12 febrero 2011

La agresión desviada

Es el título de un artículo de la revista Redes, nº 10, de Punset, al que hice alusión hace unos días y que me envió Pena Mexicana. No puedo enlazar el artículo porque no lo he encontrado en internet. Tampoco lo transcribiré entero por su larga extensión. Viene a cuento de esas sorpresas con las que en ocasiones -contadas, eso sí- nos han obsequiado a las habitantes de esta humilde casa personas a las que hemos abierto de par en par las puertas no solo de nuestra casa sino de nuestra alma. Siempre se ha tratado de personas que estaban viviendo situaciones casi extremas, de ánimo, de vida, de entorno, económicas o familiares. En esta familia tenemos como factor común -por lo tanto podría tratarse de comportamientos aprendidos- el ánimo de ayudar por una cuestión quizás de justicia cósmica y pensar que si viviéramos situaciones parecidas a las que están sufriendo esas personas nos sentiríamos afortunadas si alguien nos ofreciera su oído, su comprensión, búsqueda de ayuda externa, un espacio acogedor, comida, una cama o un poco de todo eso. Si es una mujer o una niña de las edades de mis hijas, a mí me asalta el sentimiento maternal y me vuelco doblemente: si mi hija se viera en estas circunstancias agradecería el resto de mi vida a quien le tendiese una mano.

En esas contadas situaciones se han dado estas dos circunstancias: personas en situaciones extremas de un lado y personas dispuestas a dar una ayuda sin límites por el otro. La tercera circunstancia sobrevenida ha sido un progresivo distanciamiento por parte de esas personas en cuanto han dejado de necesitar nuestra ayuda, lo cual nos parece perfecto, señal de que están bien y de paso un descanso para nosotras que nos devuelve a nuestra paz cotidiana. La cuarta y última circunstancia, también sobrevenida, ha sido que, incomprensiblemente, esas personas han hallado en algún comportamiento nuestro, posterior a la ayuda, una causa más que justificada -según ellas- para agredirnos de alguna forma, normalmente difundiendo un folletín de tipo B sobre nuestras intenciones o sobre un carácter oculto que acaban de descubrirnos y que nos hace seres indeseables y atacables.

La repetición de circunstancias nos ha llevado a temer ya desde el primer momento de la ayuda el que se produzcan esas reacciones no deseadas en un futuro. A pesar de eso, la llegada de la agresión nos ha pillado siempre por sorpresa. ¿Podría tratarse de una agresión desviada?


En el artículo de la revista, aludida al principio, habla  David P. Barash, profesor de Psicología de la Universidad de Whashington, y comienza así: "Todos hemos experimentado alguna vez el dolor. Cuando pasan cosas malas -y, tarde o temprano, siempre pasan- algo peculiar y profundamente desagradable puede ocurrir después: como efecto de haber resultado heridas, las víctimas a menudo reaccionan, haciendo que otros también sufran el dolor que ellas mismas sufren. Y aquí hay algo curioso: frecuentemente eligen a un inocente, alguien que no era el que les ha causado el sufrimiento, como su propia víctima. Los biólogos llaman a esto 'agresión desviada o redirigida'. Opera a través de la transferencia del dolor, a veces físico, a veces psicológico..."

Esta teoría ha sido probada en laboratorio mediante ratas: "Si ponemos a una rata en una jaula con un suelo electrificado que produce descargas de forma repetida, el pobre animal mostrará muchas señales de estrés. Cuando se le haga la autopsia se verá que sus glándulas adrenales son más grandes de lo normal y, probablemente, también tendrá úlceras en el estómago. Ambos hechos indican la presencia del estrés. Si repetimos el experimento pero esta vez añadiendo un palo de madera en la jaula, la rata lo mordisqueará y soportará la experiencia mucho mejor. En la autopsia, las glándulas adrenales serán más pequeñas y tendrá menos úlceras. De alguna manera mordisquear el palo ha ayudado a la rata. Por último si ponemos dos ratas en la jaula y solo a una se le aplican las descargas, responderá atacando a la otra. Curiosamente observaremos en la autopsia que las glándulas adrenales del animal tendrán un tamaño normal e incluso, a pesar de haber soportado numerosas descargas no tendrá úlceras. Cuando los animales responden al estrés y al dolor redirigiendo su agresión fuera de sí mismos, ya sea mordiendo un palo o a otro individuo, parece que se están protegiendo a sí mismos del estrés... aunque sea a pesar de infligir daño a otro. (...) Parece probable que individuos que han respondido a situaciones dolorosas haciendo daño a otros hayan sido más exitosos que esos que simplemente sufrieron su dolor en silencio con todas las consecuencias fisiológicas asociadas".

