04 febrero 2011

Chiquita mía

Junio de 1977 - 18 años

Los geranios estaban en plena flor y habían llenado la terraza de colores intensos, verde, rojo, rosa y blanco. Por las mañanas iba a trabajar y luego pasaba las tardes sola en casa, estudiaba mis asignaturas y las oposiciones de auxiliar administrativo, me ocupaba de la limpieza, la comida y la ropa, y en los entreactos disfrutaba de mis plantas y mis sueños: un día u otro podría ocurrir ese milagro que tanto se estaba haciendo esperar.

En el laboratorio no hacían los análisis hasta los veinte días de retraso, habían pasado solo nueve y yo había comprado en la farmacia un invento reciente, que se llamaba Confidest. Aquella tarde puse en el tubo de cristal las gotas de orina y lo apoyé en su soporte. Si al cabo de dos horas se había formado un círculo marrón yo estaría embarazada. No podía irme tranquilamente a hacer otras tareas y dejar que el círculo se formase o no se formase allí solo, sin mí. Me quedé plantada mirándolo un segundo tras otro, un minuto, veinte, una hora. Era imposible apreciar los cambios, me frotaba los ojos, daba una vuelta por la casa y al minuto estaba de nuevo allí mirando el reflejo de la base del tubo de cristal. Parecía que sí, que se iba formando un círculo, o tal vez no, quizás era mi imaginación que lo dibujaba, impulsada por mi deseo.

Pasaron dos horas y no estaba segura de si aquello era un círculo ni si era marrón, amarillo o un espejismo, no quería echar las campanas al vuelo. Fui a vestirme, me puse unas sandalias, un polo blanco y un pichi rojo. Intenté conectar con mi vientre, sentirte, si es que estabas ahí, pero solamente notaba el temblor de una emoción que quería responder a un hecho cierto. Me entretuve mirándome al espejo, buscando en mi rostro alguna señal de tu presencia y solamente veía a una mujer-niña con los ojos negros y una boca que sonreía sin saber muy bien por qué.

Volví al Confidest. Indudablemente había un círculo marrón bien dibujado en el fondo del tubo de cristal. Entonces me puse a reír con fuerza y a girar como una peonza en el salón, junto a aquellos sillones rojos que hacían juego con mi vestido. Tenía que compartir aquella alegría que me mantenía en el aire como si de repente me hubiese liberado del peso de mi propio cuerpo.

Salí de casa, bajé la escalera con cuidado para no hacerte daño, caminé despacio cerrando de vez en cuando los ojos para aspirar el aire de aquella tarde con olor a incipiente verano. Con la sonrisa puesta en el alma, no me di cuenta de quiénes eran las personas con las que me cruzaba o me saludaban, en esos momentos tú y yo estábamos en plena conexión. Mis pasos me llevaron a la casa de los abuelos, allí estaba la abuela sola. Cuando me vio llegar en éxtasis me miró recelosa y con su forma de decir las cosas me preguntó qué te pasa que vienes tan sonriente. Que estoy embarazada. Ay, qué bien, pero ... ¿serás capaz de criarlo? Sonreí porque al tenerte conmigo mi madre acababa de perder su poder de enfadarme con sus palabras, y no sé cuándo volví a casa ni cuándo se lo conté a tu padre, porque esa tarde, en donde quiera que estuviese no había nadie más que tú y yo.

