carta..." dice mi padre.

- Sí, estuve muy mal durante meses, hasta que se supo quién la había escrito y por qué.

- ¡No, hija, no! ¡No hagas falsos testimonios! - volvió a gritar mi padre- Aquel mismo día que se recibió la carta, fuimos tú y yo a hablar con el niño que te la escribió, que recuerdo que no estaba, que se había ido de vacaciones y ya lo dejamos. ¡A ti nunca te traté mal, nunca me enfadé contigo por eso! ¡No digas lo que no es cierto!

- Sí, eso fue en julio, cuando fuimos a hablar con el niño, el mismo día en que supe que había sido él. La carta la recibimos en noviembre.

No, no, no... Mi padre casi lloraba gritando no. La negación superlativa. Mi realidad desde mi vivencia y desde la suya eran dos verdades completamente distintas. Ambas eran verdad: la mía porque la viví y no la quise olvidar. La de ellos porque la vivieron y prefirieron olvidarla, transformarla, y pasó a formar parte de su verdad, con todas las de la ley.

Tenía que marcharme al trabajo. Balbuceé un "es que tengo muy mala memoria, sé que siempre me has protegido, papá, lo pasé mal y punto, no tiene nada que ver contigo ni con mamá", mientras me tragaba una lágrima, sonriendo.

Cuando llegué a casa por la noche ya dudaba de mi propio recuerdo ¿y si era yo la que lo había transformado por algún capricho de mi mente? Fui a buscar mi diario de entonces. Allí estaban los dos años trabajados en el taller y la referencia durante meses a mi soledad y mi pena por aquella carta. Hasta no hace mucho también estuvo ahí la carta misma, no quise tirarla, porque no quería olvidarla, pero la tiré hace cuatro años cuando mudé de casa y de vida.

Pensé que no tendría que haber dicho nada, me dije a mí misma "bocazas que has hecho sentir mal a tus padres", me sentí culpable. Hoy, después de muchas horas de reflexión, concluyo que tuvo que ocurrir y que algún sentido ha de tener que así fuera, seguramente para aprender que un hecho presenciado/vivido por dos personas puede arrojar testimonios totalmente incompatibles sin que ninguna de esas personas esté mintiendo.

16 junio 2010

¿Cómo se borra un día? Reeditado

Un día de aciertos y desconciertos,
de encuentros y desencuentros,
de recuerdos que nadie recuerda,
de memorias que recuerdan lo que no fue,
de palabras que se tergiversan,
de lágrimas anacrónicas,
de deseos cobardes.

¿Y si cortamos un trozo del vídeo y unimos la noche de ayer con la mañana de mañana? ¿Se puede?

Reedición

Pertrechada de mi MacBook me fui a la cama para ver en cinetube una película o una serie. Me decidí por una serie por la que tenía curiosidad y que no había visto: Caso abierto. Me gusta la criminología (ya lo dije, ¡si hasta pensaba estudiar este año un máster!). Empecé por el primer capítulo, dejé la luz encendida. Vi las primeras escenas y me ha despertado primero el despertador de la mesita de noche (lo he apagado y he seguido durmiendo), luego el que tenía sobre la cómoda (me ha obligado a levantarme para apagarlo, por eso lo pongo allí). He dormido 9 horas. ¿Felizmente descansada? Hecha papilla es lo que estoy, me habría quedado durmiendo todo el día, pero hoy tengo que ir a trabajar, aunque entro tarde. 

