31 octubre 2010

Cuando el único referente escrito es el chat

Antes de 1995 internet estaba circunscrito prácticamente al ámbito empresarial. A partir de la mitad de la década de los 90 empezó poco a poco a popularizarse y hoy día son pocas las familias de nuestro país que no cuenten con su propia conexión. Las estrellas de la red han sido siempre la búsqueda de información y la comunicación, si bien al principio las búsquedas arrojaban pocos resultados porque apenas se colgaba información libre y accesible para la población.

En 1995 inicié un estudio sobre hábitos de chat en España y países de latino-américa, basado en Netmeeting, mIRC y Freetel. Un año más tarde extraje los resultados porcentuales del estudio. En resumen:

  • Hombre-mujer. Las mujeres eran tan escasas que casi brillaban por su ausencia. Apenas constituían el 5% del total.
  • Franjas de edad. Muy definida, prácticamente concentrada en personas de 20 a 40 años con trabajo.
  • España - países latino-americanos. De España muy pocos usuarios en proporción al número de habitantes, mientras que México que se llevaba la palma.
  • Lugar de conexión. Más del 90% lo hacía desde su lugar de trabajo.
  • Vocabulario. El de la gente de hispano américa más rico y variado que el de la española.
  • Ortografía. Mucho mejor la española que la latino-americana.
  • Motivo del chat. Las pretensiones de chat eran sobre sexo en el 50% de los casos.
Desde entonces internet ha dado pasos de gigante en todos los sentidos, desde el abaratamiento y el aumento de la velocidad de conexión a la aparición de nuevos y sofisticados sistemas de chat unido a la ingente cantidad de información que crece cada día y a la aparición de las redes sociales.

Una de las grandes diferencias -en el ámbito doméstico- entre aquel internet de los 90 y el de hoy día es la incorporación de la población infantil como usuaria y el incremento exponencial de adolescentes, tanto en número de personas como de horas de conexión diarias.

El lenguaje SMS (Short Message Service)

Los mensajes a través de móvil permiten un número máximo de caracteres. En caso de excederse se contabilizan como dos mensajes o más. Esto es así desde la aparición de este tipo de mensajería y, lógicamente, se ideó de forma espontánea un lenguaje abreviado para enviar más información con el mínimo número de caracteres. El conocido lenguaje SMS, que tiene que ver con la taquigrafía y la estenotipia.

*Taquigrafía: Sistema abreviado de escritura en el que, según el método taquigráfico utilizado, se eliminan las vocales de las palabras o se utilizan líneas curvas y rectas que representan conjuntos de letras o sonidos.


*Estenotipia: Método de escritura rápida sobre una máquina de teclado en el que pueden pulsarse varias teclas simultáneamente. Los caracteres del teclado son abreviados: La F y la V por ejemplo usan el mismo carácter puesto que la fonética de ambas letras es labiodental.


Como he escrito anteriormente, el SMS se ideó para los mensajes desde teléfonos móviles. Ese es el uso que considera adecuado la mayoría de profesionales de la educación y el aprendizaje. Ver por ejemplo este programa de actividades.

¿Qué problemas existen, por tanto, en el aprendizaje y uso de este nuevo código lingüístico?

Que en la práctica no se circunscribe únicamente a la comunicación mediante mensajes cortos con el móvil, ni siquiera a la práctica laboral como la taquigrafía o la estenotipia, sino que se extiende a las comunicaciones cotidianas escritas entre la población más joven (y cada vez menos joven, porque quienes iniciaron este sistema de comunicación en la adolescencia ahora ya tienen más de veinticinco años).

Que se lee poco o nada en lenguaje formal, científico o literario. La memoria fotográfica retiene las palabras escritas, de ahí que si escribo "aprovar" y sin necesidad de conocer reglas de ortografía, mi cerebro me avise de que algo no está bien. El lenguaje SMS usa indistintamente uves y bes, ges y jotas, equis y ches, tes y equis, ces y eses, suprime haches... No es un lenguaje ni siquiera apoyado en la fonética como lo es la estenotipia. Al ser lo único que los adolescentes leen cada día y durante varias horas, es lógico que su memoria fotográfica les muestre como referencia las palabras mal escritas y a la hora de la duda no sepan qué es lo correcto o, lo que es peor aún, que ni siquiera tengan dudas, porque lo mal escrito les suena bien.

¿Qué hay de esos trabajos que se piden en clase de Ciencias Naturales, Sociales, Educación para la Ciudadanía, etc.?

Es muy raro que se obtenga información y posteriormente se redacte o se resuma en un texto escrito a mano o a máquina. Hoy día se copia y se pega la información, como mucho se le da formato a los textos y se eliminan párrafos que no se consideran de interés. Raramente se redacta o se lee el propio trabajo.

¿Y quienes sí leen libros?

Si también chatean en SMS tienen una doble entrada de información: los libros y los chats. Ocurre igual que en las personas bilingües de dos idiomas muy parecidos, como pueden ser el castellano y el italiano o el castellano y el catalán. Se escapa alguna vez una falta por esa doble entrada de información y la memoria fotográfica. No es raro encontrar a bilingües castellano-catalán que escriben targeta en castellano o tarjeta en catalán, por poner un ejemplo. La fonética es la misma pero la ortografía no. Es fácil confundirlas. Lo mismo ocurre con la i latina y la y griega. En estos casos la incidencia de faltas de ortografía suele ser escasa.

Mi experiencia

En mi profesión de más de 30 años empecé por enseñar en la antigua Formación Profesional, año 1980. Internet era una palabra desconocida y la única entrada de información lectora que tenían las personas eran los libros, tebeos, revistas, periódicos y libros de texto. Si no se era analfabeto se sabía escribir correctamente, como mucho se eliminaban o se ponían mal las tildes y había muy pocas faltas de ortografía a pesar de que buena parte de mi alumnado llegaba a la FP con la primaria sin terminar.

Empecé a notar un empeoramiento en la ortografía hace unos diez años en lo que me llegaba de mi alumnado a través de exámenes o correos electrónicos. Desde entonces el empobrecimiento del lenguaje y el número de faltas de ortografía han ido en aumento progresivo, lo he ido viendo y me he ido alarmando. Por supuesto, aparte de que no es un hecho que me pase inadvertido, indago en sus causas. El 100% de los alumnos y alumnas que tienen demasiadas faltas de ortografía no lee libros y chatea o lee y escribe en redes sociales durante una media de 3 a 4 horas diarias. La gráfica que relaciona uso de chats - lectura de libros - faltas de ortografía, tiene toda la gama posible en la corrección ortográfica y riqueza de vocabulario. En el extremo mejor están quienes más leen y menos chatean, en el peor quienes menos leen y más chatean. ¿Son entonces equivocadas mis conclusiones? ¿Qué otros factores pueden haber supuesto ese enorme empobrecimiento en el lenguaje (incluso el más básico) y en la ortografía? Yo no encuentro otros motivos.

Procesadores de texto

Para escribir un texto sin faltas de ortografía, una salida fácil la tenemos en los correctores gramaticales de los procesadores de texto. Ahí pones "aprovar" y te la cambia automáticamente o te la señala como errónea. Pero los correctores no son la panacea. Hacia, Hacía o Asia los da por buenos independientemente del contexto. En todo caso, no hace falta pensar ni aprender, sólo saber utilizar los procesadores... Esto me alarma, ¿qué pasará si hay un declive de las TIC? ¿Somos realmente tan autosuficientes y cultos como para seguir siéndolo si prescindimos de las tecnologías?

Solución

La solución está en la familia y en el profesorado que interviene y asesora. Nos amparamos en el "ahora son más rápidos", "nacen sabiendo", como si la rapidez de respuesta -al margen de que sea la correcta o no- fuese la panacea de la felicidad y la evolución. Animar tan a la ligera a utilizar el lenguaje SMS en cualquier tipo de comunicación es una palmada en la espalda que lleva a empobrecer el vocabulario y a olvidar el propio idioma. Si no tienes palabras para expresar una idea, no puedes expresarla. Cada vez es más frecuente el uso de gestos para describir una cosa y cada vez hay más dificultades para determinar si una palabra está bien o mal escrita, recurriendo con frecuencia a algún sinónimo que no plantee dudas gramaticales... pero ¿qué pasará cuando el empobrecimiento del lenguaje no nos aporte sinónimos? No importa, siempre nos quedarán los procesadores de texto...


29 octubre 2010

Adolescentes majaras... (¿?)

