09 julio 2011

Relaciones-tapón

Llevo varios días pensando en las relaciones-tapón, que es un nombre que he inventado para determinadas relaciones negativas de pareja. En un paréntesis podría explicar qué sería una relación-tapón positiva: aquella que hace tan felices a ambas partes que a ninguna se le ocurriría exponerla a riesgos ni a deterioro alguno. ¿Existen? Entre parejas heterosexuales conozco alguna, entre parejas del mismo sexo he estado haciendo mis investigaciones y de hombres no conozco ninguna y de mujeres una. Hablo por supuesto desde la limitación de mi círculo de personas amigas y conocidas. Son positivas no solo por la felicidad y el crecimiento personal que aportan a las dos personas, sino también porque duran en el tiempo, a pesar de baches, crisis, enfermedades y otros avatares "peligrosos". Para muestra, aquel enlace a la Noche Temática, la pareja de mujeres Edie y Thea, que recomendé hace unos días en Facebook.

Después del paréntesis, me extenderé en las otras: las relaciones-tapón negativas. ¿Y por qué contiene la palabra tapón cuando teóricamente podría sobrar? Sencillamente porque son relaciones negativas que se mantienen largamente -o eternamente- en el tiempo, que no aportan nada bueno, es más, que sumen a una o a las dos personas en un estado de pesadilla intermitente con o sin intervalos de luna de miel. Sí, eso de las lunas de miel es algo que nos recuerda a la llamada "violencia de género", que la hay de todos los géneros. Lo del "tapón" es porque son relaciones que impiden al menos a una de las dos personas implicadas abrirse a la vida y disfrutarla, ya sea en solitario o con otra pareja. Como lo más frecuente es que aspiremos a tener pareja, nos quedamos con el tapón puesto, a saber por qué, unas veces porque pensamos que más vale malo conocido que bueno por conocer, otras porque esperamos que con nuestra paciencia y nuestro amor, la otra parte dé un giro inesperado que nos haga compatibles y podamos ser por fin amadas y amantes. Otras veces, porque después de dar un vistazo a nuestro alrededor lo que vamos encontrando nos parece incluso peor que lo que tenemos: es cuando pensamos que la que está libre es incompatible con nosotras, o es fea por dentro, por fuera o por todas partes, y la que nos gusta está emparejada para bien o para mal.

Hace cinco años conocí a una mujer algo mayor que yo y psicóloga de profesión. Nos gustamos ambas. Yo estaba libre y realmente feliz (fue en aquel período de mi vida en que decidí que, de tener pareja, sería para estar igual o mejor que sola). Ella, en cambio, estaba metida en una relación-tapón que ya duraba varios años. Su pseudopareja era de esas de estar un día enamorada, otro día no, un día "eres la mujer de mi vida", otro día "no te soporto"... Ni que decir tiene que huí de ella como de la peste, aunque mantuvimos desde entonces algunos contactos puramente amistosos en donde no volvimos a hablar de su relación-tapón. Hasta hace unos días en que, durante una de nuestras conversaciones telefónicas, se me ocurrió preguntarle cómo iba aquella historia. Me contestó: "Ahí seguimos, pero yo ya estoy mucho mejor, ya me resbala todo mucho más, ya no estoy ni siquiera enamorada de ella". ¡Cinco años más además de los anteriores! ¿Y ahí seguimos?... Mi amiga vive una relación-tapón que no le aporta nada pero que le ha cerrado y le sigue cerrando puertas a otras posibilidades ¿mejores, peores? Quién sabe, quién no arriesga, ni gana ni pierde. Como esa, conozco otras cuantas historias muy similares, que se siguen manteniendo después de años. Muchas... quizás demasiadas. En ocasiones hasta me parece que son las más comunes.