Ayer tuve una mañana de muchas horas de clase, de mucho explicar dudas de lo más variopinto, luego comida en casa de mis padres, que lejos de ser una de esas comidas amables acabó siendo un poco caótica, por bobadas. Lágrima en ojo, pero bien oculta por una sonrisa de no pasa nada, salí pitando al Mercadona para comprar, que el frigo da risa, pero me embalé por el pasillo central y metí lo en el carro la cuarta parte de lo que necesitaba y el doble de lo que no necesitaba, porque a las cinco tenía reunión de trabajo: nos reuníamos los once de aquellos catorce (porque no iba incluido el personal no docente). Esa reunión merecería cinco post aparte. Saqué dos cocacolas de una bolsa del mercadona y así calentitas me las bebí durante la reunión. La estúpida no abrió la boca. El resto de personal estúpido, incauto, inteligente, malvado y no catalogado, habló o calló, según mandaba su etiqueta. Y volví a casa como el de la matanza de Texas que contaba Jirafas en Gerundio, pero en vez de una motosierra, llevaba cinco bolsas del Mercadona y un bolso cogido de una sola asa. Las llaves en la boca y el paquete de tabaco vacío dentro del bolso abierto, muerta por llegar y fumarme un cigarrillo que no tenía.

Mi mujer, en Barcelona, en las barricadas que le tocan.

¡Qué bien! ¡He dormido! Ahora me voy al frente con la cabeza alta. Esta tarde me toca huelga de brazos caídos y de blogs en ristre :) 

11 junio 2010

Estúpida

Incauto o desgraciado (D), el que beneficia a los demás causándose perjuicio a sí mismo.
Inteligente (I), el que se beneficia a sí mismo beneficiando a los demás.
Malvado o bandido (B), el que obtiene beneficios para sí perjudicando a los demás.
Estúpido (E), el que causa pérdidas a otros, sin obtener beneficio o incluso perjudicándose.

Resumen copiado del blog de Maikix.
Me gustó el resumen que hizo Maikix sobre la estupidez humana y eso que todavía no se había empezado a liar el follón en mi trabajo, pero siempre se barrunta lo que se cuece por el olor que desprende, y ya me olía lo que iba a pasar en breve. También se me ha venido a la mente la historia de El señor de las moscas y cómo somos capaces de destruir un paraíso en un tiempo record. Nuestra sección del instituto es un paraíso: catorce personas entre personal docente y no docente, silencio, árboles (ay, no, que los 150 árboles de 40 años los cortaron para que no se pudieran caer con el viento), mucho espacio, aulas inmensas, medianas y pequeñas para todos los gustos, suficientes medios, alumnado mayor de edad y bastante apañado... .

Así, a grosso modo, observo que hay cinco personas incautas, ninguna inteligente, una malvada, cinco estúpidas y tres no catalogadas. El premio a la estupidez se lo lleva una compañera... ¿compañera? no sé si se merece ese calificativo, pero era por no poner tía. El caso es que "gracias" a ella, las otras trece personas estamos bien jodidas, aunque ella no haya obtenido ningún beneficio, a no ser que se cuente como beneficio el regusto que puede dejarle hacer putadas a los demás, que debe ser importante, porque la señora lleva un currículum puteador que no para... 

10 junio 2010

Becas y cosas que no entiendo

No son alumnos míos, pero sí del instituto. Voy a poner aquí un corto diálogo mantenido con un compañero mío que les da clase. Son chicos del PCPI, en su mayoría de etnia gitana y residentes en un núcleo urbano muy particular, a donde no puede entrar ni la policía, se niegan a llegar los taxistas y se apredrea al autobús urbano. Es importante reconocer que el compañero y la compañera que les dan clase están haciendo una exquisita labor con estos chavales, que no faltan a clase y están aprendiendo muchas cosas, casi diría que más sobre valores que sobre las materias de estudio. Esos chicos -no hay chicas este año- forman un grupo muy compacto y respetuoso con las mil diferencias que hay en esa clase (unidos y respetuosos entre ellos a pesar de lo heterogéneo de edades y particularidades: síndrome de Down, distintas razas, religiones, nacionalidades y problemáticas familiares y sociales)

Yo: L, necesito saber los libros que pondrás el próximo año para PCPI, porque me pide la lista el equipo directivo para informar durante la matriculación.

L: No voy a ponerles libro, yo siempre les doy fotocopias. La mayoría son chavales de "El Fuerte" y no tienen recursos para comprar libros.

Yo: Pero si todos tienen becas de una buena cuantía... 

