29 mayo 2015

Regalos que no tienen precio

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Ayer recibí varios regalos. El primero en orden de apertura era un libro con su forro en papel antiguo de embalaje. Lo abrí y... "Nueva Enciclopedia escolar". ¡Era el primer libro de texto que tuve cuando fui a la escuela! (Antes hubo otro, la Enciclopedia Álvarez de primer grado, con contenido similar a este otro pero a color y con más dibujitos, solo que la de Álvarez la aprendí en casa antes de empezar con la escuela). Religión, matemáticas, historia, ciencias, política... Hojearlo es viajar al pasado. Regresan a la memoria aquellos textos memorizados y cantados en el aula, y los ejercicios hechos a lápiz en mi libreta. Lo del lápiz fue una novedad de mis seis años, porque todo lo anterior fue con pluma y tintero.

Ya ni me acordaba de la diferenciación entre niños y niñas en cuestiones políticas. Para ellos había un apartado de formación político-social. Para nosotras, de formación social y familiar y un poco de política, resumida con respecto a la de los niños. Sí recuerdo que estas páginas me aburrían a la par que me daban algo de miedo, aunque no sabía por qué. Tanta seriedad, tanta consigna, tanto héroe, tanto mártir, muerte, victoria, malos y buenos... Demasiado para seis años. 

La historia de España estaba plagada de consignas religiosas y políticas pro-régimen:  santos, mártires, héroes y villanos. La mención a la II República se saldaba con una referencia al rey "autoexiliado para que no se pelearan los españoles", con la subsiguiente entrada de "los malos" con la República y con esta frase como final:  "Con esta forma de gobierno empezó en nuestra Patria un período de desórdenes, huelgas, robos, incendios de iglesias y conventos, etc.". La historia a partir del 36 tiene tres páginas completas de victorias, paz, orden y felicidad. No se cuenta en ninguna parte que el régimen que teníamos entonces era consecuencia de un golpe de estado contra un régimen democrático consolidado en las urnas. 

Conclusión: 162 páginas (el 35% del libro), llenas de aleccionamiento religioso y político. Un canto a las verdades absolutas, incuestionables e inamovibles, que no dejaban hueco a la reflexión o a la duda. Por ejemplo, esta: "Franco salvó a España y hace que cada día sea más rica, más poderosa y más respetada, y que los españoles seamos más felices". Será por eso que nos pusimos a la cola de Europa y que aún andamos coleando. O la de  "Los seres más perfectos que Dios creó fueron los ángeles y los hombres". Dogmas de fe, virtud teologal que había que tener o, según dicen los que ya eran mayores que yo, fingir.

Censura, otras autorizaciones
y publicación.
El análisis se utilizaba para las matemáticas, materia en la que considero que estábamos mejor preparados que lo están ahora en las mismas edades. Para el resto de las cosas, solo había que utilizar la memoria y la obediencia. No se estimulaba la capacidad de reflexión. Disertar era impensable: ya nos lo daban todo pensado "como había que pensarlo".

Los libros de texto de esas cuatro décadas tenían que pasar en primer lugar por la censura y, posteriormente, por el visto bueno de algún gerifalte eclesiástico, antes de ser publicados. Ahora no estamos a la cabeza de Europa ni del mundo -gracias a aquellos años de contención cultural en todos los ámbitos-, pero me satisface darme cuenta, por contraste, de cuánto hemos ganado y de que la democracia, sin ser perfecta, es el mejor régimen político que se ha inventado hasta ahora.

Todo el libro llama mi atención como una cosa de otro mundo, sin apenas darme cuenta de que era mi mundo entonces. Me sorprende que, entre las conmemoraciones escolares -todas ellas de índole político y religioso- estuviera el Día de la Canción. ¡Anda! -me dije al leer el título- ¡un día dedicado a la música! Leo el desarrollo y dice: "El 1 de abril de 1939 anunció Franco la terminación de la guerra. Fue el Día de la Victoria. Desde entonces, todos los años, el 1 de abril, la juventud española canta para conmemorar aquella victoria y para exaltar los ideales del Movimiento". También llamó mi atención el titular Día del Dolor. Enseguida mi cabeza pensó que podía ser un día dedicado a los enfermos terminales o así... pero no era eso tampoco.

Un auténtico lavado de cerebro que empezaba justo después de aprender las cartillas con su ma-me-mi-mo-mu y que continuaba en todas las etapas académicas y en todas las facetas de la vida social. Dejó su huella en la sociedad, tanta que todavía no se tiene en este país una auténtica conciencia democrática ni parece importar demasiado.

Otro de los regalos estrella del día de ayer fue este conjunto de pluma estilográfica y portaminas, también antiguos y muy usados, en su estuche original. Para mí, una amante de las plumas y de lo antiguo, una auténtica joya.

Ambos regalos -y otros que no menciono- eran propiedad de la misma mujer que, para mi suerte, estuvo haciendo limpieza y se deshizo de muchos de sus viejos tesoros.

Conjunto de pluma y portaminas

Detalle del portaminas
Gracias, Eva y Olga.

1 comentario:

  1. ¡Qué suerte de regalos y de amigas! Lo del día de la canción me ha gustado...

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