16 diciembre 2015

Dejar de fumar: método hipnosis

En un principio creí que el método iba a funcionar. No en balde pagué por anticipado -como me pidieron- buena parte del total, que no era poco. Pero a la par que pagaba hice una pregunta: ¿El método consiste en asustar? La respuesta fue vaga pero me pareció clara: "No se lo puedo decir, sólo que se trata de su salud". A punto estuve de pedir la devolución del dinero entregado, pero aún me quedaba la ligera esperanza de que funcionase. Pasé dos o tres días con la sensación cada vez más intensa de que ese sistema no iba conmigo. Con otras personas tal vez, conmigo no.

Me aseguraron que después de la primera sesión ya no tendría ganas de fumar, pero que harían una segunda -e incluso una tercera si era necesario- para afianzar el aprendizaje de mi subconsciente. Salí de la primera sesión con ganas de fumar, pero las aguanté durante las 24 horas que faltaban para la segunda. Ese día de abstinencia lo pasé fatal, no solo por las ganas de fumar sino porque me sentí "hipnotizada" todo el día, atontada, despistada, sin energías, además de con ansiedad y mal humor.

Y en ese estado acometí la segunda sesión. Esa fue más potente. Creo que el hipnólogo que me tocó esa vez era más experto. Nunca antes me habían hipnotizado y a punto estuve de caer en el letargo que invocaba la voz, pero me resistí y me quedé con un cierto grado de consciencia. Como había dado por supuesto, la voz hablaba de enfermedad. Escuché incontables veces, allá en el fondo de mi consciencia, un estribillo que decía: "Enterraré el vicio de fumar antes de que él me entierre a mí" y esa consciencia mínima le respondía -sin voz- a la voz: "Coño, qué macabro". Se me instaba a pensar en algo que me causase tanto asco que me provocase ganas de vomitar, aunque ya le había dicho conscientemente que nada había que me las provocase. No obstante pensé en algo bastante asqueroso. La voz fue llevándome poco a poco a aproximar sucesivamente un cigarrillo a esa cosa asquerosa que pensé y me preguntaba sucesivamente "¿Fumarías ahora?" Y yo contestaba "Sí". 

No sé si aquello duró una hora o algo más. Salí de allí con sueño, con ganas de vomitar y con una necesidad extrema de fumar. No lo dejé para más tarde. Apenas atravesé el umbral de la puerta, cogí un cigarrillo y me lo fumé. Renuncié desde ya a la tercera sesión.

Si antes de practicar la hipnosis hicieran un chequeo de la personalidad de quienes acuden a ella, probablemente habría más casos de éxito. Conmigo habría funcionado algo mejor el enfoque positivo. El ir llevándome a sentir según las horas y los días cómo se aprecian mejor los olores y sabores, cómo se va recuperando la energía, el color de la piel, etc. Y dejar mi mente programada para que cada uno de esos descubrimientos reforzara el deseo de no fumar. Sin embargo, como ya he dicho, en mi mente solo quedaron cosas sucias y enfermedades mortales por sobrevenir. Y con todo ello, asco y ansiedad. Con un deseo de fumar amplificado.

Por cierto, aseguran un 90% de éxitos, contabilizados en personas que dejan de fumar por, al menos, un año. No lo creo. Si así fuera, estaría recogida una cláusula de devolución en el contrato. Y de eso no hay nada.

3 comentarios:

  1. Hay gente que necesita insulina, otras tiroxina y otras...tabaco. No porque el tabaco sea una medicina, sino un sucedaneo de alguna sustancia que escasea en nuestro cuerpo. Estoy convencida de ello. Deje de fumar hace mucho, sin embargo, seré fumadora de por vida. El tabaco tiene el aura de un recuerdo feliz. A veces me permito un cigarrillo y es como volver a casa, aunque no para quedarme.
    Ánimo, estás intentandolo y lo conseguirás.

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    1. Solo puedo felicitar a quienes lo consiguen, como tú, Cereza, porque cada vez veo que es una cuestión de enorme voluntad y resistencia, algo que, por lo visto, a mí me falta. Un beso!

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  2. La mejor forma de dejar de fumar es nunca hacerlo. Y ya, ¿a qué es súper fácil?

    Saludos

    J.

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