30 septiembre 2010

Un punto G en el espacio

Los otros planetas del sistema Gliese

Después de varios años de observaciones sobre un planeta de otro sistema solar, denominado Gliese 581-G, se ha descubierto no solo que tiene un 100% de probabilidades de albergar vida, algo que ya resulta interesante, sino que podría ser habitable por seres humanos, al tener agua y unas condiciones atmosféricas similares a las de la Tierra. De momento se va a quedar en un sueño, porque el planeta está a 20 años luz del nuestro y, aunque consiguieran viajar a la velocidad de la luz, llegarían viejos además de despeinados.

Un sueño no obstante curioso, entre otras cosas por la longevidad que puede alcanzarse en aquel planeta, más de 700 años para un ser humano nacido y criado en Gliese 581-G. Alucinante ¿no? Pues no, teniendo en cuenta que allí un año dura 37 días. ¿Os imagináis la vida en aquel planeta, con estaciones de 9 días y pico cada una?.

Llega la primavera, hojas, hierba, flores...

¡Chuf!

Nueve días más tarde las flores están marchitas, hace un calor que te fríes. En nada fin de las clases, vámonos de vacaciones.

¡Chuf!

A los nueve días empieza a refrescar y se reanudan las clases (eso si la administración educativa de allí es generosa, porque si es como aquí, las vacas se quedan reducidas a seis días y amenazarán con dejarlas en tres).

¡Chuf!

A tres días de curso se caen las hojas de los árboles y hace un frío de pelarse. Lluvia, hielo, nieve... Saca del armario la ropa de invierno que guardaste hace 19 días.

¡Chuf!

(...)

"Por ti no pasan los años" cobraría sentido.... Regalos de cumpleaños, aniversarios de boda, selectividad y Papá Noel cada 37 días. Oye, que el niño cumple mañana 70 años, cómprale la tarta y las velitas. ¿Otra vez el cumple de Carlitos? ¡Qué estrés!

Otra de las curiosidades a la que nos enfrentaríamos sería que allí no hay noche y luego día. O lo uno o lo otro. Si vives en un costado del planeta tienes siempre noche y si vives en el otro siempre será de día, porque el planeta no tiene movimiento de rotación.

En la parte nocturna del planeta será tan difícil oír "no he pegado ojo en toda la noche" como "he dormido a pierna suelta toda la noche". Sin embargo de eso no podría deducirse que los habitantes de La Noche padezcan de insomnio o de hipersomnia. Los delitos siempre tendrán la agravante de nocturnidad, el negocio más floreciente sería el de los rayos UVA y sería el país de los sueños de góticos y góticas. La verdad es que tiene que tener su encanto y, aunque no viviría allí para siempre, una noctámbula como yo pasaría en La Noche buena parte de sus vacaciones, por lo menos tres días.

Cirque du Soleil, una maravilla en Granada


Esta noche hemos ido las tres a ver Saltimbanco (trailer al hacer clic), del Circo del Sol. Había oído decir que sus espectáculos eran algo tan bonito que no se podía explicar, sin embargo nunca me había picado la curiosidad. Circo al fin y al cabo, pensaba, mientras recordaba todas las veces que me llevaron al circo de pequeña y cuánto me gustaba. ¿Pero ahora circo? Bueno, pero sin entusiasmo.

He pasado dos horas con la boca abierta. He salido pensando qué mentes son capaces de idear algo que está milimetrado al segundo, cada movimiento es parte fundamental de un todo que se va engranando, que te sube la tensión, te provoca una carcajada, te encoge el estómago, te hace saltar una lágrima, un grito y un aplauso sin dar tregua al bostezo, una sorpresa detrás de otra.

Fuerza, fragilidad, ternura, sonrisa, música, color, bruma, voz, danza... un derroche de imaginación y de fantasía que te hace ver cuerpos como libélulas, reptiles, simios o colibríes, engarzados, sueltos, que vuelan y se abrazan. Nunca había visto un espectáculo humano más hermoso. Ni una foto ni un vídeo pueden dar siquiera una idea de lo que es en realidad. Valen lo que cuestan.

28 septiembre 2010

Huelga general ¿Quién ha acabado de convencerme?

En la década de los 80, y no recuerdo en qué años fue, se convocaron varias huelgas en la enseñanza, las reivindicaciones eran tan justas que se caían por su propio peso. Fui a cada huelga, una tras otra, aisladas en el tiempo. Ni caso. Solamente teníamos encima, como una espada de damocles, a la opinión pública, que si mira los maestros que no dan un palo al agua, que si las vacaciones, que qué quieren ahora, que si pitos que si flautas. Solamente funcionó la cosa cuando pasamos a las huelgas intermitentes, cada jueves. Ahí empezaron a plantearse negociaciones y tal. La solución vino algo más tarde con la huelga indefinida. Al mes ya se habían abierto los ojos de quienes antes no veían razón a nuestras reivindicaciones.

Desde hace meses se habla de esta huelga general de mañana, con reivindicaciones justas, justísimas como hasta ahora no las había conocido. Rodeada como estoy de preparadas paradas que solamente encuentran trabajos de 600 euros si y solo si cumplen con unas exigencias empresariales que ni ellos mismos se creen que haya ser humano que pueda cumplir, como aquel que le ofrecieron a Pepa de vender libros de 6.000 euros/unidad, sin sueldo fijo, sólo variable (comisión), y pon el coche, el móvil, la gasolina y por supuesto pon a tope tu capacidad de engañar, si es que existe una posibilidad de colocarle a alguien, ni siquiera mediante engaño o amenaza, un libro de 6.000 euros. Ni que fuera un Picasso...

Tan justas y razonables me parecen las reivindicaciones que se llevan a la huelga, que un día, un triste día, me parece poco. Que en casa ya nos decimos desde hace dos años, como sin querer, que hay que echarse a la calle, todo el mundo, que esto no puede aguantarse más, que hay mucho fraude, demasiado capitalismo, demasiada miseria, demasiada explotación empresarial -e institucional- (y ojo, hay fraude también entre los trabajadores, mucha economía sumergida, aunque sólo sea de tres al cuarto, pero cobrando el paro mientras tanto). Por eso y porque como trabajadora he ido perdiendo derechos durante años y ni mi sindicato ni otros sindicatos han dicho media palabra, porque han firmado acuerdos con la Administración que no puedo entender si es que alguien se vende o alguien se deja comprar o es que me escapa algo fundamental, pero no lo entiendo. Porque mi mujer busca y busca trabajo y no encuentra, porque quiere emprender y le cuesta tanto dinero que tendría que hipotecarse de por vida y no le hipotecan nada porque no tiene trabajo, porque mi hija es joven y está más que preparada y sólo encuentra trabajos basura en donde la exprimen como a una naranja, porque mi amiga tiene 51 años y la han largado del trabajo donde ha pasado toda su vida, con unos tejemanejes que a la cosa nostra le erizarían los pelos, porque mis alumnos, porque mis alumnas, porque, porque, porque...

Un día... un solo día para tanto...

Pero he ido leyendo, a Lena, a Amapola, a Lía, a otras. He ido dándome cuenta de que para hacer un kilómetro hay que empezar por dar el primer paso, como aquellos primeros pasos de los ochenta en la enseñanza pública, que no sirvieron pero abrieron puertas a más pasos y a toda una carrera. Hoy salí del trabajo convencida casi al 100% de que yo también iba a secundar la huelga y sobre todo, de que mañana no me iba a quedar durmiendo hasta tarde, sino que iría a la manifestación, que mi voz gritaría con otras voces, porque hay que hacer oír lo que está pasando.

De camino a casa , me he parado en un bar a comprar tabaco (oh, delincuente de mí) y la tele estaba puesta. Hablaba Rajoy ante no sé qué súper-empresarios (estuve un minuto), decía que esta huelga hundirá al país en la miseria, que lo que se perderá mañana a nivel económico tardará en recuperarse no sé cuánto y algo más que me ha impactado y del impacto se me ha olvidado(*). Conclusión: Rajoy, acabas de convencerme del todo. Mañana iré a la huelga.


Pepa, Mayita y yo -una parada de larga duración, una estudiante futura parada y una funcionaria reducida- mañana estaremos de huelga e iremos a la manifestación.

(*) P.S. Me acabo de acordar: Que esta huelga va a causar una lesión imborrable en la imagen de España (ante el mundo supongo). ¡¡¡Pero pordió pordió!!!

