19 agosto 2010

Historias de la ectoplasta y su hermana. Capítulo III

La maldita puerta enana estaba todavía en mi baño. La anterior propietaria no había cumplido su parte del contrato por el que la habría tapiado antes de la escritura. Me dijo que no encontraba albañil y le propuse mandarle al mío, Manolo "el manitas". Le presupuestó 50 euros y le pareció un robo a mano armada. Después de aquello la donna desapareció.

La escalera que da a la planta inferior, donde está ese baño, no tenía luz todavía. Mis hijas y yo bajábamos por la noche a tientas, sin hacer ruido y con la mirada fija en el fondo oscuro del pasillo. Cualquier ruido nos hacía dar un respingo. Además de ser fea y mala, a fuerza de tener malafollá la ectoplasta tiene impreso un gesto invariable, como las arrugas de expresión de la gente normal, sólo que a ella se le ha levantado el labio superior y enseña los dientes, lo que le da un aspecto de que hueles a mierda y de que, a pesar de eso, te quiere morder. Y luego esa fea costumbre de materializarse en mi casa...

Si a media noche había que ir a ese baño, primero encendíamos la luz, asomábamos la nariz y mirábamos la puerta misteriosa. La jodida puerta se abría hacia el lado ecto-plasmático y era por allí por donde tenía el pestillo.

Al segundo día de vivir aquí y en espera de que pudiese venir "el manitas" a tapiar la puerta decidí poner algún sistema de seguridad. Bajé a comprar una cuerda fina de plástico con núcleo de acero. Até fuertemente un extremo a la manivela de la puerta enana y el otro a la base de la taza del váter, que está en el extremo opuesto. Para conseguir abrirla tendría que arrancar el váter del suelo.

Como la manivela tenía la manilla plana, le puse encima unos granos de pienso de los gatos para saber si en algún momento la ectoplasta hacía el intento de entrar cuando dormíamos o habíamos salido de casa. Pero incluso con esas medidas de seguridad, se presentía una presencia al otro lado de la puerta enana, unas veces en forma de aliento, otras por el roce de la bata y las más porque de pronto nos apagaba la luz. Y es que mi baño tenía dos interruptores conmutadores, uno en mi pasillo y el otro en la mansión ectoplasmática. Las funciones corporales se congelaban en nuestros cuerpos.

En mi mente había muchas preguntas, la primera era ¿Conseguiré ponerme de acuerdo con el ente para quitar la puerta y poner ladrillos en su lugar? Sin acuerdo aquella puerta era intocable, un acceso abierto al más allá.


El desenlace está en vuestra mente... Dejadla hablar libremente.

9 comentarios:

  1. Candela decide llamar a la anterior dueña.

    -...y dígale a su hermana que vamos a tapiar esa puerta, pero que hasta entonces, no se le ocurra entrar.
    -Mi hermana? Mi hermana murió hace 5 años.

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  2. jajajaja, el desenlace peor que se me ocurre es que tapiaras la puerta y se quedara de tu lado!

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  3. Madre mía... ¡es escalofriante! Menos mal que me he podido reír un poco con lo del pienso de gato, que sola en casa como estoy ya veía venir a mi ectoplasta particular por el pasillo.

    Me sumo a la versión de prófuga, por más acojone que me dé... ;)

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  4. no se quien es peor si profuga o tercera, jajajajaaaaaaaa

    queremos el desenlace real. ¡ectoplasta!: QUE HAS HECHO CON CANDELA CANO??? ¡¡RESPONDE!!

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  5. Ante la presencia de Manolo, tomada en primera instancia como agresiva e invasiva, la Ectoplasta relajó el gesto amargo de su faz y lo tornó en un intento de sonrisa sensual y seductora. El manitas no salía de su asombro cuando se descubrió a sí mismo como objeto del deseo de tan singular y etéreo concepto de materia viva.
    Rozando apenas con su zapatillas de pañete a cuadros y suelecillas de goma, el firme en donde Manolo había colocado los ladrillos y la mezcla de cemento, se situó tras el operario que permanecía inmóvil, acercó sus casi inexistentes labios a su oreja,y lentamente comenzó a desprenderse de su guatiné. Con un susurro apenas perceptible le dijo,

    -Coge tus trastos, atraviesa esta puerta junto a mí, séllala por dentro y haz que abandone esta forma de fluido etérico semimaterial que soy, Manolico mío.

    Desaparecieron puerta, hueco Manolo y la ectoplasta. Se encontraron la guatiné y una de las zapatillas en el interior del bidé. El baño por fin quedó aislado para alegría y tranquilidad de la familia Cano. Hay gente que asegura, que en noches de luna en cuarto menguante, han visto a Manolo y Ecty fluir felices por las inmedicaciones del Residencial, como cuerpos líquidos y luminosos, rodeados por un halo de tejido protéico y cartilaginoso.

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  6. Candela... estás causando verdaderos estragos en nuestras febriles imaginaciones. Prosigue, prosigue, que ya hice acopio de todas las pipas del quiosco!!

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  7. mmm... mala idea comentar después de jirafas pero bueno...

    "Candela decide que después de todo 50 euros no sn tanto dinero y le ofrece a Manolo que en lugar de tapiar la puerta coloque una trampa para que cuando la ectoplasta abra la puerta enana, le caiga encima un balde que contiene (colóquese aquí la sustancia que más asco le de). La ectoplasta cae y dicen las malas lenguas que no ha vuelto a salir de su casa porque nadie puede soportar su olorcillo que va muy conjuntado con su gesto..."

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  8. Jajaja... ¡¡me encantan las nuevas versiones!!

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  9. jajaja, entre tu post y el comentario de jirafa, mmmmm, no sé con cualquier quedarme
    besos

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