L: Sí, pero estos chicos no gastan el dinero de la beca en libros, se compran dos o tres chandals de marca, buenas zapatillas y buena ropa, quieren el último móvil y en casa un televisor de 50''...

Yo: Pero...

L: Ya, ya sé lo que me vas a decir, pero tienes que tener en cuenta que es su cultura. Un chico de "El Fuerte"  que no esté a la última en ropa y tecnología está mal visto entre ellos mismos, se sentirán inferiores y rechazados por su entorno. Para ellos es algo vital. Es su cultura.

Yo: Pero las becas son de nuestra cultura, las piden y las aceptan...

L: No sabes nada de su mundo. Si no tuvieran esa beca, no tendrían ropa buena ni tecnología que lucir y no vendrían a la escuela.

Yo: (Me callo, porque no lo entiendo. Tal vez debería conocer su mundo. Pienso escribirlo en el blog para saber otras opiniones y experiencias y, si es posible, llegar a comprender).

Anécdotas "becarias" de fin de curso

El otro día en clase veo a dos chicos veinteañeros muy guapotes, sanotes y bien vestidos (a su estilo), que no conozco. ¿Quiénes son esos?, pregunto. Fulanito y fulanito, me dice la delegada de clase. Son dos nombres que están en la lista, que vinieron la primera semana de clases y luego no volvieron a aparecer. Me dirijo a ellos, les digo hola y les pregunto ¿Tenéis beca? Ambos me responden al unísono SÍ. Entonces he comprendido por qué han venido a final de curso. La asistencia a clase en ciclos formativos es obligatoria, la delegación de Educación pide informes de asistencia y el centro los remite. Quien no asiste pierde su beca (ha de devolverla), pero... siempre se puede hacer el paripé a final de curso y presentarse a los exámenes. Ambos superan los 3.000 euros de beca ¿La perderán? Deberían.

Otras anécdotas becarias

Cada año hay dos o tres chicos o chicas en cada clase que provienen de otros países y que tienen becas españolas de unos 6.000 euros para estudios. Vienen a diario, no se pierden ni una clase, pero no quieren aprender, se dedican (en silencio, todo hay que decirlo, no molestan a nadie ni quieren relacionarse con nadie tampoco) a entretenerse en lo que les apetece hacer: escribir cartas, dibujar, soñar... Esas becas son sus "sueldos", con los que pueden vivir en un apartamento alquilado entre varios, y les queda para comer. 

05 junio 2010

¿Mi marido?

Vino hace tres días porque yo la invité.

Le había puesto mucha ilusión, pero no ha servido de nada. Estuvo en casa dos meses, de febrero a abril, después de morir su marido y no pasó nada trascendente, excepto que fue la primera vez que madre e hija habían tenido una relación normal ¡increíble y durante tanto tiempo! Le tomé muchísimo cariño, porque en muchos aspectos es una persona entrañable, de la tierra, sencilla e ingenua, pero sobre todo porque es la madre de mi mujer y eso da muchos puntos (ya sabéis lo que opino de la importancia-influencia de las madres sobre nosotras). Sabía que tenía sus puntos negros (y gordos) con respecto a su hija, pero creí que era cuestión de darle cariño e integrarla para que no le salieran. Sabía también que no es maldad lo suyo, sino puntos de locura. Se monta películas en su cabeza y no hay forma humana de hacerla razonar. Para ella es absoluto y real lo que imagina.

Ayer, después de llamar ladrona a su hija, quería marcharse y yo me apresuré a buscarle billete de vuelta a su casa, pero Pepa me dijo "déjalo estar, es una de sus pataletas para llamar la atención, realmente no quiere marcharse". Desde que no encontró sus 50 € en la billetera (no trajo dinero, aunque creyese que sí), y dedujera de inmediato (como siempre, toda la vida, cuando no encuentra su dinero) que su hija se los había robado, no ha sido posible que reflexione sobre otras posibilidades, por ejemplo el no haberlos metido ahí antes de venir o que se los hubiera robado yo (ni siquiera jurándole que soy una cleptómana compulsiva).