Este año tengo dos grupos que son de lo mejorcito que recuerdo en todos mis años de profesora. Ellos y ellas son un encanto de gente en todos los sentidos. El único problema generalizado y que va en aumento es que cada día tienen más reducido su vocabulario y cometen más faltas de ortografía. De lo último la culpa es de los chats. En lo primero influyen otros factores de los que no voy a hablar ahora.

Hoy una de mis mejores alumnas -20 años y bachillerato terminado con buenas notas- me enseñó su pendrive para que le corrigiera unos ejercicios. Veo que el nombre de uno de los documentos era "Este ai que guardarlo". Le pregunto ¿ai? Dice: Perdona, con las prisas lo puse mal. Pues ponlo bien, anda, hazlo aquí en mi ordenador. Cambia el nombre del archivo por "Este hai que guardarlo". ¿Estás segura? Mmmmm, no, espera... "Este ay que guardarlo"... no, no... ¿Sabes qué me pasa, Candela? Que ya no sé escribir, es por los chats... a ver si lo averiguo mmmmmm "Este hay que guardarlo" ¡Síiiii!

Siento de verdad que desde la propia Junta de Andalucía se anime a utilizar este lenguaje, que venga recogido en los libros de Lengua y que se considere que amplia los horizontes de la mente por tratarse de un código reducido de bla bla bla...

Mi sobrino vino el verano a casa a pasar unos días. Le dije que si quería estar aquí tendría que asumir las reglas de casa, empezando por dejar de rascarse los eggs porque él considera por ejemplo que no ayuda a quitar o poner la mesa porque "¿para qué estáis las mujeres?". Otra regla de casa -ad hoc para menores- es que para chatear hay que escribir de forma normal y con la puerta abierta. Lo hizo a regañadientes: "Se van a reír de mí, tita". ¿Por qué? ¿Por saber escribir? ¡Pues claro, es de carcas escribir bien! Pues ya sabes, o eres carca o te vas a tu casita. Agachó la cabeza, abrió el chat y lo saludó una amiga "ola" a lo que él contestó "Hola, ¿cómo estás?" Clic... la chica se fue. ¿Ves, tita? Se me van las amigas... Al rato reapareció la niña y le preguntó si era él. Respondió que sí. ¡K ssto tio krei k era tu pdre!

Sin embargo, mi hija chatea en lenguaje normal y todavía nadie la ha llamado carca, ni siquiera le han preguntado por qué lo hace. El otro día estábamos aquí una al lado de la otra, cada una en un ordenador, ella saludando a una compañera de clase. De pronto dice: ¡Mamáaaaaa, esta compañera escribe bien! Me acerco y compruebo que pone todas las letras de las palabras, sin faltas de ortografía y ¡hasta con acentos! Le propuse a Mayita que le preguntase por qué escribía así y se lo preguntó: "Porque soy una adolescente majara y atípica que no quiere desaprender su propia lengua". ¡Toma respuesta! ¡Ole por las adolescentes majaras y atípicas!

26 octubre 2010

Ropa antigua 1

Mi madre hacía toda la ropa: vestidos, pantalones, chaquetas... y ¡la lencería!

Este verano fui un día a ver a mis padres y me acordé de aquellas bragas y sujetadores que se hacía mi madre, incluso el primero que yo tuve me lo hizo ella, era de color rosa, con un fajín bajo el pecho y a ambos lados una cinta que iba hacia atrás, volvía hacia delante y ahí se anudaba. Como tenía poca teta por entonces, recuerdo que jugando o corriendo lo que eran las copas y el fajín se me ponían de collar y asomaban por el escote, pero no se caía porque para eso estaba la cuerdecita, que se quedaba bien aferrada debajo de mis pechos.

Me dijo que aún conservaba algunas cosillas antiguas, unas hechas por ella misma, otras por su madre o por alguna de mis tías paternas. Sacó la colección de la cómoda. Tal cual estaba, arrugada, le hice fotos con mi móvil, de ahí que no tengan muy buena calidad, pero me pareció algo interesante para dar a conocer en el blog cómo era la ropa de antes, concretamente la lencería masculina y femenina.

Calzones blancos de novio de mi padre hechos a mano y con sus iniciales bordadas (no se ven en la foto). Se los puso solamente el día de su boda.

Bordados y puntillas de unas enaguas de mi madre que se hizo ella misma para el ajuar.

Enaguas blancas. Toda novia que se preciara tenía que llevar en el ajuar unas enaguas blancas.

Sostén o corpiño (arrugado), se abrocha detrás con botones y tiene un bordado en hilo de seda a cada lado. La modelo soy yo. ¿A que parecen enormes? Esos sostenes eran los Wonderbra de los años 50 y 60, aunque creo que Farala los llama antilíbido ;).

Nomenclatura

He puesto los nombres que se usaban entonces, y aunque sé que todo el mundo sabe de qué se trata, mejor escribir la equivalencia moderna.

Calzones blancos = calzoncillos
Enaguas = combinación
Sostén o corpiño = sujetador

P.D. Disculpad mis pocos comentarios y respuestas a los vuestros. Ando a toda leche con los dos últimos libros.

25 octubre 2010

Aislada y espartana

Si lees el título de este post puedes tener la sensación de frialdad, aislamiento, pobreza, falta de confort o tristeza. Sin embargo lo que quiero contar es un pequeño proyecto que inicié el pasado curso y que ya está casi terminado, a falta de un toque de tono ambiental.

A finales del curso pasado se raspó la fachada para volver a pintarla. Escondida tras sucesivas capas apareció la pintura original: un paisaje urbano diurno, con sol, luna y estrellas, casi naïf, casi infantil. Y es que la sección de formación profesional de mi instituto fue durante muchos años una escuela primaria, luego llamada de EGB, en donde se había implantado un sistema educativo muy adaptado a las peculiaridades de aquel alumnado de barrio marginal, en donde se consiguió un nivel mínimo de absentismo escolar y en donde en la actualidad, muchos años después, se recibe a veces la visita de hombres y mujeres que añoran sus tiempos en aquella escuela tan especial que fue cerrada, según tengo entendido, por temas más políticos que reales.

Una de las fachadas de la que emergen las pinturas originales



El pasado 17 de febrero hablé de mi apartamento secreto, prometí unas fotografías que por falta de tiempo no llegué a insertar y conté que, en los sótanos y en un pabellón abandonado de aquella vieja escuela, estuve buscando una habitación para mí, para esas horas que tengo de hueco o de actividades burocráticas, un lugar para no ser encontrada, lejos de ruidos, en donde me pudiera sentir sola y libre.

En el sótano encontré salas sombrías con chatarra de pizarras, material de gimnasio, sillas y mesas infantiles, mugre y frío, como se puede apreciar -y casi sentir- en las dos imágenes siguientes. Había decidido instalarme allí, limpiar todo aquello, darle una mano de pintura a las paredes, poner una mesa camilla con enaguas, un brasero, un flexo y unas cortinas, pero cuando todo estaba ya proyectado en mi cabeza descubrí que no había corriente eléctrica ni hubo forma de hacerla llegar por más mandos que encontré y manipulé.





Entonces pasé a buscar en las habitaciones del pabellón abandonado. En casi todas las habitaciones y aulas se amontonaba chatarra de todo tipo, incluso viejas fotocopiadoras y calentadores eléctricos de agua, pizarras, esqueletos, proyectores rotos de diapostivas, plintos... Hasta que mis ángeles de la guarda (las mujeres de la limpieza) recordaron un lugar "que estará muy bien para ti, tiene cortinas y todo". ¡Estupendo! Me faltaba un sofá, que no se sabe nunca si un día pudiera usarlo como siestódromo, sobre todo cuando he pasado la noche en blanco y me voy durmiendo por las esquinas. Mis ángeles de la guarda recordaron dónde había un viejo sofá, fuimos a buscarlo y lo llevamos hasta allí.

Así quedó el invento, mi apartamento aislado y secreto, con sus estanterías llenas de vídeos de ciencias naturales, de historia y de educación vial; con sus armarios llenos de centenares de mapas mundiales, continentales y nacionales del año de mariacastaño, de aquellos que se colgaban en la pizarra y que cuando era pequeña quería ir a tocar con la vara de madera que usaba la maestra para enseñarnos dónde estaba el desierto de Gobi o el mar de Bering, porque al tocarlos sonaba bonito y parecía que a cada tac tac se me quedaba grabado en la memoria un lugar que visitaría cuando fuera mayor; con su bola del mundo con bombilla fundida y sus países que ya no existen. Parte de ese pequeño paisaje está recogido en las tres siguientes fotografías.





