28 enero 2011

Contra el dolor de muelas

He ido a comer con mis padres. Cuando estábamos terminando les conté que tengo cita con el dentista porque desde hace varios días me duele una muela en cuanto acabo de comer. Veo que mi padre se levanta sin decir nada y sale del comedor. Al poco vuelve sonriendo, como un niño orgulloso de su hazaña, y me pone sobre la mesa estas dos pequeñas almendras siamesas, que os enseño en varias fotos para que podáis apreciar lo bonitas que son y que realmente son pequeñas (para eso he puesto el ratón al lado):






Durante un segundo no entendí por qué me ofrecía aquellas almendras gemelas o siamesas, pero al segundo siguiente mi mente viajó muy lejos, hasta mi edad de tres años. Mi madre fue al dentista y me llevó consigo. Entramos en aquella habitación llena de sábanas blancas y herramientas punzantes y cortantes, en donde había un médico serio y gordo que llevaba una bata blanca. Mi madre se tumbó en el sillón y abrió mucho la boca, el dentista arrimó su cabeza a la de ella con algo que me parecieron unos alicates en las manos, casi subido al pecho de mi madre. Sentí que mi madre estaba en peligro de algo, que aquel señor de la bata blanca la estaba atacando y le iba a hacer mucho daño o la iba a matar. Entonces dejé de estar muda y quieta y me abalancé sobre el dentista, lo agarré por la bata y tiré de ella con todas mis fuerzas gritándole ¡a mi mamá no! ¡a mi mamá no! Vi saltar los botones de la bata y escuché a mi madre decirme que estuviese tranquila, que no le iban a hacer nada malo. Luego una enfermera me agarró por debajo de los brazos para sacarme de allí, pero dejé mi cuerpo pesado, pataleaba y gritaba. A duras penas me llevó a otra sala más pequeña y aquello fue mucho peor, porque al otro lado, en la sala grande, estaban haciéndole daño a mi madre y ya no habría nadie para salvarla.

Mi mente fue hasta unos días más atrás de aquella visita al dentista, cuando una tarde descubrí que mi madre, con una mano apoyada en la mejilla, se metía en un bolsillo del delantal unas almendras gemelas muy parecidas a las que hoy me regaló mi padre. Le pregunté para qué se las guardaba y me dijo que si te duele una muela, te metes un par de almendras como esas en el bolsillo del lado donde te duele la muela y el dolor se te pasa.

Todo ese recuerdo pasó en pocos segundos por mi mente, justo antes de preguntarle a mi padre ¿dónde pongo la almendra? En el bolsillo de tu chaqueta, en el lado donde tengas la muela que te duele.

Bonito placebo, que he portado en mi bolsillo derecho hasta el momento de hacerle las fotos. Hoy no he necesitado la pastilla de después de comer. No serán las almendras, será el efecto del cariño con el que sus manos las han puesto sobre la mesa para mí. Gracias, papá.

27 comentarios:

  1. El cariño tambien se transmite a los objetos, se llenan de esa vibración como una bateria y la descargan según la necesitas. Mis 'niños' llevan una cajita llena de besos por si acaso...

    Bonita historia.

    PD.A la pregunta que me dejaste en mi blog, la respuesta es si, si tu quieres claro que si.

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  2. Lindo detalle el de tu padre. Un fuerte abrazo.

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  3. Te ha quedado muy lindo el blog, muy fresco y primaveral ;)

    De lo de las almendras... qué dulce y que lindo detalle de tu papá, disfrútalo Candela, de verdad eres muy afortunada, pero lo mejor es que eres consciente :)

    besitos de colores :)

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  4. Un relato muy entrañable,recuerdos de la infancia...a los padres no seles olvida muchas cosas de nuestra niñez,tu padre se acordo y con todo el cariño te dio esas almendras...ese cariño y esa sensacion te ha hecho olvidar el dolor de muelas.

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  5. qué guapas las almendras y qué amoroso tu padre, me ha encantado este post.

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  6. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  7. Me sorprende que ninguna de vosotras haya dicho nada (aún me sorprendería más si no os habéis dado cuenta) de que esas almendras siamesas tienen un curioso parecido con una estupenda entrepierna (sobre todo la 3ª foto, con clítoris y todo). Te aseguro, Candelilla, que cuando vi la primera foto creí que ibas a decir que el remedio contra el dolor era algo sexual X-D.

    Aparte de la belleza del recuerdo (que la tiene), os invito a considerar las maravillas que nos ofrece la naturaleza ;-)

    Besos

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  8. Jajaja...Olga, parecido con un entrepiernas?? Pues en cuanto vi las fotos, antes de leer el post, en lo primero que pensé, precisamente, fue en una muela! Y en el resto de las fotos le vi parecido con una mariposa. Aquí, desde luego, imaginación es lo menos que falta!!

    Qué historia tan bonita, Candela! Un abrazo fuerte

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  9. Qué bonita historia, y qué memoria niña!!
    No conocía ese remedio...
    La almendra es preciosa, parece una vagina-mariposa...
    Besitos

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  10. Cuando vi la almendra me recordó a una muela, con sus raíces, pero cuando colgué las fotos, enseguida me vi una entrepierna, tal y como la describe Olga y también del tipo "mariposa", como la describe Glora. De hecho me acordé de Farala y pensé que ella lo vería así también, por similitud con algunas flores de las que ella ha hablado algunas veces jejeje. Mi almendrita es preciosa.

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  11. me encantan los remedios caseros y llenos de cariño...

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  12. mmmm, me equivoqué, Farala no ha visto vulvas jajajajaj

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  13. Jo Candela, al leerte he visto la escena. Tu padre levantándose y trayéndote las almendras siamesas. Y ahora me estoy limpiando disimuladamente una lágrima furtiva que cae.
    Cómo me gustan esos pequeños actos cotidianos llenos de complicidad entre padres e hijas!!

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  14. No es ninguna tontería que, a veces, los placebos actúan mejor que una medicina. Aquí el placebo ha sido el amor recíproco de tu padre.
    Que suerte¡.

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  15. Me encantó tu historia,un abrazo
    una Ovetense

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  16. Me parece mentira, pero cuando me empieza a doler la muela hago el truco del bolsillo y se me pasa. Pero yo no creo en estas cosas :)

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  17. Si ya se sabe que no hay mejor remedio que un poco de cariño. Y si te lo dan tu padre o tu madre, más.
    Por cierto, ¿de dónde saca tu padre esas almendras?
    Voy a contárselo a la mi M, que tiene muuuuchos almendros en Toledo, a ver si me trae unas. Por si acaso.
    PD: No te lo vas a creer, Candelilla, ¿sabes qué palabra de verificación me ha salido? CUREX. Lo flipo.

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  18. Mármara, cuando yo iba a recoger almendras alguna que otra vez encontraba alguna siamesa, pero no todas son tan perfectas como la de la foto, a veces una es como un apéndice pequeñito de otra.

    jajajajajaja CUREX, creo que Google se huele los posts.

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  19. y también clavo para el dolor de muela.. no sé qué efectos tendrán las almendras pero son preciosas igual que tus recuerdos.

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  20. Ay que lindo Candela, qué hermosos recuerdos, qué lindo gesto de tu padre.
    Un abrazo

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