28 julio 2015

Otra vez un grito en la noche


Otra vez el grito. Primero un trajín de voces apagadas y objetos que se mueven. Luego, un grito, solo uno. De mujer. Largo, potente y agudo. Después, un silencio inquietante. ¿Cómo se puede quedar todo tan en silencio después de un grito de tal envergadura?

Faltaban pocos minutos para las cuatro de la madrugada y acababa de dormirme. Entonces empecé a oírlo. La mente reacciona rápidamente aún en sueños y en los cinco o seis segundos que duró el grito, primero pensé que era una pesadilla; después, que la mujer que gritaba estaba dentro de mi habitación. Me incorporé de golpe y miré hacia la ventana, de donde procedía el ruido. Seguí oyendo el grito durante un segundo más y después se hizo el silencio. Vi que Gea también se había incorporado. Las dos mudas y con los ojos muy abiertos. El corazón se me había desbocado. Corrí a la habitación de mi hija por si le había pasado algo, pero estaba dormida. 

—¿Estás bien? —Entreabrió los ojos, me dijo que sí y se echó a dormir otra vez. 
—¿Pero no lo has oído? —Insistí.
—¿El qué? —Me preguntó balbuceante y sin despegar los ojos.
—¡El grito! —Le contesté, pero ella estaba dormida.

Volví a mi habitación. Gea ya estaba asomada a la ventana y me puse a su lado. En uno de los pisos de enfrente habían encendido la luz. Los vimos a los dos levantarse de la cama y salir del dormitorio deprisa, ella con una almohada apoyada en el pecho, seguramente porque sabía que podría ser vista desde otras ventanas. Es una pareja tranquila y amable que tiene dos hijos pequeños. Irían a ver a los niños. Luego volvieron al dormitorio y se asomaron también hacia el exterior, estupefactos como nosotras. No vimos más luces en otros pisos, pero me quedó claro que no fue una alucinación mía, ni de Gea. Alguien más se había despertado con el grito.

Unos minutos antes, aún despierta, escuchaba a la mujer del piso de abajo que cosía a máquina. Ella cose, hace arreglos de ropa y probablemente padezca de insomnio, porque no es la primera vez que la oigo trajinar con la máquina de madrugada con el fondo de la radio o el televisor. No nos molesta el pequeño ruido de sus actividades nocturnas, solamente una noctámbula como yo las percibe levemente. Creemos que vive sola con su hija pequeña ¿Y si le había ocurrido algo? Habríamos oído a su niña llorar. Pegué la oreja al suelo de la habitación. Ya no se oía la máquina de coser ni nada más aparte del sonido tenue de una película.

—¿Y si llamamos a la policía? —me preguntó Gea.
—¿Y qué les decimos? Hay al menos treinta viviendas de donde habría podido salir el grito. No van a llamar a todas las puertas a estas horas.
—Que miren en el piso de abajo, me preocupa que le haya ocurrido algo a esa mujer. Yo voy a bajar a tocar a su timbre.
—Déjalo. Ya ocurrió también el año pasado. Dos veces ¿te acuerdas? También pensamos en ella y no le había pasado nada.

En efecto, el verano pasado ocurrió dos noches lo mismo. Pero en ninguna ocasión se asomó nadie a las ventanas ni se encendieron luces en otras casas. Pensábamos que al día siguiente íbamos a saber algo más, pero nada de supo, nada se dijo, ni una mención. Igual que anoche. Todo es normal en el patio. Vecinos y vecinas que salen y entran. Otros toman posiciones junto a la piscina. ¿Quién gritó? ¿Y si se trata de una broma que alguien gasta a la comunidad emitiendo alguna grabación a esas horas de la noche? ¿Alguien cabreado por el ruido que se produce en el patio durante el día? La ectoplasta no está, hace meses que no viene por aquí. ¿Un fantasma? ...Misterio.

Era algo así como esto, pero el que oímos fue algo más largo y más agudo.


26 julio 2015

Durmiendo al fresco

Lo de este verano no es una ola de calor, es un tsunami. Qué ganas tengo de que llegue el precioso otoño. Si no fuera porque no tengo que estar pendiente del despertador, el verano para mí no tendría valor alguno. 

Algunos, en cambio, le sacan partido al calor y aprovechan la coyuntura para echarse a dormir en la terraza, a la luz de la luna. Este es el panorama que he encontrado después de haber cenado al fresquito con Gea, mis hijas, yernos y nieta, despedido a los que se marchaban y recogido la cocina.



Por cierto, un 10 para mi chica, que se ha pasado horas en la cocina preparando unos deliciosos platos veraniegos. Otro para Maya, por su tarta de queso, la mejor que he probado. ¿Y yo qué he hecho? Yo de freganchina quitatrastos todo el día. Jum!... prefiero cocinar.

03 julio 2015

Novedad en casa... entre gatos

Hay que hacer las pruebas de confort y seguridad