Unos días después fui a hacerme la prueba oficial, que dio positivo. Me acompañaba papá. Llevé su mano a mi vientre y le dije tenemos aquí a nuestro bebé. Sonrió con la ternura de quien veía en mí a una niña demasiado crédula e inocente y me dijo que no eras un bebé todavía, que apenas eras un gusanito. Se me hizo un nudo en la garganta de pensar que él no te quería todavía, cómo era posible si yo ya te quería tanto y me vi sola en aquel sentimiento tan fuerte de amor. Los hombres no sienten las cosas igual, pensé. Claro que mi madre tampoco siente como yo, pero no, lo que pasa es que mi madre siempre se hace la dura, en el fondo sé que está contenta y que él está contento, y mi padre también, pero ellos todavía no te aman y yo sí, estamos juntos y lo estaremos durante mucho, mucho tiempo (en aquellos tiempos los bebés-gusanito eran siempre varones mientras no se demostrara lo contrario, esto es, al nacer). Yo te enseñaré a amar las flores, la música, los libros, los árboles, el mar y la vida, a querer a los animales y a las personas buenas, a ponerte en la piel de los desprotegidos, inventaré historias para ti, te llevaré de mi mano por el mundo y no te pasará nunca nada malo, porque yo te voy a cuidar y te voy a enseñar a cuidarte y a quererte, a ser fuerte, sensible y buena persona.

Las tardes ya no eran solitarias, tú crecías dentro de mí, yo te contaba cosas bonitas y te ponía música suave. Te imaginaba en cada rostro de bebé de mi libro de embarazo, ora niña, ora niño, rubia, moreno, en la escuela, en el parque, con coletas, con el pelo liso, rizado... Cuando íbamos al cine te daba hipo, cuando cerraba la puerta del coche te sobresaltabas en mi vientre y cuando respiraba profundamente te movías mucho como una mariposa en el aire fresco que yo te entregaba.

Febrero 1978 - 19 años

Aquella madrugada de domingo no podía dormirme porque un grupo de chicos cantaba serenatas para alguna moza del edificio. Luego me dormí un poco y me desperté sabiendo que ibas a nacer. No me dolía nada, pero llamé a la madre de tu padre para decirle que me llevasen al hospital. Pero niña, si no te duele nada... Vámonos, que está a punto de nacer, le insistí yo. Pero tú pon cara de que te duele mucho o no te harán ni caso, una primeriza ya se sabe.

Una hora y media después, con mis piernas sujetas a unos estribos en alto oí tu voz, no era llanto, fue sólo un "niaaaa", un aviso discreto de que habías llegado y de que estabas bien -siempre fuiste igual-. Te miré... no, más bien te comí con los ojos. Me dijeron es una niña. ¡Una niña! Yo, que había estado tan serena todo el tiempo, no pude contener la emoción. Las piernas empezaron a temblarme y los artilugios donde las apoyaba parecía que se iban a romper. Lloré y reí a la vez porque eso que estaba pasando era lo más hermoso y lo más mágico que me había pasado nunca. Mientras te lavaban no aparté ni un segundo la vista de ti, temí que te pusieran en una cunita de metacrilato y te llevasen a una sala llena de bebés donde no podría tocarte, así que me salió un grito tipo súplica: no os la llevéis a ningún sitio. No lo hicieron. Te pusieron la ropa que llevé para ti y te colocaron en mis brazos. Tú me miraste con aquellos ojos entonces azules, arrugando el entrecejo como pidiéndome que te hablase para reconocerme en aquella voz que desde hacía meses te contaba tantas cosas.


Días después


14 meses después

Cuántos caminos hemos recorrido, cuántos descubrimientos hemos hecho juntas en estos treinta y tres años, qué cerca estás de mí, cuánto aprendí y aprendo de ti cada día. Qué gran persona eres y cuánto te quiero. Feliz cumpleaños, mi pequeña.


Tres años después

17 comentarios:

  1. Yo creo que así eras tú de pequeña, no? Es que tiene toda tu cara, me ha parecido una Candelita pequeña con los mismos ojos y la misma sonrisa. Sácame de dudas, anda.

    Pues si es así,¡ Felicidades a las dos! A la madre por contarlo tan bien y a la hija por cumplir años.

    Un abrazo a ambas.

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  2. Felicidades desde aquí a la Candela Pequeña...Y doy fe de que se parecen en muchas cosas...

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  3. Que regalo mas bonito este precioso post. ¡Felicidades a la cumpleañera!