Pero ese sitio resultó ser tremendamente frío, demasiado grande para calentarlo con la estufa que compré, que me achicharra las pantorrillas. Para estar allí sin helarme tenía que conservar el abrigo, la bufanda y los guantes, incluso ya a finales del curso pasado, cuando ya en todas partes hacía calor. De modo que guardé mi alargadera y mi estufa en un lugar seguro y esperé hasta el nuevo curso para seguir merodeando e investigando todos aquellos espacios vacíos.

En septiembre uno de mis otros ángeles de la guarda (conserjes) me acompañó al viejo pabellón con un mazo de llaves en las manos. Por fin encontré una habitación pequeña y soleada completamente vacía a excepción de un mural infantil sobre la Constitución realizado por niños y niñas de 8º de EGB hace 20 años, en 1990.



De la habitación anterior cogí una mesa, dos sillas y un armario pequeño y me lo llevé hasta allí. De modo que ahora sí, definitivamente me he instalado en mi apartamento secreto, aislada y espartana. Tan vacío que hasta mi respiración hace eco, pero algún día pondré unas cortinas, una maceta y alguna otra cosa que se me vaya ocurriendo. Además se calienta enseguida con la estufa. La buenísima conserje C., cariñosa y leal como pocas, ya está pensando en qué cosas me va a regalar para mi lugar secreto. A todos y todas mis ángeles de la guarda, conserjes y limpiadoras, les debo este sitio y este cachito de felicidad cotidiana. Solamente ellos/as saben dónde estoy si alguien me busca "en el otro lado", tienen mi móvil y me avisan. En un minuto estoy allí.



Y cuando salgo de aquella pequeña estancia, que está en el extremo de un largo pasillo, tengo esta visión de vieja escuela abandonada, en donde se oyen desde cualquier parte las gotas de agua del lavabo y cualquier mínimo ruido producido por los pájaros que anidan en los capialzados de las persianas. Por un momento se me antoja que se me van a aparecer las dos niñas de Resplandor, preguntándome ¿quieres jugar con nosotras?. No. No me da ningún miedo. Me encanta ese lugar.

23 octubre 2010

En los adentros de Blogger

Se van a cumplir dos años desde que este blog salió a la luz, si bien algunos de los primeros textos estaban ya escritos desde uno o dos meses antes. 380 entradas en este tiempo, muchas sin destino, para nadie, por pura necesidad de escribir. Más tarde, cuando el blog comenzó a ser conocido escribí de mí a sabiendas de que lo que contase iba a ser leído por cada vez más personas.

Hacía tiempo que no merodeaba por las novedades de Blogger y hoy me he dado cuenta de que se puede hacer un listado de las diez entradas más populares (he colocado el gadget llevada por mi curiosidad). Naturalmente lo más popular es lo más leído, y lo más leído es lo que se escribió cuando el blog ya no era un diario secreto. Eso significa que tendemos a leer la última entrada, pocas veces vamos hacia atrás para conocer lo antiguo, ya que no puede ser que lo que se escribió en soledad sea necesariamente menos interesante que lo que se escribió con público. Confieso que yo hago lo mismo, y en muy contadas ocasiones he viajado hacia atrás en el tiempo de otros blogs.

Hace tiempo que me surgió una pregunta ¿Somos más auténticas cuando tenemos público o es más bien al contrario? Esta pregunta tiene mucho que ver con el post de Alson "Porque no digan nada". Lo he hablado con algunas amigas blogueras y hemos coincidido en que en público nos callamos bastantes cosas: unas para no herir, otras por timidez o por prudencia, algunas por puro marketing "si apenas hay comentarios a este tipo de reflexiones, en el futuro me las quedaré para mis adentros". Y se empieza a escribir más en base a lo que se espera de ti que en base a como tú eres realmente. O se va mezclando una de cal y otra de arena, o dices a medias lo que crees, o escondes que hoy te ha ido de culo y cuesta abajo porque eso no vende o porque fulanito o fulanita van a dar palmas con las orejas, o no cuentas un chiste que te ha hecho partir de risa porque lo que vende de ti es lo serio y formal. Por poner un ejemplo propio -de muchos que podría poner- me quedé con las ganas de hablar de maikix, pero sabía que el habernos encontrado habría podido herir sensibilidades de alguien que me leía.

De esas 380 entradas solamente vieron la luz 366. Las otras 14 se quedaron en modo borrador. No quiero eliminarlas pero tampoco publicarlas. Se quedarán en los adentros de Blogger y tienen estos títulos:

  1. Mi gusanita
  2. Pasión pública, pasión felina
  3. Si nació morirá
  4. Una especie de...
  5. Sobre dirigentes
  6. Mujer contra mujer
  7. Bragas
  8. Reacción versus reflexión
  9. Fenómenos extraños III
  10. Las emboscadas de Maripili
  11. Lo que tienen en común programación y catecismo
  12. Yo paso
  13. Dislexias
  14. Burra terca

Tú opinas

Por primera vez voy a utilizar la encuesta para hacer un sondeo sobre cuál es nuestra realidad bloguera y hasta dónde llega nuestra libertad de expresión en un blog. Está puesto en el lateral y lo tendré ahí durante un tiempo, en principio hasta el 8 de noviembre, prorrogable. Pueden marcarse varias respuestas.

Por supuesto las respuestas son anónimas tanto para quienes vean la encuesta como para mí misma.

Mariquilla Quilla

Me ha contado que en primavera se rompió el nido de golondrinas que tiene en su casa y que al verlas colgadas como los murciélagos del cachito que les quedaba le dio penica de ellas, les reconstruyó el nido con yeso y se pusieron tan contentas. Que su periquito, a fuerza de estar siempre junto al canario, ha aprendido a cantar como él y luego se le ha muerto de repente. Que ha tenido que dividir la caseta de los perros en dos "apartamentos" independientes porque sus dos perras no quieren dormir juntas. Que su padre no quiere venir del cortijo porque dice que el suelo de Granada está muy duro y le duelen las rodillas. Me ha dejado una cajetilla de cigarrillos porque yo no tenía. "Para la vuelta a casa", me ha dicho. Le he ofrecido pagárselos y me ha contestado que se los pague en especie.

Este es el segundo curso que tiene otro destino, después de un buen puñado de años juntas compartiendo penas y glorias de instituto. Hoy ha venido "pa echarnos un cigarrito" en mi hora de guardia. Qué pronto se le ha olvidado que no, que aunque sean mayores de edad, esto no es la universidad y que aunque estemos solas en el patio seguro que nos pilla alguien, que a mí siempre me pillan cuando transgredo la norma que sea. Me ha preguntado cómo me las voy a apañar cuando prohíban fumar en la calle junto al instituto y le he dicho que me voy a comprar una mobilé para que me dé tiempo a ir a un descampado, matar el gusanillo en dos caladas y volver en los 5 minutos entre clase y clase, con mucho cuidado de no ir a parar accidentalmente al radio prohibido de una escuela camuflada. ¡Qué patochás inventan! dice.

Habla alto y gesticula, es profesora-maruja-campesina-ecologista-pija-progre-fumadora-hija-madre-y-esposa, y en sus gestos es una especie de Paloma de Aquí no hay quien viva, pero en rubio. Compagina gritos y tacos con ternura, compañerismo y agilidad mental. Una divertida y buena profa a la que echo de menos.

21 octubre 2010

Chiquitita libertad


Estoy cansada

de la masa boba,
de la política,
de los políticos,
del sistema educativo,
de los nacionalismos,
de las religiones,
de las lenguas,
de la hipocresía,
de las razas puras,
de las buenas razas,
del capitalismo,
del consumismo,
del proteccionismo,
de la globalización,
de la telebasura,
de la moda,
del gregarismo,
de la chabacanería,
de lo impuesto,
de los impuestos,
de la publicidad,
de la manipulación,
del moralismo,
de la homofobia,
de la xenofobia,
de los atascos,
de la contaminación,
de las falacias,
de la ley,
de la costumbre
y de los principios generales de derecho.

Qué pequeña se va haciendo la libertad
y qué lupa más grande nos han dado para verla de otra manera.