26 septiembre 2010

Fraude, explotación y silencio ¿Quién irá a la huelga?


En tiempos de crisis y con un montón de personas paradas a nuestro alrededor, cada día escuchamos historias de despidos improcedentes que pasan por procedentes, de jornadas interminables, de abusos, de contratos de los que no se cumple ni una cláusula, de ofertas de trabajo "honradas" que prometen 600 euros al mes con unos horarios, exigencias y condiciones laborales como en la Edad Media. Digo honradas porque dicen de antemano lo que te espera si te aceptan. De ofertas de trabajo fraudulentas, en las que ofrecen un salario A y te entregan a final de mes un salario A/2, te ofrecen en contrato un horario B para exigirte in situ B +5, que en contrato te dan las competencias C y en la realidad te exigen C x 3.

Por ilustrar con un ejemplo algo que se va haciendo costumbre, puedo contar un caso real, sin dar nombres de personas ni lugares no sea que encima me encuentre con una denuncia en el juzgado. El empresario Sr. Fulanítez es un hábil pescador de ríos revueltos. Gordo de gula, gotoso a base de buenas carnes, mariscos y caldos, inculto de Guiness, malhablado, amante de los buenos coches y los buenos chalets, que tiene varias empresas intocables. Cuenta con una envidiable plantilla dinámica (ver el significado de plantilla dinámica en el post de Alma Máter), buenos profesionales y buenas personas, pero sobre todo gente que necesita aguantar como sea y lo que sea con tal de poder dar de comer a su familia y pagar a duras penas la hipoteca, bajo la amenaza de que a la más mínima protesta por las condiciones laborales, el señor Fulanítez le diga que por la puerta se va a la calle y que la lista de espera para ese puesto de trabajo da la vuelta a tres manzanas.

Hace dos años Fulanítez ofreció a una persona licenciada universitaria un puesto de trabajo en una de sus empresas, concretamente un establecimiento hotelero. Las condiciones verbales fueron: Trabajarás como comercial dedicándote exclusivamente a promover la contratación de eventos -bodas, bautizos, comuniones y comidas de empresa-, tu horario laboral será de 7 horas diarias con dos días libres a la semana, el salario neto será de 1.200 euros mensuales. La persona en cuestión aceptó el puesto y se dedicó en cuerpo y alma a llevar a cabo todo lo que Fulanítez le encargaba, además de promover la contratación de eventos. De ahí que la persona pasó varios meses en la empresa contratando eventos, repartiendo publicidad por los polígonos industriales, animando en plan gogó los bailes de los grupos del IMSERSO, cantando bingos, rifando jamones, haciendo de guía turístico dentro y fuera de la ciudad, pinche de cocina, ayudante de recepción, corrector gramatical de los panfletos y e-mails de Fulanítez, jarrillo de lata que sirve para todo... Cobró 1.000 euros al mes. Su jornada laboral era como mínimo de 10 horas, llegando incluso a las 16 diarias. Sus días libres a la semana, cero.

Al segundo mes, el señor Fulanítez llamó a esta persona para decirle que aunque su hora de entrada fuesen las 9 de la mañana, algún día podría "tener un detalle con la empresa" y entrar a las 8.

Al cabo de un tiempo, la persona contratada estaba agotada, por supuesto su vida familiar era nula, y decidió hablar con Fulanítez para preguntarle cuándo se iban a cumplir las condiciones laborales que se le habían prometido de palabra, momento que aprovechó el empresario para argumentar la falta de dinero de la empresa y ponerla de patitas en la calle, no sin antes ofrecerle quedarse por 400 euros al mes y trabajando a media jornada (eso significaba reducir sus hasta 16 horas de trabajo a 7 u 8).

Para pagarle el último mes trabajado, el empresario le extendió una serie de pagarés, que debería cobrar en los meses sucesivos, no sin antes haber llamado a la empresa para confirmar que podía cobrarlos en las fechas que constaban en los mismos. Pasaron los meses, muchos, pero la empresa no contestaba a las llamadas, la persona intentó cobrar los pagarés, pero le fueron devueltos y tuvo que pagar además los gastos de devolución. Esa persona y todas las demás que componen la plantilla, trabajan en las mismas condiciones y la mayoría se les ha ofrecido un contrato de recepcionista, comercial, chef, etc., pero observan con estupor que en su contrato firmaron como "limpiadoras" y que ni siquiera se les está pagando lo que establece ese convenio de empleados de la limpieza.

Las personas que están en las empresas del señor Fulanítez están muy unidas y se cuentan sus penas laborales, los nuevos insultos, las nuevas amenazas, el miedo al despido, el cansancio, la explotación... Se ha trabado entre ellas la amistad que se produce en tiempos de desgracia. Las hay de todas: desde las que al ver el percal se largan al primer mes, hasta las que aguantan chaparrones, retrasos del pago de nóminas, horarios imposibles y salarios de pena porque no les queda más remedio.

El empresario Fulanítez es archiconocido en los juzgados de su ciudad por las denuncias de tipo laboral que ha ido recibiendo incluso en los tiempos de las vacas gordas y semigordas. La mayoría de las veces sale indemne, son anecdóticas las veces que ha tenido que pagar una indemnización por despido improcedente, nunca ha sido multado o sancionado de alguna manera por las condiciones laborales a las que somete a sus empleados, ninguna institución u organismo ha comprobado cómo es posible que el señor Fulanítez y su familia puedan llevar el nivel de vida que llevan si luego argumenta -¿demuestra?- falta de fondos para liquidar sus nóminas. Los empleados son testigos de las frecuentes visitas de inspectores de trabajo a las empresas del señor Fulanítez: Una vuelta por las oficinas, una copa o una comida que el empresario les ofrece amablemente, un apretón de manos y hasta la próxima. Una llamada telefónica a la Inspección por parte de uno de los trabajadores, obtuvo como respuesta que ellos no se ocupan de impagos de nóminas ni de horarios de trabajo, que solamente se encargan de que el papeleo legal esté en regla, que si tienen algo que decir se vayan al juzgado. Los sindicatos hacen ahí lo que pueden y la verdad es que en ese terreno se están esmerando, pero consiguen poco.

¿Qué más da qué tipo de reforma laboral se haga si este tipo de cosas son de sobra conocidas y las instituciones hacen la vista gorda ya mucho antes de la famosa crisis? Un inspector o una inspectora de trabajo que haga bien su tarea, se planta en la empresa X desde por la mañana en plan cliente -por ejemplo- y se dedica a observar qué trabajo realiza cada empleado, a qué hora entra, a qué hora sale, habla con el personal de la plantilla, mira sus nóminas y sus contratos... y deduce. ¿No era eso lo que tendrían que hacer? ¿No está en su contrato esa función? Y si hicieran lo que se debe ¿serviría de algo? ¿O tienen instrucciones de no "joder" ni una chispita al empresario para no aumentar las listas del paro?


¿Para qué sirve el Ministerio de Trabajo?

¿Y la Inspección de Trabajo?


¿Creéis que alguno de los empleados de las empresas de Fulanítez irá a la huelga general del 29 de septiembre?

24 septiembre 2010

¡Se llama David, igual que Pablo!



Mi disco duro está demasiado lleno. Si lo formateo para que entren los datos nuevos se me van a perder los de antes, muchos inútiles, pero quién se pone a separar lo útil de lo inútil cuando es tanto lo que hay. De todas formas, aunque pudiera hacerlo, cosa harto difícil, no sabría cómo borrar esto y poner lo otro en la carpeta de lo importante. Cada nuevo dato que entra en mi disco duro se apretuja como puede en algún rincón casi inalcanzable o se va por su propio pie a la papelera de reciclaje. Es increíble que no pueda encontrar la carpeta llamada Manolita, creada hace solo tres días y que en cambio vea por todas partes otra carpeta llamada Pepita que creé hace veinte años. No es la carpeta Pepita la que está visible y bien encajada en mi disco duro, sino que todo su contenido de audio, vídeo y efectos especiales está nítidamente impreso en sus sectores y pistas.

