19 septiembre 2011

Tus retazos de mi biografía

Hay una afirmación por ahí, cuya autoría desconozco, que dice que somos como se nos ve desde fuera, como nos vemos desde dentro y como realmente somos. Esto último parece ser lo más difícil de saber y es, justamente, la única verdad. Las dos primeras partes de la afirmación no dejan de ser juicios de valor, y la primera nos define desde una mirada y un contexto distinto al que recordamos: anécdotas, encuentros, lugares, cosas que hicimos o dijimos. Hechos que se habían borrado por completo de nuestra memoria y que ahora recuperamos para rellenar huecos en nuestra biografía de los otros, pero sobre todo para saber quiénes fuimos para esas personas a través de la expresión de sus ojos cuando nos lo están contando.

Con un alumno en el día de las paellas, año 1992.
Foto cedida por mi vieja alumna Angie
Por tierras del norte vive un hombre que fue alumno mío de los 14 a los 18 años y con el que no he perdido el contacto, periódico aunque escaso por la distancia geográfica, hasta el día de hoy cuando andará en torno a los 40. Conserva ejercicios y exámenes suyos que corregí en su día. En uno de ellos, una instancia en papel hoy ya amarillento, que chocaba por exceso de reverencia, le señalo una frase y mediante una flecha escribo al margen ¡Pelotas! Otro, en que le señalé los errores que encontré y que él mismo me devolvió, junto al regalo de una casete de Pink Floyd, para hacerme notar que me había pasado inadvertido un error más, quizás para demostrarme que yo también me equivocaba. Se acuerda de un día en que me presenté en el instituto "con aquel impresionante vestido rojo" -no recuerdo haber tenido nunca un vestido rojo de las características que él señala ¡si yo casi siempre vestía como en la foto lateral!- y que me valió un posterior regalo suyo: el disco de vinilo con la BSO de La mujer de rojo, pero en mi biografía, real o inventada, hoy soy una mujer que un día llevó a clase un impresionante vestido rojo que cautivó a aquel adolescente.


Me gusta encontrar a mis alumnos y alumnas de hace muchos años. La conversación se suele basar en "aquellos tiempos" y juntos reconstruimos nuestras respectivas biografías en base a situaciones y anécdotas que solo uno o unos cuantos recordamos. Fueron en la mayoría de los casos adioses sin pena ni gloria, de esos de "a ver si nos vemos", con la casi seguridad de que poco a poco pasaríamos a la mochila del olvido. Resulta enternecedor saber que pasaron los años y al igual que tú no las olvidaste, tampoco a ti te olvidaron.

Hoy me han llegado otros datos de mi biografía, los que recuerda alguien a quien quise mucho y con quien no tuve contacto alguno durante más de cuatro lustros después de haber acabado aquella relación como el rosario de la aurora. Esos datos me han llegado a través de mi hija mayor a quien se lo ha contado. Le ha recitado de pe a pa -algo que yo misma no habría podido hacer- una poesía mía del año 76. Ha preguntado si sigo escribiendo poesía y mi hija le ha respondido que ahora escribo en un blog. "¡Cómo me gustaba la forma de escribir de tu madre! recuerdo aquella carta que redactó en el 79 a petición de un amigo mío que bla bla... y otra que mandó al periódico para tal y tal..." y narraba frases enteras de unas cartas que yo no tenía ya ni remota idea de haber escrito y me calificaba como una mujer "noble", no precisamente de sangre azul. Y entretanto yo me preguntaba cómo había podido retener en su memoria anécdotas tan precisas y sentimientos de cariño cuando yo pensaba que tras el adiós me odió por siempre jamás.

Hoy lo hablaba con Chris: no importa lo que hagamos si lo hacemos desde la honestidad y el buen corazón, incluso si nuestro comportamiento pudo causar dolor. Con el tiempo cada cosa se pone en su lugar, aunque haya que esperar lustros para que eso ocurra. Lo importante es no esperar con ansiedad, olvidarse de ello y dejar las cosas fluir en el tiempo sin esperar nada, porque al final siempre ocurre, por justicia cósmica o por lo que sea.