18 octubre 2010

Es mejor cuando se mueren

La otra noche, en conversaciones de cama, le dije a Pepa que si algún día nos separásemos o si ella muriese antes que yo, no volvería a tener pareja. Eso, dicho así, puede sonar mal, como que no me gusta la vida en pareja o, peor aún, que no estoy feliz de tener pareja o, mucho peor aún, de tenerla a ella como pareja. Pero ella lo entendió en su sentido exacto, porque me conoce como si me hubiera parido ¡qué digo, mi madre no conoce de mí ni la quinta parte de lo que conoce ella! Sabe de mi gusto por la soledad y por la libertad y sabe que mi encuentro con ella fue durante la quema del último cartucho. Me respondió: Si me dejaras no querría que tuvieras otra pareja, pero si me muriese sí quiero que vuelvas a ser feliz con alguien y que puedas hacer feliz a esa persona, lo harías por mí ¿verdad? No dijo nada de la otra parte, de si fuera ella la que me dejara. Claro, en ese caso supongo -no se lo he preguntado- que sí querría que volviese a tener pareja, una de dos: porque se quitaría el peso de la culpa o porque habría muerto para ella.

Me acordé de una conversación que tuvieron dos amigas mías, llamémoslas A y B. Las dos se condolían de la pérdida de sus respectivos y recientes exes -un ex y una exa-, y sin querer, como nos pasa mucho a las mujeres, se pisaban la palabra para intentar demostrar sin decirlo expresamente que "lo mío es peor". A y B seguían enamoradas de sus exes. A mi amiga A la había abandonado su pareja tras varios años de relación y convivencia. Mi amiga B había perdido a la suya en un accidente de tráfico. Se oían frases como "lo mío fue algo tan imprevisto, tan inesperado...", "viví meses de angustia viendo que se alejaba de mí y sin poder hacer nada...", "me duele mirar sus cosas por la casa, tal y como las dejó", "se lo llevó todo y me dejó un enorme vacío...", "ahora otra disfruta de sus besos, de sus ideas, de su cuerpo, de su sentido del humor..." Ambas se quedaron calladas durante unos instantes. B fijó su mirada en ninguna parte y rompió el silencio con unas palabras netas: "Es mejor cuando se mueren".

16 octubre 2010

Lex X+1: Casi todo sigue igual

Parece que fue ayer cuando celebramos el cumpleaños de Lex. Cuanto mayores nos hacemos mayor sensación tenemos de que los años vuelan, como si estuviéramos en Gliese 581-G.

Como fumadoras educadas, Mercedes y yo corremos nuestros riesgos. Por ejemplo en el cumpleaños de Lex del año anterior cogimos -por culpa del humo, según Lex- sendas bronquitis de terraza y en agosto pasado corrimos los 3.000 metros autopista intentando alcanzar a Tantaria que se llevaba mi coche.

Un año más simultaneando dos fiestas paralelas. La mayor parte del tiempo hemos estado en la zona formal en donde hemos degustado los ricos platos que han preparado B. y Lex, hemos hablado de la inexplicable muerte masiva de murciélagos en el Hospital Real y hasta de partos complicados. Ha sido porque Lex ha contado que una conocida suya espera un niño que viene de nalgas y nuestra británica B. ha preguntado muy seria que dónde está Nalgas. Después de explicarle que Nalgas está al otro lado de Regazo -que fue su duda anterior- la conversación siguió en partos naturales, hospitalarios y domésticos, tema que conocemos de primera mano Mercedes y yo y ahí podíamos marcarnos un tanto, pero cuando hemos visto que estábamos en minoría paridora, que alguna naricilla que otra se arrugaba y que alguna boquita que otra nos ha llamado marujas, las dos hemos hecho mutis por el foro y nos hemos ido un rato a nuestra fiesta privada al aire libre, como minoría fumadora. La paparazza nos ha seguido.


Comprobando hermetismo de puertas


¿Por qué es más divertida la zona "smoke"?

En la zona informal (también llamada zona libre o zona fría) los temas de conversación cambian de forma inaudita. Se pare menos y se pone a parir más, sanamente hablando se entiende. Se saca punta a los lápices, se afilan las lanzas y las lenguas, se cortan trajes a medida. Todo por el mismo precio, con el mismo botellín de Coronitas y la misma copa de Rioja que nos hacía hablar de partos naturales y murciélagos en la zona formal.

Mercedes sospecha que estamos anticuadas


¿Que nunca sales guapa en las fotos?


Todo igual, anfitrionas, invitadas e invitado, a excepción de Pepa, que esta vez ha preferido disfrutar de unas horas de soledad en casa. El mismo salón, la misma terraza, los mismos taburetes de limpiabotas, la misma paparazza que nos hace reír con sus payasadas y cucamonas. Por cierto, Lex, hemos pensado Mercedes, Mayita y yo que para tu próximo cumple nos vamos a montar una jaima en tu terraza, por dar calidez al ambiente y eso...


A punto de salir del ascensor de nuestro resi con un trozo de tarta en papel Albal, Mayita reportera ha visto en el espejo una "foto Tuenti". No se le podía escapar.

14 octubre 2010

Magdalenas caseras (modificado)

Editado: Al habla con mi madre, me dice que faltan dos ingredientes. Los he agregado subrayados.

Están deliciosas. Garantizado. Solamente hay en el mercado unas magdalenas que se parecen a las que hacían mi madre y mi abuela paterna y son las que hacen en Mercadona. Las demás magdalenas industriales e incluso las que hacen en las tahonas (permitidme esta palabra tan bonita y tan olvidada) y venden como caseras, no tienen nada que ver.

De pequeña ayudaba a hacer los moldes de octavilla y a meter la masa en ellos. Aprendí a fuerza de mirar cómo se mezclaban los ingredientes y qué punto había que darle a la masa. Era un proceso largo porque no había hornos en las casas, así que se preparaba una olla grandísima, de aquellas rojas de porcelana, y se llenaba con la masa. En una cesta se metían los moldes comprados o hechos y un mantel de algodón. Como mínimo dos mujeres llevaban ese equipaje a la tahona, previa petición de hora al panadero. Allí llenábamos los moldes con la masa y se iban poniendo en bandejas de lata que, cuando estaban llenos, el panadero metía en el horno usando una pala de madera. Conforme iban saliendo del horno se iban metiendo más bandejas y se iba llenando la cesta de caña con las magdalenas cocidas. Cuando se terminaban de cocer todas, la cesta estaba llena, se cubría con el mantel de algodón y se hacía el regreso a casa. Para conservarlas en casa durante mucho tiempo se metían en algún recipiente que pudiera taparse, pero no hermético, por ejemplo esas mismas ollas rojas de porcelana o alguna orza u otro recipiente de barro.

Ahora todo es más fácil con el horno de casa, aunque obviamente la cantidad que se suele hacer es menor, porque el horno solo admite una o dos bandejas por hornada.

Si alguna o alguno se atreve, voy a dejar aquí la receta. Adelanto que está escrito en kilos de ingredientes. Si quieres hacer menos para no pasar el día metiendo y sacando del horno casero, divídelo todo en proporción.


Ingredientes:
  • 1 kg de azúcar
  • 1 kg de harina
  • 1 kg de huevos + 2 huevos
  • 1 litro de aceite que se habrá tostado previamente con una cáscara de limón dentro
  • La ralladura de un limón
  • 1 cucharadita de bicarbonato sódico
  • El zumo de un limón
  • Una pizca de canela en polvo
  • Moldes para magdalenas de los rizados que se compran o caseros, hechos con una octavilla de papel




Cómo hacerlas:
  1. Se baten muy bien los huevos. Puede utilizarse batidora.
  2. Poco a poco se va mezclando el aceite tostado (ya enfriado o se cuajarían los huevos) con los huevos batidos.
  3. Se agrega poco a poco la harina, el azúcar, el zumo de limón, la ralladura de limón y la canela.
  4. Se mezcla bien la masa.
  5. La masa puede esperar unas horas sin problema antes de meterla en los moldes (con una cuchara grande), pero una vez en los moldes debe meterse pronto en el horno para que éstos no se humedezcan demasiado. Otra cosa importante es que el bicarbonato se ha de mezclar con la masa ya en el momento cuando vamos a meterla en el molde y enseguida al horno, no antes.
  6. Los moldes no se llenan del todo, habrá que dejar aproximadamente un centímetro o algo menos para que no se salga fuera la masa cuando crezca en el horno.
  7. Cuando los moldes están con la masa dentro, se pone por encima un poco de azúcar, sin mezclar.
  8. Se calienta el horno a 250º.
  9. Se ponen las magdalenas en la bandeja del horno y se introducen en él a media altura y solo horno (no grill).
  10. En cuanto se introduzcan las magdalenas, se baja la temperatura a 210º y se dejan hasta que crezcan y adquieran un color doradito (Si se quieren algo más doradas, cuando hayan crecido se puede apagar el horno y poner un poco el grill). Suelen requerir unos 15 minutos de cocción, algo más o algo menos.

¿Que no sabes hacer un molde casero?