Ahí de pronto sale "Mi oso y yo", aquella serie infantil de los sesenta que presentaba la voz de un niño con "Dennis Weaver como mi papá y mi oso, Ben". Nombres de actores, actrices, películas con sus argumentos y finales, cantantes, alumnos y alumnas de mis veintidós años, con sus rostros, nombres, apellidos, anécdotas e historias. Sin embargo a partir de los 30 años, el disco duro se fue llenando y cada vez me ha ido resultando más difícil retener un rostro que pasó no más de tres veces ante mis ojos. Los nombres se resisten a quedarse. Quiero recordar cómo se llama ese actor que me gusta tanto y que hace el papel de Grissom en CSI, lo busco, lo encuentro, memorizo y archivo eso de "William Petersen". Otra vez que quiera saber su nombre volveré a mirar en Internet, que para eso está ¿no? Otra que me encanta es Hilary Swank, no ya como actriz sino además por su físico, del tipo que a mí me gustan. Pero cuando tengo que decir su nombre... NOT FOUND, y tengo que preguntar "¿Cómo se llama la de Million Dollars Baby?". La memoria se va perdiendo con los años -y la mía es caótica-, y algunas veces me da terror pensar cómo puede ser la vida cuando a una persona se le olviden todos los nombres, todas las fechas, todos los lugares y todas las palabras. ¿Se puede pensar sin palabras? ¿Nos podemos comunicar sin palabras si ni siquiera sabemos qué palabra utilizaríamos si la tuviéramos a mano? ¿Se puede olvidar cómo se dice te quiero? Y si se olvida cómo se dice ¿sabremos cómo se quiere?

Por supuesto cada año acabo aprendiéndome los nombres de mis alumnos y alumnas, no como lo hacía antaño, desde el primer día, pero sí consigo memorizar nombres y apellidos de mis aproximadamente 60 chicos y chicas anuales en cuestión de un mes. El resto del curso los llamo por su nombre sin problemas. Al curso siguiente, recién pasado el verano, vuelvo a verles sus caras y enseguida me entra esa angustia de tener que rebuscar en mi memoria para recordar sus nombres. O una compañera me refiere un viejo alumno: ¿Te acuerdas de José Antonio García Sacristán? Sí, claro que me acuerdo de ese nombre, pero ¿a qué cara y a qué tiempo corresponde?

Este año me lo voy tomando con calma. Ayuda el hecho de que nos hagan empezar el curso con 4 en lista para completarse con 30 en los primeros días de octubre. Suelo recurrir a algunas reglas nemotécnicas para fijar en mi memoria sus nombres: Parecidos a otras personas que recuerdo, asociar el nombre a su cara o a alguna circunstancia (hoy se presentó un chico llamado Sufi, algún compañero bromeó diciendo que esa era la nota -sufi- más alta que iba a sacar. ¡Clic! Guardo el nombre con la anécdota y ya se queda todo ello memorizado). Mi anécdota "nominal" de hoy ha sido cuando veo a un chico nuevo en clase que se parece muchísimo a Pablo, un amigo de Mayita, pero a este amigo de Mayita siempre le he visto cara de llamarse David. Le pregunto al chico nuevo su nombre y me dice: Me llamo David. Y yo pienso para mis adentros ¡Qué bien, este no se me olvida, se llama David, igual que Pablo!

23 septiembre 2010

No me gusta que me inflen

Con 25 años me caí esquiando y se me estropeó la rodilla derecha (no tiene que ver con el post anterior, es casualidad). Como no soy fanática del esquí ni de ningún otro deporte no me supuso un trauma no volver a deslizarme más por las pistas de Sierra Nevada. Podría haberlo hecho si me hubieran arreglado la rodilla, que me sirve para todo menos para esquiar. Las pruebas que me hizo el traumatólogo decían que tenía roto el menisco externo, pero había que hacer una prueba más para confirmar el diagnóstico. La prueba consistía en inflarme la rodilla con aire o con algún contraste y hacer unas radiografías. Hasta ahí llegué. Me negué a que me inflaran la rodilla y con el tiempo se fue arreglando sola.

A los 27, después de varios años de intentar, sin éxito, quedarme embarazada por segunda vez y cuando ya me habían hecho todo tipo de análisis y pruebas -de ovulación, de permeabilidad de trompas, de hormonas...- y ver que todo estaba bien, el médico decidió hacerme una laparoscopia para mirar bien mis entresijos. Antes de aceptar le hice explicarme con pelos y señales todo lo que me haría durante la intervención. Cosa fácil, cuestión de 20 minutos, un agujerito de nada junto al ombligo, una cámara que se introduce y estudia el terreno, un par de puntos y listo. ¿Anestesia? Sí, general. Ummmm, nunca me habían anestesiado, así que le dije al médico que si eso era todo, necesitaría unos días para digerir lo de la anestesia y ya le respondería. En un par de semanas conseguí echar el suficiente valor como para aceptar que me dejaran inconsciente, me taladraran y me cosieran. Se lo comuniqué y me dio fecha para pocos días después. Tenía que ingresar una noche antes y me harían la laparoscopia a la mañana siguiente, cuando me tocase, porque había muchas mujeres para hacerse ligaduras y laparoscopias y no se sabía cuál sería mi turno.

A todo esto, en un alarde de valentía, decidí que nadie se iba a enterar -excepto mi entonces marido- de que me iban a hacer una intervención quirúrgica. Le prohibí decírselo a nadie. Ahora no estoy muy segura de si era por demostrarme a mí misma ser Mariquilla la intrépida o porque no quería que nadie me contara novelones sobre anestesias mortales, que eso se llevaba mucho por entonces, no las anestesias, sino que era enterarse de que te pasaba algo y enseguida, como sin querer, te contaban historias similares a la tuya que acababan en la fosa.

Ingreso una tarde, en el más absoluto de los secretos. Tenía una compañera de habitación, una chica algo mayor que yo a la que le iban a practicar su segunda laparoscopia. Las dos pasamos la tarde charlando, viendo la tele y riendo. Ya por la noche nos traen la frugal colación previa a una intervención quirúrgica y no pude evitar acordarme de cuando se hacía la matanza en casa, que desde el día anterior no se les daba de comer a los cerdos. Nos dormimos y a las siete de la mañana entra una enfermera en la habitación, dice mi nombre y me indica que vaya al baño, me duche y me tumbe para ponerme una sonda, porque soy la primera del día. ¿Una sonda? A mí eso no me lo dijo el médico. A ver ahora cómo iba yo a digerir una sonda en tan poco rato. Me encomiendo a todos mis valores humanos y a mi condición de pseudo-superwoman, respiro hondo, me ducho, me tumbo y me enchufa la sonda.


La enfermera sale y la chica de al lado me anima: que dentro de nada estaré de vuelta, y que me sentiré fenomenal, porque es una operación sin importancia, solamente podré tener un poco de dolor en los hombros. ¿En los hombros? ¿Qué tienen que ver los hombros con la barriga? "Bueno, eso es por lo del aire". ¿Qué aire? "Tienen que inflarte la tripa para poder manejarse con la cámara por ahí dentro, te ponen tanto aire como si estuvieras embarazada de nueve meses, entonces ese aire comprime el diafragma y al relajarse después de la operación tiene agujetas, que se reflejan en los hombros". En la primera coma me desenchufé la sonda, en la segunda me levanté, en la tercera me vestí y cogí mi bolso. Salí de la habitación justo cuando venían con la camilla a recogerme. ¿Pero a dónde va usted? Sin mirar atrás y andando deprisa, no fuera que me arrastraran hasta el quirófano, les dije ¡A mi casa!

22 septiembre 2010

El derecho al pataleo de una pierna

Tal vez alguna que otra se pregunte por qué, si suelo escribir casi a diario, ahora he bajado el ritmo. O por qué hago tan pocos comentarios en otros blogs y apenas contesto los del mío. Habrá quien piense que por fin doy un respiro al personal... Aparte de que tengo mucho trabajo y esas cosas, lo principal es desde mediados de agosto y lo que va de septiembre parte de mis miembros se han amotinado y reclaman autonomía. La cosa empezó por el brazo izquierdo, luego la pierna izquierda, luego las dos. Qué vas a hacer tú, brazo, suelto por esos mundos como está la vida. Ni siquiera era todo el brazo, sino la parte que va del codo a la muñeca. Y si fuera decir que le mando mucho trabajo... pero no, qué va. Lo suyo y lo de los otros ha sido una huelga a la japonesa: Quieren trabajar el doble y cuando descansan se manifiestan. Poco a poco he conseguido calmar las ínfulas del brazo izquierdo y de la pierna izquierda, pero la derecha sigue erre que erre.
El viernes me dio la tarde. Venía yo del trabajo conduciendo tan tranquila por mi atasco de viernes + hora punta + lluvia + Granada cuando la pierna derecha dijo que ella se iba a dar una vuelta, que no le dolía nada pero que tenía cien ratones moviéndosele dentro. Que no, que aprietes el acelerador y el freno, y cada cosa cuando toque. Que no, que quiero salir a estirarme, y saltaba de su sitio. Tuve que ponerme muy seria y hacerle ver que los tres carriles de la autovía estaban a tutipleni, que el arcén es muy estrecho, que iba a sufrir un atropello múltiple, ella y el resto de mí, porque la cosa es que no se da cuenta de que está unida a todo lo demás por la ingle y que si ella se iba, las demás partes de mí se irían también al carajo. No piensa, no se centra. Estoy por cedérsela una temporada a los japoneses, que me he enterado de que ya han pensado en cómo aprovechar esa energía pernil. Bueno, la mía por lo menos cuando duermo se está quieta.

