25 octubre 2010

Aislada y espartana

Si lees el título de este post puedes tener la sensación de frialdad, aislamiento, pobreza, falta de confort o tristeza. Sin embargo lo que quiero contar es un pequeño proyecto que inicié el pasado curso y que ya está casi terminado, a falta de un toque de tono ambiental.

A finales del curso pasado se raspó la fachada para volver a pintarla. Escondida tras sucesivas capas apareció la pintura original: un paisaje urbano diurno, con sol, luna y estrellas, casi naïf, casi infantil. Y es que la sección de formación profesional de mi instituto fue durante muchos años una escuela primaria, luego llamada de EGB, en donde se había implantado un sistema educativo muy adaptado a las peculiaridades de aquel alumnado de barrio marginal, en donde se consiguió un nivel mínimo de absentismo escolar y en donde en la actualidad, muchos años después, se recibe a veces la visita de hombres y mujeres que añoran sus tiempos en aquella escuela tan especial que fue cerrada, según tengo entendido, por temas más políticos que reales.

Una de las fachadas de la que emergen las pinturas originales



El pasado 17 de febrero hablé de mi apartamento secreto, prometí unas fotografías que por falta de tiempo no llegué a insertar y conté que, en los sótanos y en un pabellón abandonado de aquella vieja escuela, estuve buscando una habitación para mí, para esas horas que tengo de hueco o de actividades burocráticas, un lugar para no ser encontrada, lejos de ruidos, en donde me pudiera sentir sola y libre.

En el sótano encontré salas sombrías con chatarra de pizarras, material de gimnasio, sillas y mesas infantiles, mugre y frío, como se puede apreciar -y casi sentir- en las dos imágenes siguientes. Había decidido instalarme allí, limpiar todo aquello, darle una mano de pintura a las paredes, poner una mesa camilla con enaguas, un brasero, un flexo y unas cortinas, pero cuando todo estaba ya proyectado en mi cabeza descubrí que no había corriente eléctrica ni hubo forma de hacerla llegar por más mandos que encontré y manipulé.





Entonces pasé a buscar en las habitaciones del pabellón abandonado. En casi todas las habitaciones y aulas se amontonaba chatarra de todo tipo, incluso viejas fotocopiadoras y calentadores eléctricos de agua, pizarras, esqueletos, proyectores rotos de diapostivas, plintos... Hasta que mis ángeles de la guarda (las mujeres de la limpieza) recordaron un lugar "que estará muy bien para ti, tiene cortinas y todo". ¡Estupendo! Me faltaba un sofá, que no se sabe nunca si un día pudiera usarlo como siestódromo, sobre todo cuando he pasado la noche en blanco y me voy durmiendo por las esquinas. Mis ángeles de la guarda recordaron dónde había un viejo sofá, fuimos a buscarlo y lo llevamos hasta allí.

Así quedó el invento, mi apartamento aislado y secreto, con sus estanterías llenas de vídeos de ciencias naturales, de historia y de educación vial; con sus armarios llenos de centenares de mapas mundiales, continentales y nacionales del año de mariacastaño, de aquellos que se colgaban en la pizarra y que cuando era pequeña quería ir a tocar con la vara de madera que usaba la maestra para enseñarnos dónde estaba el desierto de Gobi o el mar de Bering, porque al tocarlos sonaba bonito y parecía que a cada tac tac se me quedaba grabado en la memoria un lugar que visitaría cuando fuera mayor; con su bola del mundo con bombilla fundida y sus países que ya no existen. Parte de ese pequeño paisaje está recogido en las tres siguientes fotografías.





Pero ese sitio resultó ser tremendamente frío, demasiado grande para calentarlo con la estufa que compré, que me achicharra las pantorrillas. Para estar allí sin helarme tenía que conservar el abrigo, la bufanda y los guantes, incluso ya a finales del curso pasado, cuando ya en todas partes hacía calor. De modo que guardé mi alargadera y mi estufa en un lugar seguro y esperé hasta el nuevo curso para seguir merodeando e investigando todos aquellos espacios vacíos.

En septiembre uno de mis otros ángeles de la guarda (conserjes) me acompañó al viejo pabellón con un mazo de llaves en las manos. Por fin encontré una habitación pequeña y soleada completamente vacía a excepción de un mural infantil sobre la Constitución realizado por niños y niñas de 8º de EGB hace 20 años, en 1990.



