07 diciembre 2010

La importancia del nombre

Quererte no ha ocurrido de repente. Es el resultado del transcurso del tiempo, desde que nos conocimos aquel día cuando yo iba de la mano de la que amaba y tú fuiste para mí solamente la que nos sirvió unos chupitos de tequila, hasta hoy mismo y más, porque mañana te seguiré queriendo. Entre entonces y hoy fuiste mi amada imposible durante meses, mi amante, compañera, cómplice y amor durante muchos años y después mi amiga, la más querida de todas.

Te quiero mucho, y no sé si al llamarte amiga lo hago con propiedad. Sé que no es amor romántico, eso ya quedó lejos; ni deseo, ese se terminó hace una eternidad. Sentirte hermana se me queda corto y sentirte hija se me hace largo. Solamente así sé explicarte la forma en que yo te quiero.

Hace más de dos años decidiste de repente cambiar tu nombre, el de toda la vida. No quieres que nadie te llame o te refiera con el nombre con el que antes te presentabas a la gente, con el que te presentaste a mí, aquel nombre que yo pronunciaba para mis adentros cuando aún eras mi amada imposible, el que te susurraba al oído cuando fuiste mi amante y compañera, el que me empeñaba en olvidar durante la ruptura y el que seguí pensando y pronunciando cuando pasamos la cuarentena y devinimos amigas, cómplices y confidentes.

Las pocas veces que te llamé por tu nuevo nombre se me puso una nube por montera y olvidé lo que quería decirte. Era como si de repente estuviese dirigiéndome a una desconocida con la que no tenía nada que compartir, ni pasado ni presente. Pero tampoco me atreví -porque tu cara al oírlo se contrae en una mueca de fastidio insoportable- a llamarte con tu antiguo nombre, tu seña de identidad, lleno de significado, de vivencias y de recuerdos compartidos. En estos dos años me has permitido llamarte en privado con un par de alias cariñosos que entonces inventé para ti. Pero el nombre, el tuyo, el que pronunciaba para mis adentros cuando te soñaba, el que te susurraba al oído cuando nos amábamos y el que te he dicho siempre como amiga del alma, ese nombre no quieres que lo pronuncie. Ni yo ni nadie.

Hoy me salió espontáneamente esta frase inesperada incluso para mí: "Si debo llamarte por tu nuevo nombre se habrá esfumado nuestro pasado". Sin un segundo de duda me has respondido: "No me importa".

Me he quedado durante horas con nuestras dos frases dando vueltas en mi cerebro, atrapadas ahí sin poder procesarlas, sin comprender bien el porqué de la mía ni el de la tuya, ni la zozobra que la combinación de ambas me ha causado. Ahora, de tanto pensar, me duele la cabeza, pero tengo un atisbo de respuesta que me lleva a lo que te dije al principio: Quererte no ha ocurrido de repente, ha sido el resultado del tiempo transcurrido. Si borro ese tiempo no me queda nada más que mi cariño por ti, como surgido de la nada. A ti no te importa pero a mí este descubrimiento me ha convulsionado el alma, porque en tu nueva dimensión no hay nada que podamos compartir. Así que, señora x, en el silencio de mi alma seguirás luciendo tu viejo y precioso nombre.

26 comentarios:

  1. Me ha parecido una carta de amor un tanto inusual pero hermosa y llena de sentimientos. Para mí el nombre tiene mucha importancia, porque es el timón por el cual se encauza nuestras emociones sean del tipo que sean.
    En tus recuerdos o experinecias guardarás ese nombre con una historia que lleva consigo, así de sencillo.

    Ha sido un placer leerte.

    Un abrazo Candela.

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  2. El nombre es el ancla de los sentimientos.

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  3. Las palabras, los nombres... no son las cosas ni las experiencias en sí misma, solo las nombra.

    Besos, Candela.

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  4. Todo cambia como dice la canción y en ocasiones los cambios son radicales como los de esta mujer, supongo que atiende a una necesidad gorda de transformación, conozco casos de cambios de nombres lights como Loli por Lola , Marisu por María y de sobra sé que aunque fue difícil al pronunciar me acostumbrè porque sabia el cambio de vida a positivo que implicaba estos cambios de nombre.
    saludos

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  5. Me duele leer esto Candela: "en tu nueva dimensión no hay nada que podamos compartir".

    No creo que la señora x haya sentido realmente ese "no me importa", no es la sensación que me quedó cuando la conocí...

    besitos niña

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  6. Las personas podemos sufrir cambios drásticos, a veces el dolor resulta una carga demasiado grande para soportar. Tu amor, el que tu desprendes sigue intacto, es ella la que ha necesitado cambiar por los motivos que sean.
    Respecto al nombre, siempre me he identificado con varias formas del mismo, aunque en realidad siempre me hubiera gustado llamarme Ana, por pura brevedad. En mi aspecto anglosajón soy Jo, lo más cortito que se servía. Un fuerte abrazo.