Yo también tuve mi relación-tapón. Duró siete años. Recuerdo que lo primero negativo que me dijo con una sonrisa y un sutil tono de voz fue aquello de "pregúntate por qué no quiero aún que convivamos...", al ver mi interrogante entre las cejas, continuó diciéndome "tendrías que cambiar algunas cosas, a mí me gustan las mujeres más sumisas de lo que tú eres". Ahí comenzó mi cambio progresivo, claro que cada vez se agregaban nuevas exigencias. Hasta que me perdí, yo ya ni sabía quién era ni cómo era antes de todo aquello, y en mi propio deterioro se me olvidó darme cuenta de que me había convertido en una persona sin chispa, una máscara de mí rellena de algo que no era yo. Mientras duró todo aquel proceso nadie me interesaba más que esa persona, no por interesante precisamente, sino porque al quedarme sin esencia lo único que perseguía era parecerme al prototipo que la otra parte había diseñado para mí, y ese afán me ocupaba todos los minutos de mi vida ¿cómo iba a estar abierta a nadie más? Por otra parte ¿a quién le iba a interesar yo en cuanto se daban cuenta de que mi pseudo-relación me tenía atrapada?

De todo se aprende, de lo malo a veces más que de lo bueno, todo depende del cristal con el que mires tu propia historia. Al final de los siete años pasé un tiempo encerrada en mí misma, interiorizando y aprendiendo un montón de cosas muy importantes, entre ellas la de que nunca más tendría una relación-tapón negativa. Podría dar una o dos oportunidades, esperar uno o varios meses, porque todo el mundo tiene derecho a tener una crisis personal y podría tratarse de eso. Pero no más tiempo, no entrar en la espiral del encierro y del no a la alegría, del no a la vida.

P.S. Ayer vi la Película "Familia", dirigida por Fernando León. En un momento, el protagonista, interpretado por Juan Luis Galiardo, dijo: "Mejor mal acompañado que solo". ¡No!

13 comentarios:

  1. Yo también tuve una relación-tapón. Duró casi cinco años aunque no era del tipo de "no sé si te quiero" sino del tipo: "estoy tratando de entender porqué le tengo miedo al compromiso pero cuando lo descubra seguramente querré estar contigo".
    Suena absurdo, lo sé. El caso es que un día se le ocurrió decirme que "se había dado cuenta que ya no me quería como antes" y fue como un toque mágico: salí corriendo escopetada y con una vacuna fantástica contra semejantes babosadas...

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  2. Estoy totalmente de acuerdo con este post, yo he vivido algunas veces ese tipo de relaciones tapón negativas, y te dejan rota, vacía... Y puedo decir que cuesta mucho esfuerzo, muchísimo, recuperarse, reconstruirse, volver a conocerte a ti misma.
    Pero es cierto, el mundo teme a la soledad y termina cediendo y participando de una relación destructiva, en la que deja de ser una misma y asume la "no felicidad", la "no alegría", la "no satisfacción" como si fuese lo mejor que puede encontrar.
    Muy de acuerdo con tu perspectiva.
    Un abrazo muy fuerte

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  3. Ay Candela, lo que hace la experiencia ¿verdad? Parte de lo que cuentas con tanto realismo me parece que está basado en el tipo de sociedad que nos imbuyeron en nuestra infancia, y de la que tanto cuesta sacudirse, amén de las muy marcadas características personales de cada quien que al principio parecen maravillosas y luego acaban por agobiar. Beso.

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  4. qué razón tienes Candelilla, lo que me parece positivo de todo esto es que con edad creo que aprendemos a querernos más y a defendernos de este tipo de relaciones. o eso quiero creer, vamos. Un besín, te espero.

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  5. Está muy bien eso de las "relaciones-tapón", deberías patentar el término, como creo que hizo la que se inventó lo de "mileurista". Y está muy bien que las definas como "negativas".