Total, que hace unos días pedí ayuda externa, me fui al médico y le conté lo de la pierna y que si a alguien se le ocurre darle un masaje no le duele, pero se pone de una mala hostia... Me dijo que seguramente era falta de potasio y me mandó hacer unos análisis de todo y más. Esta mañana los he recogido. Le digo a la analista: Anda, dime cómo han salido (la tuteé) y ella abre el sobre y me contesta: Uy, señora, está usted como una rosa. Me quedé pensando en el planchazo, yo la tuteo y ella me responde de usted. Luego en casa abrí el sobre otra vez para disfrutar de mi salud escrita. El informe está encabezado por: CANDELA CANO ETCÉTERA (así en mayúsculas); Edad: 65 años... ¡¡¿Sesenta y cinco años?!!

En fin, que he estado liada con el motín y no he tenido mucho tiempo de escribir y que me he dado cuenta de que lo que quieren mis miembros es desahogarse, que vaya añito que les he dado. No le voy a dar la independencia a la pierna derecha pero la dejaré que ejerza su derecho al pataleo hasta que se le pase el berrinche. Luego también pienso que hay que ver lo que son las cosas: Las dos piernas educadas de la misma manera, con la misma edad, las mismas circunstancias y el mismo ADN y el carácter tan distinto que han sacado.

¿¿¿Sesenta y cinco años???

18 septiembre 2010

_ismos y _fobias

Hace un mes me puse a buscar un segundo trabajo para la chica que trabaja aquí en casa, porque con las horas que pasa aquí no podía cubrir sus gastos mínimos de supervivencia. Busqué en internet y encontré una petición de chica para acompañar de noche a una persona anciana. Se lo comenté a esta chica y delante de mí llamó por teléfono al número que venía en el anuncio.

- ...

- Buenas tardes. Llamo por el anuncio que tienen en
internet para cuidar a una persona mayor.

- ...

- 33 años.

- ...

- Boliviana

- ...

- ¿Cómo?

- ...

- No, todos no.

- ¡Uy, me ha colgado! -me dice, mirando incrédula su propio móvil.

- ¿Qué te ha dicho?

- Que no quiere bolivianos, porque son todos unos delincuentes y unos vagos.

Cogí mi móvil, marqué el número del anuncio, me contestó un hombre. Me presenté y a continuación le dije muy educadamente lo que me dio la gana de decirle. Acabó haciendo un amago de disculpa y diciendo que gente mala hay en todas partes y buena también.

Luchar contra el marketing social requiere una inmensa fuerza interior, que ni aún teniéndola nos garantiza permanecer al margen de tendencias de la moda, políticas, religiosas, sociales o de cualquier otro origen. ¿Y por qué no basta la fuerza interior? Porque en el fondo, poco, mucho o demasiado, cada uno de nosotros -seres humanos- necesitamos sentirnos parte de un algo superior a nosotros mismos, una pareja, una familia, un grupo o un territorio. Porque necesitamos no sentirnos solos y ahí está nuestro talón de aquiles, que termianará haciéndonos comulgar con ruedas de molino. No es que al final nos unamos resignadamente a una tendencia de masa, sino que creeremos firmemente en ella, en los beneficiosos principios que la promueven y en el deseable final a donde nos llevará. Todo ello mediante la renuncia voluntaria a dosis cada vez más relevantes de libertad.

Pensemos, sin ir más lejos y aunque podría proponer otros argumentos, en la expulsión de gitanos rumanos que se está llevando en Francia, en la detención y repatriación de sin-papeles en Italia -que se inició mucho antes que lo de Francia pero que ha tenido mucha menor repercusión en los mass media- una iniciativa de la Liga Norte que se está llevando a la práctica de forma continua, sin bombo, sin platillo y sin poder argumentar causa legal alguna como la delincuencia probada. Francia ha vencido el primer asalto: "Libre circulación sí, pero no a cualquier precio", una frase apoyada en la teoría de "inmigrante pobre=delincuente", aunque la relación no esté demostrada en cada caso en particular sino generalizada porque interesa que así sea. Estamos asistiendo al inicio de una pérdida sustancial de esos derechos humanos que tanto tiempo y tanto esfuerzo ha costado conseguir. Esas actitudes se van a extender por aquí y por allá. Esas y otras, por desgracia. Estamos viviendo una era en la que apenas recordamos las _fobias y los _ismos de un pasado reciente y ya los estamos actualizando. Los mismos perros con distinto collar y a veces con el mismo. Volvemos a escuchar (con argumentos disfrazados para que no lo asociemos a los nazis) teorías muy similares a la de "constituimos una raza y una cultura diferente y lucharemos por mantener nuestra pureza". Las minorías molestas se seguirán presentando a la masa como peligros para lo-que-sea-que-nos-inventemos. Lo diga quien lo diga y lo diga como lo diga, yerra y duro.

Volviendo al marketing social, algo muy relacionado es la propaganda nazi, atribuida a Goebbels, que resumidamente tiene estos principios (fuente Wikipedia):

  1. Principio de simplificación y del enemigo único. Adoptar una única idea, un único símbolo. Individualizar al adversario en un único enemigo.
  2. Principio del método de contagio. Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo. Los adversarios han de constituirse en suma individualizada.
  3. Principio de la transposición. Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. «Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan».
  4. Principio de la exageración y desfiguración. Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave.
  5. Principio de la vulgarización. Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar.
  6. Principio de orquestación. La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas. De aquí viene también la famosa frase: «Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad».
  7. Principio de renovación. Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que, cuando el adversario responda, el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones.
  8. Principio de la verosimilitud. Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sondas o de informaciones fragmentarias.
  9. Principio de la silenciación. Acallar las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines.
  10. Principio de la transfusión. Por regla general, la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales. Se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas.
  11. Principio de la unanimidad. Llegar a convencer a mucha gente de que piensa «como todo el mundo», creando una falsa impresión de unanimidad.


Pensemos un poco ¿creemos que algo de esto está ocurriendo en nuestro mundo cercano? Si la respuesta es positiva hagámonos un favor y prestemos atención a las manipulaciones.

17 septiembre 2010

El verdadero suicida no avisa ¿tópico o estadística?

Cuando alguien amenaza con suicidarse, puede tratarse de una petición de ayuda en la batalla que libran el instinto de supervivencia y las ganas de colgar la vida en la percha y salir corriendo. En otros muchos casos la amenaza o el aviso de suicidio no son más que chantajes para obtener algo de alguien, una forma de manipular o de castigar. Se suele considerar un tópico eso de que "el verdadero suicida no avisa", pero hay que saber hilar muy fino para darse cuenta de si se trata de un riesgo real o de un intento de manipulación.

Nunca tuve seria intención de abandonar la vida por propia voluntad (contra mi voluntad mucho menos), aunque algunas veces -principalmente durante la adolescencia- lo pensaba a veces, creo que para castigar de esa manera a quienes se suponía que me tenían que querer como yo entendía y sigo entendiendo el amor. Por lo tanto no quería morirme y nunca hice ni siquiera un mínimo intento. Comprendía que si lo que quería era cariño, comprensión, comunicación y apoyo, de poco me iba a dar cuenta metida en una fosa.