A partir de ese momento ha entrado en acción ese su otro yo que conocía de oídas: Encerrarse, llorar, fuerte y seguido durante horas, como un bebé grande, y revolver nuestros armarios, ordenadores y cajones cuando se ha quedado sola en casa.  No sé qué se imagina que escondemos, pero siempre rebusca a escondidas -se sabe la anatomía íntima de nuestros cajones mejor que yo-. Lo cierto es que, una vez más, ha cogido algo que no le pertenece y lo ha metido en su maleta, un libro de su hija (hemos hecho la vista gorda), mientras que un libro que le he regalado yo (uno de los últimos que he escrito) lo ha dejado "olvidado" sobre la mesa, con un letrero invisible de "métetelo por el culo". Aunque todavía no nos había dado ocasión de contarle lo de nuestra boda, por las huellas del delito sabemos que ha encontrado el certificado de matrimonio y las fotos, luego las sospechas se han confirmado al despedirse. 

No le hemos hecho caso a sus berridos, la hemos dejado lamentarse, comer, dormir y llorar todo cuanto ha querido. Esta tarde, tras su maratón de 30 horas,  ha dejado por fin su reclusión para subir y pedirnos, hipando como si la hubieran matado, que le compremos el billete. Esta vez, su propia hija ha ido de inmediato a comprárselo (entonces ha llorado más fuerte todavía, realmente quería que le pidiéramos, una vez más, que no se fuese). Luego la ha acompañado al aeropuerto, pero antes ha venido a despedirse de mí. Le he deseado un buen viaje y ella me ha dicho:

- Para otra vez que me invites, pregúntale antes a tu ma-ri-do.
- Quieres decir a mi mujer ¿no? -Ha hecho mutis por el foro.

P.S. Olvidé decir que ha desheredado por enésima vez a su hija.

04 junio 2010

Da un poco de miedo pensarlo

Esta tarde me llamó A. desde Bolivia. Se marchó hace un mes para estar un tiempo con su madre y sus hijos, a quienes no veía desde hacía cuatro años. A su vuelta, pensaba traer consigo a sus dos hijas menores para que viviesen aquí con ella y su marido. Ella trabaja en casa a media jornada desde hace aproximadamente un año. Le pagamos el máximo de lo que podemos, que no es mucho, tiene su seguridad social, sus dos pagas extras completas y un mes de vacaciones pagadas. Mayo ha sido su mes de vacaciones. No sabía cómo decirle que no se trajese a las niñas y no se lo he dicho. Solamente le he hablado de las novedades: mi reducción salarial que comenzará en junio. Ella lo ha entendido y ha fingido no estar llorando. Estoy preocupada porque no voy a poder pagarle su sueldo ni voy a reducírselo, como harán con el mío. No voy a permitir que trabaje lo mismo para ganar aún menos. Esa familia hoy por hoy depende casi al 100% de mi salario (la mía sin el casi). El marido se quedó en el paro cuando cayó el negocio de la construcción, después recibió el subsidio por desempleo, que ya se agotó también. Ahora trabaja en chapuzas que le encargan, tres o cuatro días al mes.

Ambos son buenos trabajadores y muy buenas personas. Han trabajado y pagado sus impuestos durante años en nuestro país y ahora querían traerse a las dos pequeñas, sobre todo ella, que ya no quiere seguir echándolas cada día de menos, pero los proyectos se están truncando. Aquí no hay mucha esperanza laboral a corto ni medio plazo.

Soy una simple persona asalariada, una funcionaria media, cuyo salario está compuesto de una pequeña base y un montón de complementos, trienios y sexenios. Como yo y por debajo hay muchas más personas que también pagan a alguien para cuidar a sus hijos o a sus padres ancianos mientras trabajan. Por la misma regla, supongo que muchos de esos pequeños trabajos dependientes dejarán de existir. Y eso supone muchos miles de personas más en la calle, sin trabajo ni medios de subsistencia. El Estado no puede hacerse cargo de todos ellas. Algunas se marcharán a sus países de origen, otras se quedarán a la espera del milagro de un trabajo como el de antes.