    Áparte de las relaciones negativas, que yo las llamaría más bin "nocivas", en mi modesta opinión una relación larga (las cortas no valen para esto: casi siempre va todo bien), se pasan por muchas etapas unas buenas, otras malas, otras regulares y otras ni chicha ni limoná.
    Pero lo que es cierto es que nunca sabremos que es lo que hay de cierto entre una pareja, al menos que convivamos con ella.
    Nosotras tenemos unas amigas que deben llevar como 25 años juntas y S. por unos motivos y yo por otros no lo entendemos, sin embargo ahí siguen y no las ves especialmente aburridas ni desgraciadas a ninguna de las dos. Lo que si que es cierto es que una es, por así decirlo, más "dominante" que la otra (¿no sucece esto en mayor o menor en cualquier tipo de pareja ya sea gay o no?), aunque esta tampoco es que se deje amilanar mucho.
    Lo que yo no admitiría es que me dijeran eso de ser más sumisa o más esto o más lo otro. Yo soy así, como tu eres como eres y no puedes hacer a tu pareja a tu imagen y semejanza. Eso me pasó com mi -ex que acabó anulándome aunque hubo un momento en que "desperté" y dije hasta aquí hemos llegado.
    Admito que me digan que hago cosas que a lo mejor molestan y no me doy cuenta pero no espero que nadie me cambie.. Ya me preocupo yo dia a dia, porque me conozco, a limar aquellas cosas que se que pueden disgustar.
    Pero si que es cierto Candela, que hay que ir con cien mil ojos para salir corriendo en cuando adivinas que alguien quiere instalarse dentro de una y transformarla a su manera, es decir, dejarla anulada y sin personalidad.
    Bsss

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  6. Anoche escribí un comentario muy largo pero el archijodido error 501 me lo borró. Venía a darte a la razón en tus apreciaciones a mi manera, pero bueno ahora, tan tempranico, tan solo te mando un besico.

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  7. Yo prefiero no opinar sobre las relaciones tapón. Es cierto que son muy negativas pero creo que habría que analizar por qué nos colocamos en ese tipo de relaciones.
    Lo siento, mi congestión, que me llega al coco, me impide pensar con claridad, prefiero no darle más vueltas.
    Eso si...me alegro mucho de ver que vuelves a darle a la tecla. No nos abandones, Candelilla!!

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  8. Resumen de cinco días de vacaciones con personas de distintos entornos: ¡Qué complejas son las relaciones personales!

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  9. Tan complejas como individuos...
    Celebro que exorcites los "tapones"

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  10. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  11. Qué gráfico, Candela, deberían incluir tu post en los manuales de autoayuda... He caído en la cuenta de este tipo de relaciones varias veces a lo largo de los años, y no puedo coincidir más contigo, pero le das un par de vueltas de tuerca (¿los tapones tienen rosca...? :-)) que me han dejado pensando para varios días...

    ¡¡Qué bueno leerte de nuevo!!

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  12. ¡Hola Candela!

    Tu entrada me ha dejado pensando acerca de cómo distinguir una relación-tapón de una relación larga. A veces creo que pueden llegar a parecerse peligrosamente. Yo procuro estar muy atenta para no caer (otra vez) en una relación-tapón, y sin embargo, no siempre tengo claro hasta que punto puedo volver a ser taponada... o a dejarme taponar.

    En fin, otro tema fascinante. Me alegra volver a leerte por aquí.

    ¡Te mando un beso! :D

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  13. Aunque con mucho retraso, llego a tu blog.
    Usaste la expresión "relación-tapón" cuando hablamos en casa de Farala. Me parece un término acertadísimo. El por qué se mete una en ese tipo de relaciones es un misterio - porque no siempre es la otra parte la que te coloca en esa situación. A veces te metes tú misma casi a sabiendas. Al principio supongo que es como cuando quieres meter un corcho en un cuello de botella en el que no encaja (siguiendo con la imagen del tapón). Cuanto menos encaja, más te empeñas en que lo haga. Cada una tiene su tiempo e imagino que las etapas vitales de cada una tienen mucho que ver también.
    En fin, que daría para horas. Estoy con Farala en que deberías acuñar el término.
    Besos Candelita!

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