Una vez alguien muy querido por mí se metió en la boca, en mi casa y en mi presencia y "por mi culpa" (sic), un montón de pastillas. Durante muchos años me había amenazado con no "despertar al día siguiente" y eso me tenía constantemente en un estado de alerta. Ese día estuve iluminada, no creí en su intención de suicidarse, le saqué las pastillas de la boca, y llevé a esa persona a su casa. Lo último que le dije fue "cuando quieras suicidarte en serio, ten la decencia de hacerlo en la intimidad, sin culpar ni avisar a nadie". Parece la frase de alguien sin corazón ¿verdad? No lo era, temblé por dentro al pronunciarla, pero en ese momento de iluminación supe que era lo que me iba a librar para siempre de aquella eterna amenaza. Pasaron muchos años y nunca más volvió a amenazarme con quitarse la vida, ni se la quitó, ni lo hará. Funcionó. A veces me pregunto qué habría ocurrido si hubiese llevado mi sugerencia a cabo, si me habría sentido culpable, pero siempre supe, desde aquel inspirado momento, que no había lugar a esa pregunta porque esa persona no era una suicida real ni potencial.

Sin embargo yo una vez sí quise morirme, solo una vez y lo deseé de verdad. Unos meses antes había llegado a un estado tal en que me había perdido a mí misma, y me culpo por ello en la medida en que me puedo culpar de haber sido tan torpe como para permitirme enredarme en una relación de esas que te dejan sin sustancia, que te hacen olvidar quién eres, cómo eras antes, cómo volver atrás a recuperar tu camino, tu forma de pensar y de sentir. En esa situación de pérdida pedí ayuda, o más bien pedí pistas para recuperar aquella mujer que fui y dejé de ser. ¿Cómo era yo antes? Mi hija mayor no me supo responder "Mamá, qué quieres que te diga, tu antes y tu ahora son como el día y la noche". Tom, Óscar y Lex, que me conocían bien, tampoco supieron redireccionarme del todo, lo intentaron, pero no me sirvió de mucho: "Eras muy distinta", "Tenías chispa", "Eras divertida", "Te brillaban los ojos"... Es como si me hablasen de un tesoro escondido pero nadie me daba el plano para llegar hasta él.

Vagué con más voluntad que acierto por aquel mapa imaginario que yo misma acabé dibujándome, pero no conseguía sentir, pensar y ser como antes, aunque sólo el proyecto de encontrar el tesoro hizo que me recuperara mínimamente de algunas pérdidas. Fue entonces, encontrándome entre Pinto y Valdemoro, cuando tuve conocimiento de algo brutal que rompió irremisiblemente todos mis mapas reales e imaginarios. Cuando eso ocurre hasta ese límite no queda más que un vacío que acaba llenándose de autorreproches o soledad o sentimentos de inutilidad o culpa insoportable o de todo a la vez. Entonces la convicción que más ruido me hacía en la cabeza, era que no había sido una buena madre, y yo recordaba que antes me había parecido serlo, pero ya no. Lo bueno de mí, o no había existido nunca o se había quedado enterrado bajo mis propios escombros. El terrible daño que había sufrido una de mis hijas se había producido porque yo no estuve atenta, porque no me detuve a descifrar ciertos mensajes. ¿Y cómo puede ser una buena madre a alguien así?

Entonces planifiqué mi escapada. Ellas eran mi pilar, las que me hacían llenarme de energía, pelear con y por la vida, hacerlas felices, responsables, buenas personas, cuidarlas, mimarlas... pero tenía muy claro que no había sabido hacerlo y -conclusión de ese período- nunca iba a saber hacerlo en el futuro. Estarían mejor sin mí. Y yo misma estaría también mejor sin mí. Mi corazón latía, mis constantes vitales eran normales, no me iba a morir, pero quería hacerlo y no parecía que pudiera ocurrir de forma natural. ¿Y la hipoteca? Tengo un seguro de vida que la cubre, pero no en caso de suicidio. ¿Y si hago que parezca un accidente? No, no... en un accidente puedo -accidentalmente y valga la redundancia- dañar a otras personas que nada tienen que ver con esto. Entonces estudié la manera de hacerlo sin dejarles una losa hipotecaria: vendería el piso, compraría otro más barato, cancelaría la hipoteca, haría testamento, les dejaría unas cartas a ellas y a otras personas a las que quiero, para que no sufrieran, para que fueran felices porque así -cualquiera que fuera mi forma siguiente, alma, energía o aire- me harían feliz a mí.

A mitad de camino de aquel proceso tan meticulosamente estudiado, de pronto fui consciente de mis no-culpas, el tiempo transcurrido (el que todo lo cura, dicen) cumplió su función, la casa nueva me hizo sentir una recién casada con nadie ("nadie", que era justo lo que quería), con mi ajuar y mis paredes nuevas, con los colores que me gustaban, con mis hijas felices con el cambio, con todo su cariño que me llegaba como un aire fresco y perfumado... Y se me pasó. Tres meses de gestiones para dejarlo todo arreglado para ellas resultaron tan provechosos que, involuntariamente, lo arreglé también para mí misma. ¿Quién quiere morirse ahora? Al carajo la muerte y a respirar la vida por cada poro. Eso era lo que sentía, como siempre antes y después de ese corto período. Nunca nadie supo de esa intención que tuve durante meses, nadie sospechó que aquella planificación que hice de buen humor (lo que iba a hacer me hacía sentir liberada) y que iba cumpliendo paso a paso, meticulosamente, tenía la finalidad que tenía. Y si nadie sospechó nada era porque yo tenía la más sincera convicción de hacerlo (¿dar pistas para que me lo impidieran? ¡No!) y no para castigar a nadie, ni para someter a nadie, ni para conseguir nada de nadie, ni para dar pena, ni para culpar a nadie. Era, sencillamente, porque no tenía ganas de vivir ni encontraba ninguna razón válida para seguir haciéndolo. ¿Una cobardía? Puede. Lo que es seguro es que se habría tratado de un inmenso error.

15 septiembre 2010

Primer encuentro: recuerdos y bebés


He encontrado a Jose, un gitano rubio que hace dos años estuvo en 1º de PCPI. No era alumno mío, pero aquel grupo de 6 y yo tuvimos buena relación. ¡Maestraaaaa! me ha gritado cuando me ha visto andando sola por aquel callejón por el que no nos gusta pasar, en donde han atracado a varias personas, incluidas un profesor, una profesora y un par de alumnos. Me ha dado un abrazo de esos suyos que ya conozco, golpeándome la espalda con la palma abierta como quien prueba el estado de una sandía, cariñoso y jovial, con su sonrisa y sus pendientes de cristales brillantes. ¿Qué has hecho este año pasado, Jose? Pues he hecho algunos cursillos y ahora estoy trabajando en lo que sale, aquí y allá, maestra, porque ahora tengo a la novia preñá y hay que espabilarse. ¿Y qué vais a hacer? -le pregunto por saber si se casan, se "arrejuntan", o lo que sea-. ¡Pues criarlo, maestra! -me ha respondido.

Jose me tuvo engañada durante los primeros días de aquel curso. Decía que era gitano rumano recién llegado de su tierra y yo lo creí. Al poco tiempo, viendo que cantaba y palmeaba a todas horas su flamenco agitanao tipo "Primica de mi armaaaaa", le dije que se había hecho pronto con el cante y el acento granaíno. Se rió y me dijo: ¡¡Maestra, si soy de Armanjaya de toa la via!! (Almanjáyar, barrio granadino)

Fue mi compañero Lucas quien me pidió uno de aquellos primeros días de curso que entrara en su clase del PCPI para presentarme a su grupo. Esta es Candela, la profesora de informática ¿vais a saludarla? Algunos permanecieron tímidos en su sitio y como mucho me saludaron con la mano, pero un grupillo vino hasta donde yo estaba.

- Maestra, yo soy Jose, y soy gitano rumano -se presentó Jose, dándome su abrazo de la sandía.
- Y yo soy Antonio, gitano de Graná - se presentaba un gitanete alto, muy moreno de pelo ensortijado, mientras me estampaba dos besos en la cara.

Desde atrás, uno chiquito, que saltaba para que pudiese verlo mejor se me presenta con:
- Maestra, maestra, yo me llamo Hammed y soy moro.

Despacio se me acercó una chica, que puso sus dos manos en torno a mi oreja derecha y susurró:
- Mamamaestra, yo, yo, yo soy María y soy síndrome de Down, pero shhhhh, que no se enteren.

Nuestras aulas, en particular las del PCPI y la ESO están llenas de color.

No es solamente Jose el que va a ser padre, con 19 años. También Lucía, de 19, estará posiblemente hoy dando a luz a su bebé, un niño. Dani, de 23 aún no conoce a su hija de dos semanas, porque se fue a trabajar fuera durante el verano. Mis chicos y mis chicas me hacen abuela-maestra.