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  7. Qué tierno y hermoso lo que has escrito...

    Con respecto al nombre, creo que conforma la identidad de cada persona. Si alguien decide cambiarlo posiblemente sea porque se siente realmente quien es con el nuevo. Pero eso no elimina la Historia porque siempre existirá un "nosotras".

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  8. No entiendo mucho eso de querer cambiar el nombre propio, salvo que te llames Robustiana o algo asi. Yo tb hubiera querido llamarme Ana o Maria o Carmen, así cortitos y sonoros.
    Hace años tenía una vecina, una chica superacomplejada (o eso me parecia) que estaba casada con un médico de renombre y lo llevaba regular. Bueno pues esta chica tenía ideas muy peregrinas que con el tiempo (yo era mucho más joven que ella) he descubierto que tiene su sentido. Una de ellas era que los nombres propios tienen música según la persona que los lleve y es verdad, lo he comprobado muchas veces¡¡¡

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  9. el nombre dice mucho de la persona, aunque tb entiendo que algunas personas se los quiera cambiar, hace años fantaseaba con la idea de cambiarme el mio, no me gusta nada, pero decidi acortarmelo y se acabó, además lo escogió mi padre para mi y eso ya significa mucho
    el texto precioso
    besos

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  10. Mira Candela, las personas con anomia, ( en afasias ) sienten gran irritación y frustración cuando sienten , conocen, recuerdan...pero no pueden denominar, tienen una historia personal y de vida con ese determinado objeto o concepto al que no pueden nombrar, sólo se calma este malestar cuando estas características al menos,se hacen manifiestas y se reconocen como propias y presentes. Es decir, tú te dueles por no poder nombrar, pero todo-todito está ahí. Y está. Además , cuántos nombres has puesto? Amada, Amor, Amiga, Cómplice, Compañera....Será por nombres....

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  11. Hay veces en las que la gente quiere olvidarse, nada más. No creo que quisiera dejarte atrás ni borrar lo que compartisteis; simplemente, necesitaba reinvertarse. Besotes.

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  12. Bueno cuando ya no hay nada que compartir, es que todo ha terminado
    y asi de claro se expone, a veces
    en la vida se llegan a esas situaciones.
    un placer pasar por tu casa.
    que tengas una feliz semana.
    un abrazo.

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  13. Pero tú tienes lo tuyo, Candelilla, y lo que es tuyo no te lo puede quitar nadie, por mucho que se cambie de nombre, por mucho que su (fingida) indiferencia pretenda borrar lo imborrable.

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  14. Para hacer un cambio así, tiene que haberle dado infinidad de vueltas a la cabeza.
    Es imposible que se difumine o que se convierta en una desconocida por el hecho de cambiarse de nombre. Lo que tú viviste con ella, fue a través de su voz, de su cuerpo, de su olor, de sus maneras... el nombre es sólo un atajo para acercarte más rápido a la persona y una etiqueta que resume infinidad de sensaciones ligadas a las vivencias de ambas.
    Si yo quisiera a alguien por lo que fue y por lo que es, prefiero cambiarle el nombre a que desaparezca de mi vida y de mis recuerdos.
    Besos, wapaaaaa!!

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  15. cada una nombramos todo según nuestras vivencias y tú la nombraras por dentro como tú quieras, el nombre público, a veces, es solo (no me acostumbro a no acentuarlo, mierda para la RAE) una fachada.

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  16. A los nombres se acostumbra uno. Nuestro cerebro cuando aprende una palabra, lo hace a la vez de su representación escrita y de su imagen, además de su sonido y su significado, y así se fija en la memoria. Pero también el cerebro es plástico, y se puede modificar con voluntad. En el fondo, el nombre es lo de menos, puesto que la realidad y lo que fue está ahí, en tu memoria y en la suya. Pero entiendo tu desazón, y el texto que has escrito es bellísimo.
    Un abrazo muy fuerte, Candela.

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  17. Candela, ¿me perdonas si te digo que es lo mejor, para alguien que no entiende mucho de nada, que te he leído? Y sabes que no digo que lo de antes fuese malo. Es que es un texto excelente este que leo.
    Aplica lo que te digo a lo que tú dices en ese excelente texto, y, quizás, pueda ser que en el nombre no esté la esencia de nada, que el pasado nunca ha terminado si hay futuro, que nungún cambio, cambia nada realmente.
    Un saludo.

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  18. Mas allá del nombre está la esencia, esa que queda y permanece, aunque la forma de denominarla cambie.
    El nombre y el DNI sirven para lo que sirven, para firmar contratos y pagar religiosamente durante toda la vida. Lo importante está y seguirá ahí por muchos cambios que se den.