En cuanto al experimento observado en seres humanos el profesor Barash habla de la invasión de Irak, a pesar de ser un error, sirvió para redirigir hacia una víctima inocente la rabia por el 11-S. También "en un estudio clásico, los psicólogos encontraron que podían predecir el número de linchamientos sureños entre 1882 y 1930 simplemente a partir del precio del algodón del año anterior. Cuando el precio bajaba el número de linchamientos aumentaba. El dolor económico y social de los blancos pobres era pasado hacia los negros, sin que se diesen cuenta de forma consciente de que lo que buscaban eran cabezas de turco en las que desahoga su angustia".

Concluye la parte principal del artículo con estas palabras: "Idealmente, la persona castigada debería ser la que ha perpetrado la ofensa pero, de hecho, una vez las ruedas del dolor han comenzado a moverse, lo que realmente parece importar es que otro -cualquiera- sufra. Alguien ha de pagar".

Mis impresiones

Con la lectura de este artículo he entendido parte del problema que nos afecta, pero no todo. Nada se dice de que la víctima elegida sea aquella persona a la que se debe agradecimiento, pero claro, tampoco se niega que sea así, aunque resulte doblemente penoso reconocerlo. Por otro lado, no todas las víctimas de maltrato o injusticias usan su parte animal para desahogar su dolor, pues bastantes utilizan la inteligencia, el raciocinio y la bondad en lugar del acto reflejo o la intuición animal, de forma que canalizan el dolor sufrido hacia causas loables que eviten o atenúen ese dolor a otras personas en similares circunstancias. Ahí radica, a mi juicio, la verdadera resiliencia.

Además tengo una teoría propia -quizás exista ya y esté probada, o no- acerca de por qué, en lugar de agradecimiento, lo que se produce es desprecio. Podría ser que el coste de ese agradecimiento se suponga tan alto que no se vea manera de demostrarlo o que nos haga sentir que tendremos nuestra vida hipotecada para pagar de alguna manera. Un modo de ahorrarse ese coste es buscar y hallar en la persona o personas que nos tendieron la mano alguna fuerza oscura que las movió a ayudar, algún defecto inconfesable que ocultan en su yo más profundo y por tanto, el que debería agradecer la ayuda, asumiendo y difundiendo esa presunta falta -en absoluto presunta para él/ella- se libera de deudas, incluso si nadie tuviese intención de cobrárselas.

14 comentarios:

  1. Pues yo tengo otra. Cuando ayudas a alguien que está mal, siempre siempre le vas a recordar esos momentos. Por eso, para acabar de solucionarlos, debe desprenderse de ti.

    Sabes? A mí ya me da igual, a fuerza de patadas una deja de creer en la gente y sobretodo en la amistad.

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  2. Es cierto que existe esa necesidad de buscar culpables en los que descargarse y claro que deben ser más débiles pero no necesariamente quien ayuda es más débil por lo que estoy con dintel (en los dos párrafos)

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  4. Hay gente para todo. Agradecidos, desagradecidos y de los que machacan. En mi infinita inocencia, o mi supina gilipollez, nunca he entendido qué lleva a algunas personas a querer machacarte. Pero lo importante de verdad, es que eso no te haga perder la capacidad de ayudar a las buenas personas. Y que no te hagan perder lo mejor de ti misma!

    Un abrazo enorme para Pepa y para ti, Candela.

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  5. Al comentario de FINI: Nunca hasta hoy he borrado un comentario de nadie, pero en este caso, sin conocer ni a la persona a la que va dirigido ni a la que firma el comentario, no me parece adecuado insultar bajo el anonimato a una persona a la que el anónimo identifica. Borro el comentario de FINI, este es mi espacio.