Ya tengo la lista de los dos grupos del ciclo de grado superior a los que daré clase este año: 10 y 11 respectivamente, mayores de edad. Hasta mediados de octubre irán viniendo más, otros se irán retirando, y así hasta completar los dos grupos de 30 de cada año. Un mes de sí pero no. Mañana tendré mi primer encuentro formal con los dos grupos.

13 septiembre 2010

Grosería y agresividad que se contagian

En los últimos días he hablado con algunos vecinos y vecinas sobre el problema de los ruidos. Incluso con la presidenta de la comunidad, que al principio se mostraba muy reticente a hablar conmigo del tema y se ponía a la defensiva, pero que hace unas noches me telefoneó y estuvimos charlando durante más de una hora. Ella había olvidado algunos particulares que yo sabía, como el hecho de que entre las pocas normas que tenemos establecidas, no hay una que diga que los fines de semana se puede extender el horario de piscina hasta las 11 de la noche. No se lo creía y tuvo que consultar el último acta para convencerse.

En una llamada anterior que me hizo -aún reticente y a la defensiva- me dijo que cualquier cosa que yo hiciera para exigir respeto en los espacios comunes, ella lo apoyaría en silencio, en el fondo nada más, porque vive sola con su niña y no quiere arriesgarse a sufrir represalias, sobre todo por su hija. Me molestó que el miedo nos achante, sobre todo a las mujeres, pero comprendí ese miedo -que a ratos también es el mío-.

En esa última llamada confirmó que no se cumplen ni los horarios ni los otros acuerdos de convivencia que se han ido adoptando: en la piscina se usan barcas y colchonetas flotantes, se celebran cenas, no se duchan antes de meterse en el agua después de haberse paseado por el recinto o de haberse puesto un kilo de cremas, se juega con pelotas y balones... y sobre todo se grita sin medida. En cuanto al resto del patio común, los cumpleaños y otras celebraciones no se hacen a puerta cerrada en el salón comunitario, sino que se llena el jardín de globos y juguetes y se suelta a la chiquillería propia e invitada a jugar, ensuciar, romper y manchar lo que caiga.

Pero ¿son todos los vecinos y vecinas unos incívicos? En absoluto. Veo a madres y padres que salen con sus niños a que les dé un rato el aire, no se separan de ellos y cuidan de que no molesten ni rompan nada, pero una de esas madres me decía el otro día: "Yo salgo con mi niño y al rato me veo rodeada de 15 niños y niñas más. Los padres de esos niños me ven abajo y mandan a los suyos 'porque hay una adulta abajo'. Ellos se quedan a gusto en casa y a mí, sutilmente, me hacen responsable de los otros niños. He decidido no bajarme más". ¿Cuántas son las familias maleducadas? Cuatro o cinco. Y la novedad que yo desconocía hasta ahora es que la mayoría son precisamente las morosas, las que no pagan la comunidad. Según las leyes y reglamentos el hecho de no contribuir a los gastos comunes no implica la exclusión en el uso de las zonas y bienes comunes. Pero es que precisamente en este caso son esas cuatro o cinco familias las que han "tomado" la urbanización como cosa propia y tienen amedrentadas y/o desplazadas a las demás personas que viven aquí. Resulta que no somos las únicas que tienen quejas: Hace un año una familia se vio obligada a vender su piso y marcharse a otro sitio. El hombre trabajaba en turno de noche y de día no podía dormir. Pusieron dobles ventanas en cada habitación y eso no impidió que el chillerío insorportable penetrara en sus casa y en sus sueños. Otra familia tuvo que rebajar hasta un precio ridículo el valor de su piso para poder venderlo, porque quienes venían a interesarse por él, al ver "el percal", decían que ni regalado lo querían. Al final se lo vendieron a una familia con tres niños.

¿Qué tienen de particular esas cuatro (pongamos que haya alguna más con la que no contamos) familias para que más de 70 agachen la cabeza? Cuando alguien les pide amablemente que no hagan ruido, que no ensucien, que no rompan, que paguen y que respeten las normas, responden de forma agresiva, insultan y aumentan el ruido, se autoincrementan el horario de molestias a los demás y celebran más cumpleaños, con más invitados, más música, más pasteles y patatas fritas estampados en el suelo de barro del patio. Y sobre todo argumentan constantemente eso de "Los niños tienen derecho a gritar" y "Quien no sepa vivir en comunidad que se vaya a un chalé". Eso confirma lo que ya sabemos o suponemos mal que nos pese, que la agresividad es una de las claves para ser líder.

Esas familias que se están llevando el gato al agua, son bastante prolíficas y de ellas contamos con alrededor de 12 niños y niñas bastante pequeños, de 1 a 10 años aproximadamente. No ocultan su sonrisa al observar cómo responden sus padres a los demás vecinos. Se les entrevé el orgullo de vencedores, aunque están en neta minoría. Eso, trasladado al terreno de las escuelas y luego de la sociedad en general, es lo que nos hace tener una idea de que el mundo gira de mala manera y de que la infancia y la juventud está desmadrada. Nos permitimos generalizar cuando sólo es que los malos hacen más ruido y enseñan los dientes. Es peligroso porque se contagia, sobre todo en la infancia cuando más se admira al vencedor. Ese es uno de los motivos por los que yo soy una de las que quiere luchar, con los escasísimos medios y normas legales de que disponemos. Lo que no sé es si seré capaz de transmitir esta convicción a las demás familias respetuosas que de momento prefieren agachar la cabeza y pasar desapercibidas para esa minoría irrespetuosa.

12 septiembre 2010

Setas de producción espontánea

En un ala del salón hay un balcón que tiene un parterre de lado a lado. Ahí tengo plantadas una cala blanca, una dama de noche, don pedros (también llamados don diegos) amarillos y fucsias, una paragüina, ciclámenes y césped. Este último lo hemos plantado porque a los gatos les encanta ponerse ahí, pero escarban la tierra y luego entran y van dejando el rastro de sus patas por el suelo y los muebles. Ahora lo que hacen es comerse el césped y vomitarlo al rato. En el fondo está bien que se lo coman, una manera muy ecológica de podarlo (a ver quién mete una podadora en un metro cuadrado) y de paso se purgan. Quien no se conforma es porque no quiere...

Fotos de medio parterre



Se ha creado ahí una especie de microclima que, sólo con cariño y agua, produce unas plantas fuertes y sanas que atrae a los gorriones, mirlos y aviones (plumíferos estos últimos por suerte), e incluso una vez a una pequeña culebra. No os asustéis, que fue vernos y se marchó corriendo (reptando) y no la hemos vuelto a ver. Era una culebrita de esas inofensivas, guapa y todo.

Ahora estaba leyendo el último post de Maikix y me he acordado de que en la frondosidad de nuestro minúsculo bosque también nos han nacido setas este año, de generación espontánea, cuyas esporas las habrá traído el viento. Además también han nacido cuatro higueras (¿cómo y de dónde habrán llegaron las semillas al cuarto piso?), pero éstas las he arrancado porque supongo que con el tiempo se comerían no sólo el parterre sino el salón entero.

No he podido evitar acordarme de mi abuela, que todo lo que plantaba le crecía, incluso una vez le agarró un palo que puso para sujetar una planta: al cabo de unos días el palo empezó a echar yemas y luego hojas. Debo de ser la versión actualizada de mi abuela, pues me agarra hasta lo que no planto...

Y aquí os dejo unas fotos de las setas que recogí con idea de prepararlas en tortilla. Pena que, consultada mi compañera María, me informó de que eran una variedad no comestible de la familia Coprinus. Olvidé preguntarle después si ese "no comestible" significa venenosa. Por si acaso cambié el plan tortillero. Aunque en las fotos parecen blancas, realmente son bastante amarillas.

¡Ah, y este año tenemos una buena producción de aceitunas de nuestro olivo bonsai! Las aliñaré para el tapeo de una noche ;)


06 septiembre 2010

...y no nos llamamos Jesús

No hemos buscado piedras curiosas ni conchas, sino cristales de recipientes rotos quién sabe dónde, antes punzantes y cortantes, que la fuerza del mar ha embellecido y vuelto inocuos.

Para nosotras pocas cosas hay mejores que un día cualquiera junto al mar en una playa solitaria cuando han desaparecido aquellos miles de sombrillas, cuando no hay grito alguno que enturbie el sonido de las olas.

Para mí pocas cosas podrían igualar el placer que me regala su sonrisa.