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  19. Muchas gracias. He aprendido mucho de vuestros comentarios. Es una cuestión sobre la que habría sentido (no digo pensado, sino sentido) de forma diferente si me la hubieran contado desde fuera y no me hubiera ocurrido. He vivido muchos cambios de nombre (no de nombre en sí, sino en sus formas de acortarlo o alargarlo), Manoli a Manuela, Juani a Juana, María Virtudes a María, Loli a Lola.... La verdad es que siempre he respetado esos deseos, quizás porque me son no excesivamente cercanas esas personas y tampoco habría un gran cambio. Un poco más difícil es cuando a un nombre tienes asociadas fuertes emociones y encima se queda reducido a una sílaba. Por ejemplo Maripaz a Paz (que en andaluz, que no decimos la z final queda algo ridículo: Pá), Maria de la O, antes Marió y ahora O. Ha perdido su musicalidad y ahora parece chino... Pa Chin Guan, pero si Chin ni Guan :)))

    Pero qué bonito y con qué sensibilidad habéis escrito esos comentarios. Tengo que reprogramarme para que la rosa, aún teniendo otro nombre, conserve sus mismas propiedades y su esencia (alguien dijo una frase pero ni recuerdo la frase ni al autor/a).

    Muchos besos

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  20. A mi hasta hace un tiempo, todo el mundo me llamaba por un diminutivo, menos mi padre al que le gustaba llamarme por el nombre completo a modo de venganza contra el resto de la familia.

    Me estuvo bien hasta que un día me di cuenta de que cuando alguien me llamaba así yo no me sentía cómoda.
    Coincidió con un nuevo trabajo, aproveché para que todos me llamaran por el nombre completo, bueno, más o menos, que tengo uno de esos nombres con el que todo el mundo quiere llamarme de alguna otra manera.

    Me ha costado bastante conseguir que todos me llamen por el nombre completo, a algunos, mi pareja por ejemplo, les ha costado mucho, a mi madre le ha parecido una ofensa, y tengo una amiga en concreto que se niega a llamarme de otra manera y reacciona del palo, ya se te pasará la tontería algún día, aunque aún no sé si es lo que piensa de verdad.
    La tontería ya hace un puñaíto de años que me dura.

    No es lo mismo que lo que planteas, lo sé, pero puedo entender sus motivaciones.
    Lo que no sé es si yo te contestaría lo mismo.

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  21. Tengo un nombre, el primero de ellos, que da mucho de sí y la respuesta cuando me preguntan cuál prefiero de ellos es la siguiente: "llámame como quieras". Sólo hay una persona que me ha llamado con el nombre (la retahíla de nombres) completo y era mi padre.
    Respecto a la contestación de X, coincido con Tantaria: al parecer, necesitaba reinventarse. Y tan contenta de conocerse.
    El texto que has escrito: precioso de principio a fin.
    Salud. :) :)

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  22. Ender, yo entiendo el que alguien quiera ser llamado de otra manera, lo que no sabía es que me pudiera resultar en un caso concreto tan difícil. Me pasó una vez, pero menos fuerte. Conocí a un chico hace muchos años y se presentó como Eduardo y así lo llamé siempre hasta que años después me presentó a alguien de su familia y vi que lo llamaban Pedro. Entonces él me dijo que Pedro era su verdadero nombre. Me costó adaptarme pero no me supuso ningún esfuerzo sobrehumano. En este caso sí. Por eso también está bien plantearse lo que siente "la otra parte", lo que le supone el cambio y ver en qué punto está el no me respetas a mí o no te respeto a ti... Supongo que siempre ganará en merecido respeto quien desea cambiar su nombre :) Besos

    * Riada, a mí me llaman como quieran. Mis padres y mis alumnos me llaman de una forma, mis amistades de otra. Los primeros me dicen un nombre que puede resultar ñoño (de hecho creo que lo es), pero me lo dicen con tanto cariñete que me suena precioso. Un beso y gracias.

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  23. Qué texto tan bonito y tierno, Candela! Gracias por compartirte de esta manera tan linda.

    Sabes qué? Yo, que entiendo tu salida espontánea, entiendo que a X le haya molestado y te haya contestado así. Creo que las dos quedaron dolidas (cada una a su manera: tú por la sensación de pérdida y ella por el agotamiento de luchar contra mareas para conseguir un sueño que necesita. Sobre todo la "rabia" de que seas precisamente tú la que no la apoye sin "peros"). Los nombres cobran un valor muy importante cuando alguien toma la determinación de cambiárselos por el motivo que sea. Creo que X tiene un antes y un después, aunque la esencia siga siendo la misma. Y lo que me queda clarísimo es que hay muchísimo cariño entre ambas. Todo cambio requiere un proceso y cada uno tiene sus propios tiempos para asimilarlo. Ya verás cómo lo irás asimilando poco a poco y todo se pondrá en su sitio.

    Un abrazo enorme. ¡Me ha encantado este post!

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  24. me ha gustado muchísimo tu texto... tanto, tanto, tanto, que me has inspirado un post enterito, jajajaja

    Besos para ti y para ella y su nuevo nombre!!

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