Se hacía antiguamente con octavillas de folio, algo más grandes que el tamaño A6, que sería la octavilla de un A4. Si lo haces con la octavilla de A4 saldrán magdalenas más pequeñas y seguramente necesitarán algo menos de tiempo de cocción.

La octavilla se dobla en tres partes y se fijan bien los pliegues con la mano. Una vez doblada se vuelve a doblar en otras tres partes iguales y se fijan los pliegues. Cuando se ha hecho esto, se desdobla y queda así:


Y aquí un vídeo que he grabado (con sonido de fondo grrrr) sobre cómo hacer el molde.


12 octubre 2010

Esas pequeñas grandes cosas

Las tardes de otoño tienen una luz distinta a la de cualquier otra estación del año. La de ayer tuvo todos los ingredientes para hacerla una tarde feliz:

  • Hoy no había que madrugar.
  • Nuestro paseo vespertino estuvo envuelto en ese abanico de luces, sombras y colores que capté con mi móvil.




  • A nuestra vuelta, los niños del patio recogían aprisa sus trompos y las niñas los cochecitos de sus muñecas (sí, aquí observo roles). Las madres se los llevaban deprisa hacia sus casas. Empezaba a lloviznar.
  • Ya todo silencioso y nosotras en casa, el cielo se hizo de plomo mientras un haz de luz solar iluminaba la franja de viviendas que hay a pie de monte. Un inmenso arco iris se elevaba desde esas casas hacia el cielo y descendía más tenue al otro lado, sobre Sierra Nevada.


  • Pupe, mi hija mayor, vino a vernos. No la esperábamos. Traía croquetas de cocido que había hecho ella misma, listas para freír. Cuando ella viene, nos regala simpatía, alegría y optimismo. Con ella, la buena cocina, la charla amable, la sonrisa, la risa, la caricia y el abrazo están asegurados.
  • A Pupe le gusta la lluvia, igual que a Pepa, a Mayita y a mí. La tarde se hizo lluviosa y todas mirábamos a través de la ventana cómo el agua de la piscina solitaria se hacía mil pequeñas ondas bajo las gotas de lluvia y cómo las plantas del balcón se mecían y se limpiaban, agradecidas.
  • Recordé las magdalenas de mi abuela y de mi madre. Se solían hacer en otoño y se disfrutaban durante la merienda, ante el brasero, mojadas en un vaso de leche con cola-cao, en aquellos moldes rizados que se compraban o en esos otros que hacíamos en casa, con octavillas de papel blanco. (Algún día pondré la receta de esas magdalenas y un vídeo de cómo se hace ese molde. Hoy Blogger no me deja subir vídeos).

  • Tocaba CSI, una de mis series favoritas, que termina tan tarde que un lunes normal no puedo terminar de ver. Anoche tampoco, porque la noche lluviosa y el madrugón del lunes invitaban a dormirse bajo las mantas.

He dormido muchas horas. Cuando duermo mucho recuerdo los sueños. En el de esta noche yo iba a morir en unos meses. Me lo había dicho el médico. Sin embargo, salvo el miedo de los primeros momentos, el resto de mi espera de la muerte no estuvo lleno de angustia ni de miedo, sino de reencuentros, recuerdos y cariño. Escribí esas cartas que siempre dejé para la última despedida. Me sentía muy bien. Lo conté en el blog y tuvo miles de visitas diarias, pero pocos comentarios.

10 octubre 2010

Encañonar al encañonado

Estoy aquí sentada leyendo blogs y Pepa está a mi lado, en sus cosas, callada. De pronto dice Hay cosas que no entiendo, un tío encañona a uno que va desarmado en un coche, llegan los policías y encañonan al encañonado...

Miro el vídeo y veo que es como dice ella.



Me salgo de la escena y me pregunto ¿Qué es lo primero que pensarías si vas por la calle y presencias una escena similar a esa en la que un tipo subido al capó de un vehículo encañona con un arma a su conductor? Con nuestra amígdala, nuestra base cultural y el hecho de que no vivamos en un país en donde blandir un arma por la calle sea algo corriente, ¿qué te dice tu mente que está ocurriendo? ¿A quién señala en un primer momento tu intuición como "el malo de la película?".

Encuentro la noticia en varios periódicos, pero mis preguntas me las he hecho antes de saber lo que dicen que ocurrió. Aquí lo publicado en la web de Antena 3.

08 octubre 2010

Cambiar de rumbo


Diciembre de 1990. Después de de seis meses de tira y afloja, Lex y yo ya éramos novias oficialmente. Ya me quería por fin. Para celebrarlo decidimos hacer un viaje a Grecia. Acabamos el año 1990 y empezamos 1991 en la ciudad de Mitilene, capital de Lesbos. Después volamos a Creta y más tarde a Atenas.

En el hotel de Atenas nos dieron un plano y nos indicaron los lugares más importantes para visitar. También marcaron qué zona no deberíamos pisar bajo ningún concepto: el barrio de Exarchia, el foco principal de las revueltas contra el sistema educativo. Ni que decir tiene que fue allí donde nos plantamos de inmediato. No encontramos nada de particular, un sencillo barrio universitario sin apenas gente por la calle. Pateamos la ciudad arriba y abajo durante el resto del día, kilómetros de calles recorridas a pie, hasta desembocar, ya anochecido, en las inmediaciones de la Plaza Omonia.

Iba coja porque mi rodilla derecha, la del menisco presuntamente roto, me estaba doliendo desde hacía horas, en un mal momento porque, de pronto, mientras recorríamos un callejón, vimos venir hacia nosotras una turba de gente que huía despavorida de policías con escudos que lanzaban botes de humo y pelotas de goma. Lex me gritó ¡Corre! No podía correr, quise meterme en un portal hasta que pasara aquello, pero ella me decía ¡Si te metes en un portal te fríen, corre! Corrí lo que pude, pero por si acaso, saqué el plano de Atenas, lo abrí y lo puse bien alto, para que la policía viera que era una simple turista. ¡Guarda el plano y corre, chiquilla, se van a parar a mirar si llevas un plano o una pancarta! Debímos de correr bastante, porque al rato estábamos en no sé qué calle, fuera de peligro, pero todo a nuestro alrededor estaba desierto, silencioso y lleno de humo.

Nos marchamos al hotel. Al día siguiente nos levantaríamos muy temprano para visitar el Partenón. Cenamos y nos fuimos a la cama. A las doce de la noche le entra un volunto raro, sin venir a cuento, se levanta, se viste y dice que se marcha a la plaza Omonia -allí había una central telefónica- para telefonear a una amiga suya alemana. ¿A la plaza Omonia a estas horas? ¿A tu amiga alemana a estas horas? ¿Con la que hay liada en esa zona? Salió sin muchas explicaciones, porque ella es de pocas palabras, y me quedé acostada con cara de póker. Preocupada y cabreada.

Para que pasara el tiempo y el cabreo, cogí mi libreta de viajes y me puse a escribir. A mi lado, en la mesita de noche, estaba la botella de ouzo -típico licor griego parecido al anís dulce del Mono-, un souvenir que pensábamos traer para casa. Sin darme cuenta le fui dando lingotazos al ouzo, un poco de ouzo, un poco de escritura... Me dormí o perdí el conocimiento (leer juntas las últimas cosas que escribí esa noche nos hizo reír más de una vez, pero ya no recuerdo lo que era. Esa libreta la perdí en Estambul un año después).

Lex me despertó de madrugada, con sus prisas para no perdernos nada de Atenas. Como dirían por aquí "no tenía yo el chocho pa flautas", pero éramos recién novias y tenía que dar la talla. Me levanté como pude, con más ganas de morirme que de ver el Partenón. Todo me daba vueltas. Bajamos a la cafetería del hotel y pedimos el desayuno. El primer sorbo de café me provocó ganas de vomitar y tuve que salir corriendo a la habitación, que no pude usar porque la estaban arreglando. Me guardé los vómitos para más tarde. Volví a la mesa. Lex me contaba una historia que no tenía ganas de oír, porque me pitaban los oídos con el más leve ruido.

- Anoche cuando volví estabas dormida con la Montblanc en una mano y la botella de ouzo vacía en la otra y te perdiste una buena bronca en la habitación de al lado. Eran un hombre y una mujer, él le gritaba, ella chillaba, se oían golpes...

- Ajá.

- Tengo curiosidad por saber quién puede ser esa mujer. Puede que esté aquí, desayunando entre toda esta gente. ¿Te la imaginas? ¿Qué aspecto tendrá? ¿Estará sola o habrá bajado con el tipo que le gritaba?

