06 septiembre 2010

...y no nos llamamos Jesús

No hemos buscado piedras curiosas ni conchas, sino cristales de recipientes rotos quién sabe dónde, antes punzantes y cortantes, que la fuerza del mar ha embellecido y vuelto inocuos.

Para nosotras pocas cosas hay mejores que un día cualquiera junto al mar en una playa solitaria cuando han desaparecido aquellos miles de sombrillas, cuando no hay grito alguno que enturbie el sonido de las olas.

Para mí pocas cosas podrían igualar el placer que me regala su sonrisa.

Hoy era un lunes cualquiera de septiembre. A media tarde habían desaparecido por completo mis estigmas, de los que ya quedaba apenas poco más que el recuerdo. "El hombre duplicado", de Saramago, la mayor parte del tiempo abierto boca abajo sobre la toalla. Los ojos cerrados para intensificar oído y olfato, o abiertos para llenarse de color azul. Algunas palabras suyas, algunas mías.

Hasta que llegaron dos chicos y una chica poco más que adolescentes, que -habiendo un kilómetro de playa desierta- prefirieron sentarse a jugar a las cartas a tres metros de nosotras y a un milímetro de nuestro nirvana particular. Se divertían con su radiocasete del que salía hip-hop. Hablaban entre ellos... mmmm... bueno. Entre sus risas y entre algún que otro artículo determinado e indeterminado, pudimos escuchar solamente las siguientes palabras y expresiones: Tío, Se te va la pinza, No me rayes, Gilipollas, Zorra, Tus muertos, Por mis cojones... Y alguna que otra vez uno de los chicos se arrancaba por bulerías, o algo así, flamenqueo que anulaba no ya el sonido del mar sino el que emanaba de su radiocasete.

Al poco de empezar su fiesta dimos por concluida la nuestra. Recogimos y volvimos a casa, pero antes de abandonar el lugar, los miré y pensé "Quién sabe, lo mismo el mar acaba puliéndolos, como pule y suaviza todo lo que encuentra".

¿Desempleo? ¿Ansiedad? ¿Cansancio? ¿Chonis? "¿Claustro-fobia? (escrito así a conciencia). ¿Qué es todo eso? El trayecto de vuelta transcurrió entre nuestras palabras, sonrisas, risas... calma total. Nos sentíamos diosas de la tranquilidad. Hoy era ese día que necesitábamos -pero queremos más-.

Relajadas y con los poros abiertos, entramos en casa. ¡Nuestra casa! Dejamos unas cosas en la cocina, otras en el dormitorio y otras en el estudio. Desde abajo nos llegaba ese ruidillo....




De pronto, sin buscar la coincidencia, yo digo "Me estoy notando taquicardia". Mis palabras se mezclaron con las suyas: "Me está empezando a doler la cabeza".

Definitivamente, nuestro reino no es de este mundo residencial.

23 comentarios:

  1. qué bien transmites la paz y la felicidad de vuestro día de playa (que guapiiiiiiiiiiiiiisima está la pepa, joer) y qué horror cuando lo contrapones con el regreso... ánimo que ya queda poco para que cierren la piscina :(

    ResponderEliminar
  2. Has bordado la diferencia entre dos mundos. Eso mismo siento yo muchas veces. Odio los gritos, los sonidos estridentes, la falta de cordialidad. Hecho de menos muchas veces la música, las palabras que dan sentido, el silencio...
    Pero ese es nuestro mundo, una convivencia, que ronda la desesperación.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
  3. Hubiera sido mejor quedarse en la playa y esperar a que los hip-hoperos se marcharan para seguir gozando... en esta ocasión, la vuelta a casa fue peor remedio. Un abrazo

    ResponderEliminar
  4. Que bien, ese relax en la playuqui. Os olvidasteis los tapones de los oidos para la "urbata". Buen símil el de los escombros desgastados y hasta embellecidos. Ya te digo. Un abrazo.

    ResponderEliminar
  5. Es que... los chonis cuando se ponen aburren hasta a las piedras pulidas de las fotos, parece que no sólo hacen ruido sino que además, necesitan público... me gusta mucho vuestro día de playa... los regresos suelen ser así, los míos acaban evaluando las quemaduras jajajaja da igual la cantidad de crema que me eche

    besinos¡¡¡

    ResponderEliminar
  6. Y más cuando descubres que existe vida fuera del residencial...

    ResponderEliminar
  7. :)
    ¡Qué gustazo ver a Pepa con esa sonrisa tan bonita que tiene! Gracias por compartir Candelita. Nosotras también tuvimos ayer tarde de playita, afortunadamente sin interrupciones. Hoy repetiremos :)
    Tenemos más de una conversación pendiente...

    besitos a las dos :)

    ResponderEliminar
  8. Ay, bendito silencio, escurridiza tranquilidad. Cualquier día me veo veraneando en Silos, pero sin gregorianos ni ná. Y esa sonrisa perenne, Pepa, que ilumina toda la entrada (sin desmerecer lo magnífico del relato de la autora y firmante).
    Tú me lo dijiste una vez, Candelilla, para apreciar la calma hay que conocer lo molesto del tumulto. Lástima que cuando llega, dure tan poquito.