Hay momentos especiales en la vida -y ahora es uno de ellos- en los que me sienta muy bien saber que la mayoría de las personas de mi pasado me recuerdan con cariño y respeto, sin importar lo difícil o doloroso que pudiera resultar en su día el adiós, ni sus promesas de odio eterno, ni los años que hayan transcurrido. No sé si es curioso, pero es cierto: a esas personas yo las seguí queriendo aunque por necesidades del guión no me quise permitir decírselo nunca. Es que a veces sobran las palabras y, cuando ha pasado el tiempo suficiente, lo que queda patente es el lenguaje de los hechos.

P.S. No todas las personas de mi pasado se hicieron acreedoras de mi respeto ni de mi cariño de por vida.

11 comentarios:

  1. Me encanta tu entrada, ¡ que razón tienes!, con los años, casi todo queda en su sitio, y se recuerda casi siempre lo positivo, y como estoy segura de que tú eres muy buena gente, debe haber mucho "positivo" en esa biografia de los recuerdos de los demás. Un beso

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  2. Ayer se me quedó en el tintero decirte que...casi prefiero no sufrir dolor con el comportamiento de las personas...
    Muchas veces, ese comportamiento es el que provoca que tengas la necesidad de alejarte a años luz de esa persona. Y si, quizá el tiempo deje todo colocado como debe pero mientras tanto duele lo suyo.
    Incluso cuando sentías que las cosas ya no importaban..........


    Fue muy agradable charlar contigo ayer. Gracias por querer compartir tu tiempo.

    Un abrazo, Candela

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  3. Me ha encantado tu entrada, Candelilla!! Menos mal que llegó a tiempo para que desayunara con ella!! ;-) Es cierto que el tiempo todo lo coloca y todo lo cura: es la mejor medicina, sin lugar a dudas...Pero coincido un poco con Chris en que debemos tener cuidado, porque, mientras tanto, duele...

    Un abrazo, guapísima!

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  4. Siempre es bonito que te recuerden y si después te cuentan cómo lo hacen, o que imagen tuvieron de ti en aquellos momentos que quedaron atrás pues mejor. Pienso que es una manera de recoger lo que plantaste y entonces las semillas debieron ser buenas. Yo creo que sí.

    Un abrazo.

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  5. El tiempo pone a la gente en su sitio y a cada cerdo le llega su SanMartín. Qué quiero decir con esto? pues prácticamente lo que se expresa en general en la entrada y en los comentarios,tanto para lo bueno como para lo malo. Maldito reloj que nos endosa una espera para que el alma se regocije; bendito momento de alborozo cuando se produce sin saberlo, el instante en que sentimos que por fin la pieza encaja, a pesar de la erosión del tiempo.

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  6. Pues yo soy de la opinión que sí que importa lo que se hace, ya está bien ir con la bandera en ristre de la honestidad. La honestidad sólo debe servir para pedir perdón cuando nos equivocamos. La madurez para evitar hacer daño a las personas. Demasiado fácil el decir "yo soy así", "lo he hecho de corazón", "sin pensar..." Lo difícil y a lo que debemos tender es a buscar empatía antes de que ocurra cualquier actuación. He dicho, (solo la opinión de Dintel, no más).

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  7. gracias, Candela. Al leerte se me ha quitado un peso de encima...

    Ando yo forjando una relación laboral transitoria (con la sustituta de mi compañera) que, en los inicios, se está tornando bastante difícil. Y al leerte he recordado que, efectivamente, las relaciones son procesos, que se fraguan con el tiempo y que, bien mirado, ni una ni dos ni tres acciones definen a nadie. Las biografías, como dices, en gran parte son ficción (recuerdos).

    Un beso, guapa!

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  8. Mira Candela, mi abuela, (que era una mujer muy recia, castellana ella hasta la médula), de pequeña llegué a pensar que hablaba en telegrama... "arrieritos somos , y en el camino nos encontraremos", "todo pasa y todo queda ", "hay que dar tiempo al tiempo"; fíjate que ya la entiendo y todo... El tiempo nos pone a cada uno en el sitio que nos corresponde.
    Besos.Lenteja

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  9. Hace poco he escuchado algo asi cómo:
    No importa tanto lo que las personas te dijeron o hicieron cómo lo que te hicieron sentir.
    Y es cierto que a veces no recuerdo cual fue el motivo que me llevo a romper relaciones con alguien, pero si recuerdo como me sentía con ella o él.

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  10. Servir de ejemplo (los educador@s lo son aunque no quieran) revierte en futuro, sólo hay que hacer las cosas BIEN (sin matices)

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  11. Esta entrada es preciosa, Candela.

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