15 agosto 2015

¿Un incómodo búho?

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De noche no tengo sueño, estoy activa, imaginativa. Me vienen a la mente recuerdos, planes, excentricidades y genialidades que jamás aparecen durante el día. En lo físico, es cuando me apetece moverme, pasear, correr, limpiar, ordenar... Cuando trabajo, ocurre algo parecido. Hasta las dos o las tres no me puedo dormir, pero a las siete suena el despertador. Las mañanas no las llevo mal, pero por las tardes no sirvo para nada. Si duermo una siesta, por la noche ya no pego ojo, así que la evito. 

Pero la gente vive de día y duerme de noche. Incluso en vacaciones. De día hay ruido, llaman por teléfono, te surgen los compromisos y las obligaciones sociales, las tiendas están abiertas. Hay que comprar para cocinar y hay que cocinar para quienes viven contigo y que son normales, o comer lo que han cocinado para ti. Y yo todo lo que quiero hacer es dormir. Intento hacerlo de noche pero en mi cama, de noche, dormimos tres: ella, mi insomnio y yo. Cuento de mil para atrás (varias veces), u ovejas que van saltando una valla de palos para entrar en el aprisco -¡Madre mía, cuántas ovejas! Algunas se vuelven para atrás y tengo que ir tras ellas a convencerlas de que regresen al corral. De paso me distraigo contemplando esa luna preciosa que hay y me tumbo a mirar las estrellas. Se me exalta la imaginación, se me olvidan las ovejas y el lobo que se las va a comer-. Otras veces respiro con el sistema de 4-6-8, que es infalible. ¿Infalible?... Me da hambre y me levanto a tomar un vaso de leche. Y en la cama dan las 3, las 4, las 5... Todo silencio a mi alrededor, excepto las respiraciones profundas de mi hija y Gea y los ronquidos que se filtran por la ventana abierta de otras casas en donde también vive gente normal.

No creáis que me angustia ese insomnio (solo si me obligo a permanecer en la cama). Es más, me hace feliz vivir mis cosas en el silencio de la noche, cuando nadie me molesta. Pero claro, la desazón viene de pensar que mañana las personas normales de mi casa se levantan, desayunan, trabajan fuera o salen a hacer trámites o a comprar algo para cocinar. Justo cuando yo he caído en el amable abrazo del sueño. Entonces, para parecer normal, hago de tripas corazón y me levanto. Así ando como un zombi durante el día. Se me instala una kipá de acero debajo del cráneo que no me deja pensar... hasta la medianoche, que es cuando me da el subidón de energía. El sueño ha desaparecido por completo y... vuelta a empezar con las ovejas y otras estrategias.

Una vez mi médico me recetó unas pastillas, advirtiéndome de que solo las utilizara en casos de extrema necesidad. Son somníferos o hipnóticos o algo así... y funcionan: Es una anestesia de efecto inmediato. Solo las he probado en dos ocasiones y en cinco minutos ni siento ni padezco, ni sueño ni nada. Al cabo de una hora, los ojos como platos y fresca como una lechuga. Mis sucesivas parejas me han dado valeriana, dormidina, algún triple de tila, melatonina, infusiones de azahar... Eso sí, me relajan hasta tal punto que nada me importa excepto hacer lo que me dé la gana, que nunca es dormir. ¡Me entra una paz...!

La jubilación no queda lejos. Entonces -me digo entusiasmada- podré hacer todas esas cosas que por estar trabajando desde los catorce, he tenido que ir dejando para luego. ¿Pero qué? ¿Gimnasio? ¿Viajes? ¿Aprender a tocar el piano o a bailar tango? Esas cosas se hacen de día. De noche se duerme. Además, si tienes pareja hay que llevar un cierto orden horario. No puede ser eso de "cuando se acuesta Lorenzo se levanta Catalina". Como actividad nocturna, escribir no estaría nada mal, y es una de mis asignaturas pendientes. Por lo demás, la nocturnidad, con o sin alevosía, no está bien vista. Y en casa seguiríamos siendo Lorenzo y Catalina, si Lorenzo no me ha mandado para entonces a freír nieves. Si lo hace, que sea de noche, que es cuando me podría defender con los más inteligentes argumentos. De día, con la kipá, estoy perdida.

Gea dice que deje de auto insultarme llamándome rara, que soy una persona normal con mis particularidades. Y yo, cuando me dice eso, pienso: cuánto me tiene que querer. No debo de ser fácil de aguantar asimilar, no.

3 comentarios:

  1. Yo necesito dormir poco. Lo tengo asumido. Solo cuando estoy con Ana, a quien le encanta dormir y me da paz, duermo más horas. Piensa en cuánto tiempo tenemos para hacer lo que nos gusta... Eso sí, yo de día, tengo energía para rato también.

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  2. Es complicado compaginar los biorritmos dentro de la pareja, pero para mí es mucho más importante que el tiempo que se pueda compartir sirva para hacer cosas juntas y desarrollar intereses afines.

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  3. Creo que no todos tenemos los mismos ritmos ni necesitamos dormir equis cantidad de horas. El asunto es descansar en el rato que se duerme. Yo con pocas horas me siento descansada. Que alegría volver a leerte, había perdido tu blog. Un beso.

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