Hoy era un lunes cualquiera de septiembre. A media tarde habían desaparecido por completo mis estigmas, de los que ya quedaba apenas poco más que el recuerdo. "El hombre duplicado", de Saramago, la mayor parte del tiempo abierto boca abajo sobre la toalla. Los ojos cerrados para intensificar oído y olfato, o abiertos para llenarse de color azul. Algunas palabras suyas, algunas mías.

Hasta que llegaron dos chicos y una chica poco más que adolescentes, que -habiendo un kilómetro de playa desierta- prefirieron sentarse a jugar a las cartas a tres metros de nosotras y a un milímetro de nuestro nirvana particular. Se divertían con su radiocasete del que salía hip-hop. Hablaban entre ellos... mmmm... bueno. Entre sus risas y entre algún que otro artículo determinado e indeterminado, pudimos escuchar solamente las siguientes palabras y expresiones: Tío, Se te va la pinza, No me rayes, Gilipollas, Zorra, Tus muertos, Por mis cojones... Y alguna que otra vez uno de los chicos se arrancaba por bulerías, o algo así, flamenqueo que anulaba no ya el sonido del mar sino el que emanaba de su radiocasete.

Al poco de empezar su fiesta dimos por concluida la nuestra. Recogimos y volvimos a casa, pero antes de abandonar el lugar, los miré y pensé "Quién sabe, lo mismo el mar acaba puliéndolos, como pule y suaviza todo lo que encuentra".

¿Desempleo? ¿Ansiedad? ¿Cansancio? ¿Chonis? "¿Claustro-fobia? (escrito así a conciencia). ¿Qué es todo eso? El trayecto de vuelta transcurrió entre nuestras palabras, sonrisas, risas... calma total. Nos sentíamos diosas de la tranquilidad. Hoy era ese día que necesitábamos -pero queremos más-.

Relajadas y con los poros abiertos, entramos en casa. ¡Nuestra casa! Dejamos unas cosas en la cocina, otras en el dormitorio y otras en el estudio. Desde abajo nos llegaba ese ruidillo....




De pronto, sin buscar la coincidencia, yo digo "Me estoy notando taquicardia". Mis palabras se mezclaron con las suyas: "Me está empezando a doler la cabeza".

Definitivamente, nuestro reino no es de este mundo residencial.

05 septiembre 2010

Las prisas por comenzar el curso


El curso en Andalucía comienza, para ESO, Bachillerato y FP, el día 15 de septiembre. En mi caso, mi alumnado es de un ciclo superior de FP. Para esas fechas se conoce la lista definitiva de la 1ª adjudicación de plazas para el alumnado. A mediados de septiembre salen las listas provisionales de la 2ª adjudicación, que recoge a quienes aprobaron bachillerato en septiembre. En los primeros días de clase, de un número máximo de 30 admisibles, contamos con una docena de chicos y chicas. Pero el 15 hay que comenzar la actividad normal de aula: explicaciones, ejercicios y otras actividades de la materia, adjudicación de equipos informáticos y asignación de contraseñas. Muchos de los admitidos están a la espera de serlo también en la universidad, así que cuando esta publica sus listas definitivas, estamos a finales de septiembre, que es cuando los no admitidos allí, agachan las orejas y se vienen aquí. O si han asistido a nuestras clases y son admitidos allí, se marchan.

La segunda quincena de septiembre y los primeros días de octubre se traducen en un chorreo de alumnado que nos va llegando o que va abandonando progresivamente, lo que hace que hasta pasada la primera semana de octubre ni son todos los que están ni están todos los que son. Después del Pilar ya casi se ha consolidado un grupo estable. La primera lista de 30, elaborada para el 15 de septiembre, no tiene nada que ver con la lista definitiva de 30 de casi mediados de octubre. Pero hasta ese momento se ha seguido el transcurso normal de las clases: explicar, hacer actividades y pasar lista. Hemos estado dando clase y material a un grupo que no tiene nada que ver con cuál será nuestro grupo.

Y aún quedan las adjudicaciones 3ª y 4ª. Lo normal es que hasta el mes de noviembre sigamos admitiendo alumnado para completar las vacantes que aún no se hayan cubierto o que se hayan producido después de abandonos. El curso pasado hubo algunas admisiones extraordinarias en diciembre e incluso una en enero. Lo cierto es que la consolidación de un grupo de 30 no se produce hasta mediados de octubre, aunque luego haya algunas bajas y alta posteriores.

Todo esto supone un problema para el profesorado. Del 15 de septiembre hasta transcurrida largamente la primera semana de octubre es casi un mes de esfuerzo inútil. No se puede avanzar en la materia, una de dos: porque has decidido no comenzar en firme hasta que se consolide el grupo, o porque tienes que hacer parones en la marcha normal de la clase para actualizar a quienes van adscribiéndose poco a poco.

Me parecía mucho más adecuado como se hacía años atrás. Comenzábamos en septiembre con la planificación del curso, reuniones, programaciones, preparación de las aulas y del material tecnológico, etc., mientras que las clases efectivas comenzaban en los primeros días de octubre para la Formación Profesional. En ese momento teníamos unas listas que iban a sufrir pocas o ninguna variación. Entrábamos de lleno en materia desde el primer día. Era igual que ahora, exactamente lo mismo, pero sin complicarnos tanto el trabajo. Ahora nuestras autoridades educativas pueden decir ante el resto del país y ante el mundo: "Se incrementan los días lectivos en los Ciclos Formativos", cuando lo cierto es que "se incrementan las horas de docencia -complicada e inútil- para el profesorado de Ciclos Formativos".

Este problema es de sobras conocido por la Consejería de Educación. Y va a seguir existiendo porque nuestro alumnado tiene mucho que ver con la universidad, ya que en grado superior una gran mayoría se ha inscrito simultáneamente en alguna carrera y en un ciclo. Por lo general optará por la carrera universitaria, de haber sido aceptada su solicitud. Hay quien decide simultanear los estudios universitarios con los del ciclo, pero en el primer mes abandona el ciclo porque le es imposible llevar bien ambos estudios.

Entonces ¿para qué tenemos que comenzar las clases el 15 de septiembre? Sí, ya sé que Europa aprieta, pero yo aseguro que los resultados finales van a ser los mismos, porque las clases de verdad comienzan a mediados de octubre, aunque durante un mes estemos allí trabajando como monos de feria tratando de hallar la cuadratura del círculo.

Conclusión 1: el profesorado, una vez más, es el perjudicado sin que ello se traduzca en un beneficio para el alumnado.

Conclusión 2: Este año no haré trabajos inútiles, salvo los papeles -inútiles- obligatorios.

02 septiembre 2010

Crisis de ansiedad

Cuando una persona dice que tiene un ataque de ansiedad, lo más frecuente es que se refiera a un momento de taquicardia y nerviosismo unido a otros síntomas como la impresión de que el aire no llena sus pulmones. Generalmente eso se produce durante o inmediatamente después de un hecho o una situación que ha provocado ese estado: un sobresalto repentino, la espera de algo bueno que va a suceder o de algo malo que no desea que se produzca, o bien simplemente el hecho de haber tomado café o algún excitante cuando no se tiene hábito de hacerlo.

Esos síntomas son de ansiedad, por supuesto, pero el verdadero ataque o crisis de ansiedad puede llegar a tener esos síntomas unidos a otros mucho más graves, según la percepción de quien los sufre. El más terrible de todos es la clara sensación de muerte inminente, que proviene de una o más de las siguientes percepciones, muy intensas:

  1. Debilidad u hormigueo de brazos y/o piernas.
  2. Sensación de que el cabello se eriza o de que alguien lo está tocando superficialmente.
  3. Sensación de irrealidad, como de no estar donde se está o de que la persona se puede ver desde fuera, sentirse extraña, separada de sí misma.
  4. Mareo.
  5. Pérdida de estabilidad.
  6. Fuerte dolor en el pecho o en el extremo inferior del esternón.

Naturalmente cualquiera de esos síntomas provoca miedo, más bien terror, y trae como consecuencia una fuerte elevación del ritmo cardíaco y con frecuencia un aumento de la presión arterial, sobre todo en personas proclives.