De la habitación anterior cogí una mesa, dos sillas y un armario pequeño y me lo llevé hasta allí. De modo que ahora sí, definitivamente me he instalado en mi apartamento secreto, aislada y espartana. Tan vacío que hasta mi respiración hace eco, pero algún día pondré unas cortinas, una maceta y alguna otra cosa que se me vaya ocurriendo. Además se calienta enseguida con la estufa. La buenísima conserje C., cariñosa y leal como pocas, ya está pensando en qué cosas me va a regalar para mi lugar secreto. A todos y todas mis ángeles de la guarda, conserjes y limpiadoras, les debo este sitio y este cachito de felicidad cotidiana. Solamente ellos/as saben dónde estoy si alguien me busca "en el otro lado", tienen mi móvil y me avisan. En un minuto estoy allí.



Y cuando salgo de aquella pequeña estancia, que está en el extremo de un largo pasillo, tengo esta visión de vieja escuela abandonada, en donde se oyen desde cualquier parte las gotas de agua del lavabo y cualquier mínimo ruido producido por los pájaros que anidan en los capialzados de las persianas. Por un momento se me antoja que se me van a aparecer las dos niñas de Resplandor, preguntándome ¿quieres jugar con nosotras?. No. No me da ningún miedo. Me encanta ese lugar.

16 comentarios:

  1. ¡Cuanto espacio desperdiciado! a tu favor...

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  2. Jo Candela, qué guay disponer de un espacio propio donde escapar!! Eso si, a mi me da pánico esos pasillos porque entre El Resplandor y Tesis no sé que pasillo me da mas miedo!!

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  3. ¡¡Qué historia más bonita y qué afortunada eres!! No todas tenemos esa suerte...En mi instituto no hay ningún rincón vacío. Bueno, encima es redondo, así que ni siguiera una esquina donde refugiarte. Que disfrutes de tu escondite! :-) Un abrazo

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  4. preciosa historia....yo no tengo ningún lugar secreto...eso si en el mio hay fantasmas....pues mira me estás dando ideas, voy a buscar un sitio donde poder esconderme

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  5. Siempre se encuentran ángeles de la guarda.
    Unas cortinitas, una planta y un cojín para esa silla y seguro que haces de ese cuarto un espacio agradable.

    Besos

    noche

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  6. Por cierto, Candela, no te preguntas quién será la autora o el autor de ese dibujo de hace 20 años? Si esa persona pudiera verse aquí, sería genial!! jeje...Yo y mis historias... ;-)

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  7. Que buena tu guarida, pero necesita algo blandito y comodo para sustituir a esa silla.

    Yo te diría que aprovechases en navidad para disfrazarte de mama noel, y meter una poltrona de estraperlo a modo de saco, sin llamar la atención de nadie. :P

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  8. Me ha gustado esta entrada espartana pero muy cálida. Un fuerte abrazo.

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  9. Te faltan cortinas, ya vendrán; te falta una plantita, ya vendrá, te falta un cojín para esa silla-potro-torturadora, ya vendrá, pero...¿qués lo que no hace falta que venga porque ya está ahí desde el primer instantee??? ¡¡Como me gusta ver que no olvidas JAMÁS tu cenicero!! (peazo de cenicero, por cierto).

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  10. Vaya cambio¡ Veo que entre lo cocinitas que eres y lo apañada que eres para cambiar lugares inhóspitos a lugares agradables tu Pepa tiene una joya..besos

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  11. Ya, ya, cortinitas, un photo, cojín... una miniradio....todo lo que quieras pero ese plato sopero de duralex, es decir el cenicerazo ese que no te falte...jejeje Ainsss, la transgresión de normas, que no mola eh?
    Besos. Lenteja
    * oye, muy buenas nuestras conversaciones en blogs ajenos,jijiji

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  12. Que bien que ya tengas espacio!!!!.Ahora a ponerlo acogedor.Que pena de espacios desaprovechados.En los coles nuevos,cada vez más pequeños y de aulas minúsculas no tenemos espacios ni para la alternativa (usamos el comedor).

    Mil besos

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  13. quise decir " que nos mola, " digo, transgredir las normas...
    Besos. lenteja

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  14. yo quiero uno así en el insti, pero está todo ocupado, qué pena. me encantaría compartir contigo un cafetín en el apartamento secreto, jejejejee.

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  15. ¡Oh qué delicia y qué lujo de sitio!! El mural es precioso -
    Por otro lado ¿Cómo es posible que se desperdicie tanto sitio? ¿No valdría para montar actividades extra-curriculares, proyectos de los alumnos o algo?
    Jeje, me imagino lo que puede llegar a pasar cuando te busquen y tengas el móvil sin batería. jejeje

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  16. Jo, qué envidia. En mi instituto no hay lugar secreto donde esconderse, todo está lleno de gente a rebosar. Así que no me queda más remedio que hacerme la autista en la sala de profes... ¡Qué fama arrastro ya, madre! No sé qué sería de mí si desapareciera misteriosamente, como tú haces... (seguramente tendría más tiempo libre porque aprovecharía el del trabajo, evidentemente) :)

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