¿Qué podemos hacer nosotras? Desde luego vamos a reducir cualquier gasto prescindible para que ella pueda seguir con nosotras en las mismas condiciones, pero no sé cuánto podremos mantener esa situación. Intentaremos encontrarle otro trabajo. Me preocupa no ya solo ese problema de dos personas concretas, sino el efecto multiplicador de esa teóricamente "inofensiva" bajada salarial.

Si no habéis oído la versión especial "crisis" del "Algo pequeñito", aquí va:

03 junio 2010

Un poco, siempre, fuera de lugar

La imposición de la moda de la delgadez ha traído enfermedades importantes como la anorexia y la bulimia. Toda moda conlleva su antimoda, por reacción o por pendularidad. Los extremos del péndulo nunca son saludables. Cada mujer está en su derecho de mostrar dignamente y sin complejos su propio cuerpo neto (redondo, delgado, patizambo, tetuto, culón, de modelo...), y de adornarlo con sombra de ojos, cortes de pelo, depilaciones, teñirse el vello de rosa, ponerse 'piercings', tatuarse o  no hacerse nada, libremente,  ya que la forma de un cuerpo, una forma de vestir o de arreglarse, nunca debería ser, sin más, un motivo de burla ni de exclusión social.

Sí, sin lugar a dudas, soy feminista. Lo que pasa es que mi feminismo no es de libro, ni es moderno, ni antiguo, ni convencional, ni de los que arrancan aplausos (algunos abucheos sí, de todas partes). Es raro, como yo.  Durante una vida entera quise pertenecer a colectivos con los que me sentía identificada, pero no encajé bien en ninguno. La mayor afinidad que he encontrado con cualquier colectivo o movimiento ha sido una gran mayoría de ideas que siento, sigo y defiendo, mezcladas con una o unas cuantas que no entiendo o no me gustan y que, por supuesto, no apoyo ni hago mías. ¿Cómo puedes militar activamente en una asociación, un movimiento o un partido político si no estás de acuerdo con el cien por cien de sus objetivos o su fondo? ¿Con qué cara vas a llevar una pancarta con una idea que no sientes propia? Por eso nunca me afilié a nada, por saberme libre de discrepar o, cuanto menos, de no apoyar una determinada idea aún apoyando la mayoría. Las disciplinas de grupo me ahogarían o me harían sentir hipócrita. Solamente defiendo y apoyo ideas de grupo que siento mías, profundamente; al igual que rebato las que son contrarias a mis sentimientos o principios, sin importarme qué grupo las defiende; y no participo, no opino o no me muevo ni a favor ni en contra de las que no entiendo o de las que me traen sin cuidado.

De este preámbulo se puede extrapolar esa sensación que siempre he tenido de no pertenecer a ningún mundo de los que existen en éste, lo que me ha valido sentirme sola infinidad de veces y, otras muchas, saberme mirada con recelo y desconfianza ("¿de qué palo va ésta?"). Si algo bueno me ha traído la madurez (edad) ha sido dejar de importarme la soledad o la rareza. Allá por mis veintipocos años -valga de ejemplo ilustrador- mantenía en secreto que me gustasen canciones de José Luis Perales, desde que un día le escuché decir a una amiga mía que la suya era música para "solteronas puritanas". Ni era solterona (ya estaba casada a esa edad) ni era puritana, pero me llegó la duda: si la música de Perales le gusta a las solteronas puritanas, yo debo de tener alma de solterona puritana... y no voy a dar a conocer este aspecto horrible de mí. Ahora no me importa decir lo que me gusta o lo que no. Intento que no se ofenda quien, con ilusión, me hace oír un disco de heavy metal y me pregunta si me gusta. Seguramente lo escucharé con atención, le encontraré algo bueno y se lo diré, pero añadiré que esa música estimula mi hipertensión y me provoca ansiedad. En otro tiempo me habría callado la segunda parte.