Pero curiosamente es mucho más común que esta situación se produzca cuando, después de un período prolongado de estrés o angustia, llega la calma. No mientras ocurre el hecho desencadenante ni inmediatamente después, como pasa en el estado que habitualmente llamamos de ansiedad. Hay personas que tienen ansiedad crónica, con episodios más o menos aislados en los que tiene esa percepción de muerte inminente. Las causas, en cualquier caso, se pueden analizar personalmente o llevarlas ante un profesional para que las detecte y busque paliativos, con lo que en adelante el miedo ante cualquier de esos síntomas es menor, se trata de algo ya conocido, y se conocen técnicas para reducir el tiempo de impacto.

Conozco bien el tema, no a nivel profesional obviamente, sino por haberlo padecido. Me inscribí en un foro especializado y encontré a otras personas a las que les había ocurrido lo mismo. Aprendí ciertas precauciones preventivas y técnicas para superarlo.

El desencadenante, en mi caso, fue un período de varios meses en que dormía no más de tres horas cada noche y me encontraba con una pseudopareja a tiempo parcial que era una persona extremadamente manipuladora y contradictoria, de esas que "enganchan". Enganchan porque tienen tu mente permanentemente ocupada en tratar de descifrar sus dobles mensajes, deslealtades y ataques. Las parejas sanas te dejan vivir en tu tiempo y tu espacio. Puedes hacer proyectos compartidos o no. Te puedes dedicar a tu trabajo y otras actividades en cuerpo y alma, sin el ruido de sus negras interferencias en tu pensamiento.

Pero, claro, yo no sabía que estaba teniendo una crisis de ansiedad. Fue algo terrorífico porque fue la primera vez que me ocurrió. Hacía días que la cosa estaba tranquila y dormía bien. Era primavera, iba en mi coche al trabajo y la vida me parecía hermosa. Iba feliz, contemplando el campo ya verde y con algunas flores y respirando el aire fresco que entraba por la ventanilla. Tan relajada y vital me sentía que ese día hasta decidí que iba a dejar de fumar. Pero había un semáforo a mitad de mi camino al trabajo, en un pueblecito, como a unos 20 km de casa y otros 20 del instituto. Estaba rojo y me detuve. En ese momento ocurrió. La luz se volvió más clara, todo era extremadamente nítido e irreal. Me sentía mareada, pero no era un mareo normal, podía moverme y pensar con claridad. Tenía los reflejos al máximo. Sin embargo yo me sentía separada de mí misma, creo que hasta podía verme desde fuera. Sentí un hormigueo primero en manos y pies, que enseguida se extendió a brazos y piernas. Me hice preguntas para saber si estaba loca o cuerda. ¿A dónde vas? A mi trabajo. ¿Te duele algo? No. ¿Puedes conducir? Perfectamente. ¿Entonces qué te pasa? Que siento que me voy a morir de un momento a otro. Dudé si volverme a casa o seguir hacia el trabajo, pero me dije: Esta sensación se me pasará, estoy bien, me voy a trabajar. Pero conforme avanzaba por aquella carretera rural, aquello iba siempre a más. Sabía que me moría. Abrí la ventanilla y saqué la cabeza por la ventana por notar fuerte el aire hasta sentir frío. Apreté el acelerador hasta no sé cuántos para sentirme viva. Un 4L iba delante de mí. Lo conducía un campesino con sombrero. Era el único ser vivo que había por los alrededores. Toqué el claxon repetidas veces para que se detuviera. ¿Para qué quieres que se pare? me pregunté. Para que alguien se entere de que me estoy muriendo, para no morirme sola. El hombre debió de asustarse o estaba sordo, porque se metió por un camino de tierra. Seguí adelante, no sabía si llegaría al instituto, pero llegué por fin. Le pedí a una compañera que me llevase urgentemente al ambulatorio del pueblo. ¿Qué tienes? No lo sé, algo rarísimo. ¿Te duele algo? No. ¿Estás mareada? No lo sé, no sé nada, sólo que estoy muy mal.

Me llevó. Tenía la tensión muy alta y 185 latidos por minuto. El médico me tranquilizó: es una crisis de ansiedad con pánico. No, no, le decía yo. Cuando empezó no estaba nerviosa ni preocupada, es que estoy muy mal, no le puedo explicar esto tan extraño. Me puso una inyección de valium, una pastilla bajo la lengua para la tensión y me llevó a una camilla. No dejé que mi compañera me quitase la mano de encima. Si me la quitaba perdía todo contacto con la vida, dejaba de sentir mi propio cuerpo. En un momento salió de la habitación y volvía a morirme. Salté de la camilla y fui al otro lado del biombo de tela blanca donde se encontraba una enfermera poniendo inyecciones. ¡Me estoy muriendo, no me dejeis sola! Pasó de mí. Yo, que siempre que había estado mala había querido pasar desapercibida, ni el mayor dolor me había sacado nunca una mínima queja... Sin embargo, relajada por el valium y con la tensión ajustada, yo seguía en algún lugar fuera de mi cuerpo.

Pasé varios días de baja. En ese tiempo no podía quedarme sola, tenía que dormir con mi hija mayor para que me tuviera la mano encima o dejaba de sentir mi cuerpo. No podía hacer nada relajante porque en esos momentos me daba otra vez. Ni un baño caliente, ni conducir (que me relaja), ni tumbarme sola en la cama, ni ir al cine. Los momentos relajantes eran los que me provocaban nuevas crisis de ansiedad. Así pasaba muchas horas, muerta de sueño, pero paseando arriba y abajo por el pasillo de casa. Y aquello duró, cada vez con menos frecuencia hasta que se quedó en un síntoma crónico que aún hoy tengo, pero que no puedo evitar porque ahora solo ocurre a los pocos segundos de quedarme dormida cuando llevo demasiadas horas sin dormir. Para eso de noche tengo una lámpara de sal siempre encendida con su luz tenue sobre mi mesita de noche. Cuando me pasa, me despierto de un gran sobresalto pero enseguida veo la luz, me resitúo y comprendo de qué se trata, con lo que la cosa se queda en unos segundos de miedo y vuelvo a dormirme plácidamente.

Aquello fue en marzo de 1999 y me ocurrió esporádicamente, estando despierta y activa, hasta 2005, coincidiendo con el momento en que aquel ser maléfico desapareció de mi vida. Después sólo eso de las noches, y sólo si estoy "pasada de tuerca", es decir, con 20 o más horas seguidas sin dormir.

Sin embargo anteanoche acabé en urgencias. Salimos Pepa y yo a hacer nuestra ruta de ejercicio diario. Charlábamos y reíamos. Me encontraba muy bien. Ya de vuelta, a unos minutos de casa, esa sensación de mareo, de irrealidad, de estar suspendida en el aire sin contacto con nada firme. El brazo izquierdo se durmió. Ella me decía que me detuviese, que me sentase en un bordillo, pero yo le dije que tenía que echar a correr. Correr hacia dónde, no sé. Correr para sentirme viva. Y así lo hice. Se me pasó, pero un par de minutos más tarde volvió a ocurrirme. No lo asocié a una crisis de ansiedad. Eso ya no me ocurría hace años si estoy despierta. Sólo era que me moría y mi mayor angustia era que no me iba a dar tiempo de ver y abrazar a mis hijas antes de palmarlas. En urgencias, nada. Me atendió un médico malhumorado, pero yo ya me encontraba bien. Le conté lo que me había ocurrido y le enseñé mi brazo (sí, el brazo ha ido a peor desde aquella vez que lo fotografié, unas venas que se han hinchado y endurecido y unos "molondrones" añadidos).

Ya me lo vio la médica de familia, me pidió una ecografía y no se ve nada anormal, pero ella misma y el médico de urgencias me dijeron que era una cosa rara. La de familia me dijo: déjalo estar, lo mismo se va como vino. El de urgencias, que podía ser una flebitis o el síntoma de una enfermedad autoinmune, sobre todo si se asocia a aquellos dos mareos. Que fuese a hacerme pruebas. Y la verdad es que ahora ya PASO de brazo. Cuando se quiera poner liso que se ponga. El susto del paseo vespertino pasó. Lo que creí que era algo grave ahora sé que fue una crisis de ansiedad. Me pregunté ¿pero qué motivos tengo ahora para que esto me ocurra? Pues seguro que los hay. Ha sido un año muy duro desde enero, pero he ido haciéndolo todo con calma para transmitirla a quien la necesitaba, he sido amortiguadora de problemas, pacificadora, anfitriona, escritora, he vivido un ambiente de trabajo en que la tensión entre compañeros se corta como mantequilla... ¿Quizás habría tenido que desfogarme de vez en cuando? Seguramente. Volveré a tirar piedras al mar.