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  4. Candela, me han emocionado tus palabras, qué bonitas, qué forma más hermosa de describir todo lo que sentiste y sientes hacia tu hija. Conmovedor!! Debes de ser una mamá excelente. Un abrazo

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  5. ¡Que ganas me has dao de ir hacer un niña o un niño!!
    Pero me contengo...
    Me parece que sois almas gemelas, un lujo quererse tanto.
    ¡Felicidades a las dos!

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  6. Enhorabuena. Felicidades. Te lo mereces. ¿No te parece que fue una vida anterior? Se te parece mucho y es preciosa. Un fuerte abrazo.

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  7. felicidades a tu niña (cumple años cuando elenita...)

    ¡que preciosísísimo post, como dice cereza dan ganas de ponerse a ello, pero nununuuuuu that way lies madness

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  8. Ay Candela,
    Me has emocionado de una forma que tengo la piel de gallina.
    Pienso en mi madre, la extraño tanto! Sólo queda por decir que coincido con Caminos, debes de ser una madre excelente. Me encantaría conocerte más allá de lo que leo, aunque transmites tanto cariño con tus palabras que puedo tenerlo por cierto como si fuera de primera mano.
    Un gran abrazo para vos y para la afortunada cumpleañera (pedazo de mami que tiene)
    Un beso,

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  9. Ay Candela....que post tan bonito,me emocioné y todo,muchísimas felicidades para tu hija mayor.
    PD:Sois clavaditas.
    Un abrazo pa las 4.
    Una Ovetense

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  10. Muchas felicidades, a la "cumpliente" y a la que celebra el día que le dió motivos para sonreir y sentirse amada de por vida. Enhorabuena a ambas

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  11. Ay Candela, este es uno de los post más lindos que has hecho!
    Porfa dale a Candela chica un fuerte abrazo de parte nuestra, que la recordamos con mucho cariño... y enhorabuena a tí, porque soy testiga del trabajo fantástico que hiciste con ella. Es una mujer preciosa por dentro y por fuera, no podía ser de otra forma siendo hija tuya :)

    besitos a todas

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  12. Me has enviado,con la lectura de tu post, a aquellos dias en los que yo también esperaba,imaginaba,tejía mañanas...ahora mi primera esperanza(esperanzo,en mi caso!!!)tiene "solo" 17 años,pero qué deprisa han pasado, y como añoro al bebé al niño pequeño que fue...
    Muchas felicidades para tu hija y para ti.
    Un abrazo

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  13. Muchísimas gracias a todas por vuestras felicitaciones! Sobre todo a ti, mamá, sobre todo a ti por tantas y tantas cosas que me has dado en todos los aspectos. Teneis razón, somos muy parecidas (ella bastante más guapa que yo) y en este cuadradito no puedo expresar todo lo que mi madre significa para mí, como madre y sobre todo como persona. Simplemente, es la mejor.

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  14. Ayssssssssssssssss, qué bonito post. Mira que soy bastante "dura" pero ha llegado a emocionarme. Los hijos..... lo mismo nos dan la vida que nos la quitan, no hay una relación igual con nadie de dos patas (los de 4 son otra cosa :)))

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  15. Guauuu, qué bonito, Candela... Me ha hecho revivir mi embarazo, y renovar las promesas de vida que le hice a mi hija a lo largo de esos nueve meses, hace ya siete años... Ahora que no la tengo cerca, tu post me ha llenado de ganas de correr a su lado y cogerla de la mano para no soltarla ni un minuto... ¡Gracias por tantas emociones!

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  16. Que más se puede decir si la propia "Chiquitita tuya" lo dice más arriba?.Felicidades a las dos. Un beso.

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  17. Como llego con retraso me limitaré a decir una cosa.
    Candela, no conozco ni de cerca lo que es que una madre te quiera así. Tú me has hecho descubrirlo mientras leía tus palabras.

    Qué post más hermoso y qué orgullosa debe sentirse "Little Candela" de tener una madre como tú.

    Un abrazo enorme para todas!

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