26 julio 2011

A Asturias: con el corazón lleno y la maleta aún vacía.

Lo que puede salir bien saldrá muy bien, y así está mi ánimo ante el inminente proyecto de viajar hasta las barricadas de Marcela. Digo Marcela y no Asturias porque en Marcela converge toda la Asturias que más deseo ver, oír, respirar y sentir a fondo. Ella dice ya tener la casa preparada, pero lo cierto es que ya la tenía desde mediados de mayo, cuando me invitó a cambiar mis aires algo viciados por otros más frescos, solo que entonces no fui capaz de desatarme de mi casa, mi cama, mi teléfono, mi Granada... (ET). Ahora sí. Haremos juntas el camino mi gemela pequeña y yo, el de ida, el de vuelta y los que encontremos en los días intermedios. Ella y yo nos detendremos en Madrid para disfrutar unas horas y pico de la compañía de Chris. Allí compartiremos como siempre tertulia, sentimientos, abrazos y ronquidos, incluidos los de Zoe. (Chris, y esta vez pienso discutir sobre aquello que me propusiste como indiscutible en ocasiones anteriores... ;) ¿ganaré?)

Vamos sin programa, tranquilamente y sin fecha fija de vuelta. Nos dejaremos sorprender por Marcela, que ya habla de temas sugestivos, y nos dejaremos llevar todas nosotras por el "ahora" de luego, lo que nos pida el cuerpo y el alma. Tengo muchas ganas de ir a la Caleya, de volver a ver a Marcela, a Yosu, a Cris, a todas las tamborileras (seguro que no se llama así en asturiano), a las bollonenas y a las bolloimserso, de conocer personalmente a Mármara, a Calvin, que de alguna manera ya conozco, y a todas las que ni siquiera imaginaría llegar a conocer. ¡Y por supuesto a Clara! Clara, si me encuentras hazte visible :)

Tengo algunas cosas apuntadas para llevarme y otras que no necesito apuntar porque no se me van a olvidar: mi cámara de fotos, mi cámara de vídeo y sobre todo un puñado de tesoros intangibles con los que la vida me ha sorprendido en los últimos días.

Nos vemos, queridas amigas mías, en brevísimo :)

13 julio 2011

Hablar durmiendo

La casa hasta hoy ha estado patas arriba. El dormitorio y la cama de Mayita llenos de cajas, carpetas y objetos sin clasificar. De modo que está durmiendo conmigo estas noches.

Anoche cuando se durmió habló, pero no le entendí nada, excepto: "Mami, habrías podido ir a comprar la leche más cerca".... ¿Eing? Ah, incoherencias del sueño.

Ella esta mañana, como siempre, se despertó antes que yo y se ha entretenido en grabarme algunos ronquidos, silbidos y mi voz. Yo no sabía que también hablaba en sueños. En la grabación, dejo de roncar por un momento, arrugo el entrecejo, pongo cara de pucheros y digo "Qué pena".

09 julio 2011

Relaciones-tapón

Llevo varios días pensando en las relaciones-tapón, que es un nombre que he inventado para determinadas relaciones negativas de pareja. En un paréntesis podría explicar qué sería una relación-tapón positiva: aquella que hace tan felices a ambas partes que a ninguna se le ocurriría exponerla a riesgos ni a deterioro alguno. ¿Existen? Entre parejas heterosexuales conozco alguna, entre parejas del mismo sexo he estado haciendo mis investigaciones y de hombres no conozco ninguna y de mujeres una. Hablo por supuesto desde la limitación de mi círculo de personas amigas y conocidas. Son positivas no solo por la felicidad y el crecimiento personal que aportan a las dos personas, sino también porque duran en el tiempo, a pesar de baches, crisis, enfermedades y otros avatares "peligrosos". Para muestra, aquel enlace a la Noche Temática, la pareja de mujeres Edie y Thea, que recomendé hace unos días en Facebook.

Después del paréntesis, me extenderé en las otras: las relaciones-tapón negativas. ¿Y por qué contiene la palabra tapón cuando teóricamente podría sobrar? Sencillamente porque son relaciones negativas que se mantienen largamente -o eternamente- en el tiempo, que no aportan nada bueno, es más, que sumen a una o a las dos personas en un estado de pesadilla intermitente con o sin intervalos de luna de miel. Sí, eso de las lunas de miel es algo que nos recuerda a la llamada "violencia de género", que la hay de todos los géneros. Lo del "tapón" es porque son relaciones que impiden al menos a una de las dos personas implicadas abrirse a la vida y disfrutarla, ya sea en solitario o con otra pareja. Como lo más frecuente es que aspiremos a tener pareja, nos quedamos con el tapón puesto, a saber por qué, unas veces porque pensamos que más vale malo conocido que bueno por conocer, otras porque esperamos que con nuestra paciencia y nuestro amor, la otra parte dé un giro inesperado que nos haga compatibles y podamos ser por fin amadas y amantes. Otras veces, porque después de dar un vistazo a nuestro alrededor lo que vamos encontrando nos parece incluso peor que lo que tenemos: es cuando pensamos que la que está libre es incompatible con nosotras, o es fea por dentro, por fuera o por todas partes, y la que nos gusta está emparejada para bien o para mal.