- Ni idea.

- Creo que puede ser esa, tiene toda la pinta de mujer maltratada -me dijo Lex, bendito ojo clínico, señalando disimuladamente con la mirada a una mujer que desayunaba sola en una mesa cercana. Tenía el pelo largo recogido en una cola alta, flequillo, los labios pintados de rojo fuerte, una camiseta ceñida y una falda con mucho vuelo estampada de flores, lo que le daba un aspecto años sesenta-.

- Ajá.

- Pobre chica. Voy a ir a hablar con ella.

Mientras Lex daba la vara a la pobre chica agredida, aproveché para ir al baño a vomitar o lo que fuese, porque me sentía como un trapo. Al rato volví y me la presentó.

- Te presento a Stella, viaja sola, es australiana y compartirá con nosotras el coche de alquiler en los próximos días.

Lex había hecho todos los planes y yo no tenía ganas ni de llevarle la contraria. Por supuesto Stella no era la mujer agredida. Fue nuestra compañera de viaje durante varios días, compartimos coche y hotel. La odié todo el tiempo, a pesar de su simpatía, pero más y con más motivos odié a Lex. Lex y ella hablaban en inglés, es más a mí las dos me hablaban en inglés. Lex no me dejó conducir el coche ni una sola vez porque se me había olvidado llevar el carné de conducir, Stella se mareaba atrás y yo no entendía lo que hablaban, así que me tocó ir en el asiento de atrás mirando el paisaje y compartir las veladas a tres con el terrible dolor de cabeza que me provocaba tener que esforzarme por comprender su inglés y participar con el mío, pobre mío mi inglés...

El verano siguiente, Stella vino a pasar unos días con nosotras a Granada. Lex trabajaba pero yo estaba de vacaciones, así que me dediqué a practicar inglés y hacerle de cicerone. Acabé encantada de pasar todas las mañanas a solas con una mujer tan cariñosa y divertida. Por la calle los hombres le decían borderías ¡qué buen culo! Me preguntó cómo podía responderles algo así como fuck you, y le dije "pues... Vete a tomar por culo". Tomó papel y lápiz, me pidió que le escribiese la frase y se la guardó en un bolsillo. Al siguiente que le alabó el culo le sonrió, le hizo señas de que se detuviese, sacó de su bolsillo el papel "Wait, please" y sin perder la sonrisa se lo leyó: "Ehmmmm, veche a chomá pooor culo".

Stella hablaba mucho para mi capacidad de comprensión, pero lo pasaba bien con ella. Me contó su vida. Era una humilde actriz y cantante australiana de origen campesino. Había roto con un novio de varios años con el que convivía, pasaba por una gran depresión y, por las costumbres morales de la zona, se veía poco menos que obligada a convivir de nuevo con sus padres. De pronto decidió que su vida iba a cambiar de rumbo. Vendió su casa y se echó el dinero al bolsillo. Iba a viajar por todo el mundo y se detendría cuando encontrase un lugar que le gustara para vivir. No tenía muy claro qué clase de vida quería, pero lo sabría cuando llegase el lugar y el momento.

Admiré su decisión ¿Habría sido capaz yo de hacer algo así? ¿Qué me podría impedir hacer lo que quisiera o escapar de una vida que no me hiciera feliz? ¿Me faltaría el valor? ¿Me agarraría a lo conocido por miedo a lo desconocido? ¿Para ser libre había que saber inglés?...

Stella había recorrido medio mundo cuando la conocimos en Atenas. Después siguió: Francia, Malta, España... Luego se marchó a Japón, en donde supuso que podría quedarse a vivir, pero al cabo del tiempo se dio cuenta del papel que en ese país juega la mujer y no le resultó muy halagüeño. En cada estadio de su viaje trabajaba si encontraba trabajo, siempre como actriz o cantante, no aceptaba nada más que lo que le gustaba y sabía hacer. Acabó estableciéndose en Manhattan. La última vez que hablé con ella acababan de caer las torres gemelas pero ella estaba bien. Me dijo que era una mujer feliz.

Ha pasado el tiempo, se nos ha caído un poco la piel del cuello y de los párpados, a Lex, a mí y a ella. Todas hemos cambiado y en los veinte años transcurridos todas hemos tomado decisiones difíciles. Unas seguimos en el sitio en donde nos depositaron nuestros padres, más o menos, otra no. Lo único seguro cuando vas a tomar un camino es que vas a renunciar a lo que te ofrece otro. El resto es sorpresa y es vida.


Stella Pulo en una actuación reciente
(no sé de qué va)

Recordé a Stella cuando leí el último post de Encantada, sobre todo esa frase "Este aviso de mi cuerpo, claro y contundente, me está sirviendo para darme cuenta de que mi vida debe dar un giro". A veces los giros que nos pide el cuerpo son tan fáciles como cambiar el ritmo de vida o -como me dice el mío- vivir en contacto con la tierra. Pero algo me sujeta a la vida urbana: mis responsabilidades para con otras personas... ¿o me pongo excusas?

En este extremo del péndulo de los niños malos (Editado)

Se aprobaron las reglas de régimen interior. Ha sido una reunión tensa, de hecho aquí estoy insomne a las 2:44 de la madrugada. Se han admitido las cinco enmiendas que he propuesto, incluida una que suprime las palabras "juegos infantiles", para la que he argumentado que no es legal admitir como comunidad que se habilitan para juegos infantiles las únicas zonas que hay en nuestro patio y que son: escaleras, rampas para personas minusválidas y pasillos, todo ello son accesos y es ilegal habilitarlos como zona de juegos y esparcimiento. Al suprimir ese término no se prohíbe ni se permite nada de forma expresa, pero ha quedado muy claro que ahí no se puede jugar y que si lo hacen es porque bajo cuerda se lo vamos a permitir, siempre que no den el coñazo, y que los accidentes que se produzcan no estarán bajo la responsabilidad de la comunidad, sino quienes los provoquen.

Otra cosa que he conseguido que se apruebe es modificar los términos "tramo horario de ruidos moderados" por "tramo horario de silencio", y el de "tramo horario de ruido" por "tramo horario de ruido moderado, según los niveles que admite la Ley del Ruido". Una propuesta de la presidenta limita el horario de ruido moderado en horario no veraniego hasta las 8 9 de la tarde y en verano hasta las 10 11 de la noche. ¡Por fin podremos reprender a los padres de los niños que nos castigan hasta las 12 de la noche!
* Error de optimismo al escribir

Algo es algo, ha costado mucha diplomacia, mucha astucia y mucho morderse la lengua conseguir esta pequeña victoria, que abre caminos para empezar a poner un poco de orden en este caos.

Ya tenemos reglas de régimen interior. A partir de ahí, se puede hacer presión para que no se extralimiten.

Las frases más dichas son "Los niños tienen derecho a gritar" y "Qué hacemos con nuestros niños cuando gritan y berrean? Me he mordido la lengua para no responderles: "Aguantarlos tú, que para eso los has parido".

Otra cosa: La gente respetuosa es más cobarde. Por lo bajini y en corrillo varias personas, hombres y mujeres, nos han manifestado su malestar por los ruidos, pero nadie excepto nosotras ha tenido el valor de hacerlo público.

video

Aquí os dejo unas imágenes tomadas en el interior de mi casa en diferentes horarios de los últimos días. La inmisión de ruidos es terrible y sobrepasa con creces los niveles en decibelios máximos permitidos por la Ley del Ruido, por las directivas europeas y por las ordenanzas locales. El runrún que se oye en algunas partes corresponde a lanzamiento sobre patines y otros vehículos rodantes de juguete en las rampas.



7 octubre

Tengo en la cabeza muchas ideas juntas y revueltas: La adolescente que ha agredido a su madre porque no la dejó ir a una fiesta; ese otro adolescente de mi familia, que está asistiendo -a petición propia- a un instituto privado "en donde haya mucha disciplina", porque dice necesitarla para avanzar, y cuando le pregunté por qué no empieza por aceptar la disciplina de sus padres me contestó que ya es demasiado tarde, porque siempre ha mandado él; los gestos de "el gallo" de mi urbanización cuando ante un ruido infernal de un puñado de niños y niñas, Pepa se asomó a la ventana, y él, el gallo, se dirigió al grupito, entre el que se encontraba su hija de unos cuatro años, y les hizo el gesto de "gritad más fuerte"; los padres cuasi adolescentes de EE.UU que fijan a la pared a su bebé de 22 meses con cinta de embalaje y lo encolan al suelo "para no tener que castigarlo"...