Hace poco que he descubierto por mí solita (¡mira que soy lenta!) que estar gorda o dejarse crecer el vello pretende ser un distintivo feminista. Entiendo el fondo vindicador que hay en ello: oponerse a la presión machista sobre el cuerpo de la mujer y a la obligación que nos hemos metido a lo largo de siglos de modelar nuestro cuerpo, vestirlo, maquillarlo y adaptarlo a gusto y servicio de las demandas del hombre. Pero al igual que (casi) nunca hombre alguno me llevó al camino que quería llevarme (no lo afirmo rotundamente, porque también tengo mis puntos históricos negros), ni he seguido las modas si no me gustaban, tampoco estoy de acuerdo con que fomentar la obesidad deba ser un objetivo feminista. Porque yo soy feminista y no quiero engordar ni llevar flecos como no me gusta llevar la melena por la cintura, pero porque a mí no me apetece, no porque me lo mande hombre ni moda alguna. Tampoco me atrajo (casi) nunca una mujer rellenita, cuestión de preferencias sexuales (me refiero a la práctica del sexo). Esa es mi libertad, y amante como soy ante todo de ella, de la libertad, respeto a quien ve las cosas de otra manera y veo la belleza que hay en el cuerpo redondo como en el angular, pero no quiero llevar por bandera ni uno ni otro ni el intermedio, si es por mandato o por moda. 

En los dos últimos años he engordado 12 kilos sobre un peso estable de 58, que he mantenido sin sacrificios ni privaciones desde los 15 años. Ese aumento se habrá debido a pasar demasiadas horas trabajando ante el ordenador, a la falta de actividad física y a que me aburría y me desesperaba escribiendo libros y cada dos horas me levantaba de la silla para comer una magdalena con un colacao o un bocadillo de salchichón. También la edad influye. He notado que conforme "crezco" retengo más líquidos y se me hinchan los tobillos y los dedos de las manos en verano.

¿Operación verano?

Hace dos meses me puse a régimen. No, no es para ponerme mona y lucir cuerpo serrano en las playas (no suelo ir a la playa ni a la piscina), ni porque a mi chica le disgusten mis love handles, tampoco porque no se me claven ojos  por la calle o porque esté de moda la delgadez. Es porque:
  • Soy hipertensa funcional (a veces tengo picos importantes) y este exceso de peso me ha afianzado la hipertensión.
  • No quepo en mi ropa y no está la economía para cambiar el armario.
  • Puedo caminar pero no correr, ni subir o bajar escaleras, porque me duelen las rodillas. El sobrepeso, con la edad, produce desgaste en las articulaciones de las piernas y pies.
  • Los penúltimos análisis dicen que mi colesterol (el malo) está alto, así como el azúcar.
  • Me canso mucho al hacer ejercicio físico (léase subir andando una cuesta por ejemplo).
  • No reconozco mi cuerpo.

Ya he perdido casi 8 de esos 12. De nuevo puedo correr, subir y bajar escaleras sin que me duelan las rodillas. Hago ejercicio a diario. Mi tensión arterial es buena incluso sin pastillas. He recuperado los niveles saludables de glucosa y colesterol, me siento ligera y puedo ponerme la ropa de hace dos años. Vuelvo a sentirme bien con mi cuerpo. Cuestión de estética, sí, y de bienestar y salud, sobre todo a partir de una cierta edad, cuando todo exceso se traduce en colesteroles y otras molestias. Ahora solamente queda dejar de fumar, que además de ser bueno para la salud, está de moda.

¿Cuántos puntos he perdido al esforzarme por recuperar un peso saludable y haberme depilado las axilas antes de ponerme una camiseta de tirantes en estos días de calor? Sé que ninguno (para la mayoría), pero hace tiempo esa duda me habría preocupado y este post no habría sido escrito. 

¿Alguna más se ha sentido fuera de lugar? ¿En qué?