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  6. Me parece que eso que mencionas en la última parte se llama proyección. Una psicóloga sin duda lo podría explicar mejor o inclusive corregirme. Yo creo que lo que sucede en esos casos es que la persona que recibe la ayuda está tan convencida de ser una mierda (con perdón) que para poder soportarlo, proyecta esa imagen en quien tiene cerca y en lugar de mirarse a si misma, ve a esa otra persona con toda su podredumbre. ¿Suena muy enredado? si es asi lo siento, para mi tiene lógica...
    En lo que estoy de acuerdo con Chris es que ese tipo de gente no debería tener el poder de cambiarte a ti. Me da a mi que esto tiene miga como para un post... trataré de escribirlo hoy antes de que se me vaya la idea :)

    besitos niña, para tí y para tu Pepa :)

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  7. Desde donde yo lo veo y por mi propia experiencia, la sensación de fracaso que experimentan personas muy orgullosas y perfeccionistas en estados de necesidad es una presión tan grande que se les hace insoportable, hasta el punto de aborrecer aquellos que les ayudaron y vieron su carencia. Cuanto más ven afabilidad y dulzura en aquellos, más inferiorizados se sienten, más rabia porque confunden amabilidad con condescendencia. No pueden tolerar que alguién que probablemente consideren inferiores a ellos les hayan prestado ayuda y necesitan una excusa que les libere de esa presión interna. Reconocer agradecimiento es reconocer su carencia y su orgullo no se lo permite, no es que reconozcan una deuda que sean incapaces de pagar, que lo son (incapaces). No salen de su propia mezquindad.
    El hombre es el único animal que muerde la mano que le acaricia

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  8. Yo creo que esto último, el agredir a quién te ayudó, es una agresión a la propia debilidad. Y a esa situación vivida. De ahí que se rompa lazos de forma drástica y violenta con quienes formaban parte de esta situación, incluso con quien estaba en el papel de rescatador. Hay, creo, un deseo de borrarlo todo, de que no haya ocurrido, pero quienes te ayudaron siempre sabrán lo ocurrido y, lo peor, siempre te verán cómo esa víctima. De ahí la rabia dirigida justamente hacia ellos.

    Un beso

    (No viene a cuento, pero qué desviación más monstruosa es esa violencia que los humanos aplicamos a las ratas "en nombre la la ciencia". Me ha dejado muy mal cuerpo esto.)

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  9. Siendo un poco simplista diré que en esos casos de "desagradecimiento" mi opinión es de que no hemos ayudado a la persona apropiada. Quiero decir que no todo el mundo se merece ayuda y que hay bastante gente a la que no le vendría mal un poco de su propia m...
    Esa es mi experiencia en estos casos que mencionais, por duro e inhumano que parezca.

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  10. Qué tema tan complejo y desagradable, Candela. Desde ayer no paro de darle vueltas al experimento con las ratas: espeluznante!! Y lo más triste es que veo la relación directa con el ser humano. Tanto orgullo es demasiado destructivo. Si fuéramos más humildes...Es una prueba más de las inseguridades que rodean al ser humano y de la poca confianza que la media tiene en sí misma. Ésa es mi conclusión. Un abrazo a ti y a Pepa. Como ya han dicho más arriba, lo importante es que hechos como estos no les haga perder a ustedes la esencia que les caracteriza.

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  11. interesante teoría tuya.. estoy de acuerdo en alguna ocasión me he visto sorprendida por esta reacción extaña y lo achaco a lo mismo, o quizás simplemente a orgullo herido,el sentirse ayudado, sobre todo de personas que nunca lo han sido, les crea un sentimiento de inferioridad, al aceptar la ayuda que se resuelve en forma de agresividad y orgullo, reaccionando de forma violenta.. quien sabe.. la psicología humana tiene tantas formas...

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  12. Muy muy interesante, llevamos tantas cosas en las mochilas a cuestas... Esa persona ayudada tiene completamente aniquilada su autoestima real, el armazón de su identidad( previa al maltrato o a causa de éste, o ambas )Mal puedes amueblar una casa con objetos bonitos cuando no tiene paredes... quizá digas entonces que no los quieres o que no son tan bellos...
    Besos.Lenteja.

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  13. Creo que es interesante la teoría. Pero lo que más interesante me resulta es saber (SABER) que, a pesar de las malas experiencias anteriores, el que es bueno, lo es. Y eso me encanta.

    (Quizá solamente te falte asumir que así será siempre y que el que pierde es el desagradecido. Tu solamente ganas)

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  14. No está en la ayuda en sí, más bien en la sutileza de la ayuda...Cuando se entrega tiene que llevar el mensaje intrínseco de que recibes...

    Nunca me ha fallado.

    Concha

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