    ResponderEliminar
  9. Me temo que a esos no los pule ni la piedra pómez. Yo me hubiera retirado un kilómetro más allá a seguir disfrutando del día, porque volver a los ruidos... uff!
    ¡Pepa está guapísima!
    Besos a las dos.

    ResponderEliminar
  10. T eocurre como a mí, me alteran muchísimo los ruidos, gritos y demás estados alborotadores constantes de la gente.

    Al menos pudisteis pasar un rato tranquilas y seguro que en contraposición al tumulto lo valorais muchísimo.

    Precioosos los cristales y piedras. Y con una mushasha que trasmite tanto como Pepa yo estaría feliz en cualquier playa!!

    Un abrazo

    ResponderEliminar
  11. Qué bien transmites todo lo que cuentas..¡qué bien transmites esos días de relax en la playa cuando todos se han ido y qué guapa está tu mujer¡

    ResponderEliminar
  12. pepaaaaa, guapaaaaaa, que da gusto verte "asín" de hermosa. Candelilla, preciosa, muchos años ha de pasar para que cierta gente se pula, tantos casi como la evolución del mono a la mujer (que es mucho que del mono al hombre).

    ResponderEliminar
  13. Oyeeeeeee, qué guapa la Pepa!! cada día me cae mejor... jajajajaja

    Sí, Candelilla, el mar lo pule todo, todito, todo.

    Besos.

    ResponderEliminar
  14. Siete horas, SIETE, estoy yo escuchando eso, cinco días a la semana...; ( y además aquí no hay playa.... Ains...)
    A veces imagino que soy Superlenteja y tengo rayos láser desintegradores en la mirada... porque no tengo punteria, y se me va la agresividad enseguida mari, que si no...jejeje
    Me enrollo: Te iba a decir que qué bueno tu día de P-P. (Playa-Pepa )

    ResponderEliminar
  15. Nunca entenderé ese empeño de la gente en pegarse a ti en playa y/o piscina habiendo metros y metros de espacio libre. Preciosa entrada.

    ResponderEliminar
  16. Una vez leí una explicación más que plausible: los ruidosos huyen de la soledad y el silencio porque allí se encuentran consigo mismos, algo que les aterroriza...

    Yo tengo una lámpara junto a la cama hecha por mí misma, rellena de esos vidrios rodados. Algunos de la playa, otros del río Aragón en Jaca. Me resultan irresistibles.

    Besos

    ResponderEliminar
  17. Ay, quién estuviera en esa playa aunque fuera con los adolescentes pegaditos a mi toalla!

    El mar no sé si les pulirá pero quizás el tiempo sí. A saber, yo ya me los imagino dentro de los ¿2? años o así que os separarán, jaja, con "los ojos cerrados para intensificar oído y olfato, o abiertos para llenarse de color azul" ;)

    ResponderEliminar
  18. Mujer, que igual sí los pule, pero se te olvidó echarlos al mar primero ;P

    ResponderEliminar
  19. Un solo comentario para todas, es que el tiempo no me da para más. ¡Lo siento!

    Sí que está guapa mi Pepa, y esa sonrisa... es mejor que el reiki, me deja nueva.

    En cuanto a chillones y chillonas, he descubierto que la pizca de ansiedad de días atrás se debió a mis incívicos vecinos. Todo un verano aguantándome las ganas de coger una lupara siciliana y mordiéndome las uñas. Ese día en concreto, el de la ansiedad, fue el no va más de ruido. Ahora estamos haciendo gestiones para intentar resolver este tema. El primer resultado ha sido que algunos vecinos que antes me saludaban amablemente ahora cuando les digo hola se hacen los tontos y miran para otro lado. Todavía no hemos llegado a las agresiones, excepto a nuestros coches... Pero ya iremos informando.

    Un montón de abrazos para todas.

    ResponderEliminar
  20. Por si no ves en mi blog la respuesta a tu comentario......

    Al final me voy a convertir en la serena sirena Jajajaja. Lo que me gustaría visitar esa playa en invierno, sin gente, con la arena a punto de cubrir los pinos. y poder ascender la duna tranquilamente....

    Ya sé Candela!! vámonos a vivir allí Pepa tú y yo!! alejadas de los ruidos vas a ver como se pasan las ansiedades y problemas!!
    Esto ejem.... prometo no interferir en vuestra vida conyugal...

    ResponderEliminar
  21. Wenas!! A mi también me ha pasado ese de que a tu lado se siente en la playa gente incordiadora que resquebraje tu tranquilidad. Me quedo con esa pregunta que lanzas al aire, quizás el mar termine puliéndolos.
    Saludos!!

    ResponderEliminar
  22. ¡Ojala el mar nos puliera a tod@s y nos dejara sin aristas!
    (Tu Pepa...ok)
    Alson

    ResponderEliminar
  23. ¡Ay, mis pobres!
    No obstante, deciros, con gran dolor de mi corazón, por lo que me toca, que no han mar (océana) capaz de pulir/desgastar/suavizar ciertas aristas propias de la juventud. Sólo el tiempo que, fiel a su esencia, seguirá reponiendo ejemplares nuevos que nos acompañarán e nuestro propio transcurso.
    Sniff

    ResponderEliminar