¿Todo esto es anecdótico y por eso es noticia? He expuesto solamente una muestra de algo muy cercano, cercano, medio y lejano, pero habría podido llenar este post de "anécdotas" de todas las distancias, por lo que creo que se trata de comportamientos bastante más frecuentes de lo común y extremadamente más frecuentes de lo saludable para la sociedad. Es como si un virus hubiese recorrido el mundo y se estuviese apoderando cada vez de más personas, que acaban perdiendo el norte. De algo estoy segura: el virus no ataca a los niños ni a las niñas, sino a sus padres y sus madres. No es, por lo tanto un problema que estén generando los menores ni los adolescentes, sino que éstos actúan como fichas del dominó impulsadas por otras fichas más grandes que caen detrás de ellos.

En un extremo del "péndulo de los niños malos" están esos padres que los olvidan, los humillan, los abandonan o los torturan. En el otro extremo están los padres que abogan por el derecho del niño a hacer lo que le venga en gana, unos porque están convencidos de que así los hacen libres y felices, otros por eludir responsabilidades. Los dos extremos del péndulo son fábricas tanto de futuros agresores como de futuras víctimas, aunque de tanto en tanto, en un extremo o en el otro, se produce el milagro de una persona equilibrada.

Esta tarde tenemos una junta de la comunidad. A petición nuestra el administrador ha redactado un borrador de normas de régimen interno, en las que se incluye una levísima alusión al respeto a las personas y la recomendación de usar un volumen de voz moderado en las zonas comunes.

No se va a aprobar el borrador de normas de régimen interno. Una pequeña minoría dirá que no le parecen suficientes. La gran mayoría argumentará que le parecen excesivas. Entre la mayoría -formada por seres humanos que parecen clones los unos de los otros- estará "el gallo", a su lado su señora "la pega-voces" y a su alrededor los y niñas propios y ajenos, que verán y entenderán los pasos a seguir para convencer y vencer por la vida: gritar, amedrentar y SOBRE TODO exigir un "respeto" por el derecho que tienen los niños a molestar a quienes quieran y como quieran y el de no ser reprimidos bajo ningún concepto. En cinco o seis años celebraremos otra junta para votar por mayoría hacer el botellón en las rampas para minusválidos, por donde ahora se lanzan a gritos con sus motos de plástico, sus patinetes, patines y tablas de skateboard, donde restriegan sus pastelitos de chocolate y pasean sus cochecitos de muñecas vestidas de color rosa, donde se ríen, juegan, se caen, se golpean, gritan y lloran mientras sus papás charlan de fútbol en una esquina y sus mamás acuden a clases de gimnasia en el salón comunitario.

Esa nueva generación de padres y madres para los que la ley del ruido es una patochada que sólo ha de ser respetada cuando los niños duermen, como no es trascendente tener que usar productos agresivos para quitar la roña que dejan sus hij@s en las losas de barro, pero que al mismo tiempo piden que en el patio no se fume por respeto a los niños. La nueva generación de padres "ecológicos".

05 octubre 2010

Que parezca un accidente

Oeeeeee oe oe oeeeeeeee

Hoy es uno de esos días en que hay algo bueno, justo e inesperado para celebrar. Esta mañana, a punto de salir para el trabajo, recibo la llamada de mi agente de seguros: "El seguro de la otra parte, después de haber hecho las mediciones y haber encontrado restos de la pintura de tu coche en el pico de la puerta del de tu vecina, no ha tenido más remedio que admitir las pruebas como irrefutables". Le he respondido con prisas un ¡ole, ole y ole!

Ya conté en la serie "Historias del ectoplasma y su hermana", que a la ectoplasma -más tarde llamada ectoplasta por sugerencia de la Sra. Castafiore- no le gustó que le comprase el piso a su hermana y que la hermana parece que tampoco tenía intención de vendérmelo después de recibir la paga y señal...

A poco de vivir en mi nueva casa, y aún sin conocer a ningún vecino ni vecina, ni siquiera de vista -para conocer de vista necesito mucho más tiempo-, cuando todavía no había gente ruidosa y cuando aún no mantenía en mi domicilio "relaciones pecaminosas" ni de las otras y a vista de la gente era sólo una abnegada y solitaria madre de familia, me compré un coche nuevo, el que tengo ahora. Tras un fin de semana en que no lo saqué del garaje, apareció con unos pintarrajos en la parte de atrás, hechos con algún artilugio punzante. Unas semanas después, durante un puente en que tampoco lo saqué del garaje y por si me habían pasado desapercibidos o insignificantes los daños, quienquiera que fuese decidió rayarlo "un poco más", probablemente con un destornillador, a todo alrededor y también por encima del capó. Esa vez no me quedó más remedio que pintarlo entero, previo parte al seguro que me pidió presentar copia de una denuncia ante la policía en donde argumenté no tener noción de quién pudo haberlo rayado.

Ya con el coche pintadito, a poco me encuentro otra mañana con que tiene un restregón en la puerta delantera izquierda que indica que alguien al dar marcha atrás para aparcar, le ha dado con la esquina de su parachoques izquierdo. Casualidad que la que aparca a ese lado es la ectoplasta pero, ante la falta de pruebas, decidí dejar allí el restregón y no hacer ni decir nada y eso que medí anchura y altura de su parachoques y coincidía con las del restregón, pero pensé que habría sido algo involuntario y además me lo tragué para no tener problemas con una señora de su talla.

Pero siguieron los "accidentes" en mi coche, una raya en el capó, otra en el techo, alguna en el lateral izquierdo... y siempre estando en el garaje. Este verano no hemos ido a ningún sitio, así que mi coche se lo ha pasado aparcado en su plaza, con pocas salidas para comprar o ir a algún sitio cercano. Cada vez que bajaba, tenía un picotazo nuevo en la puerta posterior izquierda. ¡Qué raro! Todos los picotazos a la misma altura pero en una línea de unos 30 centímetros. Bajo con el metro y mido la altura del pico de su puerta trasera: 88 cm. Altura de mis picotazos: 88 cm. Vamos, que blanco es y la gallina lo pone. Cada vez que abre su puerta trasera le pega un batacazo a mi coche ¿Accidente? ¿Tantos accidentes? Bueno, seré bien pensada, será algo accidentalmente repetido cada vez que alguien se baja de la parte de atrás de su coche. Pero ella siempre va sola, como mucho con su madre, que va de copilota... ¿Entonces? Bueno, Candela, no seas mal pensada, no va a abrir la puerta de atrás aposta solo para darte golpes en el coche. Nada, algo accidental, seguro. 9 golpes accidentales.



En lugar de llamar al seguro y darle la matrícula de su coche, pensé que lo correcto era hablar antes con ella y comentarle amablemente lo ocurrido.

Llamo al timbre, pero no suena, lo tiene desconectado. Recurro al toc toc toc. Me doy cuenta de que hay alguien que mira a través de la mirilla, pero no dice nada. Toc, toc, toc. Al rato oigo su voz ectoplastática ¿Quién es? (como si no lo supiera) Soy la vecina. Silencio. Al rato oigo un suspiro de resignación al otro lado de la puerta y un Un momento. Al rato me abre 10 centímetros de puerta, asoma parte de su cara y de su bata. Le digo: Creo que sin darte cuenta cada vez que abres la puerta de atrás de tu coche golpeas al mío, y le vas haciendo bollos... Si pudieras llamar a tu seguro... Me interrumpió con una frase terrorífica, pero sin carcajada final ¡Te estás pasando tres pueblos! y cerró de un portazo.

Entonces llamé a mi seguro. Desde ahí una serie de peritaciones y tal y tal. Me desentiendo del tema. Un perito del seguro de la vecina, intentando salvar el culo y no hacerse responsable de los daños en mi coche, se ha pasado por el garaje (me he enterado esta mañana), ha medido, ha abierto su puerta, ha visto hasta dónde llega su pico y los restos en él de la pintura de mi coche... y ¡tachán! por fin. No le ha quedado más remedio que admitir que es ella la que "accidentalmente" abre la puerta de atrás y "accidentalmente" ha golpeado hasta nueve veces mi coche. Otro misterio resuelto.

Ahora queda por ver la reacción de una ectoplasta encabronada. ¿Me quemará el coche? ¡Glub!

04 octubre 2010

Castigo físico, tortura física, maltrato físico


Bonita campaña contra el castigo físico infantil, pero ¿no os parece que las leyes, y en este caso también, son extremadamente proteccionistas y dejan a padres y madres en una difícil posición?