Hace cinco años conocí a una mujer algo mayor que yo y psicóloga de profesión. Nos gustamos ambas. Yo estaba libre y realmente feliz (fue en aquel período de mi vida en que decidí que, de tener pareja, sería para estar igual o mejor que sola). Ella, en cambio, estaba metida en una relación-tapón que ya duraba varios años. Su pseudopareja era de esas de estar un día enamorada, otro día no, un día "eres la mujer de mi vida", otro día "no te soporto"... Ni que decir tiene que huí de ella como de la peste, aunque mantuvimos desde entonces algunos contactos puramente amistosos en donde no volvimos a hablar de su relación-tapón. Hasta hace unos días en que, durante una de nuestras conversaciones telefónicas, se me ocurrió preguntarle cómo iba aquella historia. Me contestó: "Ahí seguimos, pero yo ya estoy mucho mejor, ya me resbala todo mucho más, ya no estoy ni siquiera enamorada de ella". ¡Cinco años más además de los anteriores! ¿Y ahí seguimos?... Mi amiga vive una relación-tapón que no le aporta nada pero que le ha cerrado y le sigue cerrando puertas a otras posibilidades ¿mejores, peores? Quién sabe, quién no arriesga, ni gana ni pierde. Como esa, conozco otras cuantas historias muy similares, que se siguen manteniendo después de años. Muchas... quizás demasiadas. En ocasiones hasta me parece que son las más comunes.

Yo también tuve mi relación-tapón. Duró siete años. Recuerdo que lo primero negativo que me dijo con una sonrisa y un sutil tono de voz fue aquello de "pregúntate por qué no quiero aún que convivamos...", al ver mi interrogante entre las cejas, continuó diciéndome "tendrías que cambiar algunas cosas, a mí me gustan las mujeres más sumisas de lo que tú eres". Ahí comenzó mi cambio progresivo, claro que cada vez se agregaban nuevas exigencias. Hasta que me perdí, yo ya ni sabía quién era ni cómo era antes de todo aquello, y en mi propio deterioro se me olvidó darme cuenta de que me había convertido en una persona sin chispa, una máscara de mí rellena de algo que no era yo. Mientras duró todo aquel proceso nadie me interesaba más que esa persona, no por interesante precisamente, sino porque al quedarme sin esencia lo único que perseguía era parecerme al prototipo que la otra parte había diseñado para mí, y ese afán me ocupaba todos los minutos de mi vida ¿cómo iba a estar abierta a nadie más? Por otra parte ¿a quién le iba a interesar yo en cuanto se daban cuenta de que mi pseudo-relación me tenía atrapada?

De todo se aprende, de lo malo a veces más que de lo bueno, todo depende del cristal con el que mires tu propia historia. Al final de los siete años pasé un tiempo encerrada en mí misma, interiorizando y aprendiendo un montón de cosas muy importantes, entre ellas la de que nunca más tendría una relación-tapón negativa. Podría dar una o dos oportunidades, esperar uno o varios meses, porque todo el mundo tiene derecho a tener una crisis personal y podría tratarse de eso. Pero no más tiempo, no entrar en la espiral del encierro y del no a la alegría, del no a la vida.

P.S. Ayer vi la Película "Familia", dirigida por Fernando León. En un momento, el protagonista, interpretado por Juan Luis Galiardo, dijo: "Mejor mal acompañado que solo". ¡No!

01 julio 2011

¿Quedada en Madrid?

Esta noche Mercedes y yo llegaremos a Madrid y nos alojaremos en casa de Chris (ya siento el sabor del chocolate mmmmmmmmmm). Mañana iremos a la mani-fiesta y después, como ya me han dicho que es casi imposible moverse por allí o quedar por los bares de la zona, podríamos quedar en cualquier sitio todas las blogueras y comentaristas no blogueras de Madrid y las que se desplacen hasta ahí para la ocasión. No tengo ni idea de dónde pero eso lo dejo para las madrileñas y seguro que nos ponemos todas de acuerdo. ¡Me hace mucha ilusión!