Una antigua alumna contaba el otro día algo que le pasó con su hijo de 7 años, al que no maltrata físicamente, al que regaña cuando hace cosas a mala idea, con el que habla cuando hace las cosas mal sin ser consciente de ello, al que da alguna vez un pellizquito cuando se pasa tres pueblos, al que casi siempre está mimando, acariciando y abrazando.

El otro día salió a pasear con su madre y sus dos hijos -la otra es un bebé- y el niño iba haciendo de las suyas, escapándose de su lado para cruzar la carretera y arriesgarse a ser atropellado. Como no hacía caso por las buenas, le gritó "te voy a dar como no me hagas caso", y allí en medio de la gente que pasaba el niño aprovechó para montar su show, gritaba "Mamá, por favor, no me pegues más, mamita por favor, que me haces mucho daño y luego me duele todo, mamaaaa". Dice mi ex alumna que la gente volvía la cara hacia ella y la miraba como si fuera una torturadora infantil y que luego por la noche su madre -la abuela del niño- al cambiarle la ropa lo miró por todo el cuerpo por si tenía señales de malos tratos, mientras preguntaba a su hija ¿Es que le pegas al niño? ¡Con la de tortazos que me ha dado ella cuando era pequeña! -dice la chica- cosa que no hago yo con los míos.

Sin embargo hoy día y desde siempre el maltrato psicológico no solo es el más difícil de demostrar sino el que más secuelas deja, porque crea personas inseguras de sí mismas, temerosas o acomplejadas o llenas de rabia. Yo he dado tortazos a mis hijas, y siempre fue después de que fallaran mis intentos de hacerlas reflexionar, o cuando, conociendo el peligro o la prohibición de hacer algo, lo repetían una y otra vez. No me arrepiento de haberlo hecho, pero al decirlo soy consciente de que parece la confesión de un delito inconfesable. Sin embargo el tortazo, el tirón de orejas o el amenazar con hacerlo consiguen el efecto deseado: principalmente que no sean tiranas. Y sin secuelas ni físicas ni psicológicas. No al maltrato, no a la tortura, no a las palizas, no a maltratar o pegar a un bebé que no entiende nada, pero también no a las manipulaciones que nos hacen mediante leyes y sus campañas.

Las campañas están bien ideadas, llegan a la población y se asimilan rápidamente en los cerebros. Quienes no actúan como la campaña dice, se vuelven unos miserables delincuentes a nuestros ojos. Cada vez conocemos a más delincuentes que hace poco tiempo no lo eran aunque hacían lo mismo que ahora. Nos han hecho creer que hay equivalencia entre dar una torta en el culo y meter astillas debajo de las uñas. Torta en el culo a un menor o bofetada entre dos personas adultas en igualdad de condiciones que riñen no es tortura física.

Hoy a los niños y a las niñas se les maltrata no prestándoles atención, prefiriendo que pasen más horas en casa de la abuela, en la escuela o delante de la PSP porque su presencia nos resulta molesta. En ese sentido no sólo no nos educan desde los gobiernos, sino que más bien ponen más herramientas en las manos de los padres para que puedan estar menos con sus hijos y así tengan su tiempo de merecido descanso después de su trabajo o incluso sin tener trabajo. Desayuno en el cole, clases, comedor escolar y luego actividades extraescolares o clases de apoyo por la tarde. Así los dejamos a las 7 de la mañana en la escuela y los recogemos a las 7 de la tarde, lo justo para darles la cena y meterlos en la cama. Incluso si llegamos a casa y ya están en la cama, mucho mejor. (En mi urbanización los padres no mandan a sus vástagos a actividades de tarde, para eso tienen un hermoso patio comunitario en donde los depositan hasta la hora de acostarlos, ellos se quedan arriba descansando y las molestias se las trasladan al resto de vecin@s).

Por esa y otras mil campañas de reeducación de personas adultas, cada noche cuando nos acostamos hemos incumplido no sé cuántas leyes. Tenemos poca libertad, como padres, madres, profesores, profesoras (y que conste que estoy en desacuerdo con el tortazo a un alumno, eso es algo que toca a los padres y para cuando se agotan otras vías). Los niños y niñas están teóricamente más protegidos pero más solos y carentes casi de toda la libertad que tenían hace unos cuantos años.

Al hilo de esto contaré lo más breve que pueda la visita que hemos tenido de una amiga con sus dos hijos: un niño de 9 y una niña de 7. Nuestra amiga ha sido educada a la manera antigua, con padres poco tolerantes. En cambio la educación que da a sus hijos es tan tolerante que está criando a dos pequeños tiranos que la manipulan, la chantajean y la torean, que no respetan ni a ella ni a nadie.

Fuimos a una terraza a tomar algo.

La niña: Quiero croquetas. Le ponen croquetas y las prueba: Ahora no quiero las croquetas, quiero un helado.

La madre: Vale, cariño, ve a pedir un helado. Va a pedir el helado, no tienen y la niña grita en medio de toda la gente "¡Vaya mierda de bar que no tienen helados!".

El niño: ¡Camarero, que vengas! y al rato ¡Quiero que nos vayamos ya!

La madre: Cariño, espera un poquito, que estamos charlando nosotras, pronto nos vamos.

El niño empezó a gritar, a darle patadas a la silla de su madre y a empujarla hasta casi conseguir tirarla al suelo. "Vamos a tener que irnos", nos dijo nuestra amiga. Por supuesto, nos fuimos cuando el niño lo decidió.

La niña pilló una rabieta sin venir a cuento un atardecer en que salimos a pasear por el campo. Gritaba como si la estuviesen matando. La madre le preguntaba: Mi vida, no llores, cuéntame lo que te pasa. Más gritaba y más despreciaba con gestos a su madre. Por las ventanas de las casas de los alrededores se asomaban personas alarmadas. Estaba oscuro y sonaba como si hubiese una niña secuestrada a la que estuviesen sometiendo a tortura. Yo eché a correr, nuestra casa estaba ya cerca y no aguantaba la pasividad de su madre que decía "¿Y qué hago? Siempre se pone así y no sé qué hacer". A mí me venía a la cabeza solamente lo de "Si fuera mía el tortazo lo tenía ya puesto y lloraría con motivos como me decía mi padre cuando me ponía farruca".

Luego en casa quería que le hiciera una papilla infantil, que fuimos a comprar a la farmacia especialmente para ella. Se la dejó en el plato y comió patatas de bolsa, sin un mu ni un ma por parte de su madre.

Mis padres me pegaron poco, nunca fueron palizas, siempre fueron capirotes o el clásico tortazo en el culo, y recuerdo que nunca lo hicieron porque sí, sino porque yo, como niña que era, tenía ese punto de tiranía para conseguir lo que quisiera aunque no estuviese en sus manos el dármelo, como subirme 20 veces a los columpios cuando amorosamente me explicaban que no podían gastar más dinero. Cuando fallaban las explicaciones, las súplicas, el tratar de desviar mi atención, yo seguía erre que erre, llorando, pataleando y sabiendo que me estaba pasando con ellos, pero insistiendo a pesar de ello, y que de un momento a otro iba a llegar la solución más convincente, solución que llegaba y me hacía entrar en razones. Al momento era de nuevo feliz con mi tortazo en el culo, que nunca me dolía. Nunca me sentí torturada físicamente y hoy agradezco esos "sacudirme el polvo".

El famoso caso de la mujer que pegó a su niño y le impusieron orden de alejamiento parece ser que fue un tortazo normal que se tradujo en un accidente al golpearse el niño la nariz con el lavabo. Varias veces he visto noticias posteriores de esa familia. El niño hoy día campa por sus fueros, sin control ni vergüenza y anteponiendo a sus actos lo de "y como me pegues que sepas que te denuncio y vas a la cárcel".

¿No se están extrapolando ciertas leyes hasta extremos absurdos y castrantes? Cada vez las prohibiciones son más. Nunca se puede tener la seguridad de estar haciéndolo todo correctamente. Y todo para proteger nuestra salud (tabaco), nuestra integridad física (cinturones de seguridad hasta para el gato, cascos para la bici, cascos para la moto), nuestra infancia (no le grites, no le pegues). Hace poco en el aeropuerto de Granada sacaron del avión a un hombre escoltado por la guardia civil porque le había dado una calada a un cigarrillo en el lavabo. No molestó a nadie, pero "está prohibido por la ley, y la ley está hecha para mirar por su salud". Propongo en ese sentido que prohíban llevar cuerdas, cinturones en el pantalón y cordones en las zapatillas por si se nos ocurre ahorcarnos en el vuelo Madrid-Bucarest. Lo dicho ¡No me quieras tanto! y déjame mi cota de libertad privada.